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La globalización, resistencias musulmanas

29/07/2003 - Autor: Tariq Ramadan - Fuente: Webislam
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La era de la globalización es una era de conmoción, o más precisamente, de cambio radical, que consagra la dominación de la economía y los mercados financieros sobre todas las otras esferas de la actividad humana. La globalización es en primer lugar y sobre todo, económica antes que tecnológica, política o cultural. Imposible a partir de esta posición formular una crítica seria del orden del mundo, de las políticas de las nacionales industrializadas o de las decisiones del G8 sin apoyarse en un estudio minucioso del sistema económico neo-liberal, las instituciones que conciben (OMC, FMI o el Banco Mundial), del formidable poder de un puñado de multinacionales o aún más, del funcionamiento de los bancos y mercados financieros.

Las aproximaciones y los discursos estrictamente políticos sobre los estados de derecho, la ciudadanía efectiva, el fin de la colonización, la independencia de las naciones, la ayuda al desarrollo y a la autonomía se han vaciado de su sentido: bajo la influencia del mercado mundial, de la especulación, todos los acimuts y transacciones financieras virtuales, las antiguas realidades de la dominación, la puesta bajo la tutela de los estados del Sur, de la colonización, han cambiado de naturalezas y de nombres, pero no han desaparecido. Ya no es necesario estar presente en Caracas, Bamako o en Djakarta para dictar sus decisiones, hacerlo desde las oficinas de Washington, Londres o Paris o a través de las centrales bursátiles de Nueva York o Tokio, el dominio ejerce su poder como una nueva división internacional del trabajo que consagra un colonialismo "new look" y un verdadero esclavismo "a distancia". Estas dominaciones sin sentimientos, oprimen y matan cotidianamente niños, mujeres, hombres, bajo un terror y con una violencia inauditas pero con esa cínica ventaja de no presentar ningún efecto mediático, de actuar lentamente, silenciosamente, "a escondidas".

Deficiencias e Hipocresías

El mundo ha cambiado y todos estos trastornos tienen graves consecuencias. Ahora, todo ocurre como si la reflexión de ulemas e intelectuales musulmanes, estuviese paralizada, y en particular en el dominio de la economía. Observamos, como todo el mundo, el fenómeno de la globalización, se estudian sus fundamentos y su lógica, se constatan las graves carencias de ética pero cuesta, a partir de las fuentes escriptuarias y de su entendimiento del contexto, proponer una alternativa o, al menos, una perspectiva de resistencia. En resumen, es el fenómeno contrario el que se produce: el mundo islámico ha creado instituciones económicas o financieras que, buscando realizar, en el mismo sistema, marginalmente y a pequeña escala, transacciones llamadas islámicas y "sin ribâ" (sin intereses), confirman el sistema global mas que resistirse a él. Se proponen adaptaciones estructurales para protegerse pero en la práctica, el sistema es aceptado tal cual y "se trabaja con". Observar el orden económico del mundo y sus injusticias de manera objetiva y realista es una cosa, decidirse es otra.

El conjunto del mundo islámico está bajo la tutela de la economía del mercado. Los países mas aparentemente islámicos desde el punto de vista de las leyes y el gobierno, a ejemplo de Arabia Saudi o de las petromonarquías, son los mas integrados económicamente al sistema neoliberal fundado sobre la especulación y sumergido en las transacciones con intereses. El fenómeno es antiguo como ya lo reveló hace veinte años Susan George. La década de los 70 con sus dos conflictos petrolíferos, es de triste memoria para los países en vía de desarrollo. Efectivamente, es durante el plazo de esta década, que estos últimos entraron en el ciclo infernal del endeudamiento que sigue provocando, y que provoca todavía, innumerables catástrofes. En esta época, los países exportadores de petróleo tienen entre sus manos sumas asombrosas que deben invertir mientras que, al mismo tiempo, los países del sur tienen necesidad de divisas, en parte para procurarse el petróleo que se había encarecido más. El equilibrio parece ideal, el excedente de los primeros podrá ser prestado a los segundos y así las dos partes sacarán provecho. Los países exportadores apelaron a los bancos occidentales para operar esta transferencia y poner así en movimiento el terrible proceso de endeudamiento que conocemos hoy en día. Susan George explica "No es mas que a partir del primer conflicto petrolero, en 1973, que los prestamos suben realmente, y despegan con el segundo en 1979. Era el orden de las cosas, considerando que era necesario reciclar el dinero del petróleo. Los países de la OPEP tenían el dinero mientras que los países no exportadores de petróleo tenían necesidad de dinero, en parte para comprar petróleo. El intermediario que se había encontrado, eran pues los bancos. Se podría decir – y es mi opinión – que la OPEP habría podido arreglárselas para reciclar ella misma su dinero y prestarlo directamente al tercer mundo; así, se habría evitado ofrecer a los bancos la ocasión de disponer de un arma de poder absoluto. Además, hoy en día, los países productores de petróleo estarían en mejor posición".

