webislam

Miercoles 22 Enero 2020 | Al-Arbia 26 Jumada Al-Auwal 1441
615 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=4312

Rodríguez Zapatero: ‘Democracia’ es la primera palabra

15/04/2004 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Rodriguez Zapatero
Rodriguez Zapatero

En la España de hoy, resulta alentador encontrar, como primera palabra de un discurso político, la palabra “Democracia”. Ese es el mensaje que el nuevo presidente nos está ofreciendo, una apuesta clara por el diálogo y la participación política. Es un mensaje muy necesario como referencia para unos pueblos que hemos vivido el secuestro de nuestras decisiones, para una sociedad en profunda transformación que no encuentra su reconocimiento en el espacio público, en el discurso de sus medios de comunicación. Escribe Hashim Ibrahim Cabrera.

La decisión inaugural del presidente Zapatero de ordenar el regreso de las tropas españolas destacadas en Irak, aún antes de agotarse el plazo que había establecido, es una señal de que las cosas pueden empezar a cambiar, no sólo en este país, sino a un nivel internacional. El error político que supuso el alineamiento político-militar del gobierno del PP con Estados Unidos a expensas de la propia soberanía, y de los propios intereses de la ciudadanía; la transgresión de la legalidad internacional y la devaluación política de Naciones Unidas, la complicidad en la política de guerra preventiva con el pretexto de la lucha antiterrorista… Todos esos avatares desgraciados de la derecha última han tenido amplia repercusión en el orden internacional.

En ese contexto el apoyo que Bush recibió de Aznar tenía entonces el valor justo para cerrar una legitimidad aparente, para ofrecer una fotografía convincente, antes de proceder a una invasión que se prometía más o menos sencilla, a sabiendas de que no existían armas de destrucción masiva y que los iraquíes llevaban ya diez años muriéndose de hambre y de dolor. Lo que Aznar malvendió en Las Azores era un enorme capital político internacional que España había ido adquiriendo desde el comienzo de la transición democrática y que tenía que ver, sobre todo, con Europa, el mundo árabe e islámico y Latinoamérica, con la conciencia de una globalización sostenible y más justa, y con una serie de valores que fueron miserablemente devaluados en aras de la naturaleza ‘privilegiada’ de la nueva alianza.

El pulso que Estados Unidos ha hecho al resto de los países que forman la comunidad internacional, o mejor dicho, el pulso que el gobierno republicano estadounidense ha hecho al conjunto de los pueblos de la tierra, incluido a su propio pueblo, es un desafío al más puro estilo western, una apuesta por crear una tierra sin ley alguna posible, siempre habitada por indígenas ignorantes y bestiales. El mundo está debatiéndose entre esa propuesta belicista, arrogante y destructiva, que apoya los genocidios de sus amigos y aliados como Sharon y su gobierno, que alientan los asesinatos de disidentes, que promueven y atizan los más variados terrorismos, y por otro lado ese otro clamor que surge de los pueblos, que quieren vivir en paz, que quieren ser gobernados de otra manera, que sienten que el sacrificio es innecesario.

Y mira tú por donde, toca ahora al pueblo español, por medio del nuevo presidente electo, expresar el discurso de esa respuesta intensa e inmediata contra la barbarie. Una respuesta que, como hemos podido comprobar aquí mismo, entre los pueblos de España, trasciende nuestro marco geográfico y sintoniza con una corriente alternativa ampliamente arraigada en muchos lugares del planeta, que trabaja en pos de una distinta globalización, hombres y mujeres de todas las edades, lugares y culturas, unidos por esa maraña creciente de las nuevas tecnologías, que pueden intercambiar sin límite datos, experiencias, imágenes. Asistimos a la eclosión de una nueva conciencia que tiene que ver con las posibilidades de las nuevas tecnologías de la comunicación, con nuevos medios de expresión y con nuevos lenguajes, pero también con las formas repensar y concebir el mundo, también llena de contenidos. Una nueva conciencia que se materializa en un foro global que está naciendo precisamente aquí, entre nosotros.

