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Canadá, tierra de libertad para los soldados estadounidenses que se oponen a la guerra

15/11/2004 - Autor: Revista Amanecer - Fuente: http://www.revistaamanecer.com/
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Canadá, tierra de libertad
Canadá, tierra de libertad

Canadá ha sido siempre una tierra de libertad para los norteamericanos que se han visto obligados a abandonar EEUU. Después de la guerra de la independencia, miles de estadounidenses que permanecieron leales a Gran Bretaña huyeron a Canadá. En 1833, este país abolió la esclavitud y desde entonces muchos norteamericanos negros que habían huido de las plantaciones de algodón del sur de EEUU escaparon a Canadá también.

En los años sesenta, durante la guerra de Vietnam, Canadá se convirtió en un refugio para los jóvenes norteamericanos llamados a filas que se negaron a servir en el Ejército y los desertores que no quisieron tomar parte en aquella injusta y terrible guerra. Entre 60.000 y 80.000 llamados a filas y desertores cruzaron la frontera en aquellos años. El primer ministro canadiense, Pierre Trudeau, aceptó a los soldados norteamericanos después de una fuerte presión de la opinión pública canadiense y de algunas iglesias. Hubo también una red clandestina que trabajó en Washington y otros estados norteamericanos para ayudar a los jóvenes estadounidenses a huir a Canadá.

El 2 de enero de 2004, Vince Beiser escribió un artículo en LA Weekly, en el que narró la historia de Jeremy Hinzman, un paracaidista de la 82 División Aerotransportada. Hinzman huyó con su esposa, Nga Nguyen, y su hijo de un año desde su base en Fort Bragg, Carolina del Norte, a Canadá tras conocer a un activista en Internet que les prometió la ayuda del movimiento por la paz canadiense. De este modo, se convirtió en desertor del Ejército norteamericano, un hecho que se castiga en EEUU con la prisión, e incluso con la pena de muerte.

Algunas semanas antes, Hinzman, que había pasado ocho meses en Afganistán, supo que su unidad iba a partir hacia Iraq. Él estaba contra del conflicto de Iraq porque sabía que se trataba de una guerra criminal y que no tenía justificación alguna. Su esposa y él hablaron acerca de las opciones que tenían. Hinzman podía negarse a ser enviado a Iraq, pero eso significaría ir a prisión durante un largo tiempo. La otra alternativa era abandonar EEUU.

En la actualidad, Hinzman se encuentra en Toronto, viviendo de sus ahorros y esperando una decisión de los tribunales canadienses acerca de su futuro estatus en el país. Su abogado, Jeffrey House, que llegó a Canadá procedente de Wisconsin hace más de tres décadas para evitar tener que luchar en Vietnam, afirma que aproximadamente 60 soldados norteamericanos le han contactado para preguntarle si podrían conseguir el estatus de refugiados en Canadá. Jeremy Hinzman tiene un sitio de Internet (www.jeremyhinzman.net) en el que explica su historia así como las razones que le empujaron a huir a Canadá. Entre las cartas que ha recibido hay una de Susan Sarandon, una actriz norteamericana famosa por sus puntos de vista contrarios a la guerra. Ella escribió: "En tiempos de guerra, ha habido siempre soldados que han trazado una línea, su propia línea personal, y se han negado a obedecer órdenes que sentían que eran inmorales. Posteriormente, estos soldados han sido llamados héroes, mientras que otros que han obedecido órdenes son procesados como criminales de guerra. Ésta es una cuestión de conciencia y, como tal, es una elección difícil y dolorosa."

Según el Washington Post, Jeremy ha conocido en Canadá a algunos estadounidenses que abandonaron EEUU porque no aceptaban ser enviados a Vietnam. Aunque Jimmy Carter aprobó una amnistía para los miles de llamados a filas (no para los desertores) que huyeron a Canadá durante la guerra de Vietnam, la mayoría de ellos se han quedado a vivir en ese país y se han integrado perfectamente dentro de las comunidades donde viven. Todos ellos han manifestado su apoyo a Jeremy y al resto de soldados estadounidenses que han desertado y se han ido a Canadá.

