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Jutba de Suleimán 3

17/02/2003 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Jutba de Suleimán
Jutba de Suleimán

El trono sobre el que se asienta nuestra abundancia es el desapego. Y éste acontece en el despertar de nuestro jalifato. El Qur’an nos incita a despertar ante un mandala donde se reúne lo distinto y lo separado. La alquimia de nuestro despertar aparece narrada en la forma de un cortejo amoroso, de una unión mística. Allah nos suscita la himma, una energía luminosa que surge en lo oscuro y nos va orientando hacia nuestro destino mediante esa conciencia de lo Real que llamamos taqua.

El encuentro entre el enviado de Allah Suleimán y la reina de Saba aparece en el Qur’an como un mandala tántrico, una unión cósmica que nos sugiere la forma en que Allah suscita la himma y orienta nuestro despertar. Un día la abubilla narra a Suleimán la historia de una mujer que reina en el país de Saba, en Yemen, una tierra rica y abundante cuyos habitantes viven en la oscuridad espiritual porque siguen la religión de los ancestros. Adoran al sol y a los astros, a todo aquello que les muestran sus sentidos. Son adoradores de la materia sensible que no han tenido noticias de Ibrahim ni de su aquida. El Qur’án nos dice que Suleimán, la paz sea con él, tras escuchar el relato del pájaro le dice a éste que lleve un mensaje a la reina:

"Suleimán dijo: ‘¡Veremos si has dicho la verdad o eres un mentiroso! Lleva esta carta mía y haz que caiga en sus manos; luego apártate de ellos y observa cual es su reacción.’

Cuando la reina hubo leído la carta dijo: ‘¡Oh dignatarios! Ha caído en mis manos una carta honorable. Viene de Suleimán y dice: Bismillahi ar Rahmani ar Rahim: Dice Allah: No os exaltéis contra Mí, sino venid a Mí sometidos!’.’

La reina prosiguió: ‘¡Oh dignatarios! Dadme vuestra opinión sobre el problema al que me enfrento; Nunca tomo una decisión sin que estéis presentes conmigo.’

Respondieron: ‘Somos una gente poderosa, de gran habilidad para la guerra, pero a ti te corresponde dar la orden; considera, pues, cual ha de ser tu orden.’

Dijo ella: ‘En verdad, siempre que los reyes entran en un país lo corrompen, y convierten a sus más nobles habitantes en los más abyectos. Y esta es la forma en que actúan siempre. Así pues, he de enviarles un regalo, y esperaré a ver qué respuesta traen los emisarios’.

Pero cuando el emisario de la reina llegó ante Suleimán, éste dijo: ‘¿Pretendéis aumentar mi riqueza, cuando lo que Dios me ha dado es infinitamente mejor que lo que os ha dado a vosotros? ¡No, sólo gentes como vosotros se regocijarían ante un regalo así! ¡Regresa a aquellos que te han enviado! Pues, dice Allah: ¡Ciertamente, marcharemos contra ellos con fuerzas a las que no podrán oponerse y, en verdad, les expulsaremos de esa tierra, humillados y empequeñecidos!"

(Sura 27, An Naml, las hormigas, ayat 27-37)

Suleimán, la paz sea con él, envía un mensaje a los adamiyún que viven en la tierra de la oscuridad. Y lo hace como jalifa diciendo "Bismillahi ar Rahmani ar Rahim". El mensaje es una invitación al pueblo de Saba al sometimiento a la Realidad Única, una dawa al islam. La reina no conoce la naturaleza del sometimiento que el jalifa le está proponiendo y pregunta a sus consejeros. Estos responden afirmando su disposición para la guerra, creen que Suleimán les está obligando a someterse a él, pero la reina hace una reflexión sobre las desastrosas consecuencias de la guerra y decide enviarle un regalo.

Aún desde su oscuridad, la reina define la guerra como corrupción y degradación, porque piensa que se trata de una guerra de dominación y rapiña, porque no sabe nada de la Gran Yihad. Piensa que podrá evitar la confrontación entregando un botín, pero Suleimán, la paz sea con él, le aclara la naturaleza de su mensaje: no le está pidiendo su reino material sino ofreciéndole un tesoro mucho mayor: el sometimiento a la Realidad Única, el islam. La lucha que se está explicitando aquí no es el pequeño yihad sino el más grande. La yihad de Suleimán no se lleva a cabo con la espada sino con la himma, y es precisamente la himma la que hace que la reina se ponga en camino y vaya al encuentro del jalifa, como dice el Qur’an:

"Cuando Suleimán supo que la reina de Saba estaba en camino, dijo: ‘¡Oh dignatarios! ¿Quién de vosotros puede traerme su trono antes de que ella y su séquito vengan a mí como muslimún?’

