webislam

Domingo 19 Enero 2020 | Al-Ajad 23 Jumada Al-Auwal 1441
564 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2586

Las mentiras de la Casa Blanca sobre las armas de destrucción masiva de Iraq provocan un escándalo internacional

06/08/2003 - Autor: Yusuf Fernández - Fuente: Webislam
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Bush admite la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak
Bush admite la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak

El reconocimiento por parte de la Casa Blanca el pasado 7 de julio, de que la alegación contenida en el último Discurso del Estado de la Unión —pronunciado por Bush el pasado 28 de enero—, que hacía referencia a que Iraq había intentado adquirir uranio en Níger para su supuesto programa de armas nucleares, era falsa ha producido una fuerte crisis política en EEUU. A finales de la primera semana de julio, el director de la CIA, George Tenet, se vio obligado a realizar una declaración extraordinaria donde hacía recaer sobre sí la responsabilidad por las falsedades contenidas en el discurso de Bush, en lo que fue visto como una maniobra dirigida a proteger a la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, al vicepresidente, Dick Cheney, y al propio presidente.

Tras una semana en la que algunos responsables de la CIA y la Casa Blanca realizaron diversas declaraciones, contradictorias entre sí, acerca del contenido del discurso sobre el Estado de la Nación y de quiénes eran los responsables últimos de su elaboración y supervisión, Bush y Rice manifestaron categóricamente el día 4 de julio que la CIA había aprobado todas las palabras contenidas en el texto del discurso. Esto dejó pocas opciones al director de la Agencia, George Tenet, que, dos horas más tarde, dio a conocer una declaración, cuidadosamente elaborada — que, según algunas fuentes, había sido discutida durante días con responsables de la Casa Blanca—, en la que él aceptaba la responsabilidad por lo sucedido. Poco después, Bush señaló (de forma un tanto extraña si tenemos en cuenta que Tenet era el “responsable” de las falsedades contenidas en su declaración) que tenía una plena confianza en Tenet y que estaba “preparado para continuar trabajando” con él. Sin embargo, el asunto importante aquí no es el de las relaciones personales entre Bush y Tenet, sino el hecho de que Bush mintiera al pueblo norteamericano y al conjunto de la población mundial con el fin de justificar su guerra de agresión contra Iraq.

La revelación de que Bush había mentido en su discurso del Estado de la Unión produjo amplias reacciones a nivel interno e internacional. Este hecho ha puesto de manifiesto que todas las alegaciones realizadas por la Administración Bush para llevar a EEUU a la guerra no eran más que un cúmulo de mentiras y falsedades. Las afirmaciones de que Iraq había intentado conseguir uranio en Níger, tenía depósitos de armas biológicas y químicas, mantenía estrechos vínculos con Al Qaida y compartía sus “armas de destrucción masiva” con los terroristas, eran tan sólo falsedades destinadas a engañar a la, por lo general poco informada, opinión pública norteamericana. Incluso si se fuera a aceptar la poco creíble versión dada por la Casa Blanca de que la responsabilidad por la falsa alegación contenida en el discurso de Bush correspondía a la CIA, esto sería también una admisión extremadamente inquietante y peligrosa para el propio gobierno norteamericano.

Hay que tener en cuenta que la Administración Bush ha aprobado una nueva estrategia, sin precedentes y en abierta violación de la ley internacional, según la cual EEUU se reserva el derecho a atacar “preventivamente” a cualquier otro país que suponga, a juicio del gobierno estadounidense, una “amenaza”. Estas acciones “preventivas” requieren necesariamente que el gobierno norteamericano disponga de informes de inteligencia adecuados, que puedan distinguir entre lo real y lo puramente hipotético a la hora de seleccionar los blancos para tales ataques. Sin embargo, ahora la Administración Bush ha admitido que en el Discurso sobre el Estado de la Unión, que es el más importante discurso pronunciado anualmente por el presidente, y también el elaborado con más cuidado y el más revisado, se incluyeron informaciones basadas en informes de inteligencia falsos.

Hay que tener en cuenta que las afirmaciones de Tenet de que fue la CIA la que dio la “información equivocada” a la Casa Blanca son, en realidad, absurdas. Por el contrario, diversas informaciones sugieren que las alegaciones sobre la inexistente compra de uranio en Níger por parte de los iraquíes fueron introducidas en el discurso en contra de la opinión de la Agencia, que había informado a varios altos responsables de la Administración Bush, entre ellos a Rice y Cheney, que tales afirmaciones no tenían base alguna. Durante la preparación del discurso que iba a pronunciar Bush en la ciudad de Cincinnati el 7 de octubre de 2002, y en el que aquél quería presentar ante la opinión pública norteamericana por vez primera sus argumentos en favor de ir a la guerra para “desarmar a Iraq”, Tenet intervino personalmente ante la Casa Blanca para eliminar del texto la referencia a la compra de uranio en Níger por parte de los iraquíes.

