webislam

Lunes 18 Noviembre 2019 | Al-Iznain 20 Rabi al-Auwal 1441
666 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2588

Las acciones de la resistencia iraquí hunden la moral de las tropas estadounidenses

06/08/2003 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: Amanecer del Nuevo Siglo
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Los ataques diarios y actos de sabotaje contra las tropas norteamericanas y británicas en Iraq significan que la guerra en este país ha entrado en una nueva fase, en la que los iraquíes tratarán de expulsar mediante una lucha guerrillera a los ocupantes.

Desde que Bush diera por formalmente terminada la guerra en Iraq, más de 60 soldados norteamericanos han muerto como consecuencia de los ataques perpetrados por la resistencia iraquí y muchas decenas más han resultado heridos. En las pasadas semanas, ha habido abundantes informes que ponen de relieve el grado de descontento y los temores que embargan a las tropas de EEUU que permanecen en Iraq y a sus familias. Sólo entre el 9 y el 22 de junio las fuerzas norteamericanas sufrieron 131 ataques, incluyendo 41 contra las instalaciones, 26 contra puestos de observación y 26 contra vehículos. En sólo un día, el 23 de junio, tuvieron lugar 25 ataques.

El 9 de julio el Pentágono dio a conocer que la tasa de bajas norteamericanas había crecido hasta 1.256 desde el 20 de marzo, día oficial del inicio de la guerra. Esto incluía a 212 muertos y 1.044 heridos. El 1 de julio, cuatro soldados norteamericanos resultaron muertos tras resultar alcanzado su vehículo por una granada lanzada por un lanzagranadas RPG. Otros dos ocupantes resultaron heridos. Ese mismo día en Fallujah, otros dos soldados estadounidenses resultaron heridos cuando su vehículo se introdujo en un hoyo que había sido excavado deliberadamente en la carretera. El 26 de junio otros dos norteamericanos y dos iraquíes que trabajaban con los estadounidenses murieron asimismo en una acción guerrillera. Otros nueve soldados norteamericanos resultaron heridos ese día en tres ataques separados ocurridos en la capital iraquí. El 24 y 25 de junio varios vehículos militares de EEUU fueron atacados en la autopista que une la capital, Bagdad, con el aeropuerto, y en la ciudad de Hilla, localizada a unos 80 kilómetros al sur de la capital. Estos ataques causaron la muerte a dos marines y, al menos, otros seis resultaron heridos. Otros cuatro militares estadounidenses más fallecieron en diversos ataques el 21 de julio.

Por otro lado, la mayor parte de la ciudad de Bagdad ha estado sin energía eléctrica desde el pasado 23 de junio, debido, según fuentes militares norteamericanas, a diversos sabotajes ocurridos en las líneas de alta tensión situadas al norte de la capital. Los oleoductos destinados a transportar el crudo iraquí han sufrido cuatro acciones de sabotaje en las pasadas semanas. Al menos el 65% de las torres de alta tensión que suministran energía eléctrica al puerto de Umm Qasr y a los campos petrolíferos del sur de Iraq han sido también destruidas.

El 20 de julio, la cadena árabe Al Yazira difundió un video de un grupo de la resistencia iraquí, la Brigada del Yihad, en el que varios de sus miembros hacían un llamamiento en favor de la resistencia contra las tropas ocupantes norteamericanas. Según la cadena, una gran parte de los iraquíes están dispuestos a unirse a los grupos de la resistencia y luchar contra los invasores. Estos continuos ataques han afectado gravemente a la moral de las tropas estadounidenses.