Dijo uno audaz de entre los seres invisibles. ‘¡Te lo traeré antes de que te levantes de tu asiento en el consejo; soy, ciertamente, capaz de hacerlo, y digno de confianza!’

Respondió uno que estaba siendo iluminado por la revelación: ‘¡No, yo te lo traeré antes de que recobres tu visión!’

Y cuando lo vio realmente delante de él, exclamó: ‘¡Esto es consecuencia del favor de mi Sustentador, para probarme si soy agradecido o ingrato! Pues quien es agradecido a Allah lo es sólo por su propio bien; y quien es ingrato debe saber que, ¡en verdad, mi Sustentador es autosuficiente, espléndido en Su generosidad!’."

(Sura 27, An Naml, las hormigas, ayat 38-40)

Suleimán, la paz sea con él, quiere situar a la reina ante una imagen de su propio poder, del trono que soporta su aquida. El sabio jalifa quiere ayudarla a sentir y a comprender la naturaleza del sometimiento que le está proponiendo. Suleimán sabe que se someterán a Allah, cuando afirma que quiere ofrecerles el mandala "antes de que lleguen a él como muslimún", como musulmanes. No tiene ninguna duda porque su himma es impecable.

Los seres invisibles, los genios, se apresuran a ayudar al jalifa. Uno audaz afirma ser capaz de traerle el trono antes de que se levante del asiento. Otro, que está siendo en ese momento iluminado por la Revelación hace aparecer el trono ante sus ojos, antes de que el jalifa recobre su visión, antes de que regrese su mirada.

El trono, que estaba en ese momento en Saba, desaparece de su emplazamiento y aparece ante los ojos del jalifa. Este hecho, que puede parecernos milagroso, es la expresión de una creación nueva y recurrente. Dice Ibn ‘Arabi que lo que ve Suleimán "es una nueva creación del trono, una desaparición y una aparición que tienen lugar fuera del tiempo, en el mundo de la imaginación creadora."

Los objetos no mantienen una identidad fija. Vemos una piedra y nos parece que está quieta, cerrada y acabada, pero sus átomos y moléculas están en permanente cambio y actividad. Esa piedra está viva y es la manifestación constante y palpitante de una creación. Aunque nos parezca inmóvil está siendo creada y transformada en cada momento, atravesada de energías inconmensurables. Su ser es actualizado constantemente en nuestra visión.

Lo que vemos como inalterable no lo es. Vemos tanto las semejanzas como las diferencias pero no vemos la identidad. Sólo vemos lo aparente aunque no lo real de esa piedra, de ese trono que nos soporta. Nos parece que la piedra está quieta y es idéntica a sí misma pero está cambiando sin cesar.

La manifestación del trono cesa en la tierra sensible de Saba y resurge de nuevo ante el jalifa, en una tierra donde lo sensible y lo oculto viven juntos pero no confundidos. Y la visión vuelve a cesar y a comenzar en él, entre un parpadeo y otro. El genio inspirado por el Qur’an es capaz de hacernos vivir esa creación constante, el ritmo que nos hace percibir las semejanzas sin desvelarnos jamás la identidad, la permanencia de los seres y de los objetos. El genio inspirado por la revelación nos muestra el poder de la imaginación creadora, alentada por la himma, por ese anhelo tántrico. La himma de Suleimán es impecable. Ama y busca la belleza porque le hace recordar a su Sustentador, a su Realidad. Él ya sabe que la reina vendrá hasta él como musulmana, como criatura sometida a Allah, pero quiere expresar el mensaje valiéndose de un símil, de un mithal, como nos dice el Qur’an:

"Y prosiguió: ‘Alterad la apariencia de su trono para que cuando lo vea sepamos si se deja guiar a la realidad o es de aquellos que rehusan la guía.’

Y así, nada más llegar ella, fue preguntada: ‘¿Es así tu trono?’

Respondió: ‘¡El mismo parece!’

Y Suleimán dijo a sus dignatarios: ‘¡Ha llegado a la realidad sin ayuda por nuestra parte, aun habiendo nosotros recibido la Háqiqa antes que ella, y habiéndonos sometido hace mucho tiempo a Allah! ¡Y ha reconocido la verdad aun cuando lo que ha estado adorando en lugar de Allah la había apartado del camino correcto: pues, ciertamente, desciende de gentes que niegan la verdad!’."

