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Notas sobre el Budismo y el lenguaje

La palabra, la lengua y el mensaje

03/08/2004 - Autor: Máximo Lameiro - Fuente: Saberporsaber.com
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Budismo y lenguaje
Budismo y lenguaje

Nota de Webislam: en este texto se habla de la prohibición de realizar oraciones en otra lengua que el árabe o traducir el Corán a otros idiomas. Máximo Lameiro cita una de las Perlas de sabiduría Tamazig 1, en Webislam. Sin embargo, la posibilidad de traducir el Corán fue autorizada por el propio profeta Muhámmad, y es un hecho que algunos pueblos realizan la salat en sus propias lenguas. En este caso, Lameiro se ha hecho eco del mito del árabe como "lengua litúrgica del islam", tal y como es defendido por algunos musulmanes.

Vamos a comenzar estas notas haciendo algunas aclaraciones acerca del papel que juegan la palabra y el lenguaje en el budismo. La cuestión del lenguaje junto a la de la identidad de su fundador están íntimamente ligadas al significado propio y singular del mensaje budista. Podría decirse que esas dos instancias —lenguaje y fundador— son como dos columnas sobre las cuales se apoya toda la comprensión del edificio budista.

Si pudiéramos reconocer la diferencia esencial que existe entre, por ejemplo, el recitado del Corán y el de un sutra budista, y además pudiéramos reconocer la diferencia —radical— de concepto entre el Buda Sakyamuni (el fundador del budismo) por un lado y por otro el Profeta Muhammad y Jesucristo; ya habremos recorrido un trecho importante en el reconocimiento de la especificidad del budismo como doctrina y camino.

Aunque se hará obvio en lo que sigue, de todos modos, aclaremos que las comparaciones que hagamos entre esas —u otras— religiones no son valorativas ni apuntan a hacer ninguna profesión de fe, sino que son modos de comprender con más claridad lo específico del tema que decidimos tratar: el budismo.

b. Lengua litúrgica o lengua sagrada:

El budismo, a diferencia del Islam o del Judaísmo, no tiene una lengua sagrada. Este punto no es contingente ni menor, pues hace a la naturaleza misma del mensaje budista.

Por ejemplo, en el Islam, el Corán se recita siempre en árabe sea cual sea la lengua hablada por creyente. En esa tradición religiosa es posible que un erudito escriba estudios en una lengua europea moderna, por poner un ejemplo, pero no sería posible, nunca, por ninguna razón, realizar las oraciones o la lectura ritual del libro en otra lengua que no sea el árabe. Pues en el Islam la enseñanza (el libro) es una enseñanza revelada por Dios. El conducto humano a través del cual la enseñanza se introdujo en el mundo era un conducto totalmente pasivo: el Profeta Muhammad no concibió ni escribió el libro sino que fue el receptáculo viviente en el cual el libro fue volcado por Dios. El profeta, fue un vaso donde se volcó el mensaje, no fue su autor. Por eso la tradición dice que el Profeta era analfabeto, que es como decir que no pudo concebir el libro por sí mismo sino que le fue dado íntegramente desde arriba. Al respecto hay una preciosa joya de sabiduría islámica que reza: "La importancia de que Muhammad fuera el profeta iletrado es que no tenía con qué disfrazar a su Señor".

Por lo tanto, la palabra, el lenguaje, en el Corán, es divina. Y no divina por añadidura, como lo sería por servir a un propósito divino, sino divina en sí misma: las palabras en el Corán son las palabras de Dios. Justamente por eso, a diferencia de los sutras budistas, el Corán no puede traducirse. Si bien se realizan traducciones con fines didácticos, el recitado y lectura del Corán para ser considerados legítimos deben realizarse en árabe. Pues el libro procede directamente de Dios. Y las palabras de ese libro están dotada en sí mismas de características sobrenaturales que una traducción nunca podría conservar ni transmitir. En el Islam la forma del mensaje (el árabe coránico), su significado y su acción salvadora son indisociables.

