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Foro de los lectores 20

15/06/2003 - Autor: CDPI - Fuente: Verde Islam 20
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Foro Lectores Verde Islam
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En clave revolucionaria

La opinión pública está alterada. Las injusticias en el mundo asaltan nuestros hogares; las imágenes en la memoria acechan en nuestra realidad cotidiana. Las conciencias, perplejas ante tanta violencia pierden su capacidad de asombro. Vemos la tortura, la opresión, la sangre del pueblo; las expulsiones, los exilios, las repatriaciones, los refugiados... Los genocidios y la muerte de los inocentes nos alertan: la sublevación de las masas no puede frenar el avance de la “justicia infinita” en boca de los opresores arrasando a su paso con toda insumisión. Su “libertad sin límites” tiene la osadía del verdugo que ejecuta su “misión” sin remordimientos, con la impunidad del criminal que tiene ganada la guerra de antemano.

Pero sea cual fuere la magnitud de su terrorismo, o la sofisticación de su técnica estratégica, o su plan a largo plazo, seguimos siendo nosotros y no ellos los deudores. Estamos confundidos sobre lo que sentimos, sobre lo que no comprendemos, sobre nuestras prioridades y ¡algo importante está pasando inadvertido! Tanto de lo manifiesto como de lo oculto.

Cuando nos aniquilan, sin importar la cifra (ceros en la “izquierda”) nos lamentamos directamente ante la evidente impotencia del que acata “la voz de su amo”. Pero si hay reacción, se activa la alarma social: los desesperados son imprevisibles y podrían poner en peligro la integridad de los privilegiados, el bienestar de los que deberían permanecer exentos de riesgo. ¿Nos sublevamos cuando nos tocan directamente o precisamente nos amansamos para que no nos toquen? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que se suministre el combustible para que siga funcionando el motor de esta máquina diabólica?

Reflexionemos sobre la posibilidad de vivir de otra forma: dejando de consumir lo que este sistema nos exige producir; esforzándonos en satisfacer nuestras propias necesidades reales. Las únicas dificultades son:

El hábito, que nos impide una perspectiva objetiva sobre la capacidad que tenemos para ser felices sin la dependencia que crea ese aparato complejo que se alimenta de nuestro tiempo y energía y que se dedica –entre otras cosas– protegernos, pero ¿de qué, sino de nosotros mismos?

Y el otro obstáculo que nos frena a lanzarnos al abismo de la libertad responsable, es el miedo a la soledad, que nos somete a la claudicación colectiva, porque arriesgarse a salir de ese círculo vicioso presupone el “castigo ejemplar” que se impone a cualquier disidencia que ponga en peligro el modelo impuesto.

Yaratul-lâh Monturiol, Asociación Cultural Insha Al-lâh de Barcelona

La visita de los sabios

Mi ‘curiosidad’ por el islam se despertó después del 11 de septiembre. Me indignó el ataque norteamericano contra el pueblo afgano indefenso. En ese entonces vi fotografías publicadas en los medios que me acercaron a un mundo tan remoto como ignoto. Las imágenes que más me impactaron fueron las de unos hombres de raro aspecto, con barbas grises y turbantes, pieles curtidas, con sus manos extendidas frente a sus ojos gastados, y una mirada llena de fe y adoración en ellos, como si estuvieran a pocos pasos de Dios, mirándolo frente a frente.

Recuerdo que pensé que daría cualquier cosa por poseer una pizca de la fe de esos hombres. Eran sublimes en su adoración. No había duda que Allah estaba más cerca de ellos que su vena yugular, y de algún modo, era posible ver a Dios, asomado a la mirada de sus ojos. Aún hoy encuentro hermoso ese gesto de alzar las manos implorando a Dios.

