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Jutba de los caminos

13/10/2003 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Caminos
Caminos

En un cruce de caminos los peregrinos se detienen a descansar. Por un momento se dan cuenta de sí mismos y toman aliento. La jawla ualla quata illa billahil’Ali’Adim. Las lenguas Le pertenecen así como las palabras y los colores, y los recuerdos y las miradas. ¿Quién, si no, las sostiene? Allahumma: enséñame qué es la Belleza, de dónde surge, cómo nos alcanza.

Assalamu aleikum:

Recordamos la energía de la juventud como gozo y despreocupación por el cuerpo. Alguna vez nos sentimos cansados por los años y por los encuentros, y nuestro cuerpo nos reclama atención. El ayuno nos ayuda a recordar nuestra condición integral, nuestra fitrah. Cansados y abocados a la acción rompemos nuestro ayuno cuando sentimos que hemos llevado nuestra privación demasiado lejos, tan lejos que hemos desaparecido y tenemos la conciencia de nuestra ignorancia y falta de realidad esencial. Y nos damos cuenta de que Allah nos lo pone muy fácil, que no nos obliga más allá de nuestras fuerzas. Y Él conoce mejor cuáles son nuestras energías verdaderas. Allah comprende mejor que nadie nuestras flaquezas, nuestras humanas servidumbres y sólo Allah nos perdona haciéndonos conscientes de Él, y de nuestra verdadera existencia. Y nos damos cuenta de los regalos que Allah nos hace sin cesar, los dones que olvidamos.

"He malgastado los tesoros que Allah me regaló al nacer. He maltratado a mi cuerpo, me he maltratado a mí mismo. Y ahora siento nostalgia de un bien perdido para siempre. Y encuentro consuelo en esa pérdida porque me acerca a mi Señor. Más despojado y como muerto… ‘Iaka naabudu ua iakanasta’in’."

Allah se nos revela en el ayuno porque el ayuno nos vuelve reales, nos acerca a lo Único Real, nos dignifica en la experiencia de nuestra debilidad creando en nosotros una mayor y más pura energía.

Cruzan insomnes los peregrinos que se perdieron en el ayuno del mundo. Marchan en todas direcciones, giran, vuelven sobre sus pasos, se detienen y hablan. Son las palabras del mundo las que se cruzan sin cesar. Son los estallidos de la vida que no encuentran su forma, que no hallan nunca su destino, que no forman diálogo.

¿Qué poder es necesario para mantener la ficción del cosmos en nuestra mente? Si nada hay sino Él y no tiene partes ¿Cómo vemos el mundo? ¿Quién lo ve? ¿Quién vive nuestras vidas? ¿Quién ve por nuestros ojos?

Allah, al Rahmán, responde a nuestras preguntas cuando se nos muestra como Al Hayy, el Viviente, el Palpitante y Actuante. Es Su aliento compasionado lo que construye nuestro mundo, un misterioso pálpito que se expresa como vida, como cambio y transformación. Nacimiento y muerte, recuerdo y olvido son parejas de la creación de Allah. No hay lugar donde descansar de la vida, pues en ella todo se mueve sin cesar, adentro y afuera. Ni siquiera dónde descansar de las palabras o de los silencios, donde cualquier espera se torna un imposible canto de sirena, de locura insensata o voz certera que devuelve la realidad a sus nombres.

Nos responde una realidad que hace que las palabras no sean una queja, un atajo o un señuelo, sino que sean más puras que las lágrimas en un mundo siempre distante, distante porque destierra la poesía y el asombro de la mirada ingenua de los niños, porque reniega de sus santos.

Todos nosotros transitamos el mundo, crecemos y vivimos en él siempre por un tiempo. Y no somos del mundo sino de los mundos, y vamos sabiendo que todo mundo perecerá. Nos damos cuenta ahora de que ningún conocimiento nos sirve para nada, que no necesitamos saber nada, que la sola intención de saber nos basta y es colmada.

