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Amenazas contra Siria

02/05/2003 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: Amanecer del Nuevo Siglo
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Altos del Golán. Siria
Altos del Golán. Siria

Tras la ocupación militar de Bagdad y de haber reducido gran parte de Iraq a ruinas, la Administración Bush hainiciado una escalada en sus amenazas contra Siria. Se exige ahora a Damasco que acate incondicionalmente las demandas de Washington o en caso contrario haga frente a un destino similar al de Iraq.

El pasado día 14 de abril el secretario de Estado, Colin Powell, reiteró la creciente lista de acusaciones contra Siria. "Creemos que, a la luz del nuevo escenario, ellos deben revisar sus acciones y su comportamiento, no sólo en lo referente a los iraquíes que consiguen refugio en Siria y a las armas de destrucción masiva, sino también a su apoyo a la actividad terrorista". Preguntado acerca de las alegaciones de EEUU sobre la presencia de altos cargos del régimen de Saddam en Siria, Powell fue incapaz de dar detalles. "No puedo cuantificar cuántos pueden haber cruzado la frontera", reconoció el secretario de Estado. Aunque enfatizó la posibilidad de que sean puestas en práctica medidas de presión diplomática y económica, Powell dejó también abierta la posibilidad de un ataque militar en el futuro. "Con respecto a Siria, examinaremos por supuesto las posibles medidas diplomáticas, económicas o de otro tipo que vamos a adoptar".

Esta declaración de Powell vino precedida de otra suya anterior, realizada el 30 de marzo, en un encuentro organizado por el Comité de Asuntos Públicos Israelí Americano (AIPAC), que es el más prominente lobby sionista en EEUU. Sentado al lado del ministro de Exteriores israelí, Silvan Shalom, Powell acusó a Siria e Irán de apoyar a "grupos terroristas" en Oriente Medio y advirtió de forma un tanto abrupta que habría consecuencias negativas para Siria sino variaba su política.

"Siria hace frente ahora a una crítica elección", declaró Powell. "Puede continuar apoyando a grupos terroristas -es decir, a las organizaciones palestinas que resisten contra la ocupación- y al régimen moribundo de Saddam Hussein o embarcarse en un curso diferente y más esperanzador. Siria es la responsable de las elecciones que hace y también de sus consecuencias". Él pidió igualmente a Irán que "cese su apoyo a los terroristas, incluyendo los grupos que se oponen violentamente a Israel y al proceso de paz de Oriente Medio" y "deje de buscar armas de destrucción masiva".

El presidente Bush apoyó públicamente esta política de presión contra Siria el pasado 13 de abril al afirmar que "creo que existen armas químicas en Siria" y advertir a Damasco que "necesita cooperar" con EEUU. Al día siguiente, el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, rechazó el desmentido de Damasco de que tuviera en marcha un programa de fabricación de armas químicas, declarando que existían informaciones concluyentes que avalaban esta hipótesis. En este sentido, cabe decir que es del todo natural que Siria u otros países de la zona deseen proveerse de este tipo de armamento, teniendo en cuenta que Israel, estado que ocupa una porción de territorio sirio, posee el mayor programa de armamento químico y biológico de la región. También es el único estado de toda la zona que cuenta con armas nucleares (más de 400 cabezas). Fleischer acusó también a Siria de ser un "estado paria" y advirtió de que debía "ponderar seriamente las consecuencias de sus acciones".

Blandiendo asimismo una amenaza militar contra Siria, el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, repitió a mediados de abril la acusación de que "algunos iraquíes han recibido permiso para entrar en Siria, en algunos casos para permanecer allí y en otros como lugar de tránsito".

Rumsfeld inició su ofensiva verbal contra Siria en marzo, cuando acusó a Damasco de proporcionar tecnología militar a Iraq, incluyendo aparatos de visión nocturna. "Consideramos este tráfico como un acto hostil y hacemos al gobierno sirio responsable de él", señaló. En unas declaraciones al programa de televisión de la CBS Face the Nation, Rumsfeld manifestó que "el gobierno sirio está cometiendo muchos graves errores y tomando muchas decisiones equivocadas, desde nuestro punto de vista".

