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El Profeta ummi: ¿Sabía Muhámmad leer y escribir?

15/09/2003 - Autor: Ayatullah Murtaza Muttahari - Fuente: Webislam
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Ayatullah Murtaza Muttahari
Ayatullah Murtaza Muttahari

Presentación

El Ayatullah Mutahhari nació el 12 de Bahman de 1.298 (Febrero de 1.919), en una familia de clérigos chiítas. En 1.937, a los 18 años de edad fue a Qom donde estuvo 15 años estudiando las ciencias del islam. Allí asistió a las clases del Imam Jomeini. En 1.952 se dirige a Teherán donde emprende diferentes actividades en el conocimiento del islam y la política. Sus actividades toman la forma de conferencias, clases y publicación de libros. A partir de 1.966 dirige la Husseanieh Ershad (centro de enseñanza y difusión islámicas). En 1.970 se convierte en el dirigente de las actividades islámicas de la Mezquita Mayd’ en Teherán. La Savak (policía política) del Shah cerró ambas instituciones, encarcelando al Ayatullah Mutahhari. A su salida de la cárcel, en 1.977, la Savak le prohibió dedicarse a sus actividades. Prosiguió sin embargo clandestinamente. En 1.978, se convierte en uno de los líderes del movimiento revolucionario. Tras el triunfo de la Revolución es elegido miembro del Consejo de la Revolución y después Presidente. Murió asesinado en circunstancias poco claras, el 12 Ordibehecht 1.358 (1.979).

El Profeta ummi

Por Ayatullah Mutahhari

Introducción

Tras conocer la vida del muy noble Profeta, es innegable que no recibió ninguna enseñanza sea cual sea y que no consultó libro alguno de ninguna clase.

Por lo demás, ningún historiador sea o no musulmán, ha podido afirmar lo contrario, tanto si se refiere a su infancia y juventud como si se evoca su edad adulta y vejez, época precisa correspondiente al Mensaje Revelado. Por lo mismo, nadie ha podido afirmar o presentar la prueba de que el Profeta haya leído sea lo que sea o escrito una sola palabra antes de su misión.

Los Árabes de aquel tiempo, sobretodo los del Hiyaz, eran analfabetos, excepto algunos raros individuos que se podían contar con los dedos de la mano, siendo así inconcebible que una persona sabiendo leer y escribir pudiese pasar desapercibida.

En su tiempo, el Profeta fue calumniado y difamado por las gentes hostiles a su mensaje, no por el hecho de sí sabia leer y escribir, sino porque le acusaban de plagiar otras enseñanzas. Como pudiera ser que tuviera nociones rudimentarias de escritura y lectura, esta acusación puede ser con rigor posible.

Testimonios

Los orientalistas, escrutando la historia islámica con ojo crítico, no han podido descubrir el menor vestigio de un conocimiento de la escritura y lectura por el Profeta. Han debido admitir que era analfabeto y había crecido entre un pueblo analfabeto. Carlyle escribe en su libro “Los Héroes que hay que admitir que Muhammad no recibió ninguna enseñanza tras un maestro y que la escritura era de importación reciente entre el pueblo árabe: “Creo que la verdad es que Muhammad no conocía ni la escritura ni la lectura y que no conocía más que la vida del desierto”.

Will Durant escribe en “La Historia de la Filosofía”: “Aparentemente, nadie pensó en enseñarle (a Muhammad) la lectura y escritura. El oficio de escribir no gozaba de consideración a los ojos de los Árabes, es por lo que no había más de diecisiete personas sabiendo leer y escribir”. (1)

Ignoramos si Muhammad ha escrito una línea de su propia mano pues, tras el inicio de la Revelación, utilizó un escriba particular dictándole el más célebre y sabio de los escritos en árabe, donde los detalles reflejan un conocimiento muy superior al de los instruidos.

Jean Dion Pourth escribe en su libro “La justicia debida a Muhammad y al Corán” (2). “En cuanto a la enseñanza y educación, tal y como son perpetuados en el mundo, se piensa unánimemente que Muhammad no ha estudiado y que no ha conocido más que lo que es corriente en su tribu”.

Constan V. Glurgiu escribe en su libro “Muhammad, el Profeta que debe ser conocido de nuevo” (3): “Aunque haya sido analfabeto, los primeros versículos revelados mencionan la pluma y la ciencia, es decir, la escritura y la enseñanza. Ninguna de las más importantes religiones ha concedido al desarrollo de la ciencia y del conocimiento tanto valor, ni le atribuye un lugar tan privilegiado como la religión islámica. Si Muhammad era un “sabio” no habría lugar a asombrarse del misterio de estos versículos enunciados en una caverna de Hirah pues el sabio conoce el valor exacto de lo que dice. Pero Muhammad era analfabeto y el alumno de nadie. A mi vez felicito a los musulmanes por el lugar elevado que ocupa el conocimiento en su religión”.

Gustave Lebon ha escrito en su libro “La Civilización arabo musulmana” (4): “Es sabido que el Profeta era analfabeto y esto es exacto según el modo de pensamiento analógico. Si fuera sabio, la relación entre los asuntos y los capítulos coránicos habría estado mejor arreglado. Y, si no era analfabeto, no habría podido difundir una nueva ideología. El hombre analfabeto conoce mejor las necesidades del ignorante y puede dirigirlas más fácilmente hacia la buena vía. De todas maneras, fuese o no fuese analfabeto, no hay ninguna duda que poseía el mejor espíritu y la mejor inteligencia”. Sin embargo las ideas materialistas de Gustave Lebon y la dificultad que tuvo para penetrar en el contenido del Corán, pues no comprendía los vínculos entre los versículos, le llevaron a menospreciar al Profeta y al Corán. A pesar de ello reconocía la inexistencia de cualquier signo que permita afirmar un conocimiento previo de la lectura y de la escritura por parte del Profeta del Islam.

En realidad nuestro propósito no era extraer y citar los argumentos de estos autores no musulmanes, que guiados por su escepticismo han hecho minuciosas búsquedas en la historia del Islam a fin de descubrir en ella pruebas válidas para socavar nuestras profundas convicciones. En verdad que los musulmanes son los más cualificados para dar sus puntos de vista sobre la Historia Islámica. Es evidente que si el Profeta hubiera tenido conocimiento de la escritura, este hecho no habría podido escapar al ojo crítico de los buscadores.

Así, el breve encuentro del Noble Profeta acompañado de Abu Talib con el monje Bahira (5), intrigó mucho a los orientalistas. Este encuentro tuvo lugar con ocasión de un alto en el camino de Meca a Siria. Los orientalistas siempre se han preguntado si el Profeta había aprendido algo con ocasión de este encuentro. Si este encuentro insignificante ha llamado la atención de los nuevos y antiguos opositores al Islam, entonces cualquier documento probando que el Profeta sabía leer o escribir no habría, sin duda, podido escapárseles. Y si tal documento existiese habría, sin duda, sido aumentado bajo la lente de sus microscopios.

Para elucidar más esta cuestión, hay que tomar en consideración los dos puntos siguientes: periodo anterior y periodo posterior a la misión profética.
Es necesario que insistamos aun más sobre la aptitud para leer y escribir del Profeta durante el período posterior a la misión. Estamos por lo tanto en perfecto acuerdo con los investigadores sobre el hecho de que el Noble Profeta fue analfabeto antes de su misión: en efecto, pensamos que era todavía analfabeto en aquel momento. Lo que parece más verosímil para esta época, es que no escribía. De todas formas, las opiniones difieren en cuanto a su aptitud para leer. Algunos hadices shiitas relatan que sabía leer en la época del Mensaje pero que no sabía escribir. Otros hadices desmienten este hecho. Sin embargo, si se consideran todas las búsquedas y las pruebas dadas, podemos concluir que el Profeta no sabia leer ni escribir tampoco en la época del Mensaje. En cuanto a la época anterior al Mensaje, debemos hacer una investigación profunda sobre la situación general del arte de escribir y leer en la Península Arábiga.

La escritura en el Hiyaz

El estudio de las corrientes históricas nos muestra que, al alba del Islam, no existía en la península más que algunos individuos, en muy limitado número sabiendo leer y escribir. Al Baladhuri nos relata al final de su libro “Futah al Buldan” (La conquista de las regiones) (6) el inicio de la escritura en el Hiyaz. “Tres personas se reunieron, Moramir Ibn Mullah, Aslam Ibn Sadzah y Amir Ibn Yadrah (7). Establecieron una escritura, copiando las letras árabes de las letras sirias. Las enseñaron a las gentes de Al Anbar que las transmitieron a continuación a las del Al Hirah. Bashir Ibn Abdulmalik, hermano de Akdin Ibn Abdulmalik Ibn Abdulyinn Al Kindi, gobernador de Dawmat ul Eyahdal, (8) —un cristiano— iba y venia al territorio de las gentes de Al Hirah.

