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Jutba del fanah

04/06/2003 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Foto: F. Martín
Foto: F. Martín

La jaula ualla quata illah billahi l ’Ali ‘Adim Al Hakim Al Musawwir, Al Hayy Al Qayyum. Todo el Poder pertenece a Allah, Altísimo, Inmenso, el Sabio Trazador de formas, el Viviente, Sustentador de todo.

Assalamu aleikun. Alguna vez nos detenemos y miramos hacia atrás. Constatamos, no sin cierta inquietud, que no hay nada que ver y que, tal vez, nunca hubo nada. A pesar de ello algunas imágenes persisten como si ellas constituyeran una memoria que sentimos nuestra porque a nosotros nos acontece, nos afecta, una existencia que creemos propia por la ilusión de realidad que producen esas imágenes cuando eclosionan en la conciencia. ¿De dónde surgen esas imágenes y esos recuerdos? ¿De qué vida se trata? ¿Quién la vivió? ¿Quién la recuerda?

Imágenes de una memoria, identidades sucesivas que se tejen en los encuentros, en las miradas que alguna vez nos alcanzaron. Contemplamos una y otra vez la tierra donde descansan nuestros antepasados y nuestros hermanos, donde se alojan sus sepulturas, y allí nos encontramos, en la memoria, sus miradas, sus voces amigas y conocidas, ahora sabias, que nos hablan desde el no donde y en el no cuando. Memoria que nos advierte de la vacuidad, que debilita el velo que nos separa. Alhamdulilah.

Allah nos deja vivir en esta tierra y nos muestra nuestro nacimiento y nuestra muerte como si fueran sucesivos en vez de simultáneos, para crearnos la ilusión de un transcurrir, para que finalmente podamos volver a conocernos a nosotros mismos, alhamdulilah, para procurarnos así el fanah y el baqá. En esta vida hay un reflejo de una otra, porque cada vida refleja todas las otras vidas, porque las vidas tratan de sostenerse unas a otras, como las criaturas, como sus miradas y sus palabras. Pero no hay más vida, ni mirada ni palabra que la Suya, al Hayy, al Qayyum. Allah quiere para nosotros el fanah para que Le conozcamos a Él tras los velos de nosotros mismos, para que abandonemos nuestros ídolos, nuestra memoria personal, y vivamos en Su baqá siendo siervos y jalifas suyos, adoradores sin historia que sólo a Él queremos volvernos y servirLe. La memoria no es una ámana pero en ella está contenida la huella de la ámana, la huella de nuestro discernimiento y de nuestra libertad, como si fuera el cesto donde se inscriben nuestros actos.

Allah nos hace recordar a los seres queridos que partieron ya de este mundo para que en nuestro interior viva la memoria de nuestro futuro, la conciencia de nuestro decreto y nuestro destino, subhana Allah. También para librarnos de una muerte anticipada o deseada, porque sólo Él sabe cuanto, cuando y cómo hemos de vivir y morir y así lo escribe en Su libro. Así nos ayuda a superar la religión de los ancestros y así nos va haciendo musulmanes.

¿Qué ocurre cuando en nuestra meditación aparece nuestro padre y nos habla, o nuestra mujer o nuestro hermano? ¿De dónde surgen sus expresiones y sus palabras? ¿De qué memoria nace? No lo sabemos. Sentimos que nuestra memoria está dentro de nosotros y así nos ayuda a construir una interioridad, un recinto inviolable de la conciencia. Tal vez está en nuestra mente o quizás en nuestro cuerpo, pero también sentimos que puede estar en ellos, que estos seres son nuestra memoria, alhamdulilah, y que guardan las puertas de nuestra meditación, las murallas de nuestra fortaleza, de nuestro ser. ¿Y el mundo? ¿No está también en él nuestra memoria? ¿No son el mundo y sus formas lo que recordamos?