Fabricando la mentira

El 28 de enero, Bush apareció ante una sesión del Congreso y las cámaras de la televisión, en lo que era un discurso esperado, para defender su postura acerca de la guerra de Iraq. El punto central de su argumentación fue que Iraq tenía armas de destrucción masiva o estaba realizando, al menos, esfuerzos para conseguirlas. Una vez logrado este objetivo, según Bush, los iraquíes podrían entonces compartir estas armas con organizaciones terroristas como Al Qaida. Para sostener este argumento, el presidente norteamericano se basaba en dos pruebas: la compra por parte de Iraq de tubos de aluminio de una gran resistencia —que podrían ser transformados en centrífugos, es decir, equipos capaces de purificar uranio— y el intento de Iraq de comprar uranio en África.

Los subsiguientes análisis de expertos de la ONU y de militares norteamericanos confirmaron que los tubos de aluminio estaban destinados, tal y como Iraq sostenía, a servir como lanzacohetes, algo que no violaba las sanciones de la ONU sobre las actividades militares de Iraq. En lo que se refiere a las compras de uranio, los responsables de la Casa Blanca apuntaron a Níger, como el país escogido por los agentes iraquíes para intentar conseguir dicho material.

Un mes más tarde, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) puso de manifiesto, sin embargo, la falsedad de esta nueva alegación, que estaba basada en documentos falsificados que habían sido vendidos, en un primer momento, a la Inteligencia italiana, y, más tarde, habían sido pasados a los servicios secretos de EEUU y el Reino Unido. Pese al desmentido de la AIEA, la Administración Bush mantuvo en vigor su acusación durante tres meses más.

El 6 de julio, el antiguo embajador norteamericano Joseph Wilson reveló que había viajado a Níger en febrero de 2002, a petición de la CIA, para investigar el tema y había descubierto que las afirmaciones de que los iraquíes habían intentado conseguir uranio en Níger no tenían ninguna credibilidad. Entre otras cosas, descubrió que la reservas de uranio de Níger se hallan en manos de un consorcio controlado por cuatro países —incluyendo a Francia, Alemania y Japón—, que habría notificado con toda probabilidad cualquier intento iraquí de adquirir uranio. Wilson, un veterano diplomático con 23 años de servicio y antiguo enviado norteamericano a Iraq antes de la Guerra del Golfo, escribió posteriormente un artículo en el New York Times en el que rechazaba los argumentos esbozados por la Casa Blanca para ir a la guerra contra Iraq. “Podemos concluir legítimamente que fuimos a la guerra basándonos en falsos pretextos” señaló Wilson. Más tarde, en una entrevista con el Washington Post, manifestó que la Administración Bush había tergiversado los hechos “en un tema que ha constituido una de las principales justificaciones esgrimidas para convencernos de la necesidad de recurrir a la opción militar”. “Esto deja abierta la cuestión de ¿en cuántas cosas más nos han mentido?”, señaló Wilson. Esta alegación resultaba tan dudosa, incluso para los propios miembros de la Administración Bush, que cuando el secretario de Estado, Colin Powell, presentó el 5 de febrero de 2003 el caso contra Iraq en el Consejo de Seguridad de la ONU, sólo una semana después del discurso sobre el Estado de la Nación de Bush, se negó a incluir en su alocución el tema del uranio de Níger, pese a que su discurso estaba lleno de otras alegaciones también infundadas como el tema de los tubos de aluminio “para purificar el uranio” o los vínculos entre Iraq y Al Qaida.

En realidad, la declaración de Tenet, en la que aceptaba la responsabilidad por las falsificaciones en el discurso del Estado de la Unión, venía a decir que el jefe de la CIA debería haber protestado con más fuerza contra la inclusión de esta mención en el discurso de Bush. Sin embargo, esto deja sin contestar la pregunta de quién insistió en mantener la alegación en el discurso y tenía al mismo tiempo el suficiente poder como para conseguir que las sugerencias de la CIA fueran ignoradas. Aunque no se han citado nombres concretos no resulta un misterio para nadie el contexto y las circunstancias en las que fue elaborado el pasado discurso sobre el Estado de la Unión. Varios altos cargos de la Administración Bush querían incluir en él las acusaciones más sensacionalistas posibles en contra de Iraq con el fin de contrarrestar la entonces creciente oposición de la opinión pública a la guerra de agresión que se estaba gestando.

