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El islam descristianizado (7)

Lo griego y lo semita

14/09/2004 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam
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Protosemítico
Protosemítico

Nuestro análisis sobre el árabe como lengua litúrgica del islam nos conduce a otro de los límites del "islam descristianizado": la distinción entre lenguas semitas e indoeuropeas, una distinción que demasiadas veces traspasa el campo de la lingüística para hablar de una mentalidad semita, de una sensibilidad semita.

En el Islam para ateos 1 la palabra "semita" aparece por lo menos 18 veces, de las cuales citamos unas cuantas:

1) Esta "autonomía" del acto en las tradiciones semitas, será la clave que nos lleve a comprender de qué beneficio gozamos los musulmanes cuando pedimos la magfira.

2) La fe... es un acto de violencia del que tratamos de librar a nuestra mente intentando comprender lógicamente (herencia griega) lo revelado (herencia semita).

3) Si pasamos la definición a traducción (...) nos vemos obligados a optar entre decir que la ni‘mat Allâh es el "don de Allâh" (...) o traducir el "favor de Allâh". (...) En ambas se pierde el sabor semita de la expresión.

4) Desde una perspectiva de Islam Interior, nos sentiríamos cómodos traduciendo ni‘ma por "la fuerza de Allâh", con el sentido tremendamente vital que tiene el término "fuerza" en nuestros días, y por ello punto de encuentro entre nuestra sensibilidad actual y la tradicional sensibilidad semita.

5) Los europeos conversos al Islam, educados en el realismo griego y que defienden, sin embargo, la literalidad de la expresión semita de lo auténtico, no se dan cuenta del flaco favor que hacen a su propio entendimiento y al dîn del Islam, que no gusta de concesiones a lo irracional...

6) La acción humana es el auténtico corazón de la metafísica islámica, de la sensibilidad semita.

7) Desde el punto de vista semita, el ser humano no es ese desasosegado fabricante de civilización que es en Occidente; el hombre es el fruto de las acciones a las que ha dado el ser.

8) En árabe, y en otras lenguas semíticas, la acción precede en rango al sujeto.

9) Al afirmar la no-existencia de una vida tras la muerte, el Islam se constituye en un puente que enlaza la filosofía atea de nuestros días con el más antiguo sentir semita de la existencia.

10) Vestigios de la raíz en la toponimia de los diversos poblamientos semitas.

En estas citas nos encontramos con todos los tópicos del viejo orientalismo y de la clasificación decimonónica de las religiones, las razas y las lenguas. Una clasificación muy vinculada a la dominación de las diferentes culturas de la tierra por la vieja Europa. Se hace referencia a un "mundo semita", compuesto de "pueblos semitas", localizado en "poblamientos semitas", que tienen "tradiciones semitas" y "lenguas semíticas", con un "sabor semita" y una "sensibilidad semita". Existen un "punto de vista semita" y una "expresión semita de lo auténtico". El "sentir semita de la existencia" es, por supuesto, "antiguo".

Esto es orientalismo puro y duro, lo cual parece contradictorio con los propósitos de descolonizar el islam señalados al principio. También Hafsawi recurre a "lo semita" para exponer su particular concepción:

En un sentido estricto, ALLAH y Dios son excluyentes entre si. No deben confundirnos las coincidencias. Tanto el cristianismo como el Islam hunden sus raíces en un modo semita de expresar la espiritualidad, pero el cristianismo renunció pronto a sus orígenes. Mantuvo un lenguaje y unos relatos, pero los insertó, creando conflictos, en una mentalidad distinta a la de sus principios. Al helenizarse y después latinizarse, el cristianismo, para amoldarse a los poderes vigentes a los que se sometió y posteriormente para instaurar su propio poder, se despojó de las grandes intuiciones que estaban en sus orígenes y las convirtió en creencias. Se privó a los cristianos de sus propias fuentes y la fe se convirtió en un mecanismo de control y dominio. En el Islam no ha sucedido nada de ello y por eso es fresco en la universalidad de un presentimiento no convertido en dogma 2 .

El retorno a lo semita se realiza frente a las lecturas cristianizadas, que son a su vez el producto del abandono del "modo semita de expresar la espiritualidad". Este abandono es el alejamiento del cristianismo de su origen, de sus raíces. Alejamiento que se produjo en tres fases: 1) helenización, 2) latinización, 3) modernidad. A través de diferentes cambios y aculturaciones, el cristianismo se ha convertido en eso tan horrendo ante los cual nuestros autores se rebelan. Por el contrario, en el ámbito del islam no se ha producido ese "alejamiento", sino que permanece "fresco" (como una lechuga). Es decir: no se ha visto transformado en "un mecanismo de control y dominio".

