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Ibrahim - alaihi salam

20/12/2003 - Autor: Yaratullah Monturiol - Fuente: Webislam
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Yaratullah Monturiol
Yaratullah Monturiol

bismil-lâhi r-rahmâni rahîm

Para tratar el tema del profeta Ibrahim (alaihi salam) desde la versión islámica de la historia, es imprescindible acudir a las fuentes hebreas. Las diferencias que se descubren a raíz de la búsqueda del conocimiento, no han de considerarse motivo de confusión ni por ello hay que reprimir la voluntad de averiguar, investigar y discernir, pues no es cuestión de juzgar ni decidir qué hay de falso o verdadero en cada dato. Lo crucial es abrirse para que surga el desvelamiento; estar atento a lo que sucede en el interior de uno mismo y reflexionar sobre cómo influye y por qué, la profecía en la humanidad; captar los signos que ponen luz en las huellas del camino abrahámico, siempre prometedor para todos sus descendientes. Y aún siendo hoy tan incierto, el futuro de los hijos de Abraham, no sólo comparten un mismo padre, base de prosperidad y consolidación de sus respectivos pueblos, sino la promesa que Al-lâh hace, respecto a los frutos de este carismático profeta. De hecho, más que cualquiera de las respuestas que ofrece el estudio de los textos sagrados, lo que hace resurgir a Ibrahim y lo hace intemporal, es el planteamiento de una pregunta esencial: ¿Qué necesidad tenemos actualmente de recurrir a este antiguo profeta y que nos aporta?

Abram – Abraham

Durante los primeros capítulos de la Bíblia hebrea se habla de "Abram" (padre alto). A los 99 años, en el cap. 17 hace un pacto con Yahvé y se produce un cambio de nombre: se le llama "Abraham" (padre de la multitud). Y ese pacto es sellado con la circuncisión de los varones. Abraham practica este ritual sobre él y sus hijos y a partir de este momento se inicia la tradición (sunna) en sus descendientes. Y así se sigue practicando en general, tanto entre los judíos como entre los musulmanes.

Hanif

Según la definición coránica, hanif quiere decir: "Reconocer la unidad divina y sin asociarle nada. Quien le asocia algo, es como si cayera del cielo y las aves de rapiña se lo llevaran o el viento lo remontara hasta un lugar lejano". (22:31)

El saber de su tiempo era la astrología, así que para él era natural mirar al cielo. Este hecho de alzar la vista más allá de su mundo más aparntemente próximo, provoca que el ser humano se haga preguntas trascendentales que le conducen a ampliar su cosmovisión. Ibrahim, en su meditación y en su búsqueda de la verdad, la contemplación se preguntaba el origen de todo aquello. La observación de las estrellas, la luna y el sol, le llevaban sucesivamente, a descubrir los ciclos y las mutaciones celestes. Se podría decir (simbólicamente), que los astros constituían su camino interior, y sus estados iban, progresivamente, hacia la realización: de la estrella a la luna; de la luna al sol, de la luz más débil a la más intensa.

Y dimos a Abraham visión del dominio sobre los cielos y la tierra para que fuera de los que poseen certeza inerior. Cuando se hizo sobre él la oscuridad de la noche, vio una estrella y exclamó: "¡Este es mi Sustentador!" Pero cuando se ocultó dijo: "No amo lo que se desvanece: la uhibbu l- afilîn. Luego, cuando vio salir a la luna, dijo: "¡Este es mi Sustentador!" Pero cuando se ocultó, dijo: "Ciertamente, si mi Sustentador no me guía, seré sin duda de los que se extravían". Luego, cuando vio salir el sol, dijo: "¡Este es mi Sustentador! ¡Este es el más grande!" Pero cuando éste también se ocultó, exclamó: "¡Pueblo mío! Estoy lejos de lo que le asociáis. Dirijo mi rostro como hanif, ha Quien ha creado los cielos y la tierra, apartándome de toda falsedad, y no soy de los atribuyen algo junto a Al-lâh"

(6:76-79).

Inni waÿ-ÿahtu waÿ hia lil-ladzí fatara s-samawati wal ‘arda hanif^wa mâ ana – minal mushrikín

En su época, los asirios y los babilonios eran expertos en astrología. Unos magos predijeron el nacimiento de un varón que traería una nueva visión espiritual. El rey decidió que se ejecutara a todos los varones nacidos ese año. El padre de Abram, visir del rey, al conocer la noticia, alejó a su mujer de la ciudad, que dio a luz en una cueva1.

Desidolatrizar

A través de la experiencia de Ibrahim, todos los seres humanos que busquen respuestas, podrán caminar, de estado en estado (maqâm), hasta la desaparición de las ilusiones para una "purga-desintoxicación" interior. En el pensamiento actual andalusí, encontramos al Profesor Abdelmumin Aya, que ha analizado esta tendencia humana (idolatría) desde la dimensión en la que actúa quien intenta liberarse de ella. El llama a quien consigue desembarazarse de sus ataduras "el creyente desnudo". Dice, entre muchas otras cosas: "Cada criatura debe llegar a su plenitud de experiencia de lo real; tan sólo eso. Conocemos las mentiras con las que nos enfrentamos porque las hemos tenido que desterrar –una a una con dolor– de nuestros propios corazones. Nos rendimos y aceptamos entonces que no podemos pretender por más tiempo apropiarnos de la existencia en nuestra imaginación y nos sometemos a lo-que-quiera-que-sea que hace que ocurra lo que ocurre. Sin explicarlo, sin elaborarlo, sin dulcificarlo: me postro ante lo que me sobrepasa infinitamente. Este es el único argumento. El creyente desnudo no disfraza a su Señor y no se disfraza ante los hombres. Sólo dice: "en esto no creo"... "Evita moverse teológicamente en la corteza del sentido"... "Vacíate para que Él te llene de Sí. Porque cuando no te queda nada con que conocer a Al-lâh, es cuando te sumerges en Él; es cuando te abandonas de verdad en Él"... "La diferencia radical entre la idolatría (shirk) y la unicidad divina (tawhid) es que una trata de hacer bajar lo sagrado a nuestro universo de comprensión (y consiguientemente, vaciarlo de contenido) y la otra intenta abrirse hacia lo infinito, ante lo indeterminado, fuente de toda determinación".

