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¿Yihad en Madrid? (Respuesta a Antonio Elorza) (1)

08/04/2004 - Fuente: Webislam
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Antonio Elorza
Antonio Elorza

Ante la gravedad de las acusaciones vertidas hacia el Islam en su conjunto por Antonio Elorza en las páginas de El País (Yihad en Madrid, edición del 18 de marzo), no tenemos más remedio que realizar las siguientes puntualizaciones.

En principio, consideramos que una discusión sobre el Corán está fuera de lugar en un diario. También entendemos como lícito el afán de comprensión que muestran los analistas, de escrutar las motivaciones y argumentos de los presuntos terroristas. Sin embargo, resulta aventurado citar en este contexto unos versículos coránicos que han sido objeto de miles de exégesis, y que forman parte del patrimonio de la humanidad.

En concreto, el Sr. Elorza ha citado algunos de los versículos donde se autoriza a los musulmanes a combatir, como una muestra del carácter violento del Islam. La mayoría de los musulmanes conocen estas aleyas desde jóvenes, y conocen su contexto y las limitaciones que el propio Corán impone. Sin entrar en detalles (aunque los detalles son de gran riqueza), señalamos lo siguiente:

Literalmente, en los primeros años de su predicación, Muhámmad (s) realizó el ideal cristiano de poner la otra mejilla. Las descripciones de tortura y persecución sufridas por los musulmanes en Meca son desgarradoras. Cuando le pedían permiso para defenderse, Muhámmad contestaba: “No se me ha ordenado combatir”.

El Corán es explícito al respecto: responde a una mala acción con una buena y aquel que era tu enemigo será tu amigo (ver Corán 13/22 y 23/96). De ahí las exhortaciones a ser pacientes en la adversidad: Dios está siempre con los perseguidos.

Este periodo abarca la mayor parte de la vida de Muhámmad, e incluye un intento de asesinato contra él. Solo tras la emigración a Medina, y cuando la comunidad en su conjunto se ve amenazada, se produce la revelación de los versículos donde se autoriza a los musulmanes a combatir. El texto no tiene desperdicio para aquellos que piensan que el Islam es una religión fanática que no admite la libertad de cultos:

“Les está permitido combatir a aquellos que son víctimas de una agresión injusta —y, ciertamente, Dios tiene poder para auxiliarles. Aquellos que han sido expulsados de sus hogares, contra todo derecho, sólo por haber dicho: “¡Nuestro Sustentador es Dios!”. Pues, si Dios no hubiera permitido que la gente se defendiera a sí misma unos contra otros, los monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas —en los cuales se menciona el nombre de Dios en abundancia— habrían sido destruidos”.

(Corán 22/39-40)

Esta revelación permitió a los musulmanes defenderse ante las agresiones, pero sólo en el caso de ser previamente atacados. Esta es la base del concepto del “yihad menor” (el “yihad mayor” es el esfuerzo espiritual por la superación). Los argumentos para justificar el derecho a la defensa son muy modernos: lucha contra la tiranía y defensa de la libertad religiosa. Los musulmanes, tal y como afirman tanto el Corán como los hadices como todas las escuelas jurídicas del Islam, sólo pueden combatir en caso de legítima defensa.

“¿Y cómo podéis negaros a combatir por la causa de Dios y la de aquellos hombres, mujeres y niños oprimidos que imploran: “¡Sustentador nuestro! ¡Sácanos de esta tierra de gente opresora! ¡Danos, de Tu gracia, un protector! ¡Danos, de Tu gracia, un auxiliador!”

(Corán 4/75)

Aunque también en esto hay límites:

“Si os piden auxilio contra la persecución religiosa, debéis auxiliarles —salvo en contra de una gente con la que os una un pacto”.