Las petromonarquías musulmanas del Golfo – que representan la fuerza viva de la OPEP – al poner el dinero del petróleo en los bancos y dejar a estos últimos generar préstamos a intereses a los países pobres, actuaron de manera desconsiderada olvidando el principio fundamental de la prohibición del interés en el Islam. Susan George lo recuerda: "Si, realmente, los países miembros de la OPEP hubiesen sido a la vez, suministradores de energía y de capital, para una buena parte del mundo, habrían podido reforzar considerablemente la unión de los países del sur y ampliar su propia influencia política. Prestar en usura es severamente reprendido por la ley islámica y los prestarios habrían podido obtener tasas de interés inferiores".

Los gestores de los países sustentadores de la tradición islámica actuaron sin ninguna preocupación moral y sin sentimientos. La deuda hoy, nacida del proceso que se habría podido evitar, provoca la muerte de una media de 10.000 personas por día. Los petrodólares en los que todas las esperanzas estaban puestas, sirvieron a los intereses de las grandes potencias, a las cuales desde entonces, las petromonarquías están unidas. Y Susan George concluye: "A los países productores de petróleo probablemente ni se les ocurrió la idea de reciclar ellos mismos su dinero. Se comportaron como verdaderos capitalistas, esperando hacer mucho dinero confiando en profesionales de Nueva York o de Londres. De este modo, perdieron una ocasión histórica y abrieron la puerta al formidable golpe minuciosamente elaborado por países que ya eran ricos. La deuda, generada por los gobiernos occidentales, los bancos y sus agentes, tal como el FMI, ha debilitado aún más los países del sur (comprendiendo a los países miembros de la OPEP); les ha puesto en una situación mas desfavorable que antes de la gran época de los préstamos, y ha abierto la puerta a una verdadera recolonización"1.

Era una ocasión histórica, efectivamente, y esta habría permitido, sin duda, crear un modo de relaciones económicas diferente, nuevo, que no fuese sometido a la implacable ley del interés. No se podía esperar menos de los países "musulmanes". ¿Acaso la referencia islámica no tiene igual validez en el aspecto interior como en el penal... como para que cause la asfixia de los pueblos y a la vez reprenda severamente, en nombre del islam, a los individuos que osaran transgredir la ley?!

¿No hemos asistido, en esta participación islámica en los sombríos mecanismos de la economía capitalista, a una de las peores traiciones posibles? Hay que llamar la atención hoy sobre el horror provocado por el endeudamiento de los países pobres y por el servilismo general resultante y es necesario, de la misma manera, tomar medidas ante la desviación que existe entre los bellos discursos sembrados de referencias a la grandeza del islam y las prácticas financieras mas perturbadoras y mas abominables. La hipocresía es total.

En el plan internacional, nos encontramos en la obligación de hacer esta constatación: no existe hoy un modelo o un comportamiento económico islámico específico. Todos los países, desde Marruecos hasta Indonesia, están relacionados – o maniatados o asfixiados – por la ideología económica dominante que mezcla la gestión de los intereses con la práctica de la especulación a ultranza. Esta desviación que reveló Susan George, es más bien la regla que la excepción y nos podemos preguntar, teniendo en cuenta la complejidad de los parámetros, si al mundo musulmán le es posible proponer "otra cosa". Los países que habrían – que hubiesen tenido – los medios para marcar esa diferencia se lanzaron ciegamente en la tormenta para "ganar más y más rápido": indiferentes ante los muertos que la mecánica ha rápidamente aplastado.