El secretario de Defensa anunció asimismo el día 15 de abril que los ingenieros militares norteamericnos habían procedido a cerrar de forma unilateral el oleoducto que enlazaba Iraq y Siria. Esta decisión supuso un fuerte golpe para la economía siria, que obtenía unos 2.000 millones de dólares de beneficios al año gracias a sus ventas de productos a Iraq, que eran pagados con petróleo, vendido a un precio muy económico.

Toda esta campaña verbal contra Siria sorprendió incluso a los analistas norteamericanos. Raymon Tanter, profesor de la Universidad de Michigan y experto en relaciones internacionales, dijo a este respecto: "El presidente, el vicepresidente, el secretario de Estado, el secretario de Defensa, la consejera de Seguridad Nacional y el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor han proferido amenazas contra Siria en el espacio de sólo una semana. Esto nunca había sucedido antes en la historia de las relaciones entre ambos países. Nunca antes responsables de tan alto nivel habían realizado este tipo de declaraciones".

Según escribió el analista israelí, Zvi Barel, en el periódico Haaretz, las declaraciones de Rumsfeld causaron también sorpresa en el seno del Departamento de Estado y en la CIA. "Fuentes norteamericanas han señalado que se estaban manteniendo contactos secretos con Siria referentes al cierre de su frontera con Iraq, y no había intención de hacer esto público". Estas fuentes, mencionadas por Barel, señalaron que "la declaración de Rumsfeld sirvió a los propósitos de aquéllos que afirman que el plan de Washington es no detenerse en Iraq sino continuar atacando a otros estados árabes".

Aunque los responsables norteamericanos han evitado realizar ninguna amenaza directa contra Damasco, no hay duda de que ellos estaban creando un pretexto que pudiera servir en el futuro para una posible guerra. La lista de acusaciones insustanciales contra Siria guarda en realidad una notable semejanza con las excusas montadas por EEUU para desatar su guerra contra Iraq.

Los elementos más militaristas y proisraelíes dentro de la Administración Bush,los así llamados neoconservadores, han hecho, por su parte, advertencias especialmente duras. En una entrevista concedida al International Herald Tribune el día12 de abril, Richard Perle, el máximo ideológo sionista, junto con Paul Wolfowitz,dentro de la Administración Bush, declaróque sería "un acto de estupidez" el que Siria tomara posesión de las "armas iraquíes de destrucción masiva". Si los sirios hicieran eso, señaló Perle, "no creo que nadie excluyera el uso de toda nuestra gama de capacidades". Perle dejó claro que no sólo sería Siria la que sería atacada. "Si la pregunta es quien supone una amenaza que los EEUU deban afrontar, la lista es conocida. Está Irán. Está Corea del Norte. Está Siria. Está Libia. Y podríamos continuar".

Los responsables sirios, por su parte, han reaccionando negando las acusaciones de EEUU. El ministro de Exteriores sirio, Faruk al Shara, describió las alegaciones norteamericanas como "carentes de base y sentido". "No tenemos problema, si nos proporcionan cualquier tipo de prueba. ¿Cuáles son las pruebas y evidencias que tienen? Ellos no aportan ninguna evidencia". Al Shara criticó también a EEUU por fracasar en el establecimiento de un orden en Iraq.

Consternación británica

Las amenazas de EEUU en contra de Siria han provocado una profunda consternación en las capitales europeas, particularmente en Londres, donde el gobierno de Blair se apresuró a declarar que no existían planes para una acción militar contra Siria. En un discurso ante la Cámara de los Comunes, el día 14 de abril, Blair intentó disipar los temores acerca de una intervención militar contra Siria y la calificó de "teoría conspirativa". "Tengo la ventaja de hablar con el presidente norteamericano de forma regular y puedo aseguraros que no hay planes para invadir Siria", dijo Blair. "Tampoco tengo información de que nadie del otro lado del océano haya dicho que existan tales planes".