Me atrevería a traducir estas palabras como un estado de Desvelamiento, que viene a ser dentro del mismo contexto, desnudarse. Y "desnudar" a Al-lâh de todo lo que Se le adhiere, implica despojarse uno mismo de aquello a lo que se aferra, lo que cee que le sirve de apoyo, pero que en realidad no tiene ninguna consistencia mas que para cerrarse en un autoengaño. De ahí, la frase del profesor: "... en esto no creo". Pues esta es la "creencia" en la que debería basarse incesantemente el musulmán, para no caer en el abominable shirk. El principio fundamental y la iniciación en el camino hacia la certeza, es una experiencia de negación: "la". Este significativo "no", es muy contundente y es la Vía iniciática de Ibrahim, que se enfatiza en el din del islam, hasta el extremo de no poder "reposar" en ninguna convicción estática, prefijada e inmutable, que sería una forma de disfrazar la idolatría con un malinterpretado concepto monoteísta. Por ello, el esfuerzo constante lleva al hanif a la rebeldía que enseña Ibrahim desde sus primeros pasos en su destino profético; la afirmación de la negación: la ilah "No hay dios-es / ídolo-s". Nada en lo que "creer", porque sólo existe lo Real. O dicho de otro modo, todo perece excepto lo que está por encima de lo que se Le atribuye, que no muere, que no duerme, sin principio ni fin; que no tiene par y se manifiesta por medio de su propia creación, que a su vez es sólo un reflejo, un destello fugaz de Su luz, pues todo se desvanece excepto Su faz.

Su padre era guardián del templo de los ídolos. Ibrahim le preguntó en presencia de los sacerdotes: "¿Qué adoráis? ¿buscáis en vuestro extravío divinidades fuera de Al-lâh? ¿qué pensáis del Sustentador de los mundos (rabb)? Y dirigió una mirada a las estrellas, y dijo: Realmente me estoy poniendo enfermo. Se dieron entonces media vuelta y se alejaron de él" (37:85-90). La observancia del cielo y los astros le planteaban preguntas, pero no le ofrecían la respuesta que buscaba. El conformismo de la gente de su tiempo, esclavizada por la idolatría y la corrupción le ponían literalmente enfermo: qâla innî saqîm. Es evidente que el comportamiento de Ibrahim y sus cuestionamientos transtornaban profundamente las creencias y sembraban la duda en los corazones.

Cuando lo dejaron solo, se dirigió a los dioses:

"¡Cómo! ¿No coméis de las ofrendas que os han traído? ¡Qué os pasa que no habláis? Y entonces se abalanzó sobre ellos golpeándolos con la mano derecha2. Luego los otros acudieron rápidamente a él

(37:91-94)

Lo que ocurrió después lo explica el Corán en otra sura:

"Y por Al-lâh que he de tramar algo contra vuestros ídolos cuando hayáis dado la espalda. Y luego rompió en pedazos todos aquellos ídolos, excepto el más grande que tenían para que pudieran volverse a él. Dijeron: ¿Quién ha hecho esto con nuestros dioses? Ciertamente, es injusto. Dijeron: Hemos oído a un joven llamado Ibrahim referirse a ellos, Dijeron: Pes traedlo a los ojos de la gente para que puedan atestiguar. Dijeron: ¿Has hecho tú esto con nuetros dioses, ¡oh Ibrahim!?. Dijo: ¡No! Ha sido éste, el mayor de ellos. Preguntadle, si es que puede hablar.... Sabes perfectamente que estos no hablan. Dijo: ¿Es que adoráis fuera de Al-lâh lo que no os beneficia ni os perjudica en nada?... ¿Es que no podéis razonar?"

(21:58-67)

Dice la tradición que puso el hacha con el que había cometido la acción en la mano del gran ídolo. Sabemos que en la lengua árabe, la mano significa la acción; la responsabilidad de lo que se hace está simbolizado en esta parte del cuerpo. Así que el profeta culpabilizó al ídolo de su propio acto. Con este ardid, Ibrahim pretendía demostrar la inconsistencia de las creencias de su pueblo, diciendo finalmente:

"¿Adoráis lo que vosostros mismos habéis esculpido, cuando Al-lâh os ha creado a vosotros y a lo que hacéis? wa l-lâhu jalaqakum wa mâ ta’ malûn

(37:95-96)

El fuego

El Corán nos explica esta historia en dos surat distintas, pero coincide en continuar este relato con la condena al fuego, inmediatamente en las ayat siguientes:

"Dijeron: ¡Quemadle y vindicad así a vuestros dioses, si estáis dispuestos a hacer algo! " (21:68). "Dijeron: Haced una construcción para él y arrojadle al fuego"

(37:97).

Se cuenta que cuando su padre –que le protegía de la hostilidad que creaba con sus divergencias– murió, los sacerdotes decidieron condenarle, echándolo al fuego3.

Llegó el momento de sufrir la prueba, como a todos los que han venido durante siglos a defender el mensaje universal. Y fue condenado a la hoguera. En el momento que entraba en aquel horno, ÿibril (Gabriel) le preguntó qué deseaba; Ibrahim imperturbable le dijo que él se confiaba (tawakkul) a su rabb, y en ese mismo instante, el rabb le nombró jalil (lit. impregnado de Al-lâh), y le dijo al fuego:

"¡Oh fuego, sé para Ibrahim, frescor y paz! Ellos querían poner sus trampas contra él, y los hemos hecho los más desgraciados de los desorientados".

(21:69-70)

"Ellos quisieron tenderle una trampa pero los dejamos reducidos a lo más bajo"

(37:98)

Diversas tradiciones explican que bajo la "hoguera" brotó una fuente que lo "salvó". Ante este muÿaça (fenómeno extraordinario que el ser humano no tiene capacidad de llevar a efecto), podemos tomar al pie de la letra los acontecimientos, o sumergirnos en la profundidad de sus múltiples sentidos sin cerrarnos a otras posibles claves de entendimiento. En muchas otras interpretaciones, como comenta Muhammad asad, por ejemplo, afirman que en ninguna parte del Corán se dice que Abraham, fuese de hecho, arrojado al fuego físicamente y protegido milagrosamente de sus efectos, sino que la frase "Dios lo salvó del fuego" (como se suele traducir) de la aya original en árabe, tiene una interpretación muy ambigua. Pero más bien se podría entender que no llega él al fuego o que el fuego no llega a él, o sea que quizá ni siquiera habría llegado a ser arrojado, aunque ésa fuera la intención de sus enemigos. Según esta perspectiva, también muy aceptada, el "fuego" sería una alusión alegórica, de la persecución que sufrió Ibrahim y que, por su intensidad, fue en años posteriores, una "fuente" de fuerza espiritual y paz (salam). Este término "salam" es traducido a menudo como "salvación", pero esta definición no transmite adecuadamente el significado pleno de salam, que designa la paz interior, fortaleza, protección contra todo tipo de mal, físico y espiritual, y la obtención de lo que sus equivalentes más cercanos en lenguas europeas serían heil en alemán y salut en francés, sin estar necesariamente asociados a lo que en la terminología cristiana se denomina "salvación", que presupone la existencia a priori de un estado de "pecado" que se explica mediante la doctrina del "pecado original" que el islam rechaza. El caso es que quisieron poner sus trampas... pero quedaron desorientados. Y para que se cumpliera el Decreto divino, fue liberado pero se le hizo abandonar Ur y la tierra de Babilonia.

