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Racismo, intolerancia y juventud

26/12/2003 - Autor: Desconocido - Fuente: Movimientocontralaintolerancia.com
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Xenofobia
Xenofobia

El fenómeno del resurgimiento del Racismo, la Xenofobia, el Antisemitismo y la Intolerancia en Europa muestra las importantes contradicciones políticas, económicas y sociales que están sucediendo en el viejo continente. La crisis económica internacional, la presión y los movimientos demográficos, las modificaciones radicales en los países del Este, el complicado y lento proceso de unidad Europea, el temor e inseguridad por el futuro ante el desempleo y la pobreza son entre otros, algunos elementos que las Instituciones Europeas han señalado sin duda alguna como factores que propician el renacer de esta lacra social en todos los países del viejo continente.

De igual manera la configuración de un ambiente cultural y psico-social en amplios sectores de la población que abarca desde el fanatismo intransigente de las ideas hasta la banalización de la violencia en la cultura del ocio, pasando por las manifestaciones de homofobia o nacionalismo exacerbado, posibilitan el desarrollo de brotes de intolerancia que alimentan un amplio conjunto de actitudes y manifestaciones que desprecian, niegan o invitan a violar la aplicación de los Derechos Humanos, dificultando de manera definitiva la posibilidad de una convivencia democrática.

Alarma europea

En la década de los 90, en paralelo a los grandes acontecimientos y transformaciones europeas y mundiales, se desarrollan noticias graves, incendios, asesinatos, crecimiento político y social de nuevos fascismos que tienen por motivos la diferencia étnica, religiosa, cultural, social o nacional, siendo un hecho constatable el avance en líneas generales de la intolerancia y el racismo.

Las Instituciones Comunitarias Europeas en 1984, aproximadamente diez años después del sangriento atentado de Bolonia que marcaría el renacimiento de la violencia ultra, comienzan a dedicar una gran atención al aumento del racismo y otras manifestaciones de intolerancia, así como a la aparición de grupos de extrema derecha y nacionalismos exacerbados.

El extraordinario y valioso informe del diputado griego democristiano, Dimitros Evrigenis, desvelaba el trasfondo ideológico, social y los objetivos de los grupos racistas y fascistas europeos, abriendo el camino a una toma de posición común en 1986, del conjunto de las instituciones europeas manifestada en la Declaración contra el Racismo y la Xenofobia realizada en ese año.

Unos años después, en 1989, el eurodiputado socialista británico, Glyn Ford, ponente de la Comisión sobre el Racismo y la Xenofobia, presentaba al Parlamento Europeo la evaluación del seguimiento por parte de los Estados, de sus compromisos contra la discriminación y la Intolerancia. El balance era preocupante, los textos aprobados anteriormente habían ido a parar a los armarios, los extranjeros procedentes de los terceros países no comunitarios se convertían en los excluidos de la Europa unida, explicaba el crecimiento de la intolerancia, asesinatos y hostilidad creciente hacia los gitanos, homosexuales, mendigos y extranjeros, así como los incendios a las sinagogas judías, profanaciones de tumbas y otras barbaridades que acompañaban a un crecimiento espectacular de la extrema derecha, especialmente entre los jóvenes, encontrando un auténtico vivero juvenil en el contexto de los hooligans o ultras de los campos de fútbol. El informe propone numerosas medidas de prevención, protección e integración de los grupos desfavorecidos, que en su mayoría son desoidas y que posteriormente en 1993, en un nuevo informe no aprobado, realizado por el eurodiputado italiano Picoli, se volverían a recordar, evaluando, alarmando y pidiendo programas urgentes en el ámbito escolar, en los medios de comunicación y nuevamente en el ámbito de la integración social de los colectivos desfavorecidos. El informe recoge una resolución sobre el ascenso del racismo, la proliferación de grupos y movimientos antisemitas e intolerantes, el avance de las insidiosas tesis revisionistas del Holocausto, los ataques a inmigrantes y refugiados y el grave peligro que corre la DEMOCRACIA, proponiendo la adopción de una directiva por el Consejo Europeo sobre una armonización legislativa sobre el tema.

En las pasadas elecciones europeas del mes de junio de 1994, cerca de diez millones de europeos votaron a partidos racistas, en algunas localidades como Amberes, superaron el 25% de los votos. En el mes de octubre del mismo año, en las elecciones municipales belgas en algunas ciudades alcanzaron el 30%, siendo el Vlams Block, un partido con especial predicamento en los jóvenes, quien recogió el voto racista y ultranacionalista. En Austria, en las elecciones generales celebradas el mismo da, otro extremista de derecha Jšrg Haider, lider del FPOE ultra, capitalizaba un 23% de los votos, proyectando para 1998 alcanzar la jefatura de gobierno y convertirse en el nuevo Furher austriaco.