LA Weekly señala que un creciente número de soldados estadounidenses se niega a luchar en Iraq o tiene crecientes dudas sobre si hacerlo o no. Estos militares comprenden que la guerra de Iraq es injusta, ilegal y criminal y no es en interés de EEUU, sino en el de algunas compañías y un grupo de extremistas y belicistas de la élite política norteamericana. En la actualidad, al menos otros tres soldados estadounidenses han huido a Canadá y algunos otros están también en prisión porque se han negado a ir a Iraq. LA Weekly añade que, según las propias estadísticas del Ejército estadounidense, "el número de soldados que solicitan el estatus de objetor de conciencia se ha duplicado con respecto a las cifras de antes de la guerra". GI Rights Hotline, una organización de voluntarios que asesora a los soldados que están pensando en abandonar el Ejército, recibe en la actualidad 3.000 llamadas de teléfono al mes, el doble del número que recibía antes de la guerra. "Oímos a muchos que han servido en Afganistán e Iraq decir que irán a prisión antes de volver allí," declaró Bill Galvin, portavoz de Hotline a LA Weekly. Por su parte, el semanario francés Le Canard Enchaine, señala que 1.700 soldados norteamericanos han desertado de sus unidades situadas en Iraq. Muchos de ellos no volvieron al servicio después de conseguir permisos en EEUU.

A finales de mayo, un tribunal militar condenó al sargento Camilo Mejía a un año de prisión por desertar de su puesto en Iraq. Mejía había declarado que la guerra estaba "motivada por el petróleo" y añadió que había visto cosas espantosas en Iraq, tales como la muerte de niños a manos de soldados norteamericanos.

Algunos medios estadounidenses han señalado que la situación es ahora diferente a la que existió durante la guerra de Vietnam, porque en aquel tiempo el servicio militar era obligatorio, mientras que es voluntario en la actualidad. Así pues, los soldados que han huido a Canadá estarían violando sus contratos. Sin embargo, cabe señalar que para muchos jóvenes norteamericanos de las áreas rurales el Ejército se ha convertido en la única alternativa si quieren conseguir dinero para ir a la Universidad o incluso conseguir un trabajo. "Sólo porque firmas un contrato no significa que renuncies al derecho a ser un ser humano con una conciencia moral", manifestó Hinzman a Marcus Warren, un periodista del Daily Telegraph. "Si sabes que una orden es injusta, tu deber es desobedecerla."

Hinzman y los otros antiguos militares norteamericanos hacen frente ahora a una difícil batalla legal en los tribunales canadienses para conseguir el estatus de refugiado en Canadá, aunque la prohibición que existe en este país de deportar a cualquiera que se halle en riesgo de sufrir la pena capital podría jugar en su favor.

La actitud del gobierno canadiense, cuya cabeza es el pronorteamericano Paul Martin, líder del Partido Liberal, ha sido mucho menos acogedora de lo que fue la de las autoridades canadienses de los años sesenta, cuando todos los soldados que llegaban al país podían solicitar el estatus de inmigrante. El gobierno de Ottawa ha rechazado las solicitudes de refugio de los desertores, alegando que los soldados no son perseguidos políticos, y negándose a tomar en consideración el argumento de que la guerra de Iraq es ilegal.

