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Malos negocios en Irak: Los métodos coloniales y la simulación

14/01/2004 - Autor: Antonio Maira - Fuente: Cádiz Rebelde
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Malos negocios en Irak
Malos negocios en Irak

Los "negocios", mal

El negocio va francamente mal y las perspectivas son extremadamente inciertas, desde lo malo a lo catastrófico.

Irak es el enorme campo de batalla de un conflicto armado de "baja intensidad" -que por una vez no conducen los EEUU-, con más de una treintena de ataques diarios a las fuerzas de ocupación y con la explotación petrolera saboteada por una resistencia en guerra no sólo contra EEUU y el RU sino contra todos los que colaboran en el saqueo económico o en los planes coloniales de Washington. En ese "todos" se incluyen las instituciones internacionales que han servido de escenario para preparar, justificar, negociar y facilitar la guerra de Iraq, las que participan en un proceso de legitimación de la ocupación y de los planes de "democratización" de los EEUU, y también aquellas otras que pueden reforzar la imagen publicitaria que convierte una violentísima ocupación militar y una planificación del despojo en una tarea humanitaria. En ese "todos" están incluidos naturalmente los colaboradores iraquíes –especialmente los miembros y altos funcionarios del gobierno títere y de su policía-, los funcionarios de la multinacionales contratistas de la "reconstrucción" y los de las empresas de seguridad que protegen a los ladrones y refuerzan el aparato militar de ocupación

La intensidad de esa guerra que frustra los grandes negocios es evidente no sólo cuando se contabilizan minuciosamente los muertos imperiales, y por decenas y a grosso modo los iraquíes, sino también cuando se observan las continuas y gigantescas operaciones de rastreo, limpieza y castigo, del ejército de los Estados Unidos y el número de detenidos iraquíes. La certeza sobre el infierno se acentúa cuando se advierte que tales operaciones no disminuyen los ataques guerrilleros, o cuando se analiza el significado de la vacilación y los cambios continuos en los planes de la administración colonial –la Autoridad Provisional de la Coalición-. Claro que su jefe, Paul Brener, tiene la mejor de las respuestas para la peor de las situaciones. Él dice con frecuencia –reproduciendo textualmente las palabras de su presidente e imitando la celebérrima estupidez con la que Bush gana popularidad y elecciones en los EEUU- que el incremento de la actividad militar de la resistencia demuestra que los EEUU van por el buen camino.

La explotación y el saqueo de Irak no puede realizarse en un campo de batallas imprevisibles que se va extendiendo a todo el territorio. Pese al gigantesco despliegue de fuerza, se están frustrando rápidamente las enormes perspectivas iniciales de beneficios derivadas de la apropiación del petróleo, de la posibilidad de organizar en un "territorio sin Estado" y arrasado un "mercado perfecto" para las multinacionales, y de la disponibilidad de una inmensa masa de mano de obra desocupada. Los planes de cambio de sistema y de estructura económica y de propiedad, facilitados por una destrucción sistemática que abrió el camino hacia una privatización salvaje en un escenario de derrota iraquí y de "cero estado", realizados con la complicidad de una administración dependiente, han tenido que ceder prioridades al esfuerzo de una guerra que empieza a parecer interminable.

Los donantes inseguros y la deuda odiosa

Pocas semanas después de su finalización, la Conferencia de Donantes ha quedado reducida a una maniobra política para oxigenar y completar la apariencia de internacionalización del conflicto de la resolución 1.511. También ha servido para que los aliados incondicionales refrendaran anticipadamente el programa de "devolución de la soberanía" que todavía no había sido detallado, y para que todos los donantes codiciosos realizasen una unánime petición de seguridad que haga posibles los grandes negocios.

Las concesiones de contratos siguen repartidas entre las grandes empresas representadas en la administración por el vicepresidente Cheney, la consejera de Seguridad Nacional Rice, o el secretario de estado con Reagan, George Schultz. Kellogg, Brown and Root (Halliburton) con 2 mil trescientos millones de dólares en el sector petrolero, y Bechtel Group en el de los servicios y grandes infraestructuras de transporte y comunicaciones con mil millones, se han llevado la palma, pero en la práctica la "reconstrucción" está casi paralizada por la guerra.