La redactora de la sección de internacional del Times de Londres, Bronwen Maddoz, ha hecho notar que los responsables británicos recibieron con estupor las declaraciones de Powell del 30 de marzo, en las que criticaba a Siria, ya que Powell es visto en Europa como un contrapeso a los halcones de la Administración Bush. "No sería extraño oir algo así de alguien como Donald Rumsfeld, pero es sorprendente oirlo en Powell", declaró Maddoz. "El hecho de que el discurso de Powell fuera pronunciado ante el más poderoso lobby israelí en EEUU inflamará aún más a los países árabes", advirtió.

"Sin embargo, el punto más relevante de las declaraciones de Powell es la brecha que abre con Downing Street", señaló Maddox. De hecho, el gobierno británico ha relanzado recientemente sus relaciones con Siria, como demuestra la reciente visita del presidente sirio, Bashar al Asad, a la capital británica el pasado diciembre. "El ataque simultáneo contra Irán socava también el intento de Londres de "mantener líneas de diálogo abiertas con el liderazgo de Teherán, que se haya profundamente dividido. Los diplomáticos británicos afirman que la postura de Irán ha sido extremadamente útil en la guerra contra Iraq, en especial en diversas formas encubiertas".

La Unión Europea ha mostrado también su rechazo, y esta vez de forma unánime, a un posible ataque norteamericano contra Siria. El pasado 1 de abril la portavoz de Relaciones Exteriores de la Unión, Emma Udwin, declaró: "Nuestras relaciones con estos dos países (Siria e Irán) no se van a ver afectadas". Ella añadió: "No hay razón para cambiar los términos de nuestra relación con Irán y Siria... Se necesita hacer todo lo posible para reducir la posibilidad de que surjan nuevas tensiones o se produzca una escalada de las ya existentes". Cabe decir también que gobierno australiano, uno de los mayores aliados de EEUU en la reciente guerra contra Iraq, ha mostrado igualmente su oposición a la extensión del conflicto a Siria o Irán.

Sin embargo, el diario británico The Guardian señaló el 15 de abril que los temores sobre un ataque militar contra Damasco están lejos de haber quedado disipados. El artículo explicaba que, en las recientes semanas, el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, ha ordenado que los planes de contingencia que existen para una posible guerra contra Siria seanrevisados. Sus palabras y actos han dejado claro que la serie de acusaciones que emanan de Washington forma parte de un plan preconcebido y dirigido a crear el necesario casus belli.

El subsecretario de política de Defensa, el ultrasionista Douglas Feith, y William Luti, jefe de la Oficina de Planes Especiales del Pentágono, recibieron el encargo de elaborar un documento para una posible guerra contra Siria. En dicho documento se subraya el "papel" de Siria en lo que se refiere al suministro de armas al régimen de Saddam Hussein, sus vínculos con los "grupos terroristas" de Oriente Medio y su presunto programa avanzado de fabricación de armas químicas. Hay que recordar que tanto Feith como Luti desempeñaron un papel importante a la hora de convencer a la Casa Blanca de que emprendiera la invasión contra Iraq", según indica el diario británico.

The Guardian continúa diciendo que "las conversaciones de altos responsables sobre Siria no llevaron a ninguna parte". Sin embargo, hay que tener en cuenta la existencia de varios factores que presionan a EEUU para ir a la guerra contra este país. Las amenazas y declaraciones que emanan de Washington son un amplio recordatorio de que existe una posibilidad real de un ataque a Siria en el futuro.

Por un lado, existe ya una considerable cantidad de tropas y material militar norteamericanos en la región. EEUU planea llevar a cabo una larga ocupación militar de Iraq, hecho éste que está generando una considerable resistencia popular en ese país. Desde el punto de vista de algunos círculos norteamericanos, Siria representa un flanco expuesto por donde podría provenir un apoyo a las actividades de resistencia de los iraquíes. En este sentido, estos círculos creen necesario el reemplazo del actual régimen baasista de Damasco por un gobierno marioneta, al estilo del que EEUU está tratando de imponer en Iraq.

