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El islam descristianizado (4)

el árabe como lengua litúrgica del islam

26/07/2004 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam
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Portada del libro Islam para ateos
Portada del libro Islam para ateos

El estudio del significado de las palabras îmân y mûmin, nos ha conducido a uno de los límites posibles del "islam descristianizado". La tarea de "traducir los conceptos clave de nuestra metafísica" 1 requiere un amplio conocimiento del castellano, de sus honduras y sus complejidades. Pero eso es algo que no parecen tener en cuenta nuestros autores. Es más, estos prefieren centrarse en lo excelso de la lengua árabe, la lengua del Qur’án al fin y al cabo.

En un texto clave, Hafsawi expresa de una manera sintética el entramado de ideas sobre la lengua árabe que está en la base del "islam descristianizado":

LA LENGUA ÁRABE

El Corán ha sido revelado en lengua árabe, y esta afirmación se repite en varias ocasiones a lo largo del Libro. Allah dice: "Lo hemos revelado en lengua árabe clara...". El término árabe tiene en el Islam una gran importancia, y no hace referencia a una etnia o raza, sino a un valor.

Árabe es sinónimo de nómada, de persona no atada a un lugar, y, por tanto, esencialmente libre, y, además, es una persona que cultiva los más bellos comportamientos, los de la solidaridad, la caballerosidad y la hospitalidad, rasgos propios de gente noble, los Makârim al-Ajlâq de la Tradición Islámica, la forma generosa de ser. El Profeta (s.a.s.) fue un Árabe, plenamente. Lo árabe es un ideal. También, la lengua árabe está asociada a esa noción: es la lengua de los árabes y expresa con nobleza los pensamientos de los habitantes del desierto. Por eso, es la Lengua de las Gentes del Jardín. El árabe no es cualquier lengua. No es la lengua de un pueblo sin más. Tiene connotaciones que la hacen el vehículo apropiado para la expresión de una espiritualidad enraizada en una visión de la existencia que sólo es posible entre personas que viven de una manera determinada: la austeridad, la ingravidez, la profundidad, el contacto real con la naturaleza de la cosas,...

La lengua árabe tiene unas características que la convierten en un sistema que traduce inmediatamente una cosmovisión sencilla pero radical. Sus sonidos, su escritura, su gramática, todo en ella tiene valores que la asocian a las enseñanzas del Islam. Hablar y aprender árabe es un acto de iniciación y quien así lo hace se asoma a un misterio. Y por ello mismo, una de las prácticas islámicas en la que más se insiste es el Dzikr, la repetición de palabras y fórmulas árabes que permite sumergirse en el secreto de una lengua que para los musulmanes es mucho más que lenguaje, es infinitamente más que un sistema para entenderse.

A poco que se indaga en la lengua árabe emergen unas características que llaman la atención: las palabras no se vocalizan, sino que se ‘modulan’, siendo cada sonido abreviado o alargado para ir matizando el significado latente en una raíz. No existe el verbo ser, y por tanto la realidad deja de tener una calidad metafísica: la grandeza de cada cosa es su presencia, no una pretendida idea que le confiera un estatuto ontológico distinto a su contundencia frente al que habla. Las nociones van derivando a partir de ideas sencillas,... Todo ello permite ahondar en la realidad y descubrir el alcance de lo inmediato dentro de una Verdad que engloba a la existencia entera. Y ese centro es a lo que se llama Allah, Señor de los Mundos. Y esta es la imagen del mundo que el Islam ofrece a los musulmanes, a los que se rinden ante la Verdad...

Las reflexiones sobre la lengua árabe han sido constantes a lo largo de la historia del Islam; es más, desde el principio los musulmanes han sabido que aquello que les ha llegado de Allah son ‘palabras’ dichas en una lengua concreta. Entender qué significan, su verdadero alcance, ha sido la mayor de las preocupaciones entre quienes han afrontado el Islam con rigor. El habla, que es signo de inteligencia y es el rasgo definitorio de lo humano, ha ocupado un lugar central porque los musulmanes han sido conscientes de que aquello que diferencia al ser humano es la posesión de la palabra, y Allah se le dirige en tanto que criatura que es capaz de comprender lo que se le dice. Y la lengua más clara, la más elocuente, es la lengua pura de los nómadas.