Imposible de hecho, trazar sobre el plano del análisis una línea entre "el mundo de las prácticas islámicas" y el de sus transgresiones: las conexiones y las interacciones son tales que es la globalidad del sistema lo que hay que cuestionar forzosamente. Es en el dominio de la economía, mas que en cualquier otro, además de las antiguas categorías de "dâr al-harb" (mundo de la guerra) y de "dâr al-islam" (mundo del islam) del que hemos hablado en nuestra primera parte, son fundamentalmente caducos y totalmente inoperantes. Cuando las prácticas económicas estaban circunscritas a nivel local o nacional cuando respetaban prioritariamente el marco legal de las naciones-estado, era legítima una denominación por su espacio geográfico. Nada de ello es ahora cierto y sin embargo, continuamos escuchando a los ulemas hacer distinciones entre "los dos mundos" y legislar en consecuencia sobre la base de criterios obsoletos. El mundo ha cambiado pero su visión ha quedado paralizada en realidades y sistemas de referencia que hoy en día están totalmente desfasados con la muy grave consecuencia de sus opinión jurídicas (fatâwâ) de adaptación, que impiden en la práctica, el desarrollo de un pensamiento de alternativa.

La geografía ya no es y no puede seguir siendo el criterio de distinción entre los espacios islámicos o no. Hay que cambiar completamente nuestra visión del orden del mundo y su lógica. Aquí aún, tenemos necesidad de vivir una verdadera revolución intelectual. En el momento de la globalización, no son ya los espacios geográficos sino los campos de actividades los que nos permiten evaluar la mayor o menor proximidad a nuestros principios y nuestra ética de vida. Podemos hablar de espacio de testimonio (dâr ash-shahâda) porque a nivel de las constituciones y del derecho, los países occidentales protegen la libertad de conciencia, de culto y las prerrogativas de los ciudadanos. Allá donde estos derechos nos sean garantizados, a través del mundo se materializa este espacio del testimonio para la conciencia musulmana. Pero si observamos el sistema neo-liberal en su conjunto y la lógica que lo sostiene, estamos claramente en el ‘âlam al-harb (el mundo de la guerra) o en dâr al-harb si se quiere utilizar la antigua terminología. Ya sea en Washington, Londres, Tokio, Riad, Cairo, Casablanca, Kuala Lumpur o Singapur, el mundo entero, en lo que concierne a la actividad económica, vive según la especulación, de las transacciones con intereses en el corazón de los complejas y sofisticadas2 lógicas financieras y bancarias. Ahora bien, como sabemos, estas prácticas están en total contradicción con los principios islámicos en la materia y la revelación coránica es explícita: el que se compromete en la especulación o la práctica del interés financiero entra en guerra con lo Trascendente 3. ¿No es posible una alternativa?

Los musulmanes de Occidente viven en el corazón del sistema. Desde decenios, las comunidades musulmanas se encuentran sufriendo profundos problemas de conciencia, tan difícil es vivir en las sociedades industrializadas y evitar las operaciones financieras con intereses. ¿Cómo actuar? ¿Que adaptaciones proponer? Numerosos ulemas establecidos en los países mayoritariamente musulmanes han aportado su contribución en el debate y el abanico de opiniones jurídicos va desde la prohibición de toda implicación en el sistema a la consideración, puntualmente, de situaciones imperativas (darûra) o necesidades (hâjât). Algunos sabios, muy minoritarios, han liberado a los musulmanes de sus preocupaciones afirmando, por ejemplo, que el interés bancario no era el interés (ar-ribá) citado en el Corán. Conocemos la técnica que consiste en cambiar el nombre de las operaciones o de las cosas para evitar la prohibición: así la cerveza no es ya el alcohol (al-khamr) citado en el Corán y así todo por el estilo. Las tradiciones proféticas nos habían prevenido contra este tipo de procedimientos y la gran mayoría de musulmanes no siguen estos avisos. Resulta que en la práctica, deben arreglárselas cotidianamente y que, de prohibiciones a adaptaciones, las soluciones al problema no son de lejos, ni evidentes ni claras. Ya sea que nos referimos constantemente a las alegaciones ofrecidas por lo imperativo (darûra), la necesidad (hâja) o la excepción (ististhnâ’), sea recordando el consejo de Abû Hanîfa y su escuela que desde hace tiempo había admitido la práctica del interés en el interior de "dâr al-harb", sea volviéndose a las instituciones financieras islámicas en Oriente o en Occidente para obtener créditos, sea, en fin, para evitar todas las dificultades, se pide el apoyo caritativo de una organización o de un individuo afortunado de uno de los países del Golfo. En estas condiciones es difícil vivir una existencia tranquila, independiente y sobre todo armoniosa: el corazón tironeado entre nuestros principios y el ambiente económico, no cesa de crear, de montar soluciones que, si bien alivian algo nuestra conciencia no son suficientes para cambiar ni nuestro estado ni el mundo.

