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La enseñanza espiritual de Dhû-l-Nûn el Egipcio (10)

La maravillosa vida de Dhû-l-Nûn el Egipcio

25/09/2003 - Autor: Ibn Arabi - Fuente: Webislam
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Awliyya
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El conocimiento (ma’rifa) y el que posee el conocimiento o «gnóstico» (‘ârif)

Según «La Corona del Islam», Dhû-l-Nûn ha dicho:

«He reflexionado sobre esta cuestión; he visto que el punto culminante de la religión era que el hombre conociera su propia alma. He reflexionado de nuevo, y me ha parecido que el conocimiento de Al-lâh era que el servidor comprendiera cual era Su valía. He reflexionado también, y he descubierto que nadie llega a Al-lâh en tanto que queda en él algo que no es Él».

Yûsuf ibn al-Husayn ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn el Egipcio decir:

«El conocimiento se obtiene reflexionando sobre tres cosas: los asuntos del mundo, considerando como los ha determinado Él, y los seres, considerando cómo los ha creado Él».

Según Abd al- Karîm ibn Hawazin (Qusayshî): Se había preguntado a Dhû-l-Nûn el Egipcio quienes eran los hombres más bajos (safila), y respondió:

«Son los que no conocen a Al-lâh y no tratan de conocerlo».

Según Sa‘îd ibn ‘Uzman al-Hayyat, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos del conocimiento: mostrarse hacia Al-lâh, consagrarse enteramente a Al-lâh, y encontrar su gloria en Al-lâh».

Yûsuf ibn al-Husayn ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«La apariencia exterior del que detenta el conocimiento (‘arif) puede estar manchada, pero interiormente es puro, mientras que la apariencia exterior del asceta (zahid) puede ser pura, pero interiormente está manchada».

Según Sa‘îd ibn ‘Uzman, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Si las gentes supieran cuál es el estado de descanso (dhull) del alma de los hombres del conocimiento a sus propios ojos, ellos les echarían ceniza sobre la cabeza y la cara». Un novicio, que estaba presente en la reunión que mantenía Dhû-l-Nûn cuando pronunciaba estas palabras, ha contado que las había referido a Tahir al-Maqdisr, y que éste había declarado: «¡Que Al-lâh abreve a Abû-l-Fayd! Lo que ha dicho es la verdad, sin embargo yo diría: «Si Al-lâh mostrara la luz de los hombres del conocimiento a los ascetas, a los adoradores, y a los que están velados por sus propios estados espirituales serían consumidos por el fuego, desaparecerían, y serían reducidos a la nada como si no hubieran existido jamás». El novicio relató a continuación todo eso a Ahmad ibn Abî-l-Hawarî, quien concluyó: «En lo que concierne a Abû-l-Fayd, ¡que Al-lâh lo proteja! ha pronunciado estas palabras en un «momento» (espiritual, waqt) en que pensaba en su propia alma, en cuanto a Tahir, ha hablado en un «momento» en que pensaba en su Señor, y cada uno de ellos ha dicho lo justo, pero Al-lâh lo sabe mejor».

La Corona del Islam» ha citado estas palabras de Dhû-l-Nûn:

«Las cosas se mantienen alegremente (tadâhaka) con los amigos de Al-lâh, los que poseen el conocimiento, gracias a las «bocas» que les han dado el poder de su Rey, cuando ellos ven en ellas las trazas de su arte y que en ellas contemplan las maravillas de su acción creadora. En todo hay para ellos una lección a sacar, y en todo hay para ellos una evocación»

Ha dicho también:

«El verdadero conocimiento es el «alzar» de la Realidad al más íntimo de los seres por la comunicación del don de las luces».

Israfîl ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«Aunque te calles, Él sabe lo que tú quieres, y si hablas, no obtendrás así lo que Él no quiere. El hecho de que tú sepas que Él conoce tus deseos debería pues dispensarte de dirigirle a El demandas y preservarte de toda reivindicación dirigiéndote a Él».

Según Abû ‘Uzman Sa’îd ibn ‘Uzman, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Con respecto al prójimo, el comportamiento del que posee el conocimiento es semejante al comportamiento de Al-lâh: te soporta y es indulgente contigo, por apropiación de las virtudes divinas (tahallugan bi-ajlaq Al-lâh al-ÿamîla)».

Según la misma fuente: Se había preguntado a Dhû-l-Nûn ¿cuando estaba permitido a un hombre decir: «Al-lâh me ha hecho ver tal y tal cosa?» El respondió: «Cuando no pueda hablar de ello».