La lengua árabe es ‘la más cercana al estado de inocencia del ser humano’, es una lengua ‘Fitra’, es decir, primordial, como la lluvia... Las palabras del Corán descendieron del cielo de la inmensidad de Allah sobre el corazón abierto de Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Cuando los musulmanes afirmamos que el Corán es Palabra Increada, Palabra Eterna, nos referimos a su original árabe, porque sólo esa lengua tiene la capacidad para acoger lo más cercano a Allah.

Lo que más nos interesa de este texto hace referencia a la consideración del árabe como "lengua litúrgica del islam" 2. ¿Hasta que punto el islam sólo puede ser expresado en árabe? ¿Hasta qué punto toda traducción del árabe coránico no es una reducción (y una tergiversación) del Mensaje recibido por Muhámmad (saws) en toda su pureza? Hemos resumido en cuatro sentencias todo el entramado de ideas que esto supone:

1) El Qur’án ha sido revelado en lengua árabe, por lo cual se afirma que "el árabe es la lengua de la revelación".

2) Las características de la lengua árabe la convierten en un sistema que traduce de un modo preciso las enseñanzas del islam. Toda traducción es una aproximación, un sustituto. "El islam en su pureza sólo puede expresarse en árabe".

3) El árabe es una lengua pura, que se ha mantenido más o menos inalterada desde tiempos inmemoriales, enraizada en lo más hondo del ser humano. "El islam es la lengua de la ‘fitra’, la naturaleza primordial del ser humano".

4) Cuando los musulmanes afirman que el Qur’án es Palabra Increada, Palabra Eterna, se refieren al texto árabe. "El árabe es la lengua del Jardín", la lengua de Adán y Hawa en el Paraíso, la que hablarán los justos tras el juicio.

Para un análisis a fondo de estas tesis, deberíamos estudiar sus implicaciones en el campo de la filología, empezando por la distinción entre lenguas semíticas e indoeuropeas, establecida por el laboratorio filológico del colonialismo. En este capítulo, sólo queremos referirnos a los dos primeros argumentos, y apuntar una serie de ideas que serán desarrolladas en los dos capítulos siguientes. Este es el punto central de la idolatría metafísica que se ha desarrollado en torno al islam, demasiadas veces asumida por los propios musulmanes.

La frase "el árabe es la lengua de la revelación" es engañosa. En realidad, el árabe es la lengua en que fue revelado el Qur’án a Sidna Muhámmad (saws). La diferencia es enorme: los musulmanes no pensamos que exista una sola revelación, como la frase da a entender. Esto quiere decir: desde el momento en que aceptamos que existen otros Libros revelados en otras lenguas distintas del árabe, debemos aceptar el carácter excelso de todas estas lenguas, sin distinciones.

El caldeo, el hebreo y el arameo son lenguas de la revelación, como lo son el sánscrito 3 de los Vedas y el chino del Tao Te King, o cualquier otra lengua a través de la cual Al-lâh se ha revelado. En realidad, toda lengua puede ser "lengua de la revelación" 4: no poseemos un límite preciso, sino la generosidad de la Palabra: todos los pueblos han tenido sus profetas, en todos los idiomas.

También es engañosa la expresión "el islam fue revelado en árabe". El Qur’án, en todo caso: nos estamos refiriendo al Islam como religión histórica instaurada por Sidna Muhámmad (saws). Si hablamos del islam como "la religión primigenia de la humanidad", este es anterior a la existencia histórica de Muhámmad (saws). No creemos que los profetas siglos anteriores al siglo VII d.C. —Adán (sa), Ibrahim (as) y Musa (as), que predicaron el islam— hablaban el árabe coránico.

La idea de que la lengua árabe es la más apropiada para expresar los valores del islam es muy querida por el orientalismo. Son muchos los estudiosos que han elaborado argumentos que tiendan a mostrar las particularidades de la lengua árabe, y asociarlas a los valores del islam:

— el árabe funciona a partir de raíces 5. Cada palabra evoca todo el campo semántico de la trilítera al que pertenece la palabra pronunciada. Puede decirse que el sentido matriz predomina sobre el significado específico de la palabra.

— a lo anterior contribuye el hecho de que las palabras no se vocalizan, sino que se ‘modulan’, siendo cada sonido abreviado o alargado para ir matizando el significado latente en una raíz. La solidez de la consonante es tal que con ello se destaca la etimología de las palabras sobre su significado.

