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Musulmanes contra el terrorismo

08/04/2004 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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Musulmanes contra el terrorismo
Musulmanes contra el terrorismo

Una pregunta nos sacude: ¿cómo colaborar en la lucha contra el terrorismo? Una y otra vez las diferentes comunidades de musulmanes en España condenan los atentados terroristas, así como todo recurso a la violencia como modo de resolver conflictos.

Queremos colaborar en esta lucha, pero la cosa no se nos presenta nada fácil. ¿Cómo colaborar cuando nosotros mismos somos señalados en relación a los atentados? Casi no tenemos tiempo de expresar por enésima vez la oposición radical del islam a toda forma de violencia, que es contraria a sus leyes y a su concepto del hombre y de la sociedad. Mientras estamos diciendo esto, unos cuantos mercenarios (y hasta catedráticos) que tienen abiertas las puertas de los medios de comunicación de masas están escribiendo y proclamando todo lo contrario.

Las simples condenas a los atentados no bastan para disculparnos. Una y otra vez somos vinculados a actos de barbarie que poco tienen que ver con el camino espiritual que hemos escogido. Bastan unas líneas para que se despierten todos los fantasmas del “integrismo islámico”, del carácter violento del islam y otros tópicos construidos minuciosamente por el aparato propagandístico del Departamento de Estado Norteamericano (con Bernard Lewis al frente de departamento de islamofóbia de la Universidad de Princeton. ¿Tendrá Antonio Elorza pretensiones de ser el Lewis español?).

En esta tesitura, resulta difícil ofrecer nuestra colaboración en la lucha contra el terrorismo. Desde el momento en que se persiga al islam con la excusa de perseguir al terrorismo (como pasa en muchos lugares), es difícil que el terrorismo deje de crecer.

De hecho, la defensa del islam en su conjunto parece más importante que la lucha contra el terrorismo, ya que ésta parece la tapadera de lo otro. No podemos permitir que el terrorismo sea vinculado al islam. Tal como dice Mansur Escudero, se trata de una infamia. Solo queremos añadir que una infamia es lo propio de un infame, y que un infame es una persona “que carece de honra, crédito y estimación” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

El terrorismo es un arma política usada desde tiempos antiguos por unos y por otros. Un arma deleznable, pero que todavía no ha sido convenientemente definida. Actos terroristas fueron el incendio del Reichstag por los nazis o la voladura del Maine ordenada por el gobierno de los EEUU para justificar su invasión de Cuba y la guerra contra los españoles. También los atantados de Moscú en 1999, que condujeron a la opinión pública a aceptar la invasión de Chechenia, que todavía continúa, a pesar de que los servicios secretos rusos han reconocido su participación en la masacre que costó la vida a unas 250 personas.

Toda vinculación entre islam y terrorismo es ya un triunfo de los terroristas. Mientras esta vinculación permanezca, poco podemos ofrecer los musulmanes en la lucha contra el terrorismo.

Es más, en muchas comunidades, la sospecha a la que constantemente se ven sometidos lleva a los ciudadanos a refugiarse en teorías conspiratorias y a desconectarse de la realidad que los circunda. Esto es un verdadero problema. Existe un alto número de musulmanes en el mundo que ni tan siquiera creen que existe un “terrorismo islámico” ni nada por el estilo, y que insisten en afirmar la vinculación de los atentados (Nueva York, Bali, Casablanca...) con intereses financieros y de otras religiones. Una y otra vez nos topamos con la misma respuesta: se trata de actos para justificar el recorte de libertades que afecta principalmente a la inmigración de confesión musulmana. Así, vemos como un atentado que asesina a trabajadores, estudiantes e inmigrantes es usado por el Estado contra ellos. Gane quien gane, los más desfavorecidos siempre pierden.

El acoso que se está produciendo desde hace años contra la inmigración musulmana, y el auge de la esclavitud en España, son elementos que hacen difícil nuestra colaboración en esta lucha. La ley de extranjería ha propiciado la existencia en nuestro país de un número indeterminado de “sin papeles” (se habla incluso de “cientos de miles”), lo cual quiere decir: trabajadores sin derechos, que son explotados sin misericordia y no tienen acceso a las mínimas garantías sociales. Es cierto que hay muchos grupos de asistencia trabajando para paliar esta situación, pero también es cierto que ha sido creada por el gobierno saliente de un modo deliberado, con fines electoralistas y económicos.

Al mismo tiempo, en los últimos años hemos asistido al constante bloqueo de la libertad religiosa en España. Sencillamente, aunque esta libertad está garantizada por la Constitución, la desigualdad es tan grande, y la vinculación del estado español con la Iglesia católica tan evidente, que vivimos la actual situación como un oprobio.

