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Eva de Vitray-Meyerovitch una vida en la proximidad de lo esencial

09/10/2003 - Autor: Layla Bousquet - Fuente: Boletín digital
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Eva de Vitray-Meyerovitch
Eva de Vitray-Meyerovitch

“Hay seres que tienen el don de existir, casi de la santidad, en el arte de reconocer y seguir su vida en la mayor proximidad de lo esencial” 1. Si el “don de existir” es saber caminar en su propia luz, entonces Eva, tal como la conocí en un momento de su larga vida, que atraviesa este siglo, fue la de los seres con ese don.

Una mujer excepcional

En un libro reciente titulado “Lo Femenino y lo Sagrado”, Julia Kristeva recuerda a esta “mujer notable” invitada en los años 70 a participar en su seminario en Jussieu para dar una conferencia sobre “la poética del Islam”. Rachel y Jean-Pierre Cartier hablan de “una mujer excepcional” en su libro de conversación con ella 2. Una periodista de Témoignage Chrétien, Véronique Badets, que la visitó dos años antes de su muerte, evoca en un artículo aparecido en enero 1998, esta “mujer excepcional”, en el corazón del sufismo, donde dice entre otras cosas una frase que fue directo a mi corazón. La cito: “Si la fuerza de un destino se mide según el número de vidas conmocionadas por su paso, entonces Eva merece una palma de honor”.

Para todas aquellas y aquellos que tuvieron la felicidad de conocerla, Eva fue una mujer que te hacía despertar. Su “Fecundidad intelectual – una cuarentena de obras – iba a la par con su fecundidad humana”3. Efectivamente, no pasaba el día o la semana sin que nuevos rostros de horizontes diversos viniesen a verla a su casa, tocados por la lectura de uno de sus libros o la escucha de una de sus conferencias y puestos “sobre el camino misterioso que va hacia el interior” 4. Numerosas vidas fueron de este modo conmovidas, a imagen de la suya propia, pues Eva era una fabulosa narradora para transmitir lo que la había puesto a ella misma en movimiento. Una narradora de lo absoluto. Me dijo un día que deseaba escribir un libro a la manera de los cuentos sufís, como aquellos que ella seleccionó en Los Caminos de la Luz 5, hechos de diversas historias aparentemente sin conexión las unas con las otras pero que, en su conjunto, dibujaban el collar de la vida. Ella lo había titulado Las Perlas del Collar precisamente. Su voz de joven, límpida y cristalina, se prestaba de maravilla para este engranaje perlado donde las palabras devanaban su tranquila erudición por el hilo transparente de un tipo de ingenuidad que parecía reencontrar los caminos de la infancia. Se hubiese dicho que la intimidad que ella mantenía con Rûmî, al traducir sus obras, le había teñido el alma a tal punto que, al escucharla, se tenía la sensación de marchar sobre granos de luz. “Toda mi vida, he conocido gente apasionante”, decía en su libro de conversaciones citado anteriormente, si bien no le gustaba hablar de ella, había aceptado narrar algunas etapas. Vida apasionante y apasionada por el constante trabajo, por los múltiples viajes y numerosos encuentros. Vida de sabia y de ferviente que, con dulzura, siendo tan discreta sobre sus dolores, consiguió vencer el esfuerzo de imponerse como la primera mujer en Francia en el círculo masculino de los “especialistas” del sufismo.

El Destino

Vida constelada de signos ofrecidos por la providencia, hacia los que para cumplir “su destino”, dedicó infatigablemente todo su cuidado y coraje en aceptar y así ayudarnos a no alejarnos del nuestro. El primero fue un día de la inmediata post-guerra cuando trabajaba en la CNRS. Desamparada tras su ruptura con el catolicismo había decidido estudiar la filosofía de la India y también el budismo preparando además una tesis de filosofía sobre la simbología en Platón. Es en este estado de desorientación interior sedienta de lo absoluto, que un signo le llegó en la forma de un libro depositado en su mesa, así , este modo por azar, por un amigo indio, rector de la universidad de Islamabad, de paso por Paris. Conocemos todas y todos estos momentos en que el corazón zozobra en un desconocido reconocido, como una encrucijada del tiempo, donde, de golpe, se siente tener un “cita con la propia alma”6. Momentos donde el encuentro es claro. El libro se titulaba Reconstruir el pensamiento religioso del Islam y su autor Mohamed Iqba l7, uno de los mas grandes pensadores musulmanes contemporáneos, hombre político, filósofo, jurista y poeta, “nuestro gran maestro”, le había dicho aquel amigo indio. Un continente se abría, el del Islam, poco, por no decir, en absoluto conocido en Francia, aquel del mundo indo-pakistanés. Ella emprendió tan pronto pudo la traducción al inglés del mismo y Louis Massignon, a quien ella había ido a ver a menudo en su desarrollo interior y del cual fue la alumna, hizo el prólogo de la primera edición.

Este fue el primer regalo que ella hizo a la comunidad musulmana de Francia y que hará seguir por unos cuantos más, puesto que tradujo una gran parte de la obra de Iqbal del inglés, entre ellas su tesis “La Metafísica en Persia 8”.