Todo esto no deja de ser lo suficientemente ingenuo como para sonreírnos, sobre todo en un momento en el cual el islam es usado por los poderes de casi todos los países de mayoría musulmana para justificar regímenes tiránicos. Decir que en el islam no ha sido transformado en un mecanismo de control y dominio es estar ciego.

Al margen de esta visión tan cándida sobre la historia (y el presente) del islam, lo que aquí nos interesa es su consideración de "un modo semita de expresar la espiritualidad" del cual el cristianismo, al helenizarse, se hubiese separado.

Esta oposición constituye una auténtica obsesión para Abdelmumin Aya:

La fe... es un acto de violencia del que tratamos de librar a nuestra mente intentando comprender lógicamente (herencia griega) lo revelado (herencia semita).

Los europeos conversos al Islam, educados en el realismo griego y que defienden, sin embargo, la literalidad de la expresión semita de lo auténtico...

Nosotros pensamos justamente lo contrario que el pensamiento griego al que la mente occidental 3 hace referencia: el ser es mentira, sólo el no-ser puede llegar a existir.

Ya en su Nueva Metafísica Andalusí, Abdelmumin Aya había lanzado alguna de las claves para comprender el alcance de esta oposición:

Traducir la mentalidad semítica a la mentalidad griega es un completo error. Para el semita lo real es algo plástico, con forma y color, lo que ocupa un espacio, lo que sucede en el tiempo; el griego es un hombre que funciona con realidades conceptuales, abstractas.

Nada de su eternidad de Al-lâh se pone en juego si —al contrario de lo que pensaban los griegos— decimos que Allâh es la pura impermanencia...

... un Islam que deberá entender el hecho esencial de que ha sido contaminado por el pensamiento griego que necesitó creer en el Ser para justificar el Poder...

La diferencia radical entre "lo griego" y "lo semita" convierte todo contacto o intercambio de ideas en una "contaminación" 4, una pérdida de la pureza semítica. Esto es muy parecido a lo que Hafsawi afirmaba de la lengua castellana. Este tipo de pensamiento dualista es llevado sin reparos al plano metafísico:

En el Islam no existe el problema de la falta de libertad del hombre. En efecto, es un problema completamente occiden­tal, emanado de un concepto del "yo" que apenas se ha dado sino en el área cultural influenciada por el pensamiento griego.

...los musulmanes que, como los falâsifa, reivindicaban la libertad humana han sido tratados por los musulmanes como heterodoxos contaminados por el pensamiento griego.

Así pues, aquellos pueblos que han sido "contaminados" por el pensamiento griego (es decir, los occidentales) tienen "un problema con la libertad" que en el ámbito del islam es desconocido. Esto es causado por el dichoso verbo "ser", que hace que todos los griegos funcionen con categorías abstractas. Todos los griegos pensaban que Al-lâh es pura permanencia, con lo cual su eternidad no se pone en juego. Esta carencia es sustituida por la creencia en un Ser Supremo que se convierte en un instrumento de Poder. Como culminación lógica de esta concatenación de ideas, Abdelmumin Aya reclama...

...la superación del pensamiento griego como incapaz de dar cuenta de eso que llamamos "Dios".

Y todo a causa de que los griegos tienen un verbo tan metafísico como es el verbo ser, que les imposibilita para comprender a Al-lâh. En cambio, ¡que suerte tienen los semitas! Ellos no están contaminados por el verbo ser y todas las perversiones a la que nos conducen. Los semitas están libres de los problemas de la metafísica occidental por el hecho de que sus lenguas carecen del maligno verbo ser y funcionan por raíces. Por eso son libres, como los nómadas que Lawrence de Arabia manipuló a su antojo.

Lo mismo pretende Hafsawi cuando dice que el islam no ha sufrido ese proceso de transformaciones que caracteriza al cristianismo —helenización, latinización, occidentalización— mediante el cual se haya adulterado. Esta idea es una falacia, que nos remite, de nuevo, al sueño utópico de una lengua pura. En la obra de Hafsawi, ya lo hemos visto, esta adulteración del cristianismo consiste en haberse "helenizado". Con ello, se traza una frontera insalvable entre "lo griego" y "lo semita", campos que aparecen definidos como un todo cerrado, como algo definitivo y plano. Modos de pensamiento o actitudes vitales que se excluyen entre sí, inevitablemente.

