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El PP apoya sin fisuras la política de Aznar y rechaza la propuesta de paz de la oposición

06/03/2003 - Autor: Germán Solís - Fuente: www.estrelladigital.es
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Aznar
Aznar

El orgullo herido del PP funcionó y su grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados dio ayer un no sin fisuras –184 votos a favor, ninguna abstención y una fuga de la oposición que regocijó aún más al grupo del Gobierno- a la propuesta de todos los grupos de la oposición para que el Ejecutivo español apueste en la ONU por dar más tiempo y más medios a los inspectores. La proposición no de Ley de los populares, que anima al Gobierno a mantener la apuesta por la segunda resolución apadrinada por Bush y que abriría la puerta a la nueva doctrina de la guerra preventiva en el Consejo de Seguridad, recibió un respaldo unánime. El empeño con que José María Aznar y la dirección del PP llamaron al cierre de filas para que la votación secreta propuesta por el PSOE e IU no dañara aún más su imagen ante la opinión pública hizo que la disciplina pudiera con el voto en conciencia.

La votación estuvo precedida de un debate que Mariano Rajoy calentó buscando la intervención de José Luis Rodríguez Zapatero –que hoy se mide con Aznar- en un debate en el que el formato favorecía al Gobierno al poder replicar sin límite de tiempo a la oposición, que sólo dispone de cinco minutos para su réplica. El vicepresidente primero también buscó la confrontación con quien ya se ha convertido en el objetivo favorito de sus dardos irónicos: el portavoz del grupo socialista, Jesús Caldera.

Cuando a las diez menos veinte de la noche la presidenta del Congreso llamaba a la votación, los diputados de la oposición ya sabían que la disciplina de voto en el equipo del Gobierno se mantendría sin ninguna fisura. Un destacado dirigente de la Ejecutiva socialista decía entonces que la votación secreta no había sido una buena idea, y menos que Izquierda Unida adelantara en una semana la intención de la oposición anulando el efecto sorpresa y dejando margen suficiente a la dirección del PP para reaccionar.

Y es que de la misma forma que los parlamentarios de la oposición estaban seguros de, como dijo Aznar el lunes ante la Junta Directiva Nacional del PP, cuántos votos vamos a tener nosotros y cuántos ellos, también decían que el sentimiento de muchos parlamentarios populares y de algún miembro del Gobierno sobre la apuesta de Aznar en esta crisis no era precisamente entusiasta. Un veterano dirigente y diputado de Izquierda Unida aseguraba fuera del Hemiciclo que en ese mismo pasillo y hace una semana, un bien situado candidato a la sucesión de Aznar le dijo: "lo de la guerra no es cosa mía".

Sin fisuras

Sin embargo, la esperada votación secreta no habló de estas sutilezas. Los 183 diputados del PP dieron su respaldo al Gobierno en la primera votación con un sí a la apuesta belicista de Bush, Blair y Aznar. La oposición, 164 votos en contra, se pronunció con la misma unidad: los 125 diputados del PSOE, con Felipe González en su escaño por primera vez en seis meses, dijeron no. También lo hicieron catorce diputados de CiU, ocho del Grupo Mixto, siete de Izquierda Unida, siete del PNV y cuatro de Coalición Canaria. En total, 347 votos; aforo casi completo en el Congreso de los Diputados (350 escaños) con las bajas de un parlamentario de IU, otro de CiU y otro del PNV.

Hora y media después, cerca ya de las once de la noche, la votación de la proposición no de Ley presentada y defendida por todos los grupos de la oposición debería haber repetido el mismo resultado el resultado. Pero no, una fuga en la oposición permitió que el no del PP contara con 184 votos. Fue una victoria simbólica que animó al grupo popular, donde el nerviosismo por el peaje electoral que sus candidatos pueden pagar en las muy próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo por la posición de Aznar en esta crisis parecía instalado desde que las primeras encuestas empezaron a reflejar un progresivo descenso de su base electoral.

