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¿Se puedeAmar desde el Islam? Dos conceptos: hubb y wadûd

13/12/2003 - Autor: Yaratullah Monturiol - Fuente: Webislam
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Yaratullah Monturiol
Yaratullah Monturiol

bismil-lâhi r-rahmâni r-rahîm

mahabbatul-lâh no es "amor de Dios".

Este tema ha suscitado en estos últimos tiempos algunos conflictos en el corazón mismo del movimiento musulmán andalusí. Uno de los motivos obvios es el abuso de este "amor" como "concepto" en los ámbitos llamados "sufis", alejados hoy de forma lamentablemente generalizada, de la realidad de la wilaya y utilizados como "edulcorantes" del islam. Otra razón decisiva que ha contribuido a generar esta polémica, es sin duda la influencia del cristianismo en esos ambientes y la confusión producida por las mismas palabras, vistas desde perspectivas tan distintas; es decir, que "el amor de Dios" de la tradición cristiana nunca será la misma que se expresa ¡en árabe! desde el islam. Sin embargo, son comparables a nivel místico o poético, lo cual no significa que sean lo mismo.

Esta información tan interesante y poco conocida, se me hizo llegar hace poco: Parece que Hassan al Basri (s. VIII) fue el primero que dijo que el hombre podía acercarse a Al-lâh sin temor, con familiaridad e incluso con amor. Los comentarios que Yafar as-Sadiq (s. VIII) hacía sobre los versículos coránicos del amor ayudarían a sentar las bases para los sufíes posteriores. Fue Rabe’ah al-‘Adawiya (s. IX) la que más alto y claro cantará en Bagdad sin temor de los hombres su amor a Al-lâh, mientras que un maÿnûn en Egipto (Dûl-Nun) hará lo mismo con el consiguiente escándalo. También predicó el amor puro a Al-lâh Sari al-saqati (s. IX), maestro del célebre Yunaid, que se mantuvo prudente en esta cuestión por la oposición abierta de teólogos asharíes, juristas hanbalies y filósofos mutazila, de clara mayoría. Otros eruditos de la Escuela de Bagdad trataron de continuar en la línea trazada por Yafar de defender los argumentos del amor mutuo entre el hombre y Al-lâh, como por ejemplo Abu Shuayb ayb Qallal y Maruf Jarqi. Qallal fue condenado en su tiempo por decir que Al-lâh muestra amor a sus íntimos. Durante el siglo X son acusados ante el Califa al Muwaffaq los siguientes sufíes: al-Nuri, Sumnun y Abu Hamza al Bagdadi, si bien fueron absueltos. La acusación (que practicó Ghulam al Jalil) fue la siguiente: "Es una bid‘a hablar de amor mutuo entre Al-lâh y el hombre. Nadie puede decir: "yo amo a Al-lâh y Al-lâh me ama".

Rabe’ah al-‘Adawiya, llamada taÿ al reÿal (la Corona de los hombres). No fue superada en su época, y fue reconocida por todos los wali de su tiempo. Dice de ella, Fari ul Din ‘Attâr: "Ella no era sólo una mujer, sino igual a cien hombres; envuelta totalmente en el fanâ; borrada día y noche en el fulgor divino y libre de cualquier circunstancia superflua, inmersa en el haqq".

Hasan al Basri y algunos amigos fueron a visitarla al atardecer, y ella no tenía lámpara y estaban sentados en la oscuridad. Ella sopló suavemente en sus dedos, que permanecieron ardiendo haciendo de lámpara hasta el amanecer. Luego les dijo: -Si alguien me pregunta cómo es posible, le diré "Eso es lo mismo que con Moisés". "Pero él era un profeta", podría contestar esa persona; a lo que yo diría "Así mismo, los seguidores de un profeta perciben signos carismáticos (karamât). El don del profeta se manifiesta en hechos extraordinarios (mu’ÿaza), mientras que el wali está dotado de karamât. Dice Muhammad (s.a.s) que "cualquiera que renuncia a un ápice de lo ílícito, ha alcanzado un escalón el grado del profeta". Y también dijo que "un sueño auténtico es un cuarentavo de la profecía". Se suele advertir al murid que es preferible ignorar o quitar importancia a estos carismas.

Un grupo de personas visitó a Rabe’ah para interesarse por su enfermedad y por la aflicción que sufría por ello. Cuando le preguntaron por su salud respondió:

"Sólo sé que hace poco, me fue revelado el Jardín, y sentí una fuerte inclinación por él. Supongo que los celos de Al-lâh son los que han provocado mi estado".

Un grupo de sufis vieron un día a Rabe’ah corriendo con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra y le preguntaron: "¡Oh, mujer de ájirat ¿dónde vas? ¿qué estás haciendo?". –"Voy a prender fuego al Cielo y a apagar el infierno. Así, los viajeros podrán superar ambos velos y ver claramente la meta final. Todos podrán ser ‘abd. Ahora no puedo encontrar a nadie que realmente, sea ‘abd porque sí; sin esperanza del paraíso o miedo del infierno".

Todo lo que manifiesta un(os) nombre(s) de Al-lâh es un ‘abd. Al-lâh no puede manifestar Sus nombres sin los ‘ibâd

Dice el sheij al akbar que: "El profeta Muhammad (s.a.s) amó a las mujeres, a causa de la contemplación de Al-lâh en ellas, pues es la más intensa y perfecta; y la unión más intensa (en el orden sensible, que sirve de soporte a tal contemplación) es el acto conyugal". "Para el que se acerca a su esposa –o a cualquier otra mujer– sólo por voluptuosidad (sin conocer el auténtico objeto de su deseo; por una mera atracción natural), el acto sexual será para él, una forma sin espíritu. A veces, quien ama a la mujer, como soporte de la voluptuosidad, permanece inconsciente del sentido espiritual de lo que se trata".