Junto a estos datos escalofriantes, hay que añadir la presencia en el gobierno italiano de ministros fascistas, la consistencia en Francia de la corriente LEPEN, la proliferación de grupos neonazis en la nueva Alemania y en España la unificación de grupos de extrema derecha en un proyecto renovado con una joven dirección nacional encabezada por Ynestrillas. Están surgiendo nuevos líderes de extrema derecha, que conectan con bases juveniles, que apelan a miembros marginalizados de la sociedad, usando la recesión económica, para promover su propia rama de xenofobia nacionalista con algo de nacionalsocialismo.

El éxito de la extrema derecha en las elecciones europeas les ha proporcionado fondos públicos y plataformas públicas para exponer sus tesis. La sombra de una Europa lepenizada avanza a fuerte ritmo y el objetivo central de estos grupos ha sido la inmigración, a la que han culpabilizado de ser la causa básica del desempleo, del incremento de la inseguridad ciudadana y de la delincuencia.

El tema de la incruenta INVASION de EUROPA por los extranjeros, especialmente los magrebíes, ha sido crucial para la extrema derecha, para la difusión del racismo nacionalista, permitiéndole buscar fácilmente un enemigo, un chivo expiatorio que se amplia a los colectivos judíos, a los mendigos, homosexuales y personas de la tercera edad. Particularmente grave es la vinculación de los extranjeros africanos al discurso de los riesgos para la salud, sobre todo la acusación de propagación del SIDA y su responsabilización de la delincuencia y del tráfico de drogas.

En España, los grupos ultras con especial predicamento en sectores juveniles de clases medias y populares marginalizadas, además del discurso de la invasión de los extranjeros (la inmigración en nuestro país no supera el 1,5% de la población), utilizan el problema de la corrupción para mostrar la necesidad de acabar con la democracia y la defensa del nacionalismo españolista ante un alarmismo de ruptura de la unidad de España por los nacionalismos vasco y catalán. A estos grupos hay que añadir el crecimiento de las sectas esotéricas e incluso destructivas, algunas descaradamente neonazis, que los expertos llegan a calcular que en nuestro país cuentan con unos 800.000 adeptos especialmente de jóvenes y mujeres entre 30 y 40 años.

La difusión en el campo del ocio de películas, video-juegos, juegos de rol, por parte de editores de ideas y discursos neonazis y racistas, y la presencia notoria en la mayora de los campos de fútbol de estos grupos que en un ambiente de exaltación y anonimato, configuran el mapa estratégico del odio que encuentra en las actuales circunstancia internacionales un buen momento para su extensión.

Del racismo difuso al racismo militante

Comentaba el escritor portugués José Saramago que el racismo es una expresión configuradora e inseparable de la especia humana, con raíces tan antiguas como el da en que se produjo el primer encuentro entre una horda de homínidos pelirrojos y una horda de homínidos negros, añadiendo el escritor que todas las causas del racismo han sido ya identificadas, desde la proposición política de objetivos de apropiación territorial teniendo como pretexto alegadas "purezas étnicas" hasta la crisis económica y la presión demográfica, pasando por el recurso táctico de los potenciadores ideológicos, los cuales a su vez, en un segundo tiempo pueden llegar a transformarse en un móvil estratégico autosuficiente.

Efectivamente, el concepto de RAZA es muy antiguo en la cultura occidental, como referencia a las características externas observables de distintos colectivos humanos. Los "científicos" de la Alemania nacional-socialista llegaron a establecer escalas de proximidad y lejanía de lo humano, en función de determinadas características físicas externas y sociales. De acuerdo con los últimos avances científicos de la biología molecular y de la genética de poblaciones, no existe diferencia genética alguna entre los seres humanos de diferente aspecto físico externo, por lo que el concepto de RAZA no tiene sentido y debería ser suprimido del vocabulario cotidiano de los científicos, de los actores sociales y del público en general. Si que tiene sentido por el contrario, referirse a colectivos étnicos o ETNIAS, como expresión que tipifica la diversidad de aspectos externos, culturales o valores, una diversidad basada en diferencias accidentales, provocadas por la adaptación al clima, la alimentación, la forma de vida o por diferencias socio-históricas y no por diferencias genéticas estructurales.

El genetista Cavalli Sforza, responsable del proyecto GENOMA en Estados Unidos, el proyecto de investigación genética de mayor envergadura que ha existido hasta ahora, sentenciaba, igual que con anterioridad lo había realizado Albert Einstein: "SOLO HAY UNA RAZA: LA RAZA HUMANA". Claro.

Pero que no tenga sentido hablar de raza, no evita que el racismo exista y haya quien opine que solo existe racismo cuando una raza se considera superior, mientras otros manifiestan que el racismo puede aparecer tras la simple aceptación de la existencia de diferencias raciales.

