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Se habla de organizar el islam...

28/04/2004 - Autor: Ahmed Lahori - Fuente: Webislam
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Mezquita M-30, Madrid
Mezquita M-30, Madrid

Se habla de organizar el islam, de burocratizarlo. Se habla de crear unas estructuras similares a las de la Iglesia, de controlar lo que dicen los imames en las mezquitas. Se pretende crear una jerarquía de imames al servicio del Estado, cuyo discurso sea conveniente. Estas propuestas, en el contexto actual, parecen tener cierto sentido. Hay preocupación y esta se refleja. Sin embargo…

Si se quiere dar sueldo a los imames, hay que tener en cuenta que todo musulmán puede ser un imam. No se trata de sacerdocio, ni las mezquitas son templos. No existe un espacio sagrado fuera del cual se encuentra lo profano. Si se quiere dar dinero para el cuidado de las mezquitas, hay que tener en cuenta que toda la tierra es una mezquita.

La mezquita de Medina no es más importante que la mezquita de mi casa, un pequeño rincón, una alfombra raída sobre el suelo. La palabra árabe masÿid significa “lugar de suÿud, de postración”. Todo lugar donde el hombre se postra es una mezquita. Un lugar no es más importante que otro a los ojos de Al-lâh, por muy pomposo que sea, por mucho valor artístico o simbólico que tenga. Esas valoraciones son políticas o culturales, nada tienen que ver con el sometimiento a la Realidad/ islam.

El Poder busca lo visible, los símbolos exteriores mediante los cuales se logre representar al islam. Pero el musulmán se dirige a lo invisible, y el Poder se desespera. No hay sacerdocio, no hay dogmas, no hay sacramentos ni doctrina. No hay símbolos religiosos, de ahí a la violencia con la que los medios de comunicación se aferran a la barba y al pañuelo, como un modo de identificar mediáticamente a los musulmanes, o como se repite la imagen de la media luna.

Al carecer de símbolos que lo representen, el islam permanece fuera de la cultura de la representación, se sustrae a su dominio. El islam no es manipulable, es un estado de conciencia. ¿Cómo meterle mano? ¿Cómo se organiza un estado de conciencia? La burocracia desespera, se vuelve loca y entra en el vacío. Justo allí es donde todo estalla, donde el islam se impone como una verdad inevitable. La verdad del vacío, de la ausencia de representaciones. La verdad de la nada del hombre, de la realidad Única como liberación de toda tiranía.

Toda construcción humana es una nada, una ilusión de dominio sobre una Realidad inabarcable. Burocracia e islam no se encuentran, la burocracia desespera. Hasta que encuentra unos personajes pagados de si mismos, deseosos de convertirse en los representantes del islam sobre la tierra. A estos personajes el Estado (español, saudí o marroquí, poco importa) les uniforma, los bendice y pone al frente de grandes “mezquitas”, les da títulos pomposos y los reconoce como grandes sabios. Así es como el Estado trata de burocratizar el islam sobre la tierra.

Sin embargo, la mayoría de los musulmanes permanece indiferente ante esos hombres. Sucede que cada musulmán y musulmana accede a la Palabra de Al-lâh directamente, lee y se informa directamente sobre sus obligaciones como musulmán. Si tiene dudas, y no le gusta el imam de la mezquita, acude a otra mezquita, o a su vecino, o a otras gentes de conocimiento. Sucede que el papel de los imames al servicio del Estado no es determinante, que no tiene demasiado peso.

Al acabar la jutba, un musulmán cualquiera discute con el imam sobre su contenido. La obediencia brilla por su ausencia, cada uno juzga por si mismo. No hay obediencia debida más que a Al-lâh, y Él habla en el corazón de cada criatura, no en los “sermones de los viernes” ni en las proclamas de palacio. Todas las fatuas que emitamos no servirán de nada. Mientras haya violencia y continúen el genocidio palestino y la depredación global, hay quien puede interpretar el yihad como la lucha por la liberación de los pueblos contra el terrorismo.

Así, el islam vuelve a la anarquía, a un orden anterior a todo ordenamiento. El musulmán se remite al orden de la Creación, al movimiento de los cielos y la tierra. Piensa su vida en función de la adoración. Su referencia es el ritmo del sol sobre la tierra, se levanta antes del alba y se postra en cinco momentos claves del día. Todo se paraliza en esos instantes, volvemos a lo incondicionado.

Frente a todo intento de dominio, el islam tradicional, el islam genuino permanece vivo. Abierto y esponjoso, el saboreo de la Realidad. La hospitalidad, la generosidad, la solidaridad entre los hombres. Ausencia de pretensiones. No somos nada, nos sentamos en el suelo en torno a una taza de café, cara a cara, ante la Piedra Negra.

Este es el drama del Estado moderno. La presencia del islam en su seno lo corroe, es como una luz incontrolada. Lo incontrolable se aparece con los ojos del abismo, sube y estalla ante la burocracia. Una mirada que nos rompe. Desestructuración, ruptura con las estrategias de control. Pérdida de dominio sobre el otro, cesión de todo sueño de Poder a lo incondicionado. Somos llevados hacia la caverna. Fluir de aguas todavía.

La voz de Al-lâh, de una recóndita manera. La Palabra revelada estructura el mundo de nuevo y nos gobierna. A nadie pertenece esa Palabra, interior a todo ser humano. Una Palabra que nos sobrepasa, que nos dice y destina. Nuestro sueño de gobernar el mundo mediante construcciones tautológicas cede espacio para la Palabra. Cede un hueco en el hombre que asume su vacío, no hay otra Realidad que Al-lâh. Ausencia de control, de sacerdotes, ausencia de doctrina. La Palabra permanece viva.

Los humanos están dormidos, la muerte los despierta. Aquel que muere antes de morir es consciente en esta vida. Una vida más amplia nos espera. En esa amplitud habitamos, en ese mar sin límites de la Misericordia. El mundo es creado a cada instante, ¿qué son las fronteras para Al-lâh? Líneas y sueños de dominio, de acotar lo abierto. La burocracia es el rostro anodino del nihilismo, de la ausencia de auténticos valores. Hay que controlarlo todo cuando se tiene miedo. Hay que controlar la vida, ponerle diques a la Realidad, separar al hombre de su Creador. El Leviatán rabioso. Un islam negro, un islam integrista, un islam moderado, un islam europeo. Pero el islam no es una religión, sino un estado de conciencia.

Adiós a los imames, adiós a las marionetas y a la burocracia. Adiós a la mentira de las instituciones religiosas, del intento de domar la Palabra de Al-lâh sobre la tierra.

Organizar el islam en una estructura de poder es como poner puertas al campo. Puede hacerse, pero los musulmanes no cruzarán por esa puerta.

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