Podemos percibir la sutilidad del makr (ardid) de Al-lâh en esta historia. Primero trama Ibrahim contra los ídolos, luego los idólatras traman contra él... pero ocurre algo misterioso que no llegamos a conocer por completo, que nos empuja a reflexionar y frustra las maquinaciones de sus adversarios. Ahí reside el makr de Al-lâh, que siempre actúa en sus estrategias de la forma más ingeniosa, pues como dice el Corán: "El makr de Al-lâh es mejor". A pesar de no alcanzamos a comprenderLo nunca en toda su embergadura.

El artista y filósofo Hashim Ibrahim Cabrera dice sobre el elemento fuego y el estado de Ibrahim: "Cuando el fuego nos cerca, despierta el Ibrahim de nuestro ser. La vida es una transmutación inabarcable para nosotros. No podemos coger las llamas, sólo aprovechamos las brasas, la materia candente. Si el fuego de este mundo nos ha purificado ya no necesitaremos más fuego, porque entonces estaremos listos para nuestra maravillosa disolución en una creación nueva y más perfecta, tal y como nos está ocurriendo ahora, pero sin ninguna distracción ni velo que nos aprese en aquello que muere. El que no puede reconocer al verdadero Creador del fuego, sólo siente las llamas, no puede ver más allá de su dolor. Así es como siente el kufar; ése es su castigo, esa su enfermedad. Recordamos a Ibrahim por su capacidad de comprender y asumir su propósito existencial en medio del incendio del mundo. Desde dentro de la Kaaba celeste, el maqam de Ibrahim aparece como la expresión vaporosa de un mundo en llamas, un incendio que no es capaz de quemar lo que vive en un interior consciente, purificado. ¡Al-lâhumma: que el fuego de la realidad nos purifique hasta que seamos como nuestro Ibrahim! ¡Haznos encontrarTe aunque sea entre las llamas! ¡Haznos conscientes del sentido del fuego! ¡Líbranos del sufrimiento por el fuego!".

El exilio

Empieza el éxodo de Ibrahim. Se va con su mujer Sara, que quiere decir rango de emira o princesa (antes llamada Sarai) y con sus compañeros, entre los cuales estaba Lut (Lot), que se quedó en Sodoma. El resto de la caravana atravesó Siria, Palestina, y Egipto, donde la belleza de Sara atrajo la atención del faraón que se enamoró de ella. Pero, extrañamente, cada vez que intentaba acercársele, su mano sufría una parálisis. En el primer intento, se quedó estupefacto y renunció. La segunda vez, ocurrió el mismo fenómeno. La tercera vez le preguntó a Ibrahim: "¿Quién sois tú y esta mujer que te acompaña?". Y el profeta le respondió que era su hermana, pero luego reconoció el vínculo que le unía a ella. El Faraón le dio todo lo que necesitasen mientras estuvieron en esas tierras y también les regaló una esclava llamada Haÿar (Agar).

Luego volvieron al desierto. Transcurrido el tiempo y sin esperanza de concebir un hijo, Sara, creyéndose estéril, le ofreció la esclava egipcia a su marido para que pudiera tener descendencia, y así, de Haÿar e Ibrahim, nació Ismail. Sara de puso celosa en extremo y exigió a Ibrahim que alejara a Haÿar y a su hijo de su hogar.

Hay relatos que dicen que Haÿÿar e Ismael estuvieron siempre solos, y otros suponen que probablemente realizarían parte del camino con alguna de las caravanas que pasaban por allí, pues era un lugar de tránsito en la ruta de especias e incienso (mirra). Pero el caso es que aquel territorio era virgen, sin propietario y nadie había vivido nunca allí.

Esto es importante para considerar que los celos de Sara fueron una "suerte" para Haÿÿar, que por un lado, abandonaba, por ese terrible suceso, su horrible condición de esclava, igualándose en derechos a cualquier mujer libre, y por otra parte, legitimaba su descendencia y dignificaba su situación, lo cual no hubiera sido posible sin independizarse del control de Sara. Y que los celos de ésta, fueran beneficiosos para Haÿÿar, implica también que fueron positivos para el devenir del islam. La lección que podemos extraer de este episodio es, que incluso las debilidades humanas tienen repercusiones determinantes en el desarrollo de la historia. Todo puede afectar trascendentalmente, hasta lo más insignificante, aunque no sea este adjetivo que le corresponde a este caso.

Una vez allí, Haÿÿar recorre consternada el valle en busca de agua... El ritual de la peregrinación a La Meca se origina por este acontecimiento y se basa principalmente en los pasos de esta mujer, que es indiscutiblemente y aunque nunca se mencione, efectivamente la fundadora de dicha ciudad. El Corán Karim dice que Ibrahim les visitaba y fue él quien años más tarde construyó con su hijo Ismail, la emblemática Kaaba.