Los préstamos onerosos –que, aunque tendrían que ser catalogados con un término mucho más duro que el de deuda odiosa, han tomado el nombre de ayuda humanitaria-, máxima expresión de generosidad de los donantes de Madrid, esperan también mejores condiciones para los negocios, un futuro más seguro para los pagos de intereses y amortizaciones, y desde luego, la existencia de un gobierno, tan títere como el actual Consejo de Gobierno semifantasma de 25 miembros importados por los Estados Unidos, que no engaña a nadie, pero que sea capaz de formalizar como soberana una situación de total dependencia política y económica. En esos ajetreos de localizar siervos que no lo parezcan demasiado y de comprar voluntades de sólida apariencia debe estar la USAID en estos momentos(2).

La codicia, virtud humanitaria

La apertura de una subasta para asignar 26 grandes contratos por valor global de 18.600 millones de dólares para la "reconstrucción" de Iraq a las empresas de 63 países, de los que se han excluido Francia, Alemania, Rusia, Chile, Méjico y todos aquellos que de una forma o de otra se opusieron a la invasión de Iraq, o simplemente no colaboraron con entusiasmo en el gran fraude de la legitimación de la guerra, ha puesto de manifiesto la capacidad y disponibilidad para el chantaje de los EEUU, y sobre todo los motivos de la guerra y la estrecha relación entre represión y explotación que la caracteriza. Quien quiera participar de los negocios asegurados por el petróleo, bajo el hermoso eufemismo de la "reconstrucción" o de la "ayuda humanitaria", tiene que enviar soldados para garantizar la autoridad de la coalición y la derrota de la resistencia.

"Es necesario, para la protección de los intereses esenciales de la seguridad de los EEUU, limitar la competición de los contratos principales a empresas de EEUU, Irak, aliados de la Coalición y países que aportan soldados", ha argumentado el inefable Paul Wolfowith. Tal limitación genera –siempre según este teórico del Imperio- "estímulos para continuar la cooperación" y tiene por finalidad "incrementar la cooperación internacional". El chantaje, si puede denominarse así al reparto del botín siguiendo las reglas universales de los salteadores de caminos, bancos o países, es evidente. Y también la falta de escrúpulos de los antiguos paladines de la no intervención armada que consideran la exclusión del saqueo como un ultraje.

La decisión es clara y enormemente coherente con la actitud fundamental de los EEUU. Clara porque integra las dos facetas del proceso de conquista y ocupación de Iraq: la violencia y el saqueo. Coherente porque reserva el lucro a quienes hicieron el "esfuerzo de guerra" y están dispuestos a participar en la enorme represión que requiere la consolidación de la ocupación y la explotación ilimitada del país.

La decisión de favorecer con la posibilidad de acceder a contratos –los más rentables serán concedidos sin duda a las empresas de los EEUU- a los aliados en la guerra de agresión y en la ocupación ilegal de Iraq, y a quienes se incorporen a ella, ofrece una prueba terminante de que la codicia, y no la búsqueda de ninguna seguridad o la eliminación de amenazas, fue e impulso básico para la guerra. También demuestra la enorme debilidad de una "opinión pública" independiente, incapaz de organizar una resistencia internacional efectiva contra la ocupación pese al desenmascaramiento total de los fines de la guerra que se ha producido en los últimos meses. O, visto desde otro ángulo, las enormes posibilidades que tiene el poder para definir una "opinión pública" servil con ayuda de sus grandes medios de comunicación.

También demuestra la enorme debilidad y el cinismo de las posiciones intermedias –de políticos e intelectuales- quienes lavan la conciencia con la demanda de incrementar la participación de la ONU –en realidad, colaboración y legitimación de intervención- pero protestan airadas por el "monopolio" del negocio.

La guerra, peor. Si los negocios van mal, la guerra va peor.