El pasado 15 de junio, el periódico New York Times, publicó detalles de los traumas físicos y psicológicos de los miembros de la Primera Brigada de la Tercera División de Infantería, que ha estado movilizada desde el mes de septiembre y que fue una de las unidades que participaron en el asalto a Bagdad. Esta unidad iba a volver a EEUU en mayo, pero tendrá que permanecer indefinidamente en Iraq debido a la continuación de las operaciones guerrilleras. En la actualidad, sus efectivos patrullan la parte oriental de la capital iraquí. Los miembros de la brigada no se muestran consolados por la comparación que se les hace con la actuación de la unidad durante la Segunda Guerra Mundial, cuando permaneció en el campo de batalla durante 531 días consecutivos. Uno de los oficiales de la brigada declaró al New York Times que sus hombres “se sienten casi traicionados”. El Pentágono ha anulado ya un plan para repatriar a unos 70.000 soldados en el mes de septiembre. Algunos de los integrantes de la brigada han dado detalles a la prensa norteamericana de la forma en la que viven.

En la actualidad, hasta 10 soldados norteamericanos duermen en una misma habitación sin electricidad, agua corriente o aire acondicionado, en contraste con lo que ocurre con los altos oficiales, instalados en lujosas suites del Hotel Palestina de Bagdad. Sus operaciones de patrullaje por las calles de Bagdad parecen en principio tranquilas, pero ésta es una falsa impresión por cuanto los militares estadounidenses pueden ser objeto de una emboscada en cualquier momento.

El reportaje del Times, titulado “Inquietos y cansados, los soldados hacen frente a una nueva misión en Iraq” señalaba que “algunos se hayan perturbados por las muertes que han causado —y sufrido— y han buscado ayuda psicológica. Todos ellos están cansados, sufren el calor y están cada vez más irritados. La moral ha caído tan rápidamente como han aumentado las temperaturas, que alcanzan a menudo los 45 grados a la sombra en muchos lugares del país. Según Tom Engelhardt, un periodista que dirige un conocido sitio antibélico en Internet, las noticias de que las cosas en Iraq no van bien han llegado incluso al corazón de la América profunda.

Algunos periódicos de Cleveland, Tallahassee, Charlotte y Salt Lake City han publicado artículos con titulares como: “Perdiendo la paz”, “La guerra de Iraq, todavía caliente”, “Los jefes militares afirman que las muertes de civiles intensificarán el sentimiento antinorteamericano” y “La guerra ha terminado, pero los soldados continúan muriendo”. El periódico Christian Science Monitor publicó recientemente un artículo titulado “La campaña contrainsurgencia de EEUU provoca la ira de los iraquíes”, en el que se decía que “el Ejército norteamericano ha dejado de ser visto como un “libertador” por los iraquíes para convertirse en un duro ocupante”. Algunos periódicos han retomado de nuevo las expresiones utilizadas durante la guerra de Vietnam, tales como la de “ganar las mentes y los corazones”, “recuento de armas” o “recuento de cadáveres”. Algunos comentaristas consideran que la situación en Iraq es aún peor que la que existía en aquel conflicto. “Durante la guerra de Vietnam, los norteamericanos tenían el apoyo de un millón de soldados survietnamitas, una red de agentes vietnamitas y un cierto apoyo social. En Iraq no tienen nada de eso”, señaló un periodista norteamericano que visitó el país.

El 9 de julio otro soldado norteamericano murió en lo que las fuentes militares norteamericanas denominan “un incidente de fuego no hostil”, un eufemismo para referirse al suicidio. Éste fue el segundo suicidio en tres días, tras la muerte de un soldado norteamericano de la 101 división aerotransportada que se dio muerte en la base aérea situada cerca de Balad, unos 50 kilómetros al oeste de Bagdad. Esto es una muestra del estrés al que están sometidos los soldados norteamericanos en medio de una población hostil. En la actualidad, un total de 180.000 soldados norteamericanos (cinco de las diez divisiones del Ejército norteamericano) y 15.000 británicos se hallan en Iraq tratando de controlar el país y someterlo a la ocupación. Otros 90.000 militares continúan desplegados en Kuwait y Qatar realizando tareas de apoyo. Sin embargo, los norteamericanos no ejercen un control efectivo en amplias zonas del país, como la Ciudad Sadr, un suburbio de Bagdad habitado predominantemente por shiíes.