También me pregunté por qué Allah los dejaba tan solos y desprotegidos frente a un enemigo tan cruel y poderoso. Y sin embargo, ellos no parecían renegar de Dios sino que se refugiaban en su religión. Seguían elevando sus manos y sus oraciones, y sus miradas mudas, de amor y dolor. Y en medio de tanto horror, con las bombas norteamericanas cayendo sobre sus cabezas, saber que el Santo Padre que vive en Roma, sólo manifestaba su empatía por las víctimas norteamericanas del atentado del 11 de septiembre, me llevó, ineluctablemente, a buscar una mezquita en Buenos Aires, en el directorio de Telefónica de Argentina. (...)

Comencé a frecuentar la mezquita de Palermo, donde solían reunirse todas las mujeres musulmanas. Y es verdad que se imparten clases gratuitas de idioma árabe, o de cocina. Y también se reúnen para recitar el Corán. Los domingos organizan charlas impartidas por los sheijs. Dentro del marco de esas actividades, acudí a un seminario islámico en la Mezquita de Palermo (...)
Las cosas más llamativas que recuerdo haber escuchado es que el Profeta indicó que la mujer debe prosternarse frente al hombre (la única prosternación que yo admito es ante Dios mi Creador). La mujer es inferior al hombre porque así lo decretó Allah. También se nos indicó no depilarnos las cejas, pero sí el resto del cuerpo así como el pubis cada quince días, usar el hiyab bien largo, y no maquillarnos ni perfumarnos más que para el esposo. Nos enteramos que no podíamos tener amigos hombres. Podíamos salir a trabajar, pero evitando el contacto con hombres.

¿La mujer adúltera condenada a morir lapidada? Así debe ser porque está escrito en el Corán. ¿Divorcio? Por supuesto, el hombre posee todas las prerrogativas. Basta que pronuncie en tres oportunidades “te divorcio” para que la mujer se encuentre devuelta a casa de su padre. También aprendimos qué hay qué decir cuando un musulmán estornuda una vez y dice Alhamdulillah, aceptar sus invitaciones aunque estemos ayunando, beneficiarlo con un buen consejo cuando lo solicite, ir a visitarlo cuando está enfermo, e ir a su entierro cuando se muere. (...)

Durante el seminario, en una de las charlas, una compañera llevó un recorte periodístico donde se comentaba la lapidación de una mujer en Nigeria. Cuando el traductor vio de qué se trataba, quiso evitar la discusión del tema. Comenzó a quejarse de la propaganda de los medios occidentales para denigrar el islam. El sabio árabe preguntó al traductor de qué se trataba. La respuesta del sabio sonó brutal y cruel, traducida lacónicamente con estas palabras: “está escrito en el Corán, y no sólamente para la mujer, sino para el hombre también”. La señora que llevó el recorte con la noticia, comenzó a llorar silenciosamente. En un momento me dijo “no doy más de angustia”. Yo permanecí sin reacción. Me tomó algunos días comprender y admitir lo lejos que me había llevado mi ceguera y extravío.

La última noche, cenando con otras mujeres, escuché muchos comentarios. Dos señoras hablaban serenamente sobre lo que les había dejado el haber participado en este seminario. Ambas llegaron a la misma conclusión: permanecer dentro de las filas de su religión católica, pese a todo aquello tan criticado en los hombres de la Iglesia Católica. Alguna vez, en una de las charlas de los domingos, se nos dijo que la Sharî’a y la poligamia no eran los aspectos más trascendentales del islam. Pero este seminario vino a probar exactamente lo contrario. Su mensaje fue terrorífico. Realmente despertó verdadero terror, más terror que un atentado terrorista convencional.

Una de mis jóvenes compañeras, me pasó un mensaje escrito en un papelito, sumamente gracioso, luego de escuchar una sarta de barbaridades presuntamente “islámicas”. El mensaje decía “después de esto me voy a una sinagoga”. El islam no necesita de los detractores occidentales para ser desvirtuado. Es suficiente con lo que hacen los sabios islámicos llegados de tierras árabes. (...)

Después de esta experiencia, sentí como que despertaba de un largo sueño. Me dolió despertar, pero era necesario que viese la verdad tal cual es. De pronto comprendí que ya no tendría que ponerme un pañuelo en mi cabeza, a regañadientes, como lo venía haciendo estos últimos meses. Sentí que recuperaba algo de la libertad perdida en nombre de Allah. (...)