Es así como aprendió allí su escritura. Más adelante, se dirigió a la Meca para negocios. Un día, Sufian Ibn Abd Shams y Abu Qays Ibn Abd Manaf Ibn Zohra Ibn Halek, que le vieron escribir, le pidieron que les enseñara el alfabeto: es lo que hizo. Los tres partieron enseguida a Taif por negocios. Allá, tuvieron por compañero a Guilan Ibn Salmah Al Thaqafi a quien enseñaron el arte de escribir. Bashir les dejó yéndose a Madher donde enseñó este arte a Amri Ibn Zararah apodado “El Escribiente”. Posteriormente, Bashir se volvió a Siria donde difundió a otras personas este alfabeto. Por lo mismo, un hombre de Zabajat Kalb aprendió también la escritura al lado de los tres primeros citados anteriormente, después le enseñó a su vez a un hombre de la tribu del Wadi al Qura que trajo este arte a su tribu.

Así mismo, Ibn Al Nadim ha hecho alusión a lo que ha escrito Baladhuri en su obra “Al Fihrist” (El inventario, el primer arte del primer articulo). Y, relató que Ibn Abbas dijo que la escritura árabe tuvo tres precursores de la tribu de Bulan (subtribu de los Anbar) que transmitieron a continuación su conocimiento a las gentes de Al Hirah.

Así mismo, Ibn Jaldun menciona una parte del pasaje precitado y lo confirma en su “Muqaddima” (capítulo donde la escritura es presentada en tanto que creación humana). Al Baladhuri relata que no había mas que diecisiete hombres sabiendo escribir entre los Quraishitas: Omar Ibn Al Jattab, ‘Ali Ibn Abu Talib, Uthman Ibn Affan, Abu Ubaida Ibn Al Yarah, Talha, Yazid Ibn Abu Sufian Abu Hudayfa, Ibn Utba Ibn Rabia Hatib Ibn Amru, el hermano de Suhail Ibn Amru al Amiri de Quraish, Abu Salama Ibn Abd al Assad Al Majzumi, Aban Ibn Said, Abdullah Amiri, Abu Sufian Ibn Harb Ibn Umayya, Muawya Ibn Abu Sufian, Djahim Ibn Al Calt y finalmente entre los asociados de los Quraishitas, Al Ala Ibn Al Hadhrami.

Al Baladhuri, igualmente, no menciona más que una mujer Quraishita de la época de la yahiliyah (la Ignorancia) y contemporánea del advenimiento del Islam, sabiendo leer y escribir: Al Shifa Ibn AbdAl-lâh Al Adwi. Se convirtió al Islam y fue del grupo de los primeros emigrantes. Dijo también que ella enseñó a Hafsa, la mujer del Profeta y que un día, este último le dijo bromeando: “¿No enseñarás a Hafsa el encantamiento de Al Namba, igual que le has enseñado la escritura?”.

Al Baladhuri cita también algunas mujeres musulmanas sabiendo leer pero no escribir como Hafsa, Aisha y Umm Salama, esposas del Profeta; otras sabiendo leer y escribir como Karima Bent Muqadah y Bent Said quien reveló que su padre le había enseñado.

Al Baladhuri nombra también a los que eran los escribas del Profeta y afirma que el número de ellos pudiendo escribir entre los Awass y los Jazray (las dos tribus de Medina) no sobrepasaba de once personas al principio del Islam.
De todo esto que acabamos de relatar, deducimos que el arte de escribir era reciente en la región del Hiyaz y que la situación era tal que cualquiera que lo dominase, era conocido por todos. Como no había más de una veintena de personas capaces de leer y escribir en Medina y Meca, la historia ha podido retener los nombres. Y si el Enviado de Al-lâh, El Profeta, hubiera pertenecido a ese grupo, seguro que ese dato seria conocido por todos. Esto demuestra claramente que no sabia ni leer ni escribir.

La época del Mensaje, particularmente en Medina

El estudio de todas las investigaciones realizadas nos proporciona la certeza de que el Enviado de Al-lâh no sabia ni leer ni escribir en tiempos del Mensaje. Pero las opiniones de los sabios musulmanes, shiitas y sunnitas, difieren en este punto. En efecto, algunos de entre ellos consideran como improbable que la Revelación (Wahy) le haya gratificado con el don de todas las cosas salvo de la aptitud de leer y escribir.

Es relatado en algunas tradiciones shiitas que el Profeta leía en tiempos del Mensaje pero no escribía. Citamos la tradición relatada por As Saduq en las “Causas de las leyes divinas” según la cual Abu Abdullah había dicho: “que una de las cosas que Al-lâh otorgó al Enviado de Al-lâh es la aptitud de leer pero no la de escribir. Cuando Abu Sufian se dirigía hacia Uhud, Al Abbas escribió al Profeta. La carta le llegó mientras se encontraba cerca de los muros de Medina. Leyó la misiva y no informó de ella a sus compañeros. Les ordenó entrar en Medina y cuando estuvieron en el interior de la ciudad, les informó de ella”.

Pero la biografía de Zini Wahalan relata el incidente de la misiva de Al Abbas de otra manera: “Al Abbas escribió al Profeta, informándole de su reunión y de su partida. El mensaje llegó al Profeta, mientras se encontraba en Quba. Al Abbas había pagado a un hombre de los Bani Ghifar para que llevara la carta a Medina en un plazo de tres días. Es lo que hizo. En cuanto recibió la carta, el Profeta la abrió y se la tendió a Ubayy Ibn Kaab quien le leyó el contenido. El Profeta le ordenó guardar el secreto y se dirigió a continuación a casa de Salad Ibn Ar Rabia. Le Informó del contenido del mensaje y le dijo: ¡Oh Al-lâh!, espero que esto sea un bien y te pido que no lo reveles“.

Otros creen que el Profeta sabia leer y escribir en tiempos de la Revelación. Sayyid Murtadha dice en el libro “Los Océanos de la Luz”: “Ashshabi y un grupo de sabios afirman que el Enviado de Al-lâh no dejó este mundo sin haber sabido la escritura y la lectura”. Puede ser que se apoye en el hadiz del Dawat wal Qatif (El Tintero y La Pluma) que dice: “Es bien conocido en las recopilaciones de tradiciones y los libros de historia que el Profeta dijo: Traedme tinta y una pluma para que os escriba una cosa gracias a la cual no os extraviéis jamás”. Pero la referencia de este hadiz no es válida pues no es evidente que el Enviado de Al-lâh haya querido escribir con su propia mano. En efecto, si se supone que el Profeta haya querido dictar algo en presencia de algunas personas que quisiera tomar como testigos y que hasta tuvieran que poner su firma, entonces la expresión seguiría siendo: “para que os escriba una cosa gracias a la cual no os extraviéis jamás”. Y un contexto tal es justo, pues se trata aquí de un procedimiento literario concreto que es usado a menudo tanto en le lengua árabe como en otras lenguas.

Los escribas del Profeta

Se puede citar de los relatos históricos islámicos antiguos y dignos de fe, que el Enviado de Al-lâh tenia un grupo de escribas en Medina y que registraban por escrito la Revelación y las Palabras del Profeta, los contratos entre la gente y las promesas que hacía el Profeta a los politeístas y a las Gentes del Libro, las listas de donativos, de impuestos, botines de guerra y del jums (impuesto anual de un quinto de lo que se ha ahorrado sobre algunas rentas) así como las numerosas cartas que el Profeta hacía llegar a diferentes personas. La historia nos reporta además de la Revelación y hadices, numerosos contratos y cartas del Profeta.

Así, Muhammad Ibn Sad en su libro “Al tabaqat al Kabira” (Las Grandes Generaciones) tomo II, pp. 30 a 38, hace mención de cerca de un centenar de cartas y cita su contenido. Algunas de estas cartas están dirigidas a los emperadores del mundo, a los gobernadores, a los jefes de tribu, a los príncipes bajo la dependencia de los Romanos y los Persas y a todas las personalidades. Sea que les invitase a abrazar el Islam, sea qué revistiesen un carácter de educación general conteniendo a veces un principio de jurisprudencia. Además contienen bastantes otras cosas. En varias de estas cartas el escriba ha mencionado su nombre al final del texto dictado por el Profeta. Se dice que el primero en iniciar esta costumbre es Ubayy Ibn Kaab, el Compañero bien conocido.

El Profeta no escribió con su mano ninguna de estas cartas, contratos o epístolas y en ningún sitio se lee que el Enviado de Al-lâh haya escrito él mismo nada de nada. Además no tenemos ningún versículo coránico escrito por su mano, mientras que aquellos que registraron la Revelación, todos escribieron el Corán entero. ¿Es posible que el Profeta, sabiendo escribir, no haya escrito ni el Corán, ni un sura, ni tan siquiera un ayat con su propia mano?

Los libros de historia nos han legado los nombres de los escribas de la Revelación. Yaqubi escribió: “Los escribas que registraron la Revelación por escrito, las cartas y contratos, fueron: ‘Ali Ibn Abu Talib, Uthman Ibn Hassanah, Abdullah Ibn Sa’d Ibn Abu Sarah, Affan (9), Ibn Shubah, Maadh Ibn Yabal, Zaid Ibn Thabet, Hanzalah Ibn Ar Rabi, Ubayy Ibn Kaab, Yahim Ibn Qalt el Hasin Al Hamiri”.

