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El islam descristianizado (2)

La agresividad contra la fe

04/07/2004 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam
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Piortada del libro Islam para ateos, de Abdelmumin Aya
Piortada del libro Islam para ateos, de Abdelmumin Aya

En la perspectiva coránica se habla de tres actitudes esenciales: islam, îmân e ihsân. Si la primera de estas palabras no es (significativamente) traducida, las otras lo son de un modo cuanto menos dudoso, como "la fe" y "el bien". Por supuesto, dentro de la perspectiva del "islam descristianizado", el rechazo de estas traducciones es total.

En varias ocasiones, Abderrahmán Hafsawi ha escrito sobre el tema:

Lamentablemente, la palabra árabe îmân suele ser traducida por ‘fe’, ‘creencia’. Según esto, los musulmanes ‘tenemos fe’ en Al-lâh, ‘creemos’ en el Profeta, etc. Pero las palabras no son inocentes ni asépticas; tienen su historia y un cúmulo de connotaciones que las hacen o no adecuadas para expresar ideas determinadas. Consideramos que la traducción por ‘fe’ o ‘creencia’ falsea y traiciona completamente la idea que subyace en îmân.

Y, en otro lugar:

La palabra árabe îmân suele ser vertida a las lenguas occidentales como fe (y, en consecuencia, mûmin, el que posee îmân, sería un fiel, un creyente). Pero esta traducción no le hace ninguna justicia; es más, al contrario, falsea e impide la comprensión de lo que ese concepto significa para el musulmán. La fe es una virtud cardinal cristiana que consiste, ante todo, en la admisión de un misterio, por contrario que sea a la razón. (...) La fe no es otra cosa que dejarse estafar.

(Definición de îmân, en www.musulmanesandaluces.org. De esta página web están tomadas todas las citas de Hafsawi que aparecerán en este escrito).

La agresividad de esta última frase no tiene su origen en la visión del islam del pleno respeto a todas las religiones, expresado una y otra vez en el Qur’án. Lo cual no quiere decir que no tenga cierta justificación, dado el contexto del acoso y la tergiversación del islam en que nos situamos. Sin duda, Hafsawi tiene razón al decir que las palabras no son asépticas, que arrastran una historia. La utilización de la palabra "fe" para justificar la aceptación de dogmas que repugnan a la razón es una de esas cosas ante las cuales hay que revelarse, sobre todo en una España que aún vive bajo la sombra del nacional-catolicismo.

Ahora bien, ¿cuál es el valor de estas observaciones? Vemos como la palabra "fe" es connotada negativamente, como "creencia en absurdos". En este sentido, lo que se rechaza es muy claro: la "fe irracional en los misterios", en una serie de doctrinas y prácticas cuyo sentido nos parece una entelequia.

Por supuesto, se afirma tajantemente que esta actitud no se corresponde en nada a lo que el musulmán siente cuando habla del îmân. ¿En que consiste, pues, el îmân? En su comentario a la surat 103 (al-‘asr) Hafsawi escribe:

El îmân —la clarividencia del corazón— es una puerta que hay en las entrañas del ser humano hacia lo universal, una ventana que lo asoma a lo infinito y lo inexpresable, y es la esencia misma y la inclinación natural del corazón. No se trata de la fe, traducción habitual de la palabra îmân que falsea, cristianiza y petrifica su alcance. El îmân no es una elaboración que pretenda ahogar las incertidumbres humanas y sustituirlas con certezas supuestas a las que se da el valor de indiscutibles, sino que es una sensibilidad receptiva, intuitiva, propia de las raíces y capaz de perderle el miedo a las dimensiones infinitas, ambiguas e inciertas, que el Islam sugiere como verdades subyacentes en todo lo que existe: es algo más antiguo que la fe, mucho más primario, mucho más humano.

El îmân no es, pues, "fe hacia los dogmas establecidos de ninguna religión", sino una apertura hacia lo anterior a toda religión. El îmân no nos ofrece una certeza inamovible, sino un vértigo infinito, la aceptación del carácter ambiguo e inabarcable de la Realidad. En múltiples ocasiones se ha referido al îmân con calificativos como los siguientes:

El îmân, es un acto interior propio del corazón, órgano para el conocimiento superior.

El îmân, apertura sincera del corazón hacia Al-lâh. Se trata de la Esponjosidad propia del corazón que lo asoma al mundo del espíritu.

El îmân —la apertura o receptividad— es lo que permite conectar con la Fuente de la que mana la Revelación.

El îmân es abrirse a Al-lâh, a lo infinito, sin darle forma, sin concretarlo, dejando al corazón vagar por los espacios de la eternidad.

