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Poemas

16/06/2003 - Autor: Hafez Shirazi - Fuente: Del libro 101 poemas
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Hafez Shirazi
Hafez Shirazi

Estas tres copas

Oh escanciadora, se habla de sentencias, de tulipán y rosa.
y el discurso se destila con estas tres copas.

La hierba núbil alcanza su extremo de belleza; sirve vino.
En estos días, por el arte de tu mano, la obra ha concluido.

Hoy, todos los loros de India dulzura exhalan,
debido a este azúcar persa que se dirige a Bengala.

En el trayecto de los versos, de lugar y tiempo observa el paso,
que este niño de una noche recorre el camino de cien años.

Observa aquel ojo eterno que el asceta atrapa
y al que persigue una caravana de magia.

Perlado de sudor, avanza donairoso
y destila rocío de vergüenza, del jazmín el rostro.

No te apartes del camino por el guiño de este mundo: una anciana
que hace trampas cuando parte y, cuando se sienta, engaños trama.

En la rosaleda real sopla el viento de primavera
y a través del rocío vino en el cáliz del tulipán trasiega.

Ansiado entrar en la corte del sultán Giz-uddin, Hafez,
no pierdas el tino, que el lamento es tu cometido.

No hay esperanza de enmienda

¡Oh, ídolo!, tal pena me causa mi amor por ti, ¿qué hacer?
¿Hasta cuándo en esta pena de noche me quejaré?

Loco en demasía el corazón está para escuchar consejo,
acaso con la punta de tu bucle lo encadenamos.

Nuestra separación, lo que me hizo sufrir....
en modo alguno cabe en una carta su relato.

¿En qué ocasión, con un rizo de tu pelo
contaré uno por uno todos mis desasosiegos?

Cuando sienta deseos de ver mi alma,
crearé la visión del dibujo de tu dulce cara.

Si supiera que con ello encontrarte lograría,
perdería la fe y el corazón me modificaría.

Aléjate de mi, predicador, no cuentes fábulas.
Yo ya no soy aquel que escucha hipocresías.

No hay esperanza de enmienda en el vicio de Hafez.
Ya que el destino es así, ¿qué hacer?

El secreto oculto

¡Huye de mi el corazón! ¡Dueños de los corazones, os conjuro!
¡Qué sufrimiento: ser hará visible el secreto oculto!

Navegantes somos, ¡oh, viento favorable
haz que veamos de nuevo el rostro conocido!, ¡levántate!

En la rueda giratoria sólo hay diez días de fábula y hechizo,
con bondades para los amigos, apúralos, amigo.

¡Oh señor de la grandeza, de tu salud haz donativo
y recuerda algún día a este derviche mísero!

La paz entre los mundos, en dos palabras se ha resumido:
con los amigos ser caballeroso, contemporizar con los enemigos.

¡Mira!, el espejo de Alejandro es la copa de vino
que pone a tu alcance el territorio de Darío.

No te rebeles, que, debido a sus celos, tal vela arde el Amado,
aquel en cuya palma se torna cera el basalto.

En el círculo de la flor divina, anoche, el ruiseñor cantó bien.
Los que estáis ebrios, despertaos, saciad el ansia con vino del amanecer.

Aquel sabor amargo que el sufí nombró madre de las maldades,
para nosotros, más que el beso de doncella, es dulce y agradable.

Entrégate al placer y a la ebriedad en tiempos de pobreza,
que al mendigo convierte en Coré esta alquimia de existencia.

Esas bellezas de lengua persa fuentes son de la vida.
Oh escanciadora, a los persas ancianos, dales albricias.

Donde reinan los de buena fama, pasar no nos dejaron.
Si no te gusta, modifica el sino predestinado.

No por su voluntad vistió Hafez un manto manchado de vino.
¡Oh maestro sin mácula, en esto sé benigno!

Con un velo de tiniebla

En los tiempos de la flor, de enmendarme de la bebida me avergoncé,
¡que nadie se avergüence de una conducta errada!

Nuestro bien es todo él una trampa del camino. Desde ahora,
escanciadora y testigo no me causarán vergüenza.

Acaso por su carácter noble al amado no pregunte,
que nos duelen las preguntas y avergüenzan las respuestas.

Por la sangre que ayer noche huyó del nido del ojo,
a ojos de los durmientes quedamos avergonzados.

Merece el narciso ebrio doblar la cabeza:
los modos y los reproches de aquel ojo le avergüenzan.

En el intento de ir en pos de ti no hemos cesado.
De este intento, gracias a tu compañía, no me avergüenzo.

Más hermoso que el sol tienes el rostro. ¡Loado sea Dios!
De ti no sentimos vergüenza ante el rostro del sol.

Con un velo de tiniebla se cubrió el agua de vida, avergonzada
ante los versos de Hafez y su talante de agua.

El lenguaje de los lirios

Albricias, corazón, que el viento de la mañana ha regresado.
La abubilla mensajera de la tierra de Saba ha regresado.

Oh ave del alba, canta el himno de David,
que el Salomón de las flores, con el viento, ha regresado.

¿Dónde está el iniciado que entienda el lenguaje de los lirios,
para que pregunte por qué partió y por qué ha regresado?

Me trató con clemencia y gentileza la providencia divina,
y así el ídolo de corazón de piedra por sendas de lealtad ha regresado.

Por el soplo matutino, huele el tulipán el vino apetecible.
Era un ardor de corazón y con fe en la medicina ha regresado.

He lanzado mil suspiros en pos de esta caravana,
hasta que las campanillas a mi oído del corazón han regresado.

Aunque Hafez llamó a la puerta del sufrimiento y rompió el compromiso,
mira, su bondad, conciliadora, por nuestra puerta ha regresado.

Cuando no se halle en medio el alma

Merece alabanza dijeron cuanto oyeron
los visos que mencioné al describir aquella imagen.

El corazón entregué a un amigo hermoso, ufano, esbelto,
alegre y de talante excelso.

Alcanzar el amor y ser bohemio, fácil pareció al principio;
al final, por adquirir estas virtudes, ardió mi alma.

En lo alto de la horca canta Hal-lach dulcemente este acontecimiento.
No preguntéis a Shafei sobre cuestiones análogas.

Dije: cuándo perdonarás a mi alma cansada.
Dijo: cuando no se halle en medio al alma.

Durante el aislamiento, como tu ojo, ebrio era,
y ahora, hacia los ebrios me inclino, como tu ceja.

Cien diluvios de Noé vi desde el agua de los ojos,
mas no se borró tu imagen de la tabla de mi pecho.

Oh amigo, la mano de Hafez contra el ojo es amuleto.
¡Oh Dios, haz que la vez colgada ya de tu cuello!

Como tu sabes

El alba de la bienaventuranza sopla hacia donde tú sabes.
Por el reino de quien sabes, pasa cuando tú sabes.

Del secreto retiro eres heraldo, y te esperan.
Acude no por mandato, sino tal como tú sabes.

Di que me huye de la mano el alma amada.
Insufla en ella, con tu boca granate, lo que tú sabes.

Dos palabras he escrito de un modo que nadie entiende.
Por tu majestad y grandeza, léelas como tú sabes.

Tu espada y nosotros somos como el sediento y el agua.
Al cautivo que prendiste, mátalo como tú sabes.

¿Cómo anudar la esperanza al cinturón de brocado,
pues queda junto a un detalle que tú sabes?

En este asunto, Hafez, da igual el turco que el árabe.
Cuenta la historia de amor en la lengua que tú sabes.

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