El pensamiento global que necesitamos, nos invita a volver a nuestros principios universales y a comprender sus objetivos fundamentales. Será posible entonces, a la luz de nuestro contexto específico, mesurar los márgenes de los conflictos y adaptaciones. Será necesario sobretodo, proponer orientaciones (a nivel local) que, si bien no ofrecen soluciones inmediatas totalmente satisfactorias, tan complejos son los problemas, podrían sin embargo, permitir comenzar a ver de forma distinta, nuestro compromiso en la esfera económica, manteniéndonos en el espíritu, la necesidad y exigencia de buscar una alternativa tanto local como global. Las enseñanzas islámicas están intrínsicamente en oposición con los fundamentos y la lógica del sistema capitalista neo-liberal y los musulmanes que viven en la cúspide del sistema tienen la responsabilidad superior de proponer, con todos aquellos que trabajan en el mismo sentido, soluciones para salir y permitir una economía mas justa y un comercio mas equitativo.

Resistir a una cierta globalización

Los musulmanes occidentales, la mayoría actualmente de origen inmigrado, no deben olvidar de donde vienen y el camino que les ha conducido a las sociedades del Norte. En nombre de sus principios, en nombre de su historia. Ciertamente, deben ocuparse de los asuntos de su sociedad, de la justicia, del paro, la violencia, etc. pero es su deber, en el corazón de las sociedades industrializadas, ser la conciencia del Sur y de los desprovistos. Las dictaduras, el estado de deterioro total de las sociedades y de las economías, la pobreza endémica, el analfabetismo y la muerte cotidiana de millones de seres humanos a causa de un orden del mundo que siembra el terror, son también realidades que testimonian contra la actual gestión del mundo. Hay que ser el amigo y el colaborador de quien, en Occidente, denuncia el horror y pide cambiar el mundo.

Es decir, que es necesario desarrollar un espíritu crítico capaz de saber distinguir las cosas. Occidente no es ni monolítico, ni diabólico y las fenomenales ventajas en termino de derechos, de saber, de culturas y civilizaciones son así mismo realidades que sería insensato minimizar o rechazar. Al mismo tiempo, hay que ser lúcidos y saber ser críticos de cara a las políticas económicas o estrategias impuestas por el Norte y que estrangulan por completo a las sociedades, aceptan comprometerse con verdugos sin sentimientos o promueven una verdadera colonización cultural de las sociedades subdesarrolladas con ayuda de los productos más embrutecedores de la producción occidental contemporánea. Ser un ciudadano occidental de confesión musulmana y decir estas verdades, es correr el riesgo, casi sistemáticamente, de no ser considerado totalmente "integrado" y se sospecha de su verdadera fidelidad: todo pasa como si fuera necesario comprar nuestra "integración" con nuestro silencio. Hay que rechazar este tipo de chantaje intelectual. Ser un ciudadano libre de las sociedades del Norte es, justamente, tener los medios y el derecho de realizar, de manera crítica, selecciones, ponderaciones y evaluaciones contradictorias en el corazón mismo del universo de referencia occidental. Es reconocer y batirse por las ventajas de la democracia e interpelar a su propio gobierno (americano, francés, británicos u otros) haciéndoles entender que ya no es admisible traicionar nuestros principios acomodándose a los Estados dictatoriales; es felicitarse por el desarrollo y el bienestar material aquí, luchando con todas las fuerzas de su ser contra las políticas económicas del OMC, del FMI o del Banco Mundial que, a golpes de acuerdos internacionales o ajustes estructurales, mantienen una terrible miseria, y crónica. ¡Y cuantos más combates aún!