(Corán 8/72)

Los musulmanes, tal y como afirman tanto el Corán como los hadices como todas las escuelas jurídicas del Islam clásico, sólo pueden combatir en caso de legítima defensa, y sólo hasta que los enemigos abandonen las hostilidades. Esto es lo que afirma el pasaje citado por Elorza, aunque nuestro catedrático se ha dejado la primera parte y las aleyas siguientes:

“Y combatid por la causa de Dios a aquellos que os combatan, pero no cometáis agresión, pues ciertamente Dios no ama a los agresores. Matadles dondequiera que los encontréis y expulsadles de donde os hayan expulsado —pues la opresión es aún peor que matar”.

(Corán 2/190-191)

La exclamación “matadles”, tan del agrado de los algunos arabistas, sólo se aplica a situaciones de guerra abierta, y sólo hasta que los enemigos abandonen las hostilidades:

“Por tanto, combatidles hasta que cese la opresión y la adoración esté consagrada por entero a Dios; pero si cesan, deben acabar todas las hostilidades”.

(Corán 2/193)

Lo mismo puede decirse de Corán 47/ 1-4. Simplemente, hay que leer el versículo anterior y el posterior al citado por Elorza.

“Por tanto, combatidles hasta que cese la opresión y la adoración esté consagrada por entero a Dios; pero si cesan, deben acabar todas las hostilidades”.

(Corán 2/193)

Esto es lo que afirma el pasaje citado por Elorza, aunque nuestro catedrático se ha dejado la primera parte y las aleyas siguientes, con lo cual el sentido original se pierde.

En todo el Corán no existe ni una sola aleya que hable del yihad para convertir (2) a los infieles. Por lo demás, el término infieles es una traducción más que dudosa del árabe kufar, que ha dado palabras como el maltés kiefer (cruel) o el francés cafard (traidor, hipócrita). En castellano tenemos la palabra cafre: alguien zafio, bárbaro y cruel. Ninguna de estas palabras tiene connotaciones religiosas (3). De hecho, hay cafres en todas partes, y cuando se unen y atacan, la única opción es combatirlos. Esto se parece bastante a la idea de la “guerra justa” de la Iglesia, pero muy poco a la “guerra preventiva” de Bush.

Por otra parte, existen una serie de límites y condiciones impuestos por la tradición en el ejercicio del “yihad menor”. Por ejemplo, desde el punto de vista de la Sharia, está totalmente prohibido matar no combatientes, incluidos criados, niños, mujeres, ancianos, monjes, ermitaños, comerciantes, locos, ciegos o impedidos. Esta prohibido torturar enemigos o mutilar sus cuerpos. Además, están prohibidas acciones como las de talar árboles frutales, destruir edificios, dispersar abejas...

En el momento en que algún grupo musulmán pretenda utilizar el concepto del yihad para atacar civiles, está manipulando las palabras y engañando a sus correligionarios. Los terroristas no son musulmanes, y aún menos ortodoxos. En ninguna escuela jurídica de la historia del Islam acciones de este tipo han estado permitidas.

Por ejemplo, el uso del fuego está prohibido, y las máquinas de guerra que causan muertes indiscriminadas (como catapultas) solo se permitían en casos muy estrictos, como el asalto a una fortaleza en la cual se tiene la certeza de que solo hay combatientes.

Un atentado como el del 11-M está tan lejos de los valores del Islam como pueda estarlo del budismo. Cualquier otra consideración esta fuera de lugar.

Mucho más grave, por falsa y difamatoria, es la pretensión de que el profeta Muhámmad (s) hubiese cometido “crímenes contra la humanidad”. En concreto, Antonio Elorza se refiere al pretendido “exterminio de los Banu Quraiza”. Sencillamente, esto es una infamia.

Los historiadores que han contribuido a sembrar este mito lo describen de la siguiente manera: tres tribus judías que vivían en Medina, traicionaron el pacto que habían firmado con los musulmanes. Tras producirse un enfrentamiento, dichas tribus se rindieron. Dos de ellas, Banu Qainuqa y Banu Nadir, tuvieron que exiliarse de Medina. Otra tribu, la de los Banu Quraiza, fue más allá y se alió con los idólatras de Meca y sus aliados en su campaña contra los musulmanes. Al final fue derrotada y debido a que había traicionado el pacto y alzado en armas, sus miembros fueron juzgados y dejados al arbitrio de un antiguo aliado suyo, Sad B. Muabh, quien condenó a muerte a los hombres de la tribu. Vernet puntualiza: “Sad B. Muabh no hizo otra cosa que aplicar la ley hebrea del herem”. Según esto, habrían sido exterminados.