El îmân es inquietud y puro deseo que llevados a su extremo se convierten en enamoramiento apasionado.

El îmân puede explicarse aproximadamente diciendo que es la ‘capacidad’ del corazón y su ‘actividad’: es su carácter abismal, sus honduras, y es sensibilidad, su esponjosidad ante lo que le viene de Al-lâh, su Señor Verdadero.

Todas estas expresiones (aproximaciones) son altamente sentimentales, se las podría calificar de poéticas. El esfuerzo de Hafsawi es el de expresar algo que siente arraigado en sus entrañas, que es radicalmente diferente de lo que sus entrañas sienten cuando se pronuncia la palabra "fe". En su intento de "decir el îmân", las palabras manoseadas no le sirven, se rebela ante lo cosificado de unas expresiones constantemente en boca de "los enemigos del islam". Frente a esta cosificación sitúa la apertura y esponjosidad que caracterizan al mûmin, una actitud mucho más telúrica de lo que cualquier teología pueda expresar, mucho más receptiva a lo que nos rodea que cualquier doctrina. La rebelión de Hafsawi es la del musulmán sencillo ante la manipulación y estandarización de la Revelación, por lo cual en otro momento afirma:

...el îmân es la comunicación directa del ser humano, pequeño y limitado, con la Raíz Absoluta, Atemporal e Inexpresable, de su existencia.

Ante su actitud, no podemos sino sentir una profunda simpatía (simpathos, pasión compartida). Sin embargo, por muy poética o hermosa que pueda parecer, su traducción de îmân por "esponjosidad" carece de rigor, de toda base etimológica. No hay ninguna referencia a la raíz árabe hamça-mîm-nûn, como se podría esperar tratándose de "uno de los conceptos clave del islam". Y, lo que es más extraño, ninguna de estas "expresiones sentimentales" van totalmente en contra del sentido que un cristiano corriente podría dar de la palabra "fe".

En su comentario a la surat 100 (al-‘âdiyât), Hafsawi escribe:

...los mûminîn dan fe de la ruina y quiebra del ser humano, y se sobreponen a ese destino y encuentran en Al-lâh la magnificencia del Poder Creador.

Curiosamente, aquí da con un valor positivo de la palabra fe: dar fe, testimoniar. Cuando Abderrahmán deja de estar preso de su "celo descristianizador", la lengua castellana recobra su polisemia, y la "fe" ya no es "creencia en cosas absurdas" sino el testimonio que dan los mûminîn de la inconsistencia de lo humano ante la magnificencia de Al-lâh. ¿Qué, sino la propia "fe", el estado de conciencia de los que se confían a Al-lâh, ponen todas sus esperanzad en Él?

El problema no está en el conocimiento del árabe de Hafsawi (que es indudable), sino de su desconocimiento de que el castellano es una lengua tan polisémica como pueda serlo el árabe. De hecho, toda habla es polisemia, desde el momento en que es un código de comunicación que utilizan miles de personas con mentalidades diferentes. En el Diccionario Ideológico de la Lengua Castellana de Julio Casares, nos topamos de entrada con esa clase de acepciones ante las cuales no podemos sino compartir el rechazo de Hafsawi:

Fe: Creencia basada en el testimonio ajeno. // Creencia en las verdades de la religión // Teol. Virtud teologal que nos hace creer lo que Dios dice y la Iglesia nos propone.

En esta última acepción está toda la carga de siglos de adoctrinamiento, mediante los cuales la Iglesia Católica ha connotado el lenguaje, y a través éste ha condicionado las conciencias. Esto, nos tememos, afecta al castellano en su conjunto. Sin embargo, en otro orden de cosas, la "fe" conserva otros significados:

Fe: Confianza en una persona o cosa. // Testimonio, aseveración de que una cosa es cierta.

Lo cual no es algo tan absurdo, ni justifica la afirmación según la cual "la fe no es otra cosa que dejarse estafar". Precisamente, la fe sí es otra cosa. En su tafsir de la surat al-Fatiha, Hafsawi escribe:

... lo que se imponen a sí mismos los musulmanes, y para ello practican algo que les aconsejó el Mensajero: no sospechar jamás de Al-lâh, confiar en el que les ha dado la vida y la mantiene.

¿Qué es "confiar" sino "tener fe": "fiarse de"? Depositar en Al-lâh todas nuestras esperanzas, abrirse a aquello que el haya decidido para nosotros sin interponer nuestros caprichos ni miserias. Esta confianza no tiene por que ser en "misterios teológicos", sino en lo insondable de una Creación que nos desborda, que empequeñece cualquier intento de atraparla, por sofisticado que parezca. Cuando alguien "da fe" de algo, no está diciendo que "tiene fe" en cosas que no ha visto, sino todo lo contrario: "da fe" de que eso ha sucedido así porque es testigo de ello. Eso es testimoniar, una acción que no implica creencia teológica ninguna. Yo mismo doy fe de que Aberrahmán es un hombre justo, de que la bondad de sus intenciones está fuera de toda duda...