— el árabe carece de verbo ‘ser’ 6. Esto implica la primacía de la acción sobre el sujeto, con lo cual el árabe se distancia del "individualismo europeo" 7... De la ausencia de verbo ser, Abdelmumin Aya deducen lo siguiente: En el mundo occidental es inconcebible una acción que precede al sujeto de dicha acción. Por el contrario, en el mundo semita, lo extraño es que el ser humano se vea a sí mismo como el sujeto absoluto de su acción: las cosas suceden más allá de quienes las realizan. A causa de ello, los occidentales dan primacía al sujeto sobre la acción que realiza, y por tanto son más capaces de controlar sus actos, frente a la imagen del semita, un ser fatalista, arrojado a la existencia 8.

— el árabe carece de lo que conocemos como "presente", "pasado" y "futuro". En palabras de Luce López Baralt: "el árabe es tan ambiguo, que hasta los tiempos verbales fluctúan caóticamente" 9. Por ejemplo: cuando el Qur’án habla de la waqia (asociado a la destrucción final del mundo), no lo hace en "futuro", lo cual sugiere que se trata de algo sucedido. Esta indeterminación temporal nos remite a la eternidad de la Palabra. Al mismo tiempo, constituye un freno para todo proyecto típicamente humano, ya que hace incapaz al semita de planificar su futuro y de considerar su pasado como tal. No hay una proyección desde el pasado hacia el futuro , sino una mayor presencia de todo en el instante.

Todo esto, y algo más, se supone que capacita al idioma árabe para expresar los valores del islam. Basta decir, por ahora, que esto es engañoso, pues supone que los valores dependen del idioma, del vehículo que los expresa. Esto quiere decir que un chino que solo hable mandarín no puede compartir los mismos valores que un judío que solo hable hebreo. Así pues, la humanidad está separada en función de las lenguas que los distintos pueblos utilizan, y no hay posibilidad de que dos miembros de diferentes pueblos compartan unos valores que puedan considerarse universales. Esta actitud ha sido denunciada como un "racismo filológico".

El intento de hacer coincidir los contenidos del islam con la idiosincrasia de la lengua árabe es uno de los proyectos de Ernst Renan, caracterizado por Edward Said del siguiente modo:

Lea una página cualquiera de Renan sobre el árabe, el hebreo, el arameo o el proto-semítico y leerá un acto de poder por el que la autoridad de la filología orientalista selecciona a voluntad de la biblioteca ejemplos del discurso humano y los remite a ella, rodeados por una suave prosa europea que destaca los defectos, las virtudes...

La filología es usada aquí para fijar identidades y definir a los musulmanes como un todo inamovible. Uno de los ensayos más notables en esta línea de pensamiento es el de E. Shouby 10, quien analiza las características de la lengua árabe como definidoras del carácter y la psicología de los árabes y, por extensión, de los musulmanes. Shouby pone el acento en "la imprecisión general del pensamiento", "la ausencia de una significación fija de cada palabra", "la insistencia exagerada en los signos lingüísticos", "la afirmación excesiva y exageración"... Todo ello le sirve para renovar la clásica definición del Qur’án como "un revoltijo confuso y fastidioso, indigesto, repetitivo, de una longitud que hace perder el aliento, embrollado..." 11.

Otro libro importante es The Arab Mind 12, de Raphael Patai, quien afirma que el árabe "es capaz de penetrar más allá de la comprensión intelectual para aludir directamente hacia las emociones e impactarlas. En este sentido, el árabe solo puede compararse con la música..." 13. Patai es un adulador. Dedica largas páginas a mostrar como esta polisemia esencial al árabe acarrea no pocas dificultades a nivel diplomático, por lo cual los diplomáticos occidentales deben recibir un entrenamiento específico para no caer en malas interpretaciones de sus colegas árabes.

En muchos sentidos, Hafsawi aprueba este tipo de consideraciones, e incluso cita a sacerdotes católicos para acentuar sus tesis:

De manera acertada, Louis Massignon afirmó que los términos fundamentales de la cultura musulmana son ambivalentes, y Jean-Paul Charnay explica que esa ambigüedad "no puede ser considerada a priori como una arcaísmo lógico, una carencia resultado de un insuficiente esfuerzo de disociación, sino que, al contrario, supone la condensación, por una especie de repliegue sobre el centro, de la multiplicidad de los posibles y de su aparición simultanea o diacrónica" (J-P Charnay, L’ambivalence dans la culture arabe, Anthropos, París, 1967). Para comprender esto debemos saber que, en árabe, las palabras no tienen una significación ‘fija’, sino que fluyen en el seno de combinatorias que las matizan. Expresan ideas en las que participan muchos elementos psicológicos, y por ello los diccionarios están ordenados por raíces dentro de cada una de las cuales se mueve la palabra que nos interesa.