Presiones del lobby proisraelí

Más importante aún es el papel que juegan los círculos pro israelíes dentro de la Administración norteamericana. Los así llamados "neoconservadores" están intentando dar forma a un nuevo mapa en Oriente Medio que se adapte mejor a los postulados del proyecto colonial sionista en la región. En 1996, Perle, Feith y otros elaboraron, bajo los auspicios del Instituto para los Estudios Estratégicos y Políticos Avanzados, un documento en el que recomendaban al gobierno de Benyamin Netanyahu en Israel que adoptara una estrategia regional más agresiva en contra de sus vecinos árabes y una ruptura con el principio "paz por territorios", que había sido la base de las negociaciones de paz de Oriente Medio. Entre tales recomendaciones se encontraba "el derrocamiento de Saddam Hussein" y también "el debilitamiento, contención e incluso ataque contra Siria".Siete años más tarde, estas mismas figuras poseen una notable influencia en la Casa Blanca y están presionando para poder llevar adelante su estrategia.

Una vez derrocado el régimen de Saddam, estos círculos sionistas contemplan la creación de un eje entre Israel, en un extremo, y Turquía e Iraq en otro, con Jordania en medio. Esto supondría la separación de Siria de la Península Arábiga. Para Siria, este proyecto significa que existen planes efectivos para el rediseño de Oriente Medio a favor de los intereses de Israel. Los atentados del 11 de septiembre proporcionaron a estos sectores la excusa que ellos necesitaban para llevar adelante sus planes. Una carta abierta a Bush del Proyecto del Nuevo Siglo Americano publicada poco des pués de los atentados atacaba públicamente a Iraq, Siria e Irán, a los que acusaba de "patrocinar el terrorismo". También pedía al presidente norteamericano que exigiera a Siria e Irán el inmediato cese del apoyo a la guerrilla de Hezbollah y declaraba: "Si Irán y Siria se niegan a aceptar esta exigencia, la Administración debería de considerar medidas apropiadas de represalia".

El pasado 6 de mayo, John Bolton, subsecretario de Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional y hombre cercano al vicepresidente Cheney ylos círculos neoconservadores, calificó a Siria, Libia y Cuba de ser "estados parias", que estaban desarrollando armas de destrucción masiva y desveló que habían estado a un paso de ser incluidos en el "eje del mal" del presidente Bush.

Los planes de estos sectores de la Administración norteamericana han sido también avanzados recientemente por el antiguo director de la CIA, James Woolsey, que ha recibido el encargo de encabezar el Ministerio de Infomación en Bagdad. En una reciente conferencia en la ciudad de Los Angeles ante los estudiantes de la Universidad de California (UCLA), el pasado 2 de abril, Woolsey, expuso su teoría de que EEUU está en la actualidad librando la Cuarta Guerra Mundial (considerando la Guerra Fría como la Tercera).

"Esta Cuarta Guerra Mundial, creo, durará mucho más que la Primera y la Segunda, aunque espero que no se prolongará durante cuatro décadas, como la Guerra Fría", dijo Woolsey. Éste incluyó entre los inmediatos objetivos de esta guerra a "los gobernantes religiosos de Irán, los regímenes baasistas de Iraq y Siria y grupos extremistas como Al Qaida". También atacó al presidente egipcio, Hosni Mubarak, y a los dirigentes de Arabia Saudí.

En lo que se refiere a Woolsey, una guerra contra Siria y la transformación de este país en una cuasi colonia de EEUU es un paso más dentro del plan más amplio, según el cual EEUU en connivencia con Israel, controlaría Oriente Medio y sus vastos recursos petrolíferos, materializando así el sueño sionista de un Estado judío que domine la tierra comprendida entre el Éufrates y el Nilo. La instalación de un régimen marioneta en Damasco llevaría también a la transformación del Líbano en un feudo israelí. El ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, sobre el que pesan las alegaciones de comisión de crímenes de guerra por su represión contra los palestinos en esta segunda intifada, ha mostrado ya su disposición a trabajar con EEUU en estos proyectos. "Tenemos una larga lista de demandas que queremos hacer a los sirios y esto habrá ser hecho propiamente a través de los norteamericanos".