En cuanto a Massoudi en “Les Remarques et les Modifications”, menciona con detalles el papel preciso de los escribas lo que aclara las diferentes funciones y atestigua que existía una especie de organización y reparto de tareas: “Jalid Ibn Salid Ibn As Ibn Umayya Ibn Abd Shams Ibn Abd Manaf escribía en presencia del Profeta y se ocupaba de los asuntos corrientes. Al Mughayra Ibn Shibah Al Thaqafi y Al Hacin Ibn Numair anotaban también los asuntos corrientes. Abdullah Ibn Al Arqam Ibn Abd Yaghonth Az Zahari y Al Ala Ibn Aqaba enumeraban las deudas y establecían los contratos entre la gente. Zubayr Ibn Awan y Yahim Ibn Calt contabilizaban las sumas dadas en limosna. Hudhayfa Ibn Al Yaman anotaba el valor de las tierras de Hiyaz. Muayqib Ibn ‘Ali Fatimah Al Dawsi (que era un aliado de los Bani Assad) inscribía los botines de guerra del Enviado de Al-lâh. Anteriormente esta función era llevada a cabo por Salid Ibn Thabet Al Ansari. Al jazrayi Ibn Malek Al Nayyar, de la tribu de Ibn Atam, dirigía las cartas a los reyes y les respondía en presencia del Profeta. Le servía de traductor del persa, del griego bizantino, del copto, del etíope, lenguas que había aprendido en Medina frecuentando extranjeros.

Hanzalah Ibn Ar Rabi escribía en presencia del Profeta y ordenaba todos sus asuntos cuando los otros escribas estaban ausentes. Se le apodaba Hanzalah “El Escriba”. Murió durante el califato de Omar Ibn Al Jattab, después que Al-lâh hubo dado a los musulmanes la victoria y se hablan dispersado por el país. Partió a Ar Ruha, ciudad de Madhar y murió allí. Abdullah Ibn Sad Ibn Abu Sarh fue escriba antes que se reuniese con los politeístas, renegando así del Islam. Sharhabil Ibn Hassana al Tabighi y Ala Ibn Al Hadhrami fueron a veces escribas. Muawya lo fue algunos meses antes de la muerte del Profeta. Aquí no han sido citados más que los nombres de aquellos que escribieron varios textos y cuya función ha sido probada”. (Ver Al Tanbih wal Ishraf “Les Remarques et les Modifications”, pp. 245-246).

Sin embargo, Massoudi no menciona a los escribas de la Revelación y a aquellos que establecieron los contratos islámicos como el Imam ‘Ali, Abdullah Ibn Masud y Ubayy Ibn Kaab, como si no hubiera querido citar más que la gente que cumplía otras funciones que la de anotar los versículos revelados.
Encontramos igualmente en la historia y la Tradición islámica numerosos casos en los que innumerables musulmanes de lugares próximos o lejanos le pedían consejos. Les respondía con sabiduría y elocuencia. La historia afirma que estas palabras se inscribían ya directamente durante la reunión o bien a continuación. Pero remarcamos que el Profeta no ha escrito ni una sola línea en respuesta a estas preguntas. Si hubiera escrito, seguro que los Musulmanes habrían, con seguridad, conservado piadosamente estos documentos considerándolos como un honor rendido a ellos o a su tribu.

Esto es lo que pasó, por otra parte, durante la vida del Imam ‘Ali, así como durante la de todos los Imames cuyos escritos fueron conservados durante años e incluso siglos por sus adeptos y sus discípulos. Hoy en día, todavía podemos contemplar pergaminos atribuidos a los Imames.

La célebre historia de Zaid Ibn ‘Ali Ibn Husain, la de Yahya Ibn Zaid y la preservación de la”Sahifah as Sayadiyah” (colección de invocaciones) es un testimonio de lo que se acaba de decir.

Ibn Nadim relata en el “Primer arte del segundo articulo de Al Fihrist” un incidente interesante: “Muhammad Ibn Ishaq dijo que en la ciudad de Al Hadita había un hombre llamado Muhammad Ibn Al Husain y conocido bajo el nombre de Ibn Abu Bara Este hombre tenía una biblioteca como yo nunca he visto igual. Contenía muchos libros de literatura, de gramática árabe y libros antiguos. Lo que era remarcable, era que cada libro u hoja contenía la escritura del que lo había escrito. Un grupo de sabios ha testimoniado la escritura de cada uno. En esta biblioteca, había manuscritos de los Imames Al Hassan y Al Husain, los depósitos y los contratos escritos por la mano del Imam ‘Ali y también manuscritos de los escribas del Profeta. Así conservaba estos documentos antiguos y benditos.

Entonces ¿cómo seria posible que el Profeta haya escrito una sola línea y que no se haya conservado, teniendo en cuenta la extraordinaria atención de los Musulmanes para estas cosas? Así pues, la pregunta sobre el conocimiento de la escritura por el Profeta recibe una respuesta negativa tras las concordancias contextuales y los documentos. En cuanto a la cuestión de saber si leía en la época de su misión, no podemos dar una respuesta negativa categórica, aunque no exista ninguna prueba demostrando que sabía leer y aunque otros hechos se opongan a esta hipótesis.

La paz de Hudaybiyah

Hay incidentes en la vida del Profeta probando que no leía ni tampoco escribía en Medina. Las consecuencias históricas del célebre acontecimiento que tuvo lugar en Al Hudaybiyah le han conferido una gran importancia. Aunque los documentos antiguos y los relatos modernos concernientes a este tema presentan diferencias, exponen los casos permitiendo dilucidar bien el asunto. En el mes de Dhul Qada del año 6 de la Hégira, el Profeta dejó Medina a fin de llevar a cabo la peregrinación a la Meca (Umra y Hayy). Recibió la orden de llevar con él los camellos del sacrificio pero cuando llegó a Al Hudaybiyah, a tres leguas de Meca, se dio cuenta que los Quraishitas habían cerrado el camino. Primero pensó que el mes era un mes sagrado y, según las reglas de los politeistas observadas por los Quraishitas, estos últimos no tenían derecho de impedirle entrar en Meca, sobre todo después que el Profeta hubo explicado que no tenia otro objetivo más que visitar la Kaaba y que se irían tras haber cumplido los ritos.

A pesar de todas estas explicaciones, los Quraishitas rehusaron su acuerdo e impidieron a los Musulmanes proseguir su camino. Estos últimos estaban, no obstante, decididos a entrar en la Meca, por la fuerza si era necesario. Pero el Profeta se opuso a esta tentativa que deshonrarla el estatus sagrado de la Kaaba. Una conciliación fue interpuesta entre las dos partes en cuanto al peregrinaje a efectuar. El Profeta dictó el texto de la declaración al Imam ‘Ali, comenzando por: “En el Nombre de Al-lâh Clemente y Misericordioso”. Suhail Ibn Amr, el representante de los Quraishitas, se opuso a esta introducción islámica que los Quraishitas no conocían y pidió que se le reemplazara por: “En Tu nombre ¡Oh Al-lâh!” (Bismika Al-lâhuma). El Profeta aceptó y ordenó a ‘Ali escribir como lo había pedido Suhail Ibn Amr, añadiendo: “escribe he aquí lo que ha sido convenido entre Muhammad, el Enviado de Al-lâh y Suhail Ibn Amr”. Suhail intervino de nuevo: “Si yo admitiera que eres el Enviado de Al-lâh, no te combatirla. Escribe por lo tanto tu nombre y el nombre de tu padre”. El Enviado de Al-lâh dijo entonces: “Anota lo que ha sido convenido entre Muhammad Ibn Abdullah y Suhail Ibn Amr”. Aquí es donde aparecen las divergencias entre los relatos reportados en la “Vida del Profeta” de Ibn Hisham y en “La Tradición Musulmana” de Bujari (ver capitulo “Las condiciones del Yihad y de la conciliación con los enemigos”). Se dice que el conflicto entre los Quraishitas y el Profeta se situaba ante la escritura de las palabras “Enviado de Al-lâh”. El Profeta habla aceptado la escritura de “Muhammad Ibn Abdullah en lugar de “Muhammad, el Enviado de Al-lâh”. No obstante la mayor parte de los otros relatos mantienen el desacuerdo entre los dos hombres acerca de la escritura de las palabras “Muhammad, el Enviado de Al-lâh”.

El Profeta pidió a ‘Ali borrar la expresión “Enviado de Al-lâh” pero ‘Ali se excusó por no poder borrar con su mano esas palabras benditas. Aquí, de nuevo, los relatos divergen. Las tradiciones shiitas concuerdan sin embargo en decir que el Profeta borró con su propia mano esta expresión y que a continuación ‘Ali escribió “Ibn Abdullah”; excepto algunas tradiciones shiitas y sunnitas que relatan que el Profeta pidió a ‘Ali que le mostrase esta expresión y le posase sus dedos encima a fin de poder borrarla él mismo. ‘Ali obedeció y escribió a continuación “Ibn Abdullah”. Según estos datos, el Profeta no sabia leer ni escribir y era pues ‘Ali quien hacía la función de escriba.