Sin embargo queremos conocer los secretos de los mundos para servir al plan de Dios. Conocer las entrañas de las cosas y de los seres, para corroborar que sólo existe Él, que sólo mediante Su poder se nos revela. Nos dice en el Qur’an:

"Y sólo a Allah Le incumbe mostraros el camino recto: pero hay muchos que se desvían de él. Sin embargo, si hubiera querido, os habría guiado rectamente a todos."

(Qur’án, Sura 16, An Nahl, la abeja, aya 9)

Cierto es que Allah no nos impone Su guía ni Su dirección. Él nos da la posibilidad de construir nuestra vida según nuestra libertad. Allah nos hace partícipes de nuestra propia creación. Y así buscamos sin cesar el conocimiento como si fuese el aire que respiramos para vivir, sin darnos cuenta de que sólo existe el conocimiento divino y el Conocedor que es uno solo. Todos los signos que nos dan sentido Le pertenecen, son Su tayali. Nada de lo que nos ocurre está fuera de Su alcance. Por eso muchas veces no sabemos hacia qué horizonte mirar.

Aurora boreal u ocaso austral, astrología o ciencia, formas del pensamiento trascendente, luces del oscuro deseo, alas que se baten en retirada, rumor apagado en su vuelo, revelación fijada en la piedra, en el árbol, en la mirada, revelación incesante y única en la historia de cada uno.

La realidad se vacía de sí misma y de sus reflejos, se abre al mismo tiempo que nos abre y nos expande sin límite. Rompe nuestra visión y nuestros pensamientos, que son aniquilados sin remisión. La realidad nos hace renacer incesantemente, volver a abrir los ojos, volver a mirar. La realidad nos desintegra y nos vuelve a reunir en cada momento, nos mantiene en Su pálpito. La realidad se nos revela insistentemente:

"Y Allah os ha creado, y en su momento os hará morir; y muchos de vosotros quedan reducidos en la vejez a un estado de lo más abyecto, en el que dejan de saber lo que una vez tan bien supieron."

(Qur’án, Sura 16, An Nahl, la abeja, aya 70)

Para constatar que nuestro viaje es un regreso, que la existencia personal es una quimera que se va desvelando, una creación que sólo encuentra sentido espiritual y trascendente en nuestras intenciones. Por eso el profeta, la paz sea con él, nos asegura que son nuestras intenciones las que serán tenidas en cuenta.

La intención —niy’a— es el acto más íntimo de libertad, el más profundo. Es el pensamiento que nace allí donde sólo Allah puede mirar y ver. Nuestras intenciones se purifican con la ‘ibada consciente. Y el ayuno purifica a su vez a todos los aspectos de nuestra ‘ibada. Hace, por ejemplo, que nuestro wudu y nuestro gusl adquieran un sentido más profundo para nosotros, que descubramos la función purificadora del agua en todas las esferas: del cuerpo, del nafs y del espíritu.

El ayuno así nos prepara, quemando lo inexistente y dando vida a la conciencia que hay en nosotros, procurándonos una visión ponderada de nosotros mismos, equilibrante por sí sola. De Allah venimos y a Él estamos regresando. Y lo estamos haciendo, más que con la comunión de los santos o con el ejercicio intelectual, con el humilde y cotidiano encuentro en este zoco imprevisible en que se está convirtiendo el mundo.

Allah nos decreta la dificultad, la restricción, para que seamos conscientes de Él a través de Su ciencia, que crea la vida más fácil para el mu’min, una vida de conocimiento y sabiduría, de vibración unísona con todos los mundos. Alhamdulilah.

2.

Conocemos algunas oraciones que los auliyyá han hecho por el profeta, pero Allah ha querido hoy regalarnos una muy especial, compuesta por ‘Abd es-Salam Ibn Mashish, qutb de su época, hace doscientos años. Su tumba está en la montaña que lleva su nombre: Muley Abd as Salam, en el rif marroquí. Su nombre significa "Siervo de la Paz, hijo de un hombre de rostro sereno".