Esta caracterización de lo griego es un disparate. Los que se han acercado (siquiera levemente) a la Grecia clásica, no pueden sino sonreírse ante tales simplificaciones 5. Dionisio, Homero, Platón, Sófocles, Pericles, Herodoto, Hipócrates, Esquilo, Jenofonte, Heráclito, Alejandro Magno, Demócrito, Plotino, Zenon de Elea, Epicuro... todos ellos igualados como "hombres que funcionan con realidades conceptuales". ¿Qué diría de esto Diógenes de Sínope, el filósofo cínico que vivía en un tonel? No cabe la menor duda de que estas fantasías reductoras tienen una función que las hace necesarias. Sirven para apuntalar un discurso que de otro modo se desvanece como el humo.

Un dato sorprendente es el hecho de que la cultura islámica del período abbasida parece mucho más impregnada por el helenismo que la cristiana. La herencia griega llegó a la Europa del Renacimiento gracias a las traducciones realizadas por los filósofos musulmanes. Toda la tradición islámica del periodo clásico ha sido construida a partir de las categorías heredadas del pensamiento griego, y esto afecta no solo a los falasifa 6, sino a gentes como Iman al-Ash’arî o al-Gazzali.

Podemos aceptar las más variadas opiniones, pero tenemos que ponernos en guardia contra esta clase de generalizaciones. ¿Estaban al-Kindi, ibn Sina, al-Farabi, ibn Rushd, y otros grandes pensadores del islam "contaminados por Aristóteles", o más bien eran musulmanes que buscaban la verdad sinceramente y se encontraron con la obra del Estagirita? ¿Son las obra de Demócrito y Plotino contaminantes? ¿Es el helenismo una lacra de la que hay que deshacerse? Desde esta perspectiva, resulta difícil comprender la admiración de Hafsawi por ibn ‘Arabî, uno de cuyos sobrenombres es "el hijo de Platón" (ibn al-Flatun). El peso del helenismo sobre la historia del islam es incalculable, tanto en relación a la filosofía como a la teoría política y a la medicina, la astronomía, etc. Mucho menor ha sido la influencia del pensamiento griego en la configuración de las diferentes ortodoxias en el ámbito cristiano, ya que durante mucho tiempo la filosofía griega fue vista con desconfianza en gran parte de la cristiandad occidental.

Resulta chocante que tanto Hafsawi como Abdelmumin Aya conciban su idea de "descristianizar el islam" como un "retorno al espíritu semita del islam", frente a la (supuesta) aculturación que ha supuesto (en occidente) el encuentro de "lo semita" con "lo griego". Es chocante porque la consideración de que existe una categoría llamada "lo semita" es la propia base del orientalismo. No es una idea orientalista entre otras, sino el orientalismo mismo, tal y como lo definió Edward Said:

El orientalista observa Oriente desde arriba con la intención de abarcar el panorama total que se extiende ante sus ojos: cultura, religión, mentalidad, historia y sociedad. Para hacer esto, debe observar cada detalle a través del dispositivo de un conjunto de categorías reductoras: los semitas, la mentalidad musulmana, Oriente, etc 7.

Años de tradición habían dado cierta legitimidad al discurso sobre cuestiones tales como el espíritu semítico u oriental. El "semítico", por tanto, era una categoría transtemporal y transindividual que pretendía predecir cualquier acto individual del comportamiento "semítico", apoyándose en alguna esencia "semítica" preexistente y que, igualmente, fomentaba la interpretación de todos los aspectos de la vida y de las actividades humanas en términos de algún elemento común "semítico" 8.

Es cierto que el semítico de Renan y el indoeuropeo de Boop eran objetos fabricados, pero se los consideraba lógicos e inevitables como protoformas que tenían en cuenta los datos pretendidamente aprehendibles y empíricamente analizables de las lenguas semíticas específicas. Por tanto, al intentar formular un tipo lingüístico prototípico y primitivo (así como uno cultural, psicológico e histórico) también se "intentaba definir un potencial humano primario" a partir del cual se derivarían todos los comportamientos 9.