Îmân y fe según Abdelmumin Aya

En la expresión de Abdelmumin Aya, vemos como se lleva a sus últimas consecuencias lo apuntado por su maestro:

El îmân es uno de los términos fundamentales de nuestra cosmovisión. En el falseamiento que ha habido en este siglo de lo que es el Islam, esta palabra ha recibido una traducción envenenada al castellano: "fe". El îmân es un acto de valor, no de fe. El îmân es la respuesta del ser humano entero a su intuición más profunda. El îmân no es ‘fe en misterios’, ni es ‘credulidad’, ni es ‘admisión de lo absurdo’, ni es ‘negación del sentido común’. (...) Por todo lo expuesto, podemos afirmar que el musulmán no tiene fe.

En la crítica a la "fe" ambos autores se muestran coincidentes, aunque las expresiones usadas por Maanán contrastan con la agresividad corrosiva de Abdelmumin Aya. En su Islam para ateos, escribe sobre la fe en estos términos:

La fe es detenerse.

La fe es una enfermedad de la inteligencia y de la voluntad.

La fe es lo que se te exige cuando no comprendes aquello que se te obliga a aceptar.

La fe, la creencia, es lo que la razón elabora de la conciencia, por querer controlar ese vértigo que es la apertura incesante a Al-lâh, instado por las castas sacerdotales que quieren ser la llave que abre y cierra la posibilidad de encuentro con lo sagrado.

La fe es ese detritus que la razón humana no ha podido asimilar y que, sin embargo, las castas sacerdotales le obligan a volver a ingerirlo una y otra vez...

La palabra "fe" es tan monstruosamente definida, que quedará absolutamente claro que los musulmanes no pueden aceptar que el îmân sea traducido como "fe". Por el contrario, vemos que la palabra îmân es definido exactamente en oposición a la palabra fe, a la caricaturización absurda de la palabra fe. La oposición funciona del siguiente modo:

El îmân es ‘empezar’.

El îmân es un acto de valor.

Îmân es confianza en la vida.

El îmân es un arma poderosa, y es la capacidad que tiene el corazón de afrontar el reto de Al-lâh, de encarar el desafío contenido en las inmensidades que el ser humano presiente en lo más hondo de sí y de la existencia entera.

El îmân no es la fe, no es la aceptación de misterios impuestos sino que es sumergirse en la vida que es la trasparencia de Al-lâh que podemos vivir en nuestra experiencia cotidiana de las cosas.

El îmân no es la fe, es paladear a Al-lâh.

Paladear a Al-lâh, sumergirse en la transparencia, confianza en la vida... Sin duda, esto es algo que suena muy bien, frente a lo horrible de una fe enfermiza. Al acabar la tarea de las enumeraciones, Abdelmumin Aya añade: "Son, como se va viendo, muchas las razones por las que los musulmanes no debemos traducir îmân por fe."

Pero, uno no puede dejar de preguntarse: ¿cuáles son estas razones? Abdelmumin nos dice: la fe es una cosa horrible y el îmân es algo maravilloso. La fe es una enfermedad y el îmân un arma poderosa... Esto no son razones, ni siquiera sentimentalismos como los de su maestro, sino pura sinrazón, caprichos del lenguaje. En todo caso, no son argumentos, tan solo juicios de valor que ni siquiera tienen en cuenta el significado real de las palabras que utiliza.

A las "razones" apuntadas, Abdelmumin Aya añade:

Si acaso no bastara con lo dicho, podríamos completar nuestra exposición dejando hablar a las palabras para averiguar qué es en árabe el îmân (término derivado del verbo âmana – yu’minu).

Por fin, se nos anuncia lo que tanto deseamos: una investigación etimológica sobre la trilitera árabe hamça-mîm-nûn. Lo que nos encontramos es con una descripción de tres palabras de la misma familia, cuyo conocimiento sin duda es decisivo para determinar lo que es el îmân, y como puede traducirse al castellano:

Amân: Era costumbre entre los árabes antes del Islam, cuando alguno de sus reyes era derrotado por otro y veía amenazada su vida y la de los suyos, el que acudiera despojado de sus galas ante el vencedor y se postrara en su presencia en señal de sumisión incondicionada y dependencia absoluta a la voluntad del triunfador; solicitaba de este modo que se le concediera asilo y seguridad. Esto era el amân. (...)