Nuestra razón nos advierte: ¡Cuidado con Shaytán! Shaytán puede asumir las formas más absurdas y caprichosas. Su misión es extraviarnos de nuestro camino de regreso. Los muertos están muertos y enterrados. Hablar con ellos es absurdo, quimérico, haram. Y sin embargo, Allah nos dice en el Qur’an que muchos de ellos no están muertos sino vivos. ¿Y a quién vamos a creer?

Algunos de esos seres que viven en el no donde y en el no cuando nos hablan de nosotros mismos y nos ayudan a ver lo que tememos, aquello que no queremos o no podemos ver solos porque nos da miedo o nos crea rechazo, y nos acompañan llenos de compasión en nuestra experiencia, mostrándonos así que han alcanzado un maqam distendido en su tránsito hacia Allah, el Eterno, que viven y que gozan de Su favor y de Su cercanía. Es el poder de Allah y Su sabiduría los que hacen este milagro, que no es tanto la experiencia de hablar con los difuntos como la posibilidad de recobrar súbitamente la lucidez y la conciencia. No es Shaytán quien purifica nuestros corazones, él es sólo herramienta en manos del Sabio diseñador, del que todo conoce, del que nos conoce a nosotros completamente porque nos está creando sin cesar con Su aliento, con Su atención, sin desfallecer y sin dejar de estar vivo y presente en cada signo, en cada detalle y en cada momento.

La jaula ualla quata illah billahi l ’Ali ‘Adim Al Hakim Al Musawwir, Al Hayy Al Qayyum.

Es Allah Al Qayyum, como nuestro Rabb, Quien habla y recita en nuestros corazones vacíos, en nuestro Baqá, Quien nos hace vivir y conocerLe como una revelación que nos surge de dentro, de un lugar tan recóndito que no podemos localizar, Él es quien nos procura la memoria, Quien nos hace subsistir como seres humanos dotados de razón en este mundo. Es nuestro Rabb quien nos procura la vida interior y sus diálogos y así nos lo hace saber. Es esta memoria la única identidad que nos sobrevive, la impronta de Allah, un sello que nuestro corazón reconoce en Muhámmad, salla Allahu aleihi wa salem, en esta transmisión que llega hasta nosotros viva y genuina como su báraka, en este din nuestro del sometimiento. Vivo en el corazón, en la memoria de todos los seres humanos, vivo en una Ummah donde nos vamos reconociendo musulmanes, donde compartimos nuestro sometimiento. No es Shaytán quien purifica nuestra intención y con ella nuestro recuerdo, sino más bien quien nos distrae de ello, quien nos enturbia.

No hay ningún misterio en todo esto. Alhamdulilah. La realidad resplandece por todos sitios, creando las luces y las sombras. Y si alguna vez somos recordados, masha Allah, entonces volveremos a recobrar una vez más nuestra memoria, como nuestros seres queridos la recobran ahora en nosotros o como nuestro Rabb, que se asienta y permanece con toda Su Sabiduría en nuestros corazones, y no nos abandona, alhamdulilah.

Allah nos procura el fanah de muchas formas, y nos indica claramente el camino. Para extinguirnos en Él hemos de volvernos consciente y constantemente sin descanso. Así alcanzamos el confín de nuestra memoria y vemos el árbol de nuestro límite, el mejor reflejo de nosotros mismos, los más bellos contenidos de nuestro recuerdo.

Nos volvemos a Allah de muchas formas. Hacemos el salat en su tiempo, ayunamos y nos esforzamos en su tiempo, damos la sádaka, hacemos el amor y nos callamos, respiramos y recordamos, alhamdulilah, hacemos meditación en el ijlás, nos volvemos sinceros y nuestra intención se va purificando. Nos damos cuenta así de que nuestros actos tienen otras consecuencias, de que nuestra responsabilidad, nuestro ajlaq como musulmanes, se está expresando al ritmo que marca la Creación del Sabio. Cuando alcanzamos el límite de nuestro esfuerzo en esta senda, cuando ponemos toda nuestra atención en hacer lo que Él quiere de nosotros y evitamos todo aquello que Él nos señala como haram, estamos sometiéndonos realmente y entonces Él nos inunda plenamente, nos ahoga en Su Realidad y nos devuelve de nuevo al mundo por un tiempo, subsistiendo precaria y esplendorosamente en Él.

