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Desafíos a la gobernabilidad en Irán

25/06/2003 - Autor: Jaile Maleta - Fuente: elcorresponsal.com
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A pesar de la oposición que enfrenta, el proyecto reformista del presidente iraní continúa proponiendo una mayor participación popular en la tarea de alcanzar una sociedad más equilibrada internamente. Esta cuestión no presupone una ruptura con el proceso heredado de 1979, sino todo lo contrario. Según Khatami, para que el régimen islámico continúe siendo viable, debe tener en cuenta de manera objetiva los cambios en la estructura social. Casi el 60 % de la población iraní es joven y aspira a una mayor participación social.

La elección de Mohammad Khatami a la presidencia de la República Islámica en mayo de 1997 y su posterior reelección en junio del 2001 expresaron el afán de la población iraní de una mayor apertura democrática y de proteger sus derechos constitucionales.

Tales necesidades hicieron posible el repetido triunfo de Khatami, líder de la facción política que asumía la visión más realista para superar las dificultades del país. (1)

Ese realismo, es válido apuntarlo, busca eliminar las barreras interpuestas al programa de reformas que intentó llevar adelante en sus ocho años de gestión el anterior mandatario, Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, en especial el tratamiento a la cuestión femenina.

Por ello, el proyecto renovador de Khatami, basado en un estudio serio de los problemas socioeconómicos del país y de las dificultades a la puesta en práctica de los principales derechos individuales, ganó respaldo popular y se convirtió en la opción más viable para la real transformación de la sociedad iraní.

Una de las grandes líneas de la propuesta "khatamista" ha sido la de tratar de que el petróleo deje de ser el sostén exclusivo de la economía iraní, mediante una mayor diversificación de la industria. También busca contar con una importante fuente de inversiones foráneas que coadyuve al fomento de nuevas fuentes de trabajo para ir eliminando el desempleo que golpea particularmente a la mayoritaria juventud.

El mandatario hizo un análisis crítico de la situación nacional en su discurso político, lo que acaparó la atención de los sectores más humildes -la mitad de la población vive por debajo del nivel de pobreza- y facilitó, de hecho, su victoria electoral.

Ahora bien, ¿cómo ha evolucionado la confrontación de fuerzas dentro de la sociedad iraní? ¿Qué obstáculos enfrenta la política reformadora de Khatami?

Antes de dar respuesta a esas preguntas hay que destacar primero la existencia de dos elementos muy importantes en el desarrollo de la sociedad iraní: los jóvenes y las mujeres que, con su esfuerzo, van conformado, poco a poco, un proceso de cambios.

Los jóvenes integran más de la mitad de la población iraní (2), aspecto que es importante señalar, ya que a pesar de ser educados en los valores de la Revolución Islámica, ello no determina su grado de correspondencia con los argumentos políticos más ortodoxos. Esto es comprensible porque gran parte de ellos no vivió el proceso iniciado en 1979 y sus primeros 10 años difíciles, por lo que resulta irrelevante su grado de compromiso con la vanguardia revolucionaria, de hecho el sector políticamente determinante en el país.

Las aspiraciones de la juventud están encaminadas a la solución de sus principales demandas: mayores oportunidades de trabajo, libertad de expresión, más flexibilidad en la cuestión religiosa y una mayor apertura económica hacia Occidente, en especial hacia Europa.

Así, este importante sector social va a fungir como el principal espectador, protagonista y juez de todo el proceso reformador que propone el actual presidente, ante los retos de una sociedad dominada económica, política y culturalmente por el sector más tradicional, desde el inicio, en febrero de 1979, del período revolucionario dirigido por el ya fallecido ayatollah Ruhollah Khomeini.

Las mujeres, por su parte, han vivido y percibido la revolución no sólo como un movimiento de emancipación espiritual del credo islámico, sino como una herramienta para transformar el orden social y, en especial, para conformarles una nueva identidad.

Ellas han afirmado su presencia social en un grado mayor que en años anteriores. En esto incide notablemente el papel de la enseñanza extensiva, que ha permitido la asistencia masiva del sector femenino (55% de la población) a las escuelas y universidades (57% en 1999). De esta forma, las mujeres van tomando un mayor peso en la vida profesional y asumiendo una actuación destacada en importantes sectores laborales (3).

Su participación en la Revolución Islámica de 1979 en igualdad de condiciones que los hombres obligó al naciente régimen a reconocerles una serie de derechos, especialmente en lo referente a la actividad política y la educación, aunque su situación civil sigue dependiendo en gran medida de los varones. Esta actitud patriarcal pesa aun en la escasa representación política de la mujer.

Sin embargo, no puede minimizarse el impacto positivo que la mujer ha tenido en el proceso reformador del país en los últimos doce años, y el importante espacio político alcanzado, al ser, de hecho, el régimen islámico de Irán uno de los que -en el mundo musulmán- mayores facilidades les ha brindado en ese aspecto.