Pues bien, en el budismo no ocurre nada similar. Los textos sagrados del budismo no sólo han sido traducidos a diversas lenguas tradicionales como el chino, el tibetano, el japonés, coreano, y otras, sino que además —esto es lo crucial— las oraciones y cantos rituales también se han traducido a dichas lenguas.

A diferencia de lo que ocurre con el Corán los sutras budistas se recitan en chino en China, en tibetano en Tíbet, y en una forma de japonés antiguo (más bien un japonés impuro resultante de la transliteración de palabras chinas) en Japón, por poner sólo tres ejemplos.

¿Porqué los textos sagrados de budismo y sus oraciones pudieron ser traducidos? Pues porque los textos y oraciones budistas no transmiten la palabra divina sino una experiencia humana. Si bien se trata de una experiencia que debería —de lograrse completamente— llevar al hombre más allá de los límites de su estado humano (en el budismo se conocen diez estados del ser y el humano es sólo uno de ellos, aunque uno central), sin embargo, su punto de partida es humano.

El punto de partida del budismo es humano y no divino. La palabra del Buda Sakyamuni (el fundador histórico del budismo) es palabra humana. Palabra santa, perfecta, iluminadora, pero decididamente palabra humana.

Por lo tanto el budismo puede ser traducido. Puede ser traducido porque no es una revelación desde lo alto sino la vía de transmisión de una experiencia humana. Una experiencia que cada practicante debe recrear en sí mismo a través de los instrumentos que le brinda la Tradición budista.

Ahora bien, para no inducir a error es necesario hacer algunas aclaraciones: que la palabra en el budismo no sea divina, y que no haya lengua sagrada, no significa que los textos y oraciones budistas puedan reducirse a nivel de meras invenciones individuales como lo son casi toda la literatura y las técnicas de ejercitación pseudo—espirituales que están de moda hoy día en Occidente.

Es importante aclarar que si bien en el budismo no hay lengua sagrada, sí hay lenguas litúrgicas tradicionales. Hay lenguas litúrgicas en las cuales se recitan los sutras y las oraciones de manera idéntica a través de los siglos.

Para comprender rápidamente el concepto de lengua litúrgica es suficiente con pensar en lo que fue el latín en la cristiandad durante muchos siglos, y reparar en el hecho de que la Iglesia Ortodoxa de Grecia no utilizó el latín sino el griego en sus cultos. Latín y griego eran allí lenguas litúrgicas y no sagradas, pues Jesucristo —que es el centro de la revelación cristiana— no habló en ninguna de las dos.

Hay varias lenguas litúrgicas en el budismo. Por ejemplo, el Sutra del Loto (Sadharma Pundarika Sutra del Canon Sánscrito) se recita en chino, en tibetano y en japonés (con las aclaraciones ya hechas) en cada una de esas culturas. Eso significa que se han traducido. Pero también es cierto que se siguen recitando como se recitaban hace muchos siglos.

Hay una inmensa, inconmensurable, distancia entre una lengua litúrgica y una lengua sagrada. Pero también hay una distancia enorme entre una lengua litúrgica y una lengua vernácula. La lengua litúrgica sin ser sagrada, se halla investida de un carácter santo que procede su función en el culto y de su papel en la transmisión de la enseñanza.

Por otra parte, una lengua litúrgica también tiene una cierta fijeza. Sin ser inmutable, es fija. Y esa fijeza tiene un sentido profundo. Esa fijeza de las lenguas litúrgicas tiene que ver con cierta comprensión del significado y la eficacia del ritmo y la vibración. Las sociedades tradicionales tenían conocimiento del significado espiritual del ritmo y el sonido —y de su poder—, significado que el Occidente de hoy desconoce por completo; excepto por ciertos residuos de ese saber que parecen haberse conservado, en parte, en los coros monásticos cristianos.

Pero este tema nos desviaría de la intención central de esta entrega. En definitiva, el budismo no tiene lengua sagrada —aunque tenga varias lenguas litúrgicas— y no la tiene porque no es una revelación divina.