Los "teólogos" que consideran la profecía, como una "santificación progresiva" que proviene de un entrenamiento ascético y de "purificación" de los sentidos, atribuyen al amor por las mujeres de ciertos profetas, la "imperfección de los novicios" o "pecados de juventud", pero la profecía es una elección de Al-lâh, que no tiene que ver con los méritos de un hombre. Habría que considerar el hecho con otra mentalidad, teniendo en cuenta que en el islam tradicional, nunca se ha contemplado la sexualidad, mas que vivida con plenitud, intensidad y aspirando a alcanzar con ella la máxima satisfacción.

Para muchos, el amor a Al-lâh no es posible. El amor está destinado a unir lo efímero con lo infinito. No se debería hablar de amor con Al-lâh, sino por metáfora. Pretender unirse amorosamente a Él, supone igualarse o incluso identificarse. En islam, Dios no se hace hombre ni el hombre se hace Dios.

Según estos teólogos, filósofos y metafísicos, la unión amorosa sólo puede ser física:

- Si hablamos de "unión de almas", las reducimos a partículas, aunque sean de luz: destruimos la espiritualidad.

- Si hablamos de "unión del alma con Al-lâh", los reducimos a ambos a partículas, aunque sean luz: les desnaturalizamos.

Al-lâh no sería pura esencia, solamente y el alma ya no sería espiritual. No se niega la comunicación entre espíritus, pero pasa por el conocimiento, la acción, la voluntad: no es "unión amorosa que fusiona los seres". Esta separación entre Al-lâh y la criatura con una conexión velada relativa y distante, según muchos tradicionalistas limita el amor a objetos particulares, y nunca a la esencia y atributos de Al-lâh.

Para el primer maestro de Al Hallaÿ, Al Makki:

- Amar es abrazar la obediencia y apartarse del orgullo.

Para Junayd, su principal iniciador, que oculta bajo prudentes abstracciones un pensamiento más audaz:

- El amor es la penetración de las cualidades del Amado por permutación con las cualidades del amante. No sólo abdicar del yo para adoptar cualidades del Amado sino cambiarse, desvanecerse en Él, desaparecer.

Para Al Hallaÿ:

- Amor es permanecer de pie, junto a tu wadûd, cuando te veas privado de tus cualidades y que entonces, tu cualificación venga de Su cualificación. Amar es subsistir, sólo por aquél a quien se ama. Viviendo en mi, sin que yo desee otra cosa que él. Esto implica total apertura de sí al otro, para que no haya el sí y el otro, sino el Único = Amor.

En caso de no poder unir su alma al Creador, puede poner toda su alma en su amor humano. La literatura árabe y persa se ha inspirado mucho en este "amor cortés". Un "arte de amar".

El amor "odhrico" (de la tribu de los Banu Odhrah, del Yemen). Es un ejemplo de amor ferviente; de un sentir complejo y refinado, que convierte en un ideal renunciar por amor a los abrazos... No satisfacer un deseo, puede ser un medio de prolongarlo y eternizar su dulzura.

Hay gestos y testimonios en las poesías que tratan del amor, apasionada y ambiguamente:

"Ambos hemos permanecido esta noche ,

tras las tiendas de los de la tribu,

sin estar junto a ellos ni unirnos al enemigo.

Y hemos anochecido inmóviles,

mientras caía la oscuridad, el rocío luego,

bajo un manto del Yemen, lleno de perfume,

apartando lejos de nosotros, al pensar en Al-lâh

el loco ardor de juventud,

cuando nuestros corazones empezaban a palpitar.

Y hemos regresado, abrevados de castas contenciones

habiendo calmado, apenas, la sed del alma entre nuestros labios".

O sea que, para hablar de amor, se acude a una concepción "virginal" del amor, pues es inadmisible otra "relación" con Al-lâh. Por ejemplo, para Ibn Daud, partidario de este amor odhrico, el amor que preconiza Al Hallaÿ, lo sentencia (y de hecho, predijo su ejecución por ello).

Este tipo de amor choca con otro planteamiento: "Ama y haz lo que quieras". Se dice que cuando el amor domina el corazón, el deseo, la voluntad ¿acaso ése amor no concede todos los derechos? Hay otro argumento psicológico más insidioso, a favor de la libertad: "Hay que renunciar a la renunciación". Para que el corazón no deba preocuparse de ello y no de importancia al hecho de rechazar.

La futuwah se enseñaba por la acción, no por la palabra. Representa la Caballería sufí, el arte de la Nobleza y el espíritu joven. En la acción es generosidad y servicio. Es una exigencia de sinceridad contigo mismo. En el amor, es el deseo apasionado por la Trascendencia divina, simbolizado, por ejemplo, por el personaje femenino de Leila (la noche); que el amante pueda obedecer todos los deseos del amado. No soportar el dolor de la separación:

"Vino ella a decirme adiós, con lágrimas en los ojos

temblorosa como una rama al viento

luego llorando dijo: -‘Me habría gustado no conocerte nunca’".

(Said ibn Abdullah al Bagdadi)

En la amistad, es experimentar profunda tristeza al separarse de los hermanos y hacer todo lo necesario para estar cerca de ellos. Dijo Yunaid:

"He perdido en mi retiro espiritual, el sentido del secreto que me unía a Al-lâh y, por otra parte, la compañía llena de calor de mis hermanos. ¡Se necesita menos de eso para agotar el cuerpo y turbar el espíritu!".

