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La imagen del islam y la inmigración en la España de hoy

Es hora de explicar a la sociedad española que el problema no es el islam sino el subdesarrollo

28/05/2003 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Inmigración

En algunos medios académicos e intelectuales españoles comienzan a levantarse algunas voces denunciando la falsedad y los intereses que hoy existen en la definición negativa del islam y de los musulmanes, señalando al mismo tiempo a los responsables intelectuales y morales de este estado de cosas discriminatorio e injusto. Bernabé López García, catedrático del TEIM, en la Universidad Autónoma de Madrid, ha denunciado un hecho que, desde hace ya mucho tiempo, los musulmanes que vivimos en España conocemos bien. En los últimos años se ha insistido con frecuencia, en medios afines al gobierno del Partido Popular, de que existen diversas categorías de inmigrantes, básicamente la de los integrables y los no integrables. Esa definición implica una política darwinista de inmigración, una discriminación y una política de exclusión, en definitiva. Las tesis del choque de civilizaciones, de Huntington, y las ideas de Bernard Lewis, esgrimidas por los estrategas norteamericanos para justificar su política, encuentran eco en España en publicaciones como el libro de Giovanni Sartori, La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros (Taurus, Madrid 2001)

Bernabé López García ha denunciado el contenido de este libro atroz sobre la realidad del islam y los musulmanes, señalando algunas afirmaciones que no dejan lugar a ninguna duda: "el islam representa el extremo más alejado de Europa por su visión teocrática del mundo. Sus creencias están en contra del sistema pluralista. La integración de sus fieles es muy difícil. Esta situación mejorará con los inmigrantes de segunda generación, la mayoría de los cuales se socializarán y estarán preparados para obtener la ciudadanía, siempre que no sean educados en escuelas musulmanas" (El País, 6 de abril 2001). En un semanario el mismo autor afirmaba que "el problema es el islam, no es cuestión de racismo" (La clave, 27 de abril-3 de mayo 2001).

Que estas visiones interesadas y negativas del islam son fruto de una política concreta lo demuestra el hecho de que el actual Ministro de Defensa de España, Federico Trillo, ha llegado a decir que es preferible reclutar a extranjeros "que hayan tenido o tengan una especial vinculación con España", refiriéndose solamente a los procedentes de Latinoamérica. Asimismo, responsables del gobierno para asuntos de inmigración han llegado a afirmar que "además de la lengua y la cultura común, practicar la religión católica es un elemento que facilita la integración de los extranjeros en España"

Todas estas informaciones están calando en la conciencia colectiva de los españoles, hasta el punto de que algunas encuestas hablan de una mayoría de ciudadanos que son partidarios de dar preferencia a los inmigrantes latinoamericanos sobre los magrebíes.

La inmigración que ha tenido lugar en España en las últimas décadas ha llegado en mayor número de nuestros países vecinos más cercanos, sobre todo desde el Magreb. Eso es fácil de entender, por una mera razón de geografía. Pero aún siendo nuestros vecinos magrebíes los más cercanos geográficamente, nuestros vecinos inmediatos, entre ellos y nosotros se alzan barreras muchas veces intransitables, como los Acuerdos de Schengen sobre inmigración, suscritos por la UE. Ante ese hecho geográfico y político ineludible, la derecha más conservadora, que ahora gobierna en España, está elaborando un discurso que legitima la discriminación de los inmigrantes. Desde los medios de comunicación más afines, como ABC, se habla de relegar a los inmigrantes del Magreb a la condición de jornaleros, frente a la legalización estable de inmigrantes latinoamericanos, de Europa de Este y de otras procedencias. Esta discriminación tiene claramente un fondo racista.

En el año 2000, tuvo lugar en El Ejido —un pueblo de Almería que es uno de los asentamientos más importantes de inmigrantes en España— un fuerte brote de racismo y xenofobia que se cebó cruelmente con la población inmigrante, formada sobre todo por magrebíes. En esta ocasión, el gobierno del Partido Popular mostró una sospechosa pasividad, mientras los medios de comunicación reflejaron las opiniones xenófobas de los empresarios, que querían una mano de obra barata y dócil al mismo tiempo.

Bernabé López García escribe que "No hay una respuesta clara alternativa a este discurso que problematiza y demoniza la inmigración, que aparece nítidamente en la opinión pública y que se traduce en votos cuando se convierte en propuesta política. A escala estatal la oposición reta al partido del Gobierno a un "Pacto de Estado" sobre la inmigración, pero los puntos sobre los que lo centra son demasiado vagos. Se defienden los derechos constitucionales de los "ilegales", que han quedado excluidos por la actual Ley. Pero no se combate ese zócalo popular que piensa que hay inmigrantes integrables y no integrables. Al contrario, algunos -ya lo hemos visto- hablan de que en poco tiempo nuestras iglesias románicas serán sustituidas por mezquitas."