Ser la voz de los sin voz es hoy en día un imperativo moral. Defender a todos los olvidados del continente africano, la resistencia palestina, los derechos de los chechenos y de los tibetanos y de todos los pueblos oprimidos de la tierra, es la expresión mas explícita de nuestra coherencia con nuestros principios y nuestra ética. Se trata igualmente, hoy en día, de rechazar que se perfile entre el norte y el Sur una frontera del derecho que sancione unilateralmente las victimas de las injusticias de la economía: las políticas propuestas para luchar contra la inmigración son terribles y dejan entender que el inmigrado clandestino es en primer lugar un mentiroso, un ladrón, es decir un bandido. Incapaces de cuestionar sus políticas económicas, los gobiernos del Norte, nuestros gobiernos, aplican políticas de represión entre las victimas de su propia gestión. Toda reflexión o estrategia política que no se compromete anticipándose a los fenómenos de las migraciones sanciona dos veces a sus víctimas: situándolos frente a un marco de vida indigno en su país de origen y aprisionándoles o rechazándoles cuando estos, han tenido la dignidad y el coraje de rechazar lo inhumano.

Las nuevas políticas de seguridad van todas en la misma dirección: en nombre de la lucha contra el terrorismo, todo, o casi todo, está permitido. Centenares de musulmanes están en las prisiones sin juicio en los Estados Unidos, se vigila a los que están en contra de la globalización, se limitan las entradas a las fronteras, se restringen las libertades y, en el plano internacional, se aprueban las políticas represivas de Sharon o de Putin cerrando los ojos ante los aliados saudís o paquistaneses. Todo ello para protegerse de "aquellos que aún no aman nuestra civilización y nuestra libertad". Las conciencias musulmanas deben tener el coraje de decir que esto no es verdad y que si efectivamente, el terrorismo es inaceptable, hay que luchar contra todo tipo de terrorismo, en particular el de los Estados y prioritariamente sus causas. Condenar sin sombra de duda los atentados del 11 de septiembre del 2001, no quiere decir aceptar no importa que medida de respuesta y no importa que política porque estaríamos en peligro. Este género de diversión tiene graves consecuencias: colocando a los ciudadanos en estado de asedio regular, alimentando su miedo, se les impide pensar y criticar el orden del mundo y sus injusticias. Un ciudadano que tiene miedo no cambia el mundo, protege lo que ha conseguido.

Una vez más, no se trata de no interesarse por las situaciones internacionales que implican a los musulmanes como lo vemos todavía en la actualidad. En suma, vemos que todas las situaciones están interconectadas y que las políticas internacionales tiene efectos inmediatos en las realidades interiores. Es una visión global de los problemas lo que es necesario elaborar desde ya y, mas que nunca, determinar quienes son nuestros compañeros en esta resistencia. El movimiento internacional de los ciudadanos que se desarrolló recientemente a través del mundo (que no hay que confundir con la tendencia a la violencia de algunos grupos o individuos) expone tesis críticas y exige reformas, la mayoría de las cuales, está en total acuerdo con la ética musulmana. Las organizaciones que piden establecer un comercio mas equitativo (del tipo Max Havelaar o las cooperativas de desarrollo), que desean promover una gestión mas responsable de la economía y de los mercados financieros (al igual que el movimiento ATTAC o mas localmente las instituciones que se consagran a las inversiones éticas); los partidarios cristianos de una teología de la liberación y de la resistencia (ya presentes en todo el mundo) deben convertirse en breve y junto con tantos otros resistentes en el plano local, en los aliados objetivos de este frente plural que deseamos. Es la responsabilidad de los musulmanes comprometerse en este sentido, determinar el tipo de alianzas posibles, sus limites, así como sus exigencias concretas. La globalización que nos es presentada e impuesta hoy en día, sanciona sobre todo la prioridad absoluta de la lógica económica sobre cualquier otra consideración y la eficiencia de las autopistas y redes de la comunicación parece llevarnos sobre todo a ser los mejores consumidores. El escenario sería muy negro si no hubiese un movimiento general de resistencia: de cara a la economía neo-liberal, el mensaje islámico no deja, por su parte, ninguna otra salida mas que la resistencia. En Occidente como en Oriente, nos hemos instado a utilizar nuestra inteligencia, nuestra imaginación y nuestra creatividad para pensar en la alternativa. A partir de nuestras referencias, en la colaboración con todos aquellos que resisten y proponen "otra cosa".