Sin embargo, según las fuentes hebreas, ésta era la segunda ocasión en que la segunda mujer de Ibrahim se iba de su lado. La Bíblia habla de los sentimientos entre las dos mujeres: A Haÿÿar le resultaba "despreciable a sus ojos su señora (gibirtah / g-b-r; ÿ-b-r: la que mete en cintura)". Según estas mismas fuentes, Sara culpa a Abraham y él le dice devolviéndole a Agar: "Haz lo bueno a tus ojos". Entonces, parece ser que Sara trata con dureza a Agar y la hace sufrir. Agar huye. El malaj (ángel, malak en árabe) de Adonai encuentra a Agar en una fuente, en el camino de Shur, en el mikbar (es un lugar en el desierto; una estepa habitable). Y le pregunta de dónde viene y adónde va. Y luego el malaj le dice: "Vuelve (teshubá: volver, retomar, volver al judaísmo o a la práctica de la ley. También es entre otros significados, recompensa –en árabe– y se puede jugar etimológicamente con dos palabras que pueden derivar de la misma raíz: zauab y tauba) a tu señora": ponerse bajo la protección de sus manos. "Multiplicaré muchísimo tu semilla (incontable) por su multitud". "Estás embarazada y tendrás un hijo llamado Ismael. Yahvè ha escuchado tu sufrimiento" (Bíblia y Corán). La Bíblia añade un sorprendente comentario sobre Ismail: "Y será un onagro (cebra o asno salvaje): que no obedece la ley judía). Su mano contra todos y todos se pelearán con él. Enfrentado a sus hermanos vivirá". Ella pronunció (qara) el nombre de Yahvè (hablante hacia ella): "Tu eres el Dios de mi visión-sueño"". Y engendró al hijo de Abram (86 años). Después de varios capítulos, en el cap.17 Abraham ya es "padre de la multitud" (99 años). Sara pare a Isaac. En el capítulo 21cuand Isaac deja de mamar, dice que Sara vio que Ismail se burlaba de Ishaq; entonces es cuando le dice a Abraham "Expulsa a esta esclava para que no herede junto a Ishaq". Para Abraham eso es: "una cosa mala a sus ojos", però Elohim le dice que no se preocupe y que le haga caso, porque la semilla del uno y del otro crecerá. Según este libro, al día siguiente, el profeta le da pan y le pone un pellejo de agua en la espalda a la esclava... y Agar e Ismael se van.

Haÿar, Ismail, zamzam

Agar se quedó sola con su hijo, muriéndo de sed en aquel lugar tan seco e inhóspito. Lanzó al chico medio muerto que cargaba a sus espaldas y se sentó frente a él, y llorando gritaba: "Que no vean mis ojos morir al hijo". Elohim oyó la voz de Ismael y el ángel de Elohim gritó a Agar desde los cielos y le preguntó: "¿Qué te pasa? ¡No sufras! ¡Levántate! (qumi: qiyama). Pon tu mano encima de él (intensifica tu poder sobre él)". Y dice que Elohim abrió los ojos de ella y vio un pozo y llenó el pellejo de agua y se la dio a beber a su hijo.

Según la tradición islámica, la madre de Isamil corría enajenada de una colina a otra (entre Safa y Marwa: este recorrido llamado saai; se hace siete veces y es uno de los ritos del haÿÿ). Y se dice que golpeó la tierra con sus talones y entonces brotó una fuente: zam-zam, que recuerda con su nombre al sonido del gorgoteo del agua. Esta agua de zam-zam es la que fluye sin cesar desde entonces, y algunos peregrinos aseguran que no sólo calma la sed, sino que posee cualidades especiales por la baraka que contiene.

El valle es Bekka, en hebreo. Y dice la Bíblia que Elohim estuvo con el muchacho, y que Ismael creció y se estableció en el mikbar de Paran, y que se convirtió en arquero. Y que su madre, le propuso a una mujer egipcia y que Ismail se casó con ella.

Salmos:

"Felices los que habitan en tu casa en alabanza permanente a ti" (84:5).

"Feliz el hombre que a ti te debe su fuerza con caminos en su corazón" (84:6). Cantos en Jerusalem. Judíos i cristianos se refieren a Sión.

"Pasan por el valle más seco y lo convierten en una fuente que las primeras lluvias cubren de bendiciones4" (84:7).

Haÿar simboliza el alma realmente sedienta. Ella y Abraham siguen un mismo camino: él buscando la realidad a través de las creencias de su tiempo, por la astronomía y la astrología; pero cada vez, que suponía haberlo conseguido, se encontraba insatisfecho. Lo Real estaba aún más allá. Del mismo modo, Haÿar, como el alma en su indagación, corre vacilando de un lugar a otro, de una falsa certeza a otra, de una pregunta a otra, buscando el agua realmente ¡para no morir! y lucha perseverante hasta llegar a la Fuente de la vida.

Este asunto en la vida de Ibrahim suscita una pregunta que todos nos hemos hecho: ¿Cómo un profeta puede abandonar en el desierto a una madre y su hijo, a causa de los celos de otra mujer?

Al-lâh ha favorecido el fruto de Haÿÿar, arrastrándola a un destino cruel aparentemente, pero que de hecho, es el único posible para construir un destino libre e independiente tanto para ella como para su descendencia.

Hay contradicciones entre las dos tradiciones sobre cuál es el hijo que Abraham iba a sacrificar (el tema del sacrificio es el próximo punto a tratar a continuación). Para los musulmanes es Ismail (a.s), porque el Corán relata inmediatamente después del sacrificio, que Sara se queda embarazada, como si fuera la recompensa a la obediencia de Ibrahim. Según la versión islámica de la historia, Abraham interpreta que la Orden divina le exige sacrificar a su hijo Ismail, en un lugar llamado Mina. Como lo explica el Corán, es después del muÿaça del sacrificio que de Sara, estéril y anciana, nace Isaac. Perpleja, habla con los ángeles, cuando le anuncian a Abraham la llegada de un heredero por parte de Sara: Isaac y de él descienden Jacob (Yakub, a.s) y las doce tribus de Israel. De esta rama es la de Moisés hasta Zakarías, Juan y María, madre de Jesús, del cual no hay descendencia.

La descendencia de Ismail toma entonces el relevo. Como una semilla oculta misteriosamente, los hijos de Ismail viven en medio de un desierto que nadie había poseído, ni Bizantinos ni Persas, aún siendo un lugar de cruce de caravanas importante. Y no sólo eso sino que, es justamente en ese lugar, donde se encuentra el "Cubo", la Casa de Abraham, De Ismail nacerá, después de varias generaciones, Muhammad (s.a.s), vínculo entre los dos genealogías. A partir del último de los profetas, este lugar se convierte en la qibla hacia la que se orientan todos los musulmanes del mundo, y a donde concurren millones de peregrinos llegados de cualquier otro punto del globo, al menos una vez en la vida.

También la Bíblia habla de Ismail como del primer hijo, sin embargo, luego explica que el primogénito es Ishaq (a.s), pero puede que el motivo sea que Ismail no es considerado como hijo legítimo, desde ese punto de vista.