Tan mal que aún a sabiendas que alimentan la cólera hasta el infinito, los EEUU han reiniciado de nuevo la guerra total con cañoneos y bombardeos aéreos masivos a las ciudades y a los barrios en los que es más intenso el odio a los invasores, y en los que suponen se agrupa y enmascara la resistencia. La situación de la guerra es tan endiabladamente mala que la supuesta estrategia de "separar a los combatientes de la población no hostil" se ha convertido en un gigantesco castigo indiscriminado que convierte a todos los civiles en combatientes potenciales y disponibles.

El terror ha pasado a ser el principal arma del ejército de ocupación. La represión y el castigo de la población civil demuestra que se ha marginado todo afán de convencer. Los norteamericanos –estúpidos hombres blancos de Michael Moore- demuestran su necesidad del empleo sistemático de los castigos colectivos –asesinatos indiscriminados y masivos, destrucción de la pequeña infraestructura vital de las familias, demolición de viviendas en zonas en las que la resistencia se hace presente, bloqueo de ciudades, daños colaterales-, como único método disponible para perseverar en los designios irrenunciables a los que se refiere constantemente el presidente Bush. Los "libertos iraquíes" que iban a aclamar a los invasores son ahora bombardeados y cañoneados.

Con decenas de miles de muertos, desaparecidos y detenidos en campos de concentración, la libertad y la democracia de Bush apestan a sangre y a cadenas. Incapaz de aislar y localizar a los combatientes en una guerra sin frentes, o con un frente que se extiende a todos los rincones del país, los EEUU han iniciado una represión generalizada en la que están dispuestos a masificar el sufrimiento. Iraq -piensan ahora los estrategas de los EEUU- será ganado por el terror. Lo expresaba bien un comandante de batallón al que citaba hace unos días Robert Fisk: "con una buena dosis de miedo y violencia, y mucho dinero para proyectos, creo que podemos convencer a esta gente de que estamos aquí para ayudarles," (3).

La democracia simulada. Una transición circular

Bush y Blair están iniciando otra maniobra de engaño masivo. Diseñan la "transición iraquí" como un proceso cuyo momento culminante será la constitución de un "gobierno provisional" y la declaración solemne de que la ocupación ha finalizado. Un gobierno provisional con presencia de un gigantesco contingente militar norteamericano, exactamente lo mismo que tiene Iraq ahora.

Además de girar sobre sí misma la "democracia globalizada" de Irak se va a ajustar minuciosamente al calendario electoral de los Estados Unidos. La soberanía en la era de la globalización tiene esas pequeñas servidumbres.

La "hoja de ruta" para la devolución de la soberanía a Iraq concluye con un mandamiento supremo que condicionará todo el proceso "democrático" anterior y sus momentos escalonados: "el nuevo gobierno –ha afirmado el virrey colonial Paul Bremer- llegará a un acuerdo para legalizar la presencia militar extranjera". En un país sublevado contra la ocupación todas las piezas de la transición se ajustarán a este final predeterminado.

"Las tropas de la coalición continuarán en Iraq" es, realmente, el principio constitucional de la democracia a la norteamericana. Todo lo demás carece de significación, no importa pues la enorme ambigüedad del calendario que el presidente de turno del Consejo de Gobierno, en sus funciones naturales de portavoz iraquí de la Autoridad Provisional de la Coalición, Yalal Talabani, entregó al Consejo de Seguridad de la ONU en cumplimiento de la resolución 1.511.

Antes del mes de febrero de 2004 la autoridad de ocupación, por medio de sus "portavoces" iraquíes -los miembros del Consejo de Gobierno-, aprobará una Ley Fundamental para regular el período de transición. Esa ley "consagrará" las libertades de expresión y culto. El límite de la primera viene dado por la aceptación de la ocupación y de su institución fundamental: la Autoridad Provisional de la Coalición, y por el silenciamiento de la información sobre la resistencia que no sea autorizada o que disguste a los EEUU. Esos límites han sido señalados expresamente por el propio secretario de Defensa Donald Rumsfeld cuando provocó el cierre inmediato de Al Arabiya al declarar que esa cadena y Al Jazira eran "medios declaradamente hostiles a los intereses estadounidenses". Tres días más tarde –el 24 de noviembre- la policía iraquí cerraba las instalaciones de Al Arabiya por orden del presidente de turno del consejo de gobierno, Jalal Talabani, quien manifestaba que las informaciones de la emisora no podían considerarse como "elementos de la libertad de prensa" sino como "herramientas para incitar al terrorismo".