Tanto en los EEUU como en Gran Bretaña como en otros países, los encarcelamientos de musulmanes sin la mínima excusa son un hecho. No se ofrecen garantías procesales. En España sucede lo mismo. Todavía no sabemos porque están en la cárcel los detenidos de noviembre del 2001. Los cargos que se les imputan son tan fantásticos y las pruebas tan ridículas, que cualquiera con un mínimo de visión se da cuenta de que algo se esconde tras esas detenciones. Miramos a Guantánamo, y nos escandalizamos, pero Guantánamo ya hace mucho que ha llegado a España.

Todo esto no contribuye sino a empeorar la situación, y a dificultar la colaboración de los musulmanes contra el terrorismo. Casos como el de Taysir Aloni, un locutor archiconocido de al-Yazira encarcelado por orden de Baltasar Garzón, son paradigmáticos de lo que está sucediendo. Imagínense que en Irán detienen a un periodista tan conocido como Pedro Piqueras, los españoles daríamos por hecho que algo se esconde tras esta detención. Una detención tan arbitraria solo se explica en base a la política. ¿Cómo vamos a confiar en nuestras instituciones y en el aparato de justicia en estas circunstancias?

Recientemente, un fiscal de Madrid denunciaba a altos cargos de las fuerzas de seguridad por haber ordenado “operaciones policiales propagandísticas”. Dice un comentarista en El País: “¿Que vienen elecciones municipales y autonómicas? No hay problema: se manda a unos cuantos policías a hacer redadas y así se da una sensación de seguridad, de eficacia en la lucha contra el crimen. Se detiene a doscientos inocentes y luego se los deja libres. Etcétera. ¿Es eso cierto? Se ha dicho y oído que algunos policías no se atrevían a mirar a la cara a los inmigrantes que les obligaban a detener en sus casas, mientras cenaban con su familia”.

Lo mismo parece que está sucediendo ahora, lo mismo que en noviembre del 2001, y todas las redadas realizadas contra la “trama integrista en España”. ¿Qué es lo que nos garantiza que las detenciones por el 11 M no responden a la misma lógica? De momento, todo es oscuro en este caso, y la confianza de muchos musulmanes en las instituciones está por los suelos. No hay que olvidar que España tiene tropas en varios países de mayoría musulmana y está contribuyendo al despojo de los recursos naturales de esos países bajo el paraguas orweliano de la “ayuda humanitaria”.

La desconfianza de muchos musulmanes hacia el Estado está justificada. En esta tesitura: ¿cómo podemos pedir la cooperación de los musulmanes en la lucha contra el terrorismo? Lo más que pueden contestarnos es señalando a los EEUU y al Estado de Israel, como los promotores del terrorismo. Con parecer absurdo, la cosa tiene cierta lógica desde el punto de vista policial. Es sabido que uno de los elementos de toda investigación es el ver quien saca provecho del crimen cometido.

Hasta el momento no se ha hecho nada para desvelar estas sospechas. Para los ciudadanos occidentales pueden ser convincentes los comunicados del Departamento de Estado Norteamericano, pero no todo el mundo tiene esta fe encomiable en las autoridades norteamericanas. Una y otra vez se vincula a al-Qaeda a distintos atentados, pero no se nos dice ni que es al-Qaeda, ni se ofrecen pruebas de su participación en acto alguno. Al mismo tiempo, muchos son los musulmanes no pueden olvidar que esta organización fue creada por los EEUU, en su intento de avivar la insurrección islámica contra la ocupación soviética de Afganistán. Sin esa ayuda decisiva, es muy posible que jamás hubiésemos oído hablar de “terrorismo islámico”, un monstruo del sistema.

Esto tiene que ver con el 11M, en la medida en que tiene que ver con el terrorismo que asola al planeta en los últimos años. En este sentido, la exigencia de la verdad expresada tras el 11M por los españoles es la única que puede garantizar que esto no suceda en España, que la sospecha hacia las instituciones del estado no se consolide en muchos sectores de la sociedad. Si no se celebra un juicio justo, con todas las garantías de la ley, es muy probable que la mayoría de los musulmanes en España piensen que “hay gato encerrado”, como en el caso del Reichstag, como el 11S.

En definitiva. Si se quiere acabar con el integrismo, no hay otro camino que el acabar con el neocolonialismo que los EEUU y sus aliados han emprendido, ayudar a la consolidación del Estado palestino y desarrollar la libertad religiosa en Europa, con políticas de integración eficaces que logren que los musulmanes dejemos de sentirnos ciudadanos de segunda clase.

En una frase: la Europa abierta y generosa de los pueblos frente al terrorismo y al militarismo norteamericano.

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