La aplicación de la mentalidad clasificatoria a todo, la aceptación de la diversidad de razas, tiene un peligro y es preciso recordar que el APARTHEID no se basaba en la idea de ninguna superioridad, sino en la conveniencia etnocentrista de que los diversos viviesen por separado. Esta es también, la idea subyacente en el terrible eufemismo de la "limpieza étnica" que practican serbios y croatas en la criminal guerra de los Balcanes, cada raza, cada etnia en un territorio exclusivo.

La base argumental de ese rechazo al otro, al diferente, Fernando Savater lo denomina HETEROFOBIA, son los estereotipos y prejuicios que anidan en la matriz psicosocial de los pueblos y en la cultura prevalente de la sociedad sostenida desde la vida cotidiana, los medios de comunicación o el propio sistema educativo.

Los prejuicios que no son sino antipatías o rechazos basados en una generalización defectuosa e inflexible, sentida o expresada y que puede ser dirigida al grupo como un todo o a un individuo, como miembro de dicho grupo, implican predicción, juicio previo y entre los prejuicios xenófobos o racistas más extendidos están la superioridad cultural del mundo occidental (eurocentrismo), el temor a la perdida de la propia identidad, la vinculación de los inmigrantes al paro y la delincuencia o de los gitanos al robo y al tráfico de drogas.

La dinámica del prejuicio y de la discriminación racial puede seguir un proceso de avance o experimentar saltos cualitativos. Así de crear mala fama, hablando mal y formando una opinión pública desfavorable, se puede pasar a la distancia social, discriminación, privación de derechos y segregación; finalmente, al ataque físico, agresión, expulsión, linchamientos, matanzas y exterminio.

Los grupos de rechazo son en general los más desfavorecidos o los que pueden jugar el rol del enemigo imaginario. Así el prejuicio antigitano extendido es que "no quieren integrarse", "son camellos" o "son chorizos"; el prejuicio antiinmigrante de igual manera es que "quitan los puestos de trabajo", "son delincuentes y distribuyen la droga", "son sucios y traen enfermedades"; el prejuicio antisemita atribuye al colectivo judío ser "usureros", "mataron a Cristo", "dominan al mundo en la sombra"; el prejuicio homofóbico califica a los homosexuales de "enfermos" y finalmente, a los discapacitados y ancianos el prejuicio establece que son "una carga para la sociedad".

Los actos de racismo difuso son múltiples y en lo fundamental niegan un derecho, un bien o un servicio a alguien por razón de religión, origen o cultura. Así despedir o negarse a contratar a una persona por esos motivos, aunque no se expliciten, es un acto racista, negar el acceso a un medio de transporte, la asignación o alquiler de una vivienda, negar el acceso a la escuela, a un local, o simplemente la entrada a una discoteca ..., son expresiones de discriminación racial, a las que hay que añadir las múltiples referencias en discurso y expresiones de los políticos, o actuaciones de instituciones públicas, funcionarios o agentes de seguridad, donde los prejuicios adquiridos les lleva a cometer actos de discriminación racial.

En España los sucesos de AITANA o MANCHA REAL contra los gitanos, negándoles la escuela a los niños, con manifestaciones de padres energúmenos gritándoles asesinos, las segregaciones de los gitanos en vertederos y poblados hacinados como en los FOCOS, la CELSA o últimamente en la CAÑADA REAL, avergüenzan a un país que presume de construir un Estado del bienestar; los poblados hacinados de inmigrantes en el MARESME en Cataluña o en el BARRIO DEL PILAR de Madrid donde recientemente se incendiaron las chabolas (no se sabe si provocado) quedando destruido, ponen de manifiesto la insuficiente determinación de las autoridades públicas en resolver problemas básicos de dignidad con estos colectivos de personas.

El racismo difuso tiene múltiples expresiones y así lo demuestra sistemáticamente encuestas y estudios sobre el tema.. El CIRES en el año 93 confirmaba que entre un 5 y un 7% de personas en el país, se define abiertamente racista y xenófobo en España, el 31% de los españoles mayores de edad, explicaba, desear facilitar el regreso del inmigrante a su país de origen, y el 49% de los españoles mayores de edad son favorables a limitar la entrada de inmigrantes en nuestro país.. En la última encuesta del pasado mes de junio del 94, el CIS confirmaba algunos datos preocupantes, como que el 65% de la gente ven en el inmigrante una amenaza a su puesto de trabajo y que el 43% de los españoles opinan que la inmigración supone más inconvenientes que ventajas.

