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El islam descristianizado (1)

Crítica de un pensamiento reactivo

24/06/2004 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam
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Portada del libro Islam para ateos, de Abdelmumin Aya
Portada del libro Islam para ateos, de Abdelmumin Aya

1. El islam colonizado

En la década de los noventa, en la comunidad de musulmanes de habla hispana, preferentemente sitos en Andalucía, se publican una serie de artículos en los cuales se trata de proponer una nueva comprensión de algunos términos clave en el islam. Estos artículos son una reacción ante la evidencia de que el Qur’án ha sido repetidamente traducido al castellano por arabistas poco familiarizados con su cosmología, y mucho con la teología católica. Estas traducciones están, por tanto, viciadas por el orientalismo dominante en los círculos académicos donde se han gestado.

El proyecto de "descristianizar" que sucede en el ámbito de la lengua castellana nos remite al del conjunto de la ummah, en su intento de encontrar las claves del presente en la revelación coránica. "Volver al Qur’án" ha sido el "grito de guerra" de todos los movimientos islámicos en los siglos XIX y XX, un retorno que no es al pasado, sino a la potencialidad de la Palabra revelada.

En el contexto del retorno del islam a al-Andalus, esta vuelta a las fuentes del islam se ha materializado mediante diferentes estudios, que combinan la intuición con el análisis etimológico, no siempre científico, de los términos en los cuales el Qur’án se expresa. El lenguaje coránico es de una riqueza inusitada, sin precedentes ni continuadores, es objeto de diversos modos de aproximación: semántica, crítica o gustativa, muchas veces combinadas entre si.

El "islam descristianizado" es ante todo el nombre de un proyecto en curso, que tiene el doble objetivo de propiciar una renovación del dîn tanto interna como externa:

a) Rechazo de las interpretaciones cosificadas de la tradición. Con el objeto de que los musulmanes recuperen el "espíritu anarquista" (libertario) que caracterizó al islam en sus primeros tiempos.

b) Reacción contra la lectura orientalista. La inmensa mayoría de los textos académicos sobre el islam están viciados por una serie de tópicos e incomprensiones, forjadas durante los siglos de polémicas promovidas por la Iglesia y continuados como soporte ideológico de la dominación colonial del mundo islámico.

Estas dos lecturas (islam de poder y orientalismo) se han unido a partir de la colonización de los países de mayoría musulmana, creando el islam híbrido que se ha expandido en el siglo XX, y que amenaza con minar una tradición de siglos (de ahí el entendimiento y la plena cooperación entre los países occidentales y aquellos países de mayoría musulmana donde se difunde la visión más oscurantista del islam).

Tal y como lo presenta Hafsawi, uno de los problemas actuales de la ummah (y, sobretodo, de los musulmanes en un contexto occidental), estriba en la adopción acrítica de la definición del islam hecha por los orientalistas. Ante esta situación se plantea la necesidad de "una redefinición radical desacomplejada y descolonizada".

Estas reflexiones quedan resumidas en un texto llamado "el islam colonizado", donde Hafsawi nos expone su "programa":

El colonialismo ha supuesto un trauma tan grave para la cultura musulmana que ésta comienza a redefinirse según un patrón cristiano. Los agentes de la distorsión fueron en un primer momento los intelectuales arabistas y orientalistas que asentaron la base del discurso posible en torno al Islam, pero lo lamentable es que las líneas maestras de esas reflexiones hayan sido adoptadas acríticamente por los propios musulmanes. (...)

Que el Islam sea una religión monoteísta está más que asumido en occidente, y por los musulmanes de formación occidental. Pero el Islam ni es una religión ni es monoteísta: si logramos tener en cuenta constantemente esto, nos veremos obligados a reelaborar nuestro discurso, a reinterpretar muchas cosas importantes. (...)

Se trata de una lucha desproporcionada ante lo que tiene las dimensiones de lo definitivo. Hay un lenguaje ya universalizado que es prácticamente imposible desmontar. Pero la única solución es hacerlo. El lenguaje nunca es aséptico: traduce siempre cosas más profundas, certezas consustanciales a cada palabra. Para los musulmanes con patente de origen ni tan siquiera existe el problema: al usar los términos propios del cristianismo piensan en lo que para ellos significan en árabe, y los usan en ese sentido. (...) El discurso del musulmán se sitúa dentro de otro discurso que desconoce, el de las connotaciones.

