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El significado de la amana

04/07/2003 - Autor: Abderrahmán Muhámmad Maanán - Fuente: Webislam
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El significado de la amana
El significado de la amana

Se llama en árabe AMANA a un secreto que Al-lâh ha depositado en el ser humano. Es algo que Al-lâh ha confiado ha nuestras facultades y el Islam exige ser fieles a esa confianza. AMANA es un término difícil de traducir. En primer lugar significa precisamente eso: algo que se confía a otro. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, AMANA significa fidelidad a ese legado. En tercer lugar, AMANA es, en definitiva, sentido de la responsabilidad. El ser humano es: "Aminullah `ala l-ard, la persona de confianza de Al-lâh sobre la tierra". Según el Qur’an al Karim, Al-lâh ofreció la AMANA a las montañas y a la tierra, pero rehusaron hacerse cargo de esa responsabilidad. Fue propuesta al hombre, y el hombre la aceptó. Sabemos que lo que Al-lâh presentaba a las criaturas era el Califafo. Ninguna quiso esa libertad, sólo el ser humano apostó por ella. Aceptó el desafío, y por ello es lo que es, la imagen del Rahmán sobre la tierra.

El ser humano es salvaguarda de ese secreto que se le ha confiado, es su guardián. La vida nos confía un sinfín de cosas. Nuestra capacidad para responder a eso que se pone bajo nuestra protección es lo que Al-lâh tiene en cuenta como lealtad y fidelidad a nuestra propia soberanía, a nuestro Califato.

AMANA es, por tanto y sobre todo, sentido de la responsabilidad; y todos y cada uno de nosotros, por las circunstancias que sean, somos responsables de algo, siempre hay algo confiado a nuestro cuidado. Rasulullah (s.a.s.) hablaba del pastor como imagen que representa al que le ha sido confiada una responsabilidad a la que se debe responder, y decía: "Cada uno de vosotros es un pastor y responsable de su rebaño. El imán es pastor y responsable de un rebaño. El hombre, para con su familia, es pastor, y responsable de su rebaño. Y la mujer, en la casa de su esposo, es pastora y responsable de su rebaño. El criado, para con la riqueza de su señor, es pastor y responsable de su rebaño". En otra ocasión, Rasulullah (s.a.s.) dijo: "de los bienes de tu padre eres pastor, y responsable de tu rebaño."

Responsable es aquél al que se exigen cuentas. Que se te exijan cuentas quiere decir que se te reconoce la facultad para tomar decisiones: imán, hombre, mujer, criado o niño, todos cuentan con una facultad extraña, algo que no puede explicar la ciencia ni la reflexión, y es la calidad humana de su condición, lo que los hace ser soberanos, imágenes perfectas del Rahmán. Renunciar a esa cualidad, negarla, es dejar atrás lo más preciado que hay en nosotros. Según Ánas, Rasulullah (s.a.s.) no hablaba casi nunca sin concluir sus palabra diciendo: "La imana liman la amanata lahu wa la dina liman la ‘áhda lah": "carece de Imán quien no tiene sentido de la responsabilidad, y no es musulmán quien no sea fiel a su palabra".

En uno de sus du’a, Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Al-lâhumma, me refugio en tí contra el hambre, por que es el peor de los compañeros a la hora de dormir, y me refugio en tí contra la traición, porque es el peor de los secretos que se guardan". Comentando estas palabras, Muhammad al-Gazzali (autor contemporáneo) dice: "Pasar hambre es echar a perder la vida, y ser traidor es echar a perder tu búsqueda de Al-lâh". La Sira nos enseña que ya antes de la Revelación, a Sidna Muhammad (s.a.s.) se le conocía en Meca con el nombre de al-Amín, aquél que es fiel a la confianza que se deposita en él.

Al-lâh ha sido fiel a sí mismo y ha creado el universo; los profetas han sido fieles a sí mismos y han transmitido el mensaje que Al-lâh ha depositado en ellos. Y cada ser humano es responsable de sí mismo, y a él se le exigen cuentas. Si no se le pudieran exigir cuentas, ningún sentido tendría el que sea responsable y el que se sepa responsable.

Uno de los significados de la AMANA es "colocar cada cosa en el sitio que le corresponde". Nunca hagáis responsable de nada a quien sea incapaz de responder a esa exigencia. En cierta ocasión, Abu Dzarr (r.a.) pidió a Rasulullah (s.a.s.) que lo encargara de recoger el Zakat. Rasulullah (s.a.s.) le respondió: "Tú eres débil, y esa empresa es una AMANA". La AMANA, ante Al-lâh, es causa de envilecimiento y arrepentimiento, salvo que se sea capaz de cumplir con ella justamente".

