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Jutba del Yihad 2

28/03/2003 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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mu’min
Mu’min

Alhamdulilah que nos está agraciando con la experiencia del yihad para que comprendamos la naturaleza y el sentido de nuestro esfuerzo. En estos momentos trascendentales, una inmensa mayoría de la humanidad está siguiendo atentamente el desarrollo de unos hechos que expresan de una manera clara la naturaleza del gran yihad. No me estoy refiriendo a los combates en los que se cruza el fuego de los contendientes, sino a la naturaleza de los poderes que se enfrentan dentro de nuestros corazones.

Es como si la historia se repitiese siguiendo unas pautas trascendentales e inmutables. Es como si el profeta Muhámmad, la paz sea con él, estuviese vivo en el corazón de quienes luchan por defender hoy la verdad y la dignidad, sea con las armas, con la palabra o con la intención. Hombres y mujeres de todos los pueblos y culturas tenemos hoy la posibilidad de ver y comprender el sentido de esta lucha trascendental, de este gran yihad en el que se dirime el futuro de la humanidad en su conjunto.

¿Quién, en los tiempos de Musa, iba a creer que un ejército tan poderoso como el de Faraón iba a ser vencido trascendentalmente en su lucha contra un pueblo indefenso y oprimido? ¿Quién, en los primeros tiempos del islam de Muhámmad iba a imaginar que unos pocos seres humanos triunfarían en su lucha contra todos los imperios de la tierra?

Más allá del resultado militar y político de esta guerra asistimos a la expresión de un conflicto que es consustancial a nuestra historia, un conflicto que nos restituye nuestra condición de seres libres que podemos y hemos de decidir. Esta decisión es el yihad, el esfuerzo orientado en una dirección trascendente. Una vez nos hemos decidido comienza la lucha, un combate a muerte por la supervivencia en la realidad, un gigantesco esfuerzo en aras de la conciencia.

La lucha del mu’min es por la conciencia, por la realidad, y se expresa como shahada en todos sus actos. Una shahada que desenmascara siempre cualquier velo que trate de interponerse, un testimonio que es, en sí mismo, la luz de la realidad. Por eso, quien llega a combatir en esta senda tiene en ella misma su recompensa y su realización. Combaten en la senda de la realidad quienes trascienden la apariencia del mundo, quienes rasgan el velo de la muerte. Por eso Allah anima a Muhámmad, la paz sea con él, a alentar a los mu’minún para el yihad:

"¡Oh nabí! Alienta a los mu’minún para que venzan todo miedo a la muerte en el combate, para que si hubiera veinte de vosotros que sean pacientes en la adversidad, puedan vencer a doscientos; y que cien de vosotros puedan vencer a mil de aquellos que insisten en negar la verdad, pues son gente que no pueden comprenderla."

(Sura 8. An Anfal. El botín, aya 65)

Comprender la verdad supone conocer la muerte y su irrealidad. Comprender la verdad supone nuestro nacimiento espiritual. La fuerza del yihad está en nuestro imán. Purificar nuestro imán es ir venciendo ese miedo a la muerte, que es el shirk más poderoso de todos, porque la muerte es el ídolo más difícil de desenmascarar. Nuestro imán se purifica y fortalece cuando nos encontramos en la verdad. Sólo podemos superar ese miedo con la ayuda de Allah, con Su áman que nos despeja cualquier duda y cualquier temor. Él nos lo da cuando quiere, como Rahim, y se lo da a quien quiere, como Hakim, y lo hace revelándosenos como alimento necesario. Purificar nuestro imán es construirnos en la paciencia, pues nuestra sabr es la shahada que expresa nuestra espera, nuestra conciencia cierta de Él, el yaquín que ahora mismo nos resucita de la muerte.

Porque el miedo a la muerte es uno de los instintos más arraigados en nuestro corazón. Hasta los profetas, la paz sea con ellos, lo han sentido. Es la expresión natural de autoconservación que todos tenemos en mayor o menor grado, la defensa instintiva de nuestra existencia. Pero ese instinto, como todos los demás instintos y querencias que nos acompañan en este mundo, se pervierte en un velo que nos impide ver a través suyo, un velo que sólo es trascendido cuando la revelación hace mella en nuestros corazones como Rahmatullah, señalándonos el verdadero sentido de nuestra existencia, devolviéndonos a nuestra conciencia original, como nos dice Allah en el surat al Baqara:

"¿No has sabido de aquellos que por millares abandonaron sus hogares por miedo a la muerte, y Allah les dijo: ‘Morid’, y luego les devolvió a la vida?

Ciertamente, Allah muestra Su infinito favor a los hombres, pero la mayoría de ellos son desagradecidos.

¡Combatid, pues, por la causa de Allah, y sabed que Allah todo lo oye, es omnisciente!