La vergüenza para los partidos políticos había saltado en el año 92, pues SIGMA-2 en una encuesta para el diario EL MUNDO, confirmaba la ascendente dimensión política del racismo, mostrando que uno de cada cinco de los encuestados estara dispuesto a votar a un partido racista, y lo que es menos grave, el 25% de la base electoral del PP, el 20% de la del PSOE y el 8% de la base electoral de Izquierda Unida., verían con buenos ojos que se incluyera la expulsión de los inmigrantes en los respectivos programas electorales.

No somos racistas, "los racistas son los otros" este es el título del espléndido estudio de Calvo Buezas, quien irónicamente enfatiza el problema. Efectivamente en su análisis de 1986 confirma que el 33% de los profesores y el 46% de los alumnos creen que la raza blanca es superior, y el 40% del colectivo escolar considera que no es recomendable mantener relaciones prolongadas o casarse con gente de otra raza o religión. Pero no somos racistas y en la escuela creen que el racismo está en Alemania con los nazis o en Estados Unidos con el KUKUX-KLAN. Calvo Buezas, en un nuevo estudio realizado en el año 93, denunciaría el aumento de la opinión racista, revelando que el 30% de los estudiantes de 14 a 19 años que configuraban la muestra, afirmaba que si de ellos dependiera, echarían a los gitanos de España, un 26% contestó de igual manera sobre los árabes-moros, un 14% a los negros africanos y un 12% con los judíos.

Del racismo difuso es f‡cil pasar al racismo criminal, de la protesta vecinal a la patrulla ciudadana, del grito exaltado al linchamiento, del prejuicio extendido a las expediciones de castigo contra los chivos expiatorios. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en toda Europa. Así el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, tiene registrados más de 9.000 actos violentos, muchos con producción de muerte, de tipo racista y xenófobo en Europa en los últimos 15 meses. La existencia de grupos neonazis como los "cabezas rapadas" concreta esta situación de violencia racista, su práctica como grupo es la violencia social y las expediciones contra inmigrantes, travestis, mendigos, gitanos, minusválidos y ahora también, hacia aquellos ancianos que consideran una carga social.. Alemania es una buena prueba de ello, mientras el eco electoral de una extrema derecha racista disminuye, la violencia neonazi arrecia ejercida por cientos de grupos neonazis y según datos del Departamento Federal de Extranjería entre 1988 y 1993, el azote de la violencia neonazi multiplicó por diez sus acciones. De los 1.607 ataques ultras de entonces, se ha pasado a 10.561, de los que .6.721 son reconocidos como xenófobos y junto a estas acciones violentas, un 45% de los ciudadanos que se califican como "pacíficos" reconocen su clara "antipatía por los extranjeros", según la fuente oficial citada. Mientras tanto transportes urbanos, albergues de peticionarios de asilo o mendigos sufren a diario los asaltos de brigadas de cabezas rapadas que en los últimos tiempos ampliaron su área social de hostigamiento criminal a los homosexuales y travestis, minusválidos y ancianos.

En España, al igual que en el resto de los países europeos, también crece la VIOLENCIA DIFUSA, concepto importante a entender, pues aun existiendo una unidad y coherencia orgánica internacional, el ejercicio de la violencia se realiza a libre albedrío, de forma dispersa y no centralizada, produciendo estragos la mayor parte de las veces no reivindicados y de difícil localización que en las víctimas y en la población en general crean una sensación de inseguridad, indefensión y pánico. Los atentados criminales con producción de muerte en nuestro país se concretan en un travesti en Barcelona, Sonia, en Madrid, con la inmigrante dominicana en Aravaca, Lucrecia, el joven magrebí Hassan y el 20-N del año 93, el joven Jesús Sánchez, en la Plaza 2 de Mayo mientras se fumaba un porro, o en Valencia, el joven antirracista Guillen, asesinado por un grupo skinhead. El servicio de información interior de la policía advirtió hace más de tres años del "riesgo a corto y medio plazo" que suponían jóvenes "ultras" congregados en varias formaciones que podrían verse involucrados en actos violentos, incluidos ataques directos a inmigrantes. Este clima cotidiano de violencia configura un ambiente de temor propicio para el desarrollo de grupos totalitarios cuya aspiración última es la desestabilización política y acabar con la democracia. Grupos de jóvenes violentos, skinheads que a través de las informaciones "espectaculares" vertidas en los medios, llegan a explicar que "con la violencia se convierten en personas y a través del miedo que producen en otros, confirman ellos su existencia"; recuperan ideas de la ultraderecha autóctona del fascismo español como las de un Onesimo Redondo, fundador de las JONS, que explicaba "la juventud debe ejercitarse en la lucha física, debe amar por sistema la violencia. La violencia nacional es justa, es necesaria, es conveniente. Es una de nuestras consignas permanentes, cultivar el espíritu de una moral de violencia de choque militar".

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