El argumento de la imprecisión del árabe viene de lejos. Ya en el siglo XIII, el rabino y gran poeta Moshe ibn ‘Ezra afirmaba lo siguiente:

Hízoles Dios a los árabes gracia de un lenguaje rico y de rapidez de concepción. Hasta pueden defender los dos términos contrarios: encomiar lo bueno y reprobar lo malo, vestir la mentira con la forma de la verdad y lo falso con la forma de lo verdadero. Ello se debe a su lenguaje 14.

Así, la ambigüedad de la lengua árabe está estrechamente asociado al de los árabes como taimados, mentirosos y tramposos. Parece que te dicen una cosa y te están diciendo la contraria. La ambigüedad de su lengua solo recibirá alabanzas cuando se trate de juzgar la poesía, o la riqueza de la literatura espiritual dentro del islam, pero será considerada como fuente de confusiones y de atraso al hablar de la vida cotidiana de los árabes, que aparecen así atrapados en su lengua, incapaces de toda precisión, incapaces de mostrarse claramente. Una gente con un lenguaje tan ambiguo puede dar grandes poetas, pero es poco de fiar.

El argumento de la imprecisión del árabe (de su densidad y gran polisemia) ha sido utilizado para mostrar la incapacidad de los árabes para todo aquello que implique una precisión de términos, tales como la ciencia o las operaciones financieras. Esto es inexacto, ya que toda palabra depende del contexto, y los musulmanes fueron pioneros en todas las ciencias desarrolladas luego por los europeos.

Estas ideas se repiten en los textos de nuestros autores. En un breve texto, Abdelmumin Aya resume sus ideas sobre el tema de "la filosofía del lenguaje en occidente y el Islam". Citamos los pasajes más significativos:

Todo el Islam puede pensarse desde cualquier frase árabe. Por ejemplo, nosotros 15 decimos: "Salió ellos", con el verbo previo al sujeto y sin concordancia con él. Toda la abominación que ha llegado a desarrollar Occidente podría haberse deducido de una oración copulativa, por ejemplo: "La niña es bella".

En el Islam, lo primero es el verbo, la acción, y luego vienen los seres que aparentan realizarla, porque toda acción es acción de Allah. (...) En Occidente existe una fractura definitiva entre el sujeto y el calificativo, y esto por contar con el verbo "ser". La realidad en Occidente no es una, como en el Islam; nosotros habríamos dicho en árabe "la niña bella", sin posibilidad alguna de separar lo dicho de quien se dice. (...)

Esto ha llevado a Occidente a la formulación de una teología del Ser: "Dios es el Ser". El problema que tiene un semita de que Dios sea el Ser —traducción griega de la sensibilidad trascendente de la Revelación— es que no tiene el verbo "ser". (...)

En cualquiera de las lenguas indoeuropeas se habría dicho algo así como: "Ellos salieron", porque lo principal son "ellos". Lo importante en Occidente es el sujeto que actúa y en el Islam lo importante es la acción. Por tanto, el proyecto de los hombres occidentales es la construcción de su personalidad; mientras que el de los musulmanes será el abandono a la acción, el dejarse fluir con las cosas. (...)

Según esto, existe una diferencia esencial insalvable entre las lenguas occidentales (indoeuropeas) y el árabe (semita). Esta diferencia estriba en que el árabe no posee el verbo ser, y esto hace imposible concebir a Al-lâh como un "Ser Supremo". Al mismo tiempo, en árabe el verbo precede al nombre, lo cual implica que "en el Islam lo importante es la acción"... En el Islam para ateos se repite esta curiosa idea:

En árabe, y en otras lenguas semíticas, la acción precede en rango al sujeto. En el mundo occidental es inconcebible una acción que precede al sujeto de dicha acción; en el Islam lo extraño es que el ser humano se vea a sí mismo como el sujeto absoluto de su acción.

Los occidentales, a causa de las lenguas que utilizamos, nos vemos abocados a la construcción de nuestras personalidades, a dar primacía al sujeto sobre la acción que realiza. Por el contrario, los musulmanes se ven abocados a la acción...

