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Apostasía y enseñanza religiosa

15/09/2003 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Webislam
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Abdennur Prado
Abdennur Prado

Hay musulmanes que no parecen darse cuenta de la contradicción entre la afirmación de que el islam es fitra y el castigo por apostasía. Si el islam es fitra, la condición natural del ser humano, ¿cómo puede ser abandonado? Tal y como lo expresó Goethe, en su Diwan de Oriente y Occidente:

Si el islam es la sumisión a Dios, entonces
todos nacemos y morimos musulmanes.

Esto nos lleva a considerar que el islam que puede ser abandonado tiene que ser “otra cosa” que el estado natural de sumisión a Al-lâh. Y esta es la cuestión: debemos reconocer que en algún momento y en algunos lugares se ha producido un salto entre lo que el islam es (sobrecogimiento, facilidad, naturalidad, conciencia, inmediatez de Al-lâh...) y una religión que asfixia y no procura calor, y por tanto puede y desea ser abandonada.

Recientemente, nuestra amiga italiana Amina Salina se refería al caso de una conocida suya, de origen marroquí, que se ha hecho evangelista... Amina me escribió, completamente sorprendida: ¿cómo puede alguien abandonar el islam? Para ella, como para nosotros, el encuentro con el islam ha supuesto una liberación, el descubrimiento de un vínculo con el Creador, la posibilidad de recuperar la conexión entre nuestras pulsiones de criatura y el ritmo de la Creación, recuperar la medida (al-miçan), el equilibrio entre lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el precio y el objeto, la razón y los instintos... En definitiva: de un modo completamente integrado de estar en el mundo, que abarca y comprende todo aquello que afecta a las criaturas.

Desde nuestro descubrimiento del islam como un espacio de libertad, ¿cómo abordar el fenómeno de la apostasía? Vamos a la salat conscientes de nuestra precariedad de criaturas, a aniquilarnos en la Unidad. Descubrimos que hemos sido creados con la capacidad de recordar y entrar en simpatía (simpathos: pasión compartida) con Al-lâh. Nuestro ir a la salat se convierte así en una bendición: somos colmados a partir del vaciado que hacemos de nosotros mismos...

Y sin embargo, en Arabia Saudí existe una “policía religiosa” que se pasea por las calles con barras de hierro para meter a la gente en las mezquitas... Aunque parezca increíble, les obligan a rezar... ¿Cómo puede vivirse la salat en éstas circunstancias?

Volvamos a la pregunta ineludible: ¿cómo puede alguien abandonar el islam? Si atendemos al caso de la marroquí evangelizada, ella misma nos ofrece una respuesta. En su carta, Amina nos explica que esta mujer era golpeada por su maestra de religión, a causa de su mala pronunciación del Qur’án Generoso.

Este dato no es más que el enunciado de un drama más amplio, y éste nos hace comprenderla. Lo que esta mujer ha abandonado (y no es un caso aislado) no es el islam, sino la religión de una maestra que le pega para que memorice un Libro del cual se le dice que es pecado tratar de interpretarlo. Lo que ha abandonado es la religión de una mujer que se venga en las niñas de las humillaciones a que ha sido sometida. Lo que ha abandonado, en definitiva, es eso que el propio Qur’án designa como “la religión de los antepasados”: una serie de rituales con los cuales se ha perdido todo vínculo afectivo, incapaces de procurarnos una experiencia directa de la Realidad.

Verdaderamente, si la salat es impuesta por el Estado, si el Qur’án no puede ser interpretado más que por los “expertos”, si ser musulmán implica adoptar una escuela de jurisprudencia hecha hace siglos por hombres con un mandato social muy alejado de nuestras realidades, si ser musulmán se reduce a hacer la salat a su hora y repetir unas fórmulas rituales al levantarnos, al acostarnos, antes de hacer el amor, al salir de viaje, al coronar una montaña... ¿para qué nos sirve? ¿para salvarnos del infierno? ¿para garantizar el status quo? En este caso, el islam no logra servir de vehículo para nuestro anhelo de unión y de justicia, deja de ser un estímulo para el aprendizaje, un camino de conocimiento e integración de todas las potencialidades del hombre. En este caso, tal y como dijo Paul Valery: “La religión proporciona a los hombres palabras, actos, gestos, “pensamientos” para todas aquellas circunstancias en que no saben qué decir, qué hacer, qué imaginar”. Y poco más que eso.

¿Quién en su sano juicio no quiere alejarse de gentes que identifican el islam con la lapidación? O de gentes que te dicen que no eres musulmán sino crees en la infalibilidad de Muslim y Bujari, que no eres musulmán si proclamas la necesidad de elaborar una jurisprudencia acorde con los tiempos, acorde con la Palabra revelada... O que es una "innovación reprobable" recitar los Nombres de Al-lâh pasando las cuentas de un tasbih, o tener ideas propias... Y tantas otras cosas.