Rajoy reta a Zapatero y provoca a Caldera

El debate previo a la votación estuvo animado por Mariano Rajoy. El vicepresidente primero recurrió a la misma estrategia que emplea cuando al Gobierno le vienen mal dadas y hay que dar la cara en el Congreso: desnaturalizar el debate y calentar a la grada. Rajoy empezó por reproducir el conocido argumento del Gobierno para justificar que su apoyo a la nueva resolución apadrinada por Bush supone "trabajar por la paz". Sostiene el Ejecutivo que el borrador presentado por EEUU, Gran Bretaña y España contribuye a mantener la crisis en el ámbito de decisión de la ONU, respeta el acuerdo de mínimos europeo e intensifica la presión sobre Bagdad.

Pero Rajoy pasó rápidamente a examinar a la oposición. "Usted mantiene, dijo dirigiéndose a Zapatero, que votaría en cualquier caso no a una intervención de Iraq en el Consejo de Seguridad. ¿Éste sigue siendo hoy su criterio? ¿Cree usted que si todos los países del Consejo hubieran manifestado su misma opinión Sadam Husein hubiera dado un solo paso para desarmarse?". El vicepresidente continuó con su tanda de preguntas a Zapatero retándolo a que subiera a la tribuna –"aquí hay que debatir, hay que razonar y hay que dar la cara"- mientras que desde la oposición se respondía coreando el ‘¡No a la guerra!’.

Para acabar, Mariano Rajoy se refirió a la estrategia de la oposición de forzar una votación secreta como una "pequeña miseria", una actuación "burda, ridícula y mezquina. Además, la presenta a la opinión pública el señor Caldera, que es lo que le faltaba al PP". La referencia al portavoz del PSOE que recordaba su utilización de un documento mutilado para imputar negligencia al Gobierno en la crisis del Prestige, acabó de calentar el pleno. Para entonces, el vicepresidente primero ya había dinamitado el debate.

Una interpelación al presidente del Gobierno

Jesús Caldera estuvo rápido en la réplica: "Asombroso, es una interpelación a un presidente del Gobierno lo que acabamos de ver. Lo siento por usted señor Rato", espetó nada más subir a la tribuna para contestar al examen al que Rajoy había sometido a Zapatero. Y preguntas por preguntas: "Si los inspectores piden una prórroga, ¿su Gobierno la va apoyar? Si Estados Unidos decide atacar Iraq, ¿su Gobierno lo va a apoyar? ¡Díganoslo aquí! ¡Nosotros decimos no a la guerra!, ¡no a la guerra! ¿Se ha enterado?", clamó el portavoz socialista.

Rajoy volvió a la tribuna sin cambiar el guión. Dedicó la réplica a Caldera; los interrogantes sobre la posición del Gobierno siguen en el aire aunque el tiempo se agota. Mariano Rajoy muestra el libro que regaló a los portavoces de Exteriores de Izquierda Unida y CiU. Es la copia que tiene reservada para el del PSOE, Manuel Marín, y lee la dedicatoria: "A mi leal adversario Manuel Marín, con todo mi afecto. Nota: Caldera no debe intervenir en según que temas". Jolgorio en el banco del Gobierno y Rajoy que continúa: "Esa era una de las razones, señor Zapatero, por lo que yo le he dicho que debe intervenir hoy".

Guardans recupera el debate

El portavoz de CiU, Ignasi Guardans, comenzó su intervención recuperando el fondo del debate después de la exhibición de Mariano Rajoy. "No intenten reconducirnos el debate. Un eufemismo diplomático para hablar de guerra, eso es lo que propone el Gobierno y eso es lo que votamos hoy aquí, no la unidad de un partido o la fidelidad a un liderazgo, sino si se ha terminado la paz en Naciones Unidas.

En nombre de Izquierda Unida, Felipe Alcaraz pidió a los diputados del PP, a los que tuteaba descaradamente en la última parte de su intervención, que no dejen a su partido como el más férreamente unido a favor de la guerra: "No sólo estamos ante un discurso vergonzante y un liderazgo erróneo, sino ante un ejercicio continuado de mala fe (...). Por eso no me da vergüenza suplicar".

Desde el PNV, Iñaki Anasagasti comenzó acusando a Rajoy de romper el debate, la misma línea que siguió José Carlos Mauricio, de Coalición Canaria, exigiendo que el Gobierno dejara a un lado las "cortinas de humo" para entrar en el fondo: "

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