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Jesús y María en el Islam. Una ocasión para el encuentro y el diálogo

La compasión adquiere con Jesús, la paz sea con él, una dimensión nueva y potente

10/01/2005 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Hashim Cabrera
Hashim Cabrera

En la transición hacia un nuevo año solar, el 2005 de la era común, correspondiente al año lunar 1425 de la Hégira, los musulmanes volvemos una vez más a sentir los puntos de contacto con la comunidad de los cristianos, en la efeméride que conmemora el nacimiento del profeta Jesús (Isa), la paz sea con él. Es una ocasión inmejorable para explicar a los cristianos y en general a todos nuestros conciudadanos el inmenso respeto y cariño que los musulmanes sentimos hacia Jesús (Isa) y su madre, la virgen María (Mariam), la paz sea siempre con ellos. Mucha gente desconoce que Jesús es uno de los más importantes profetas y mensajeros del islam. Resaltar los valores que representa este profeta que, a decir de Ibn ‘Arabi, es el Sello de la Santidad, es, en cierta manera compartir con los cristianos y con la sociedad judeocristiana en general sus valores más elevados y solidarios.

Porque Allah nos dice en el Qur’an que Jesús, la paz sea con él, fue un profeta inspirado por Él. Y que su estación espiritual es la del espíritu santo, esa energía sutil y poderosa al mismo tiempo, capaz de obrar prodigios y de romper el sueño de la razón. Él es el Ruh al Quddús, el espíritu de la santidad. Jesús además perfecciona la ley y supera la religión de los antepasados, la fuerza de la costumbre religiosa, mediante el amor y así nos facilita la realización espiritual.

La revelación de Jesús, el Evangelio (Inyil, en lengua árabe) según el Qur’an, tiene como tema central el nacimiento del verbo, de la palabra, tras una profunda gestación en el corazón, antes de que el sentido se articule en nuestras gargantas. La palabra que exhala el profeta no es tan sólo el discurso de la elocuencia, sino el mismo verbo creador, la palabra divina capaz de conformar el mundo y la visión humana, capaz de articular los Nombres de Dios en el mundo visible, para poder así recordarLe. Esta palabra nos prepara para el encuentro con el mensaje que nos procura Muhámmad, la paz sea con él, al término de nuestro recorrido por el camino de los profetas y de los santos.

Los sufíes dicen que despertar al Jesús de nuestro ser es acceder al lenguaje creador, al que brota del corazón iluminado.

Asimismo existe entre los musulmanes una especial veneración hacia Mariam, la paz sea con ella. Según nos dice en el Qur’an, en el sura de la Casa de Imrám, la madre de Mariam concibió a ésta para dedicarla a Su servicio. Su tutela fue confiada a Zacarías, la paz sea con ellos, que era pariente suyo. Éste la visitaba en el santuario y siempre encontraba junto a ella alimentos y provisiones. Cuando le preguntaba sobre el asunto ella respondía: ‘Viene de Allah, ciertamente, Él provee sin medida a quien Él quiere.’

Y también el Qur’an nos explica cómo Mariam dará a luz a un hijo, Jesús, un profeta que será conocido como Isa al Masih Ibn Mariam. Al Masih, el ungido, hace referencia a su linaje real y profético al mismo tiempo. Su preeminencia tiene lugar tanto en esta vida como en la vida futura. Jesús, la paz sea con él, descendía por línea paterna de la Casa de David, y por parte de su madre Mariam, de la Casa de Aarón, la paz sea con ellos. Une en su genealogía el mulk y el malakut, el cielo y la tierra, como un barzaj que sólo es posible mediante una palabra purificada.

En el Qur’an, Jesús, la paz sea con él, nos habla desde la cuna porque su revelación es el verbo creador y éste no es el discurso de un ser humano con una biografía y con una historia, sino la palabra del ser humano realizado. De la misma manera que el habla no es sólo la vibración de la garganta, sino que necesita del aliento, del prana y del sentido, para poder articularse, así el Jesús de nuestro ser no es sólo la capacidad de comprender y difundir la lengua sino la posibilidad de transmitir la revelación, el sentido, mediante el espíritu y la compasión universal.

La adoración humana necesita de la palabra porque así dispuso Allah nuestra naturaleza, que es la de Adam, capaz de reflejar en su interior las luces y los sonidos del mundo, las pulsiones del universo y el sentir de Dios. Por esa capacidad para nombrar el mundo y reflejar así la creación, Allah nos dice en el Qur’an que, para Él, la naturaleza de Jesús es como la naturaleza de Adam, la paz sea con ellos.

Por todo ello en este tiempo podemos compartir precisamente esa energía que trasciende los límites de la forma y de la convención, volver a compartir el nacimiento de la palabra y del sentido espiritual. El mensaje de Jesús, como el de Muhámmad, la paz sea con ellos, es universal, para toda la humanidad, y es precisamente esa universalidad la que nos ayuda a compartir esos valores trascendentes. La compasión, siendo asimismo un sentimiento espiritual y un valor para todas las tradiciones, adquiere con Jesús, la paz sea con él, una dimensión nueva y potente. Compasión que está relacionada con el hecho de compartir un destino, una visión, tratando de comprender a quienes caminan por otras sendas del espíritu. Los creyentes de todas las tradiciones podemos hoy compartir precisamente esa energía, esa báraka que tanta falta nos hace en nuestro tiempo, un tiempo que tantas veces sentimos como de barbarie y oscuridad. Hoy son más necesarios que nunca los lugares de contacto y de encuentro, los rincones desde los que podamos mirar el futuro con una cierta esperanza colectiva. Y por ello mismo advertimos el inmenso valor que hoy adquiere el mensaje de Jesús.

Desde aquí, tal y como nos sugieren muchos pensadores y sabios del islam, hacemos un llamamiento a la sensatez, a la concordia, a la compasión de todos los seres humanos, un llamamiento a la cordura y al diálogo entre culturas, creencias y civilizaciones. Jesús, la paz sea con él, propuso precisamente eso, el encuentro más allá de las palabras y de las doctrinas. Así pues, desde aquí deseamos para este profeta distinguido la báraka y la paz de Allah, y a los cristianos de todas las transmisiones, una feliz conmemoración de este nacimiento espiritual.

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