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La islamofobia es el antisemitismo del siglo XXI

13/07/2004 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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islamofobia
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El problema de la islamofobia es una realidad acuciante no sólo en Gran Bretaña, sino en países como EEUU, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica o España. En todos ellos se han vivido ataques contra musulmanes por el simple hecho de serlo, como representantes de ese "otro" que no se acepta en el "propio" territorio.

La marea fascista crece al amparo de las instituciones, demasiado preocupadas en luchar contra un hipotético integrismo islámico como para darse cuenta de que el problema más acuciante de occidente es la islamofobia.

Al fin y al cabo, los nazis eran europeos, ciudadanos completamente integrados en sus sociedades, mientras que el islam es una cosa de extranjeros… Y ya se sabe que, para el ciudadano de la metrópoli, extranjero es sinónimo de bárbaro.

Por desgracia, la islamofobia no es solo visible en las numerosas páginas de Internet de grupos neo-nazis, o en exabruptos como los de Oriana Falacci. Los periódicos mayoritarios están llenos, día a día, de frases insultantes hacia el islam y los musulmanes, a los cuales se trata de presentar como un colectivo proclive al extremismo.

Ante las continuas manifestaciones anti-islámicas que aparecen en los medios de comunicación mayoritarios, las perspectivas no pueden ser más sombrías. Todo sitúa a los musulmanes/as como las victimas propiciatorias del nuevo fanatismo que recorre Europa.

Como muestra, las columnas de Gabriel Albiac, Cesar Vidal, Jaime Capmany, Serafín Fanjul, y algunos nostálgicos de Santiago y cierra España. Estos autores tratan una y otra vez de mostrar a sus lectores que el islam como un todo es una religión fanática y cuya tendencia hacia el totalitarismo lo hace refractario a la integración, además de ser peligroso para el resto de la sociedad. Una amenaza latente, se nos dice.

En esta línea se sitúan los artículos de Antonio Elorza, quien una y otra vez insiste en considerar a los terroristas como "musulmanes ortodoxos", y en afirmar que Muhámmad (saws) cometió "crímenes contra la humanidad" (Yihad en Madrid, El País, 18-03-2004).

Tras el 11-S, Federico Jimenez Losantos despotricaba en El Mundo contra aquellos que distinguen entre "islam y terrorismo". A Federico no le van las sutilezas:

Pues no, no y no. Tiene muchísimo que ver el nacionalismo con ETA, el Gulag con el comunismo y el Islam con el terror. Nos matarán pero no nos engañarán. (Islam y terror)

En una entrevista on-line, Jimenez Losantos responde categóricamente a la pregunta maliciosa: ¿Prohibirías la práctica del islam por ser una religión que no respeta muchos principios de nuestro Estado de Derecho?

La práctica que incluya la lucha contra nuestra seguridad y nuestras libertades, desde luego que la prohibiría.

Citamos a estos autores por no tratarse de locos marginales ni considerados comúnmente como fanáticos peligrosos, sino creadores de opinión y catedráticos dignos de respeto, lo cual significa que sus opiniones calan en la sociedad. Este tipo de opiniones conduce al actual clima de tensión social en el cual los musulmanes están acorralados.

Uno de las características más destacables de la islamofobia es su intento de presentar la compleja situación de los mil doscientos millones de musulmanes de un modo monocorde, como si todos los musulmanes fueran cortados por el mismo patrón imaginario, independientemente de la diversidad de sus culturas.

Es habitual oír afirmaciones maximalistas que difícilmente pueden aplicarse a los musulmanes de países tan diferentes como Yemen, Indonesia, Brasil, Malawi, EEUU, Francia, Japón, India, Sudán, Mauritania, Uzbekistán, Malasia, Sudáfrica, Chad, Chechenia…y tantos otros.

Una muestra de este tipo de comentarios nos la ofrece Jerónimo Páez en El País del día 9 de julio, en un articulo titulado Islam. Teocracia o democracia :

Occidente deviene multicultural y el mundo islámico monocultural. El islamismo radical se está convirtiendo en la ideología dominante. Puede afirmarse que quienes propugnan una sociedad democrática y liberal son una minoría entre la población musulmana, ampliamente solidaria con Bin Laden y, con frecuencia, violentamente antiamericana y antioccidental.

Decir que el mundo islámico deviene más monocultural es una falsedad evidente. La diversidad de formas y visiones que adopta el islam en el mundo es arrolladora, incluso dentro de los propios países de mayoría musulmana. Sin embargo, reconocer esto exigiría abandonar los análisis maximalistas que facilitan la identificación del barbado integrista de la prensa con el ciudadano musulmán que vive en Noruega. Y si no se lo puede identificar, no se lo puede juzgar y discriminar por lo que el otro haga.

Tampoco es cierto que el islamismo radical se esté convirtiendo en la ideología dominante, ni mucho menos que la población musulmana sea ampliamente solidaria de Bin Laden. En realidad, según creen muchos musulmanes desde España hasta Indonesia, este tipejo es un agente de la CIA.

