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Los ilusos que salvaron a Amina Lawal de morir lapidada

24/10/2003 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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Amina Lawal
Amina Lawal

En el último año hemos sufrido una avalancha de e-mails sobre la amenaza de lapidación a Safiya Huseini y a Amina Lawal, dos mujeres nigerianas. Es conocida la sentencia absolutoria en ambos casos. Lo que no se sabe tanto es el como y el porque de estas sentencias. Todos aquellos que se rasgaban las vestiduras ante “la crueldad de la shar’îa” y tópicos por el estilo, están ahora satisfechos y apalancados ante los televisores. Satisfechos por creer que han contribuido con su indignación a salvar a estas mujeres, y a la espera de que se les señale el nuevo caso donde solidarizase, la nueva indignación teledirigida que ha de despertar sus conciencias.

En un mundo donde las violaciones de derechos humanos y la tortura consumadas y conocidas son tantas y tan continuadas, resulta casi candorosa la indignación pública ante dichas amenazas. ¿Por qué no una campaña contra las detenciones sin derechos en los EEUU? ¿Por qué no una campaña contra la tortura en Argelia, o contra los malos tratos a los inmigrantes en España? ¿Por qué no una campaña de solidaridad global en contra de la deuda externa y de la usura? ¿Por qué a nadie le importa que la Shell hay extraído petróleo por valor de 37.000 millones de dólares de Nigeria en los últimos cincuenta años, dejando cadáveres de disidentes y deltas empantanados de crudo, desolación y pobreza, además de una deuda externa de 35.000 millones de dólares? ¿Qué son los casos de Safiya y de Amina ante semejante crimen?

El motivo de la importancia dada al caso de las mujeres nigerianas tal vez esté en el sabor arcaico de la sentencia. La lapidación es un método muy rudimentario de acabar con una vida. Parecen mejor la horca o la silla eléctrica. Mejor todavía la inyección letal, aséptica y sin drama. La lapidación pertenece al ámbito de los castigos corporales, nos asusta ver los cuerpos mutilados, destrozados por las piedras. Presentimos el impacto de cada pedrada, el dolor insufrible, la barbarie... Estos sentimientos han sido utilizados para referirse al islam como una religión arcaica.

Es lógico que ante semejante oportunidad, se dirigiese la atención pública hacia estos casos, orquestándose una campaña de recogida de firmas. La movilización de las masas internautas está de moda, y parece fácil recoger un alto número de firmas para el caso que haga falta. Dicen las crónicas que miles de hombres buenos rellenaron una ficha con su nombre y picaron en la tecla “enviar” para salvar a las mujeres condenadas...

La absolución de Safiya Huseini tuvo un efecto liberador entre la comunidad de internautas solidarios: “¡Hemos salvado a Safiya!” Una y otra vez este mensaje nos llegaba, a nosotros, atónitos ante el triste espectáculo de las conciencias autosatisfechas de su bondad y su ignorancia...

¿Hemos salvado a Safiya, hemos salvado a Amina? Lo ridículo de estas pretensiones da que pensar. La solidaridad no presupone inteligencia, pero tampoco queríamos verla asociada con la estupidez más absoluta. Resulta poco realista pensar que unos cientos o miles o millones de e-mails de extranjeros puedan tener incidencia alguna en un juicio cualquiera de un país cualquiera. ¿Suelen actuar los jueces en función del correo electrónico? ¿Es la “bandeja de entrada” un instrumento de justicia? ¿Creemos de verdad que miles de e-mails enviados desde Malasia a Bush pararían una ejecución en Arkansas (donde gobiernan los demócratas)? Como preguntaba alguien recientemente: ¿acaso Safiya y Amina mostraron los e-mails ante el juez y se defendieron con el argumento de que los europeos consideran la lapidación como una práctica salvaje?

No seamos ilusos. No han sido los e-mails de los bienintencionados (y bien manipulados) internautas los que han salvado a las mujeres nigerianas, sino el trabajo de una serie de ONG’s y grupos pro-derechos humanos que llevan años trabajando sobre el terreno. Y no nos referimos a ONG’s extranjeras, con suntuosas sedes en países del primer mundo, sino a grupos locales, muchos de ellos compuestos por musulmanes.

En primer lugar, BAOBAB, que asumió la defensa de Amina. A este grupo se le ocurrió la extraña idea de que el mejor modo de salvar a alguien implicado en un juicio era ganarlo. Al fin y al cabo, Safiya y Amina fueron condenadas por un tribunal, y han tenido sus derechos, no como los miles de musulmanes que permanecen detenidos en EEUU, no como los inmigrantes considerados “ilegales” en la civilizada Europa de los campos de concentración.

También la asociación Women Living Under Muslims Laws (WLUML; mujeres viviendo bajo leyes musulmanas), que trabaja contra la tergiversación de la Sharîa, concienciando a la población y a las mujeres para no aceptar como “leyes de Al-lâh” algunas leyes creadas e impuestas por los hombres. Señalar la actividad de mujeres como Ayesha Iman en Nigeria y Tall Fatuo Seicko en Mali, dos combatientes musulmanas.