El Washington Post informó de que sólo 35 soldados norteamericanos están estacionados en la provincia iraquí de Diyala, que tiene una población de 1,4 millones de habitantes y que se extiende desde los suburbios del noreste de Bagdad hasta la frontera con Irán. En tales condiciones, los guerrilleros iraquíes han demostrado su capacidad para moverse libremente dentro y fuera de las principales ciudades y campos de petróleo con el fin de lanzar ataques contra las tropas ocupantes y llevar a cabo actos de sabotaje. Ellos están también coordinando sus acciones de una forma creciente. El odio que siente el pueblo iraquí hacia los ocupantes no les pasa desapercibido a los soldados norteamericanos que se hayan en Iraq.

El 19 de junio, el Washington Post publicó un artículo titulado: “Las tropas norteamericanas frustradas con su papel en Iraq”. En él, se recogían las declaraciones de un sargento de la Cuarta División de Infantería estacionada en la ciudad de Baqubah, que dijo a los periodistas del Post: “¿Qué estamos haciendo aquí? Se supone que la guerra ha acabado, pero cada día oímos que otro militar norteamericano ha muerto. ¿Merece la pena este sacrificio? Saddam ya no está en el poder. La población local quiere que nos vayamos. Así que ¿por qué estamos aquí?” Un soldado norteamericano dijo al periodista del Post: “Dígale al presidente Bush que nos lleve de vuelta a casa”. Otro militar manifestó al periodista del New York Times que le entrevistaba: “Llamad a Donald Rumsfeld y decidle que nuestros maltrechos culos están preparados para volver a casa”. Varios soldados norteamericanos llegaron a pedir ante las cámaras de la cadena de televisión ABC la dimisión de Rumsfeld a mediados de julio.

Muchos soldados han escrito a sus congresistas y senadores pidiéndoles que presionen al gobierno para que les hagan volver. Una de estas cartas, publicada en el Christian Science Monitor, señalaba: “La mayoría de los soldados vaciarían sus cuentas de banco para poder regresar a casa”. Un oficial de la Tercera División declaró, por su parte: “Que nadie se llame a engaño. El nivel de la moral de la mayoría de los soldados ha alcanzado el punto más bajo”. La Administración Bush y el propio procónsul norteamericano en Bagdad, Paul Bremer, han intentado presentar los actos de resistencia como obra de elementos aislados leales a Saddam Hussein. Algunos escritores neoconservadores —tales como Stephen Schwartz, de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), de tendencia fuertemente proisraelí—, que no ocultan su deseo de ver extendida la “guerra contra el terrorismo” a Arabia Saudí, han afirmado que los clérigos wahabíes saudíes están promoviendo el envío de combatientes a Iraq para luchar contra los norteamericanos.

Otros “expertos” han preferido acusar a Irán o a Siria de favorecer también la entrada en Iraq de combatientes extranjeros. Lo cierto, sin embargo, es que estas absurdas alegaciones no pueden ocultar el hecho de que la resistencia es un fenómeno que surge de un segmento mayoritario de la población iraquí, que no acepta la legitimidad de la ocupación ni un gobierno impuesto a la fuerza por los norteamericanos, en abierta violación además de la ley internacional, que prohíbe a cualquier estado poner en práctica una medida similar.

Las tropas estadounidenses ven con razón enemigos en todas partes del país que se suponía que ellos habían “liberado”. No existe casi ningún lugar en Iraq donde las tropas norteamericanas puedan caminar sin temer convertirse en el objeto de un ataque. Un soldado estadounidense que participó en la Operación Peninsula Strike declaró a la agencia Associated Press: “No vamos a darles ninguna oportunidad. Mi vida está en peligro, así que voy a tratarlos (a los iraquíes) como elementos hostiles”. Otro policía militar, que patrulla Fallujah en la actualidad, manifestó a esa misma agencia: “Tenemos que permanecer vigilantes todo el tiempo, mantener los ojos abiertos y observar los edificios. No estamos luchando ya con tanques o infantería. Se trata de algo oculto”. Un célebre caso fue el de Iman Mutlag Salih, una mujer joven que fue muerta por los disparos de los soldados norteamericanos, después de que intentara lanzarles una granada en Baquba, una ciudad de medio millón de habitantes situada al noreste de Bagdad. Ella dejó a su padre una carta en la que decía: “Quiero morir mártir por la causa del Islam”. Iman ha sido alabada como una heroína por los habitantes de la ciudad, que han estado soportando un régimen de ocupación que les ha privado de sus empleos, comida, energía eléctrica y agua potable. Llamada a los reservistas