Pero la verdad es que ninguna de nosotras usa un hiyab o vestimentas musulmanas en nuestra vida diaria. Somos conscientes de que este no es un país islámico y nuestras costumbres son las de una sociedad occidental. Hoy hablé por teléfono con otra hermana que me comentaba que su familia no sabe nada de su conversión, y prefiere mantenerlo en secreto, pero de pañuelo no va ni al supermercado. No quiere exponerse, innecesariamente, al rechazo.

Conversamos con el verdulero, el carnicero, el almacenero y el portero, de los problemas diarios, del aumento de precios, de la falta de trabajo, o de lo cara que está la carne. Y no somos malas mujeres por ello. Tampoco estamos faltándole el respeto a los esposos. Y por supuesto que nos gusta maquillarnos, perfumarnos y salir bien arregladas a la calle.

Nosotras no nos sentimos cómodas imitando usos y costumbres de una cultura diferente. Yo creo, francamente, que podemos ser musulmanas sinceras, sin cargar con el bagaje cultural proveniente de Arabia. El islam es una religión universal, para orientales y occidentales. Pero esto no puede significar que toda nuestra vida comience a girar en torno a los valores y moda orientales. Yo quiero seguir siendo una mujer occidental, vestir como mujer occidental, y sentir y amar a Allah con un corazón musulmán. Eso es todo. Assalamu Aleikum

Yamila. Buenos Aires

Webislam produce apertura

Estimados hermanos, desde hace más de dos años vuestra presencia iluminadora acompaña mis días y mis noches en el viaje hacia Allah. Vuestra presencia es angélica para los que buscan el islam del corazón, del mensaje vivo y no de la letra que se petrifica. En mis diez años de islam aquí en Italia creo que si fuese por las cosas que he escuchado ya sería atea como a los veinte años.

El islam ha llegado a mí después de doce años de militancia en la extrema izquierda-trotzkista y casi veinte años de militancia en partidos de izquierda, como el PCI.

De niña iba a una escuela de monjas. Jamás he visto tanta hipocresía y tanto horror de la vida. No creía en la Trinidad ni en la presencia viva del cuerpo y de la sangre de Cristo en la comunión. Todas las ideas de justicia social que tenía han sido toda mi vida, treinta y dos años, hasta darme cuenta que también en el partido revolucionario quien tenía dinero se lo tenía para sí. En los ochenta decenas de obreros de la FIAT quedaron sin trabajo por la reestructuración de la fábrica. Muchos desesperados se suicidaron. La nuestra era una batalla perdida.

Conocí a los inmigrantes árabes y entendí que estábamos usándolos como instrumentos de nuestra ideología revolucionaria. No considerábamos que eran musulmanes como nosotros. Eran sólo trabajadores. Cuando mi partido lanzó una batalla contra la familla —institución burguesa para ellos— yo rompí clamorosamente y resurgió en mí un anhelo hacia el Creador.

Mi marido es marroquí musulmán, pero practica sólo el Ramadán y era aún más revolucionario que yo, se preocupó mucho cuando le dije que quería hacer la Shahada. Del islam sabía solo lo esencial, pero mi corazón decía que era la vía que debía seguir. Cinco días después de la Shahada realicé el matrimonio islámico con mi marido, que ya estaba casado conmigo por matrimonio civil.

En el Centro Cultural Islámico de Italia todo era en árabe, menos el acto que fue en italiano. No comprendí nada y como mi padre es cristiano, el Wali fue uno de los responsables del Centro. Sólo después de años comprendí el significado del matrimonio islámico. Mi marido retomó el Ramadán, y después de mi Shahada me puse el hijab, que a él no le gusta, mientras yo estaba ocupada de la educación islámica de los hijos, porque él tenía que trabajar todo el día y volvía destruido del trabajo y con poco dinero porque los inmigrantes marroquíes aquí son tratadas peor que los perros. En verdad mi marido y sus amigos también practicantes no entienden porque soy musulmana y él dice que es para no ser como los otros.