Sobre el hijo que tuvo el profeta con Sara, hay matices que destacan reacciones semejantes en momentos distintos, lo cual produce cambios en las consecuencias, procediendo quizá de otras causas... ¡Al-lâh sabe! El Corán señala:

"Y su mujer, que estaba de pie, se rió y le anunciamos a Ish’aq y después de Ish’aq a Yakub. Dijo: ¡ay de mi! ¿cómo voy a parir si soy vieja y éste mi marido es un anciano? ¡Realmente esto me maravilla!"

(11:71-72)

Estas ayat explican el episodio en que llegan los emisarios (ángeles en el islam), a la casa de Ibrahim y le hablan sobre el asunto de Lut (a.s) y el problema con la gente de Sodoma. Se dice que por ser ángeles no comieron (contrariamente a la afirmación bíblica, en Génesis, 18:8), y como en la tradición árabe de la hospitalidad, el rechazo por parte de un invitado de la comida que se le ofrece es indicativo de una intención poco amistosa, Ibrahim (que hasta entonces no había comprendido la auténtica naturaleza de los visitantes) sintió aprensión por su posible hostilidad. Al comprender ellos, tanto Ibrahim como su mujer, que no tenían nada que temer de ellos, es cuando Sara se ríe. La aya anterior a esa reacción, es cuando los ángeles le dicen a su marido: "no temas". Con lo que su risa se puede interpretar como señal de alivio. Esto difiere del relato bíblico (Génesis, 18:12-15), según el cual, Sara "se rió para sus adentros" ante el anuncio de que ella, una mujer anciana, iba a dar a luz un hijo: porque en este pasaje coránico el anuncio viene después de mencionar que se había reído, y viene prefijado con la partícula conjuntiva fa, que en este contexto denota "y entonces" o "y después". La expresión de pena en la aya siguiente "¡ay de mi!", se refiere al profundo dolor por su esterilidad y al mismo tiempo, el temor y el impacto que le produce este asombroso anuncio.

Prueba del sacrificio

Hay escritos hebreos en los que se cuenta que en el momento del sacrificio, Avraham tenía dos hijos, el mayor de Agar y el de Sara que contaba con tres años y que preguntó a su Señor cuál de los dos debía sacrificar. "Al que más quieras", le respondió. "Los quiero a los dos por igual", replicó Avraham... En esta versión, Ish’aq tiene tres años.

El tema de la elección entre uno u otro de sus hijos no está planteado así en el Génesis sino que es parte del Midrash (esos textos que los sabios escribieron para completar o explicar lo incomprensible). No obstante para los judíos tiene rango de libro o texto sagrado aunque no es palabra revelada como el Antiguo Testamento. Para explicar la relación dinámica entre ambos textos y otros fundacionales del judaísmo como el Talmud, debería explicarlo con más detalle alguien de esta tradición, ya que es algo singular y complejo de entender. Según estos textos, la elección no procede del propio Avraham, sino de Dios, que finalmente para dirimir la cuestión dice que el sacrificado debe ser Itsjak.

Otra diferencia importante en la forma en que se expresan la Bíblia y el Corán, que hay que destacar: La Bíblia nos dice que es Yahvé quien habla a Abraham y le pide que sacrifique a su hijo; mientras que el Corán resalta que es Ibrahim quien en un sueño visualiza el sacrificio de su hijo y lo interpreta como una orden divina. Esto muestra cómo, en el islam, el sueño (real) constituye una "vía directa" de comunicación con lo sobrenatural: el "sueño sano" es ru’yâ (visión), pero visión coherente, que da un sentido y aporta un mensaje. Hay que tener en cuenta la importancia que da el islam a la visión o al sueño como forma de revelación. Se dice que el sueño verídico viene del ojo del corazón. Recordemos al gran interpretador de sueños, el profeta Yusuf, infalible en sus afirmaciones y predicciones, que dice: "Yo he seguido el dîn de mis padres Abrahim, Ishaq y Yaqub" (12:38). El Corán habla del sueño como un beneficio y signo divino: "Entre los signos de Al-lâh, está vuestro sueño, durante la noche y el día, y vuestra búsqueda de su provecho. ¡Hay un signo para los que escuchan!" (30:23).

Después del episodio del fuego encontramos las ayat siguientes:

"Me voy hacia mi Rabb hacia donde Él me guíe. ¡Oh mi Sustentador, concédeme un hijo que sea de los justos. Entonces le anunciamos un niño que estaría entre los justos. Y cuando éste alcanzó la edad para auydarle en sus tareas, le dijo: ¡Oh hijo mío! Te he visto en sueños y yo te sacrificaba. Considera cómo lo ves tú. Respondió: ¡Oh padre mío! Haz lo que se te ordena. Si Al-lâh lo decide (in shâ’ Al-lâh) estaré entre los pacientes (min as-sabirin)". Y dice la tradición que se fueron los dos hacia la llanura de Mina (en el Valle de La Meca) y que un susurro shaitánico intentó disuadirlo tres veces. Para alejarlo, Abraham lanzó piedras en dirección a la voz5.

¡Que prueba más dura y penosa, inmolar a su propio hijo para obedecer la orden divina! ¡Aquel hijo que había esperado tanto tiempo y que heredaba su enseñanza espiritual! A pesar de todo, Ibrahim no duda ni por un momento. El que le había dado esa recompensa, ahora se la arrebataba. Su confianza y entrega en la Divinidad (tawakkul) conoce lo que escapa al más simple entendimiento humano. Así que, en el instante en que con una plena sumisión, iba a degollar a su hijo, la voz divina le detiene: "¡Oh, Ibrahim, tú ya has hecho realidad tu visión." (37:104). Cuando ya había interpretado su sueño y todo estaba dispuesto para que cumpliera con lo que, aparentemente se le había impuesto, Al-lâh le detiene en su intención y rescata a su hijo, poniendo un venado a su alcance. Ibrahim coge al animal y obedece agradecido6. Esa es la verdadera acción y no lo que estuvo a punto de hacer.

Según Ibn ‘Arabi7:

De este modo, Él le llamó y le dijo: "Oh Abraham, has tomado la visión por realidad". (37:104-105). Obsérvese que Al-lâh no dijo "has captado la verdad imaginando que se trataba de tu hijo". El misterio aquí señalado surgió del hecho de que Abraham no había "interpretado" el sueño, sino que había tomado lo visto por verdad literal, cuando es necesario "interpretar" todos los sueños... Si lo que imaginó hubiera sido cierto, habría sacrificado a su hijo o no se hubiera detenido. Se limitó a tomar por verdad esa visión y pensó que era literalmente su propio hijo. En realidad, a través de la forma de su hijo, Al-lâh se refería al Gran Sacrificio.

