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¿Por qué el Islam no podrá ser americanizado

13/10/2004 - Autor: Mohammed al Masri - Fuente: Media Monitors Network
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¿Un islam americanizado?
¿Un islam americanizado?

A lo largo de la historia, muchas potencias imperiales han cometido el error de creer que una situación impuesta por las armas era aceptada o consentida por el pueblo subyugado por éstas. Con el tiempo, llegaron incluso a pensar que una conquista violenta podría ser la base de su legimitidad como gobernantes.

Sin embargo, John Locke, el filósofo del siglo XVII, advirtió que "el agresor que lanza una guerra contra otro e injustamente destruye sus derechos, nunca puede llegar a través de tal guerra injusta a poseer algún derecho sobre el conquistado".

La historia muestra que mientras que los pueblos conquistados dirigen sus esfuerzos y recursos a intentar liberarse del yugo de los agresores, éstos gastan toda su energía en intentar mantener la sumisión de los que se hallan bajo su dominio.

Un método tradicional de los agresores para mantener la sumisión de sus víctimas es el de intentar destruir o menoscabar su religión y cultura y denigrarlas hasta el punto de que aquellas pierdan todo su orgullo e identidad. Los agresores tratan también de trasladar la lucha entre agresor y víctima desde la arena política al más complejo mundo de la religión e intenta culpar a las víctimas y los que las apoyan del conflicto, atribuyendo cualesquiera actos de resistencia (violenta o no) a la supuesta "inferioridad" de su religión o cultura. Cabe señalar a título anecdótico que los musulmanes fueron muy criticados en su día en el mundo occidental por permitir el divorcio de los matrimonios fallidos y la planificación familiar, en una época en que el cristianismo –que todavía hoy prohíbe ambas cosas- predominaba en el mundo occidental.

Los agresores intentan justificar estos planes de opresión mediante la difusión de desinformación, afirmando, por ejemplo, que la violencia está "en la sangre" de las víctimas o forma parte del núcleo de sus creencias, y tratan de presentar a los conquistados como "terroristas", bárbaros, extremistas o salvajes, y por tanto indignos o incapaces de emprender negociaciones de buena fe. Cabe señalar, además, que una de las formas más efectivas en las que los agresores buscan controlar y manejar a sus víctimas es mediante una llamada a la "reforma" de su religión.

A principios del s. XIX, los británicos intentaron promover una gran reforma del Islam en el Egipto colonial. Sin embargo, no esperaban el tipo de cambio que apoyó Sheij Mohammed Abdu, que abogaba por un Islam que apostara por la modernidad, el activismo político y las libertades democráticas. Sheij Abdu fue enviado rápidamente al exilio, junto con su maestro y mentor, Sheij Gamal al Afgani.

¿Por qué castigaron los británicos a un líder que parecía estar de acuerdo con sus propios planteamientos? La respuesta es que lo que los británicos querían era un Islam a su medida, es decir, un Islam pálido y pasivo, compuesto de rituales y discursos metafísicos que no fueran "dañinos" para la potencia colonial. Los británicos utilizaron el mismo enfoque pseudo reformista para alentar, apoyar e incluso financiar una corriente religiosa de su gusto que sirviera para controlar y subyugar a los musulmanes de la India y Oriente Medio. Ellos también contribuyeron a crear dos nuevas religiones que tuvieron poca influencia entre las masas musulmanas –el bahaísmo y el movimiento ahmadí-. Sin embargo, el Islam logró sobrevivir a estos intentos de anglicanización.

A finales del s. XX y tras la Guerra Fría, EEUU buscó un nuevo enemigo –no Rusia o China- sino el mundo islámico. En lugar de buscar unas relaciones basadas en el mutuo beneficio con los más de 1.200 millones de musulmanes, EEUU reemplazó al viejo colonialismo europeo con sus nuevas políticas agresivas, explotando a los pueblos y los recursos naturales de muchos países musulmanes, cuya religión y cultura no comprendía.

En un momento en el que EEUU ha invadido Iraq y Afganistán y adoptado una postura agresiva contra otras naciones islámicas como Irán, Siria, Líbano, Sudán, Arabia Saudí y Egipto, Washington está ahora tratando de debilitar ideológicamente a su enemigo mediante los llamamientos en favor de la reforma del Islam. Esto coincide además con un tiempo en el que la política norteamericana está más que nunca dominada por el fundamentalismo cristiano y apoya sin reservas los crímenes del fundamentalismo judío en Palestina.

La hipocresía de este planteamiento no deja de ser sorprendente. Al igual que los imperialistas británicos hicieron en su día, EEUU aboga ahora por un "nuevo Islam" que no participe en la vida política de los fieles, en un momento en el que la Derecha Cristiana evangélica posee, como se ha dicho, una influencia aplastante en todos los asuntos de la política interna y exterior norteamericana.

En los círculos políticos y medios de comunicación estadounidenses, hay sólo dos tipos de musulmanes. Existen los "moderados", los "modernos", los "liberales" y "laicos", que podrían (teóricamente) apoyar a EEUU, y los "radicales", "militantes", "extremistas" e "insurgentes", que creen sólo en el grito de "muerte a EEUU".

Ambos grupos –según el carácter mítico que EEUU da a cada uno de ellos- podrían enfrentarse unos a otros y, de este modo, Washington podría quedarse al margen y dejar a otros que hagan el trabajo sucio, consistente en la creación de un Islam inocuo que no critique, o incluso apoye, la política de EEUU. Sin embargo, vemos que ésta no es la realidad que puede verse en los países musulmanes hoy en día, donde la política norteamericana ha provocado una respuesta contraria unánime de todos los sectores religiosos.

En realidad, la primera cosa que deben hacer los musulmanes es no permitir que los agresores dictaminen su agenda. La fe islámica no necesita defenderse, pero los musulmanes sí. Los musulmanes deben contrarrestar la información negativa desenmascarando las mentiras y concepciones erróneas sobre el Islam que difunden sus enemigos e informando a todos aquellos que buscan la verdad. Los musulmanes deben también estudiar la estrategia del agresor y saber lo que éste pretende de ellos para poder neutralizarla. Si los musulmanes, y en especial los que vivimos en Occidente, trabajamos activamente, reforzamos nuestra unidad y establecemos alianzas con nuestros amigos en los países occidentales –con independencia de la religión o filosofía que practiquen- garantizaremos el que la "americanización" del Islam que pretenden nuestros enemigos resulte, al igual que en ocasiones históricas anteriores, un completo fracaso.

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