El libro “Recitaciones del Corán” de Abu Bakr Atiq de Nishapur, realizado a partir de su comentario coránico escrito en el siglo V en persa (titulado en persa “La Felicidad Eterna”) relata este incidente. Llegado al momento en que Suhail se opone a que se escriba “Enviado de Al-lâh”, se puede leer: “Suhail Ibn Amr dijo: ‘escribe: he aquí lo que ha sido convenido entre Muhammad Ibn Abdullah y Suhail Ibn Amr’”. El Profeta ordenó a ‘Ali borrar las palabras “Enviado de Al-lâh” pero el corazón de ‘Ali no podía decidirse a hacer eso y el Profeta debió repetir su orden. ‘Ali se abstuvo de nuevo y el Profeta, siendo analfabeto, le dijo: “posa mis dedos sobre estas palabras para que yo las borre”. Entonces ‘Ali obedeció, después escribió en su lugar “Ibn Abdullah”.

Así mismo, Yaqubi escribe en su Historia: “Ordenó a ‘Ali escribir: En tu nombre ¡Oh Al-lâh! de la parte de Muhammad Ibn Abdullah“. El conjunto de hadices de Muslim confirma, tras haber mencionado la negativa de ‘Ali a borrar las palabras benditas, que el Profeta le dijo: “Muéstrame dónde están esas palabras”. ‘Ali le mostró el lugar de las palabras y el Profeta las borró y Escribió entonces “Ibn Abdullah”. Hay que resaltar que este relato muestra de una parte que el Profeta necesita a ‘Ali para reconocer las palabras en cuestión, y que relata por otra parte que el Profeta las borró y Escribió las otras palabras deseadas. Parece a primera vista que el Profeta ha escrito él mismo pero está aceptado que el copista del hadiz quería decir que era ‘Ali quien había escrito.

Pero de la Historia de Tabari, en el Kamil de Ezzeddin Abulhassan Ibn Athir y en otros relatos de Bujari (Capitulo de las Condiciones), resalta que las últimas palabras fueron escritas por el mismo “Enviado de Al-lâh” pues el texto dice: “El Profeta tomó el pergamino y escribió, aun no sabiendo escribir”. Esto significa que el Profeta escribió excepcionalmente y esto sostiene la opinión de aquellos que declaran que el Profeta podía escribir si quería, pues Al-lâh le enseñaría. Pero no escribió nunca. Así mismo, no ha sido nunca un poeta y no recitaba los versos ajenos, “abría” los versos desplazando las palabras añadiendolas u olvidándolas. Al-lâh lo elevó más alto que el rango de poeta.

Como se dice en el Corán: «No hemos enseñado a Muhammad poesía, no es más que una instrucción y una lectura (Corán) clara» (Corán XXVI:69). Así resaltamos la discordancia de relatos de este incidente aunque algunos de ellos confirman que el Profeta Escribió de su puño y letra las palabras “Ibn Abdullah” que tenían el valor de una firma. Estos relatos muestran por otra parte que se trata aquí de un hecho excepcional.

Hay otro episodio a propósito de Tamin Ibn Yarasha Athqafi relatado en “Usd al Ghaba (Los Leones del Bosque) que prueba claramente que el Noble Profeta no sabía ni leer ni escribir tampoco después de la Revelación. Yarasha Athqafi dijo: “Fui donde el Profeta con la delegación de Thaqif y, tras haber abrazado el Islam, le pedimos que nos escribiera y aceptase nuestras estipulaciones. Respondió: Escribid lo que deseáis y después hacédmelo saber. Pedíamos en ese contrato que la usura y la fornicación fuesen legales para nosotros. No sabiendo escribir, tuvimos que recurrir a ‘Ali, pero éste rehusó escribir eso. Entonces nos dirigimos a Jalid Ibn Said Ibn As a quien ‘Ali interpeló: ¿Sabes lo que escribes?. Este le respondió: Escribo lo que me han dicho y el Profeta sabrá qué decidir cuando se lo muestren. Nos reunimos enseguida en torno al Profeta con el texto. Nos dijo: «¡Oh, los que creéis!. Temed a Al-lâh y renunciad a lo que falta por cobrar proveniente de la usura, si sois creyentes» (Corán II: 278).

Después borró esta cláusula y una gran paz descendió sobre nosotros. Cuando llegó a la cláusula de la fornicación, posó su mano sobre el texto y dijo: «No os acerquéis al adulterio: es una torpeza y un pésimo camino» (Corán XVII, 32). Después la borró y ordenó a nuestro escriba hacernos otra copia”.

Una extraña aseveración

Algunos periódicos iraníes publicaron, hará más de cuatro años, extractos de una conferencia dada en el transcurso de un congreso islámico en India. Esta conferencia trataba del asunto que nos interesa aquí y estaba impartida por el doctor Sayyid Abdullatif Haidarabadi, presidente del Instituto de Estudios Culturales de la India y del Oriente Próximo y Presidente de la Academia de Estudios Islámicos de Haidarabad. Posteriormente, esta conferencia fue publicada en inglés en esa ciudad. El doctor Abdullatif pretendía que el Enviado de Al-lâh sabia leer y escribir aún antes incluso de la Revelación.

La publicación de estos extractos provocó una agitación particular entre los estudiantes iraníes. Las preguntas y respuestas en torno al asunto fueron numerosas. Ya entonces le respondí brevemente. Hoy lo hago de una manera detallada, por una parte para satisfacer un deseo de veracidad y por otra parte a causa de la importancia del tema, debido sobre todo a que esta aseveración proviene de una persona como el doctor Sayyid Abdullatif y comporta aspectos que es extraño ver aparecer en un hombre de ciencia eminente.

En efecto, él pretende:

1. Que si se afirma que el Profeta no sabia ni leer ni escribir, es porque se apoya en una interpretación errónea de la palabra ummi en tanto que “analfabeto” en los versículos 156-158 del Sura VII. «A quienes sigan al Enviado, al Profeta Ummi» (156). «Creed en Al-lâh y en su Enviado, el Profeta Ummi» (158). Declara que los comentaristas han creído que Ummi significaba “analfabeto” mientras que no es así.

2. Que él ha encontrado en el noble Corán otros versículos que muestran claramente que el Enviado de Al-lâh sabía leer y escribir muy bien.

3. Que varios hadices autentificados y relatos históricos establecen con evidencia que el Profeta sabia leer y escribir. Esto constituye la esencia de las aseveraciones a las que vamos a responder minuciosamente.

¿Estamos convencidos que el Profeta era analfabeto a partir de la interpretación de la palabra ummi?. De hecho, el doctor Abdullatif se equivoca y esto por varias razones: Primero: La historia de los Árabes y de la Meca, en el momento de la aparición del Islam, testimonia categóricamente que el Profeta no había aprendido ni a leer ni a escribir. Ya hemos explicado anteriormente la situación del arte de la escritura en el Hiyaz. Este arte estaba limitado a algunos individuos de los que la historia ha registrado los nombres a causa de su rareza. El Profeta no es mencionado y, por otra parte, los musulmanes reconocen que el Profeta era analfabeto aunque el Corán no lo mencionase.
Segundo: Existe en el Corán otro versículo citando la palabra ummi y que no es menos claro que los dos precedentes. Los comentaristas que divergen en cuanto a la significación de la palabra ummi, se ponen de acuerdo para decir que este versículo prueba que el Profeta no había aprendido ni la lectura ni la escritura: «Antes de recibir el Corán, no recitabas ningún libro ni lo escribías con tu diestra. Así quedan los adversarios en la duda» (Corán, XXIX: 48). Este versículo indica de manera evidente que el Enviado de Al-lâh era analfabeto antes de la Revelación. Esto es por otra parte lo que han comprendido todos los comentaristas musulmanes.

Aquí el doctor Abdullatif dice que los comentaristas se han equivocado sobre este versículo pues la palabra “escritura”, significa aquí los libros sagrados como la Thora y el Evargelio (de la palabra kitab).

El sentido del versículo seria éste: “antes del descenso del Corán, tú no conocías ningún libro sagrado” pues Ios libros sagrados no estaban en lengua árabe. “Si hubieras leído estos libros sagrados, serias objeto de dudas y acusaciones por parte de los escrupulosos”. Pero esta afirmación es falsa pues la palabra kitab en el árabe de aquellos tiempos (contrariamente al sentido en persa contemporáneo) significa de una manera absoluta “todo lo que está escrito”, ya sea una carta, un libro sagrado, celestial o no... Como ejemplos tomados del Corán, se puede citar la palabra kitab por una “misiva entre dos individuos”: (ver la historia de la Reina de Saba: «¡Oh asamblea!, he recibido un noble mensaje (kitab) ... procede de Salomón”» (Corán, XXVII:29)).

A veces significa un “acuerdo de comercio entre dos partes”: «Aquellos que quieren un contrato (kitab)...» (Corán XXIV: 33). Además, es utilizada para las tablillas invisibles y las realidades del Reino Divino donde son registrados los actos de este mundo: «ni húmedo, ni seco que no esté en un libro (kitab) evidente» (Corán, VI: 59). Cierto, si se le adjunta la palabra ahl (gentes), significa entonces libro sagrado como en la expresión coránica “Gentes del Libro”: «Las Gentes del Libro te piden hagas descender sobre ellos, del cielo, un libro» (Corán, V: 153). La Palabra kitab está repetida en el versículo; la primera vez en tanto que Libro divino como lo indica la presencia de la palabra ahl y la segunda vez en tanto que “escrito ordinario”.