En mayo de 2004 se constituirá –nadie sabe como- un "cuerpo legislativo provisional". Este cuerpo que el proyecto define como "representativo de todos los segmentos de la población iraquí" será elegido bajo control absoluto de la actual Autoridad Provisional de la Coalición, única fuente de poder en Iraq en estos momentos. Esta asamblea de siervos fieles de los EEUU nombrará un "gobierno provisional" antes de junio de 2004 que disolverá al "gobierno actual" y pondrá "fin oficial a la ocupación" por el asombroso procedimiento de "legalizar" la presencia y la libre actuación de un enorme contingente militar de 130.000 hombres.

En marzo de 2005 se formará una asamblea constituyente. Antes de fin de año la constitución será sometida a referéndum y se "elegirá" al primer gobierno "democrático". Los procedimientos para la elección o designación de esa asamblea constituyente son desconocidos. También lo son las normas de sufragio para el referéndum y para la elección del gobierno. En definitiva todo el proceso cuyo final definen los medios de comunicación –ellos sabrán porqué- diciendo que "debe culminar el junio próximo con la devolución de la soberanía y el fin de la ocupación", prolonga la situación actual más allá de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El próximo verano un gobierno carente de legitimidad democrática alguna "legalizará la presencia militar extranjera" y declarará simultáneamente, con la solemnidad que le permita la resistencia, el "fin de la ocupación"

Nada tiene de extraño que ante semejante "proyecto de transición" ni siquiera el ya muy dócil Consejo de Seguridad haya respondido a la demanda cuya formulación Washington ha transferido al presidente de turno del Consejo de Gobierno iraquí: la promulgación de una nueva resolución que considere la democracia establecida y la soberanía restaurada con ese dictak de los EEUU.

Dos imágenes que no dejan huella

En una guerra en la que al parecer todo puede camuflarse tras cualquier absurdo: "Japón enviará a Iraq 600 militares de la Fuerzas de "Autodefensa" en "misión humanitaria", la propaganda es sin duda uno de los principales instrumentos.

La primera imagen es la de un Bush sonriente manejando un doradito y brillante pavo de utilería Esta vez se presentó el presidente en plan campechano para evocar hogares, regresos inmediatos y agradecimientos nacionales. Llegó de noche, en absoluto secreto y con las luces apagadas, ofreciendo temblores de miedo a su reelección presidencial. Habló, como siempre, de la guerra contra el terrorismo que 130.000 soldados de los EEUU llevan a cabo en tierra ajena; aduló a los escasos 600 soldados que le sirvieron de extras en una escena de paz y de acción de gracias, mientras estaba protegido por un operativo de seguridad que probablemente incluía a casi todos los demás, y se marchó rápidamente de nuevo entre las sombras. Sólo sonrió relajado, calculando los puntos de incremento en los niveles de popularidad, después de salir del territorio iraquí.

El falso alarde le va a servir de poco al mandatario nacido del fraude. El presidente de los EEUU ha tenido que viajar clandestinamente a Irak para convertir una realidad de auténtico fracaso en un show teatral para publicidad electoral y mejoría de un instante en la moral de las tropas. Bush había entrado y salido de Irak, protegido por el máximo secreto, cuando las imágenes de un presidente fraternal se ofrecieron al mundo.

La segunda imagen, la de un Sadam Hussein sólo, envejecido, sucio y semienterrado, probablemente drogado y confuso, ha querido venderse como la instantánea del éxito de la guerra. Pero la imagen –humillante para los árabes- se está desdibujando tras los continuos estallidos de una guerra que cada día combaten más iraquíes. Sadam no ha sido el principio ni el fin de nada en esta guerra petrolera que sólo le utilizó como excusa.