El caso de la marroquí evangelizada nos recuerda lo escrito por Fátima Mernisi en El harén político, cuando menciona a su maestra del Qur’án, que también la pegaba (no sabemos, esperamos que no sea una costumbre). Se trata de la misma experiencia, la de una enseñanza violenta y desprovista de sentido, capaz de conducir a una niña (que está en fitra) a odiar el Sagrado Qur’án. Astagfirul-lâh. Una educación incapaz de transmitir a unas niñas que la Palabra de Al-lâh les pertenece, que no es un Libro extraño que hable del pasado (mitos de los antiguos) sino que se refiere a ellas mismas, que la Palabra de Al-lâh las dice y las revela, que es una Misericordia descendida para permitirles conservar su naturaleza más íntima...

Frente a la maestra represora, Fátima Mernisi evoca la figura de su abuela. Explica como al volver de la escuela, ésta le despertaba la fascinación hacia Muhámmad y Medina al-Munawara, la ciudad de luz. De ella dice haber aprendido a amar al Profeta, que la paz sea con él. El amor al Profeta heredado de la abuela se combina con el odio al Qur’án que la maestra ha generado.

Frente a una “educación” absurda, la presencia de la abuela es la del islam tradicional, todo hospitalidad, sensatez, ternura, asombro cotidiano. Un islam que se vive sin necesidad de creencias, sin necesidad de establecer la comunión obligatoria en torno a un catecismo. Se puede convivir con la religión oficial si los hogares permanecen libres, si el Estado no tiene acceso al interior de los hogares, lo que ha logrado mediante la televisión. En el interior de los hogares habita la sakina. Allí se vive el islam como algo íntimo y abierto, alejado de los alfaquíes al servicio del Estado. En el momento en que la mujer marroquí emigra, se separa de esa abuela que conserva el islam como naturaleza. Esta separación es asfixiante.

Todo esto constituye una enseñanza sobre la enseñanza religiosa. La apostasía está relacionada con la enseñanza obligatoria de la religión, es decir: con el aprendizaje externo de lo que es la religión, llevado a cabo por maestros que reciben sus títulos de escuelas oficiales. Estos son los encargados de propagar ese islam codificado (ya acabado) y socialmente inoperante que practican los Estados mal llamados musulmanes. Lo mismo puede decirse de la enseñanza en occidente, y no me refiero solo a la religiosa, sino de la enseñanza en general. .

Dicho de otro modo: rebelión y apostasía son el resultado de una enseñanza desviada de sus fines, una enseñanza que no es iniciación sino adoctrinamiento, que no procura los instrumentos necesarios para desarrollarnos como criaturas. Los responsables de que alguien abandone el islam son aquellos que lo han enseñado. Si hubiesen transmitido verdaderamente el islam, es completamente imposible que nadie lo abandone. Si alguien lo abandona, es que se le ha enseñado “otra cosa”.

Así pues, esta es la paradoja: lo que estas gentes abandonan no es el islam, propiamente dicho. Abandonan la “religión de sus antepasados” buscando acceder al islam por otras vías, en las cuales no existen esa “presión oficial” que lo hace inoperante... Porque el islam sin libertad de conciencia es imposible, se convierte en un mero ritualismo. Porque islam es vivencia, experiencia, saboreo, y no una religión o una doctrina.

En realidad, al abandonar esta maquinaria ideológica no estamos abandonando el islam, sino ejerciéndolo. Podemos hacer la siguiente ecuación: mientras más se insiste en los aspectos rituales y en una enseñanza sin sabor, más se vulneran los aspectos sociales de la sharia. Esto funciona como una fórmula matemática: a mayor puritanismo (separación de los sexos), control de conciencia (enseñanza obligatoria) y ritualismo (islam como algo acabado, que adoptar desde fuera), mayor desigualdad y usura. Los que siguen este camino son los únicos apostatas. Ellos son los responsables de que tantos y tantos hombres y mujeres se alejen del islam. No, no solo no se trata de un delito: en estas circunstancias, el abandono de este islam oficial y retorcido no es abandono del dîn de Al-lâh, sino el ejercicio de la libertad de conciencia proclamada por Al-lâh en Su Qur’án Generoso.

Teniendo en cuenta todo esto, no podemos sino sonreírnos ante la decisión tomada por las autoridades españolas de imponer la enseñanza del catolicismo en las escuelas. ¡Cuántos nuevos musulmanes, y de los más combativos, fueron educados en centros de formación católica! Aquí, entre los de Webislam: Mansur Escudero, Hashim Ibrahim Cabrera, Abdelmumin Aya... ¡Bienvenida la enseñanza obligatoria de una religión que provoca las ansias de libertad de los que están en fitra!

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1 Comentarios

ernest dijo el 18/03/2012 a las 04:01h:

Cuanto te pagan por decir esas barbaridades? por que otras iglsias que no considerais tan puras no cometen esos crimenes? Yo creo que estais muy lejos de Al-lah Dios ¿admas por que tus explicaciones no coinceden con la de otros imanes cada uno va por dode le parece en eso se nota la falsedad del islam


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