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Riyadât: disciplinarse por la causa de Allah

25/06/2003 - Autor: Desconocido - Fuente: Webislam
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Las ataduras del nafs
Las ataduras del nafs

Riyadât es el intento por llevar a ambos, la carne y el ego, a un estado de obediencia, un estado de humildad, para que de esta forma nos sea posible vivir nuestras vidas como buenos siervos de nuestro Señor. Nuestro ego ama su independencia y ama todavía más conducirnos a la rebeldía contra los mandatos divinos. Generalmente, la disciplina que se emprende a fin de educar al ego en la obediencia a Allah consiste en negarle sus deseos, mientras se lo somete al hambre, a experiencias desagradables, a la austeridad, dificultades y sufrimiento, hasta que aprenda a hacer frente a estas dificultades y las acepta fácilmente. Sólo entonces somos capaces de liberarnos de vidas consistentes meramente en hábitos. Y sólo entonces podemos despertar del sueño de la distracción, asumiendo un carácter y una ética divinamente inspirados, y estar en armonía con la armonía divina.

No obstante, uno de los principios del Sufismo es reformar a la gente indoloramente, de forma tal que a ellos les guste lo que están haciendo. En consecuencia, el mejor medio de desarrollar la disciplina en el ego y no combatir contra él. En lugar de eso debemos primero tratar de comprenderlo, entrar en diálogo con él para de esta forma aprender sus deseos. Entonces podemos permitirle que tenga aquellas cosas que quiere y que no lo dañan, pero en una cantidad menor a lo que desea. Y podemos tratar de razonar con él mientras nos negamos a sus demandas ilícitas. Mientras tanto, emprendemos la tarea de convencer al ego de que los placeres de la vida espiritual son mejores que los juegos y la diversión de la vida mundana habitual. Pero para poder apreciar la belleza de la vida espiritual, es preciso que nuestro ser se limpie de hábitos. Y la forma de liberarse de los hábitos es reducir el involucramiento con lo mundano en nuestras vidas. Y por cierto tiene sentido: necesitamos crear un espacio en nuestras vidas que pertenezca a lo que es espiritual, y tenemos que limpiar ese espacio, vaciándolo de nuestros diarios deseos mundanos.

Riyadât no es reflexión, meditación e intención. Es una cuestión de acción, y las acciones son de dos clases. Hay acciones visibles, exteriores, físicas y materiales, tales como rezar, ayunar, dar caridad, ir en peregrinación, hacer buenas acciones, etc. Y hay también acciones que son invisibles, interiores, tales como la paciencia ante el dolor y las dificultades, el contentamiento con una cantidad menor de las cosas placenteras de la vida, la satisfacción con lo que uno tiene sin desear más, la alegría frente a las amargas quejas del ego, y, en cierta medida, retirarse en libertad de la sociedad.

El propósito de riyadât no es obtener dones espirituales, o abrir las puertas de los reinos angélicos para recibir revelaciones. Algunas personas lo hacen esperando esto, pero ellos no lo reciben a menos que Allah Altísimo así lo elija, y El elige a quien El quiere. Por el contrario el propósito de esta disciplina es mejorar el propio carácter, adoptar una buena conducta ética, estar en armonía con el orden divino, convirtiéndonos de esta forma en seres humanos como Allah pretende que seamos. Cuando la gente se convierte en aquello que está destinado a ser , su vida material y su ser físico resultan profundamente afectados. Se sienten frescos, fuertes, vitales, conscientes, felices y en paz. El sustento espiritual que uno recibe en este camino es mucho más sabroso y nutritivo que la comida ordinaria. Y de hecho, la gente bendecida con este estado a menudo no sienten ni hambre ni sed (durante el ayuno) y a pesar de todo puede que incluso suban de peso, como nos ocurre a algunos de nosotros durante Ramadán.

Para reducir la satisfacción y el placer que sentimos por el alimento de la carne, por la diversión y la vestimenta atractiva, por el sexo, la seducción, y el sueño de la distracción, por la depravación, la violación y la imaginación, tenemos que temer a Allah, en lugar de temer a nuestros egos.

Porque el miedo es el factor principal que nos paraliza, que nos impide escapar del miserable estado de esclavitud a que nos someten nuestros egos. Es (el miedo) la más fuerte influencia de nuestros egos sobre nosotros. Nos inmovilizan con el miedo al fracaso, al miedo a la pobreza, el miedo a la gente; miedo a ser abandonados por la sociedad, por nuestras esposas o esposos, por nuestros propios hijos; miedo a la retribución, al castigo y a la soledad; miedo a ser heridos, y el miedo último a la muerte. El ego dice: "¡Obedéceme! Sé un hipócrita, un mentiroso y un charlatán, codicioso y ambicioso, y trepa sobre los demás, y de esta forma triunfarás y serás respetado. Sé un miserable: guarda tu dinero y tu conocimiento para ti y no te preocupes si los otros se mueren de necesidad, porque de lo contrario puede que tú mismo caigas en la necesidad, como ellos están. Golpea a la gente para que sepan que eres fuerte: entonces estarás a salvo. Come bien, vístete bien, vive en grandes casas, sé altivo y arrogante, y de esta forma serás prominente. Publicítate a ti mismo en los periódicos y en la televisión, y así no serás olvidado y serás inmortal".

¿No es acaso para liberarnos de estos miedos que vive la mayoría de nosotros? ¡Si sólo escucháramos los deseos de nuestro Creador de la forma como escuchamos los deseos de nuestros egos! Si invirtiéramos el mismo esfuerzo en hacer aquello que El nos garantiza que nos proveerá de paz y felicidad en este mundo y el Más Allá, alcanzaríamos la salvación. Y después no nos arrepentiríamos, como a menudo hacemos cuando obedecemos a nuestros egos.

¡Hay del tonto que es engañado por su demonio privado! ¿Dónde están los faraones, los Nimrods, los Hitler? ¿Dónde están los ricos y famosos que se han suicidado de desesperación?

Tu ego es la más maldita de todas las creaciones temporales, pero sigue siendo una creación de Dios. Como todas las cosas ponzoñosas, tiene su función. El veneno de los escorpiones es también una medicina. Si te opones al Demonio, el puede conducirse a la salvación. Cuanto más abandones la falsedad de la fantasía, más cerca estarás de la verdad. Aquel que se aleja de la verdad, no es amado por Allah. Y quien se acerca a la verdad es amado por Allah. Quien teme a Allah, es temido por todas las cosas, y quien es amado por Allah es amado por todo.

Quiera Allah salvarnos de la tiranía de nuestros egos.

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