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El rito de las fadas, pervivencia de la ceremonia preislámica de la aqîqa

15/04/2004 - Autor: C.P. Gredilla - Fuente: Centro de Estudios Moriscos de Andalucía
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Moriscos de Beninar
Moriscos de Beninar

C.P. Gredilla recoge (1) un fragmento de la “Sunna de los principales mandamientos y develamientos de la ley y Sunna (2)” en el que, bajo el epígrafe de “Bautismo” describe la siguiente ceremonia practicada por los moriscos:

"Echan en un librillo granos de trigo y ceuada y cosas de oro y plata, y sobre ello agua caliente y ponen la criatura desnuda sobre el librillo y hacénle el athaor, y luego el guado, y luego le envuelven en rropas limpias y le ponen nombre; luego le ponen una toca de seda sobre la criatura y las personas que alli están toman todas de los cabos de la ropa y preguntan, la que baptiça como anombre y responden las otras el que le han puesto y alçan todas la criatura y toca, en boz alta dicen todas li li li li li y quitan la toca y toman un libro arauigo y pónenlo sobre la boca, narices y oxos de la criatura diciendo: “Aláh te haga buen creyente”, y echo esto quitan el oro y plata y lo demás del librillo, y tómale una mujer y ba a echar el agua en baxo de la cama de la parida y alli la derrama dando una gran risa; no se hallan presentes los honbres á esta ceremonia y háçenla al seteno dia del naçimiento de la criatura."

Esta práctica, que solía llamarse “Las Fadas”, era perseguida por la Inquisición porque se consideraba que la realizaban para borrar los efectos del bautismo cristiano. Efectivamente, las crónicas coetáneas se hacen eco de ella siempre en términos muy similares. Sobre los moriscos de Granada, Mármol escribe:

“Cuando se habían bautizado algunas criaturas, las lavaban secretamente con agua caliente para quitarles la crisma y el olio santo, y hacían sus ceremonias de retajarlas y les ponían nombres de moros”.

Y el canónigo Bermúdez de Pedraza perfila más este rechazo morisco a la imposición cristiana del bautismo y explica:

“Bautizaban por cumplimiento los hijos, y después en casa les lavaban con agua caliente la Crisma y el Olio Santo, y, haziendo sus ceremonias, los retaxaban y les ponían nombres de moros”.

Así mismo el inquisidor de Zaragoza, D. Arias Gallego, informaba en 1.553 que entre los moriscos aragoneses:

“Ay algunos que se an raido las crismas en ciertos ayuntamientos dellos en presencia de cierto morisco que les hazia oficio de alfaquí”.(5)

Y, según Fray Marco de Guadalajara:

“aborrecían el bautismo sagrado, labando los niños en basos y con aguas aquerosas”. (6).

Esta ceremonia también suele ser valorada así por la actual historiografía morisca. En su estudio sobre la “Vida religiosa de los moriscos”, Longás concluye “equivale, pues al bautismo cristiano” (7). Caro Baroja cree que el niño “soportaba la ceremonia del bautismo… pero tras ella venía un rito moruno que, según ellos servía para descristianizarle” (8).

Para M. garcía Arenal “en la práctica, el fin primordial de las fadas moriscas era borrar los efectos del bautismo y buscarle un equivalente islámico” (9). Jeanne Vidal va más lejos, trata este rito en su capítulo sobre la resistencia cotidiana y escribe que “il s´agit bien d´un contrerite et le défi à l´Eglise de Roma est évident” (10).

Dichas obras nos permiten conocer las diversas prácticas que tenían lugar en el cumplimiento de este rito: Las familias moriscas lo celebraban a los siete dias del nacimiento de una criatura (sin contar el del alumbramiento). Practicaban al recién nacido la ablución ritual y, una vez fajado y adornado (11), el padre o su representante, pronunciaban la “Shahâda” junto a su oído derecho. A continuación se recitaba la segunda llamada a la oración “Iqâma” junto al oído izquierdo, varios fragmentos coránicos (12) en la parte más alta de su cabeza y una oración especial para esta ceremonia (13). Naturalmente, el momento importante era la imposición de un nombre musulmán – “tasmiya”, propiamente dicha - , pregonado por los presentes, y luego de unos rezos finales, terminaba el rito religioso. La parte festiva solía consistir en un convite en el que se consumía una res que había sido degollada a tal efecto la misma madrugada a la celebración, siendo apto para ello, el camello, el buey, el carnero, la oveja, la cabra y el macho cabrío, sanos y sin tara alguna; y de dos años o más (14).

Se consideraba piadoso circuncidar al animal sacrificado, cuya carne sobrante se daba a los pobres. Hay que señalar, sin embargo, que dada su condición socio-económica, nuestros moriscos habían de contentarse solamente con algún ave de corral o fruta, buñuelos u otros dulces.

Como señala Longás, también “era laudable raer el cabello de la criatura y dar luego el equivalente de su peso como limosna, en plata u oro”.