Y además de esto, en nuestro versículo de origen, otro extracto «ni has trazado con tu derecha» viene a confirmar que el sentido es “eres analfabeto”. Si poseyeses el arte de la escritura, te habrían acusado de tomar conocimientos de otra parte, pero no pueden formular una acusación semejante.

Si el significado de kitab en este versículo era los Libros sagrados escritos en otras lenguas, el sentido del versículo sería “tú no leías otras lenguas ni las escribas”, entonces el argumento seria vano, para la segunda parte pues el solo hecho de poder leer estos Libros sagrados en lenguas extranjeras bastaría para justificar la acusación. Bastaría que el Profeta pudiese leer esos libros en esas lenguas extranjeras y transcribirlos en lengua árabe. Cierto, hay un punto que podría apoyar el comentario del doctor Abdullatif aunque él no le haya prestado atención, ni él ni los otros comentaristas. Este punto reside en la palabra “recitabas” (tatlu) que proviene de la palabra tilawa que está reservada a la lectura de versículos sagrados a diferencia de la palabra taqra que tiene un sentido más general.

Entonces parecería bien que la palabra “libro” se aplique aquí a un Libro sagrado. Pero en realidad, la palabra “recitabas” (tatlu) es empleada pues el objeto referido es el Corán. Esta palabra resuelve el problema y, de hecho, viene como para formar una composición maravillosa. Se podría decir: “tú recitas el Corán efectivamente y, antes de esto, tú no recitabas ningún Libro”.

Otra prueba

Existe otro versículo que nos hace tomar consciencia que el Profeta era analfabeto: «Así te hemos inspirado un espíritu de nuestra Orden. Antes no sabias ni lo que eran la escritura ni la fe» (Corán, XLII:52). Este versículo confirma que el Profeta no conocía la escritura antes del descenso de la Revelación. El doctor Abdullatif no ha hecho alusión a él: sin duda dirá a este respecto que una vez más “la Escritura” mencionada es un “Libro” sagrado escrito en lengua no árabe. La respuesta a esto es la misma que la dada anteriormente. Los comentaristas han afirmado, por razones que desconocemos, que “la escritura” en este versículo no es otra que el Corán. Por lo que, según estos argumentos, el versículo ya no puede concernir a nuestra demostración. Tercero: Los comentaristas musulmanes no explican la palabra ummi de una manera unánime. Sin embargo, están todos de acuerdo que el Profeta era analfabeto antes de la época de la Revelación. Hay una prueba formal en ello de que la convicción musulmana al respecto del Profeta analfabeto no viene en absoluto de su comprensión de la palabra ummi. No obstante, ¿Nos hacemos la pregunta de saber lo que significa ummi?

El significado de “ummi”

Existen, entre los comentaristas musulmanes, tres definiciones de la palabra.
Aquel que no ha estudiado y que no sabe escribir. La mayoría de los comentaristas sostienen esta opinión o, al menos, la prefieren. Dicen que esta palabra viene de umm (madre) y el ummi sería aquel que ha quedado, en cuanto al conocimiento de la escritura y de las ciencias humanas, en el estado en que su madre lo trajo al mundo. También dicen que esta palabra viene de umma (comunidad): el ummi es aquel que ha permanecido en el primer estado en que ha sido creado. Se basan en un verso de Al Aasha que emplea este sentido. De cualquier manera, si este término tiene por raíz umm o umma, significa “aquel que no sabe ni leer ni escribir”, y esto cualquiera que sea su origen.

Aquellos que optan por esta definición enraízan la palabra ummi a la expresión umm al qura (un sobrenombre de la Meca, literalmente “La Madre de las Ciudades”, ver Corán VI:92 «A fin de que adviertas a la Madre de las Ciudades y a aquellos que están en sus alrededores»). Algunos libros antiguos mencionan esta definición, así como algunos hadices shiitas aunque no sea considerada como segura. Se dice también que algunos de estos hadices son de origen hebráico y no son reconocidos como auténticos. Esta aproximación ha sido enunciada con los argumentos siguientes:

A) La expresión umm al qura no está reservada exclusivamente a La Meca: a todo lugar donde convergen diversas vías se le dice umm al qura. Se ve en otro pasaje del Corán donde esta expresión es empleada como epíteto y no como nombre propio: «Tu Señor no aniquila las ciudades (qura) hasta que ha mandado a su metrópili (umm) un mensajero» (Corán XXVIII:59). Se deduce que en el Corán todo lugar, de reencuentro se denomina umm al qura. Así pues, no se debe considerar este término como adjetivo.

B) La palabra umm ha sido utilizada en el Corán para designar a personas extranjeras en La Meca: «Dí a quienes recibieron el Libro y a los gentiles (ummiyyin)» (Corán, III:20). Se deduce que esta palabra, en la época del Corán, se aplicaba a los árabes que no tenían libro divino. Además de lo que precede, esta palabra se aplicaba igualmente a la mayoría de los judíos que no sabían leer ni escribir aunque eran considerados como “Gentes del Libro”: «Entre ellos hay gentiles (ummiyyun) que no conocen la escritura, sino ficciones» (Corán, II: 78). Es evidente que los judíos llamados ummiyyin en el Corán no eran habitantes de La Meca. La gran mayoría vivía en Medina y alrededores.

C) Según las reglas gramaticales del árabe, el origen de la palabra ummi no puede ser umm al qura. Sólo el término qarawi podría estar formado a partir de umm al qura. En efecto, la regla de la anexión, es decir de la yuxtaposición de dos términos en el que el segundo (muzafilayh) juega por aproximación al primero (muzaf) el rol de complemento de nombre exige que el segundo término solamente cambie de forma. Esta regla es muy usada en el caso en que el primer término es la palabra “padre de”, “madre de”, “hijo de” o “hija de”. Así para calificar a Abu Talib (el padre de Talib), decimos “el Talibi”; Ibn Hanifa (el hijo de Hanifa) pasa a ser “el Hanifi” y Bani Tamim (la tribu Tamim) pasa a ser “el Tamimi”. Así pues, se observa que el segundo término de estas anexiones está modificado mientras que el primero no cambia en absoluto de forma. En la expresión umm al qura el primero no puede ser modificado mientras que el segundo qura se convierte en qarawi.

Los asociadores árabes que no poseían Libro divino. Los comentaristas conocen esta definición desde muy antiguo pues en el “Maymaal bayan”, se dice a propósito del versículo 20 del sura 3: «Dí a quienes recibieron el Libro y a los gentiles (ummiyyin)», que este significado dado a la palabra ummi se remonta al gran comentarista y compañero Abdullah Ibn Abbas. Se le ha hecho remontar igualmente a Abu Ubayda en el pasaje del versículo 78 del sura 2. El autor del “Maymaal bayan, At Tabarsi ha preferido esta explicación como se puede constatar en el versículo 75 de la sura 3. Es lo mismo para Zamajshari en su “Al Kashshaf” y para Razi que ha elegido esta interpretación a propósito del versículo 78 del sura 2 y del versículo 20 del 3 sura en su comentario “Tafsir al Kabir”.

En realidad, este significado no constituye un tercer sentido in dependiente pues todos los individuos que no siguen un Libro divino son llamados ummiyyun aun cuando se comprueben sabios. Esta palabra ummi es aplicada a los asociadores árabes a causa de su ignorancia. Esto porque no conocían la escritura y no porque no tenían Libro divino. Es por lo que, mientras esta palabra está en plural y se aplica a los asociadores árabes, implica la ausencia de un Libro Divino. Mientras que está en singular y se aplica, por ejemplo, al Profeta, ningún comentarista piensa que signifique la ausencia de Libro sagrado. En este caso, los comentaristas dudan entre el sentido de analfabeto o de habitante de Meca. Hemos demostrado, de todas maneras, que el segundo sentido no es válido.

Un cuarto sentido puede todavía entreverse: significaría que el Profeta no ha conocido el contenido de los Libros sagrados. Es éste el sentido que ha elegido el doctor Abdullatif por iniciativa propia, reuniéndolo al tercer sentido mencionado como lo han hecho los comentaristas citados anteriormente. Dice lo siguiente: las palabras ummi y ummiyyun se encuentran en diferentes ocasiones en el Corán pero siempre han sido explicadas de una única manera. La palabra ummi significaba en su origen “niño recién nacido” y por lo tanto, ha designado analfabeto.

Así mismo la palabra ummi es utilizada para designar a aquel que vivía en la “madre de las ciudades”, la metrópolis, y los Arabes del tiempo del Profeta llamaban así a La Meca. El habitante de La Meca era apodado ummi. La última manera de utilizar la palabra ummi consiste en designar así a la persona que ignora las antiguas Escrituras y que no era ni judío ni cristiano: estos últimos eran en efecto designados en el Corán por “las Gentes del Libro”. La palabra ummi era utilizada para designar a los Arabes de antes del Islam porque no conocían los Libros sagrados y no eran del número de fieles de la Thora o del Evangelio: eran ummi por oposición a las “Gentes del Libro”.