Dentro del establishment militar existe en la actualidad un profundo resentimiento hacia figuras como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y el vicepresidente, Dick Cheney, que presionaron en favor del lanzamiento de la guerra sin ninguna consideración hacia las posibles implicaciones militares y políticas que podía tener una ocupación de estilo colonial en Iraq. Cuando la CIA mostró sus reparos a incluir en el discurso el tema de la adquisición de uranio en África por parte de los iraquíes, los responsables de la Casa Blanca propusieron que Bush se limitara a citar las conclusiones de la Inteligencia británica en este asunto. Esta propuesta quedó reflejada en los términos del discurso: “El gobierno británico ha sabido que Saddam Hussein ha intentado adquirir recientemente cantidades significativas de uranio en África”.

Esta salvedad llevó a la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, a mantener, en una entrevista televisiva emitida el 13 de julio, que, aún reconociendo que las informaciones sobre la adquisición de uranio en Níger por parte de los iraquíes eran falsas, Bush no había dicho en realidad ninguna mentira, porque el gobierno británico había hecho, en efecto, una acusación en este sentido en contra de Iraq. Rice no mencionó, sin embargo, que la Inteligencia norteamericana conocía ya en ese momento que la alegación era falsa y había informado de ello a la Casa Blanca.

Esta burda manipulación de la realidad demuestra la desesperación del gobierno norteamericano. También el cinismo de los principales medios de comunicación estadounidenses que lanzaron fuertes condenas contra Clinton por sus supuestas mentiras al Congreso en el tema de su affaire con Monica Lewinsky y han tratado, por el contrario, con simpatía y servilismo a la Administración Bush, pese a las revelaciones de que Bush mintió para justificar una agresión armada que llevó a la muerte de decenas de miles de iraquíes (y a cientos de militares norteamericanos). En realidad, tras esta fachada de mentiras dos realidades han ido apareciendo: la primera es que no han sido descubiertas armas de destrucción masiva en Iraq, aunque su pretendida existencia constituyó la principal baza de la Administración Bush para justificar la guerra.

La otra verdad es que los ocupantes norteamericanos, lejos de ser recibidos como “libertadores” por el pueblo iraquí, están haciendo frente a una extensión de las actividades guerrilleras en Iraq, donde existe una amplia hostilidad popular hacia su presencia. En realidad, las últimas revelaciones sobre las mentiras del gobierno norteamericano en el caso de las armas de destrucción masiva de Iraq representan una crisis no sólo para dicho gobierno, sino para todo el establishment político de EEUU. Varios candidatos presidenciales demócratas están ahora intentando aprovecharse del escándalo surgido a raíz de las recientes revelaciones. Sin embargo, ningún líder demócrata mostró su rechazo al discurso de Bush cuando éste fue pronunciado, incluso aunque varios altos líderes demócratas habían recibido informes de la CIA y sabían, en una fecha tan temprana como octubre de 2002, que las alegaciones acerca de la compra de uranio en Níger por parte de los iraquíes eran falsas.

El senador John Rockefeller, uno de los líderes del Comité de Inteligencia del Senado, declaró a este respecto: “Todo el mundo sabía que dicha alegación era un fraude. ¿Quién decidió que esto era algo con lo que se podía trabajar—”. Sin embargo, la opinión pública norteamericana no sabía que el discurso de Bush contenía afirmaciones fraudulentas, aunque millones de personas probablemente lo sospechaban. Y ni el senador Rockefeller ni ningún otro líder demócrata se molestó en informar a la población de la realidad de los hechos. El Partido Demócrata comparte la responsabilidad política de la guerra contra Iraq con la Administración Bush. Los demócratas del Congreso y el Senado apoyaron con su voto la resolución que autorizó la invasión de Iraq el pasado mes de octubre y votaron casi unánimemente en favor de los presupuestos militares relativos a esta guerra.