Para poder hacerse cargo de una AMANA como depósito de la confianza de los musulmanes, es necesario ser capaz y sagaz. El Qu’an relata cómo Sidna Yúsuf (a.s.) se propuso a sí mismo para ser el tesorero del Faraón, diciendo: "Yo soy honrado y sabio". Esas son las dos cualidades que se deben exigir, y no sólo una de ellas. En cierta ocasión, Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quienes pongan a cargo de una persona una responsabilidad que concierna al bien de los musulmanes, y haya entre ellos quien sea más agradable a Al-lâh que él, —es decir, más apropiado— que sepa que traiciona a Al-lâh, a su mensajero, y a todos los musulmanes.

Yaçid ibn Abi Sufián fue nombrado wali de Siria, y contó: "Cuando Abu Bakr me designó como wali, antes de partir para cumplir mi misión, me dijo: "Sé que tienes familiares, ¡ni pienses en colocarlos en puestos de responsabilidad!, eso es algo que temo desde que oí decir a Rasulullah (s.a.s): "Quien esté a cargo de los asuntos públicos de los musulmanes y designe emires en función de sus intereses es maldecido por Al-lâh, que no acepta de él nada hasta que acaba entrando en el Nar".

Cuando en una nación se pierde el sentido de la AMANA le ha llegado su fin. Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Cuando se pierda el sentido de la responsabilidad, siéntate a esperar la destrucción". Le preguntaron: "¿Y cómo se pierde la AMANA?. Rasulullah (s.a.s.) respondió: "Cuando las cosas públicas sean puestas a cargo de incapaces, siéntate y espera la destrucción".

Otro de los sentidos de la AMANA es que cada uno haga sus cosas lo mejor posible, sin quedarse corto ni exagerando. A este equilibrio en las realizaciones se le llama "fidelidad a la AMANA". Traicionar las propias capacidades, es traicionar lo que Al-lâh ha puesto en tí. Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Cuando los primeros y los últimos sean reunidos ante Al-lâh en el Yáwm al Qiyáma, un estandarte ondeará sobre las cabezas de los que se hayan traicionado a sí mismos, y por esos estandartes serán reconocidos...".

Otro de los sentidos de la AMANA está relacionado con el desapego. Quien aprovecha sus capacidades y sus circunstancias para satisfacer exclusivamente su interés, traiciona aquello que Al-lâh quiere de él. Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quien tome de lo que gane más de lo que merece, está aceptando un soborno". Y Muhammad (s.a.s.) enseñaba que eso era robar a la comunidad de los musulmanes. Rasulullah (s.a.s.) consideraba la honestidad equiparable al Yihad fi Sabilillah, y por ello censuraba a los que aceptaban regalos por encima de sus ganancias. En cierta ocasión, un encargado de recoger las sádaqas, dijo a Rasulullah (s.a.s.):"Esto es lo que me han dado como sádaqas y esto otro me lo han regalado a mí". Rasulullah (s.a.s.) le contestó: "Si eres sincero, ¿porqué no te quedaste en tu casa esperando que te hicieran regalos?", y dirigiéndose a los musulmanes, les dijo: "Que nadie coja nada que no merece, o lo cargará sobre sus espaldas como un camello ante Al-lâh en el Yáwm al-Qiyama". Después levantó las manos como el que hace du’a y dijo: "Al-lâhumma, ¿lo he dicho con claridad?".

El Islam nos enseña que debemos aceptar los obsequios que se nos hagan con sinceridad, pero no los de los que esperan algo a cambio. El Qur’an nos dice con contundencia: "Vosotros, los que os habéis abierto hacia Al-lâh, no traicionéis a Al-lâh ni a su Mensajero, ni traicionéis vuestras responsabilidades".

El Islam, nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestros estudios, nuestro trabajo, cada segundo que vivimos, es una AMANA. Al-lâh ha puesto bajo nuestra responsabilidad muchas cosas, es decir, nos ha hecho señores, en el sentido árabe de la palabra. Saber responder a esos desafíos es lo que da calidad a nuestra soberanía. Cada una de esas AMANAS es la posibilidad de abrirse, de engrandecerse. Rechazarlas es retrotraerse ante la vida, esconderse, convertirse en un miserable sin nada. Huir de las responsabilidades es empobrecerse. Aceptarlas es emprender una lucha, con todas las dificultades que ello implica, con derrotas a lo largo del camino, pero con un botín al final que puede ser nuestro, y ese botín es la grandeza de nuestros seres, donde cabe Al-lâh.


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