El servicio de "fata" da preferencia al prójimo sobre sí mismo. El Maestro de Yunaid, Abu Musa al Qumasi y su mujer estaban en su casa y se derrumbó. Cuando la gente busco entre los escombros, encontraron a la mujer que les dijo: "Dejadme e id al sheij Abu Musa por ese lado". Cuando lo encontraron a él, les dijo: "Dejadme y buscad a mi mujer". Este es el estado de los hermanos en Al-lâh entre sí: cada uno preocupado del destino del otro.

No es aceptable en la futuwa, el reproche ni el rencor. Se dice desde este comportamiento noble que "el que busca imperfecciones de los demás se inhabilita para ver sus propias imperfecciones; el que tiene a la vista sus propios defectos, no ve los de los demás". La futuwa se basa en la necesidad de justicia social y resuelve en el perdón, justificado en el Corán Karim:

"El castigo de un mal es un mal idéntico, pero el que perdona y hace el bien, encontrará su recompensa ante Al-lâh. Al-lâh no ama a los injustos". (42,40); (16,126); (2,178).

La relación del amor y la muerte es algo permanente en el lenguaje místico. Se muere de amor, a veces, a fuerza de exaltar el deseo casto. Dice Sta. Teresa: "Muero porque no muero". Pero además de las múltiples interpretaciones que merece esta frase en su contexto, hay que comprender que, ni la muerte, ni el amor, ni "morir de amor" debe ser comprendido de forma idéntica desde las distintas tradiciones, pues si algo distingue nuestra diversidad en el mismo mensaje revelado, son las diferentes formas de expresarse. La muerte en islam, significa también "Al-lâh", "la noche"... Y la noche es la revelación; la espera de la llegada del día, al romper el alba; la mujer. Y dice el profeta Muhammad (s.a.s): "Morid antes de morir". Se está refiriendo a una renovación, una transformación que sufre el wali durante su vida, en la que emerge a otra dimensión de la vida; es una ájira y una resurrección, que no quita ni un ápice lo que pueda venir, después de la muerte física, pero esa Otra vida, precisa de una muerte espiritual. Puede ser dulce o dolorosa, pero es generadora de vida y supone una evolución en la escalada espiritual, después de la cual, ciertas cadenas que nos ataban al mundo desaparecen y ciertas alas nos ayudan a alzar el vuelo hacia las cumbres o hacia los abismos. La muerte, tiene que ver con la pasión del amor. El sufrimiento (que no es la fanâ) es un estado de esa pasión. La naturaleza esencial de la pasión mística, buscar no tener fin = muerte. Dice Ibn Fahrid:

"Aquel que no muere de su amor, no puede vivir de él".

Hay algo en este tema que escapa a nuestro entendimiento. Desde nuestra mirada occidental; más aún por lo lejanos que nos sentimos del "deseo de sufrir", pero hay en esto una paradoja, porque, precisamente es en la mentalidad occidental sobretodo, donde se forja una especie de ética, que transforma el deseo sensual en sacrificio contra sí mismo con más ahínco. "Sólo el dolor hace consciente la pasión, y por ello se ama el sufrimiento y hacer sufrir" (Denis de Rougemont). Para atacar a la pasión en el amor, habría que desarrollar una violencia espiritual, que matase mejor que la pasión del amor: matar al hombre antes de que se mate, y del modo que no quiere: sobrepasar la pasión. En las culturas orientales y árabes, el amor por el placer de los sentidos nunca había constituido un tabú y se consideraba como algo completamente natural, con lo cual, no había ese sentido de culpabilidad tan peculiar en la tradición cristiano-católica, que empujaba a la auto-tortura por considerar el deseo, como motivo de castigo (moral, psicológico o hasta físico); no tradicionalmente, al menos durante muchos siglos. Actualmente, han cambiado muchas costumbres entre algunos musulmanes, que padecen de cierto puritanismo impropio de la esencia del islam.

El amor del wali no es prisionero de prohibiciones y tabúes. El sexo no resulta sospechoso de "vicio" o exceso de lujuria, ni es "pecado" como en otras tradiciones. Muy al contrario es recomendado y se alienta su práctica en el dîn del islam, pues se considera muy saludable, física y mentalmente. También a nivel espiritual es aconsejado para conseguir el equilibrio, pues es aparejándose, complementándose, como el ser humano se siente más completo, menos solo y llega al éxtasis por la unión. Aunque esto no impide algunos ejercicios ascéticos temporales (no hay celibato permanente establecido voluntariamente en islam, sino etapas o estados espirituales en los que la concentración o el acercamiento a las cosas del otro mundo abstraen de las necesidades o deseos sexuales), como le ocurrió incluso a Muhammad y nos narró su mujer Aisha, y como describe detalladamente Yalal ud-Dîn Rumi en uno de sus relatos.

Según Jabir ibn Hayyân, hay impunidad y uno se puede librar de las reglas, por un entrenamiento, comparable al progresivo adelgazamiento del caballo de carreras; al término del cual, el asceta está tan insensible a la acritud del vinagre como a la dulzura de la crema de dátiles.