Puesto que la palabra ummi posee diferentes significados. Ignoramos lo que ha movido a los comentaristas y traductores del Corán (musulmanes o no) a no considerar más que el primer sentido, es decir “niño recién nacido que no sabe nada”, y el sentido derivado de analfabeto. A continuación han designado a las gentes de La Meca de antes del Islam de ummiyyum o de “sociedad ignorante”.

Crítica de estas afirmaciones

1. Hemos visto que los comentaristas entrevieron tres explicaciones diferentes y no, como pretende, una única explicación.

2. Nadie dice que ummi signifique “niño recién nacido que no sabe nada” (sobreentendido que no sabe leer ni escribir). De hecho, esta palabra no es jamás utilizada para significar un “recién nacido”, sino más bien para los adultos que han quedado en el estado primario desde el punto de vista del arte de escribir y de la lectura. Y cuando se designa a alguien bajo el nombre de ummi, se consideran las categorías de la incompetencia y de la facultad, categorías pertenecientes a la lógica. No se llama ummi mas que a aquel que tiene la posibilidad de aprender pero que no aprende. Los lógicos musulmanes lo citan a menudo como ejemplo en el capítulo de “La Incompetencia y la Facultad”.

3. Su afirmación “la última manera de utilizar la palabra ummi consiste en designar así a la persona que ignoraba las Antiguas Escrituras, no es exacta. Pues, según las palabras de los sabios comentaristas y de los lingüistas, llegamos a la conclusión de que esta palabra empleada en plural designaba a los asociadores árabes en oposici6n a las “Gentes del Libro”, por el hecho de su ignorancia del arte de leer y escribir. Probablemente sea un calificativo despectivo que les dieron desde antiguo los judíos y Cristianos.

No podemos admitir que las gentes sean calificadas de “analfabetas” simplemente porque ignoren la lengua de un libro en particular mientras que pueden escribir y leer en su propia lengua. De todas maneras, la raíz de esta palabra es, o bien umm (madre) o bien umma (comunidad), que significa “permanecer en el estado natural del nacimiento”. Por lo demás, ya habíamos explicado que esta palabra no provenía de umm al qura aunque esta posibilidad haya sido entrevista por los comentaristas. Así pues, el asombro de este erudito no tiene razón de ser.

Además, lo que confirma el sentido de analfabeto dado a ummi, es su empleo en las tradiciones y los libros de historia donde no recibe más que este sentido. En el “Bihar al anwar (tomo. 16, p. 119) hay una tradición del Profeta que dice: “Somos una comunidad de analfabetos, no sabemos leer ni escribir”. Así mismo, Ibn Jallakan escribe en su “Historia” (tomo IV), tratando del caso de Muhammad Ibn Abdulmalik conocido bajo el nombre de Az Zayyat, el ministro de Al Mutasim y de Al Mutawakkil: “Al Mutasim recibió una carta de uno de los gobernadores y su ministro Al Basri se la leyó. Esta carta contenía la palabra kala’a. Mutasim le preguntó el significado de este término, pero Al Basri no pudo responder pues no tenía conocimientos literarios muy amplios. Mutasim le dijo: ¡Un rey analfabeto (ummi) y un ministro ordinario (ami)!. Después volviendo su mirada hacia la puerta, vio a Muhammad Ibn Az Zayyat. Le hizo entrar y el rey le preguntó el sentido del término kala’a. Respondió: kalaa significa la hierba en general, húmeda se dice jala y seca, hashish. Y se puso a clasificar los tipos de vegetales. Mutasim reconoció sus conocimientos y le nombró ministro”.

Segunda parte

El Doctor Abdullatif pretende concluir con toda claridad desde los versículos del Corán que el Profeta sabía leer y escribir. Interpretó entre otros este versículo: «Al-lâh ha favorecido a los Creyentes al mandar entre ellos a un Enviado (elegido) de entre ellos que les recita sus aleyas, les purifica y les enseña la Escritura y la Sabiduría, a pesar de que estaban antes en un extravío manifiesto». (Corán, III: 164). El doctor Abdullatif basándose en lo que dice el Corán, afirma que una de las primeras obligaciones el Profeta fue la de enseñar el Corán a sus discípulos. Está admitido que aquel que debe enseñar un libro a otros, debe al menos (como dice el Corán mismamente) saber manejar un cálamo o leer. Como va a verse, este razonamiento es sorprendente porque:

1. Lo que los musulmanes aceptan unánimemente y que quiere rechazar aquí el doctor es que el Profeta no sabia ni leer ni escribir antes de la Revelación. Mientras que lo que se puede a lo más imaginar por este razonamiento es que poseía el arte de la escritura tras el mensaje (como lo piensan Sayyid Murtadha y Ash Thalbi y algunos otros más). La afirmación del doctor es insostenible.

2. Este razonamiento no se sostiene ni tan siquiera en relación con la época de la Revelación. En efecto, las enseñanzas dadas son de dos tipos: ya sea el aprendizaje de la escritura y de disciplinas diversas para las que el maestro ha recurrido al cálamo y al papel, pizarra, etc., de manera que el alumno pueda repetir a su vez la lección recibida; ya sea la transmisión de la sabiduría, de la filosofía, de las cualidades morales, de los criterios de acción. Es esta última enseñanza la que deben transmitir los Profetas. En esta enseñanza, el cálamo, el papel, la pizarra no son absolutamente necesarios. Vemos que los sabios al mashain (equivalente al sentido original de “peripatéticos”) han sido así nombrados porque enseñaban andando. Lógicamente los alumnos deben saber escribir a fin de tomar nota de lo que les ha sido enseñado, protegiéndose así del olvido. Es por lo que el Profeta aconsejaba a sus compañeros: “anotad la ciencia”. Cuando éstos le preguntaban por qué respondía: “por la escritura (10). El Profeta dijo: “Al-lâh vuelve próspero a un servidor que ha escuchando mi palabra, la comprende y la transmite a quien no la ha escuhado” (11). Por este hadiz el Profeta bendice a sus representantes (jalifah). Cuando los musulmanes le preguntan quiénes son sus representantes, les responde que son aquellos que tras él, siguen su sunnah y quienes la enseñan a otros (12).
Dijo también que dar un hermoso nombre a su hijo, enseñarle, a escribir y casarle cuando le llega la pubertad son algunos de los derechos del hijo sobre su padre. El Corán dice claramente: «¡0h, los que creeis!. Cuando coméis un préstamo a plazo fijo, escribidlo o póngalo por escrito entre vosotros un escribano, con equidad» (Corán, II:282). Vemos a los musulmanes orientarse hacia el aprendizaje de la escritura como un arte bendecido, por obediencia a su Corán y a su Profeta, como cuidado de preservar sus enseñanzas religiosas, para cumplir su deber hacia sus hijos y para organizar sus asuntos corrientes.
Es entonces cuando apareció en la historia el despertar de la letra y la pluma, un despertar que hace del pueblo (que no contabamas que algunas personas sabiendo escribir) gentes portadoras de ciencias que expandieron la escritura y el estudio al punto que algunos de entre ellos aprendieron algunas lenguas extranjeras, permitiendo así a la voz del Islam y a su mensaje llegar a los confines del mundo.

Los libros de historia nos relatan que el Profeta Exigió que cada prisionero de Badr que supiera escribir, enseñase la escritura a diez niños de Medina para recuperar su libertad mientras que los otros eran liberados porque eran pobres.
Cierto, el Profeta dio una gran importancia a la difusión de este arte entre los musulmanes y creó en ellos el interés por la ciencia y el conocimiento. De todas formas, esto no implica en absoluto que el Profeta, él mismo, haya tenido necesidad de recurrir al arte de la escritura para impartir su enseñanza.

El doctor Abdullatif dice: “Al-lâh menciona la pluma y el libro en el primer versículo coránico. Esto no constituye una prueba evidente de que el Profeta supiera leer y escribir. ¿Es posible que el Profeta pudiese comunicar el deseo de la ciencia, del conocimiento y de la escritura mientras que él mismo se desinteresaba de esto y que era el primero en todos los terrenos?”.

Este es todavía un razonamiento extraño. Habla por si solo que este versículo prueba que Al-lâh, que ha revelado el conjunto del Corán a Su servidor a fin de que guíe a la humanidad, y el Profeta, que ha recibido la Revelación en su santo corazón, conocían el valor de la escritura y del estudio en la vida del hombre. Pero esto no prueba que Al-lâh o Su Profeta utilizasen la lectura, la escritura, la pluma y el papel.

En cuanto a la pregunta “¿Cómo el Profeta ordena algo que él no hace?”, es exactamente igual a la pregunta “¿por qué el médico no toma la medicación que prescribe a sus enfermos?”. Claro que el médico, si está enfermo, debe él también medicarse, pero ¿es necesario que lo haga si no está afectado por la enfermedad de su paciente?. Se debe considerar el hecho de que el Profeta goza de una situación particular pues no tiene necesidad de leer o de escribir. Pero los hombres están motivados por esta necesidad que les permite adquirir un conocimiento perfecto. Sin la lectura y la escritura, tendrían siempre grandes lagunas.