Así salvó al hijo de lo que ocurrió en la mente del padre. Pero, en sí y a la Vista divina, no se trataba en absoluto de salvación Abraham creyó que se trataba de un acto de "redención", si bien, de hecho, no hubo tal, ya que Al-lâh no tuvo, en ningún momento, intención de hacer que Abraham sacrificara a su hijo. Pero, dado que Abraham había interpretado erróneamente la intención divina, para él lo que hizo Al-lâh fue un acto de redención.

Luego "cuando el hijo fue salvado", su sentido visual percibió un animal de sacrificio, mientras su imaginación evocaba en su mente la imagen de su propio hijo. Por esta correspondencia simbólica habría interpretado que su visión correspondía a su hijo o a alguna cosa si hubiera visto un carnero en su imaginación (es decir, en su sueño, en lugar de ver a su hijo, como ocurrió en realidad). Entonces Al-lâh dijo: "Ciertamente, ésta es una prueba manifiesta". INNA HÂDZA LAHUWAL BALAU L-MUBÎN (37: 106).

Se refiere a la prueba que se le impone a Abraham respecto a su conocimiento; es decir, que la naturaleza misma de una visión requiere una "interpretación".>>

"El sueño verídico es la cuarentaiseisava parte de la profecía". (Hadiz)

El angel del sueño se llama Siddiqûn. La raíz árabe SDQ (sinceridad, veracidad, amistad) dice mucho al respecto. El ángel dice la verdad y la confirma por la consciencia del hombre. Le hace ver lo benéfico y lo maléfico, que están inscritos en la Tabla Guardada, del mismo modo que la luz del sol muestra lo que está presente. La buena noticia es anunciada con adelanto para poder complacerse por ella; la que no lo es se anuncia en el mismo momento de la prueba o del castigo para que no haya tiempo para lamentarse.

Pierre Lory comenta en su libro "Le rêve et ses interprétations en islam": "Según Daniel, los espíritus se elevan hasta el septimo cielo y son invitados a prosternarse; aquellos que son puros lo hacen justo bajo el Trono, aquellos que no los on deben quedarse más lejos –de aquí viene la importancia de las abluciones–. Encontramos atribuida aquí en el profeta judío, la misma enseñanza que la que hallamos bajo forma de hadiz: Los onirócritos musulmanes dicen que el ser humano ve el sueño por su rûh y lo conoce por su intelecto. La sede del rûh está las gotitas de sangre en el centro del corazón y la del intelecto en el tejido graso del cerebro. El rûh está vinculado a la nafs. Cuando duerme, su rûh se alarga como una llama y ve, por su luz e iluminación lo que Al-lâh le envía y que el ángel del sueño le muestra. Su desapego del alma vital (nafs) y su retorno a ella se parece al sol, según esté velado o desvelado por las nubes. Cuando el durmiente se despierta, sus sentidos vuelven a funcionar; el espíritu se acuerda de lo que el ángel del sueño le ha mostrado o hecho aparente y se le recuerda al durmiente y entonces, tiene la impresión de una visión ocular".

Y sigo citando a Ibn ‘Arabi, según lo recoge Itzuzu, usando como referencia los comentarios de Al-Qashani:

<(‘âlam al mitâl), es desde el punto de vista ontológico, un terreno intermedio de contacto entre el mundo puramente sensible y el mundo puramente espiritual, o inmaterial.

Lo que llamamos comúnmente imaginación no es sino este mundo reflejado en la consciencia humana, no en su propia forma, sino de manera tangencial, vaga y completamente deformada. Las imágenes obtenidas de ese modo, carecen, por naturaleza, de base ontológica y han de ser desechadas, consideradas como alucinaciones.

Pero en ocasiones, el "mundo de las Imágenes" aparece como es realmente, sin deformación alguna, incluso en la consciencia de una persona ordinaria. El caso más notable se produce en el sueño verídico. El "mundo de las Imágenes" existe eternamente y actúa en todo momento en la consciencia humana. Pero el hombre, por su parte, no suele darse cuenta de ello cuando está despierto, porque su mente, en ese estado, se encuentra obstaculizada y distraída por las fuerzas materiales del mundo exterior. Sólo cuando está dormido, con las facultades físicas de su mente en suspenso, puede la facultad de la imaginación operar de manera adecuada, y entonces se producen los sueños verídicos.

Pero, incluso en este caso, el sueño se presenta siempre con una serie de imágenes sensibles y permanece desprovisto de significado a menos que sea "interpretado">>.

Este tema reqiere que simplifiquemos y obtengamos impresiones por diferentes vías. La visión del gran sheij Ibn ‘Arabi puede resultar compleja y creo que hay una perspectiva práctica que no hemos tenido en cuenta todavía y que sin embargo, es importante que se considere: el contexto y el tiempo en que ocurre el sacrificio. El pensador egipcio Ahmed Shafik aporta luz también, con un interesante comentario al respecto:

"La interpretación más aceptable es la más sencilla; sin rodeos... ni alguien que vuela por el cielo ni que surca la tierra, sino más bien la que esté más cerca de la lógica. Las enseñanzas tradicionales más sabias, son como una joya oculta que está guardada en el seno del Corán. Y el Corán, nos lleva a viajes en el espacio y el tiempo; a veces nos habla sobre los costumbres árabes de entonces y de sus tradiciones, y otras veces retrocede hasta épocas anteriores, contando las historias de otros mensajeros: Abraham, Yusuf, etc. Muchas de esas historias, son las que aprendió el profeta por vía oral en sus múltiples viajes; es decir, en algunas ocasiones pudo escuchar historias completas, y en otras historias fraccionadas. Sin embargo, lo más importante de todo es lo que realmente quiere decir, vinculándola con las causas del descenso, como inspiración divina de Al-lâh.