Esta participación en el proceso político las ha involucrado no sólo como electoras, sino también como elegibles para importantes responsabilidades gubernamentales. Tal es el caso de Masumeh Ebtekar, una docente universitaria que pasó a integrar la vicepresidencia como responsable de la Organización y Protección del Medio Ambiente, hecho trascendental en 22 años de régimen islámico al ser la primera mujer que formó parte activa en un gabinete iraní.

De hecho, el mayor aporte del actual gobierno al tema femenino reside precisamente en el realce político que le ha dado a ese sector, favoreciendo su inclusión en todos los ámbitos públicos y en la toma colegiada de decisiones.

Los obstáculos esenciales para la puesta en marcha del proyecto khatamista, como sucedió antes con el de Rafsanjani, continúan motivados, sin embargo, por los recelos de los sectores más conservadores del país, cuyas principales figuras, educadas en los más estrictos preceptos islámicos del fundador e imán de la Revolución, Ruhollah Khomeini, se mantienen alertas ante cualquier transformación considerada opuesta a la doctrina del Islam. Es por ello que no se puede analizar la evolución del proceso revolucionario islámico de Irán sin tener en cuenta el peso que aun mantiene la imponente personalidad del fundador de una nueva conciencia shiíta en el país.

Esta importante facción continúa siendo la más poderosa, dirigida desde 1989 por el líder espiritual y máxima figura nacional, el ayatollah Seyyed Alí Khamenei (4), y que cuenta con el dominio de elementos claves del Estado como los aparatos de justicia y represivos -policía y servicios de seguridad-, el Consejo de Guardianes de la Constitución y de la Asamblea de Expertos, así como de los principales medios de difusión públicos.

En ningún momento -vale aclarar- el modelo islamista ha sido cuestionado por el jefe del Estado iraní, quien fue ministro de Cultura y de Orientación religiosa desde 1982 hasta 1993, en gran parte del mandato de Khomeini- y las reformas de su programa tampoco disminuyen el alcance social de los principios del régimen:

"Es necesario adecuar el mensaje de Mahoma a la complejidad de la sociedad actual, pero el aumento de la conciencia de los propios derechos debe tener lugar en el ámbito de la ley islámica." (5)

Acerca de ello, la especialista española Gema Martín Muñoz plantea que el proceso khatamista es una transformación del sistema desde una línea continuista que, sin impugnar su esencia, aspira a democratizarlo. (6)

El peso mayor de las contradicciones está determinado por los intereses económicos (7) de los sectores conservadores, que discrepan un tanto con el programa de reformas en curso.

Las secuelas de la guerra con Irak y la caída del precio internacional del petróleo en 1986 estremecieron los cimientos de la economía iraní, por lo que comenzaron a surgir ideas favorables a eliminar el monopolio del Estado y a privatizar algunas áreas importantes, ante su estancamiento.

La propuesta reformista, según el sector ortodoxo, acarrearía efectos traumáticos a la economía, lo que conduciría a que el Estado perdiera irremisiblemente su control sobre la sociedad.

Por ello, la mayoría conservadora en el Parlamento trató de impedir todo intento de transformaciones económicas durante los ocho años de gobierno del primer reformador, Rafsanjani, cuyos cambios quedaron inconclusos. Lo anterior propició el incremento de los precios de los artículos de primera necesidad y de del desempleo, lo que provocó descontento en los sectores más pobres del país, que esperaban, con el fin de la guerra, el de sus penurias económicas.

En estos momentos se replantea la necesidad de erigir un modelo cuyos preceptos religiosos concuerden con los problemas del diario y los valores democráticos de los que son portavoces la mayor parte de los iraníes. De hecho, algunos círculos liberales cuestionan el modelo establecido por Khomeini en 1979, que establece la omnipotencia e infalibilidad del mandato religioso (velayat-e-faqih), que en un momento inicial se aplicó como elemento unificador dentro de las filas revolucionarias, en un panorama convulso que primó hasta finalizada la guerra con Irak, con el objetivo de centralizar la autoridad en el país y así llevar a cabo las transformaciones necesarias para la sociedad que evolucioba bajo condiciones difíciles.

Sin embargo, el inmovilismo de los sectores ortodoxos ante las exigencias de la población será causa de tensión social. En estas manifestaciones de protesta se refleja la repulsa popular a las manipulaciones de ciertos grupos de poder y a sus arbitrariedades, al amparo de "la defensa del texto constituyente y de los preceptos del Islam".

Estas rivalidades se expresan, aunque no de manera absoluta, entre las dos facciones definidas con anterioridad, al interior de las cuales existe una amplia gama de tendencias, cuya finalidad es asegurar en el poder la visión política más adecuada a sus intereses generales. Esta afirmación puede apreciarse con cierta claridad en el campo reformista, aunque no esté exenta del grado de complejidad característico de las alianzas periódicas. (8)

Khatami se ha visto imposibilitado de avanzar en su programa de reformas por la obstinada resistencia del sector conservador que teme, con ellas, la importación de hábitos y conductas extranjeros que amenacen las enseñanzas islámicas, lo que traería para la religión una pérdida paulatina del control que ejerce sobre la sociedad, y de hecho, a desestabilizar el concepto del velayat-e -faqih establecido. (9)

En los últimos años, la presión popular en favor de las reformas hizo perder credibilidad a los pronunciamientos políticos del sector conservador que, en vista de ello (10), encaminó su línea de acción en una doble vertiente: por un lado apoya al presidente, pero al mismo tiempo y en virtud de su control de las instituciones más importantes del Estado, las utiliza para presionar a la facción reformista.

