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Entrevista a Paul Balta ¿Estados Unidos pretende atomizar Oriente Próximo?

09/05/2003 - Autor: Saïd Branine. Traducción de José María Puig de la Bellac - Fuente: publicada en La Vanguardia de Barcelona
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Paul Balta
Paul Balta

No es necesario presentar a Paul Balta, cuya obra intelectual suscita el respeto y la admiración. Autor de varias obras de referencia, la reputación de este eminente especialista sobre Oriente Próximo desborda ampliamente las fronteras del Hexágono. Paul Balta ha sido recibido, en varias ocasiones, por los mayores jefes de Estado árabes como el rais egipcio Gamal Abdel Nasser o incluso el presidente argelino Houari Bumedien, por citar sólo estos dos dignatarios. En esta entrevista, Balta evoca sus distintos encuentros con Saddam Hussein y nos ofrece su análisis del conflicto de Iraq.

¿Qué imagen conserva de sus distintos encuentros con Saddam Hussein?

Mi primer encuentro con Saddam Hussein tuvo lugar en diciembre de 1971 cuando preparaba un reportaje para el diario Le Monde. A mi llegada a Bagdad, me proponía mantener también diversas entrevistas tanto con figuras destacadas del partido Baas como del partido comunista iraquí, sin omitir a los "nasseristas" y a personalidades procedentes de los círculos sindicales iraquíes. Todos coincidieron y me recomendaron que me dirigiera al único y verdadero árbitro y dirigente del país: Saddam Hussein, quien en aquel momento desempeñaba las funciones de vicepresidente del Estado iraquí. Como mínimo, tal indicación me causó extrañeza, ya que algunas de estas figuras destacadas habían sido objeto de persecución por parte del propio Saddam Husssein. En consecuencia, decidí entrevistarle. A mi regreso a París, Michel Tatu, entonces jefe de la sección internacional del diario Le Monde, mostró notables reservas sobre la pertinencia de realizar esta entrevista, reprochándome al propio tiempo no haber entrevista al mismo jefe del Estado, es decir, a Ahmed Hassan al-Bakr. Michel Tatu, intrigado, se tomó la molestia de informarse cerca de los especialistas del ministerio francés de Asuntos Exteriores, quienes le confirmaron entonces que Saddam Hussein ya era, en aquella época, el amo de Bagdad.

Con ocasión de aquel primer encuentro en 1971, ¿se sintió desconcertado, al menos en cierta medida?

Saddam Hussein mantuvo en todo momento un discurso que yo no esperaba en absoluto. Me soprendió muy notablemente su obsesión por modernizar Iraq. Y me explicó su pensamiento de este modo: "Quiero reinstaurar el Iraq del Califato Abasí". Saddam se sentía especialmente fascinado por el carácter extremadamente moderno, en aquella época, de la agricultura árabe que había introducido nuevas técnicas de regadío, de engorde del ganado y de drenaje de tierras. Me interpeló entonces, a su vez, planteándome esta pregunta: "¿Sabes por qué en la época abasí la carretera entre Bagdad y Damasco tenía el sobrenombre de carretera negra? (...) Porque una fila de árboles festoneaba todo su trayecto convirtiéndola, en consecuencia, en una vía sombreada. Actualmente esta vía sigue llamándose la carretera negra, aunque por una razón distinta: porque está asfaltada".

Durante estos últimos años y antes de demonizarlo, Occidente elogiaba los méritos del régimen de Saddam Hussein

Completamente. No puedo negar, en absoluto, el carácter dictatorial del régimen de Saddam Hussein. Sin embargo, en política, como en otros muchos terrenos, es preciso abstenerse de suscribir posiciones simplistas y maniqueas que nos impidan comprender una realidad que suele ser más compleja. Saddam Hussein impulsó –y con éxito-, desde los comienzos de los años setenta, una política de modernización de la sociedad iraquí que se tradujo en progreso industrial, agrícola y educativo, y asimismo en la creación de servicios públicos eficaces así como en una elevación del nivel de vida que dio lugar a la aparición de una auténtica clase media. Esta modernización nunca habría podido tener lugar sin el activo respaldo de todo el pueblo iraquí. Tampoco se puede olvidar que Saddam Hussein está en el origen de la nacionalización del petróleo iraquí, en 1972, frente al todopoderoso consorcio internacional Iraq Petroleum Company.