En el corazón del sufismo

Cuando el corazón zozobra, se siente el vértigo sobre el borde de las fronteras en pleno cambio de orilla, sobre todo cuando, ante un signo tan revelador, otros signos igual de conmovedores llegan a su singladura en favor del mismo, pero que, al mismo tiempo, hacen el paso mas seguro. Hubo aquel sueño en el que vio su tumba sobre la cual estaba inscrito su nombre en árabe, Hawa, tumba que encontrará mas tarde durante su primer viaje a Estambul, en un cementerio en el abandono de mujeres discípulas de Rûmî ... Iqbal citaba a menudo a Rûmî a quien consideraba como “su maestro”. Aquel era un nombre desconocido para ella. Fue en búsqueda de pistas sobre él en las bibliotecas y no encontró mas que poca cosa traducida al francés o al inglés. Emprendió pues los estudios de persa para conocerlo mejor y se encontró en las puertas de un nuevo continente tan vasto o más que el precedente, que nunca más la dejaría, había entrado de una vez para siempre en el mundo de uno de los más grandes poetas místicos persas del Islam.

Su tesis, Filosofía sobre Platón, fue abandonada, sobre la orilla de la tierra ante Rûmî y se convirtió en la Mística y poesía en el Islam 9, sobre aquel que debía morar en ella hasta su muerte. Siguieron traducciones, textos, ensayos, artículos, conferencias, tantas perlas ensartadas en el collar de su vida transcurrida en la proximidad del Islam esencial, con entre otros, su Antología del sufismo 10, ahora un clásico, o también su traducción de La Rosaleda del Misterio 11.

Es así como ella vivió “en el corazón del sufismo”, corazón vivo del Islam cuyo punto culminante fue para ella, la traducción del Mathnawi del maestro de Konya que ella terminó en la noche de su paso aquí abajo, libro aparecido en 1990 bajo el título La Búsqueda de lo Absoluto 12. Si hay tantas vías como peregrinos en esta búsqueda, Eva no cesó de hacer conocer y compartir la maravilla que guió la suya, aquella de la nostalgia de lo divino que hace danzar a los derviches discípulos del Sama’, este “Oratorio espiritual” decía ella, que Rûmî creó a la muerte de su maestro Shams de Tabriz – “una mano-cielo, una mano-tierra, girando alrededor de Dios” como lo dijo Rilke. ¿Es su proximidad cotidiana con tales pensadores o con Rabi’a, otra gran mística, de quien amaba su “familiaridad con lo divino”, lo que la hizo abordar la avalancha en ocasiones violenta de preguntas de mujeres y sobre las mujeres con tanta serenidad? Para nosotros que la hemos flanqueado en algunas de estas circunstancias, no hay duda de que ella supo transformar las tempestades en lúcida y tranquilizante ternura donde se la reconocía como un perfume de libertad.

La enfermedad, que poco a poco, hizo fundir lentamente el cuerpo en los últimos cinco años de su vida, había dado a su mirada un destello de una rara intensidad, como si todo hubiese sido dicho ya en estos ojos luminosos y en su rostro cuyos trazos había afinado sorprendentemente. Se habría dicho que el dolor había muerto en su orilla. Rostro de dulzura donde pasaba el último soplo de una gran dama, tan delicada y tan fuerte, tan frágil y tan densa, que nos deja silenciosamente y con el recuerdo y la obra de una aristócrata del corazón.”

Eva de Vitray murió tras una larga enfermedad el 24 Julio del 1999 en Paris, su cuerpo se encuentra enterrado en el Cementière Parisienne en Thiais.


Links sobre Eva de Vitray:
www.tariqa.org/rp/eva_de_vitray.php
www.isthme.org buscar la revista nº 4
 
Notas:
1 Armel Guerne, Novalis ou la vocation d’éternité. Gallimard Poésie 1975
2 Eva de Vitray-Meyerovitch, Islam, l’autre visage, entretiens avec Rachel et Jean-Pierre Cartier, Albin Michel 1995
3 Véronique Badets, “Une femme au coeur du soufisme”, Temoignage chrétien, enero 1998.
4 Armel Guerne, op. citado
5 Eva deVitray-Meyerovitch, Les chemins de la lumière, éditions Rerz, 1982
6 Armel Guerne, op. citado
7 Mohamed Iqbal, Reconstruire la pensé religieuse de l’Islam, traducción del inglés por Eva de Vitray-Meyerovitch, ed. Le Roucher 1996
8 Mohammed Iqbal, La Méthaphysique en Perse, traducción del inglés por Eva de Vitray-Meyerovitch, reed. 1996, Sinbad/Acres Sud
9 Eva de Vitray-Meyerovitch, Mystique et poésie en Islam, D. De Brouwer, 1973 (2ª ed.)
10 Eva de Vitray-Meyerovitch, Anthologie du soufisme, Albin Michel 1995
11Mahmud Shabesrari, la Roseraie du Mystère, trad. del persa por Djamshid Mortazavi y Eva de Vitray-Meyerovitch, Sindbad 1991
12 Djalal al-Dîn Rûmî, Mahnawi ou la Quête de l’absolu, 6 vol. (50.000 versos), traducción por Djamshid Mortazavi y Eva de Vitray-Meyeroitch, ed. Du Rocher, 1990
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