Las dificultades a la hora de conseguir reclutar soldados profesionales en EEUU, con los que llenar las vacantes que se producen en las unidades destinadas en Iraq, han obligado a las autoridades norteamericanas a llamar a filas a varias decenas de miles de reservistas, que se han visto apartados de sus trabajos civiles. De un total de 1,2 millones de reservistas del Ejército y la Guardia Nacional que hay en EEUU, 212.000 han sido movilizados en la actualidad para apoyar o reemplazar a las tropas que toman parte en la ocupación de Iraq y Afganistán. Muchos altos responsables norteamericanos temen que el número de reclutas voluntarios en el Ejército norteamericano sufra una fuerte caída debido al temor que existe entre los potenciales voluntarios a ser enviados a uno de esos dos países.

El New York Times informó el 22 de junio de los graves problemas financieros que sufren las familias de los reservistas llamados a filas por la pérdida de los ingresos de estos últimos. La paga que reciben estos reservistas en el Ejército supone, en ocasiones, menos de la mitad del salario que cobraban en el sector civil, en especial en el caso de los médicos, mecánicos de aviación o ejecutivos. Un mecánico de las Northwest Airlines, entrevistado por el New York Times, señaló que había visto su salario caer desde los 6.000 a los 3.000 dólares mensuales desde que fue llamado a filas y enviado a Kuwait. Más tarde, su angustia creció al saber que se encontraba entre los 4.900 trabajadores de la Northwest que van a ser despedidos este año.

El Boston Herald publicó el 25 de junio otro artículo en el que se reflejaba la creciente preocupación de las familias de soldados enviados a Iraq. El artículo recogía las declaraciones de un hombre cuyo hijo e hija se encuentran sirviendo allí. “Este asunto nos está destrozando los nervios, especialmente ahora que conocemos los enfrentamientos que se producen allí con ciudadanos iraquíes. Mi hijo me escribió recientemente una carta en la que decía: “No puedes confiar en nadie y no puedes dar la espalda a nadie”. Otro entrevistado, que tiene un hijo de 21 años patrullando la ruta que lleva al aeropuerto de Bagdad, declaró al Herald: “Tengo amigos que me dicen: “Lo peor ha pasado y no tienes que preocuparte.” Yo les respondo: ¿Por qué no decís eso mismo a los padres del último soldado muerto? Es una batalla diaria la que está teniendo lugar allí”. La situación de rechazo de los familiares a la situación actual quedó de manifiesto en un reciente acto que tuvo lugar en la base de Fort Stewart, sede de la Tercera División, que ha estado desplegada en el Golfo Pérsico desde hace más de un año. La tensión alcanzó un punto tan alto que un coronel que se reunió con 800 esposas de militares tuvo que salir escoltado de la reunión.

Aumenta la represión contra la población iraquí

En respuesta a los ataques, las fuerzas norteamericanas han puesto en práctica —en el mejor estilo de los ocupantes nazis en la Europa de la Segunda Guerra Mundial o de los israelíes en la actualidad— un conjunto de medidas represivas, tales como establecimiento de puestos de control, registros domiciliarios en busca de armas, detenciones indiscriminadas, toques de queda y asesinatos de civiles. Estas acciones han servido únicamente para reforzar los sentimientos antinorteamericanos de los iraquíes.