En este período, ¿Saddam Hussein puede también enorgullecerse de un balance positivo en el terreno cultural?

Es verdad que los observadores suelen subestimar su política cultural. Durante los últimos años, varios palacios de la época abasí se iban degradando bajo la acción de la arena. Saddam Hussein exhumó prácticamente estos palacios y ha desarrollado una política de mantenimiento y rehabilitación. Ha actuado de forma similar en el caso de la magnífica ciudad de Babilonia, situada sobre el Éufrates, que dominó sobre la región entera entre los siglos XVII y XVIII antes de Cristo. Por último, ha creado un inmenso museo que dirige mi amigo Djamel Hamoudi a fin de reunir y conservar el patrimonio histórico de Iraq que había sufrido un auténtico saqueo en el siglo XIX y a principios del XX.

¿Detuvo la guerra contra Irán en 1980 esta ambiciosa política de modernización?

Yo viajaba en el avión que trasladaba al imam Jomeini en su regreso a Irán en febrero de 1979. No me imaginaba entonces que una guerra tan larga iba a enfrentar a estos dos países. La guerra desencadenada por Iraq contra Irán (1980-1988), tras diversas provocaciones por parte de Teherán, reavivó la hostilidad secular entre árabes y persas, y más aún entre suníes y chiíes. Esta guerra terrible contra Irán, alimentada y alentada por Occidente (con el apoyo político y financiero de Arabia saudí), debilitó considerablemente el potencial de desarrollo de Iraq y provocó, al final, una deuda récord que fue una de las causas de la invasión de Kuwait en 1990.

Volvamos a los acontecimientos actuales. ¿Le sorprende la resistencia del ejército regular iraquí en el sur de Iraq?

En realidad no me sorprende. Los norteamericanos, que esperaban ser recibidos como liberadores, subestimaron considerablemente el sentimiento nacionalista, que es extremadamente intenso en Iraq. Los chiíes iraquíes del sur, durante la guerra Iraq-Irán , nunca respondieron al llamamiento del imam Jomeini, que intentó tocar esta cuerda religiosa.

Al parecer, actualmente hay civiles que participan en los combates en el sur de Iraq. Aunque estos civiles luchen bajo la dirección de milicias o miembros de los servicios secretos iraquíes, no se puede, sin embargo, obligar a civiles a combatir. Ciertamente conviene mantener una actitud prudente, pero la verdad es que los iraquíes piensan que esta guerra es una guerra de agresión y que, bajo este título, la patria debe ser defendida. En cuanto a la Guardia Republicana, que promete un apoyo indefectible a Saddam, constituye la elite del ejército; singularmente mimada por el régimen, se dispone a librar en Bagdad una batalla feroz contra los norteamericanos.

La situación en el norte de Iraq es diferente por la existencia de la minoría kurda. ¿Por qué fracasó el intento de Saddam de solucionar políticamente la cuestión kurda mediante los acuerdos del 11 de marzo de 1970?

Estos acuerdos se proponían conceder una autonomía política a los kurdos, con un período transitorio de 4 años: una vez transcurridos, la autonomía kurda debía hacerse automáticamente realidad. Los kurdos rechazaron este acuerdo. El líder kurdo Mustafá Barzani -en cierto sentido, el "De Gaulle" kurdo- me indicó personalmente que Israel, el Irán del Sha y Estados Unidos le habían disuadido enérgicamente de aceptar este acuerdo, confiando en que los kurdos desencadenarían una guerrilla para debilitar a Saddam Hussein, cuyo proyecto modernizador de Iraq preocupaba ya por aquel entonces a Estados Unidos y a su gran aliado Israel. Sabemos ahora lo que le ha sucedido a esta guerrilla, violentamente reprimida por Bagdad.