Empleo todo mi tiempo libre, día y noche, para llegar a la Verdad, solo para Allah, y no comprendo que ellos no comprendan. Él se siente deudor hacia Italia como si hubiera buscado el oro sobre los árboles. Yo he elegido su patria como mi patria espiritual. Hace dos años alhamdulillah, fui con la familia a Marruecos a conocer los parientes, hermanos etc. Fueron unas vacaciones espléndidas, un país lleno de Rahma y de dulzura, donde me sentía bien, al punto que volverme a Italia me resultaba doloroso. Mis suegros me saludaron con lágrimas en los ojos y yo también lloraba. A pesar de las diferencias de mentalidad entre los italianos y los hermanos árabes (que en Italia son un poco integristas) debemos aprender de los árabes la dulzura de la vida, la armonía de la vida familiar, la rahma bondadosa que abre todas las puertas. Y todavía yo no sabía el árabe y ellos hablaban sólo el dialecto de Rabat.

Un Dua para nosotros para que Allah nos guíe. Asalamu aleikum.

Amina Salina, Roma

Manifiesto 25 de noviembre: por una Granada plural

Ciudadanos y andaluces, granadinos por afinidad, nación o vecindad, considerando como presentes a las generaciones futuras y a nuestros antepasados de cualquier siglo, raza, lengua, condición, religión o creencia, manifestamos:

1. El 25 de noviembre de 1491 fue asentado un tratado internacional entre, de una parte, el rey de Granada Abú ‘Abd Allah Muhammad (Boabdil) y, de otra, el rey y la reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, etcétera. Vistas desde el presente, estas “Capitulaciones para la entrega de Granada” no expresan una rendición incondicional de Granada, sino que, por el contrario, deben ser leídas como un tratado internacional, un contrato político, sinalagmático y conmutativo, en virtud del cual una parte –la dinastía nasrí– entregaba la soberanía del Reino de Granada –fundado cinco siglos antes por Zawi ben Zirí– y la otra parte –los reyes de Castilla y Aragón– se comprometía a cambio a garantizar una serie de situaciones y derechos.

En un lenguaje actual podríamos decir que una unidad política (el reino de Granada) se integró en una unitas multiplex (las Españas) cuya dinastía reinante se comprometió a garantizar, entre otros, los derechos a la vida y a la integridad física de la población, a la libertad religiosa y de culto, a la intimidad y a la propia imagen, a la conservación de la propiedad y las rentas, y al mantenimiento de la tradicional organización administrativa y judicial, y del propio ordenamiento jurídico.

2. Pocos años después de la entrega de la ciudad y de la Alhambra, de la corona y del título de Rey de Granada, comenzó el incumplimiento de las Capitulaciones por parte del nuevo estado absoluto. Boabdil cruzó el Estrecho y con él miles de granadinos cuyos descendientes aún conservan los nombres, la cultura y las tradiciones de la antigua Granada.

Otros granadinos, con toda la legitimidad que les daba el incumplimiento del tratado, intentaron recuperar lo entregado y restaurar la corona de Granada. Y esta vez, a la deslealtad del fuerte se sumó el exterminio del débil: en la mal llamada guerra –sólo había un ejército, no dos– de los moriscos –los sublevados eran andalusíes granadinos y, por lo tanto, españoles–, las tropas del naciente estado absoluto practicaron la limpieza étnica, la segregación racial e innumerables crímenes de lesa humanidad.

3. Ahogada la voz de los que podrían reclamar el cumplimiento íntegro del tratado internacional de 1491, el nuevo estado modificó también la ideología y la memoria de los que optaron por permanecer aquí y de los que llegaron como repobladores. Así, en lugar de conmemorar la entrega del reino (25 de noviembre de 1491) se decidió conmemorar la toma fáctica de la ciudad (2 de enero de 1492), olvidando que ésta era sólo la ejecución de aquélla y que estaba sometida a condiciones que se incumplieron.