Frente al verdadero trabajo sobre el terreno de los hombres y mujeres por Safiya y Amina, la buena conciencia de los “internautas solidarios” nos da pena. Parecen contentarse con poner su nombre en un formulario redactado por otros y picar el botón de enviar. Así se crean la ilusión de intervenir en las noticias de países extranjeros. Ya que no pintan ni ayudan nada en sus países, se crean la fantasía de mejorar las cosas fuera, en terrenos inhóspitos y semicivilizados.

Lo más triste del caso es que las organizaciones nigerianas de derechos humanos hicieron un llamamiento para que se parasen las campañas de envíos de e-mails. En la carta, firmada por Ayesha Iman, se denuncia la intoxicación mediática que se estaba produciendo, explicando que la campaña de recogida de firmas era vista como una “ingerencia extranjera”, y esto en un país donde esta expresión significa colonialismo, robo del petróleo, explotación y destrucción de su cultura y medio ambiente. La campaña estaba creando un clima de rechazo entre los musulmanes nigerianos, claramente en contra de los intereses de las mujeres encausadas. Oídos sordos, la campaña continúa.

Pues claro, se nos dice que este caso ha hecho mucho daño a la imagen del islam en occidente. Las imágenes se han difundido cientos de veces en cientos de televisores, contribuyendo a confirmar ante muchos la imagen del islam como una religión salvaje. Esto se sabía, estaba calculado. En realidad, si los medios de comunicación y aquellos que los dirigen destacan casos tan extraños como éstos, proponiéndolos como representativos de una comunidad de mil quinientos millones de personas, es porque tratan de esconder una realidad que les asusta. Nos referimos al espíritu comunitario y de hermandad entre los musulmanes, los vínculos persona a persona, más allá de las estructuras corruptas del estado, creando canales de asistencia a los necesitados, organizando la resistencia a la colonización y la barbarie que viene de occidente.

Queremos aquí referirnos al artículo “¿Quién salvó a Amina Lawal?”, de Octavio Hernández, que puede leerse en la página web Rebelión. No estamos de acuerdo en todo con su autor, pero recomendamos su lectura. Como hemos hecho desde Webislam una y otra vez, Octavio Hernández contextualiza el avance del islam en relación a la desprotección social que sufren los nigerianos:

Cuando nos horrorizamos por la aplicación de la Sharia en Nigeria, deberíamos entender también que el islamismo se ha convertido en una expresión de antiimperialismo, sustitutiva del panarabismo socialista del cual es una perversión; deberíamos observar los servicios sanitarios, educativos y sociales que prestan las congregaciones islámicas y la solidaridad entre sus fieles, frente a la liquidación de las políticas estatales copiadas de países cristianos, como consecuencia de la cooptación imperialista de sus Gobiernos en unas democracias anuladas por el pretorianismo heredado de la época colonial.

Sí, deberíamos tratar de comprender lo que el islam ofrece a los nigerianos y a otros pueblos oprimidos: su única salida frente a la explotación y el desarraigo, una vida digna, donde el ser humano no sea una mera “fuerza de trabajo” sino una criatura de Al-lâh en un mundo sagrado. Integración del hombre en la naturaleza, reestablecimiento de los vínculos persona a persona... El problema es que ver de cerca estos asuntos conduce inevitablemente a despertar la simpatía hacia la causa del islam en el tercer mundo, lo cual no parece interesar a las multinacionales de la solidaridad.

Para terminar, la pregunta del millón (de e-mails): si las ONGs implicadas sobre el terreno en su defensa realizaron un llamamiento para parar el envío de e-mails por considerarlo perjudicial para Safiya y Amina... ¿por qué la campaña siguió adelante? La respuesta no parece fácil. En un principio, se achacó a Amnistía Internacional dicha campaña, pero AI se ha desentendido: aunque en un principio sí parece haber estado tras la popularización del caso, ella no movilizó a los internautas solidarios. ¿Quién lo hizo? Desde Amnistía Internacional se habla de la sección española de la organización… ¡Que alguien nos lo aclare!

Lo triste de este caso no son ni Safiya y Amina (al fin y al cabo, ellas tiene su islam, al cual se han aferrado en los momentos difíciles), ni los malentendidos que pueda generar ninguna multinacional de la solidaridad, sino las almas cándidas de aquellos que creen haberlas salvado enviando un e-mail... La realidad es que los “internautas solidarios” han actuado como correa de transmisión del racismo, etnocentrismo, colonialismo, orientalismo… como dice el Cohelet:

“El número de los imbéciles es infinito”.

(Eclesiastés)
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1 Comentarios

Aurelio Marin dijo el 06/12/2012 a las 14:51h:

Muy extraño el piensamiento de este señor,esta comparando la lapidacion con la silla electrica sin especificar que en el caso de la lapidacion esas mujeres no han matado a nadie para aplicarse el ojo por ojo ,y en el caso de la silla electrica llega solo la gente con muchas crimenes y violaciones .Son dos cosas muy distinctas, que por mi opinion no son buenas ninguna ,y se tiene que erradicar ,hemos salido de la epoca de piedra!.Otra cosa muy interesante es la politizacion de este problema ,no se quere ver el sentido umanitario que tras la mediatizacion se ha podido solutionar .Los medios de comunication tambien a tenido una gran influiencia en la primavera arabe en sentido bueno y no malo ,pero no se abla mucho de esto siendo un instrumento de occidente .


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