Estudiando la época histórica y social de Ibrahim e Ismael, sabemos que el presentar sacrificio humano a los dioses era una costumbre muy común en la zona de Oriente. Esto se hace evidente en el antiguo Egipto, en la mentalidad de la gente que creía, que ofrecer una joven virgen al Nilo podía calmar su ira de este río en la época de las inundaciones. A la víctima la llamaban "la novia del Nilo" y fue un rito sacerdotal hasta la época copta. Hoy en día, aún se celebra echando al Nilo una muñeca. El tema del sacrificio de Ismael trata de lo mismo. Por lo tanto, Ibrahim fue un renovador en su época, cambiando el sacrificio humano por un animal. De este modo, protegió, de esa muerte cruel a la víctima humana, con el nombre de Dios, y con el paso del tiempo se convirtió en una norma y regla hasta la época del Islam. En la época presislámica, la gente de la península árabiga ofrecían sacrificios a los tres famosos dioses el-Lat,´Uza y Manat. ¿Cómo lo "interpretan" los juristas? ¿La obediencia ciega a los padres y a los responsables de la religión incluso cuando estén equivocados? y luego supersticiones y más supersticiones, "bajó un ángel con un cordero"...

El ‘arif lo ve como un método educativo para cambiar el chip "mentalidad" del pueblo en un momento dado de la evolución humana. El Corán dice en una aleya: "yatazaka fa inama yatazaka linafesih" es decir "quien obre bien es para sí mismo".

Porque creo que en el fondo, el hecho de sacrificar es un hecho de entrega. Como sabes en el lenguaje de los poetas es el humo que se pierde, eso es verdad, se pierde pero no para morirse sino para transformarse, porque no hay nada fuera de Al-lâh. En un lenguaje poético: "la crisis que nos agita y de ella florecen las esperanzas".

Recordar siempre que la lógica antes que nada es el herramienta principal de cualquier interpretación, y sobre todo, en el Corán siempre hay que buscar la época de cada profeta y su situación social">>.

Creo que este comentario justifica cierta reflexión: ¿Cómo y por qué aceptaríamos un determinado sacrificio? ¿Hasta qué punto habría que morir por cierta causa? En la época preislámica, en Arabia se enterraban vivas a las niñas recién nacidas por razón de su género. No es propio de la entrega y el rendimiento a Al-lâh, sucumbir al egoísmo ni a la crueldad de los hombres. Hay gente dispuesta a dar su vida por amor y otra gente está dispuesta a arrebatársela a quien quiere poseer y amenaza con la muerte cuando no se cumplen sus exigencias. Este destino cruel no es el que nos pide el rabb de los mundos. Esto sólo puede ser reclamado por los injustos y perversos y sólo es asumible por los cobardes, que no pueden aspirar a ir más allá. Esto se aleja de Al-lâh. No se puede "vivir en Al-lâh" sacrificando lo que nos es halal, porque alguien nos lo imponga. Como dice el hadiz: "¡Hay de los que hagan prohibición de lo que les es lícito!

Ibrahim (a.s) rompe durante toda su vida con las injusticias humanas que quieren imponerse; se rebela contra ellas y las borra. No tiene sentido intentar justificar que se estuviera a punto de sacrificar algo tan querido por el profeta; lo importante y la lección que se extrae de este impresionante episodio de su vida es que, estar dispuesto a obedecer el decreto divino y someterse humildemente a su destino, no significa caer en la fatalidad de la locura echando a perder los dones recibidos, sino que devuelve –no sólo a su vida sino al mundo– la cordura necesaria para agradecer y aprovechar todo lo beneficioso. Vivir en Al-lâh implica rechazar las imposiciones humanas para disfrutar de lo que Le complace. El patético romanticismo fatalista no tiene cabida en esta cosmovisión.

El secreto de la muerte

Sobre este asunto, lo esencial reside en la pregunta de Abraham:

Y cuando Ibrahim dijo: "¡Oh, mi Señor! Haz que yo vea cómo devuelves la vida a los que están muertos" Dijo Al-lâh: "¿Es que no me crees?". "Sí, pero quiero que mi corazón quede tranquilo", le respondió. "Entonces coge cuatro pájaros,muy diferentes. Trocéalos y pon las partes en un mntón distinto para cada uno. Después, llámalos. Vendrán a ti rápidamente..."

(2:260)

Hay una explicación a la parábola que se basa en el significado primario del imperativo surhunna ilaika: haz que se inclinen hacia ti (enséñales a obedecerte). Según un famoso comentarista, Abu Muslim, que cita Razi: "Si el ser humano es capaz –como sabemos – de adiestrar a los pájaros hasta conseguir que obedezcan su voz, es obvio que Al-lâh, que es obedecido por todas las cosas, puede ordenar que surja la vida, simplemente diciendo: ¡Plásmate! kûn.

Según la tradición islámica, este relato se sitúa hacia el final de la vida de Abraham (a.s), que creía en otra vida, pero quería conocer su secreto. Entonces, Al-lâh le envió al ángel de la muerte, a quien le encomendó que no tomara su alma más que con su consentimiento. El ángel tomó la forma de un anciano decrépito, y pidió la hospitalidad de Ibrahim. Este le invitó a entrar y le ofreció comida. Viendo que el viejo era incapaz de llevarse el alimento a la boca, el profeta le preguntó su edad. "Soy mucho más viejo que tú", le dijo el visitante. Ante ese espectáculo lamentable, Abraham deseó no llegar a tal decrepitud y aceptó la muerte. Pero seguía ignorando el misterio de la certeza interior por el Conocimiento. Entonces, es cuando el Corán cuenta la historia con los cuatro pájaros, muertos, troceados y dispersos; y se levantó un viento que los reunió en las cuatro formas iniciales. Esta historia revela que, incluso si un cuerpo está totalmente dispersado, una fuerza sobrenatural es capaz de reunir todos los átomos para reconstituir su forma original, como si cada partícula reconociese su propia constitución. En ello reside toda la fuerza y el secreto del Orden divino "¡Kûn!".

Conclusión

Lo primero que hay que ser conscientes es de la influencia de la figura de Abraham en la tradición semita (judíos y árabes), para comprender la base histórica y espiritual de estos pueblos, así como lo que crea un vínculo especial entre judíos, cristianos y musulmanes.

- No uno sino dos grandes pueblos verán a Abraham como a su padre, dos poderes guiados, instrumentos con los que opera la Voluntad del cielo.

- Abraham es así, la fuente de dos corrientes espirituales, que no tenían que fluir juntas, sino cada una en su propio cauce.

- Esto significa dos mundos o dos centros sagrados dentro de la órbita del Profeta.