Quizás sea esta una de las ocasiones en que con más claridad hemos podido ver la influencia que los nuevos medios de comunicación tienen a la hora de establecer opinión, suscitar visiones posibles y aunar criterios para tomar decisiones. No debe resultarnos extraño, pues, que sea la izquierda quien exprese de manera tan natural esos criterios mayoritarios y actúe en consecuencia. Aunque ahora los tiempos, las coordenadas, son otros. No estamos en los albores de una transición surgida de un sincero y efectivo consenso en aras de construir un centro político, de establecer una mayoría ciudadana que diera cuerpo social al nuevo estado democrático de derecho surgido con las Constitución del 78. Estamos, por el contrario, en las postrimerías de una transición que, por la propia incapacidad de la derecha que nos ha gobernado para construir un estado democrático y de derecho, ha estado realmente amenazada. Entre las causas podríamos citar una falta de tradición democrática, una ignorancia del arte del diálogo y de la construcción de las ideas realmente transformadoras… la pervivencia de un imaginario demasiado forzado, la nostalgia de la historia imperial, del ‘prestige’ perdido. Parece más una novela barata que una narración especializada. Por eso la denominación de populares, por eso el populismo, el doble discurso… por eso también el republicanismo de la derecha americana, extrema e insolente.

La decisión de Zapatero es, en cierta manera, el principio de la verdadera terapia democrática: la devolución de la confianza a una ciudadanía que había llegado casi a descreer de la democracia, a dudar seriamente de la posibilidad de que los gobernantes cumplan la voluntad mayoritaria expresada en las urnas.

Esta decisión es una apuesta clara y sincera por la democracia real, hay que decirlo. Está claro que la decisión de traer las tropas de Irak tiene que ver con la situación real a que se ha llegado con esta guerra destructiva e ilegal. Con toda claridad afloran ahora las intenciones de los ocupantes, el apoyo indecente a la causa del terror, a la destrucción de muchos pueblos, a la desaparición de una memoria insustituible.

Difícilmente, ahora que todos reconocen el error, ahora precisamente que se exterioriza el fraude y la mentira, las cosas van a resolverse bien y pronto en Irak. Difícilmente podría Naciones Unidas hacerse cargo de una situación tan crítica, si la política de los ocupantes lleva a una intensificación creciente de la guerra, si cada día crece la imagen dantesca del horror.

Estados Unidos ha perdido la guerra. Vietnam no aparece con tanta fuerza ahora en su imaginario por casualidad. Están siendo conscientes del gran error que supone agredir a otros. Necesitan darse cuenta de eso si quieren, como nos ha ocurrido a los españoles, tener la posibilidad de recobrar una cierta calma, esa seguridad que se pierde al comenzar una cruzada injusta. Los republicanos de Estados Unidos han confiado tanto en su propia visión, conservadora e inamovible, que no se han dado cuenta de que la realidad estaba desbordándose por todos los lugares del planeta en forma de nuevas tecnologías de la comunicación y de nuevos lenguajes.

Ahora empiezan a darse cuenta de que existen conciencias críticas, mayorías críticas capaces de votar, que han minimizado el impacto de su propia tecnología. Su arrogancia les ha velado: las tecnologías pueden usarse de muchas maneras, dependiendo de la visión y de las ideas de quien las usa. Además de para ejercer control, además de para difundir ideas de confrontación y choque de civilizaciones, pueden servir a la creación de nuevos espacios de comunicación que favorezcan la formación de criterios sólidos y racionales, que desarrollen la conciencia crítica y permitan su expresión en un entorno amplio, global. Espacios para el encuentro intercultural, para el mutuo conocimiento de los pueblos y sus culturas, sus visiones del mundo y sus tradiciones milenarias. Se abre paso la conciencia de otras globalizaciones posibles, se abre un resquicio a la imaginación creadora.

