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La enseñanza espiritual de Dhû-l-Nûn el Egipcio (6)

06/08/2003 - Autor: Ibn Arabi - Fuente: Webislam
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El pudor con respecto a Al-lâh (hayâ’)

En Les Titres de gloire..., Ibn Hamîs, «La Corona del Islam» ha citado estas palabras de Dhû-l-Nûn:

«Al-lâh tiene servidores que han abandonado el pecado porque se sienten avergonzados ante Su generosidad, después de haber renunciado por temor a Su castigo. Y si Él te dijera: “¡Haz lo que tú quieres, Yo no señalaría contra ti ningún pecado!”, Su generosidad debería hacer que te sientas aún más indigno y que ceses de desobedecerle, si eres un hombre libre y noble y un servidor agradecido. ¡Cuánto entonces, con mayor razón, después de Sus advertencias!».

El amor (al prójimo) en Al-lâh (al-hubb fî-L-lâh) y la compañía (suhba)

Según Sa’id ibn ‘Uzman, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos del amor (al prójimo) en Al-lâh: se da generosamente por puro afecto, despojándose de su propia voluntad en provecho de la de un hermano por abnegación, y se comporte con él lo que le es agradable o desagradable en virtud de la solidez de los lazos establecidos con él ".

Según ‘Abd al-Karîm ibn Hawazin (Qusayrî), Dhû-l-Nûn ha dicho:
«¡Que tus relaciones con Al-lâh no sean más que conformidad (a Su voluntad), que tu comercio con las criaturas no sean más que buenos consejos, que tus relaciones con tu alma carnal no sean más que para contrarrestarla, y que tu contacto con el demonio sólo sea una guerra declarada».

Según la misma fuente, alguien preguntó a Dhû-l-Nûn a quien debía tomar por compañero, y su respuesta fue:

«A aquel que te visite cuando estés enfermo, y que te perdone cuando cometas una falta».

La lealtad espiritual o la sinceridad (sidq)

Yasuf ibn al-Husayn ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:
«La sinceridad es el sable de Al-lâh en la tierra; donde sea aplicado, no puede más que cortar».

Según la misma fuente, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«El simulador muestra un estado que no es el suyo, mientras que el hombre sincero no se preocupa de la categoría en la cual se le sitúe».

El respeto de las reglas y de las conveniencias (adab)

En Mosul, la hija de «La Corona del Islam» Abu ‘Abd Allah ibn Hamîs nos ha transmitido, según su padre, las dos sentencias siguientes de Dhû-l-Nûn el Egipcio:

«Cuando el novicio (murîd) deja de practicar el respeto a las reglas, vuelve allí de donde había venido». Y: «En el que posee el conocimiento, el respeto de las conveniencias es superior a cualquier otro, porque es Él quien conoce y educa su corazón».

Las virtudes que hacen un hombre (futuwwa)

Según Sa’id ibn ‘Uzman, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos que muestran que se poseen las virtudes que hacen a un hombre (o «caballero espiritual»: muruwwa, tomado aquí como equivalente de futuwwa): se da de comer al prójimo (sea el que sea), se extienden los deseos de paz a todos los hombres, y se vierten sobre todo el mundo las buenas acciones».

La benevolencia divina o la inclinación a la benevolencia (‘atf)

Yusuf ibn al-Huseyn ha referido esto: Yo he oído a Dhû-l-Nûn decir:

«Es imposible que tengas buena opinión (de Al-lâh) sin que lo que Él te conceda en tal caso sea bueno».

La (verdadera) vida (hayât)

Según Sa’id ibn ‘Uzman, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos de la (verdadera) vida: el sentimiento de la compañía familiar (de Al-lâh: uns) sin la menor dejación (wahsha), el hecho de que el retiro es totalmente cumplido y sin flaqueza por el pensamiento de Al-lâh mantenido presente en el espíritu (tadhakkur); y el hecho de estar cogido por el temor respetuoso que engendra la perfecta vigilancia (murâqaba; el control espiritual, sabiéndose bajo la mirada de Al-lâh)».

La riqueza espiritual (ginâ)

Según la misma fuente, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos indicando que se ha encontrado su riqueza en Al-lâh: se es humilde con los pobres menospreciados, se es altivo con los ricos orgullosos, y se renuncia a la frecuentación de las gentes del siglo («los mundanos», abnâ’ al-dunyâ) que se envanecen».

La sumisión confiada (taslîm)

Igualmente, esta frase de Dhû-l-Nûn (prosa rimada):

«Hay tres signos de la sumisión confiada:
el consentimiento ante el destino (qada),
la paciencia en la prueba,
y la gratitud en la abundancia».

La aceptación del destino o el consentimiento de Al-lâh (rida)

Siempre según la misma fuente, Dhû-l-Nûn ha dicho:

«Hay tres signos del consentimiento de Al-lâh: el abandono del libre albedrío (ihtiyâr) antes que el decreto divino se manifieste, la ausencia de toda amargura después que se ha manifestado, y el impulso del amor en lo más fuerte de la prueba».

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