Amâna: La amâna alude a algo que se confía a otro a su cuidado. Según el Corán, Al-lâh ofreció la amâna a las montañas y a la tierra pero rehusaron hacerse cargo de esta responsabilidad; fue propuesta al hombre y el ser humano aceptó. (...) El Profeta Muhammad dijo: Lâ îmâna lîmân lâ amânata lahu wa lâ dîna lîmân lâ ‘ahda lahu (‘carece de îmân quien no tiene sentido de la responsabilidad (amâna), y no tiene una Senda (dîn) quien no sea fiel a su palabra’).

Amîn: (...) ya antes de la Revelación, a Muhammad se lo conocía en Meca con el nombre de al-Amîn, aquel que es fiel a la confianza que se deposita en él. Alguien que no traiciona; a cuyo lado te sientes seguro. (...) El ser humano es amîn Al-lâh ‘ala l-ard, ‘la persona de confianza de Al-lâh sobre la tierra’.

Este brillante análisis (que hemos citado de modo esquemático) es resumido por el propio Abdelmumin Aya del siguiente modo:

Tenemos que amân es protección que te da quien tiene poder para destruirte; amîn es alguien a cuyo lado te sientes seguro; amâna es un depósito que se confía al cuidado de alguien; y, por último, amn: seguridad. La conclusión se nos impone por sí sola: cualquier cosa que sea el îmân no tiene que ver con la credulidad ni con la aceptación de dogma alguno sino con la confianza, la protección, la seguridad.

¡Esto sí es el îmân! ¡Esto si que tiene que ver con lo que el Qur’án propone!. Es decir: el îmân es estar en confianza, confiar en Al-lâh. La conclusión se impone:

Provisionalmente lo definiremos como lo que provoca en el ser humano una actitud de entrega —de confianza— en Allâh que le hace sentirse seguro, protegido. De modo que traduciremos îmân en castellano: "confiarse a Allâh".

Esta es una buena traducción, que evita el malentendido al que la palabra "fe" conduce, y nos da una aproximación a su sentido etimológico. Sin embargo, para llegar a esta conclusión no hay porque descalificar el término "fe" del modo en que Abdelmumin lo hace, calificándola como "detritus de la razón" o "enfermedad de la voluntad". De hecho, si picamos el botón derecho del ratón que tenemos en la mano, veremos como Microsoft opina que confianza es uno de los sinónimos de fe.

El Real Diccionario de la Academia Española de la Lengua nos da, entre otras, las siguientes acepciones de la palabra "fe":

Confianza, buen concepto que se tiene de una persona o cosa.

Palabra que se da o promesa que se hace.

Seguridad aseveración de que una cosa es cierta.

Fidelidad, lealtad.

Lo cual, creemos, no es tan horrible como Abdelmumin dice, ni tan distante de su propia calificación del îmân como "confiarse a Al-lâh"...

El absurdo de la agresividad contra la fe radica en el desconocimiento que nuestros autores muestran hacia la polisemia de la lengua castellana. Es cierto que la palabra "fe" tiene unas connotaciones irreconciliables con el îmân. Sin embargo, la palabra "fe" dista de ser unívoca, como pretenden nuestros autores. El absurdo llega a su culmen cuando se nos dice que "îmân no es fe" sino "confiarse a Al-lâh", cuando la palabra "confiarse" significa, precisamente, "tener fe en", "fiarse de". Pertenece al mismo campo semántico de otras palabras seculares, tales como "fianza" (depósito o garantía que se da a cambio de algo), "fiar" (dar garantía de que cumplirá con la promesa dada por otro), "fiado" (persona digna de confianza), etc. Por otra parte, la palabra castellana "confiar" significa:

Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto, o cualquier otra cosa.

Aquí, nos llama la atención el uso de la palabra "depositar", ya que el propio Profeta Muhámmad (saws), según Abdelmumin Aya, era llamado "al-Amîn, aquel que es fiel a la confianza que se deposita en él". Fiel, confianza, depositar... en nuestro pobre castellano impuro, Muhámmad es aquel ante el cual nuestra plena confianza es inquebrantable, en tanto que mensajero de Al-lâh, en tanto que depósito de la palabra revelada.

Lo miremos por donde lo miremos: confianza, fidelidad, seguridad, protección, depósito... son palabras que nos remiten al îmân, constituyen el campo semántico o la familia de significados que traducen propiamente al castellano las palabras englobadas en la trilítera árabe hamça-mîm-nûn. Y es innegable que en castellano la palabra fe pertenece a esta familia. Ciertamente: la conclusión se impone por si sola.

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