El gobierno de Bush ha expresado con claridad su débil posición: necesitaba una nueva componenda en Naciones Unidas, algún nuevo jeroglífico incomprensible que le permitiera mantener a todos los aliados dentro de la foto, proponer seguramente un trato intermedio: una nueva resolución que diese la sensación de…., pero que en realidad…. Es decir, un discurso ampliamente sobrepasado por los hechos. Pero se ha encontrado con la decisión de un pueblo y con un gobierno que quiere expresar esa decisión en forma política, clara y eficaz. Muchos, la mayoría, nos alegramos profundamente de ello, nos sentimos mucho más tranquilos, menos utilizados.

Porque esta decisión ampara también, aquí y ahora, en nuestras propias sociedades, un discurso respetuoso con la ley, no frustrante con relación a las expectativas éticas de muchos ciudadanos, consecuente con una sincera convicción democrática y actitud de diálogo. Y todo ello ocurre al mismo tiempo que cae estrepitosamente la imagen del republicanismo imperialista USA. El emperador está desnudo. Alguien ha de decirlo, pues al fin y al cabo, nadie resiste al verdadero poder global, a la fuerza de las transnacionales.

En ese contexto, el regreso de las tropas españolas, se quiera o no reconocer, es una estocada al caché de los republicanos de Bush, de la misma manera que el placet de las Azores fue seguramente un interesante y sucio negocio. No nos equivoquemos en eso. Y no sólo es valiosa esta retirada en cuanto que contradice las acciones indeseables de una política indeseable, sino en cuanto que abre un espacio a la esperanza global, al mundo de civilización que, aún en una situación de casi utopía, no desaparece del horizonte de nuestro pensamiento, de nuestra visión.

El capital político de que dispone ahora Zapatero es mucho mayor, si cabe, que el que tuvo Felipe González en el 82, y al mismo tiempo comparte valores con él en un sentido de restitución ética necesaria hacia el sentir de una mayoría ciudadana. Con esta decisión la política española recobra, al mismo tiempo, su dimensión democrática internacional, y la ciudadanía de los pueblos de España recupera su espacio público como estado de derecho junto a otros estados de derecho. Esa es la normalidad, debería serlo. Esa dimensión comunitaria, legal, recobrada, es ahora más global, la ciudadanía es ahora más consciente de las consecuencias políticas de los medios de comunicación y control, de las consecuencias concretas de su participación electoral, de la dimensión política, democrática, de esa participación.

Al mismo tiempo esta nueva conciencia abre la posibilidad de recobrar espacios sociales y culturales públicos, foros comunitarios, es decir, ayuda a restaurar el diálogo en las calles y promover el debate y la crítica. Afrontar esos problemas que han estado durante bastante tiempo, casi una década, escondidos en la erótica del consumo y la hipnosis de su narración bélica de la historia.

Es el comienzo de un tiempo de realidad, de una mayor cercanía entre las personas, porque las formas de gobernar tienen un gran impacto en el imaginario y en las vidas privadas de los ciudadanos, mucha más influencia de la que normalmente solemos otorgarle. El discurso de los dirigentes tiñe el discurso de los ciudadanos, en mayor o menor medida, en un sentido u otro. Existe una creación de opinión, un uso político del discurso de los medios de comunicación. Pero los votantes de hoy, de manera creciente, van perteneciendo a una sociedad en la que la televisión unidireccional va dando paso a la interacción, a la comunicación.

La democratización de la tecnología, la extensión irreversible y creciente de su uso, está propiciando esas nuevas formas de diálogo, de expresión, sirviendo en la mayoría de los casos a la formación de unos criterios diferentes a aquellos que los poderes tratan de inducir en forma de narración-información. Todo ello debería en el mejor de los casos inaugurar un desarrollo real de nuestro estado de derecho, de nuestra Constitución, adecuándola a la realidad social y política de los pueblos, las comunidades y las diferentes confesiones que hoy por hoy integran el estado español, desarrollo efectivo de la laicidad y la neutralidad, reconocimiento de la pluralidad que conforma nuestra espacio comunitario.

Anuncios
Relacionados

Petición al Rey

Artículos - 25/03/2003

España, Andalucía, la guerra y los musulmanes

Artículos - 11/04/2003

El cuento de las armas de Sadam

Artículos - 05/02/2003



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/27174-rodriguez_zapatero_democracia_es_la_primera_palabra.html