¿Quien hará a Allah un préstamo generoso, que Él le devolverá ampliamente incrementado? Pues Allah da la estrechez y el desahogo; y a Él seréis devueltos.

(Sura 2. Al Baqara. Ayat 243-245)

El combate por la causa de Allah tiene siempre un sentido defensivo. No se agrede a nadie por la causa de Allah, no se destruye nada ni se obtienen rapiñas por la causa de Allah. El muyahid combate siempre a los opresores, a quienes tratan de imponer el velo por la fuerza. El yihad es una defensa de la realidad y de la vida con la propia persona. El miedo a la muerte física conduce a la muerte espiritual, porque es un signo de incredulidad, de desconfianza en aquello que Allah nos asegura como real. A quienes huyen de sus hogares por miedo a la muerte, Allah les hace morir y luego les devuelve a la vida. Mediante la guerra, Allah nos hace afrontar nuestra propia muerte y nos alienta a morir a nuestro miedo, a trascender el shirk. Él nos incita a combatir por esta Realidad Única y evidente, única y misteriosa al mismo tiempo. El yihad es una shahada radical, la futuwah del shahid.

Según un hadiz, relatado por Bujari y Muslim y transmitido por Anás, el profeta, la paz sea con él, dijo:

"No hay nadie que entre en el jardín que quiera regresar a este mundo aunque tuviera todo lo que hay en la tierra, excepto el shahid. (El shahid) Desea volver a este mundo para morir de nuevo. Así hasta diez veces, por el milagro que contempla en ello."

(Riyad As Salihin. El Libro del Yihad)

Morir antes de morir. Aquí está la clave del sentido trascendental de nuestras vidas, de nuestro nacimiento espiritual como siervos divinamente sometidos, como jalifas. Morir al miedo es morir a la apariencia y renacer en la realidad. La illaha illah Allah. El shahid es eso, un testigo de lo real que regresa al mundo, un bodisatva que vuelve para colaborar en las tareas de la realidad, para defender la verdad con su persona, con sus bienes, con su existencia.

La sharíah del gran yihad nos muestra siempre un agresor y un agredido. En nuestro caso el agresor es el mundo y los agredidos son nuestros corazones.

Los agresores son quienes no pueden difundir otra cosa más que la muerte, el miedo y la impotencia. Ellos son los que construyen los más asombrosos ingenios de destrucción, los que alimentan las llamas del Yahannam, los que mantienen un orden siempre injusto porque no está basado más que en sus absurdos deseos de permanencia y de existencia. Son las viejas dinastías que rinden culto a la muerte, a los ancestros desaparecidos, los mismos faraones que combatieron a Musa, y a casi todos los profetas, la paz sea con ellos, seres arrogantes y perdidos que se perpetúan cambiando de ropajes continuamente, tratando de ocultarse a sí mismos la realidad, y ofreciendo un rostro cada vez más fácil de desenmascarar, alhamdulilah.

Los agredidos, por su parte, son los pueblos de la tierra, las comunidades empobrecidas, que sufren la opresión de todas las formas posibles. La opresión física y, sobre todo, la opresión espiritual y moral. Los pueblos sufren hoy las consecuencias de la opresión precisamente porque son aún comunidades, porque expresan vínculos humanos que se resisten a desaparecer, visiones y experiencias reales que contemplan la realidad en el dolor del otro, en su alegría, que tienen conciencia de lo real, porque comparten y sienten compasión.

El agresor siempre es un káfir, porque no hay nada en la revelación de Allah que nos incite a agredir a nada ni a nadie. Más bien todo lo contrario. Allah nos incita siempre a tratarnos bien a nosotros mismos, a ser considerados con nuestras propias personas, como condición para serlo con nuestros semejantes. Luchamos para defendernos de la agresión. El agresor, en cambio, arremete en su ignorancia, en su alucinación shaytánica y siempre necesita construir una causa, un enemigo, una justificación, un delirio, destruir aquello que pone en evidencia su falsedad. El agredido siempre es un mu’min, porque, en su forzado sometimiento está siendo llevado hasta el umbral de su condición real, está siendo regalado con la conciencia y el sentimiento del valor de la vida, de lo intangible, del amor, de la mirada, del valor de la palabra, Subhana Allah. El oprimido, cuando es forzado a contemplar su propia muerte se da cuenta de que la Única causa es Allah y Allah le concede así Su Áman. Alhamdulilah.

Barakalawfiq por concedernos la conciencia de nuestra lucha, por darnos el sentido de nuestro gran yihad aunque se nos escape. Barakalawfiq por darnos este Qur’an que nos enseña, que nos templa de manera divina e inigualable, que nos restaura en nuestra fitrah, y que nos cura del miedo, alhamdulilah. En un hadiz sahih relatado por Abu Daud, y transmitido de Abu Musa, se narra que cuando el profeta, la paz sea con él, en sus enfrentamientos con el enemigo, temía alguna gente, solía decir:

"¡Allahumma inna nayaluka fi nuhurihim, wa naudhu bika min shururihim!"