Un oficial de ingenieros norteamericano destinado en la ciudad de Baqubah informó al Washington Post: “Cuando llegamos algunos nos saludaban. Hoy, simplemente nos miran”. En una medida que recuerda los peores días del colonialismo, Bremer ha promulgado un decreto que prohíbe cualquier “reunión, pronunciamiento o publicación” que muestre una oposición a la ocupación militar estadounidense. Los norteamericanos han lanzado diversas operaciones como la Desert Scorpion, que llevó, según fuentes militares norteamericanas, al arresto de unos 400 ciudadanos iraquíes. Las fotografías de las agencias de prensa mostraron a detenidos iraquíes con los ojos vendados. “Ellos (los norteamericanos) son peores que Saddam”, declaró Jalid Ibrahim, un residente en Bagdad de 50 años, al diario The Guardian.

El 9 de junio, los norteamericanos lanzaron otra operación, denominada Peninsula Strike, en la que participaron unos 4.000 hombres apoyados por helicópteros, aviones y lanchas patrulleras. Una área de unos 50 kilómetros alrededor de las ciudades de Thuluya y Balad, junto al Río Tigris, fue rodeada y se llevaron a cabo numerosos registros de viviendas. Según fuentes militares de EEUU, 397 “sospechosos” iraquíes fueron arrestados y 10 resultaron muertos. Los iraquíes hirieron, por su parte, a 10 soldados norteamericanos y derribaron un helicóptero. Otro avión estadounidense se estrelló también por problemas mecánicos. Según fuentes iraquíes, la operación Peninsula Strike ha sido intensa y brutal. La agencia Reuters ha mostrado fotos de puertas de viviendas destrozadas. Mujeres y niños fueron arrestados y sacados de sus casas esposados.

El 12 de junio, el diario New York Times se hizo eco de las alegaciones iraquíes de que los militares norteamericanos habían matado a culatazos a un sospechoso de pertenecer a la guerrilla iraquí y negado el auxilio médico a otro detenido que había sufrido un ataque al corazón. El Washington Post también hizo mención a las alegaciones de varios iraquíes, que señalaron que las tropas norteamericanas han sometido a palizas y malos tratos a varios sospechosos y han detenido a niños de 13 años. La ciudad de Fallujah, situada a 60 kilómetros al oeste de Bagdad, se ha convertido en un centro clave de resistencia al dominio norteamericano, en especial tras las masacres de civiles llevadas a cabo los días 28 y 30 de abril por los militares estadounidenses. Desde esa fecha, las emboscadas contra las tropas norteamericanas se han venido sucediendo a un ritmo casi diario.

Desde el 5 de junio, unos 3.000 soldados norteamericanos de la Tercera División de Infantería se mantienen desplegados en la ciudad para suprimir la resistencia del cuarto de millón de iraquíes que residen en ella. Mientras que durante el día la ciudad permanece tranquila, por la noche se convierte en un campo de batalla. Según los propios norteamericanos, los habitantes de la ciudad han estado empleando métodos simples, pero efectivos, para ayudar al éxito de las operaciones guerrilleras nocturnas. Luces de diferentes colores han sido utilizadas para comunicar a los guerrilleros la fuerza y extensión de las unidades norteamericanas que se aproximaban, de tal forma que ellos pudieran identificar y atacar a las que resultaran más vulnerables. Las tropas de ocupación estadounidenses han acabado por declarar el toque de queda en la ciudad. El imam de la mezquita de Fallujah ha alabado las acciones de resistencia en contra de los ocupantes norteamericanos y ha pronosticado que habrá más. “Todos estamos con la resistencia, que lucha contra la ocupación”, declaró al Washington Post. “Los norteamericanos son ocupantes. Los ocupantes no pueden venir y proporcionar felicidad y libertad al pueblo”.