Esto nos sugiere ciertas preguntas: ¿todos los musulmanes son "hombres de acción"? ¿los árabes cristianos también se ven abocados a la acción a causa de su idioma? ¿acaso en este discurso no se está identificando "los árabes" con "los musulmanes"? ¿y que pasa con los musulmanes persas, indonesios o malayos 16? ¿se ven ellos abocados a la acción, o condenados a la construcción de su personalidad, o a otra cosa? Si Abdelmumin Aya afirma que entre los occidentales (a causa de que sus lenguas contiene el verbo ser) existe una fractura definitiva entre el sujeto y el calificativo...

Entre estos occidentales perdidos en el ser, ¿también están los musulmanes occidentales?, ¿o no es posible ser musulmán y occidental al mismo tiempo?, ¿también el poeta que compuso "Bodas de sangre" era uno de eso hombres "atrapados entre el sujeto y el calificativo"? ¿también Leonardo da Vinci, Voltaire, Madame Curie, Herman Melville o Richard Cromwell? ¿cómo se puede definir a los miles de millones de musulmanes y de occidentales de un plumazo? Sin duda, también nosotros estamos atrapados.

La importancia de este tema es extraordinaria. Si los arabistas han definido el árabe como "lengua litúrgica del islam", es porque es indisociable de la consideración del islam como "la religión de los árabes". Con ello, se pretende situar a los árabo-parlantes por encima de los demás creyentes.

A la hora de vivir su religión, el no-árabe se sentirá en inferioridad de condiciones con respecto al árabe, y en ningún momento podrá considerar el islam como algo propio, sino como una religión extranjera: tendrá siempre que remitirse a los que conservan el árabe 17 desde los tiempos de la revelación.

Porque, ¿quién habla el árabe coránico a principios del siglo XX? En realidad, ni siquiera el 1 % de los musulmanes del mundo. Se trata de una selecta minoría, esparcida en numerosos países, que tiene sus centros neurálgicos en universidades de Arabia Saudí y de El Cairo. Son estos hombres 18 los que monopolizan la interpretación del Qur’án, que determina la vida de millones de personas, sobre la base de que no tienen derecho a interpretar la religión aquel que no tenga un conocimiento profundo del árabe coránico, y no haya realizado unos estudios suficientes en las "ciencias del islam". Esto conduce a la existencia de un grupo reducido de ulemas y expertos religiosos, que actúan como "guardianes de la religión", "garantes de la pureza" ante el siempre amenazante sincretismo. En concreto, estos hombres están constantemente señalando hacia las "innovaciones perniciosas" que se introducen en la Sunna 19.

Al afirmar el árabe como la lengua que mejor puede expresar el islam, se quiere poner en una situación secundaria a los no-árabes, hacerlos dependientes de unos centros de saber y de unas fuentes a las que no tiene acceso. Dado que la revelación es central en el islam, se supone que todo aquel que se reconoce musulmán debe aprender árabe o estará en una situación deficitaria para entender el Qur’án.

Debemos admitir que todo lo que los musulmanes han escrito en otros idiomas (cientos de idiomas) quedará como "literatura secundaria", al margen de la calidad o de la profundidad de las obras en si mismas. Para comprender el islam ya no es posible recurrir a lo que digan o sientan los musulmanes de Malasia, de Nigeria o de Noruega. Estos quedan como una periferia en torno al "núcleo de autenticidad" que lo árabe representa, bien resguardado por los nómadas de Arabia...

Sin embargo, ¿qué pasa con los millones de iraníes, o de indonesios, o de senegaleses, qué nunca han hablado árabe, y que sólo conocen el Qur’án en sus idiomas? ¿Qué pasa con los turcos? No olvidemos que el turco (y no el árabe) fue el idioma oficial (el idioma de la administración) del Califato Otomano durante sus seis siglos de existencia. Actualmente, se calcula que apenas el 15 % de los musulmanes son árabes, y de ellos la mayoría no domina la lengua del Qur’án. Los que conocen a fondo el árabe coránico son pocos, y en ningún caso podemos asegurar que el sentido de las palabras haya permanecido inalterable.

Desde el momento en que se vincula una determinada lengua a una religión, esta queda reducida a un ámbito geográfico, lingüístico o cultural concreto, destruyendo así toda pretensión de universalidad en el Mensaje del Corán. Al mismo tiempo, si se argumenta que este idioma es el que mejor puede expresar el islam, se están sentando los principios de una ortodoxia, basada en las ideas de raza y de pureza. Siendo el árabe la lengua de los árabes y siendo capaz de expresar la cosmovisión de los habitantes del desierto, se supone que todo musulmán no sólo debe aprender árabe: debe arabizarse.