Sin embargo, incluso esta versión (en la cual Muhámmad no está directamente implicado) ha sido ampliamente refutada. Ya en 1976, el Journal of the Royal Asiatic Society de Gran Bretaña e Irlanda (págs. 100-107) publicó un artículo donde refutaba esta tesis por proceder de fuentes historiográficas más que discutibles. Los historiadores que recogen esta versión la han tomado de Ibn Ishaq, un hombre que vivió 145 años después de los sucesos y fue denunciado como “mentiroso” e “impostor” por el jurista Malik ibn Anas, su contemporáneo, y fundador de la de Derecho Islámico mayoritaria en al-Andalus. Hay que recordar que los juristas, que recopilaban los dichos del Profeta, obraban con una gran meticulosidad analizando las cadenas de relatores, cosa que Ibn Ishaq no hizo. Su versión de los hechos procede de relatos de algunos descendientes de la tribu Banu Quraiza, lo cual no ofrece ninguna garantía de autenticidad.

En cambio, existen argumentos que permiten dudar de la realidad de esta historia:

1) Una matanza indiscriminada es contraria al principio que establece el Corán de que nadie debe soportar la culpa de otro (35/18), además de ser contraria al tratamiento de los prisioneros de guerra que establece la Sharia.

2) En su libro Yamharat, Ibn Hazm menciona la existencia de judíos en Medina en el tiempo en que el Profeta preparaba su marcha hacia Jaibar, mucho tiempo después de que en teoría los judíos hubieran sido “aniquilados”. Otro historiador, Al Waqadi, señala que ellos intentaron impedir la partida de cualquier musulmán que les debiera dinero.

3) Es improbable que los Banu Quraiza fueran condenados a muerte, cuando otros grupos judíos que combatieron contra los musulmanes y que se rindieron antes y después de ellos fueron tratados con benevolencia y pudieran irse de los lugares donde habían sido capturados.

4) En toda su vida, Muhámmad (s) no aplicó ninguna represalia, ni individual ni colectiva. Cuando entró triunfal en Meca, perdonó a todos los que le habían combatido, incluso en casos de los cuales se conocía su ensañamiento con los musulmanes.

5) Abu Ubaid bin Sallam relata en su Kitab ul-Amwal que cuando Jaibar se rindió a los musulmanes existía una familia de judíos que se había distinguido en su particular odio hacia el Profeta (s). Sin embargo, éste les dijo: “Hijos de Abu al Huqaiq. He sabido de vuestra hostilidad hacia Dios y Su Mensajero, pero eso no me impide trataros como traté a vuestros hermanos”. Esto tuvo lugar bastante después de la rendición de los Banu Quraiza.

6) No existe ni una fuente anterior a Ibn Ishaq que avale esta historia, y eso es definitivo en el contexto de la tradición islámica, donde se conocen múltiples detalles de todo lo que sucedió en la época de Medina. Si la matanza se hubiera producido, los relatos de los compañeros del profeta lo contemplarían, pero esto no es así.

Quiero recordar además que si los miembros de los Banu Quraiza hubieran sido juzgados hoy en muchos estados, incluyendo EEUU, donde el Código Penal Militar recoge la pena de muerte por traición o incluso espionaje, probablemente hubieran sufrido una pena similar a la que, según Ibn Ishaq, les fue impuesta en Medina (4).

Volviendo al 11-M, sugerimos a Antonio Elorza que espere a la finalización del caso, cuando se den por terminadas las investigaciones y se celebre el correspondiente juicio. Mientras tanto, especular sobre lo que dice el Corán de una manera tan sesgada no puede contribuir mucho a aclarar las cosas, y aún menos lanzar semejante calumnia contra el profeta Muhámmad. Esto solo sirve para sembrar la confusión y el odio entre los lectores poco informados, lo cual no es muy cívico en estas circunstancias.