La evidencia del rechazo popular al programa político conservador ocurrió en las elecciones a la Asamblea Consultiva Nacional (Majlis al Shura-e Islami), celebradas en sendas rondas correspondientes a los meses de febrero y mayo del 2000, en las cuales fueron derrotados los partidarios de esa tendencia política, integrados en la Agrupación de la Coalición Islámica. (11)

Estos hechos ampliaron las discrepancias al interior del partido conservador, a tal grado que le resultó imposible presentar un candidato a las elecciones presidenciales de junio de 2001. Ante tan desfavorable situación, realizó esfuerzos desesperados antes de esa fecha para impedir el triunfo de Khatami: cerró publicaciones pro-reformistas, proscribió partidos y grupos políticos tolerados por el gobierno y llevó a juicio a políticos y periodistas allegados a aquél. De nada valió.

En los comicios presidenciales hubo una menor participación (66,7%) que en 1997 (88,11%) y de los votos válidos, Khatami ganó 76,9%, mientras su más cercano competidor, Ahmad Tavakkoli, obtuvo el 15%. (12)

Los conservadores se propusieron presentar candidatos para esas elecciones no con el propósito de ganarlas, pues estaban conscientes de la victoria de Khatami, sino para dispersar los votos e impedir de esa forma que el presidente obtuviera la mayoría absoluta y así tratar de restar apoyo a su proyecto reformista.

Todas estas manifestaciones de hostilidad ocurrieron tratando de no entrar en confrontación directa con el presidente, principal promotor de un clima político, cultural y social más abierto.

A pesar de las repetidas incongruencias del comportamiento político de estos dos grupos, reflejadas en sus contradicciones, intereses y posturas diversas con respecto a temas actuales, la más profunda realidad es otra.

El mutuo interés en no transgredir el marco institucional ha sido la clave del equilibrio del modelo islámico iraní. En los momentos de mayor peligro para el funcionamiento del sistema, los principales líderes, sin importar su tendencia, optan por favorecer el balance y la estabilidad, ya sea a través de concesiones coyunturales o de nuevos compromisos.

Incluso, ante cualquier litigio entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes, decidirá el Consejo de Supervisión o Discernimiento, instancia de arbitraje sobre temas altamente sensibles para el país. De esta forma, se trata de llegar a un consenso para mantener un equilibrio de fuerzas dentro del Estado.

Retomando esta última idea, en el actual período de gobierno y como parte de la creciente democratización del proyecto social presidencial, se ha profundizado y generalizado el debate político en busca del consenso de la población, haciéndola partícipe cada vez más del proceso. Esto ha generado la desaparición paulatina de la apatía política que reinaba en el país ante la incapacidad de los órganos de poder de solucionar los problemas más apremiantes de la población.

Ésta, sin embargo, se impacienta ante la insatisfacción de sus necesidades más perentorias. Tal sentimiento constituye hoy el principal acicate del gobierno de Khatami, que ve tambalearse su propósito de establecer una sociedad civil dentro de un marco puramente islámico, lo cual siembra dudas en la comunidad internacional acerca de la viabilidad de su gestión, y dentro del país respecto del éxito de las reformas.

La población reclama hechos, ante una economía en declive, aún más con la caída del rial. A pesar de las ayudas del Estado, la mayoría de los iraníes no puede siquiera comprar la canasta básica.

Independientemente a estas dificultades, Khatami continúa defendiendo su tesis de que democracia y religión son compatibles. En un discurso pronunciado el 1 de mayo del 2001, expresó: "Establecer un sistema democrático en un país que ha sido gobernado dictatorialmente durante siglos no es fácil. Los iraníes debemos tener paciencia, ser tolerantes y prudentes" (13).

A pesar de la oposición que enfrenta, el proyecto reformista del presidente iraní continúa proponiendo una mayor participación popular en la tarea de alcanzar una sociedad más equilibrada internamente. Esta cuestión no presupone una ruptura con el proceso heredado de 1979, sino todo lo contrario. Según Khatami, para que el régimen islámico continúe siendo viable, debe tener en cuenta de manera objetiva los cambios en la estructura social. Casi el 60 % de la población iraní es joven y aspira a una mayor participación social.

Primer período de Khatami

Desde el punto de vista doméstico, la población iraní tuvo un ligero incremento de alrededor de dos millones con respecto al censo de 1996, y suma hoy cerca de 67 millones de personas, evidencia del constante crecimiento de tasa de natalidad, fenómeno característico de los países musulmanes. En el caso de Irán el promedio de hijos por mujer ha estado cercano a 3,4, a pesar de la profunda campaña de control natal iniciada en época de Rafsanjani, a partir de la cual surge un nuevo discurso político realzando el papel femenino en el proceso innovador como "agentes del desarrollo".