Un frente Sur-Sur-Norte

Demasiado a menudo los musulmanes confunden Occidente con el mundo estrictamente cristiano (y por lo tanto hostil) y llegan hasta considerar como partidarios, en un batiborrillo, humanistas, comunistas ateos y casi todos los intelectuales, cuando no son mas que cómplices disfrazados de la estrategia del Norte. Ya se considere a los países mayoritariamente cristianos del sur, las organizaciones no gubernamentales occidentales, los periodistas o los investigadores, el aire es siempre de desconfianza. El islam es el enemigo de todos. Tales sentimientos son frecuentes en el mundo musulmán como, también, en las comunidades minoritarias de occidente.

Además, asimismo, el tratamiento de prácticamente todos los movimientos alternativos, llamados de "izquierda", en Europa y en los Estados Unidos. El islam "militante" les inquieta. Fueron partidarios y defensores de las independencias, lucharon a menudo con sus camaradas socialistas en el sur del Mediterráneo, compartieron los mismos ideales, los mismos análisis, la misma terminología. Los antiguos partidarios son hoy dictadores o han sido eliminados: ¿En quien apoyarse entonces? Las oposiciones creíbles, fuertes, populares, no hablan ya el mismo idioma: invocan la religión, la moral y la cultura... con otras palabras, otras expresiones, otras disposiciones de espíritu que desorientan. Mas que buscar comprender el sentido en el interior de las referencias de la otra civilización, se actuará por comparación aparente: el despertar del islam, en términos religiosos, es pues la vuelta a nuestra Edad Media. La reacción de rechazo no se hace esperar, y la desconfianza, y la reconfortante simplificación.

Difíciles relaciones, sordera de diálogo. La responsabilidad es compartida. Hay que insistir aquí en los puentes por construir entre las diferentes experiencias de movilización popular en los países del sur. Quien ya ha trabajado sobre el terreno de las comunidades de base, desarrollando estrategias sociales y económicas locales, no puede mas que sorprenderse por las similitudes que revisten con las experiencias musulmanas. Las referencias son ciertamente diferentes, los terrenos de aplicación también, pero la filosofía es la misma y se nutre de esta misma fuente de la resistencia a los intereses ciegos de las grandes potencias y las multinacionales. Ya lo hemos dicho, no se trata aquí de afirmar la realidad de un tercermundialismo islámico beato... que haría eco a aquel a quien conocemos desde hace largo tiempo en nuestras latitudes. Lo que es cierto, es que el islam, como referencia de los musulmanes comprometidos, se traduce por la misma exigencia de dignidad, de justicia y pluralismo que la que modela la movilización comunitaria cristiana o humanista. En ello pues, las relaciones deberían multiplicarse y los intercambios de experiencias perpetuarse.

Los respectivos partidarios se ignoran, sin embargo, con una ignorancia culpable. Las relaciones y las uniones Sur-Sur, que han llegado a ser imposibles en el plan gubernamental, deberían multiplicarse a nivel de teólogos, intelectuales, asociaciones, estructuras, cooperativas; lo que cubre actualmente, en la lengua de los especialistas, el desarrollo a nivel "meso". Los núcleos de resistencia dispersos y que, además, se ignoran o se quejan y en los que están comprometidos los cristianos, los humanistas y los musulmanes actúan finalmente de manera poco responsable: el desperdicio de energía, los conflictos inútiles, la cuidada división, la ignorancia perpetuada por tal situación engendrada son muy perjudiciales.

Este estado de hecho sirve a los intereses de las grandes potencias. Las desconfianzas infundadas que tanto se denuncian diariamente, terminan por tener razón en cuanto a nuestros compromisos en el momento en que se debería hacer mayor vigilancia: tanto por parte musulmana como por la parte cristiana y humanista, se acepta con facilidad el repliegue sobre sí mismo, las certezas que no se comunican, el anatema que excluye. Y esto, a pesar de todos los discursos apelando a la escucha mutua y al diálogo. Se habla sin escuchar: en realidad, un auténtico diálogo entre judíos, cristianos, humanistas y musulmanes no puede desembocar mas que en una formidable acción común de resistencia a la locura humana, a las injusticias y a la explotación. El resto es religión de salón, humanismo de congreso: los buenos sentimientos, si se citan en las mesas de reuniones o en ágapes, son sentimientos fáciles que no honran a los que terminan por olvidar el contenido humano de lo que dicen y vuelven a decir. Hablan, eso se entiende, pero nada más.