Si, por ejemplo, afirmas que el Islam no es monoteísta, inmediatamente creen que estás diciendo que el Islam es politeísta o que predica la idolatría, lo cual evidentemente es una barbaridad. Si le dices que utilice el término Tawhîd en lugar de monoteísmo te responderán que entonces nadie entenderá nada, y tienen razón. Si les dices que lo expliquen tal como lo sienten en árabe, te dirán que es difícil, y tienen razón. O bien lo harán, pero recurrirán a un lenguaje igualmente incorrecto. Y resulta prácticamente imposible salir del círculo. Y así con un sin fin de ejemplos posibles; realmente con cada concepto islámico sucede lo mismo. Si se toman de forma independiente, se olvida el conjunto y se incurre en contradicciones. Si se toma el conjunto, nadie se entera de nada, sobre todo si hay prisas, como suele ocurrir en estas sociedades.

En definitiva, es necesario un trabajo bien ordenado. Quizás lo primero que haya que hacer es desmontar todo lo que se acepta como indiscutible, estudiar la historia de esas afirmaciones, analizar su genealogía, para después buscar sustitutos a todo, de modo que poco a poco todo vaya siendo aclarado.

El trabajo que propone Hafsawi es, por tanto, doble: un trabajo de conjunto y un trabajo palabra por palabra, que tiene como referente constante la raíz árabe y el contexto islámico donde se genera, tanto a través de una referencia constante al Qur’án como al hadiz.

"El Islam ni es una religión ni es monoteísta". Esta frase lapidaria constituye el eje del islam descristianizado. A partir de la destrucción de las traducciones habituales "Dîn=Religión" y "Tawhîd=Monoteísmo", se desencadena un mundo de referencias nuevo, una renovación de nuestro discurso en torno al islam que logre resaltar su especificidad. Antes de iniciar nuestra aproximación crítica a esta tarea, queremos presentar a los dos autores a los que haremos referencia en las páginas que siguen: Abderrahmán Hafsawi y Abdelmumin Aya.

Autores

Dos autores, de talante e intenciones muy diferentes, son los que han "capitaneado" la tarea de descristianizar el islam hasta el momento, en el cual el proyecto parece haber llegado a un callejón sin salida. Las diferencias entre ambos se irán viendo a lo largo de las páginas que siguen, aquí solo queremos referirnos brevemente a ellos:

1) Abderrahmán Hafsawi es el verdadero padre del invento. A través de su enseñanza en la zawiya de la calle Valle de Sevilla ha formado a numerosos musulmanes, la mayoría de ellos españoles de nacimiento que han aceptado el islam. Este trabajo ha sido divulgado paulatinamente a través de las páginas web www.zawiya.org y www.musulmanesandaluces.org. La calidad del Tafsir en curso ha hecho de él el verdadero maestro de los musulmanes de habla hispana. Nacido en Melilla, y de familia bereber, su dominio del árabe y del castellano desde la infancia hacen de él la persona apropiada para la tarea a la que nos referimos.

2) Discípulo del primero es Abdelmumin Aya, el más polémico de los pensadores andalusíes. Asiduo a las tertulias de la madrasa de la calle Valle durante ocho años, es autor de "Metafísica del encuentro", "El creyente desnudo" e "Islam para ateos", además de su tesis doctoral "El corazón del haiku", y sus numerosos artículos y traducciones de poesía japonesa. Abdelmumin Aya es un pensador controvertido, pero siempre rico en sugerencias. Su pensamiento está animado por una incandescencia, un fluido que surge desde el pensamiento a la escritura, como un estilete que se disecciona a si mismo. Escribir es aprender, aprender es descubrirse, despojarse, exponerse a la mirada de los otros. Así, el pensamiento de Abdelmumin constituye un desnudamiento progresivo. Va mostrando sin pudor aquello que sucede en sus entrañas, a veces sin coherencia alguna con sus escritos anteriores. El suyo no es un intento de construir un sistema, sino en destruir lo ya existente para dar paso a una mirada nueva, despojada de todas aquellas herencias que nos hacen incapaces de ver por nosotros mismos, de sentir en nosotros mismos, de experimentar el vértigo del sometimiento a lo Real.