En lugar de conmemorar la integración de Granada en las Españas, se decidió conmemorar la unidad de España en singular, que se hizo coincidir arbitrariamente con esta fecha, olvidando no sólo la posterior incorporación de otros reinos, sino sobre todo que el concepto de la España única, absoluta y estatal, “martillo de herejes y luz de Trento”, estaba todavía lejos del ánimo de aquellos reyes que suscribieron las Capitulaciones “por siempre jamás” –expresión que se repite hasta quince veces en los artículos del tratado– y en el nombre del “señor Santiago, luz y espejo de las Españas”.

4. Durante siglos este ‘cambiazo’ ideológico ha pervivido. En el siglo XX, fue especialmente cultivado por el militarismo africanista y, en seguida, por el nacional-catolicismo. Perdidas las últimas colonias, las fuerzas totalitarias necesitaban contemplar a Granada como el punto de no retorno, como el límite donde se frenaría la por ellos denominada “tendencia centrífuga de España”.

Restaurada la democracia municipal en 1979, la corporación cometió el inmenso error de mantener la celebración del 2 de enero, fecha que supone la consagración de un punto de vista (el de los que tomaron) y la anulación de otro (el de los que entregaron). Constituída ya como Comunidad Autónoma, Andalucía tampoco supo corregir este atentado simbólico contra el principio de autogobierno de las nacionalidades que había consagrado la Constitución española de 1978.

5. Los que suscribimos este manifiesto estamos convencidos además de que hay una relación entre este complejo de imposturas y olvidos históricos que asignan a Granada un papel pasivo en la historia (Granada es el objeto que se tomó y no el sujeto político que suscribió un tratado condicionado de entrega) y los terribles problemas de marginalidad y discriminación que hoy sufre (la desde 1833 llamada provincia de) Granada, problemas acentuados por si fuera poco en el contexto andaluz. La pérdida de conciencia histórica de los granadinos y su sumisión excesiva a todo proyecto centralista ayuda a los organismos del estado a marginarla desde el punto de vista de las infraestructuras, de las comunicaciones y de las inversiones públicas. Año tras año, vamos sufriendo esta marginación que en los últimos años se ha agravado aún más si cabe con el proyecto del gobierno del Partido Popular de desmontar el estado autonómico, nacido del consenso constitucional de 1978, recentralizando en Madrid competencias y poderes, y adornando todo el proceso con la peor estética de un neoespañolismo decrépito.

6. Todos los pueblos tienen derecho a conmemorar su pasado, pero toda conmemoración es una selección interesada e ideológica de ese pasado demasiado complejo para celebrarlo entero. Debemos por ello conmemorar –y ya conmemoramos de hecho cada 6 de diciembre– la constitución del estado como democrático, social, de derecho y como el estado plural de las Españas, integrado en la Unión Europea después de un largo paréntesis autocrático y absoluto; conmemoramos también la primera constitución histórica de la milenaria Andalucía como unidad política diferenciada desde el 28 de febrero de 1981; pero no conmemoramos todavía el hecho cierto de que los actuales granadinos somos tan herederos de los granadinos andalusíes de antes, como de los que vinieron a partir de 1492 y de que Granada lejos de ser el “broche que cierra la unidad nacional” es el mejor ejemplo de que otra España era posible.

Es por todo ello por lo que al mismo tiempo que exigimos la corrección de las deficitarias infraestructuras y la remoción de los obstáculos que impiden la integración efectiva de Granada en los mapas de Andalucía, España y Europa, exigimos a los poderes que asuman la compleja identidad granadina, que incluyan sin excluir y que distingan entre historia y tradiciones inventadas. Conmemoremos, en consecuencia, el 25 de noviembre como la fecha reivindicativa de nuestra identidad plural.