Esta aparente "rebeldía", cuando responde a un sentir íntimo auténtico, es más dura que la ley. Cuando la intención del corazón responde a un compromiso interior, a un pacto con Al-lâh, la ascesis de los que desean sacudirse el yugo, es más dura que la obediencia. Instaura un acuerdo profundo entre el yo y el objetivo de la ley; establece el equilibrio interior. Ya no es una ley que se impone desde el exterior, sino que se ajusta a una voluntad de cumplimiento, desde su realización en uno mismo. La ascesis ajusta interiormente, mientras que la Ley justifica exteriormente. Hay una exigencia de conciencia, infinitamente más severa que la observancia ritual de los preceptos. Según Mawlana Rumi, hay riesgo también en la ‘ibada (en la salà enamorarse del "amor" y no del Amado; del propio estado espiritual (shirk). Nuh al Ayyar (sheij malamiya de Nishapur) le dijo a Hamdun al Qassar:

"La futuwa, tal como yo la entiendo, es la estricta observancia de la shari’a; tal como tú la entiendes, es la obediencia a la voz interior".

Ni que decir tiene que amor no es equivalente a felicidad, pero también entorpece el conseguirla, el interpretar el amor en sentido posesivo. "Toda felicidad que se quiere sentir y ¡tener! a la propia merced –en lugar de estar con ella, como por gracia– se transforma instantáneamente en una ausencia insoportable" . (D.Rougemont).

Pero el amor como maqâm no es un estado fácil como se pretende suponer y ni siquiera se ve contaminado por una esperanza de felicidad. Dice Rabe’ah al Adawiya:

"Un solo átomo de amor vale más que cien paraísos".

Según el Haÿÿ Daud, un wali que he tenido la fortuna de conocer en Marruecos, que respira amor por todos los poros de su piel y con el brillo de su mirada ha puesto una semilla (habba) en mi corazón me dijo un día:

"Al-lâh te quería antes de que tú le quisieras".

Al día siguiente cuando me vió me llamó y me acerqué para saludar. Entonces el sheij se pronunció sobre lo mismo:

"El acercamiento sólo ocurre por amor; el que se va al encuentro es por amor. Al-lâh ha puesto antes una semilla (habba) en el corazón del enamorado".

La tercera vez que me encontró siguió con el mismo asunto afirmando rotundo:

"mahabba es fanâ: Es lo mismo decir una cosa que la otra ¿acaso no se extingue cualquier enamorado en su amada? Para renunciar a ti mismo, para que ya no te importe nada, no es el sacrificio ni el dolor ni el sufrimiento, ni la voluntad, ni la paciencia, ni la confianza... solo nos damos, nos fundimos, nos aniquilamos realmente por el amor intenso. Mahabbatul-lâh es fanâ".

Muÿahidin Ibn ‘Arabi lo describe con estas palabras:

"Serás erradicado, retirado, destruido, aplastado, extinguido. Y cuando hayan terminado los efectos de la fanâ y todo lo que le sigue, se te afianza, se te tiene presente, se te hace permanecer, se te recoge, se te señala. Y se te ponen vestiduras de honor de tu rango".

La nafs es la Realidad sutil que anima el cuerpo; el aliento divino mientras nuestro cuerpo permanece vivo y respira. Nuestro "yo", nuestra alma en relación constante con nuestro cuerpo. El sí mismo. El sheij Ahmed al ‘Alawi dice: No abandones tu nafs ni te opongas a ella, ve, en cambio, con ella y busca en ella lo que hay". "Aquel que ha conocido a Al-lâh en su nafs, regresa a ella y trata de satisfacer sus deseos". Según el sheij, las ayat del Corán que amenazan a los que siguen sus pasiones, no se refieren a la pasión (‘ishq) del wali, que es de otro tipo, al igual que lo que desea. Dice Bastami:

"Me desprendí de mi nafs, como la serpiente se despoja de su piel; luego consideré mi esencia, y aquí está mi yo, ¡es Él!".

Yalal ud-Din Rumi dice algo tremendo sobre esto del amor aniquilado; máxima expresión del fanâ:

"El Wadud es Al-lâh y la persona a quien Él ha dicho: ‘Tú estás en mi y Yo estoy en ti’.

Ahora escucha, porque viene el enamorado; pues el Amor lo ha atado a una cuerda de fibras de palma.

El enamorado busca ardientemente al amado: cuando éste viene, el enamorado se va.

Tú eres un enamorado de Al-lâh y ¡Al-lâh es tanto! que cuando está, ni un pelo de ti se queda.

A su mirada, cien como tú se desvanecen: parece –amigo mío– que estés enamorado de tu propia aniquilación.

Tu eres una sombra; enamorado del sol: tan pronto llega el sol, la sombra desaparece".

"Los enamorados mueren plenamente conscientes de morir, pero es ante un Amado lleno de dulzura que mueren".

"Los enamorados, que son el alma, el uno del otro mueren por amor, el uno del otro".

Es curioso cómo se puede interpretar lo del amor a Al-lâh de distinto modo, incluso por la misma persona, según el estado en que se encuentra. Rabe’ah al-Adawiya dice en otras ocasiones cuando se le cuestiona sobre el tema:

"Intentad conseguir un corazón despierto, pues cuando está despierto no tiene necesidad del Amado".

"¿Qué necesidad tiene del Amado el que está disuelto y perdido en Al-lâh (fanâ fil-lâh)?"

Moisés es el gran símbolo del amante, porque expresando el deseo de ver a Yahvé en el Sinaí, expresa el deseo de su muerte. Pero no es deseo de sufrimiento, sino de fanâ. Es digno de destacar que en ese relato, Yahvé no le proporciona la aniquilación, que pide el profeta: le muestra lo insoportable ¡humanamente! que resulta su demanda, quemando la zarza. Rumi se inspira en este hecho:

"A su mirada, cien como tú se desvanecen: parece –amigo mío– que estés enamorado de tu propia aniquilación".