La obra de Abdelmumin que aquí nos interesa es "Islam para ateos", ya que en ella se sacan conclusiones radicales del proceso iniciado por A. M. Maanán, hasta el punto de que este ya no se reconoce en ellas. No es que el maestro haya repudiado a su discípulo, es, más bien, que nunca lo ha reconocido. La tesis central de Abdelmumin es que el ateísmo y el islam son dos caras de la misma moneda, y están destinados a encontrarse, formando un frente común contra todas aquellas distorsiones de la espiritualidad que envenenan las vidas de millones de personas. En el prólogo a "Islam para ateos", Abdelmumin escribe:

"Un ateo no está tan lejos de un musulmán como suele pensarse... En el fondo, ¿qué es un ateo sino alguien que no cree las mentiras de la Iglesia Católica? (...) Un ateo es un musulmán que no lo sabe. Y es normal que así sea, pues el ateo y el musulmán pertenecen a mundos diferentes y desconocen el acuerdo radical que hay entre ellos más allá de las palabras. Uno dice: "No hay Dios, sólo existe la realidad"; mientras el otro dice: "Sólo existe la realidad, y a esto lo llamo Allâh". Ambos afirman lo mismo pero existe un malentendido cultural (interesadamente mantenido por la filología misional católica) que este libro trata de desmadejar".

Estos no son los únicos implicados en esta tarea. En la página inicial del "Islam para ateos" se citan los nombres siguientes: Abderrahmán Habsawi, Abdelwahid Houri, Tarek Faussi, Hisham Arquero, Hashim Cabrera, Abderrahmán Medina, Ali Kettani, Abdelkarim Osuna... terminando la lista en puntos suspensivos.

Términos clave

No podemos, en este escrito, referirnos a todas las palabras o términos coránicos que han sido estudiados por estos pensadores, ni a toda la riqueza de su pensamiento. Para dar una noticia de lo que se trata, nos referimos a algunas "palabras clave":

1) ‘abd 2) ‘aqîda 3) îmâm 4) dunia 5) dzanb

6) ihsân 7) kabad 8) kâfir 9) nafs 10) ni’ama

11) rahma 12) rûh 13) salâ 14) sidq 15) taqua

16) tawba 17) tawhîd 18) wâq’ia 19) wilaya 20) ÿaçâ’

21) Al-lâh

Tratar minuciosamente todas estas palabras implicaría escribir un amplio tratado, por lo cual nos hemos centrado en uno sólo, pero de forma exhaustiva: îmâm, habitualmente traducida como "fe". A través del estudio de las palabras de la familia hamça-mîm-nûn, se irán mostrando los límites del "islam cristianizado", para culminar con un comentario sobre las convergencias y divergencias entre la lengua árabe y la lengua castellana. En el núcleo del pensamiento que estamos presentando, se sitúa la idea del islam como "una revelación en árabe", cuya traducción a cualquier lengua es ya una alteración de una pureza casi mitológica.

Cada una de estas palabras nos remite a decenas de aleyas que nos remiten a otras tantas que nos remiten a otras tantas. Ninguna de estas palabras aparece en el Qur’án fuera de un contexto, como si se tratase de una palabra "precisa", que pudiésemos definir definitivamente. Por el contrario, la polisemia es una de sus características más evidentes de la lengua árabe. Yaratul-lâh Monturiol, en su "Glosario de Términos Islámicos", escribe:

Para no caer en esa adulteración cristianizante de la palabra, recurrimos a menudo a su raíz árabe, que suele ser una llave muy útil que siempre abre más de una puerta. En ese proceso vemos la riqueza de esa lengua coránica, la imposibilidad de limitarla a un único significado y practicamos la sana costumbre de replantearnos muchos conceptos, ideas o creencias impuestos erróneamente como "dogmas"; no porque el islam sea una doctrina (que no lo es), sino por la simpleza y estrechez de miras a que se ha visto expuesto hasta convertirse en una religión más. Para muchos de nosotros, la belleza y profundidad de la palabra original en su auténtico sentido es lo que realmente hace singular el mensaje y transmite su nobleza. Sólo el hilo conductor que nos hace llegar el término en árabe hasta el corazón (ojo interno) puede descifrar el enigma. Y eso que vincula su realidad interna a su expresión manifiesta, depende en gran medida de la sensibilidad así como de la reflexión; una nos hace percibir y la otra nos ayuda a discernir. La intención de buscar el conocimiento y el esfuerzo que empleamos en ello es la mejor escuela para adquirir la ciencia. El esfuerzo de comprender más allá de las palabras lo que nos quieren decir.