El Enviado de Al-lâh tenía la preeminencia en los dominios de la adoración, de la abnegación, del temor de Al-lâh, de la sinceridad, de la virtud, de las cualidades morales, de la consulta, de la modestia y de todas las virtudes. La ausencia de una cualidad virtuosa seria una falta pero la cuestión de escribir y leer no entra en este caso. La importancia primordial de la lectura y escritura para la humanidad reside en que permiten al hombre utilizar los conocimientos de un individuo a otro, de un pueblo a otro, de una generación a otra. Así el hombre preserva sus conocimientos del olvido. Esto es igual para el conocimiento de diferentes lenguas: cuantas más lenguas se conocen, más probabilidades se tienen de elegir y adquirir conocimientos.

Vemos pues que el conocimiento de la lengua, de la lectura, de la escritura no es una ciencia en el real sentido propio del término, aunque representa la llave de las ciencias. La ciencia es la adquisición por el hombre de una realidad y de una ley real como lo observamos en las ciencias naturales, la: lógica, las matemáticas y las disciplinas donde el hombre descubre vínculos reales en la creación, causas y efectos entre los objetos sensibles e inteligibles.

Pero el conocimiento de la lengua y de sus leyes no es una ciencia pues no nos permite averiguar el vinculo real entre las cosas. Esto no es más que una continuación de situaciones descriptivas que no sobrepasa la suposición y la coherencia lógica. Pues esto no es el saber sino el conocimiento de la lengua que es la llave del saber. Proporciona al hombre las llaves de la adquisición de las ciencias de los demás. Existe quizás sobre el plan de estas situaciones creadas por el hombre, efectos reales como el desarrollo de lenguas y locuciones que manifiestan el perfeccionamiento del pensamiento y que existen según una ley natural. Y son la filosofía y la ciencia las que permiten conocer estas leyes naturales. Así, el conocimiento de la lectura y de la escritura es importante pues permite al hombre poseer la llave que abre las puertas del conocimiento de otros y disfrutar sus tesoros. ¿Debe el Profeta disfrutar del saber de los hombres?. Si eso fuera así, entonces, ¿dónde estarían el talento, la invención la iluminación la inspiración y el aprendizaje directo a partir de la naturaleza?. En realidad, la más elemental de las enseñanzas es aquella que se obtiene a partir de escritos y palabras de otros pues los escritos humanos contienen hechos reales mezclados a hechos imaginarios.

Se cuenta en relación al célebre filósofo francés Descartes que había llamado la atención de numerosas mentes por sus artículos y sus concepciones novedosas. Uno de ellos creía, como el doctor Abdullatif lo cree, que Descartes estaba sentado en medio de numerosos manuscritos y libros, verdadero tesoro del que extraía todas sus ideas. Fue pues a ver al filósofo y le preguntó si podía visitar su biblioteca. Descartes le introdujo en una pieza donde estaba disecando un ciervo y le dijo mostrando al animal: “!He aquí mi biblioteca!. Es de aquí de donde me vienen todas mis ideas”.

El llorado Yamaluddin Asadabadi decía: “Estoy asombrado por los individuos que pasan su vida leyendo a la luz de una lámpara los libros escritos por otros individuos. ¿No piensan en, estudiar ni una vez su propia lámpara?. Si meditasen sobre la lámpara una noche cerrando sus libros, adquirirían conocimientos más numerosos y más vastos”.

Ciertamente, nadie viene a este mundo siendo sabio. Cada uno es al principio ignorante, después aprende progresivamente. Todo el mundo, salvo Al-lâh, es ignorante en su esencia, después se vuelve instruido por el intermedio de otras influencias, y todo hombre tiene necesidad de un maestro es decir de una fuerza que le inspire. «¿No te encontró huérfano y te dio refugio?. ¿No te encontró extraviado y te guió?. ¿No te encontró pobre y te enriqueció?» (Corán II:282).

Pero ¿el punto esencial es el maestro y quién debe ser?. ¿Debe el hombre tomar sus conociminetos de otro hombre?. En ese caso, es necesario que sepa leer y escribir. ¿El hombre no tiene la posibilidad de inventar y conocer la creación y la naturaleza sin los otros?. ¿No puede comunicar con el invisible y el Reino de Al-lâh y también con Al-lâh que nos hace adquirir el conocimiento y que nos guía directamente?. El Corán dice: «No habla por vicio. Es una inspiración que le inspira, que le ha enseñado un ángel temible, fuerte y dotado de sagacidad» (Corán, LIII:3-6). El Imam ‘Ali comenta así este versículo: “Al-lâh le ha adjuntado desde la época de su destete, el más gran de sus Angeles para guiarle en el camino de los más nobles y hermosos caracteres del mundo”. El poeta persa Al Mawlana también dijo versos sobre este tema. Ibn Jaldum, en su célebre “Al Muqadima” ha consagrado un capitulo a la escritura y a la lectura que son uno de los oficios del hombre. Su investigación se basa en la cuestión de saber si la escritura es una perfección para la vida humana y social al mismo tiempo que exige que los unos tengan necesidad de los conocimientos de los otros. Tras una discusión concerniente al perfeccionamiento de la escritura en las diferentes civilizaciones y la existencia de la escritura en el Hiyaz, dijo: “La escritura árabe no estaba muy perfeccionada al principio del Islam, ni muy elaborada pues los Arabes eran nómadas y no aprendían oficio. Es por esto que los Compañeros del Profeta no han escrito el Corán revelado con una escritura elaborada y que su escritura difería de la de quienes enseñaban este arte. Y, a pesar de ello, aquellos que vinieron después, imitaron su escritura bendiciéndoles.

Los otros pasajes coránicos sobre los que se apoya el doctor Abdullatif son los versículos 3 y 4 del sura 98. Dice: “Lo que es más asombroso, es que los comentaristas no se han volcado en este versículo que describe así al Profeta: «Un enviado de parte de Al-lâh, recitándoles hojas purificadas» y hace hincapié en que Al-lâh no dice aquí que el Enviado recita de memoria sino que tiene hojas ante él”.

Para responder a esta precisión, hay que conocer, el sentido de la palabra “recita” y el de la palabra “hojas”. La palabra sahifa significa la hoja y si está en plural, es que hay varias: se trata aquí del Corán como nos lo muestra claramente el versículo que sigue (nº 3) «donde están las prescripcíones rectas». En cuanto a la palabra “recitar” (tilawa), no he encontrado ningún léxico indicando que sea sinónimo de “leer”. De hecho tilawa y quira’a (recitar y leer) son utilizados para la lectura del Corán, así como para la lectura de un texto que ha sido escrito para ser recitado de memoria. Pero “lectura” tiene un sentido más amplio. Se dice quiraa para el Corán y para otras lecturas pero no se puede decir tilawa más que para el Corán y no para los libros profanos. El versículo anteriormente citado no dice otra cosa mas que el Profeta recitaba el Corán, el cual estaba escrito en hojas. Además, ¿por qué el Profeta tendría necesidad de leer sobre una hoja el texto coránico que sabía de memoria como centenares de musulmanes?. El Corán le ha garantizado esto: «¡Te haremos recitar y no olvidarás nada!».

Ahora que comprendemos que no se puede en absoluto deducir de un versículo cualquiera que el Enviado supiera leer o escribir, sino todo lo contrario. Aun suponiendo que se pudiese deducirlo, esto no abarcaría más que el periodo del Mensaje mientras que el doctor Abdullatif pretende que el Enviado de Al-lâh sabia leer y escribir antes de la Revelación.

El relato de Bujari

El doctor Abdullatif afirma que le es posible apoyar lo que expone a partir de hadices y de la historia. Evoca con este propósito dos acontecimientos: el primero proviene de Bujari que evoca en el capitulo sobre la Ciencia que el Enviado de Al-lâh ha confiado una vez una misiva secreta a su yerno ‘Ali recomendándole no abrirla, sobre todo, pero de ocuparse de hacerla llegar a su destinatario. Si el Profeta ha confiado a ‘Ali una misiva tal que el mismo ‘Ali, su yerno y hombre de confianza, no debe leerla, ¿quién puede haberla escrito si no es el Profeta mismo?.

Lo que es lamentable para el doctor Abdullatif, es que este relato, aunque se encuentre en Bujari, no dice que el portador de la carta sea ‘Ali. El argumento del doctor no alcanza pues su objetivo ya que está fundado sobre la personalidad de ‘Ali. Bujari ha escrito: “Algunos habitantes del Hiyaz tuvieron necesidad de consejo; así el Profeta escribió una carta que confió a su jefe, recomendándole no leer la carta antes de llegar a determinado lugar. Cuando llegaron al sitio indicado, el jefe leyó la carta a sus gentes, informándoles de las órdenes del Profeta” (13).

No se dice en ninguna parte que su jefe fuese ‘Ali. Además, es el portador mismo de la misiva quien la leerá y no un tercer personaje como piensa el doctor Abdullatif.