Tras los salvajes atentados del 11 M, cuando los musulmanes sentimos como un deber cívico colaborar en la lucha contra el terrorismo, declaraciones como estas no pueden sino dificultar las cosas. ¿Cómo se pretende recabar nuestra colaboración en una lucha que constantemente se confunde con el discurso de la islamofóbia? Mientras no cesen estas confusiones y se siga hablando de “terrorismo islámico”, no lograremos aislar a los verdaderos terroristas.

Creo que es el momento de reflexionar y de que nos demos cuanta del absurdo de seguir propagando calumnias de este tipo. Un catedrático de la talla de Antonio Elorza saca una aleya coránica de contexto y escribe que el profeta del Islam cometió “crímenes contra la humanidad”, y a nadie le sorprende. No podemos sino “rasgarnos las vestiduras”, una vez más denigrados en nuestras convicciones, como si el insulto hacia los musulmanes fuese una costumbre. Si palabras semejantes fuesen escritas sobre Buda o sobre Jesucristo, que la paz sea con ellos, no serían publicadas.

A Antonio Elorza no le disculpa su ignorancia. El hecho de citar una aleya coránica mutilando su primera parte para tergiversar su sentido y afirmar que el Islam es esencialmente violento, y que los terroristas son “ortodoxos”, solo puede ser considerada como un fraude intelectual destinado a propagar la islamofóbia.

Sobre la comparación entre el yihad y la Inquisición, recordar que los judíos expulsados de la España inquisitorial de los Reyes Católicos en 1492 se refugiaron mayoritariamente en tierras del Islam. Allí gozaron de la debida protección, tanto de sus vidas como de sus derechos: derecho a mantener su religión, sus lenguas, sus tradiciones, su propio sistema educativo y sus propios tribunales de justicia. Mucho más de lo que nosotros ofrecemos a los inmigrantes.

Sugerir un Islam sin yihad es tan absurdo como sugerir un budismo sin meditación, una democracia sin elecciones o un cristianismo sin sacrificio. La noción del yihad no se aplica únicamente a la guerra defensiva. Existe también un yihad del conocimiento, el cual nos es muy necesario. La palabra árabe yihad significa esfuerzo, y difícilmente puede ser desterrada de los diccionarios. Sugiero a nuestro catedrático que, antes de realizar sugerencias tan peregrinas, traduzca las palabras: ¿cómo podríamos pensar un sometimiento a la Realidad (Islam) sin el consiguiente esfuerzo por superarnos (yihad)?

Hemos tratado de responder al sr. Elorza en la medida de lo correcto:

“Por tanto, si tenéis que responder a un ataque, responded sólo en la medida del ataque lanzado contra vosotros; pero si lo sobrelleváis con paciencia es en verdad mejor para vosotros, pues Dios está con los que son pacientes en la adversidad —y no te aflijas por ellos, ni te angusties por los falsos argumentos que inventan”.

(Corán 16/126)
Notas:
(1) Una versión abreviada de este artículo apareció en El País el día 7 de abril. Dado el interés que ha despertado, publicamos ahora la versión completa.
(2) En el artículo publicado en El País, y por error nuestro, se decía: “combatir” en vez de “convertir”. Esto es un error. Como estamos viendo, si que hay aleyas en que se hable de combatir a los cafres.
(3) La palabra kafir merecería un comentario extenso. Decir que viene de la raíz KFR, de donde el verbo kafara: enterrar, cubrir. André Chouraqui la traduce como “les efraceurs”, algo así como “los borradores”. En ningún caso es un concepto negativo, que haga referencia a la falta de “fe” (infiel).
(4) Las referencias al episodio de los Banu Quraiza están tomadas de Yusuf Fernández, Carta a un amigo cristiano (en Webislam).
* Mansur Escudero es Presidente de Junta Islámica y Secretario General de la Comisión Islámica de España. Abdennur Prado es Secretario de Organización de Junta Islámica y Director de Webislam.
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