Según nuestros autores, hablar de la lengua árabe es remitirse a un sistema de coordenadas diferente al de las lenguas occidentales. Este sistema funciona por medio de "raíces": todas las palabras nos remiten a una raíz trilítera, y esta raíz a una familia significante. Solo cuando entramos en el mundo de las "raíces" podemos percibir la radicalidad del lenguaje coránico, su estar anclado en lo más profundo de la materia, su carácter telúrico y envolvente.

Así, en diferentes momentos de la obra de estos pensadores, se irán realizando afirmaciones tajantes del tipo: "un kafir no es un infiel", "la ‘aqida no es doctrina", "la nafs no es el alma", "la salat no es la oración", "un dzanb no es un pecado", "la ÿaçâ’ no es la retribución de los actos", "tawba no significa arrepentimiento"… Este trabajo, ciertamente iconoclasta, viene culminado por la frase "Al-lâh no es Dios", con lo cual se quiere cortar cualquier posibilidad de asimilación de lo que es el Islam con todo aquello que nos puede decir el castellano.

Con todo ello, se produce una especie de dislocación en la mente del lector: ya nada dice lo que dice, ya nada es lo que parece. Si "un dzanb no es un pecado", habrá que averiguar de que se trata, ya que el Qur’án repite numerosas veces esta "palabra clave". Si los musulmanes no cometen pecados (como afirman nuestros autores), ¿qué es lo que hacen cuando hacen un dzanb?

Al margen de los abusos de este "método negativo de exponer el islam", y de los muchos absurdos en que cae, su mayor virtud es la de propiciar una reflexión seria sobre lo que quiere decir Al-lâh en muchos pasajes de su Qur’án Generoso. Sólo por esto, el "Islam descristianizado" está justificado. No olvidemos que la búsqueda del conocimiento es una obligación para todo musulmán y musulmana, y en esta tarea nuestros autores han ofrecido a los musulmanes de habla hispana un número altísimo de herramientas, de reflexiones decisivas. Al mismo tiempo, convierte a los textos de estos musulmanes españoles en batiburrillos de palabras difícilmente accesibles para los "no-iniciados".

El propio Hafsawi es conocedor de los inconvenientes de este método. En su prólogo a la traducción de al-Minah al-Quddûsiyya del Sheik Ahmad al-‘Alawî, escribe:

Puede resultar chocante, e incluso aberrante, la ausencia de traducciones usuales. Quizá los ejemplos más sobresalientes estén en nuestra preferencia por mantener en árabe la palabra Allah en vez de poner Dios, o Salât en lugar de oración o rezo, que, aparentemente, hubiesen facilitado el trabajo. Resultarían familiares al lector y le facilitarían la compresión, y no sobrecargarían el texto con arabismos innecesarios. Pero la razón es la enunciada más arriba: un acercamiento al verdadero corazón del Islam exige un esfuerzo por asir su sentido sin que las reminiscencias que se destilan de conceptos trascendentales en otros sistemas espirituales, religiosos, teológicos o metafísicos, perjudiquen una percepción nítida de su complejidad y sus aportes originales.

Según parece, el Islam no puede ser expuesto convenientemente sin referirse constantemente al árabe, ya que en castellano todas las palabras remiten (irremisiblemente) a "otros sistemas espirituales"... Volveremos sobre esto, in sha Al-lâh.

Nuestra tarea es eminentemente crítica. Criticar no quiere decir necesariamente "reprochar", aunque este sea su uso más frecuente. La tarea crítica trata de poner las cosas al descubierto, mostrar aquello que está en el fondo de una obra o un discurso, pero que no siempre se dice o se muestra de una forma clara. Penetrar sus intersticios, los intestinos de la obra. Al meditar sobre el trabajo de nuestros autores, irán apareciendo diversas contradicciones e (incluso) pequeñas miserias personales. La polémica no es necesariamente mala, depende de la capacidad de cada uno para asimilarla.

Esperamos no decir nada inconveniente, y pedimos a Al-lâh que nos ayude en la tarea de esclarecer lo que se oculta tras el "Islam descristianizado", y hacernos capaces de aprovechar sus aciertos descartando sus inconsistencias.

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