En el aspecto económico, a pesar de los serios obstáculos externos, el país mantuvo un ritmo estable de crecimiento (5,8% en 1997, 1,7% en 1998, 2,4% en 1999 y 5,9% en el 2000, para un promedio del 3,5% anual durante el primer período de gestión de Khatami (14). En este contexto hubo una ligera reanimación de sectores no tradicionales como las industrias química, farmacéutica, biotecnológica, de equipos eléctricos y de transporte, aunque siguen primando las exportaciones de petróleo y de gas natural, artesanías (alfombras), frutas frescas y secas, que aportan el grueso de los ingresos del país.

El petróleo representó más del 80% de esos caudales, que totalizaron 16 mil millones de dólares en el 2000 contra 9,9 mil millones en 1999, gracias al incremento del precio del crudo. La dependencia de la producción energética continúa primando en la economía iraní, a pesar de los esfuerzos hechos por diversificarla.

En el aspecto social, el problema más grave en estos años continúa siendo el desempleo, sobre todo entre la población más joven, que recién salida de las universidades, tiene serias dificultades para obtener un primer empleo, a pesar de los esfuerzos de Khatami en materia laboral. Irán tenía unos 5 millones de jóvenes desempleados en el 2000, cuando se crearon sólo unos 340 mil nuevos empleos (15). La población económicamente activa del país supera los 18 millones.

La moneda nacional (rial) continúa desvalorizada frente al dólar, en una paridad de 9.000 riales por uno, mientras la tasa de inflación es del 12% (16).

Pese a la evidente preocupación del presidente y sus seguidores, la economía iraní ha tenido muy pocas posibilidades para expandirse: las inversiones foráneas no han cumplido con las expectativas trazadas de antemano, los sectores claves continúan en manos del Estado, el petróleo sigue como el constante amortiguador de los choques financieros, y con una cuota de producción autorizada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de alrededor de 3,7 millones de barriles diarios.

Sin embargo y a pesar de estas fallas económicas, prevalece la voluntad política del cambio, comenzando por el mismo presidente, el cual insistió, pocas horas después de ser reelegido, en el carácter irreversible de las reformas, y proclamó como su desafío más importante en este su segundo mandato, la necesidad de resolver la cuestión del desempleo. Además, anunció su intención de liberar al Estado del control del 80% del aparato productivo, de cambiar la estructura económica sin endeudamiento, y de atraer inversiones sin caer en la dependencia.

Política exterior

La República Islámica de Irán ha ido evolucionando paulatinamente en estos últimos años hacia un mayor protagonismo en los problemas globales, lo cual evidenció durante la 53a Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el 21 de septiembre de 1998, cuando el presidente Khatami propuso designar el 2001 como "Año de Diálogo entre las Civilizaciones", con el mayor anhelo de que a través de tal diálogo se dé inicio a la realización de la justicia universal". (17)

Con respecto al conflicto israelí-palestino, el Estado iraní ha sido consecuente en el apoyo al establecimiento del Estado palestino en los territorios ocupados por Israel, al que, sin embargo, se niega a reconcerle tal estatuto.

A partir de la celebración de la Conferencia Islámica en Teherán, en diciembre de 1997, se hicieron evidentes los primeros resultados del lenguaje distensivo de Teherán para con los países vecinos, en especial aquellos que históricamente se habían opuesto a su proceso revolucionario: Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait e Irak. Esta postura en favor del diálogo, sin abandonar el apoyo a la causa palestina, unificaría las críticas a las "acciones genocidas" de Israel.

A raíz de la crisis afgana la situación se complicó. En enero del 2002, fuerzas israelíes requisaron un cargamento de armas en el Mar Rojo, cuyo destino era la Autoridad Nacional Palestina, según portavoces del Mossa. Este hecho agudizó las relaciones irano-israelíes debido a las acusaciones de Tel Aviv acerca de que Teherán patrocinaba el contrabando. Además, en el curso de la actual coyuntura internacional, el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, asumió una mayor agresividad contra Irán, al que acusa de desarrollar un programa nuclear y misilístico, y de permitir a miembros de la organización terrorista Al-Qaeda escapar de Afganistán a través de su frontera, acusaciones negadas reiteradamente por los iraníes.

En la pasada reunión en Malasia de la Conferencia Islámica, Irán apoyó una propuesta iraquí (manejada en la reunión de Beirut de la Liga Arabe) de establecer un boicot petrolero contra Israel. También reconoció la iniciativa de paz saudita, partiendo del hecho real de que el reconocimiento de Israel partía de los propios intereses árabes.

