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Acerca de los estados de los Atributos Divinos

13/05/2004 - Autor: Molla Sadra Shirazi - Fuente: Webislam
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Molla Sadra Shirazi
Molla Sadra Shirazi

Kitab Al-Mashair. Libro de las penetraciones metafísicas

Primera Penetración: los Atributos Divinos son la Esencia Divina misma.

Los Atributos Divinos son la Esencia Divina misma, y no como dijeron los asharitas, discípulos de Abul-Hassan al-Asharí, afirmando la multiplicidad de atributos en la existencia, por implicar la multiplicidad de Principios eternos. Tampoco es como dijeron los mutazalitas y sus actuales seguidores que se cuentan entre los expertos en dialéctica y en análisis conceptual, quienes niegan directamente los conceptos de los atributos pero afirman los efectos de éstos y hacen de la Esencia Divina un sustituto aislado de los atributos, tal como los hacen algunos, como por ejemplo el autor de Hawashi al-Tayrid, en cuanto al origen de la existencia.

No es así, sino que, según lo entienden las gentes de conocimiento asentado, la Existencia Divina es la realidad misma que es en sí misma la extensión de sus Atributos de Perfección y apariencia de sus calificaciones de Belleza y de Rigor. Así, por encima de la multiplicidad y de la pluralidad, los atributos son existentes por medio de una existencia única, sin que ello implique multiplicidad, pasividad, receptividad ni actividad alguna.

Por tanto, tal como, desde nuestro punto vista, el existente contingente es existente por esencia, mientras que la quiddidad es existente por accidente gracias a esa misma existencia, por el hecho de ser esta existencia una extensión para dicha quiddidad. Así, este es el caso de existencialidad de los Atributos Divinos gracias a Su Santa Esencia, con la única diferencia que la Existencia Necesaria carece de quiddidad.

Segunda Penetración: Acerca de cómo se da el Conocimiento Divino de toda cosa, según una norma oriental.

Según esta norma, el conocimiento tiene una realidad tal como la existencia tiene una realidad. Asimismo, la realidad de la existencia es una realidad única y con su unidad se liga a toda cosa, siendo necesariamente una existencia que rechaza la inexistencia de toda cosa. Ella es la existencia de toda cosa y su perfección es la perfección de toda cosa, siendo la perfección de una cosa más importante para dicha cosa que ella misma, porque la cosa es en sí misma contingente mientras que su perfección y su necesidad le viene dada por su existencia, siendo la necesidad más firme que la contingencia.

Asimismo, el Conocimiento Divino es necesariamente la realidad del conocimiento, siendo la realidad del conocimiento una realidad única y, a pesar de su unidad, es el conocimiento de toda cosa "no deja de enumerar nada, ni grande ni pequeño" (Corán, 18:49), porque si permaneciera sin enumerar alguna de las cosas y este Conocimiento no fuese Conociente de dicha cosa, no sería la realidad pura del Conocimiento, sino que sería conociente bajo un respecto e ignorante bajo otro respecto. Pero, la realidad pura de la cosa no se mezcla con otro que ella, pues sino no saldría nunca por entero del estado de potencia para pasar al acto. Ya hemos dicho anteriormente que su Conocimiento vuelve a Su Existencia.

Asimismo, su existencia no se mezcla con ninguna inexistencia ni con ninguna deficiencia y, asimismo, Su Conocimiento que es Presencia en su esencia, no se mezcla con la ausencia de cosa alguna. ¿Cómo podría mezclarse, siendo así que Él es Quien da realidad a las realidades, es Lo que hace de las cosas lo que son? puesto que su esencia es más verdadera para con las cosas que las cosas para con sí mismas; puesto que la presencia de Su Sublime Esencia es la presencia de todas las cosas y aquello que está en Dios son las realidades arquetípicas primordiales, las cuales reducen dichas cosas al rango de simulacros y sombras.