Pero que no tenga lengua sagrada no significa que sus lenguas litúrgicas sean meros instrumentos profanos. En la medida que ese lenguaje es la vía de transmisión de una experiencia que trasciende lo mundano y ordinario y que puede llevar al hombre a su realización espiritual, ese lenguaje es santo. Y se le debe un respeto completo. Al respecto, el sabio budista Japonés, Nichiren Daishonin, decía (hablando del Sutra del Loto o Hokke Kyo en japonés): "cada uno de los caracteres del Sutra es un buda".

Por esta vez, dejamos aquí. En una próxima entrega, de ser posible, veremos que este punto de la palabra es totalmente solidario de otro: el de la identidad humana del Buda y el carácter "ascendente" de su mensaje. Ascendente significa aquí que su mensaje no procede desde arriba hacia abajo sino que está dirigido de abajo hacia arriba.

Pues del mismo modo que el budismo no tiene lengua sagrada, su fundador no fue ni un profeta como Muhammad (que fue vehículo de un mensaje "descendente", de Dios al hombre) ni una encarnación divina —o avatar— como Jesús que fue él mismo el mensaje encarnado.

Comentario en la lista:

"Esto es algo que resaltan todos los estudiosos budistas, y la manera en que se hace, me da la impresión que esto es fuente de orgullo, no de disminución. Se transmite una experiencia *humana*, y por lo tanto al alcance de cualquier otro ser humano, aunque sea trabajosa."

Respuesta de Máximo:

No sé si percibo bien los matices de tu comentario... pero quiero señalar —no tanto para ti que conoces el asunto sino para los demás— que en este punto lo importante es retener dos cosas:

1. Como tú señalas el budismo es una vía al alcance de cualquier hombre por el hecho de que concibe al humano como portador inherente de sus posibilidades de "salvación" o de "liberación" (aunque son cosas distintas, pero para no ponernos pesados...).

En ese sentido el budismo es el camino de la independencia del hombre. Y podría decirse que está —en ese punto— en las antípodas de las religiones monoteístas donde el hombre no puede nada sin el auxilio de Dios. Pero ¡OJO! porque si esto se toma a la ligera —muy literalmente y sin profundizar las paradojas tanto del budismo como del monoteísmo— se corre el riesgo de idealizar al budismo y degradar al monoteísmo... Cosa con la que yo en lo personal no estoy de acuerdo —y me irrita cuando lo constato entre budistas— pues creo que, a su modo, de otra forma, el monoteísmo "contiene" las verdades budistas si uno logra ir más allá de su capa exterior (pienso en el Maestro Eckhart, por ejemplo, o en la absoluta Unicidad y Unidad de Alá en el Islam donde llega un momento en ya no hay lugar para la dualidad hombre/Dios).

2. El acento no debe ser puesto, a mi juicio, tanto en lo "humano" de la experiencia sino en lo "interior" e "inherente" de esa posibilidad de iluminación. Si bien es cierto que se trata de algo humano —y yo mismo decidí introducir el budismo por ahí— eso se presta a ciertas interpretaciones distorsionadas: no se puede reducir el budismo —como se escucha a menudo en Occidente— a una pura ética, ni a una suerte de disciplina de vida sana pero totalmente mundana... No es eso. Humano no quiere decir, en el budismo, lo mundano ordinario. Lo humano en el budismo es algo sagrado (por eso en el budismo no hay guerra religiosa). Justamente de lo que se trata en el budismo es de poder reconducir al hombre a su máxima posibilidad de desarrollo. Y ese desarrollo lleva, como tú lo señalabas, a algo de orden "superior" que está más allá de cualquier ética humanista y de cualquier tipo de "higiene" (como por el ecologismo por ejemplo). Si se retienen esos dos matices de sentido, entonces está muy bien introducir el budismo por el lado humano; pero si se pierden esos matices, entonces, al caracterizar al budismo como "humano" se lo estaría corrompiendo (y me consta que eso es muy común incluso entre budistas).

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