¿Cuál es ese tipo de amor, ni físico ni odhrico por el que pretenden ciertos íntimos, amar a Al-lâh?

"Quiero un corazón roto por la separación para abocar el dolor del deseo en él.

Todo aquel que está lejos de su fuente, aspira al instante en que se unirá de nuevo a ella.

Me he lamentado en toda compañía; me he asociado tanto a los que se alegran como a los que lloran.

Cada uno me ha entendido, según sus propios sentimientos, pero nadie ha intentado conocer mis secretos.

Sin embargo, mi secreto no está lejos de mi lamento, pero el oído y el ojo no saben percibirlo.

El cuerpo no está velado por el alma.

Es fuego; no viento, el sonido del ney: ¡que sucumba al que le falte esta llama!

Es el fuego del Amor, el que hay en la caña; es el ardor del Amor el que hace hervir el vino.

El ney es el confidente de aquel que está separado de su Amigo: sus acentos desgarran nuestros velos.

¿Quién ha visto nunca un veneno y un antídoto como el ney?

¿Quién ha visto jamás un consolador y un enamorado como el ney?

Pregunté a la caña: -‘¿De qué te lamentas? ¿Cómo puedes gemir sin tener lengua?’

Y el ney respondió: -‘Me han separado de la caña de azúcar, y ya no puedo vivir sin gemir y lamentarme’".

Dice Ibn ‘Arabi:

"Su amor por ti es el amor de la raíz a la rama; tu amor por Él es el amor de la rama a la raíz".

Sigue Rumi:

"Desde que conocí el agua y el fuego del amor,

en la llama del corazón, me he licuado como el agua...

el amado brilla como el sol,

el enamorado gira como un átomo.

Cuando sopla la brisa de la primavera del amor,

toda rama que no está seca se pone a danzar".

"Me oriento hacia la qibla por amor a tu faz,

si no, renunciaría a la salà y a la qibla.

Mi meta en la salà es lamentarme,

confiarTe mi pena de estar separado de Ti...

De esta plegaria hipócrita siento vergüenza

y no oso alzar los ojos hacia Ti".

"No veas (al fakir que busca un tesoro) como a un buscador de tesoros:

él mismo es un tesoro.

¿Cómo podría el amante ser otro que el amado?".

"¡Oh cielo, que giras en círculo alrededor de nuestras cabezas!

en el amor del sol, tú ejerces el mismo oficio que yo".

Hay amores apasionados como describen los versos del girasol del amor, Yalal ud-Dîn Rumi:

"Le abracé, y mi alma después, seguía deseándola

y sin embargo, ¿qué puede acercar más que un abrazo?

Y he besado su boca para apagar mi sed

pero lo que en ella he saboreado, sólo la ha inflamado.

¡Ah! la fiebre de mi corazón no podrá cortarse

mientras nuestras dos almas no se hayan compenetrado".

El lenguaje del amor son las palabras sobre la unión. De ahí procede el sabor erótico que aflora a menudo en la literatura mística. Ruzbihan de Shiraz sentencia:

"El amor humano es un texto profético".

Existe un impulso superior en el corazón del amante, que alcanza una dimensión arrebatadora; que pide a Al-lâh que se ame a Sí mismo a través de Su criatura... que se ha entregado a Él por completo, porque Le ama. Amor es realmente, deseo de unión, unión total; sin límites de espacio-tiempo. El amor real aniquila cualquier diferencia, hasta de esencia y funde la dualidad en uno. Se dice que lo que le costó a Mansûr Al-Hallaÿ el distanciamiento de su maestro Al-Yunaid fueron algunas preguntas de este tipo:

"¿Qué diferencia hay entre el individuo y la substancia?".

Sobre la Esencia (dzat), dice Muhammad (s.a.s):

"No meditéis sobre la Esencia; meditad sobre los Atributos y la ni’ma de Al-lâh".

Según Abdel Karim Al Yili:

"A veces, son las sensaciones más elementales las que simbolizan la intuición.

Por eso, a veces se llama al rûh (Soplo divino) ‘el perfume de Al-lâh’.

Es a través de los Atributos universales, que se puede saborear la divinidad".

Se dice que, los Atributos tienen un sabor, mientras que la Esencia no. Los Atributos tienen colores, mientras que la Esencia es incolora como la luz blanca, o mejor dicho, como la oscuridad en el seno de la luz".

Se ha preguntado a menudo a Rabe’ah sobre el Amor (mahabbat) y en una de estas ocasiones respondió:

"El Amor surgió de la eternidad sin comienzo (al azal), pasó hasta la eternidad sin final (al abad), y no encontró en ninguno de los dieciocho mundos, a nadie que bebiese una copa de Su dulzura. Cuando el Amor alcanzó al Haqq, sólo quedó la aya: ‘El los ama y ellos le aman (5,54)".

Sobre la fuerza de la sinceridad hay una señal para los amantes secretos:

"El amor en tanto que se esconde, se siente en gran peligro, y sólo se tranquiliza exponiéndose al riesgo".

Una voz le dijo a Rabe’ah, en el Monte Arafat:

"Cuando sólo queda el espesor de un cabello entre ellos y Nuestra Unión, ponemos sus asuntos patas arriba y los arrojamos a la separación".

Pero se ha dicho que en este camino no es el sentido común el que domina la situación:

"En el camino de Leila (la amada), donde hay peligros mortales, la primera condición es perder la razón (maÿnún-loco)".