¿Cree en una desestabilización de los regímenes de la región procedente de una reacción de lo que se ha dado en llamar "la calle árabe"?

Los regímenes árabes se hallan sumidos en profundas dificultades y temen una prolongación del conflicto. Son regímenes que han perdido toda legitimidad a los ojos de sus respectivas ciudadanías. Los pueblos árabes han cobrado conciencia, desde hace mucho tiempo, de la ineptitud de estos regímenes que les han conducido a la ruina. Ysu conciencia de esta situación se ve agudizada, todavía más, ante el hecho de que la civilización árabe-musulmana ha figurado en la cabeza de la modernidad entre los siglos VIII y XIII. Iraq no representa únicamente para los árabes y los musulmanes la edad de oro de esta civilización. Iraq es, también, el paísárabe que había obtenido los mejores resultados en materia de desarrollo. Sin embargo, la oposición árabe se halla completamenmte fragmentada sobre todo por la circunstancia de la intensa represión de que ha sido objeto. Es posible que se produzcan estallidos, pero las reacciones de la calle árabe corren peligro de desembocar en un callejón sin salida dada su falta de articulación. Por ahora no hay a la vista, consiguientemente, una alternativa política a estos regímenes.

Los norteamericanos intentan justificar esta guerra contra Iraq esforzándose por hacer creer a la opinión pública mundial que su principal objetivo es imponer la democracia en la región. ¿Cree en las intenciones "democráticas" de los norteamericanos?

Permítame que dude de sus intenciones. Desde 1945, la política norteamericana en Próximo Oriente se ha opuesto reiteradamente a las fuerzas progresistas y democráticas, y ha apoyado más bien a las corrientes y regímenes más retrógrados: derrocamiento de Mossadeq en Irán a cargo de la CIA en 1953, firma del pacto de Bagdad en 1955, desembarco militar en Líbano en 1958, etcétera. Ya no hablo del apoyo prácticamente sistemático aportado al Estado de Israel, que ha rechazado siempre de forma sistemática la aplicación de las distintas resoluciones de la ONU favorables a los palestinos. Una democracia no se decreta ni se impone desde el exterior.

¿Cómo ve la posguerra en Iraq?

Resulta muy difícil hacer previsiones, y más aún tratándose de esta región. En 1991, en la guerra del Golfo, el presidente Bush padre no quiso el derrocamiento de Saddam Hussein en razón, sobre todo, de las presiones saudíes. Una fuente muy cercana al gobierno saudí me indicó que, de hecho, las autoridades saudíes se oponían totalmente al derrocamiento del régimen iraquí. Los saudíes temían una toma del poder por parte de los chiíes iraquíes que consideraban la verdadera oposición en este país.

Según la configuración actual del conflicto, no cabe descartar una fragmentación de Iraq. Termino preguntándome si, en última instancia, el proyecto político de Estados Unidos no estriba en atomizar Oriente Próximo a través de la creación de pequeñas entidades políticas y religiosas. Recordemos los propósitos del antiguo primer ministro israelí, Ben Gurion, que afirmaba que sólo un Oriente Próximo compuesto de pequeños estados podría garantizar una mejor inserción del Estado de Israel en esta región... Dadas las relaciones entre Estados Unidos e Israel, esta atomización de Oriente Próximo resulta más bien una hipótesis que favorecería, evidentemente, los intereses de ambos países.

PAUL BALTA, entre otras obras, ha publicado "LIslam. Idées reçues" (Editions Le Cavalier bleu, 2001), "Mediterranée. Défis et enjeux" (LHarmattan, 2000), "LIslam dans le monde" (La Découverte/Le Monde, 1986), "Iran-Iraq, una guerre de 5.000 ans" (Anthropos/Economica, 1988) y "LIslam" (Le Monde Éditions/Marabout, 1998).
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