Por su parte, Ariel Sharon está intentando explotar la oportunidad que le ofrece la guerra de Iraq para presionar a favor de su proyecto de creación del Gran Israel. Durante meses, Sharon ha propiciado una escalada represiva contra los palestinos y ha llevado a cabo una estrategia para impedir la creación de un estado palestino, tal y como se contemplaba en los Acuerdos de Oslo.

El primer ministro israelí está también presionando a Washington en favor de un ataque contra Irán y Siria. El pasado mes de septiembre, acusó a Siria de aprovisionar a Hezbollah con cohetes Katiusha capaces de alcanzar el norte de Israel. Israel amenazó también al Líbano en aquellas fechas con lanzar una operación militar contra este país si comenzaba a aprovechar las aguas de los ríos Wazzani y Hasbani, dos afluentes del río Jordán que fluye hasta el Lago Tiberíades, una de las principales reservas de agua de Israel. EEUU envió a un representante especial a la zona logrando calmar la situación. Sin embargo, la crónica falta de suministrode agua en la región significa que el control de los recursos acuíferos se ha convertido en un factor fundamental en las relaciones entre Israel, Líbano, Jordania y Siria. Aunque Israel se retiró del Líbano en mayo de 2000, tras 18 años de ocupación, ha continuado ocupando un área, conocida por el nombre de Granjas de Shabaa, que se encuentra al pie de los Altos del Golán, cerca de las fuentes de nacimiento de uno de los afluentes del Jordán. Aunque Beirut sostiene que esta área es libanesa, Israel afirma que pertenece a Siria. En esta zona, continúa habiendo choques armados entre Hezbollah y el Ejército israelí.

El pasado 15 de abril, Sharon volvió a pedir a Washington una presión "muy fuerte" de EEUU Siria y acusó a este país de haber aceptado el traslado a su territorio de armas iraquíes. Él presentó también cinco demandas que quiere que EEUU haga llegar a los sirios:

- La salida de Damasco de algunas organizaciones palestinas, como Hamas y la Yihad Islámica.

- La salida de los Guardias Revolucionarios iraníes del Valle de la Bekaa en el Líbano.

- El fin de la cooperación siria con Irán, incluyendo en el tema del envío de fondos y armas a la Autoridad Palestina.

- La salida de Hezbollah de la zona fronteriza con Israel.

- El desmantalamiento de los lanzadores de misiles Katiusha que Hezbollah tiene en el sur del Líbano.

Siria se apresuró a rechazar estas demandas israelíes y declaró a través de una portavoz del Ministerio de Exteriores que las oficinas de los grupos palestinos en Damasco continuarían abiertas.

En realidad, esta lista de exigencias demuestra que para los israelíes, y también para sus apoyos en EEUU, el principal problema es Hezbollah y las organizaciones palestinas de resistencia a la ocupación.

Por otro lado, hay que destacar que fue un agente de la inteligencia israelí, el general Yossi Kupperwasser, quien sugirió que los invasores estadounidenses y británicos no habían encontrado armas de destrucción masiva en Iraq, porque ellas habían sido trasladadas a Siria, afirmación ésta de la que se hizo eco Richard Perle. El 1 de abril el ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, acusó también a Siria de haber proporcionado pasaportes a los voluntarios árabes que deseaban luchar en Iraq y calificó este supuesto hecho de "muy grave".

Así pues, Israel está intentando en la actualidad convertir a Siria, su último gran enemigo árabe, en un estado dócil. Pese a la existencia de las resoluciones de la ONU que obligan a Israel a retirarse de los Altos del Golán, que han estado bajo ocupación israelí desde 1967, el estado judío ha demostrado repetidamente su voluntad de anexionarse estos territorios.

Los israelíes saben que el actual liderazgo sirio nunca firmará un acuerdo de paz con Israel, a menos que este estado devuelva la totalidad del territorio del Golán ocupado, y ésta es una razón más por la que desean que se produzca un "cambio de régimen" en Siria. Algunos círculos israelíes consideran también imprescindible la remoción del régimen sirio para la puesta en práctica del proyecto de oleoducto que uniría Iraq con Israel, a través de Siria.