Rabe’ah tiene diversas frases radicales:

"Si otorgaran a la gente el rapto y la atracción del amor de Al-lâh que tengo, nadie se quedaría sin amor".

"No existe separación entre el Amado y el amante".

Por más que se rompa la "jaula de las palabras", en el amor nunca daremos con las que puedan explicarlo:

"Por mucho que hablo de él o defino el amor, al llegar a él me avergüenzo de mis palabras" (Rumi).

MAHABBA: La explicación que da Ibn Yimmî (un clásico de la ciencia de las letras) sobre el hubb es:

"Se trata de algo que procede de lo más íntimo y profundo de nuestro ser (representado por la ha) y que se manifiesta externamente (la exterioridad está representada por los labios, por la ba) con intensidad (shidda; representada por la shadda, que es el signo que indica consonante doble)".

HUBB: es el querer, desear. Habb es grano, semilla como nombre "cultivar el amor" o el acto amoroso: poner semilla (semen). Pero es la acción lo que cuenta. En el Corán Al-lâh ama a los que hacen ... y no ama a los que... y eso se explica con este verbo "el hubb de Al-lâh". Muhammad es habibul-lâh. Y hay otro Nombre, que es uno de los Más Bellos Nombres de Al-lâh: Al-Wadud, que interpretamos como Amor, Amado. Una palabra derivada de la misma raíz "mawaddatan", significa amor, deseo, afecto, amistad; y también libro, escrito, carta (derivados del amor). El "wad" es interior y exterior; un amor constante, como el amor profundo y duradero de la madurez, y el "hubb" es interior; más bien, un estado del corazón, que puede ser corto o largo.

Dice Hasan al Basri:

"Al-lâh ha celebrado ante su creación su Amor por los mu’minun y ha indicado el amor como la más íntima forma de observancia que nuestro culto pueda ofrcerLe".

La aya del Corán que expresa con más contundencia el amor para Al-lâh, marcando diferencias con los otros tipos de amor es:

"WA LADZINA ÂMANU ASHADDU HUBBÂN LIL-LÂH".

"y los que tienen imân son los más ( fuertes, intensos, violentos) en cuanto amor para Al-lâh". (2:165)

No pretendo hacer una exégesis sobre esta aya, aunque la veo como un indicio de explicación al fenómeno amoroso, que algunos interpretan que no existe. Se hace una diferencia entre los que aman "como si amaran Al-lâh" (fuera de Él) y los que Le aman. La diferencia esencial reside en la "shadda": la intensidad, la fuerza (dobla la letra). La cuestión creo que no estriba en amar a Al-lâh, como se ha discutido. La señal está en esta aya, que (me) dice que el problema es todo lo contrario: amar fuera de Al-lâh; separar el amor de algo que no sea Al-lâh. Se toman "ídolos" cuando se desvincula el "amor" o lo que llamamos así del "soporte" de Al-lâh. Dice el principio de la aya: "los que aman como se ama a Al-lâh"; es idolatrizar y la única diferencia es, entre un amor y otro, la intensidad.

Sobre la intensidad Muhammad Iqbal también hace un comentario muy especial, al que no se le ha prestado suficiente atención. El saca la conclusión de que hablar de eternidad en el tiempo es hablar de infinitud, y no de extensión o prolongamiento en el espacio temporal. Según sus razonables e interesantes deducciones, el infinito depende más de la intensidad, y en ella reside esa a menudo malentendida eternidad.

Esto continúa demostrando que este terreno amoroso de la búsqueda incesante de la Unión sublime, el anhelo del Encuentro, exige mucho más de uno mismo. Suponiendo que se vea que el concepto Amor esté relacionado con el dîn del islam, tal como lo han sentido y experimentado algunos íntimos, en ese caso, hay que tener en cuenta que, algunas escuelas islámicas han rechazado este concepto (más abstracto y confuso aún fuera de la lengua árabe). Pero, aunque se acepte cualquier punto de vista sobre ello, no hay que olvidar que son manifiestamente evidentes las ayat coránicas que citan el hubb de Al-lâh y la wadda. Recordemos la guía clara en las palabras de Muhammad:

"Si queréis a Al-lâh seguidme" (3:31)

AMOR = ŸIHAD = SALAM

Sobre esto, tengo un punto de vista, que puede parecer extraño. No me voy a extender en ello, porque aún sigo reflexionando y me queda mucho por descubrir, pero veo inseparable el amor del ÿihad. El tema daría para mucho, porque incluso hay estrechos lazos entre el amor y la guerra. Según Freud "el instinto de guerra y el erotismo están fundamentalmente vinculados". Hay comparaciones formales entre las artes de amar y guerrear, desde el s.XII hasta hoy. Tengamos en cuenta que hacia el 1.400 los combates todavía conservan cierto carácter individual y la apariencia de un "deporte" noble. Ahora hay un dicho extendido: "en el amor y en la guerra todo vale", pero no ocurría así antes; sin ir más lejos, el islam impuso una serie de restricciones y reglas para legitimar la lucha. También hay una regla común al arte del amor y al arte de la guerra: la caballería (futuwa). Existe en algunas tradiciones un combate entre el amor sexual y el Amor divino, que expresa la angustia fundamental de los "angeles caídos" en cuerpos "demasiado humanos". En las culturas indoeuropeas encontramos, en formas diversas, ese misterio del Día y la Noche en su lucha mortal en el hombre, irreconciliables (al igual que el amor ideal nunca-consumado)...