Los relevos no faltan en Occidente: no todos los occidentales apoyan las políticas de las grandes potencias y multinacionales, no todos los musulmanes que viven en el norte están vinculados a los dictadores de los países islámicos. Las relaciones de trabajo, los intercambios de experiencia, deberían multiplicarse igualmente en occidente a fin de que se separe un frente de rechazo mas amplio. Antes, hay que intentar conocerse mejor, comprenderse y separar los campos de acción comunes. Europa y Estados Unidos ofrecen posibilidades sin igual y que no son aún explotadas como deberían serlo. El diálogo sigue siendo temeroso, tímido y toca esencialmente consideraciones teóricas o muy abstractas, cuando no se encuentran en el dominio de las buenas intenciones mutuas. Sin embargo, el reconocimiento recíproco del norte, el intercambio y las reflexiones comunes alrededor de temas muy concretos de tipo económico, social o político son un relé importante de las dinámicas existentes en el sur. El encuentro entre los intelectuales, los investigadores, los teólogos y los especialistas (trabajadores sociales, técnicos del desarrollo o responsables de ONG) podrían animar y orientar las aproximaciones deseadas en el campo de la miseria y de la explotación. Hay que ser responsable, sin ser ingenuo: las divergencias existen, los conflictos de intereses siguen, las situaciones son complejas y la buena voluntad no es suficiente para borrar todos los escollos, todas las diferencias con la especificidad de los objetivos y esperanzas. No se puede esperar de un judío, un cristiano o un humanista, que respete sinceramente el islam al punto de comprometerse concretamente del lado de los musulmanes, de aceptar todo del islam o lo que los creyentes dicen. De la misma forma no se puede exigir a los musulmanes que prueben su apertura de espíritu por una serie de concesiones que vaciarían de su contenido lo esencial del mensaje que llevan. Sobre el plan de la práctica económica, las estrategias sociales o las orientaciones políticas, algunas preguntas siguen siendo huesos duros imposibles de conciliar. El verdadero pluralismo consiste en respetar lo que es esencial al ser de lo que quiere ser, su identidad, fundamentalmente.

Es urgente crear, en Occidente, los puentes de diálogos y acciones comunes entre todos quienes, en nombre de su fe y/o de su conciencia, no pueden admitir el estado del mundo. El hielo y las desconfianzas deben romperse: es menos decir que afirmar que estamos aún muy lejos. Occidente sigue siendo un monstruo en el espíritu de unos, los musulmanes siguen siendo oscuros religiosos para los otros... Aquí y allá, sin embargo, en Londres, Paris, Washigton y otras ciudades, los lazos se establecen, los intelectuales se encuentran, los religiosos se hablan, los protagonistas sociales se interpelan, pero son las primeras etapas de un trabajo imperativo y a largo plazo. Es el paso obligado para la creación de un frente unido sur-sur-norte.

Notas:
1 Susan George, Jusqu’au cou, enquête sur la dette du tiers monde, La Découverte, 1988, pp. 68-71 y siguientes. Somos nosotros quienes subrayamos la segunda cita.
2 Continuar evaluando el carácter "islámico" de una sociedad sobre el criterio de la aplicación de algunas leyes o de los modos de vida es una empresa incompleta y reductora. Olvidar la gestión económica y la integración del países en el sistema capitalista global es inconsecuente. Tal aproximación nos indica simplemente sobre los lugares donde se piensa que sería quizá mas fácil sentirse musulmán y vivir su fe en lo cotidiano. No es siempre el caso y la evaluación, en lo que concierne precisamente nuestro tema, es deficitaria.
3 Ver Corán Sura 2, versículo 278-279
Este artículo es la tercera parte de una serie:
· Los antiglobalización frente a los desafíos del pluralismo
Número 213 // 4 de Junio de 2003 // 4 Rabi Al-Thani 1424 A.H.
· El mundo árabe y los musulmanes de cara a sus contradicciones
Número 216 // 4 de Junio de 2003 // 5 Jumada Al-Awwal 1424 A.H.
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