Asociar la revelación al lenguaje humano constituye una clara idolatría, pues la revelación tiene otros medios que el lenguaje, u otros lenguajes que no son palabra humana. Además, existe la constancia de que Al-lâh se ha revelado al hombre en múltiples idiomas, y todas estas revelaciones de Al-lâh son el islam, propiamente hablando. Confundir un elemento cultural o racial (histórico) con principios eternos, es el tipo de operación está en la base de cualquier ideología reaccionaria.

El árabe (considerado como "idioma del islam") es el instrumento de una ideología: la identificación entre lo árabe y lo islámico, donde "lo árabe" es definido con unos caracteres inamovibles. Con ello, se ha encontrado un método de control en una religión que se presumía abierta.

Este intento ha sido capitaneado por Arabia Saudí a lo largo del siglo XX: divulgar una versión árabo-primitiva del islam, bajo el argumento del "retorno a la pureza". Se trata de un nuevo arcaísmo, un arcaísmo posmoderno, inventado a partir de lo que se desea que hubiese sido el supuesto arcaísmo de Muhámmad (saws). No importa que nada tenga que ver con el islam ni con la Sunna, lo que importa es que es "puramente árabe" y, por tanto, auténtico. En este discurso, como en tantos otros, coinciden los arabistas y aquellos que dominan la enseñanza del árabe y los centros de saber, que pretenden monopolizar el islam, desarticularlo como fuerza planetaria.

Por supuesto, esto no tiene nada que ver con el islam como espiritualidad, ni puede aportar al ser humano más que unas cadenas que el Profeta rompería. Que la paz sea con él y con sus seguidores.

Notas
1 Expresión de Abdelmumin Aya.
2 Título de un artículo del arabista Louis Massignon de 1935. Como veremos, existe una total semejanza de ideas entre los cristianos medievales que defendían el latín como "única lengua en que se expresa auténticamente el cristianismo", con los que defienden el árabe como "idioma del islam".
3 Una lengua clasificada como indoeuropea, por cierto.
4 También el castellano. A este tema le dedicaremos el capítulo sexto, in sha Al-lâh.
5 Edward Said: "Lo que Renan y Sacy intentaron hacer fue reducir a dos dimensiones el carácter humano de Oriente... La legitimidad de estos esfuerzos se la daba la filología, cuyos dogmas ideológicos fomentaban la reducción de una lengua a sus raíces para que después el filólogo conectara estas raíces con las de la raza, la mente y el comportamiento". (Orientalismo, p. 187). Esto mismo se ha hecho con el islam en su conjunto, a partir del estudio de las raíces del árabe coránico.
6 Ver más arriba, cita de Hafsawi: "No existe el verbo ser, y por tanto la realidad deja de tener una calidad metafísica".
7 Esto es, por lo menos, lo que opina Abdelmumin Aya. Precisamente, esto es lo que le reprochaba Muhámmad (saws) a los nómadas...
8 Ver más adelante.
9 San Juan de la Cruz y el Islam, p. 222.
10 The influence of the Arabic Language on the Psichology of the Arabs, citado por Edward Said, p. 375.
11 Thomas Carlyle, Los héroes.
12 Nueva York, 1973.
13 Citado por Luce López Baralt, San Juan de la Cruz y el Islam. Patai es coautor de un libro notable, junto a Robert Graves: Los mitos hebreos.
14 Libro de la retórica, ed. de Alejandro Díez Macho, 1953. Lo curioso de esta cita es que ibn ‘Ezra era también semita. Aún así, distingue entre el sacrosanto hebreo y la lengua de los árabes, esa sí engañosa.
15 Curiosamente, Abdelmumin utiliza el "nosotros" como si fuera árabe, aunque su conocimiento de esta lengua sea más bien escaso.
16 La mayoría de los musulmanes ni siquiera son semitas.
17 Como si un idioma fuera un congelado, o una sardina que pudiese ponerse en una lata.
18 En estos centros no suelen admitirse las mujeres.
19 Nosotros pensamos que la peor de las innovaciones que ha sufrido el islam a lo largo de su historia se origina en esta idolatría del lenguaje.
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