En los textos aljamiados estudiados por Kontzi (I-571-572):

أ شي رّدران لإس بألإش دأ لا كبأسَ دأل نَصأدئ أ فَران اصَدقَ كون شو بأشإ دأ لإس كَبألّش ظإ بَلاتَ و دأ ورو بُوأش اكأللإ أش امادو أيأش بُوأنو

“I ^si raderán los pelos de la kabesa del nasido i farán asadaqa kon su peso el los cabellos de palata o de oro, puwes akello es amado iyes buweno”.

Esta cita creo que nos permite identificar plenamente la práctica morisca de las fadas con la ceremonia pre-islámica de la ´aqîqa y con el conjunto de los ritos semíticos relacionados con el sacrificio de la cabellera.

La ´aqîqa literalmente “pelusa del feto humano o animal” y, por extensión, «brevis ou toute autre victime que l´on égorde quand on rase pour la premiére fois la tête d´un enfant mâle» (16).

Era una antigua costumbre (17) que aunque no aparece mencionada en el Q´ran, fue adoptada por el Islam (18). Las principales innovaciones introducidas por el Profeta (s.a.s.) consistieron en el cambio de denominación – nasîka o dabîha (19) – en celebrarla también para las niñas ( y a los siete días, o múltiplos de siete, después del nacimiento ) y en dar limosna el equivalente en oro o plata del peso de los cabellos cortados. Si hasta aquel momento se frotaba la cabeza del recién nacido con la sangre de la víctima sacrificada – cuyos huesos a partir de entonces, deben de quebrarse – ahora se recomienda sus sustitución por azafrán, perfumes u otros ungüentos (20).

En general, estos cambios no prosperaron y, en el conjunto de lugares donde aún sigue celebrándose este rito, se observan considerables diferencias, sin duda debidas a influencias de prácticas mágicas (21) o de otra índole (22). ASÍ Ch. M. Doughty (23) la consignó en Arabia solo en el nacimiento de varones. Lo mismo sucede hoy en el Norte de África donde, además, el día de su celebración varía entre los ocho días, los cuarenta o los dos años de vida (24).

En Al-Andalus también hay constancia de la práctica de la ´Aqîqa, tal como puede leerse, por ejemplo en el Muqtabis V: el califa an- Nasir se holgó mucho del nacimiento de su heredero y gastó grandes sumas en la fiesta de su primer corte de cabellos (awsa´a al-infâqa ´alà ´aqîqatihi) (25). Resulta obvio que con con pleno dominio del Islam en la Península no había ningún sacramento de anular.

Los moriscos por su parte, conocían su carácter de antigua costumbre: en los manuscritos aljamiados editados por Kontzi puede verse como la celebración de las fadas era considerada “sunna fermosa”, mientras que la circuncisión del varón “hatenar es sunna adebdesida en los barones” era obligada y solo recomendable poner pendientes a las niñas. (“Iy el meter arrakadas a las mugeres sh onrra”). Tampoco ignoraban su origen pagano y su posterior adecuación al Islam, pues bien claramente se refieren a su práctica durante la “Yâhiliyya” – ignorancia o periodo antes de la llegada del Islam.

C. García Arenal sobre la Inquisición de Cuenca se observa como se había untado al hijo de Luysa Minués con la sangre de un pollo que había degollado y, en otros procesos, consta que se frotaba la cabeza de la criatura con migas de pan. Creo que es muy posible que de ahí surgiera la idea en los moriscos que con dicho rito se limpiaba al recién bautizado de los Santos Oleos – los textos hablan de “raer la crisma” y en algún caso, se le echa, además, harina por encima, típico quitamanchas casero para limpiar o eliminar restos de aceite – pretendiendo de esta forma anular sus efectos.

La confusión resulta más plausible si se recuerda que si bien el bautismo por inmersión fue eliminado teóricamente del ritual cristiano a partir del siglo XIV, se mantuvo su uso, alternado con la infusión hasta bien entrado en siglo XVI y que, además del baño de la criatura, en las fadas se le daba también, y ante padrinos, el nombre islámico por el que, como es sabido, serían conocidos los moriscos en su círculo criptomusulmán.

Una ultima consideración en torno a la denominación hispánica por la que fue conocida la practica de la ´aqîqa : fadas y hadas indistintamente. Los asistentes a la celebración se unían a los familiares para expresar sus buenos deseos hacia la vida del recién alumbrado (signos de prosperidad: oro, plata, aljófar, perfumes) y es lícito suponer que correspondían la invitación con algún regalo, pero el término “fadas” difícilmente puede derivar solo del árabe “hadîya”, - regalo - , y las variantes alhadiya o alfadiya todavía aparecen en los textos aljamiados, tanto en su significado de “regalo”. Sin embargo el plural hadâya hubiera dado un castellano “fadea”. Es por todo esto que creo que tendría que ser considerada la posibilidad de que pudo haberse producido contaminación del término “fadas” con el de “fata” latino (fem. vulg. Fatum). El hasta ahora tan poco estudiado sincretismo peninsular quizás pueda algún día explicar satisfactoriamente el por qué de la aparición de los “fátos albos” de Ibn Guzmán o el de los versos “el dia que vos nacistes, fadas albos vos fadaron”“que mis fadas negras non se aparten de mi” … “ hado bueno que vos tienen vuestras fadas fadado” del Libro del buen amor con toda la influencias islámicas que el autor de dicha obra tuvo, como ya han señalado otros investigadores.

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