- Para estudiar la historia de estas tradiciones, nos basamos en sus Libros específicos. En este caso, ateniéndonos, tanto al relato bíiblico en hebreo, llamando al Dios "Yahvé" o "Elohim", como al coránico en donde lo divino en árabe se llama "Al-lâh",

Pero no se puede pretender que todo el mundo profundice en el estudio de los textos sagrados, hasta comprobar cómo confluyen todos en un mismo mensaje, que por el hecho de haber sido transmitidos a distintos pueblos, en épocas y lugares distintos, tienen dinámicas, estéticas y formas de expresión diferentes. Incluso grupos con unas costumbres determinadas por su circunstancia social, geográfica, etc., son influidos por diferentes transmisiones que se adaptan de forma espontánea a su carácter; como el agua del río, que arrastra todos los minerales y otros elementos que encuentra a su paso, que se suman en su composición a su constitución original que tuvo como agua.

No habría de ser motivo de discordia las diferencias entre estas tradiciones por motivo de sus textos. Es ridículo comparar a unas con otras como si tuvieran que adaptarse a un discurso idéntico. Al proceder de la misma raíz, muchas cosas las acercan, pero la falta de conocimiento y la poca percepción de que se trata del mismo mensaje, produce tergiversaciones y confusión. Los motivos socio-políticos de los conflictos actuales entre pueblos semitas no tienen motivos religiosos o espirituales.

Tampoco se puede entender el mensaje divino, por como haya sido interpretado o aplicado por los seres humanos, sino que hay que ver cómo hace coincidir a las gentes de todos los tiempos en una misma inclinación natural, que les empuja a orientarse hacia un sentido trascendente de la vida o de la muerte.

¿Qué pasa realmente con Ibrahim? Lo cierto es que la misión del profeta (a.s) era hacer lo que hizo. Lo más importante no es lo que se cuenta en la Historia sobre lo que ocurrió en el pasado, ni siquiera si Abraham existió o no, como se plantean algunos. Lo interesante es que cada una de estas experiencias, sirvan para conocerse uno mismo. Y "quien se conoce a sí mismo conoce a su rabb. Nos tiene que servir para tranformarnos desde Abraham, Moisés, Jesús, o Muhammad... Hacerlos a ellos espejos de nuestra experiencia, averiguar a través de los mensajeros, qué quiere Al-lâh de nosotros. No tiene nada que ver con la historia, sino con la dimensión espiritual que es capaz de vivenciar el ser humano. Si la experiencia inmediata, con el valor relativo de los datos de la experiencia, incluso de un sueño, es real... ¡peor para la Historia! si no puede ilustrar la Realidad universal en la que crecemos en nuestro interior. Abraham, como todos los profetas (sobre ellos la paz) y como todas las explicaciones e interpretaciones que se puedan hacer (todas subjetivas) sobre estos asuntos, es "universalizable", en una base común: Al-lâh, Yahvé, Dios, o como quiera llamarse al que posee los Más Bellos Nombres, pronunciados o no.

Lo que se "sacrifica" es "el animal", también podría decirse la "animalidad del hombre". Someterse a unos principios superiores. Sin embargo, no es un sacrificio que te quita el paraíso en la tierra, como podría verse desde una mentalidad insana, sino que se recibe además por ello, una recompensa que mejora la situación anterior: evolución, crecimiento, perfeccionamiento, plenitud espiritual. Es desde ahí y no desde el autocastigo que uno se confía en su Señor. Después de la aniquilación (fanâ) viene la permanencia (baqâ).

El itinerario de Abraham representa el símbolo, la densidad y la armonía de la Unicidad divina. Guarda todas las llaves de acceso a la comprensión de las tres grandes tradiciones del Libro.

Su mensaje es el camino hacia lo Real, partiendo del nivel de las estrellas, que representan a los iniciados depositarios del conocimiento; el de la luna, que significa el guía espiritual o polo (qutb) del Conocimiento; con el fin de llegar al sol, que simboliza el profeta-mensajero. El recorrido de Abraham es el arquetipo de las etapas de iniciación para volver a la perfección adámica, antes de ser velado, por la desobediencia.

Este es el grado de Jalil: impregnado, íntimo, identificado, amante y por el que se le dio el nombre. Estableció la tradición de la hospitalidad. Ibn Masarra dice que es el alimento de aquellos a quienes se dispensa. Porque cuando el alimento fluye por el ser de aquél a quien se da, no queda nada por donde no pase, pues impregna todas las partes que se nutren de él. Pero en esto no hay partes, los distintos estados divinos son Nombres y con ellos se manifiesta la Unicidad, el Uno-Único que se descubre a Abraham, para todos nosotros.

Ibrahim, alaihi salam, es el amante. Dice en el Corán Karim "No amo lo que se desvanece: la uhibbu l- afilîn. Los acontecimientos que marcan los episodios más emblemáticos de su vida ocurren por su amor en Al-lâh.

Pero Al-lâh sabe.

Notas
1 Las cuevas no han sido solamente viviendas naturales, sino también espacios de meditación y retiro espiritual. Recordemos que la primera revelación coránica desciende sobre Muhammad una noche en una cueva.
2 Mano derecha: una metonimia por "con toda su fuerza".
3 Ibrahim (a.s) se ve obligado a emigrar y sufre el exilio. En esto coincide con dos profetas: Musa (a.s) que sale de Egipto para escapar de la amenaza de muerte. Muhammad (s.a.s), también estuvo como Ibrahim, bajo la protección, la de su tío y tutor Abu Talib y al morir éste, tiene que huir, pues quieren asesinarle. Ibrahim deja Mesopotamia (concretamente de Ur, al sur de Babilonia) y no vuelve nunca más a su tierra.
4 El valle "más seco" podría ser La Meca (Makka), porque la palabra que se dice en este texto en hebreo es bajá. Sabemos que la antigua "k" ahora se pronuncia como la letra jota castellana (ej: malaj=malak). Y Bekka también era el nombre antiguo en árabe de esta ciudad.
5 Para revivir este momento, los musulmanes en general, sacrifican un cordero (o cabra, vaca, camello, etc) durante el mes des del haÿÿ (doceavo mes lunar del calendario islámico). Concretamente los peregrinos lapidan tres veces a "su shaitán" en Mina (este acto simboliza un esfuerzo por alejar-destruir-eliminar las fuerzas maléficas y se plasman en esta acción comunitaria de gran contención emotiva y que implica un gran riesgo hoy en día en su aplicación, siendo uno de los rituales más peligrosos de toda la peregrinación).
6 La significación moral de la visión que Ibrahim tuvo en sueños consistía en probar si estaría dispuesto a sacrificar, ante lo que él consideraba una orden divina, todo lo que tenía por más querido en la vida.
7 Según los comentarios de Itzuzu.
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