Hinzman, por su parte, señala que ésta no es una guerra defensiva y tampoco ha sido sancionada por Naciones Unidas. El Manual de Naciones Unidas sobre Refugiados considera a los militares que se niegan a luchar en guerras que son "condenadas por la comunidad internacional como contrarias a las reglas básicas de la conducta humana" como "refugiados convencionales." "El gobierno de Canadá está preocupado por la posibilidad de que si nos concede el estatus de refugiados, otros vengan", manifestó Hinzman al Washington Post. Sin embargo, es improbable que el gobierno canadiense vaya a expulsar a los desertores estadounidenses del país porque la opinión pública canadiense no lo permitiría. De hecho, ha habido numerosas muestras de solidaridad con los antiguos soldados. En junio, algunos grupos musicales tomaron parte en un concierto para recaudar fondos para ellos. "Existe un fuerte sentimiento en contra de la guerra de Iraq aquí", señaló Carolyn Egan, presidenta del consejo local de los Trabajadores del Acero Unidos, al Washington Post. A diferencia de los adversarios de la guerra de Vietnam, añadió Egan, estos desertores "no provienen de campus universitarios altamente politizados. Ellos parecen jóvenes honestos que han tomado la decisión personal de que no pueden apoyar la guerra."

Hinzman pronuncia ocasionalmente discursos junto con otros dos desertores estadounidenses, Brandon Hughey and David Sanders –Al menos otro desertor más se encuentra en Canadá, según el Post-. El pasado marzo, Hinzman se dirigió a una gran multitud reunida en una protesta contra la guerra en la ciudad de Toronto y ha celebrado también encuentros con grupos anti guerra. Varias organizaciones pacifistas y sindicatos han iniciado una Campaña de Apoyo a los Opositores a la Guerra, que ha hecho un llamamiento al gobierno canadiense para que permita a los desertores estadounidenses quedarse en Canadá, con independencia de que se les conceda o no el estatus de refugiado. En realidad, si sus solicitudes para obtener este estatus son rechazadas, ellos aún podrían solicitar al gobierno canadiense que les deje permanecer en el país "por razones humanitarias o compasivas."

Hughey, de 19 años de edad, abandonó su unidad el 2 de marzo. Al día siguiente, la unidad iba a iniciar su viaje desde su acuartelamiento en Fort Hood, Texas, hasta Oriente Medio. Hughey se había enrolado en el Ejército a la edad de 17 años para conseguir algún dinero con el que pagar sus estudios en la Universidad. Algunos pacifistas canadienses ayudaron a Brandon a cruzar la frontera canadiense. Todos ellos fingieron ser hinchas de baloncesto que iban a ver jugar a su equipo favorito en Toronto. "Ésta es una guerra basada únicamente en mentiras," manifestó Hughey al Daily Telegraph. "Si otros soldados creen que no pueden participar, deben hablarlo con sus superiores. Sin embargo, Canadá continúa siendo una opción."

El gobierno norteamericano considera el ejemplo de estos antiguos militares estadounidenses muy peligroso porque está proporcionando a la opinión pública información que muestra la naturaleza ilegal y criminal de la guerra de Iraq. Un portavoz de la 82 División informó que el nombre de Hinzman había sido notificado a las agencias de seguridad y que sería inmediatamente detenido si cruzaba la frontera entre ambos países. Por su parte, según la BBC, "algunos periodistas norteamericanos de extrema derecha, tales como Bill O´Reilly de la cadena de televisión Fox News, han estado pidiendo un "boicot a los productos canadienses" si estos soldados no son extraditados inmediatamente a EEUU. Sin embargo, es seguro que el pueblo canadiense no aceptará semejante chantaje.

En realidad, nadie espera que Hinzman y sus tres compañeros sean los últimos en abandonar sus unidades y cruzar la frontera. Ninguna persona honesta en EEUU o cualquier otra parte puede admitir ser enviado a una guerra injusta e ilegal para perpetrar crímenes contra civiles y ocupar un país en contra de la voluntad de sus habitantes. En este sentido, Hinzman y los otros soldados norteamericanos que han abandonado el servicio son héroes y su lucha constituye uno de los episodios más sobresalientes de la historia de EEUU. La revista Village Voice señala que Hinzman declaró a una multitud reunida en Toronto el 20 de marzo: "No podía simplemente afirmar que era una víctima de los tiempos o que me limitaba a cumplir órdenes. Si hubiera tomado parte en la ocupación de Iraq, me habría sentido cómplice en una empresa criminal."

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