Algo hay en este punto que me hace meditar sobre una de las diferencias entre la actitud y reacción de la naturaleza islámica, en comparación a este tipo de mentalidad o sentimiento. Esa incompatibilidad entre la noche y el día, entre los opuestos no es lo que señala el Corán: la noche envuelve el día y se suceden en un computo marcado, armónicamente. El cielo fecunda la tierra en un ritual tan espiritual como sexual, y hay una manifestación de belleza en la unión, en el acoplamiento, en la fusión, hasta incluso una violencia en el movimiento sideral. El alba (faÿr) es romper el día... La electricidad del rayo y el temblor y el sonido de rompimiento del trueno, los vientos... son signos que nos transmite el Corán, como amor constante en una creación continua. Por más que intente encontrar una similitud, no veo en esos choques ni fuerzas, a veces enfrentadas u opuestas entre los elementos, ningúna causa de frustración que justifique ese divorcio entre cuerpo-espíritu, mundo angelical-terrrenal, potencial humano-realidad cotidiana, luz-oscuridad; sino muy al contrario: en esa lucha por generar vida, hay una estimulante provocación y una incesante tensión, para el Encuentro.

El maestro de Sta Teresa, Francisco de Osuna escribe en su obra "Ley de Amor" en clave guerrera:

"No pienses que el combate de amar sea como las demás batallas...".

Hay que batirse en una dura pugna, en la que la derrota es no lograr la reconciliación; perder en el amor es no superar ese conflicto, ese choque; quedarse "apartado". Así que ¿cómo se explica esa distancia, esa unión imposible del amante, que en vez de resistirse y luchar sin tregua, se resigna "pacíficamente" ante la adversidad, a seguir lejos del amado?

La prueba a superar, tanto en la guerra como en el amor y de hecho, el peor enemigo en ambos casos, es el miedo. Lo único que siempre es más fuerte que este poderoso rival, es el amor real. Y en la lucha, lo único que consigue vencer el miedo es la nobleza, que es, efectivamente, el ideal o la meta a la que se aspira, más que a la victoria. Y en eso hay un gran esfuerzo, un gran ÿihad. Esta cuestión se contradice muchas veces radicalmente, con la cruel y dura realidad, pero es un polo de atracción para los anhelos espirituales vejados; como un freno que se opone a los instintos más agresivos y deshonestos, dando al amor y al combate un acercamiento a lo sagrado. Está claro que los "pretendientes" de Al-lâh no pueden ser unos débiles e inconstantes que buscan a un "Padre" que los refugie en su regazo, sino que la generosidad, el desapego y la valentía son requisitos indispensables en este deseo ardiente, capaz de mover montañas, y que si hay una palabra que especifique esta intensidad en el amor es la pasión (‘ishq).

"innalaha yuhibbu aladzina yukatiluna fisabilihi saffan ka annahum bunyanun marsusun" (71:4).

Al-lâh ama a los que combaten (katala: combatir) en su camino como si fueran una construcción muy compacta.

Confío en que los buenos entendedores vean algo del amplio sentido que se puede descubrir en esta aya pero, puesto que ÿihad no significa "guerra: (harb)" y no quiero causar más confusión en este término del que se ha hecho durante siglos, desde occidente, un uso equivocado (además de que, el perdón siempre está más elevado en grado espiritual y hay que recordarlo porque el Corán lo hace constantemente; y es además, signo y prueba de amor), me quiero referir al concepto más amplio de ÿihad, como "esfuerzo"; como "lucha" sí, pero más a un nivel ético-moral. En el esfuerzo individual y en la voluntad se basa el libre albedrío. Es decir que, para el amor se requiere esfuerzo, o iría más lejos: el Amor precisa del gran ÿihad, del combate interior, en contra o a favor (según se mire) de uno mismo; para llegar al salam, a la paz auténtica, al islam. Y ese es el proceso.

Wa la galiba ila Al-lâh

Preguntó alguien a Abu Yazid al Bastami como acercarse a Al-lâh y él respondió:

"Ama a los que ama Al-lâh (awliya Al-lâh) y procura hacerte amar por ellos, pues Al-lâh mira en el corazón del wali setenta veces cada día y cada noche. Quizá encuentre tu nombre inscrito en el corazón de uno de ellos. Entonces, te amará y te cubrirá con Su perdón".

También tenemos que tener en cuenta que hay a veces las mismas palabras para utilizar distintos lenguajes y esto, supone ciertos malentendidos. "Estar enamorado" es un estado circunstancial o un sentimiento que se sufre; no es lo mismo que amar, tratado aquí como acto, que se decide. En la Bíblia encontramos "Ama a Dios como a ti mismo". No dice "enamórate", que sería irrealizable quizá o estaría vacío de sentido, pues implica privar al ser humano de su libertad, que la tiene aunque sea parcial. Porque la acción emprendida por el amor al que me refiero, significa un compromiso que no puede aplicarse al porvenir de un estado pasajero.

Desde el interior del que ama, hay una auténtica liberación del amor. Entonces, la ley impuesta desde el exterior, carece de sentido. Pese a la desconfianza que se levanta a su alrededor, los wali han comprendido que un amor recíproco (es un vínculo por el amor), puede unir al Creador con Su creatura.

En el amor de los íntimos de Al-lâh, en su deseo de compartir, de gozar la unión con Él, la sumisión pierde su carácter servil y se transforma en un deseo de amor recíproco. Según Al Yami:

"La belleza y el amor son como el cuerpo y el alma; la belleza es la mina y el amor la piedra preciosa".

