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¿Es traducible el Corán?

09/10/2003 - Autor: Muhámmad Chakor - Fuente: Webislam
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Muhámmad Chakor
Muhámmad Chakor

Islam significa sumisión a Dios. Sus pilares son cinco: profesión de fe (Chahada), oración, limosna o azaque, ayuno durante el mes de ramadán y peregrinación a Meca y Medina para los creyentes que tengan recursos. 

El Mundo Islámico (Umma) tenía hace una década 1.454 millones de habitantes, indican fuentes de la ONU (United Nations, World Population 1994, New York). En el año 2025 el número de musulmanes será de 2.000 millones, es decir, el 23 por ciento de la población mundial que, entonces, alcanzará la cifra de 8.600 millones de almas. 

Según l´Annuaire des Nacions Unies de 1991, 838 millones de muslimes vivían en Asia (69%), 350 millones en África (29%), 18 millones en Europa (1,5%) y 6 millones en América y Oceanía (0,5%). El 29% de los musulmanes es indio (Pakistán, Bangladesh, India), 19% es malayo (Indonesia, Malasia), 17 % es árabe, 12% es turco (Turquía, Asia Central) y el 8% es persa ((Irán, Afganistán). El 90% de los musulmanes siguen la sunna (tradición profética) y el 10% es de tendencia Chií, partidarios de Alí, primo y yerno del Profeta. 

Veinte millones de árabes son cristianos: coptos, maronitas, nestorianos, evangélicos, ortodoxos... No todos los árabes son musulmanes ni tampoco todos los musulmanes son árabes. La arabidad no es una raza sino un concepto cultural que abarca pueblos y etnias: beréberes, kurdos, afroárabes, etc. El mestizaje es la característica principal de los árabes que viven en el Magreb y Oriente Próximo. Importantes naciones islámicas no son arabófonas: Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán, Indonesia, etc. Las grandes lenguas muslímicas, habladas por más de mil millones de personas, son el turco, farsí o persa, urdú, bengalí, hindi, bahasa indonesio, bahasa malayo, tamazigh o bereber, suajili, hausa... Muchas de las lenguas precitadas tienen alfabeto árabe. 

La Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que engloba a 57 países mayoritaria o parcialmente musulmanes, es la institución supranacional más importante después de las Naciones Unidas. La Liga Árabe, con sede en El Cairo (Egipto), sólo agrupa a 22 Estados arabófonos. 

El Corán, que quiere decir recitación o lectura, fue revelado por Dios en lengua árabe al Profeta Muhammad por mediación del arcángel Gabriel. Alcorán está formado por 114 suras (capítulos) que tienen 6.200 versículos coránicos o aleyas, 323.631 letras y 77.934 vocablos. Las suras no están colocadas por orden cronológico. Las más largas están al principio y las más cortas al final. La revelación ha durado más de dos décadas. El primer período de la revelación de las suras tuvo lugar en la Meca y el segundo en Medina. El Califa Othman (644-656) recopiló y fijó el texto coránico definitivo que se conserva invariable hasta nuestros días. No hay textos apócrifos del “Mushaf” (vulgata). 

En la noche del 26 de ramadán, noveno mes del calendario musulmán, fue revelada la primera aleya: 

“¡Lee! En el nombre de tu Señor, que ha creado al ser humano de un coágulo. ¡Lee! por tu Señor el Munífico, que enseñó con el cálamo; enseñó al ser humano lo que no sabía”

(sura 96, versículos 1, 2, 3, 4, 5). 

Hay siete lecturas canónicas del Corán que están relacionadas con Tafsir (exégesis).

No hay traducción oficial del Corán, sólo existe aproximación a su semántica. Su espíritu, sabiduría, sutileza, profundidad, metáforas y fuerza retórica son intraducibles. En la vida religiosa, litúrgica y socio-política el único texto valedero es el que fue revelado, en lengua árabe, hace quince siglos. Por ser la fuente fundamental de una civilización universal más que milenaria, el Corán es de gran interés para toda la humanidad. Se han hecho 180 traducciones del mismo al inglés, 75 al francés, 70 al alemán y una docena al castellano.