La mayor parte de las críticas demócratas hacia la Casa Blanca en las recientes semanas ha estado dirigida a culpar a Bush por haber subestimado la cantidad de tropas y dinero necesarios para mantener la ocupación de Iraq. Hasta ahora, ninguno de estos críticos demócratas ha pedido la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq, algo que los propios militares estadounidenses han comenzado a hacer por sí mismos. Hay que señalar, por último, que la mentira de Bush sobre el uranio de Níger no ha sido ningún “error”, como algunos medios de la prensa norteamericana pretenden hacer creer, sino tan sólo un intento fraudulento de convencer al pueblo norteamericano de la existencia de armas de destrucción masiva iraquíes, con el fin de aterrorizar a la población y crear un casus belli ficticio que sirviera para justificar la agresión.

Las razones reales

Las razones reales de la invasión a Iraq pueden encontrarse en un documento del Proyecto para Un Nuevo Siglo Americano, un think tank estrechamente vinculado a la actual Administración republicana, publicado en septiembre de 2000. Dicho documento, titulado “Reconstruir las Defensas de América: Estrategias, Fuerzas y Recursos para un Nuevo Siglo”, abogaba porque EEUU asumiera el control militar efectivo de la región del Golfo Pérsico, con independencia de si el régimen iraquí suponía o no una “amenaza”. “EEUU ha buscado durante décadas desempeñar un rol permanente en la seguridad regional del Golfo Pérsico.

"Aunque el conflicto sin resolver con Iraq proporciona una justificación inmediata, la necesidad de la presencia de una fuerza norteamericana sustancial en el Golfo trasciende el tema concreto de la permanencia del régimen de Saddam Hussein”. El control del Golfo y sus recursos petrolíferos, añadía el documento, era necesarios “para mantener la preeminencia global norteamericana, impedir el ascenso de un gran poder rival y diseñar la seguridad internacional en línea con los principios e intereses de EEUU”. Este documento recogía dentro de sí las concepciones expuestas por un informe del Pentágono de 1992, elaborado por Paul Wolfowitz, actual secretario adjunto de Defensa, y Lewis Libby, actual jefe de personal de la Oficina del vicepresidente Cheney. Ambos eran en aquel año asesores de este último, que desempeñaba entonces el cargo de secretario de Defensa. El documento consideraba el control del Golfo Pérsico como una parte de la “estrategia global norteamericana”, que busca “desalentar a las naciones industrializadas avanzadas para que no desafíen nuestro liderazgo o aspiren a lograr un papel regional o global más importante”. Es decir, estos planes norteamericanos no van dirigidos sólo contra Iraq, sino contra Europa, China, Rusia, Japón o cualquier otro país o grupo de ellos que tengan la capacidad de desafiar la hegemonía global norteamericana.

A mediados del pasado mes de julio surgieron nuevas evidencias de que la guerra había sido planeada hace mucho tiempo y no tenía nada que ver con las armas de destrucción masiva de Iraq ni con el terrorismo. Estas pruebas salieron a la luz con motivo de una demanda interpuesta en contra del gobierno de EEUU por la negativa de éste a divulgar información sobre una serie de reuniones sobre temas energéticos celebradas en marzo de 2001 y a las que acudió el vicepresidente Cheney.

Cheney, que fue durante varios años director ejecutivo de la firma de construcción Halliburton, especializada en el suministro de equipos para la industria del petróleo, se ha negado hasta la fecha a proporcionar cualquier detalle de aquellas reuniones y ni siquiera ha querido revelar la identidad de los que asistieron a ellas. Sí se sabe, sin embargo, que en dichos encuentros participaron responsables de la Oficina del Vicepresidente, representantes de la industria de la energía y funcionarios de distintas agencias federales.

Algunas de estas últimas se han visto obligadas a dar a conocer algunos documentos manejados en aquellas reuniones, en virtud del Acta de Libertad de Información. Varios de estos documentos, aportados por el Departamento de Comercio, incluyen mapas detallados de los campos de petróleo, oleoductos y refinerías iraquíes y detalles sobre los contratos suscritos por Iraq con compañías extranjeras para la explotación del petróleo iraquí. Este material viene a indicar que ya desde la propia toma de posesión de la Administración Bush, ésta ha estado perfilando sus planes destinados a lograr el control del petróleo de Iraq.

Anuncios
Relacionados

¿Qué hemos hecho? Hablan los veteranos de la guerra de Iraq

Artículos - 09/08/2005

El euro, el dólar y la guerra de Iraq

Artículos - 13/03/2003

Bush y la pista del uranio

Artículos - 25/04/2006



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/26909-las_mentiras_de_la_casa_blanca_sobre_las_armas_de_destruccion_masiva_de_iraq_pro.html