Oh Allah: protégenos de ellos y refúgianos en Ti de sus males.

Amin.

2.

En nuestros corazones y en los de muchos seres humanos prende hoy esta sola pregunta: ¿Qué sentido tiene esta guerra terrible y devastadora? ¿Qué quiere Allah de nosotros, qué quiere que viva y comprenda la humanidad?

El Qur’an nos ha procurado la visión de quienes huyen de su tierra y de sus hogares por miedo a la muerte, de quienes la encuentran en su huida y luego son retornados a la vida, como shuhadá, como testigos. Y ahora vemos a unas gentes que, tras huir de la muerte, regresan iluminados, atravesando las filas enemigas, para luchar en defensa de los suyos y de su forma de vivir. Estos muyahidún no regresan a la tierra para defender a un tirano u obtener un botín sino para defender la verdad que ha prendido en sus corazones. La tierra a la que regresan es la tierra de la verdad y de la realidad, la tierra de quienes no temen ya a la muerte. Ellos son un signo, una expresión de nuestro gran yihad. Pues no son mercenarios pagados ni milicias esclavizadas por un tirano, sino seres libres que regresan para morir en defensa de su imán, de aquello que sienten como cierto. La illaha illah Allah, son mu’minún que expresan que sobre la tierra existen todavía el valor, la dignidad y el sometimiento al señor de la Realidad. Hombres y mujeres que ya no temen a la muerte, al hamdulilah.

A través de su shahada Allah quiere que seamos conscientes de una manera clara de la naturaleza de nuestro gran yihad, de la cualidad de un combate que se libra allí donde se articulan los nombres, en cualquier corazón humano que esté latiendo, en cualquier ojo humano que hoy esté contemplando el mundo. Vemos con claridad arrogancia y miedo frente a humildad y valor, tecnología destructora frente a despojamiento, superioridad física frente a triunfo moral y espiritual.

Hay ocasiones en que Allah quiere mostrarnos Su poder, momentos en los que nos regala esos signos Suyos tan peculiares que enaltecen nuestra razón. Esperamos, insha Allah, que sea ese el sentido que Allah quiere para nosotros en nuestro yihad, que la aparente desigualdad se convierta, masha Allah, en un signo de Su poder en la tierra, para que la humanidad se vuelva hacia su principio y reconduzca su triste destino contemporáneo, para poder vivir en paz y realizar el islam de la mejor manera posible.

Toda lucha es una purificación, una tajara, un discernimiento radical. La guerra es consecuencia de nuestra propia naturaleza material tendente a la entropía, al caos y a la disolución, una forma drástica de reconocimiento para quienes se enfrentan entre sí. En el surat al Baqara volvemos a encontrar el hilo de nuestro yihad, en su dimensión de háqiqa, de regalo de sabiduría:

"Y les derrotaron con la venia de Allah. Y Daud mató a Goliat; y Allah le dio el dominio y la sabiduría, y le impartió el conocimiento que Él quiso.

Y si Allah no hubiera permitido que la gente se defendiera a sí misma unos contra otros, la tierra ciertamente se corrompería: pero Allah concede Su infinito favor a todos los seres creados."

(Sura 2. Al Baqara, aya 251)

Con esta afirmación, Allah legitima y enaltece nuestro yihad, ese esfuerzo que hacemos en nuestra condición de mu’minún, que nos hace preservar y renovar nuestro imán en toda circunstancia y lugar. Ha llegado la hora de darnos cuenta de cual es nuestra lucha real, de qué es lo que Allah quiere de nosotros. Y lo que Allah quiere de nosotros es la impecabilidad, un sometimiento completo y sin resistencias a Él, que es Quien nos hace vivir la Realidad de la manera en que quiere hacerlo. Él es al Hakim, el Sabio. Alhamdulilah porque en Su estrategia ha incluido nuestro imán. Barakalawfiq por hacernos mu’minún a nosotros, hombres, mujeres y niños que nos llamamos y nos reconocemos musulmanes. Barakalawfiq por el caudal generoso de Tus signos, por el manantial de significados que no cesas de regalarnos, muchas veces en las circunstancias más duras y difíciles.

Sólo a Ti adoramos, sólo a Ti pedimos ayuda, sólo en Ti confiamos, sólo a Ti agradecemos.

Allahumma: ayúdanos a comprender los tesoros ocultos en la dificultad.

Ayúdanos a ver y desear el jardín que se abre detrás de nuestra muerte.

Conforta a los shuhadá que hoy guardan el imán de los musulmanes.

Úngelos con el aceite de Tu proximidad y de Tu aliento.

Danos la victoria en nuestro yihad.

Amin.


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