Por ahora continúan las históricas discrepancias entre el Estado hebreo e Irán por el supuesto apoyo que ofrece este último a la guerrilla shiíta libanesa Hezbollah. Si bien en años anteriores la militancia iraní fue un factor de peso en la activación de ese grupo armado, no sucede igual en nuestros días, porque con el gobierno de Khatami mermó el apoyo financiero dirigido a sus acciones.

Al gobierno de Teherán le interesa más ahora mediar entre el gobierno libanés y Hezbollah, con el propósito de contribuir a la existencia de un poder político estable en Líbano, que acepte el interés iraní de extender su protagonismo político en la región, propósito en el que Hezbollah sería su representante.

Esta estrategia responde a la adopción por el grupo shiíta libanés de un curso más político que militar contra Israel, a fin de incrementar su credibilidad a partir de su presencia en los círculos del poder.

De esta manera, la política exterior iraní se ha enriquecido cualitativamente, gracias a una visión más abierta y en favor de un entendimiento con el mundo de las autoridades más realistas del país. Llevando a la práctica estos presupuestos de su discurso político, la República Islámica de Irán ha equilibrado e intensificado sus contactos con los países europeos en materia de intereses energéticos y estratégicos. Se destacan sus relaciones con Rusia, las cuales se profundizaron a inicios del año pasado con la visita de Khatami a Moscú, en la cual ambos países se opusieron al papel hegemónico y de gendarme mundial de Estados Unidos. También las partes dieron los pasos iniciales para establecer una alianza estratégica en lo económico y militar, con el objetivo de ser punteros en el proceso de búsqueda de la estabilidad del Asia Central.

En este contexto, las relaciones con Estados Unidos no han variado sustancialmente en 22 años de revolución islámica, a pesar de los reiterados intentos de su gobierno por mejorarlas. Tras los atentados del 11 de septiembre y el consecuente conflicto afgano, esos esfuerzos ocuparon un lugar especial en la política exterior iraní.

Frente a tales acontecimientos, la posición política iraní ha sido más clara y coherente que la de sus aliados árabes (Siria y Líbano), al manifestarse en favor de una operación militar dirigida por, y desde, las Naciones Unidas, y asumir una actitud crítica ante aquellos actos e, incluso, hubo disposición a sumarse a la lucha internacional contra el terrorismo.

Por otro lado, la actitud distensiva de la tendencia moderada en la política iraní, representada en el gobierno, y el reconocimiento por parte de algunos círculos de la Casa Blanca de contar con el apoyo logístico de Irán en el conflicto contra los talibanes y para el desarrollo de su influencia en el mar Caspio, perfilan a Irán como la potencia regional de un futuro próximo.

No obstante, algunas manifestaciones de los elementos menos prágmaticos en la política norteamericana -autores del nuevo período de sanciones económicas contra Irán y de su involucramiento en el llamado Eje del Mal-, continúan restándole importancia al papel que podría representar la República Islámica en una futura dinámica geopolítica de Estados Unidos en Asia central.

Las relaciones entre los dos países se han visto entorpecidas por la política de sanciones económicas mantenida por la Casa Blanca, ratificada el pasado 25 de julio con otra extensión por cinco años.

La renovación pretende, en lo fundamental, frenar las inversiones foráneas en los sectores del petróleo y el gas natural. Para ello establece multar a cualquier firma extranjera que invierta más de 20 millones de dólares en el sector energético iraní. El gobierno norteamericano pretexta para endurecer sus sanciones el supuesto apoyo de Irán al terrorismo internacional y su desarrollo de armas de exterminio masivo. Con esta política de confrontación, la Casa Blanca se aleja cada vez más de sus aliados europeos, que muestran un interés creciente en los recursos energéticos iraníes.

Acerca de tal comportamiento, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Hamid Reza Asefi, expresó que "el uso de las sanciones como una herramienta política es arcaica y una jugada fallida, que contradice las normas internacionales y tratados comerciales entre los países" (18).

El fortalecimiento de las sanciones económicas obstaculizará, además, la realización de uno de los principales objetivos económicos de Irán: su integración en la Organización Mundial del Comercio, para lo cual debe reestructurar también su industria y abrir su mercado a la competencia externa.

Tan es así que en estos últimos años, favorables a un acercamiento estratégico, Washington no ha logrado articular una política de compromiso constructivo que brinde frutos de inmediato. No obstante, el tema de las relaciones con Estados Unidos constituye para Khatami uno de sus principales retos en materia de política exterior para los próximos años. (19)

Sin embargo, la legitimidad interna de la política internacional iraní y su credibilidad a partir del principio de no dejarse imponer un modelo de desarrollo político, hace pensar que en un futuro continuará el diferendo bilateral aunque matizado por la competencia en torno a la explotación de los recursos energéticos del Caspio.

Pronunciamientos emitidos por el presidente George W. Bush durante el año 2001 no disimularon su intención de impedir el acceso de Irán a las futuras rutas para exportar petróleo y gas natural desde esa cuenca, así como su participación en proyectos conjuntos, muestras evidentes de la política de aislamiento a Irán del futuro espacio centroasiático.