(Sura 27, An Naml, las hormigas, ayat 41-43)

Suleimán, la paz sea con él, altera la apariencia del trono y le pregunta. No le pregunta si ese es su trono, sino si su trono es semejante a ese, así como ese. Suleimán sabe que ningún trono terrestre, ningún soporte material, imagen o sonido pueden ser idénticos a sí mismos, porque es consciente de su naturaleza creada en constante cambio. Sólo le pregunta si percibe una semejanza. La pregunta le ayudará a distinguir si la reina está atada a la apariencia o si es consciente de ella, si está abierta a la realidad o está prisionera del shirk. La respuesta de la reina es clara y contundente: "El mismo parece". No dice que sea su trono sino que parece ser el mismo y no serlo al mismo tiempo. Al afirmar la condición aparente del objeto está situándose ya en el plano de la realidad, está reconociendo a Allah detrás de esa apariencia, contemplando la imagen de un efímero poder. El objeto parece exteriormente el mismo pero ha sido alterado por la himma, transmutado por la conciencia del jalifa. El trono aparece en una conciencia alterada y ampliada, que tiene en cuenta la realidad de todos los mundos, en el barzaj donde el vive el jalifa.

Suleimán, la paz sea con él, expresa su contento al comprobar cómo la reina despierta a la realidad, cómo los mundos reconocen a su Sustentador, sin ayuda de nadie y a pesar de estar sumidos en la oscuridad de su creencia, fijados a sus órbitas. Suleimán es entonces un shahid al Islam, un testigo privilegiado del sometimiento de toda la creación a lo real. Alhamdulilah. La reina puede ver en un instante los velos que la mantienen en la ignorancia y dice, como Ibrahim, "la illaha". Nuestro despertar es una shahada, un testimonio cierto de nuestra sumisión.

Nos sentimos agradecidos a Allah por el Qur’an de Muhámmad, por esas criaturas invisibles que nos ayudan a comprender Su mensaje, y por hacernos conocer a los mensajeros, la paz sea con ellos. Barakalawfiq.

Allahumma: ayúdanos a despertar a Ti.

A reconocer lo efímero.

A someternos a los cambios sin muchas resistencias.

Haz que nuestros corazones acepten Tu guía.

Dános esa Háqiqa Tuya que nos libra de toda tiranía.

Amin.

2.

Nos hallamos ante un símbolo del despertar espiritual, ante un mandala. Lo que vemos es imaginación, signo, lenguaje. Cuando reconocemos la naturaleza imaginal de nuestras percepciones comenzamos a despertar. La imagen no subsiste en sí misma, no tiene un poder sustancial y propio. El trono no mantiene su apariencia y su estabilidad por sí mismo. La creación está siendo creada en cada momento, sin descanso.

Mientras la reina Belquis creía que su trono era estable en sí mismo, que su forma era inalterable, estaba otorgando realidad absoluta a sus percepciones y basando en ello su poder, estaba adorando a los astros sin saber qué estaba adorando en realidad. Cuando percibe la relatividad de la imagen, cuando siente el vacío, es súbitamente iluminada. Suleimán aprovecha la situación para guiarla en su despertar hasta completar su shahada, como nos dice el Qur’an:

"Más tarde se le dijo: ‘¡Entra en este patio!’, pero al verlo, creyó que era un estanque de agua, y se descubrió las piernas.

Dijo él: ‘¡Es un patio pavimentado de cristal!’

Exclamó ella: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡He sido injusta conmigo misma al adorar algo distinto de Ti: pero ahora me he sometido, con Suleimán, al Sustentador de todos los mundos!’."

(Sura 27, An Naml, las hormigas, aya 44)

Belquis ha abandonado una situación aparentemente estable y ha viajado hasta el maqam de Suleimán tratando de desvelar un mensaje del jalifa. Cuando cree estar ante un estanque profundo se dá cuenta de que su percepción es errónea, de que no ve lo que es en realidad. La capacidad de distinguir entre realidad y apariencia es una de las luces del jalifato. Reconocemos al Señor del Poder asentado en el trono de Su creación. Nuestros pensamientos y percepciones están siendo creados sin cesar por Quien sustenta a todos los mundos. La illaha illa Allah. Y Allah establece Su trono sobre el Agua, sobre lo fluido y vital. La única estabilidad es la del cambio incesante. Aceptar esta dinámica nos lleva a la quietud, a la experiencia de la paz, al salam, a un islam que no se ve afectado por ningún cambio y nos hace vibrar acompasados con toda la creación.