De él no se conoce más que este texto, as-salát al-mashyshiyah, que se recita en las táriqas shadilíes, como experiencia del insán al-kámil a través de Muhámmad, la paz sea con él, como un reflejo de las más altas cualidades humanas. Hacemos nuestra esta salat por Muhámmad porque reconocemos la luz de sus seguidores, la paz sea con todos ellos. Y dice así:

"Allahumma, bendice a aquel del que derivan los secretos y brotan las luces, en el que ascienden las realidades, y sobre el cual fueron descendidas las ciencias de Adam, de modo que vuelve impotentes a las criaturas, y las inteligencias empequeñecen con relación a él, de manera que nadie entre nosotros, ni predecesor ni sucesor, puede comprenderlo.

Los jardines del mundo espiritual —al-malakut— se adornan de la flor de su belleza, y los estanques del mundo de la omni­potencia —al-yabarut— rebosan por el flujo de sus luces.

No existe cosa alguna que no esté vinculada a él, porque, como se ha dicho: ‘De no ser por el mediador, todo lo que de él de­pende desaparecería.’ ¡Bendícelo!, Allahumma, con una bendición tal como le corresponde por Ti de Tu parte, según lo digno que es de ello.

Allahumma, él es Tu secreto íntegro, que Te demuestra, y Tu velo supremo puesto ante Ti.

Allahumma, úneme a su posteridad y justifícame por su cuenta. Haz que lo conozca mediante un conocimiento que me salve de los abrevaderos de la ignorancia y apague mi sed en los abre­vaderos de la virtud. Ponme en su camino, arropado de Tu ayu­da, hacia Tu presencia. Golpea por mí la vanidad para que pue­da destruirla. Sumérgeme en los océanos de la Unidad, sácame de los cenagales del tawhid, y ahógame en la fuente pura del océano de la Unicidad a fin de que no vea ni oiga ni sea consciente ni sienta sino por ella. Y haz del Velo supremo la vida de mi espíritu, y de su espíritu el secreto de mi realidad, y de su realidad todos mis mundos, por la realización de la Verdad primera.

Oh Primero, oh Ultimo, oh Exterior, oh Interior, escucha mi llamada, así como escuchaste la llamada de Tu siervo Zaca­ríyya; socórreme por Ti hacia Ti, ayúdame por Ti hacia Ti, une entre yo y Tú, y desliga entre yo y otro-que-Tú: ¡Alláh, Alláh, Alláh!

"Ciertamente, Aquel que ha enunciado este Qur’án en términos sencillos, haciéndolo vinculante para ti, te hará sin duda regresar de la muerte a una vida renovada."

(Qur’an Sura 28, Al Qasas, La Historia, aya 85)

"¡Oh Sustentador nuestro! ¡Concédenos de Tu misericordia, y haznos conscientes de lo que es recto, cualquiera que sea nuestra condición externa!"

(Qur’án, Sura 18, Al Kahf, la Cueva, aya 10)

"En verdad, Allah y Sus ángeles bendicen al Profeta: así pues, ¡Oh vosotros que habéis llegado a creer, bendecidle y someteos a su guía con un sometimiento total!"

(Qur’án, Sura 33, Al Ahsab, la Coalición, aya 56)

Las gracias, las salawat de Allah, Su paz, Sus salutaciones, Su Rahma y Sus barakaat sean con nuestro señor Muhámmad, Tu servidor, Tu profeta y enviado, el profeta ile­trado, y sean con su familia y sus compañeros gracias tan nu­merosas como lo simple y lo impar y como las palabras perfectas y benditas de nuestro Rabb."

"¡Infinita es la gloria de tu Rabb, Señor del Honor y el Poder, excelso por encima de cuanto los hombres conciban para definirle!

¡Y la paz sea sobre todos Sus mensajeros!

¡Y la alabanza es debida por entero a Allah, Rabbil al’amin!"

(Qur’án, Sura 37, As Saffat, Los alineados en filas, ayat 180-182)
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