Gracias al crecimiento incesante de la comunidad islámica en España, tres intelectuales españoles de confesión muslime tradujeron el Corán a su lengua vernácula a finales del siglo XX y comienzos del XXI. El periodista levantino Abdel-lah Álvaro Machordom tradujo los primeros capítulos coránicos, le siguió el andaluz Abdel Ghani Melara Navío con una edición bilingüe y, en 2001, apareció la última versión que debemos a Abdurrazak Pérez que vertió del inglés al castellano la traducción y comentarios de Alcorán realizados con antelación por el profesor austríaco, convertido al Islam, Mohammad Asad, que vivió dos décadas en Arabia Saudí donde aprendió perfectamente el árabe con los beduinos y los autóctonos. Las cinco mil notas aclaratorias enriquecen la obra que ha sido editada por el Centro de Documentación y Publicaciones de la Asociación Junta Islámica con sede en Almodóvar del Río, Córdoba. 

El autor de la traducción al inglés, Mohammad Asad, observa en el prólogo que el Corán “no ha sido presentado aún en ninguna lengua europea en una forma que pudiera hacerlo verdaderamente comprensible. Cuando miramos a la larga lista de traducciones –empezando por las obras en latín de la Edad Media y siguiendo hasta nuestros días en casi todas las lenguas europeas– hallamos un denominador común entre sus autores, sean estos musulmanes o no musulmanes: todos ellos eran –o son– personas que adquirieron sus conocimientos del idioma árabe sólo mediante estudios académicos: es decir, de los libros. Ninguno de ellos, sin importar su nivel de erudición, se ha familiarizado con el idioma árabe como uno está familiarizado con el propio, ni ha absorbido sus matices y sus giros idiomáticos con una respuesta asociativa activa dentro de él, escuchándolo con un oído espontáneamente alerta al propósito subyacente, al simbolismo acústico de sus palabras y frases. Porque las palabras y las frases de una lengua, cualquiera que sea, son tan sólo símbolos de unos significados acordados, convencional o subconscientemente, por aquellos que expresan su percepción de la realidad por medio de tal lengua. A menos que el traductor sea capaz de reproducir dentro de sí el simbolismo conceptual de dicho lenguaje –es decir, a menos que lo oiga “resonar” inmediatamente en su oído con toda su naturalidad– su traducción sólo conseguirá transmitir la cáscara externa del asunto literario al que se dedica la obra, y el significado interno del original, en mayor o menor medida se perderá: y cuanto más profundo sea el original, tanto más se desviará de su espíritu”

(Asad, Muhammad, El mensaje del Qur´an (Traducción del árabe y comentarios), Edición en español: Junta Islámica (Centro de Documentación y Publicaciones), Almodóvar del Río (Córdoba), 2001, pag. 4).

El traductor y comentarista del Corán Mohamad Asad, que pasó los últimos años de su vida en España y está enterrado en Granada, nos expone la difícil tarea que asumió: “No pretendo, sin embargo, haber “traducido” el Qur´an en el mismo sentido en que podría traducirse, digamos, a Platón o a Shakespeare. A diferencia de cualquier otro libro, su significado y su presentación linguística forman una unidad inquebrantable. La posición de las palabras en una frase y su construcción sintáctica, la manera en que una metáfora fluye hasta convertirse casi imperceptiblemente en una afirmación pragmática, el uso del énfasis sonoro no sólo al servicio de la retórica sino como un medio de alusión a ideas no enunciadas pero claramente implícitas: todo esto hace al Qur´an, en último caso, único e intraducible. (...) El traductor debe estar guiado en todo su trabajo por el uso linguístico que prevalecía en el tiempo de la revelación del Qur´an, debiendo siempre tener presente que algunas de sus expresiones, especialmente las relacionadas con conceptos abstractos, han experimentado con el paso del tiempo cambios sutiles en la mente popular y no deberían, por ello, ser traducidas de acuerdo al sentido que se les da en el uso post-clásico (...). Otro aspecto (no menos importante) que el traductor debe tener siempre presente es el iyás del Qur´an: esa inimitable elipsis que a menudo omite deliberadamente claúsulas de pensamiento intermedias a fin de expresar el estado final de una idea lo más aforística y concisamente posible dentro de las limitaciones de un lenguaje humano”

(Ibíd. págs. VI y VII).

La lectura abierta y liberal del Corán por los ulemas descartaría el riesgo de la involución. Incluso el Profeta Muhammad dijo que “las diferencias de opinión (ijtilaf) entre los hombres sabios de mi comunidad es una gracia divina. El librepensamiento es también otra vía de autosumisión al Omnipresente”.

Esta bella metáfora coránica invita a la meditación:

“... si el mar todo fuera la tinta para las palabras de mi Señor, ciertamente el mar se agotaría antes de que las palabras de mi Señor se agoten”

(XVII, 109).
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