¿Cómo vamos a caer en los errores de los antepasados, de los que partieron, si Allah nos regala el conocimiento de sus experiencias y de sus pensamientos? ¿Es Shaytán quien nos dice: ‘mira dentro de tu corazón y aparta todo lo que te separa de Allah’? ¿Es Shaytán quien nos advierte de los peligros de nuestro nafs y nos ayuda a encontrar el camino del medio? No, no es esa su misión, no es ese su decreto.

Ya nuestro Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, nos aclaró que los actos son según la intención, y que nuestras acciones producen múltiples efectos. Es Muhámmad quien nos enseña que cuando Allah nos devuelve la memoria sin pedirnos a cambio nada más que atención consciente es ciertamente Al Rahmán, Muy Compasivo con nosotros. Purificando nuestra intención nos ayuda a reconocerLe en nuestro interior, así nos está sustrayendo a la memoria y devolviéndonos la vida en el fanah, cuando nos sometemos completamente y por fin vemos y oimos, tocamos y olemos, cuando reconocemos Sus letras por todos sitios y las leemos. Para luego hacernos subsistir en Él y devolvernos una memoria y unos pensamientos. Subhana Allah.

Allahumma: Devuélvenos a la memoria Tuya, a la conciencia Tuya.

Procura paz y bienestar a quienes ya no están en este mundo con nosotros.

Reúnenos en Ti.

Amin.

2.

Barakalawfiq porque quieres que la palabra nos sirva para acercarnos un poco más cada Yumah, cada encuentro, y lo haces de la manera más sabia posible, de esa forma que nosotros ni siquiera podemos imaginar. Tú quieres que nuestras palabras sean las Tuyas, alhamdulilah y que por eso mismo quieres procurarnos Tu recuerdo. Gracias por inspirar nuestros pensamientos y hacernos capaces de expresar los dones que sin cesar nos estás dando.

Allah quiso que yo fuese durante un tiempo el guardián de las tumbas de mis antepasados y de mis hermanos. Desde el lugar donde vivo, sólo alzando los ojos, puedo ver el lugar donde descansan los restos de mi padre, de mi abuela y de mi hermano menor, moriscos cristianizados a la fuerza.

Si desvío un poco la mirada, encuentro la tumba de mi hermana musulmana, rincón de cal siempre iluminado, y me quedo callado, dando gracias a Allah por la conciencia luminosa que me procura, por el salam que entonces me inunda. Alhamdulilah. Pido a Allah Subhana wa Ta’ala por ellos, por sus almas vivas en el no donde y en el no cuando, por su salam.

Allah Subhana wa Ta’ala me enseña así que la muerte a todos por igual nos afecta, que es condición natural de las criaturas. Así me libra Allah del miedo y de la ignorancia por un momento, me devuelve la vista y el oido.

Y así de esta manera me hace ver la estupidez de mi tarea, su incongruencia, pues los que partieron están bien guardados. Tienen el mejor de los protectores, de la misma manera que los que estamos aquí y ahora. Ni ellos nos protegen a nosotros ni nosotros a ellos, pero ellos y nosotros compartimos al mismo Guardián. Él es Quien permite los diálogos y nos baña con Su sabiduría. Él es Quien abre las puertas de los mundos, los miradores de la conciencia, Alhamdulilah. Sólo a Ti adoramos, Sólo a Ti pedimos ayuda:

Allahumma: dános la mejor de las palabras, la mejor de las expresiones.

Dulcifica nuestro carácter.

Sumérgenos en Ti, báñanos de Ti por dentro y por fuera.

Incrementa nuestra taqua.

Amin.


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