Conclusiones

Se podría perfilar como un posible escenario interno de Irán el seguimiento de una política que propicie un clima más distendido entre las distintas facciones, alimentado con aires de reformas, y que haga crecer la credibilidad de los sectores más humildes en sus dirigentes. Sin embargo, primero hay que acabar con las divisiones al interior de la corriente aperturista para entonces lograr la unidad de las fuerzas políticas del país en contra de aquellos que continúan controlando autocráticamente los mecanismos de poder. No obstante, todo sería en balde si no se logra consolidar la participación popular en el proceso, a pesar de los avances logrados en los últimos años.

Por estas razones, la tarea más urgente de la tendencia aperturista en el gobierno iraní es la de crear los mecanismos necesarios para el funcionamiento de instituciones capaces de canalizar los reclamos de la sociedad. Sólo de esta forma, la acción práctica de esa corriente política pudiera erigirse como una opción de transformación socioeconómica, y demostrar así la viabilidad del proceso en su propia continuidad en el poder, ante los retos de un entorno regional e internacional cada vez más complejo.

En el aspecto exterior y a la luz de los últimos acontecimientos en el Golfo Pérsico (20), Irán continúa siendo uno de los focos islámicos más hostiles al intervensionismo de Estados Unidos en la región. De este modo, se presume que constituya otro de los ejes regionales dentro de los planes de seguridad de Washington para los próximos años.

Se ha especulado mucho en torno a si después de la reciente campaña contra el país vecino, Irak, Irán será el nuevo objetivo de la presente lucha contra el terrorismo. Sobre esta cuestión hasta ahora no hay nada definitivo, pues si han sido reales las acusaciones de Bush contra Irán como Estado que ampara el terrorismo internacional, la intensidad de tales acusaciones ha bajado en las últimas semanas.

El ejército iraní es más grande y probablemente se encuentra en mucho mejor condición que las fuerzas iraquíes, ya que estas últimas se han deteriorado producto de la Guerra del Golfo y las sanciones y embargos. De hecho, los gastos militares de Irán son 6 veces los de Irak. Irán también posee misiles Scud, además de misiles Shahab-3 de mayor alcance que podrían atacar objetivos en el Medio Oriente y el sur de Asia, así como el Golfo Pérsico. Al igual que Irak, Irán posee armas químicas y biológicas y podría estar más cerca que su vecino en desarrollar un arma nuclear.

De cualquier forma, no se puede descartar del todo una invasión sobre Irán si no ocurriese un hecho tan letal que conspire contra la persistencia de los planes de dominación mundial del actual gobierno de Estados Unidos.

La posición del Estado iraní respecto a la pasada guerra en Iraq fue muy difícil, ya que si por un lado guarda reservas con respecto al gobierno de Hussein, por el otro, la creciente presencia militar de Estados Unidos en la región es mucho más peligrosa para su seguridad territorial que la permanencia del gobierno de Saddam Hussein. De ahí que a diferencia del proyecto de gobierno post Saddam esgrimido por Washington en los últimos meses, la dirigencia iraní ha estado promoviendo iniciativas regionales en un esfuerzo por restringir la presencia americana en el Golfo, tales como proponer elecciones en Iraq bajo los auspicios de la ONU, además de actuar a menudo con algunos actores políticos europeos y Rusia en contra de los Estados Unidos.

Estos temores son justos, pues tal parece que el actual diseño estratégico de la Administración Bush tiende a trazar un cordón militar alrededor de Irán para utilizarlo como clavija de presión contra Teherán en un futuro próximo.

De este modo, Irán está siendo sitiada. El establecimiento del régimen de Karzai en Afganistán bajo el patrocinio americano, el aumento de la cooperación de Estados Unidos con Turquía en el noroeste y con Pakistán en el sur-este, la fortalecida presencia americana en Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo, y el masivo aumento del ejército americano en el Golfo Pérsico nos demuestra esa afirmación.

Incluso, las autoridades de Israel alegan que ya la época de fuerza militar de Iraq pasó, que en las actuales condiciones el principal peligro a su seguridad como Estado es Irán. El presente gobierno iraní ha planteado en ocasiones que toda la escalada contra Iraq tiene como objetivo final una agresión contra Irán. Si por un lado, se opuso a la guerra contra Iraq, si está a favor de que se le destruyan al Estado iraquí las armas no convencionales, pero bajo la supervisión de las Naciones Unidas y no mediante una agresión y ocupación por fuerzas militares de Estados Unidos.

A nuestro modo de ver, el creciente peso regional de Irán hace prever la posibilidad futura de la reactivación de los contactos entre personalidades industriales y políticas de Estados Unidos, aunque no parta del establecimiento de intercambios directos entre estas últimas.

La posición estratégica de Irán que le permite controlar los yacimientos del Caspio por un lado y convertirse en un posible mediador político hacia el complejo proceso de pacificación en Afganistán, de acuerdo a una variación en la dinámica centroasiática, podría resultar de peso para futuros acercamientos o desencuentros entre ambos Estados.