Tercera Penetración: Indicación relativa a los demás Atributos de Perfección

La citada norma referida a la generalidad de la conexión del conocimiento del Altísimo también es aplicada al resto de Sus Atributos. Así, además de Su Unidad, Su Poder es necesariamente el Poder por encima de todas las cosas, dado que su Poder es la realidad del poder. Por tanto, si no estuviese conectada con la totalidad de las cosas, tendría entonces el poder de generar una cosa, y no otra; no siendo pues Su Poder la pura realidad del poder. Lo mismo puede decirse de Su Voluntad, Su Vida, Su Oído, Su Visión y el resto de Sus Atributos de perfección. Así, la totalidad de las cosas constituye los niveles de Su Poder, de Su Voluntad, de Su Amor, de Su Vida y demás Atributos.

Quien considere difícil de entender que, además de Su Unidad, Su Conocimiento, por ejemplo, sea conocimiento de todas las cosas y, asimismo, que Su poder, además de Su Unidad, esté conectado con toda cosa; tal persona se figura que la Unidad del Altísimo y la Unidad de Sus Atributos esenciales es una unidad numérica, siendo el Altísimo uno en cuanto a número. No es así, sino que se trata de otro tipo de Unidad que no es ni numérica, ni específica, ni genérica, ni de continuidad, ni de otro tipo. No la conocen sino "los arraigados en la Ciencia" (Corán, 3:7).

Cuarta Penetración: Acerca de la referencia a la Palabra de Dios y a Su Libro

La palabra del Altísimo no es tal como dijeron los asharitas, para los cuales se trata de un atributo del alma, consistente en significados subsistentes por esencia, por la imposibilidad de que la Existencia del Altísimo sea por otro. Tampoco consiste en sonidos y signos, pues sino toda palabra sería Palabra de Dios. Además, Su Orden y Su palabra es anterior a todo existente tal como Él mismo dice: "Cuando desea una cosa le dice "¡sé!" y es" (Corán, 36:82). Mejor dicho, la Palabra de Dios consiste en la creación de Palabras Perfectas y el descenso de "de aleyas unívocas que son la Madre del Libro, y de otras que son equívocas" (Corán, 3:5) bajo la vestimenta de palabras y de expresiones. Dice también "y Su Palabra que Él ha comunicado a María, un espíritu que procede de Él" (Corán, 4:171) y en un hadiz dice "Me refugio en las palabras perfectas de Dios del mal de lo Él ha creado".

La Palabra que desciende de parte de Dios es Palabra bajo un aspecto y Libro bajo otro aspecto. La Palabra, por el hecho de pertenecer al mundo de la Orden, es otra que el Libro. El Orador es Aquél en quien subsiste la Palabra tal como el existente subsiste gracias a aquello que lo hace existir. El escritor es quien da existencia a la Palabra, es decir al Libro. Todos ellos tienen moradas y niveles. Todo orador es, bajo cierto aspecto, un escritor y todo escritor es, bajo cierto aspecto, un orador. Un ejemplo de ello es el testimonio de como cuando el hombre habla por medio de una palabra, es emitida desde su alma en la pizarra de su corazón y es exteriorizada por medio de sus órganos vocales en forma de letras. Así es su alma lo que da existencia a la palabra, siendo escritor por medio del cálamo de su poder en la pizarra de su corazón, mediante las gradaciones de su voz y las fluctuaciones de su respiración, mediante su individuo corporal en el cual subsiste la palabra, siendo así orador. Compara este caso con lo dicho más arriba.

La Palabra, bajo una consideración, es el Corán y bajo otra consideración es el Criterio. La Palabra, por el hecho de pertenecer al mundo de la Orden, tiene por morada los corazones y no la perciben excepto los poseedores de الألباب "sino que se trata de aleyas claras en los corazones de los que han recibido el Conocimiento" (Corán, 29:49) "pero no las entienden más que los que saben" (Corán, 29:43). En cuanto al libro, por el hecho de ser del mundo de la creación, tiene por morada las Tablas, que cualquiera puede percibir en las palabras del Altísimo: "Escribimos para él -Moisés- en las Tablas una exhortación sobre toda cosa" (Corán, 7:145). La Palabra "no la tocan más que los purificados" (Corán, 56:79) es el Santo Corán y cuenta con un rango sublime en la Tabla Preservada "no la tocan más que los purificados, es una revelación que desciende del Señor de los Mundos" (Corán, 56:79-80). Por tanto, la revelación que desciende de Dios es el Libro.

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