En definitiva, algunos intelectuales esclarecidos comienzan a darse cuenta de que, para acceder a esa sociedad plural y multicultural que compone la aldea global, la sociedad española ha de librarse de esos clichés y estereotipos que están limitando de hecho su propio desarrollo moral y cultural a corto y medio plazo, y su futuro político y económico a largo plazo. Librarse de esos estereotipos supone aceptar que nuestra realidad social y cultural está vinculada con otras culturas, europeas y africanas en nuestro caso. Por una cuestión de mera geografía.

Es hora de explicar a la sociedad española que el problema no es el islam sino el subdesarrollo, y que las situaciones de delincuencia y marginalidad que se producen entre la población inmigrante tienen que ver más con el desarraigo social que produce la pobreza que con una forma de vida que resulta absolutamente desconocida para la mayoría. Los magrebíes son nuestros vecinos y, en la medida en que se desarrollen, contribuirán a nuestro propio desarrollo. Por esta razón, la política actual sobre inmigración y la ideología de exclusión que la sustenta, no hacen sino ahondar las distancias entre los vecinos y crear inestabilidades. En la España de los últimos años parecen haber revivido ideas enterradas hace siglos, discursos más propios de una ideología imperial que de una democracia laica y constitucional como es la nuestra.

La inmigración es necesaria para la continuidad de nuestro estado de bienestar, pero los argumentos que se han dado para justificar la política de exclusión de los magrebíes han sido absolutamente insostenibles. La prioridad a los inmigrantes de América Latina sobre los del Magreb quiere hacerse en base a la existencia de una lengua común, aunque las culturas de estos pueblos sean muchas veces más diferentes que las de nuestros vecinos del sur. Pero no se trata tanto de encontrar afinidades para discriminar, sino de aceptar a todos de forma igualitaria, según las posibilidades reales de la economía y la sociedad españolas.

Es una noticia al menos esperanzadora que, desde la Universidad española empiecen a desvelarse estas claves importantes que nos pueden ayudar a comprender la naturaleza del problema de la inmigración en España. Porque España es un país muy especial en lo que atañe a su relación con el islam y los musulmanes. Las tesis de Samuel Huntington acerca del choque de civilizaciones y la demonización el islam que, desde hace treinta años, viene haciendo su maestro, el profesor Bernard Lewis, desde Princeton, USA, llegan a un país como España que ha vivido durante cinco siglos manteniendo una ideología de cruzada y un monopolio confesional católico. España está viviendo ahora su integración a la posmodernidad y al mundo desarrollado y ocupando un lugar privilegiado a nivel internacional. Pero su propia historia y, sobre todo, la evolución de sus ideologías, llegan hoy a enfrentarse a una serie de cuestiones pendientes que han de ser inevitablemente abordadas: la laicidad del estado, la pluralidad confesional, la no discriminación, el intercambio cultural y no sólo el económico, etc.

La intelectualidad española más comprometida con la razón ha de hacer un esfuerzo para explicar a nuestra sociedad que ese islam que nos venden los medios de comunicación y los políticos de la derecha conservadora no es un enemigo de la civilización sino un fruto del colonialismo y el subdesarrollo, una expresión de la pobreza y de la miseria que surge de la depredación de sus recursos. Es precisamente el desconocimiento profundo del islam que hay en nuestro país el que facilita la demonización y los estereotipos, ideología que acaba afectando a los inmigrantes y, en general, a todos los musulmanes que vivimos en España, incluidos los musulmanes españoles conversos. También hay que explicar qué es en realidad el islam, que supone una forma de vida perfectamente legítima y digna, y que su verdadre naturaleza no está en contra ni de la ciencia ni del desarrollo material sino más bien al contrario, como la propia historia de España sabe bien. En españa es necesario hacer justicia histórica al islam y a los musulmanes.

Habría que comenzar por aplicar los Acuerdos de Cooperación suscritos entre el estado español y los musulmanes en el 92. Reconocer de verdad que el islam es, como declara la ley española una religión de notorio arraigo. Es decir, reconocer la deuda cultural y civilizacional con nuestros vecinos. Ello redundaría en una mejor convivencia y en una realización de esa sociedad democrática plural y multicultural que se perfila. Como acaba diciendo López García en su escrito, "La integración del Islam, pues, comienza por aceptarlo como religión "de notorio arraigo" y por tratarlo como tal, sin pensar de antemano que es una religión diferente con aspiración a ser más que una religión. El peligro, como en la España de los moriscos, estaría en concebirlo como una quinta columna de una fuerza o un imperio exterior. Pero a principios del siglo XXI si algo debemos haber aprendido es a no ver fantasmas."


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