Este relato hace alusión al episodio de la historia de “el Interior del Palmeral” que ha sido relatado igualmente por las biografías del Profeta. Ibn Hisham (14) relata que el portador de la misiva se llamaba Abdullah Ibn Yihsh (15) y que el Profeta le ordenó no abrirla hasta después de dos días de marcha y ejecutar allí las instrucciones. Esto está confirmado en el “Bihar al Anwar”, (tomo 6, cap. 38, p. 575 de la antigua edición). Al Waqidi relata que quien Escribió la misiva era Ubbay Ibn Kaab y no el Profeta. Abdullah Ibn Yihsh dijo: “El Profeta (que la bendición sea sobre él y sobre su familia) me Llamó tras la oración de la noche (isha) y me dijo que viniese al alba con mis armas pues me iba a enviar en una misión. Entonces, a la mañana, llegué muy temprano con mi espada, mi arco y mis flechas El Profeta dirigió la oración del alba y después dejó la asamblea. Se encontró con que le habla adelantado ante, la puerta de su casa donde se hallaba un grupo de Quraishitas. El Profeta hizo llamar a Ubbay Ibn Kaab y le dictó una carta, luego me llamó y me confió un pergamino. Me dijo: Te nombro jefe de este grupo. ¡Andad durante dos días, después abre esta carta y dirígete hacia el lugar revelado en ella!. Entonces yo le pregunté qué dirección debimos tomar. Me dijo: La de Nydiya, Tulum Raqiya“.
Al Waqadi relata: “Fue hasta Balar Ibn Zamira donde abrió la carta y la leyó. Contenía el mensaje siguiente: Ve hasta el lugar llamado El Interior del Palmeral en el nombre de Al-lâh y con Su bendición. No obligues a ninguno de tus hombres a acompañarte Lleva a cabo tu misión con aquellos que deseen permanecer contigo. observa los camellos de los Quraichitas. Cuando Abdullah Ibn Yish leyó la carta, dijo: Yo no obligo a ninguno de vosotros a seguirme. ¡Que aquellos que deseen el martirio por obedecer a la orden del Profeta, me acompañen!. Pero todos obedecieron y escucharon a Al-lâh y a Su Profeta”.

El segundo acontecimiento considerado por el doctor Abdullatif es el episodio de la Hudaybiyah. Escribió: “Como relatan Bujari e Ibn Hisham, el Profeta tomó una hoja del tratado y escribió con su propia mano”. Respondemos aquí que Bujari evoca este asunto en uno de sus relatos pero se contradice en otro. Los sabios sunnitas están casi unánimemente de acuerdo en que la expresión de Bujari puede hacer pensar que el Profeta escribió él mismo pero que esa no era la intención del autor. Además, el autor de la “Sira Halabiyah” menciona esta situación, luego insiste en el hecho de que el Profeta se hizo ayudar de ‘Ali para borrar esa palabra. Cita el hadiz de Bujari y menciona que ciertos sabios piensan que si ha escrito, estamos ante un milagro de Al-lâh. Esta interpretación no es sin embargo exacta pues otros sabios lo han interpretado de forma diferente. Este hadiz prueba que el Profeta ordenó escribir y no escribió él mismo.

En la “Sirah” de Ibn Hisham, no se encuentra este relato en absoluto. No se por qué el doctor Abdullatif se lo atribuye.

Con anterioridad hemos explicado que lo que se deduce de los informes históricos, es que todo el trato ha sido escrito por la mano de ‘Ali. Ciertamente puede decirse de los relatos de Tabari y de Ibn Al Athir que el Profeta aunque no escribiera habitualmente, escribió las palabras con su mano. De todas formas, lo más que demuestra esto es que el Profeta escribió una o dos veces en la época de la Revelación mientras que nuestro estudio trata sobre la época anterior al Mensaje.

Al principio, hemos dicho que los enemigos del Profeta del Islam le acusaban de tomar sus enseñanzas de otras personas y de libros escondidos en su casa pero que jamás le acusaron de saber leer y escribir como lo prueba el versículo 5 del sura 25: «Son leyendas de los primitivos que él se hace escribir (Aktitab). Se las dictan mañana y tarde».

La respuesta a estas acusaciones dictadas por el partido tomado y el desprecio (lo que el Corán llama “la injusticia” y “el engaño”), es que el versículo no implica claramente que se le acusase de escribir él mismo, pues la palabra aktitab tiene el sentido de escribir o el de “hacer escribir”. El contexto del versículo hace elegir el segundo sentido. Vemos que la forma verbal aktitab está en pasado (el verbo “dictado” o “leido” está en presente), esto quiere decir que se le acusa de escuchar actualmente la lectura de libros que habría hecho recopilar en el pasado. Si admitimos que el Profeta sabia leer, ¿por qué razón se los dictarían otros?. Resulta que los descreídos que calumnian al Profeta con toda suerte de acusaciones, que lo han descrito como “loco” o “poseído”, no han podido acusarle de leer el contenido de libros antiguos y de atribuirse los conocimientos.

Conclusión

Tanto por las fuentes históricas seguras como por el testimonio mismo del Corán, sabemos que la consciencia del Profeta estaba virgen de toda enseñanza proveniente de un ser humano. No aprendió sino a la sombra de la enseñanza divina. No ha estado alimentado más que de la Verdad (Al-lâh). Es una flor regada por la mano de Al-lâh. A pesar de la ausencia en él de una enseñanza pasada por la pluma, el papel y la tinta, el Libro divino jura que la escritura y la lectura son actos santos: «Nun. ¡Por el cálamo y los que escriben!» (Corán, LXVIII:1). El Profeta recibe la orden de “leer” al principio mismo de la Revelación. Al-lâh describe el arte de escribir como el mayor beneficio con el beneficio de la Creación: «Lee en el nombre de tu Señor que te creó» (Corán, XCVI:1).

Así hemos visto a este hombre que jamás ha sostenido una pluma, dar el impulso del gran acontecimiento de la escritura en Medina. Vemos a este hombre que jamás ha entrado en una universidad, enseñar y dar nacimiento a los innumerables círculos de estudios que se sucedieron a lo largo de la Historia.

El Imam Reza (8º Imam), a propósito de su reunión con los representantes de diferentes religiones, dijo: “Es esta la orden que recibieron Muhammad y todos los Profetas que Al-lâh Envió Entre estos signos están el que era huérfano, pobre, pastor, que no aprendió de ningún libro y no tuvo profesor. Después nos dio el Corán en el que se encuentran las transmisiones de los Profetas (que la Paz sea sobre ellos) y sus palabras detalladas así como el relato de aquellos que pasaron y de aquellos que quedaron y esto, hasta el día de la Resurrección”.

El Hecho que produjo, más que cualquier otro, el asombro de todos en lo que concierne al Noble Corán, que da la seguridad de que se trata de un auténtico Libro divino, con su grandeza, todos los conocimientos en los dominios de la Creación, de la admonición y de la educación, con toda su belleza y su elocuencia, es que este libro vino de un hombre totalmente analfabeto. El signo que Al-lâh manifestó por mediación de su último Profeta es un libro maravilloso que se relaciona con el pensamiento, el sentimiento y la consciencia. El milagro aseguró a este libro su rango en el curso de los Siglos. El tiempo no le desgasta y atrae a millones de corazones.

Es incalculable el número de almas que lleva a la meditación, de corazones que hizo desbordar de gusto espiritual gracias a su fuerza y a su energía. !Qué numerosas son las lágrimas que hizo deslizar por las mejillas por amor y por temor de Al-lâh en las mayores soledades, al alba y a lo largo de las noches más oscuras!. Y, ¡Cuántos pueblos liberó de las cadenas del colonialismo y de la opresión!. Si, la Providencia divina que ha querido confirmar el milagro del Corán de una manera todavía más brillante hizo descender este libro sobre un siervo huérfano, un pastor del desierto que no había puesto jamás los pies en una escuela. «Tal es el favor de Al-lâh. Lo da a quien El quiere y Al-lâh posee un favor inmenso» (Corán, XXI:57).

Notas
1 Will (Williams James) Durant, Traducción persa de “The story of philosophy; the lives and opinions of the greater philosophers” Nueva York 1.926. Tomo XI, p. 14.
2 Will (Williams James) Durant, 3ª edición de la traducción persa de “The story of philosophy; the lives and opinions of the greater philosophers”, pp. 17-18.
3 Will (Williams James) Durant, 1ª edición de la traducción persa de “The story of philosophy; the lives and opinions of the greater philosophers”, p. 45.
4 Will (Williams James) Durant, 4ª edición de la traducción persa de “The story of philosophy; the lives and opinions of the greater philosophers”, p. 20.
5 El orientalista francés Louis Massignon duda de la existencia del personaje y considera que se trata de una historia apócrifa (ver “Salman Pak y las primicias espirituales del Islam antiguo”).
6 Ahmad Ibn Yahya Ibn Yabar Ibn Dawud Baladhuri, historiador y geógrafo, muerto hacia 890.
7 Ver “Deh Joda, letra alif”, p. 2.484.
8 Hoy Yawf, cerca de Tabuk sobre el Mar Rojo.
9 Amr, Ibn As Ibn Umayya, Muawya Ibn Abu Sufian Sharhabil Ibn Hassanah.
10 “Al Bihar”, tomo II, p. 151.
11 “Al Kafi”, tomo I, p. 403.
12 “Al Bihar”, tomo II, p. 144.
13 “Sahih de Bujari”, cap. “De la Ciencia” Tomo I, p. 28.
14 “Sirah”, tomo I, p. 601.
15 Uno de los primeros Compañeros emigrado a Abisinia, jefe militar. Será muerto, en la batalla de Uhud e inhumado con Hamza.
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