El orientalista, principalmente, es el tipo de agente de esta visión global. Una visión que es por tanto estática, igual que las categorías científicas que inspiraron el orientalismo de finales del siglo XIX: no hay recursos más allá de "lo semita" y "la mentalidad oriental" 10.

La teoría racial y las ideas sobre los orígenes y clasificaciones primitivas, sobre la decadencia moderna, el progreso de la civilización, el destino de las razas blancas (o arias) y la necesidad de territorios coloniales eran elementos que formaban parte de la peculiar amalgama de ciencia, política y cultura, cuyo propósito, casi sin excepción, era siempre llevar a Europa, o a la raza europea, al dominio de las partes de la humanidad no europea 11.

El punto sobre el que hay que insistir es que esa verdad sobre las diferencias distintivas entre las razas, las civilizaciones y las lenguas era (o pretendía ser) indiscutible. Establecía fronteras reales entre seres humanos, fronteras a partir de las cuales se construían las razas, las naciones y las civilizaciones; forzaba la visión hasta llevarla lejos de las realidades humanas comunes y plurales, como son la alegría, el sufrimiento o la organización política y, en vez de esto, destacaba las cuestiones descendentes y regresivas de los orígenes inmutables. Ningún científico podía salirse de estos orígenes en su investigación, igual que ningún oriental podía escapar a las categorías de "los semitas", "los árabes" o "los indios" 12.

Incluso la denominación "semítico moderno" portaba una bandera racista de un modo que, sin duda, pretendía ser ostentosamente decente. (...) El "ario" es claramente una abstracción que se opone al "semita", pero por alguna de las razones que he expuesto, estas etiquetas atávicas parecían ser especialmente pertinentes para los semitas 13.

Sin embargo, en lo que no hemos insistido bastante al hablar del antisemitismo moderno en la legitimación que el orientalismo moderno daba a estas denominaciones atávicas y, lo que es más importante, en la manera en que esta legitimación académica e intelectual ha persistido en nuestra época, en cuanto se habla del islam, de los árabes o de Oriente Próximo 14.

Las consideraciones de Edward Said son pertinentes. A partir de ellas, podemos comprender el completo fracaso intelectual en que termina el "islam descristianizado", una ideología que permanece presa de la visión orientalista.

El orientalismo puede ser definido como la doctrina que considera que "lo semita" o "lo árabe" consisten en una serie de características inamovibles a lo largo de la historia, y que definen a todos los miembros de los pueblos semitas, y en especial a los musulmanes. Esto es —ni una palabra más, ni una palabra menos— el orientalismo. A partir de aquí, se puede discutir cuales son las cualidades de los pueblos semitas, si son fatalistas, racionalistas, nómadas, sedentarios, hospitalarios o gandules. Todo esto es discutible, por supuesto, y es objeto de diversas teorías. Lo que no cambia es el hecho de que, se le de un valor positivo o negativo, la categoría de "lo semita" es inamovible.

Al fabricar estas categorías, los arabistas han cumplido la función de justificar la dominación de los países de mayoría musulmana. Ahora, estos musulmanes españoles tratan de justificar la rebelión de los musulmanes mediante la definición contraria. Si para el orientalismo clásico el musulmán era, por definición, un "ser pasivo, fatalista, entregado a fuerzas irracionales y a una fe primaria", para estos musulmanes españoles el musulmán es un ser activo, que crea su destino, que abomina de los dogmas y del irracionalismo, que no comete pecados, que no se arrepiente de nada...

Esta es, sin duda, la paradoja de las paradojas: nuestros autores, en su afán de "descristianizar el islam", han trazado una frontera ideológica. Curiosamente, esta frontera es la misma que el orientalismo más agresivo contra el islam había ya trazado, aunque en este caso, los valores de los que se ha achacado a los árabes y los semitas durante mucho tiempo son ahora señalados como propios de la cultura occidental.

Rebelarse contra estas ideas no es darles el contenido contrario, sino descartar totalmente la existencia de tales categorías, que son el mal en si mismo. No basta con decir que el árabe es activo, racional, sensual, etc. Hay que reaccionar con contundencia contra todo esencialismo. "Lo árabe" no es un proto-tipo al que todos los árabes deban amoldarse. Cada persona tiene su propia individualidad, su propia vivencia irreductible.