Adhesiones y comentarios en HYPERLINK “mailto:25denoviembre@telefonica.net” 25denoviembre@telefonica.net

Olagüe y los nuevos musulmanes

Los neoconversos musulmanes españoles y franceses ven en la tesis defendida hace casi treinta años por Ignacio Olagüe una verdad histórica que nadie más defiende, excepto ustedes, por razones puramente proselitistas y no por amor a la verdad científica. Todos los especialistas en historia de Al-Ándalus, como por ejemplo Joaquín Vallvé, Manuel Grau Montserrat, Juan Vernet, Manuela Marín y Pierre Guichard, afirman que sí hubo tal conquista, y con pelos y señales, y ninguno de ellos habla de una muy hipotética lucha entre cristianos unitarios (o arrianos) y cristianos trinitarios (o atanasianos) y sí de una cruenta guerra civil que opuso a los herederos del rey Witiza al rey Rodrigo. Les recuerdo que Pierre Guichard ya respondió a la tesis de Ignacio Olagüe. Si no hubo conquista de la Península Ibérica por los musulmanes (árabes y bereberes), tampoco hubo conquista del Magrib (o Tamazgha) llevada a cabo entre los años 647 y 702 por los árabes enviados por los califas omeyas de Damasco. Koceilah y la Kahina, héroes de la resistencia bereber a los agresores árabes musulmanes no existieron, como tampoco existieron el cruel e implacable Sidi Okba (fundador de la ciudad de Kairuân, primer centro de difusión del islam en el Magreb y de la Escuela malikí), Hasan ibn Nu’man o Musa ibn Nusayr. Estas historias se las inventaron los propios historiadores musulmanes, empezando por el gran Ibn Jaldún... (...)

No intenten hacernos creer que los cristianos unitarios ya eran medio musulmanes, puesto que no creían que Jesucristo era consubstancial al Padre. Muchos de ustedes han sido cristianos, y para un cristiano (trinitario o no), Jesucristo es el Señor, el Verbo Eterno de Dios y su Hijo Único, por el cual creó todo lo visible y todo lo invisible y ante el cual todo el mundo ha de postrarse, según los Evangelios y san Pablo, que también veneran y leen tanto los trinitarios como los unitarios. Los Testigos de Jehová son arrianos, y podrán confirmarles que no se sienten en absoluto medio musulmanes sino auténticos cristianos (aceptan de buen grado las cartas de Pablo).

Para ser un buen católico hay que creer y respetar lo que siempre ha enseñado el Magisterio de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Supongo que para que uno sea considerado buen musulmán, habrá que creer que Muhámmad es el Sello de la Revelación, el profeta más santo y más grande que jamás haya existido, al que debemos imitar, mucho más que a Jesucristo; que su Corán se lo reveló Dios mismo mediante el arcángel Gabriel y que Abraham edificó realmente la santa Ka’ba para que en ella se adorase al único Dios verdadero. Si un musulmán pensase que eso no es más que una bella leyenda, cuando no un mito, ¿cómo reaccionarían los demás musulmanes? ¿Lo matarían a pedradas como se suele hacer en Arabia Saudí, en Irán, en el Sudán, en Pakistán o en la parte musulmana de Nigeria? ¿Qué dirían los santos alfaquíes y ulemas de ustedes, doctores e inquisidores de la sharî’a, su santa e inmutable Ley?

La Iglesia católica ha hecho muchos esfuerzos por adaptarse a los tiempos modernos, hijos de la Ilustración y de las revoluciones americanas y francesa, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. El Papa, en más de una ocasión y públicamente, ha pedido perdón por todas las barbaridades cometidas en nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de los santos Evangelios. En cambio, el dâr al-islâm no hace nada y si alguien intenta hacer algo es porque proviene del cristianismo y/o que ha mamado los valores del Occidente decadente, el Gran Satán para la inmensa mayoría de los musulmanes de toda la vida. Ustedes, los neoconversos, los neófitos musulmanes, quieren un islam interpretado según el cristianismo y los valores de la civilización occidental, y eso es bid’a (innovación herética) para los musulmanes de toda la vida.
Muy atentamente le saluda,

Raimón Sastre Parrés

Sobre la lapidación y otras cuestiones

He visto a fecha de hoy 3-02-03, una encuesta sobre si la lapidación es conforme a los preceptos del Corán, y con abrumadora mayoría dicen ser contraria a ellos. Pero lo que me preocupa no es el porcentaje de contrarios 80.65% sino el de aquellos que se muestran de acuerdo con ella y conforme con el Corán 19,35%.