El presidente Bush se haya, pues, en la actualidad bajo una fuerte presión de los sectores situados más a la ultraderecha del Partido Republicano y de los círculos sionistas dentro de la Administración para que dé luz verde a fuertes medidas de presión, o incluso una guerra, contra Siria. Estos círculos extremistas están ya comparando implícitamente un rechazo de Bush a lanzar una invasión contra Siria con el fracaso de su padre al no ordenar una marcha sobre Bagdad durante la primera Guerra del Golfo en los años 1990-91.

En estos intentos participan incluso algunos candidatos demócratas (el Partido Demócrata sufre también una fuerte influencia del lobby sionista, representado sobre todo por el senador Joseph Lieberman, candidato a la vicepresidencia en la candidatura del demócrata Al Gore en las elecciones del año 2000). El candidato presidencial Bob Graham declaró a mediados de abril al periódico Orlando Sentinel: "Hemos arrojado unos pocos misiles contra los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán y eso es lo que tenemos que hacer también en el caso de Siria". Aunque algunos otros miembros del Partido Demócrata han adoptado un enfoque más moderado, no hay duda de que dicho partido, como sucediera en el caso de Iraq, acabaría por apoyar cualquier ataque lanzado por la Administración Bush contra Siria.

Por su parte, Siria está intentando mantener un delicado equilibrio. Por un lado, las fuertes protestas populares contra la guerra han obligado a Damasco a adoptar una postura pública en contra del ataque estadounidense contra Iraq. El propio presidente Bashar al Asad ha calificado la invasión estadounidense de Iraq de "flagrante agresión contra un estado miembro de Naciones Unidas".

Al mismo tiempo, sin embargo, Damasco está intentando eliminar las tensiones con Washington para alejar la posibilidad deuna confrontación y defender al mismo tiempo sus propios intereses en la región. Hay que recordar que el régimen de Iraqha sido en las últimas décadas rival del sirio, pese a que ambos países eran gobernados por el mismo partido, el Baaz. Siria apoyó la resolución 1441 de la ONU que permitía el regreso de los inspectores a Iraq.

En realidad, dadas las circunstancias actuales y los desmentidos de Bush y Powell de que se esté preparando una acciónmilitar contra Siria es improbable que pueda producirse un inmediato choque entre EEUU y Siria.

A diferencia de Iraq, Siria no ha estado sujeta a sanciones en los últimos años por lo que tiene una situación mucho más saneada de la que habíaen Iraq. Tampoco sufre el grado de aislamiento internacional que padeció el régimen de Saddam Hussein. Por otro lado, un conflicto en Siria arrastraría también al Líbano, donde tanto israelíes como norteamericanos han sufrido apabullantes derrotas a manos de Hezbollah.

Otro problema para EEUU sería la inexistencia de aliados en este caso, ya que todos los países de la Unión Europea, incluyendo al Reino Unido y España, se muestran en contra de un posible ataque. En EEUU, la perspectiva de una guerra con Siria tampoco es muy popular. Las últimas encuestas hablan de una pequeña ventaja -un 45% frente al 42%- de los que se oponen a un ataque a Siria. No obstante, las tendencias de la opinión pública norteamericana son inestables, debido sobre todo a la acción de los medios de comunicación.

Hay que tener en cuenta, por último, que la campaña de EEUU en Iraq está lejos de haber terminado. La creciente movilización de la sociedad iraquí en contra de la ocupación y el crecimiento del poder de las organizaciones islámicas shiíes promete crear una situación muy difícil para Washington.

Pese a todo, las acusaciones norteamericanas crean las bases para una confrontación en algún momento del futuro. Un antiguo jefe de la inteligencia militar israelí, Amus Golad, declaró recientemente en una entrevista con el Canal Uno de la televisión israelí que una guerra de EEUU contra Siria podría ser concebible en algún momento del futuro.

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