Y el sheij al akbar decreta:

"El estado del deseo (al ‘ishq) y del vínculo amoroso provoca el Encuentro: la sinceridad de este deseo, da la orientación hacia el Deseado; la sinceridad de esta orientación, lleva al Deseado a unirse al que, ama con pasión y deseo intenso".

El Corán habla de la ni’ma de Al-lâh:

"Nos ha instalado por Su ni’ma, en la morada de la estabilidad: ni la fatiga ni el cansancio nos alcanzan... Al-lâh conoce el misterio de los cielos y la tierra. Conoce los secretos de los corazones"

La palabra "ni’ma" significa básicamente, entre otras cosas agradables "placer". En la tradición islámica se usa la misma palabra para darle un sentido y un motivo al sexo, que "es una ni’ma de Al-lâh", siendo esta razón también muy diferente a lo que lo justifica en algunas culturas. Y viendo que aparece en el Qur’ân Karîm, como un favor de Al-lâh que nos reafirma en su camino, quiero reivindicar ahora, con respecto al amor, un maqâm, un estado que se queda relegado al olvido, a la poca toma de conciencia de él, quizá porque desde ciertas mentalidades "lo satisfactorio tiene que ser pecado".

Dice Yilani:

"Pedid a Al-lâh que os propicie ridâ, porque es el gran descanso, el paraíso más elevado, la gran puerta hacia Al-lâh; lo que desencadena Su amor hacia el ser humano".

Se dice que la ridâ (satisfacción) es la alquimia que transforma.

"El lugar del alma viajera es dentro de la vida del corazón. El Malakut se encuentra constantemente bajo su mirada. Ella puede ver los paraísos de ese reino, sus habitantes, su luz, y todos los ángeles dentro de él. El lenguaje del alma viajera es el lenguaje del mundo interior, sin palabras, sin sonido. Sus pensamientos conciernen constantemente a los secretos de los significados ocultos. Sin lugar más allá, su regreso, es el jardín del na’im".

Dice Rumi:

"Mientras no buscas una cosa no la encuentras, a excepción del Amado: antes de encontarLo no lo buscas:

Y se relata en un hadiz que Al-lâh ha dicho:

"No me buscarías si no me hubieras encontrado ya".

EPÍLOGO

Por supuesto que muchos considerarán que la utilización caótica del concepto "amor" en este escrito es escandalosamente equivocada, incoherente o poco razonable. Ciertamente, mezclar la poesía místico-religiosa con la erótica-popular; los sentimientos platónicos y caballerescos con la unión sexual y ésta con el amor divino, el noble Corán y la tradición profética, puede ser un disparate –por usar un término suave– y sólo tengo una excusa para este caso. La intuición y la sensibilidad más profunda, aplicadas a la realidad y a la práctica cotidiana, me llevan a plantear la trascendencia de las cosas con los ejemplos más elementales y primarios. Porque no somos, sino más bien, estamos en situación de abarcar conjuntamente todos los terrenos. Desde una perspectiva islámica, que de hecho influye en la cosmovisión que hace sentir al individuo como parte integral de un todo -con un universo interior que contiene en su núcleo la esencia del infinito, como efímera partícula de polvo, creada a partir de un coágulo de sangre, prisionera de un cuerpo a su vez, receptáculo de luz y consciente de un origen y un retorno, en un tránsito en el que también se sufre, se muere, y en el cual, el arquetipo es la plenitud humana reflejada en el insân kamil – la referencia a cualquiera de nuestras cualidades, capacidades, atributos, dones, que se nos ofrecen ya en esta vida como retribución llena de recompensa, sólo por aspirar a sumergirnos en el océano del amor... Desde esa dimensión islámica –digo- se me permite. Porque invita a la voluntad irresistible de darse, aniquilarse, extinguirse... para culminar en la Permanencia (o pretenderlo). La intención o el deseo empujan a la potencial realización de los actos. Tenemos implicación directa en todo lo que ocurre, o lo que es lo mismo, la creación continua de Al-lâh se manifiesta en la docilidad y apertura receptiva de lo creado, que a su vez expresa el efecto producido por su condición y estado respecto al jalq yadid. Pero no sólo como individuo respecto a su discriminación en la multiplicidad, sino más fundamentalmente, en su relación más íntima con la Unidad. Ahí es donde volvemos a encontrar de forma natural y casi "sin querer", el sentido del amor, esta vez con mayúscula, probablemente.

Alcanzar el éxtasis es, como nos dice Rabe’ah, ir más allá del ÿanna o del fuego –que para el amante ni quema pues él mismo está abrasado-; prescindir de la espuma de la superficie; ahondar en el abismo insondable entregándose al máximo nivel de lo posible hasta lo imposible. Nada es ya como antes, después de la transformación que produce la experiencia más fuerte.

Así que, como suelo decir "para no convertirnos en parcelas fragmentarias", hay que obrar, sentir, recordar y reflexionar con lo que se vive y se reconoce. Agradecer es merecer el regalo de esta ¿palabra?, que suena siempre más extrañamente paradójica en boca del enamorado por causa de su conmoción; que significa mucho más que lo dicho y tiene más poder que cualquier argumento lógico, aún manteniéndose, según su costumbre, al margen del sentido común.

Y por ello, quiero volver a las palabras de Rabe’ah, basadas en el Qur’ân Karîm (5:54):

Cuando el Amor alcanzó al Haqq, sólo quedó la aya:

"El los ama y ellos le aman"

Para mi, la gran prueba de amor es la que Al-lâh expresa a Muhammad, ¡haciendo! el dicho:

"He creado el universo por ti"
Y Al-lâh sabe. Wa Al-lâh ‘alîm

Salâm

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