Y eso es lo que me preocupa, que existan musulmanes que crean que es conforme al Corán. Tal vez no pueda opinar mucho, pero me cuesta creer que Dios así lo quiera. Tal vez, algunas Leyes se dieron, no porque Dios las quisiera, sino por la dureza del corazón de los hombres. Y me cuesta creer que un libro que contiene cosas tan hermosas a nivel espiritual lleve al mismo extremo algo tan doloroso.

Cuando el islam alcanzó su mayor esplendor, los castigos de sangre fueron mínimos. Tal vez me equivoque. No somos capaces de pensar con tolerancia y Misericordia.

A veces la gente, reza mucho a Alá, Dios, Yavhé, distintos nombres de una misma Verdad, y se creen que cuanto mas rezan, mas se lastiman o con mas dureza se aplican las leyes mas duras, es mejor a los ojos de Dios. Pero eso no es cierto, porque no hay nada peor que cuando la Maldad se disfraza de virtud. Antes éramos como niños pequeños, nuestro mundo no salía de una aldea, de un pueblo o una ciudad; ahora se piensa en la posible existencia de vida exterior, estamos creciendo, y lo que se nos dijo cuando éramos pequeños y violentos, no debe de seguir así si queremos crecer y se pacíficos.

Ahora soplan vientos de guerra, y lo peor de todo, es que somos incapaces de pararla. Si no somos capaces de lograr una salida pacífica, tomar otras medidas en vez de la guerra, estaremos condenados a repetirla de nuevo.
Comenzar una guerra es fácil, pararla no tanto, y cuando se genera odio… entonces se llevan generaciones. Mirad Bosnia, Kosovo, allí el odio entre comunidades se palpa. Si ahora se hace lo mismo, quien nos dice esto no volverá a pasar a un nivel global.

Pcorral pcorral.e@terra.es

¿Dónde está ese islam?

Hubo un tiempo en el que el islam avanzó, se extendía desde la Península Ibérica hasta Oriente Medio. La Europa cristiana se hundía en su sinrazón, en sus guerras, en su miseria y en su peste, mientras que en Andalucía, Castilla o Portugal florecían grandes hospitales, farmacias, escuelas y universidades. Era una vida casi perfecta la que llevaban éstos musulmanes, el islam era un islam liberal y tolerante (el islam bien comprendido), mujeres y hombres judíos y cristianos convivían con normalidad con musulmanes y musulmanas, fue un tiempo y una cultura de colaboración, una sociedad de tres culturas.

Tres religiones distintas y un solo Dios verdadero, surgió entonces un arte (el más español, único en el mundo) el mudéjar, que va más allá del arte para adentrarse en ese tiempo mágico que hoy añoramos con nostalgia, un tiempo en el cual las artes, las ciencias y las letras florecían y el pensamiento bullía en cada rincón, un tiempo en el que la campana convivía con el muecín y con el rabino, la Biblia y el Talmud con el Corán, niños y niñas jugaban juntos sin miedos, se hablaban idiomas diferentes y la sociedad era mucho más justa y mejor, la gente era más feliz y tenía menos prejuicios. Judíos y cristianos aportaron su granito de arena a esa sociedad que fue creada por los musulmanes, que nos trajeron desde el número cero hasta el alcohol.

Los ejemplos son casi infinitos, la aportación de la cultura árabo-andaluza ha sido tan inmensa que sin ella, por ejemplo, hoy no habría ordenadores. Sabemos que todos los imperios tienen un momento de esplendor y una decadencia, sin embargo cuesta creer que mientras que occidente avanzó gracias a la adopción de conocimientos propios del islam, los países árabes han retrocedido en el tiempo, olvidando la cultura que sus antepasados les dieron, adoptando las costumbres de la Europa medieval. No hay más que poner la tele para comprobarlo. ¿Dónde está ese islam?

Carlos Rodríguez.
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