¿Son los musulmanes que apoyan la democracia una minoría? Afirmaciones como esta deben respaldarse con datos. Según una encuesta realizada por el Pew Center de Madeleine Albright el año 2002, la democracia es el sistema de gobierno más apreciado entre los musulmanes de todo el mundo.

Además, las estadísticas nos dicen que la gran mayoría de los musulmanes del mundo viven en países donde existe un sistema democrático, con una democracia más o menos consolidada, más o menos militarizada. Un dato curioso, que puede funcionar como una regla: mientras más pro-occidentales son considerados, menos demócratas son.

Una lástima que el director de El legado Andalusí se pierda en este tipo de análisis. En vez de defender el islam como parte integrante de la cultura española, Páez utiliza la tribuna de El País para sembrar ideas que van en contra de la supervivencia del legado.

Otro de los elementos más recurrentes de la islamofobia es el tratar de identificar al islam con amenazas conocidas. Un caso extremo nos lo ofrece el artículo titulado "El antisemitismo", de un tal Adolfo García Ortega, publicado en El País el 9 de junio, y donde leemos lo siguiente:

El antisemitismo árabe no tiene disimulo, es motivo de orgullo en los países árabes.

Este discurso emparenta al neonazi francés o español (que al lado del odio musulmán casi produce ternura) con la variante de los mismos que serían las grandes masas de jóvenes islámicos que en París, en Londres, en Roma o en Madrid van alentando y exhibiendo un odio radical a los judíos…

La xenofobia feroz y sangrienta que los musulmanes aplican contra los judíos.

Musulmanes cuya única obsesión no es salir de su pobreza, sino alcanzar la salvación por el odio y la muerte, como bien predica la yihad coránica.

Según esto, los musulmanes son los nuevos nazis, y el Corán predica la salvación por el odio y por la muerte…No importa que los árabes sean semitas; no importa que el Corán hable del yihad para preservar iglesias y sinagogas; no importa que sean los propios musulmanes las víctimas de una política de exclusión social sistemática, de un odio racial que permea todos y cada uno de los segmentos de nuestras sociedades; no importa que los movimientos neo-nazis tengan al islam como su enemigo declarado, y que la islamofobia sea la forma que el antisemitismo ha adoptado en el siglo XXI…

Para nuestro articulista, la culpa de todo es de los musulmanes, como en otro tiempo fue de los judíos. Los musulmanes europeos son presentados como hordas de fanáticos que se preparan para matar judíos para alcanzar la salvación, tal y como el Corán predica. Aquí se ve como la denuncia del presunto antisemitismo de los musulmanes es una tapadera.

No se puede decir que esta presentación sea delicada, y su publicación en un medio como El País podría alarmarnos, sino estuviésemos acostumbrados. A este tipo de artículos se les puede aplicar el comentario de A. Taleb sobre La rabia y el orgullo, aparecido en Le Monde:

Si cogiésemos la obra de Fallaci y sustituyésemos la palabra musulmán por la palabra judío, tendríamos un renacimiento de la literatura antisemita de los años 30.

Es decir, que en nombre de la lucha contra el antisemitismo se propaga el antisemitismo. Al final, Adolfo García Ortega no se corta y proclama abiertamente:

El islam puede ocupar el mismo papel desestabilizador que el cristianismo primigenio en la época del Imperio Romano, y representar así un peligro latente.

Así pues, el destino de los musulmanes en Europa se decide entre los leones y las catacumbas. Los leones son esos movimientos neo-nazis que amenazan la política europea, ante los cuales los poderes públicos nos garantizan malvivir dentro de las catacumbas. A quien se mueva un poco se lo expulsa y se acabó. ¿A dónde nos van a expulsar a los musulmanes españoles?

En ocasiones la islamofobia se presenta claramente como la ideología que obsesiona a los pensadores del fascismo posmoderno. En una entrevista que puede leerse en la página web de la Fundación Gustavo Bueno, el bueno de Gustavo no se corta:

Hay que atacar las bases mismas del Islam.

Y, hablando de los atentados del 11 de septiembre:

Es la revelación. Es Mahoma. Es el fanatismo.

Entre los musulmanes europeos existe miedo, mucho miedo. Resulta de un cinismo estremecedor las proclamas de aquellos que acusan a los musulmanes de "no integrarse" mientras se les niegan sus mínimos derechos. ¿Cómo va a integrarse alguien cuya libertad religiosa está constantemente en entredicho? ¿Vamos a integrarnos en una sociedad que constantemente nos insulta y demoniza?

Como en otros tiempos el antisemitismo de las clases intelectuales preparó el genocidio de los judíos en Europa, la manifiesta hostilidad hacia el islam de numerosos creadores de opinión está sembrando la violencia de mañana.

Sólo un ciego no vería que actualmente se están creando las condiciones —tanto legales como intelectuales— que pueden desembocar en el genocidio de los musulmanes/as.

Pero sólo Al-lâh sabe.

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