En la ciudad de Abu Garaib, que fuera la sede de una de las prisiones más conocidas durante el tiempo de Saddam, el Times señala que las tropas fueron inicialmente bien recibidas por la población. Sin embargo, el diario recoge las declaraciones del jefe militar estadounidense en la ciudad, que señala que sus tropas son tiroteadas en la actualidad casi a diario. Por su parte, el administrador iraquí de la ciudad señala que recibe casi una docena de quejas al día, porque los soldados norteamericanos se incautan de armas o vehículos, o arrestan a personas de forma casi indiscriminada. “Los soldados estadounidenses rompen parabrisas y maldicen a los iraquíes destruyendo así la poca buena voluntad que podía quedar en la población hacia ellos”. El Washington Post señaló también el día 9 de julio que los ataques que no causan bajas a los norteamericanos, pero que por su naturaleza podrían ser mortales, ni siquiera son ya mencionados por la Oficina de Información de las tropas norteamericanas en Bagdad. “Estos ataques se han convertido en una rutina. Ya no se trata de incidentes aislados”.

Por su parte, la revista Time señala que “algunos responsables de la Administración Bush se muestran preocupados en privado por la posibilidad de que los norteamericanos hayan caído en una peligrosa trampa en Iraq. La continuación de los ataques ha obligado a EEUU a mantener una extensa fuerza en disposición de combate, distrayendo así recursos del esfuerzo de reconstrucción. Además, la fuerte presencia militar norteamericana ha soliviantado a la población iraquí y creado un clima más favorable para los agitadores antiamericanos”. La revista señaló también que el administrador civil de EEUU en Iraq, Paul Bremer, ha pedido el envío de 400 funcionarios norteamericanos más para su Administración, pero ha habido muy pocos voluntarios que estén dispuestos a irse a Iraq.

Evidentemente, son pocos dentro del Washington oficial los que se cren la propaganda triunfalista del Pentágono o la Casa Blanca, que afirman que Iraq es básicamente “un país seguro”. Al mismo tiempo, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha desvelado que el costo mensual de mantener a las tropas norteamericanas en Iraq es de casi 4.000 millones de dólares, justo el doble de la cifra estimada por el Pentágono poco después de la guerra. Aunque esta cifra supone casi unos 50.000 millones de dólares anuales, en el Presupuesto de Defensa para el año 2004, que alcanza los 369.000 millones de dólares, no se contemplan fondos para financiar la ocupación de Iraq. En realidad, los militares norteamericanos continuarán sufriendo bajas hasta el día en que abandonen Iraq. Más de una década de agresión militar y sanciones contra este país han generado un enorme resentimiento contra EEUU y han contribuido a crear un fuerte sentimiento anticolonialista entre los iraquíes. A esto hay que añadir que el pueblo iraquí hace frente ahora a la humillación de verse invadido por una potencia extranjera y ser testigo de la desintegración social del país.

La guerra y los saqueos han destruido la mayoría de las industrias e infraestructuras públicas iraquíes. Muchas áreas de las grandes ciudades carecen de electricidad, reservas de combustible adecuadas, agua corriente o un servicio efectivo de alcantarillado. La delincuencia se ha convertido en un problema endémico. El desempleo, que ya rondaba el 50% antes de la guerra, ha crecido tras la disolución del Ejército iraquí y el cierre de docenas de compañías estatales. Los subsidios a los agricultores han quedado abolidos por un decreto de la autoridad ocupante norteamericana. El colapso del sistema sanitario ha llevado a que el 70% de los niños iraquíes haya sufrido, al menos en una ocasión, diarreas este año. Los casos de disentería y fiebres tifoideas se han multiplicado también. Un año antes de la invasión, el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra (War College´s Strategic Study Institute) del Ejército de EEUU publicó un informe titulado: “The Reconstruction of Iraq: Insights, Challenges and Missions for military forces in a post-conflict scenario” —la Reconstrucción de Iraq: Ideas, Desafíos y Misiones para las fuerzas militares en un escenario post bélico—. En él, se advertía de que “la reconstrucción de Iraq absorberá considerables recursos estadounidenses y, cuanto más tiempo se mantenga la presencia militar norteamericana, más fuerte y violenta será la resistencia que ella genere”.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/26911-las_acciones_de_la_resistencia_iraqui_hunden_la_moral_de_las_tropas_estadouniden.html