Notas:
(1) En las elecciones de mayo de 1997 votaron 29.076.070 electores (90% del total). En ellas, Khatami obtuvo casi el 70% de los sufragios y su contendiente más cercano, Alí Akbar Nateq-Nuri, presidente del Parlamento y apoyado por el líder espiritual, Alí Khamenei, un 22,7%. Las cifras correspondientes a los comicios generales del 2001 se manejan con posterioridad en el trabajo.
(2) Un 43.6% de los iraníes tienen menos de 14 años de edad, y un 75% son menores de 33 años, teniendo los habitantes de este país una edad promedio de 16,9 años. Tomado de: "Islamic Republic of Iran", Embassy of the Islamic Republic of Iran-Berne, 1997-pag.20.
(3) "Islamismo y democracia ante las próximas elecciones", de Gema Martín Muñoz.
(4) Seyyed Alí Khamenei, dos veces presidente de la República. Ocupa desde junio de 1989 el cargo de líder espiritual, posición desde la que controla el ámbito religioso, político, económico e incluso militar, al ser Comandante en Jefe del ejército iraní.
(5) Discurso inaugural del Presidente de la República Islámica de Irán, Mohammad Khatami en la Asamblea Consultiva Islámica (Majlis). 4 de agosto de 1997. Tomado de: "El Presidente Khatami habla", No 122, 15 de abril de 1998.
(6) Gema Martín Muñoz.
(7) Una vez que triunfó la revolución, el régimen llevó a cabo un amplio proceso de nacionalizaciones y confiscaciones de los bienes de la familia real y de quienes la apoyaron. Según David Paulovich Escalona, en los primeros años de la República pasaron a manos del Estado de 700 a 750 unidades de producción, las que formaron poderosas "Fundaciones" que agrupaban a diferentes unidades productivas y de servicios que manejaban presupuestos multimillonarios (especie de monopolios estatales), que pasarían a subordinarse al Líder espiritual. Ver: "El modelo económico islámico.", Editora Universitaria, 1997, Panamá, pág. 20-21. De ahí que el importante sector comercial e industrial local (bazaar) incrementase su poderío, eliminada la aristocracia nativa, especialmente la oligarquía nepotista representada por el Sha, su parentela y unas 128 familias. De estas, 56 controlaban acciones en 177 de las 364 mayores empresas industriales del país y otras 72 familias en 88 de las restantes mayores empresas. La familia real manipulaba a su libre albedrío los ingresos petroleros, pero además poseía intereses en 17 bancos y compañías de seguros, 25 empresas de fundición y elaboración de metales, 10 empresas de materiales de construcción, 45 empresas constructoras, 26 empresas comerciales y más del 70% de las inversiones hoteleras. Amuchástegui, Domingo: "La revolución iraní: su desarrollo y sus nexos con la religión islámica". En: Historia contemporánea de Asia y África (tomo IV), Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 1988, p. 129. A partir del triunfo revolucionario, el Estado comenzó a controlar las industrias básicas, el comercio exterior, los grandes yacimientos, la banca, los seguros, la energía, las grandes redes de distribución de agua, la radio, la televisión, la aviación, la navegación marítima, la red de carreteras, y el ferrocarril, entre otras ramas. Esta economía centralizada formó una gran masa burocrática urbana ligada, ante todo y supeditada, al líder religioso, y cuya función esencial era, al principio, regular los subsidios estatales, favorecer la compra de materias primas y equipos, y así acelerar el desarrollo de la industria local en su enfrentamiento con los productos importados.
(8) Las medidas aperturistas adoptadas por el Gobierno del reformista Khatami han permitido aflorar diversos partidos y agrupaciones políticas, algunas de las cuales actuaban clandestinamente desde los mismos inicios de la revolución. De esta manera, se propicia un aumento del soporte político a favor de una profunda apertura democrática. Entre dichas agrupaciones se destaca: el Partido de los Sirvientes de la Construcción (PSC). Entre sus fundadores aparecen el ministro de Cultura y Orientación Islámica, Ataollah Mohajenari, conocido como su ideólogo; el alcalde de Teherán, Gholamhussein Karbatschi; y la hija del ex Presidente Rafsanjani, Faezeh. Esto indica que dicho partido parte de elementos vinculados al actual Gobierno y que a la vez representan una continuidad del anterior, que trató de iniciar discretamente cambios en la sociedad iraní. El PSC cuenta con un gran respaldo de Rafsanjani, actual Presidente del Consejo de Supervisión, figura ésta de tendencia centrista y conciliadora. La tendencia aperturista está apoyada de manera especial por un nutrido grupo de clérigos de izquierda que conforman la Liga de Clérigos Militantes, entre los que se destacan el actual vocero del Majlis, Mehdi Karrubi, Abdollah Nouri, Mussavi Lari. A la vez lo conforman dirigentes civiles como Mostafa Tajzadeh. Otro grupo afiliado a las reformas es el Consejo de Estudiantes Islámicos (CEI), que agrupa al importante sector de la juventud iraní, principal soporte