Según la misma fuente: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«En tanto que permanece en este bajo mundo, el gnóstico no cesa de oscilar entre la pobreza y la gloria: cuando piensa en Al-lâh, se siente glorioso, y cuando piensa en él mismo se siente pobre». Ibn Hamîs, en su cita de estas palabras, ha añadido después de «se siente pobre» lo que sigue: Después Dhû-l-Nûn lanza un gemido, y exclama: «Al-lâh es nuestra gloria (fajr), y es hacia Él que es nuestra pobreza (faqr)».

Según la misma fuente: Se había preguntado a Dhû-l-Nûn cual era el estado más importante en el corazón del gnóstico, ¿la alegría y el contento o la tristeza y la preocupación? y he aquí la respuesta que oí de su boca:

«¡Al-lâh puede hacemos alcanzar, a vosotros y a mí, todo lo que esperamos de bueno! Lo que yo sé referente a esto, pero Al-lâh es más sabio, es que no hay estado que excluya a otro, ni circunstancia determinante (sabab) que excluya a otra. Voy a darte una comparación. Sabe ¡que Al-lâh te tenga misericordia! que el caso del gnóstico en este bajo mundo es análogo al de un hombre que se le hubiera honrado con una corona y que se le hubiera instalado sobre un trono en un palacio. Seguidamente se hubiera suspendido encima de su cabeza una espada enganchada a un cabello, y se le hubieran enviado a la entrada del palacio dos leones feroces. Este rey estaría así a cada instante al borde de su pérdida, en gran peligro de morir. ¡Cómo, en estas condiciones, podría estar alegre y contento! Y no tiene mas asistencia que Al-lâh». Se ha referido el comentario de un maestro sobre esta parábola; para él, la espada suspendida encima de la cabeza del rey simboliza las reglas del Islam (al-ahkam), y los dos leones a la entrada del palacio representan los mandamientos y las prohibiciones (al-amr wa-I-nahy).

Yusuf ibn al-Husayn ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«Al-lâh no ve (o no mira) una «cosa» sin que esta cosa muera, lo mismo que una «cosa» no Lo ve (o «no Lo mira») sin que ella viva, porque Su Vida es eterna y es por Ella que perdura el que La ve» (quizás haya un error en el pronombre, y es necesario leer «el que Lo ve»).

Al-Fadl ibn Sadaqa al-Wâstî ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:
«Cuando al-Habîr (el Informado —de las cosas ocultas—, el trigésimo primero de la lista tradicional de los noventa y nueve Nombres de A-lâh) aparece en la conciencia, y no hay en ella más que al-Habîr, Él hace una «antorcha resplandeciente» (sirâg munîr, expresión coránica)».

Muhammad ibn Ibrahîm al-Farisî ha referido esto:

«El gnóstico es cada día más humilde, porque a cada instante está aún más cerca».

‘Abd al-Karîm ha referido según su padre (Qushayrî) que se había interrogado a Dhû-l-Nûn sobre el gnóstico, y que su respuesta había sido:

«El estaba aquí, y después ha partido». Preguntado por el sentido de estas palabras, Gunayd ha dicho esto: «El gnóstico no es retenido en un estado con la exclusión de otro, y ninguna morada espiritual (manzil) le impide pasar a otra. Es así que puede comportarse con los que se sitúan a un cierto nivel en su conformidad con ellos, realizando la misma experiencia interior que la de ellos, y hablándoles de las realidades espirituales que experimentan de forma que sacan provecho».

Según la misma fuente, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Los espíritus de los profetas han corrido en la arena del conocimiento, y es el espíritu de nuestro Profeta Muhammad quien ha llegado el primero al «Cuadro de la Unión» (rawdat al-wisâl)».

Sa’îd ibn ‘Uzman ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«Los hombres que conocen el mejor Al-lâh son los más desorientados (tahayyur) a Su respecto».

Según Yusuf ibn al-Husayn: Se había preguntado a Dhû-l-Nûn: «¿Por qué medio has conocido a tu Señor?» y él respondió: «Yo he conocido a mi Señor por mi Señor, y sin mi Señor yo no habría conocido a mi Señor».

Según la misma fuente:

«Los signos característicos del gnóstico son tres: la luz de su conocimiento no extingue la de su piedad escrupulosa, él no se adhiere interiormente a una creencia que estuviera en contradicción con la letra de las prescripciones de la Ley, y la abundancia de las buenas obras con las que Al-lâh lo gratifica no le incita a desgarrar los velos de las prohibiciones divinas».

«La Corona del Islam», ha mencionado esta frase de Dhû-l-Nûn:

«Desde el primer paso que tú das en su busca, lo encuentras».

Y esta otra: «Cómo se alejaría de Al-lâh aquel a quien es indispensable».

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