Suleimán está con la reina, no contra ella. Su yihad no es para destruirla sino para iluminarla. El jalifa está con la creación, no contra ella. Su lucha no es para conquistar y dominar el mundo sino para reconducirlo hacia su finalidad luminosa. Masha Allah.

El Suleimán de nuestro ser es el dawa que produce nuestro jalifato, la luz de Al Qadir que nos libra de cualquier apariencia y reconduce nuestra creación hacia el sentido, donde nacen los signos y las lenguas. La finalidad del mensaje no es convertirnos a una religión sino hacernos despertar a la Realidad Única, a Allah.

El trono es un símbolo del maqam, y Suleimán nos ayuda a vivir que nuestro destino se sitúa más allá de cualquier estación. Allah tiene Su trono sobre el agua y el agua es la fuente de la que surge nuestra vida, alhamdulilah. Nos encontramos con la verdad en la confluencia de los dos mares cuyas aguas se juntan sin mezclarse. Más allá sólo vive la Esencia, de la que nada puede decirse ni callarse. La illaha illa Allah.

Allah nos dice que trabajemos en agradecimiento a Él, a Sus dones que fluyen incesantes en nuestro ser. Allah ha sometido a toda Su creación a la conciencia del jalifa:

"Hacían para él cuanto quería: santuarios, estatuas, pilas grandes como estanques y calderas fijadas al suelo.

Y dijimos: ‘¡Trabajad, Oh pueblo de Daud, en agradecimiento a Mí, y recordad que pocos son los realmente agradecidos aun entre Mis siervos!’

Aun así, hasta Suleimán debía morir; pero cuando decretamos su muerte, nada les hizo ver que estaba muerto salvo un insecto que carcomió su báculo. Y cuando cayó al suelo, los seres invisibles sometidos a él vieron claramente que, de haber conocido la realidad que estaba fuera del alcance de su percepción, no habrían seguido sufriendo el humillante castigo a que estaban sometidos.

(Sura 34, Saba, ayat 13-14)

Nada les hizo ver que Suleimán estaba muerto y siguieron trabajando para él, pero su vínculo con la Guía Divina había desaparecido. Los genios podían seguir construyendo máquinas y objetos, pero su finalidad desaparecería progresivamente. También los genios se confunden, también están velados por la apariencia. Su decreto es servir al jalifa porque todas las energías, visibles o invisibles, sirven a la vida, son las formas propias de la vida. Hasta la criatura más insignificante puede transmitir el mensaje. De nuevo un ser diminuto, un insecto, nos revela lo oculto: el jalifa está muerto, su reinado ha finalizado y los genios pueden descansar.

En este maqam encontramos una reflexión profunda sobre la ciencia, el arte y la tecnología, sobre su naturaleza y finalidad. Quien tiene conocimiento de lo real lo tiene necesariamente de los vínculos entre las criaturas de una forma precisa y efectiva. Pero considerar esos vínculos como si fuesen el resultado de una ciencia meramente humana y experimental supone una forma profunda de ignorancia, un alejamiento de la verdad.

Podemos engañar a los genios embalsamando a nuestro jalifa, pero el engaño no subsiste por mucho tiempo, porque también los genios son alcanzados por la revelación. Podemos mantenerlos ocupados trabajando para nosotros, pero no produciremos ningún bien si no estamos guiados por un propósito luminoso, si nuestra intención no es pura. Sin la conciencia de Al Hakim no podemos ser sabios.

Allah nos ofrece Su jalifato y nos hace conscientes de Él cuando Le respondemos, cuando Le adoramos y reconocemos, cuando trabajamos agradeciéndoLe, sirviendo al propósito de Su creación desvelándola, ayudando a las criaturas a despertar. Alhamdulilah.

Alahumma:

¡Hemos sido injustos con nosotros mismos al adorar algo distinto de Ti: pero ahora nos hemos sometido, con Suleimán, al Sustentador de todos los mundos!.

Ayúdanos a producir lo bueno en nosotros y en esos mundos.

Haz que nuestras vidas sean una shahada al Haqq.

Que nuestro jalifato termine con nosotros y que no quede más que Tu memoria.

Que los genios que nos acompañan despierten a lo real y sólo así nos sirvan.

Amin.


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