social del programa de Khatami. Este grupo está encabezado por los estudiantes de la Universidad de Teherán, los mismos que protagonizaron los sucesos de julio de 1999. Tiene un papel destacado el Frente de Cooperación Islámico de Irán (FCII), creado en 1998 y considerado el grupo más directamente vinculado a Khatami, su líder es el propio hermano del Presidente, Reza Khatami, vice ministro de Salud. Esta agrupación incluye a una inmensa gama de organizaciones conformadas por distintos sectores sociales y disímiles vertientes políticas, que abarcan desde posiciones más tradicionales hasta proyecciones ideológicas más liberales, pero cuyo elemento unificador es un cambio real del régimen teocrático a uno de carácter civil. Khatami cuenta con el apoyo del Movimiento para la Liberación de Irán (MLI), partido islámico progresista clandestino, pero tolerado por el actual Gobierno (dicho partido puede ofrecer ruedas de prensa, e inclusive puede designar miembros a las elecciones). Fundado en los años sesenta por Mehdi Bazargan, es favorable a la corriente reformista. En términos generales, la tendencia aperturista cuenta con el apoyo dentro de sus filas de unas 18 agrupaciones políticas diversas. Tomado de: "Irán, segunda oportunidad de Jatami", Gema Martín Muñoz. En: Política Exterior, Vol. XV, julio/agosto 2001, Num.82.
(9) Una vez instalada la revolución en el poder, en febrero de 1979, la materialización de este gobierno de los juristas, se estableció en la institución islámica del velayat e-faqih ejercida por el más sabio de los marja e tajlid (ejemplo de imitación), elegido por sus conocimientos entre sus pares, quien ejercería las funciones de "autoridad legal suprema del Estado, una especie de tribunal constitucional supremo, con poderes para declarar inválida cualquier acción o ley gubernamental contraria al Islam".
(10) En las elecciones municipales de marzo de 1999, la legitimidad de Khatami se reforzó al obtener sus partidarios, un 75 % de los sufragios emitidos. En estos comicios, solo en Teherán, votaron 403 389 personas, un 30,5 % de los electores, siendo ocupadas por los reformistas, los 15 puestos en esa municipalidad. Según Abdolvahed Musavi-Lari, ministro del Interior, los reformistas se adjudicaron el 80 % de los aproximadamente 200 000 escaños de consejeros municipales de todo el país.
(11) Los resultados de la primera vuelta, favorecieron notablemente a los reformistas. Dicha victoria se vio más afianzada al conseguir 26 asientos de los 30 escaños parlamentarios puestos en disputa en la capital, Teherán. El candidato que más votos obtuvo, el 56 %, fue Mohamadreza Khatami, líder del Frente de Cooperación Islámico de Irán. Entre los triunfadores figuran connotados seguidores de la línea del mandatario, como Mehdi Karubi y el ex viceministro de cultura Ahmad Burgani, muy popular entre los jóvenes. Con los resultados parciales de Teherán, los reformistas habían obtenido 143 bancas de las 189 en disputa, los conservadores apenas 44 y los independientes 10. Los otros 69 escaños se decidieron en mayo con un saldo igualmente satisfactorio para la línea de Khatami. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que a pesar de estas sucesivas derrotas políticas, el grupo conservador sigue dominando ampliamente el panorama nacional, consolidándose como fuerza político-religiosa, debido a su poderosa estructura y a su poder de influencia en las instituciones claves del régimen islámico ya mencionadas. Por ello, desde el mismo instante en que ocupó la mayoría de los escaños el grupo reformador, la limitante del accionar de la Asamblea Consultiva Nacional hasta ahora ha sido que ha tenido que contar con las instituciones controladas por los conservadores, directamente o por medio del Guía Supremo. Así, este órgano del poder legislativo, en cierta medida queda subordinado al Consejo de Guardianes de la Constitución, que se arrogará el derecho de atender los asuntos más delicados para las normas del grupo conservador.
(12) Teheran Times, June 11, 2001.
(13) Prensa Latina, 01-05-2001.
(14) Sajjadpour, Kazem: Globalization and the National Security of the Islamic Republica of Iran, En: The Iranian Journal of Internaciontal Affairs, Vol XII, No.4, Winter 2000-2001.
(15) Según estadísticas del Banco Central de Irán, 2000.
(16) Teheran Times, * 37, May 2001, P.4.
(17) "El Muecín", Año IX, Mayo de 2001, p.1.
(18) Iran Daily, No 1192, July 28, 2001.
(19) Luis Mesa y Rodobaldo Isasi: El "Eje del Mal" y la vocación unilateralista de la administración Bush. En: Panorama Mundial, 5 de marzo del 2002.
(20) Hay que tener en cuenta que en el momento de elaborarse este trabajo, los acontecimientos bélicos en Irak aún no tenían lugar, por lo que estas últimas reflexiones se agregaron a última hora.
La fuente: El autor es investigador del Centro de Estudios de África y Medio Oriente (CEAMO), de La Habana, Cuba.
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