Los límites de la violencia

La ferocidad con la que actúan los Estados Unidos en sus guerras de conquista y de dominación colonial no tiene límites. Se ha puesto de manifiesto estos días en un escenario más lejano que Iraq, en Afganistán.

En el ataque contra un rebelde "radical islámico", al que se cañoneó y bombardeó desde el aire, murieron nueve niños. Unos días más tarde, este método -al que los militares estadounidenses deben referirse diciendo algo así cómo: "para matar a la oveja negra, bombardear a todo el rebaño"- volvió a repetirse con el resultado de otros cinco niños muertos. Lo más significativo de todo es que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Richard Myers, defendieron esos ataques masivos desde el aire sobre individuos concretos aunque se produzcan esos terribles "daños colaterales". Myers afirmó que la selección de los objetivos se hace con "exquisito cuidado". El secretario de Defensa justificó los "asesinatos selectivos" porque "estamos en guerra", y por la necesidad de eliminar a los combatientes que no se rinden, en operaciones en las que "hay riesgos sobre civiles" (1). El contexto horrible en el que se hacen estas declaraciones dice mucho sobre la humanidad específica del gobierno y el Pentágono en los EEUU. El contenido demuestra que, en el mejor de los casos los llamados "daños colaterales" no son, de ninguna manera, daños indeseados sino aceptados. Con frecuencia son acompañantes planificados en una estrategia de terror.

El futuro de Iraq

A estas alturas de la guerra ya están muy claras varias cosas. La primera es que ninguna diplomacia europea ni ninguna organización de las Naciones Unidas va a limitar o condicionar el proyecto colonial de los Estados Unidos. La exclusión de las empresas de Francia, Alemania y Rusia de los posibles contratos para la "reconstrucción", es un momento –el del castigo- en la aplicación de la política secuencial del "palo y la zanahoria" tan arraigada en la cultura de dominación de Washington. La zanahoria –esta vez virtual- se ha ofrecido a la ONU, es el famoso programa de transición "para la democratización y devolución de la soberanía". La hoja de ruta para Iraq se mantiene tan lejos de la democracia y de la soberanía como la inmensa y creciente mayoría del pueblo iraquí de la aceptación de la ocupación de su territorio.

La segunda es que sólo la resistencia armada puede hacer fracasar ese proyecto cuyos objetivos son la apropiación del petróleo, la remodelación total de la economía y la destrucción-privatización de empresas y servicios públicos iraquíes en beneficio de las multinacionales norteamericanas.

La tercera es que no hay ningún espacio político compartido entre un despojo como el que están realizando los países de la "Coalición" y la resistencia de las organizaciones patrióticas de Iraq, que permita ninguna negociación. El enfrentamiento entre los Estados Unidos y la resistencia iraquí no tiene mediación posible. Sólo la derrota de uno de los antagonistas conducirá a la finalización de una guerra que será tan larga o tan corta como el empeño latrocida de Washington. La resistencia iraquí, que se alimenta de la conciencia de un pueblo que ha experimentado la agresión, la ocupación, la humillación continua y el saqueo, podrá ser temporalmente reducida o semienterrada pero reaparecerá de nuevo.
 

Notas:
(1) La Jornada 10 de diciembre
(2) Sami Nair, en su magnífico artículo: "Bush ha perdido la guerra en Irak", nos dice que la USAID ha recibido del Pentágono "el contrato para proponer un gobierno y una administración".
(3) Robert Fisk: "Dosis de miedo y violencia para que iraquíes informen sobre la guerrilla". La Jornada 27 diciembre. El jefe militar norteamericano al que cita Fisk hablaba de una aldea que sus hombres habían rodeado con alambre de espino, sobre el que había un letrero que decía: "Esta valla está aquí para su protección. No se acerquen ni traten de cruzarla, o recibirán un disparo."
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