Hay que denunciar el esencialismo de un proyecto que adopta las ideas del orientalismo para realizarse. No es lícito que estos musulmanes hablen de que el islam es lo que es por carecer de del verbo "ser", y después se pasen todo el día diciendo que "el islam es esto", que "el îmân es lo otro". Si nuestros autores afirman que el islam no admite el concepto de ser, entonces no puede ser reducido a una esencia inamovible. Esto es: otra cosa que ser o más allá de la esencia. No podemos admitir la existencia de "lo semita", "lo islámico", o "lo árabe", que son esencialismos. Como tampoco admitimos la existencia de"lo occidental", "lo griego" o "lo cristiano", por el simple hecho de que existen muchos tipos de cristianos, de occidentales y de griegos, incluida una clase de yogurt. Solo estamos pidiendo el mínimo de coherencia necesaria para que una comunicación se produzca, no pretendemos estar de acuerdo en nada.

Nuestros autores no son, por supuesto, antisemitas, sino anti-cristianos, lo cual no es menos grave. Definen el cristianismo de mismo modo que el orientalismo clásico definió al islam durante siglos. Han realizado una inversión de las definiciones, otorgando a "los cristianos" las características que otros habían achacado a "los semitas". Se trata de entrar en un mundo donde las diferentes identidades están fijadas de antemano. Para nuestros autores, definir el islam es denigrar al cristianismo. El islam queda definido como una posibilidad de vida frente a la pulsión de muerte que el cristianismo representa. Con esta falsa rebelión, se están afirmando los patrones que pretenden ser negados: se reafirma la visión general característica del orientalismo como el método para juzgar al islam y a los musulmanes como un todo homogéneo.

Nuestros autores han adoptado acríticamente el tipo de ideas que han sido creadas por el colonialismo para aniquilar el islam como un fenómeno que tiene su propia complejidad, historia y multitud de desarrollos paralelos, además de potenciales desarrollos. El islam no es un fenómeno monolítico, el musulmán no es un personaje único, sino que existen más de mil millones de musulmanes, que no pueden ni quieren ser clasificados bajo ninguna etiqueta racial, sino como simples criaturas conscientes de que se hayan sometidas al Creador de los cielos y la tierra.

Para todo musulmán y musulmana (el hombre y la mujer cuyo sometimiento a Dios se expresa como aceptación del Mensaje del Qur’án y de la Sunna) el cristianismo es una religión revelada, una de las grandes tradiciones de la humanidad que tiene su origen en el mensaje de un profeta. El islam no niega la diversidad de formas de entender la vida, no niega el derecho de los demás a seguir sus propias tradiciones, sino que las acepta por completo. No se trata de un anti-nada (ni anti-occidental ni anti-griego ni anti-cristiano ni anti-capitalista), sino un fenómeno puramente afirmativo. El islam es el Sí que ha tenido lugar en todos los pueblos y culturas de la tierra, y puede vivirse de un modo completo en todas las lenguas sin distinción alguna. No ha nacido ni existe como negación de nada, pues una negación queda atrapada por aquello que niega. Todo esto nos conduce a considerar el "islam descristianizado" desde otra perspectiva: la del pensamiento reactivo, a la manera nietzscheana.

Notas
1 No ofrecemos la paginación de la edición impresa por no estar en nuestras manos. Manejamos una copia informática que el propio autor nos ha facilitado.
2 Texto "ALLAH", en www.musulmanesandaluces.org
3 Esta "mente occidental" es la más extraña de las categorías. ¿Dónde está esa mente, a qué corresponde, quién la ha visto?
4 La idea de que el pensamiento griego "contamina" es indicativa da la pobreza intelectual de todo el "islam descristianizado".
5 Recomendamos la lectura de Los griegos y lo irracional, de Doods. Basta un mínimo acercamiento al tema para darse cuenta que el mundo de la Grecia Antigua es de gran riqueza y diversidad de planteamientos. En él conviven posturas escépticas con el idealismo, figuras heroicas con contemplativos, el cinismo con la real politik, los misterios de Eleusis con la tragedia de Sófocles o Esquilo… ¿dónde está "lo griego" en medio de estas creaciones?
6 Término que designa generalmente a los aristotélicos: al-Farabi, ibn Sina, ibn Rushd, etc.
7 Orientalismo, pág 286.
8 Ídem, pág 276-277.
9 Ídem, pág 278.
10 Ídem, pág 286.
11 Ídem, pág 286.
12 Ídem, pág 279.
13 Ídem, pág 311.
14 Ídem, pág 311.
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