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El maniqueismo

10/02/2003 - Autor: K. Rudolph * - Fuente: Webislam
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Rollos del Mar Muerto
Rollos del Mar Muerto

Mientras que en el Imperio Romano la formación de las grandes escuelas gnósticas concluye en el siglo II, en el Oriente (Mesopotamia), comienza en el siglo III una edad de oro de religión gnóstica a escala mundial. Es el trabajo de un hombre que ha pasado a la historia de la humanidad como uno de los grandes fundadores de religiones. Maniqueísmo, que es de lo que estamos hablando, puede ser considerado como una de las cuatro religiones mundiales conocidas a la historia de las religiones. Esto significa que comparte la posición con el Budismo, el Cristianismo y el Islam, pero que, en contraste con éstas, yace en el pasado. R. Haardt la ha caracterizado apropiadamente como "la sistematización final y lógica de la Gnosis de la antigüedad tardía como una religión universal de revelación con un carácter misionero".

I. Las Condiciones de sus Orígenes

El terreno para el origen de esta religión gnóstica mundial — designación válida en su sentido más pleno — ha sido preparado durante un tiempo considerable ya que Mesopotamia tiene no sólo una civilización antiquísima sino también una rica variedad de tradiciones religiosas que se han desarrollado y encontrado aquí en el curso de una historia de algunos miles de años. Además de los retoños de antiguos cultos babilonios que pueden ser rastreados aquí y allí hasta el período helenístico tardío, estaban también las ideas religiosas iranias que penetraron durante el transcurso de la dominación persa (539 aC) y, luego de ésta y a partir de Alejandro, de la dominación helénica. Más aún, en el tiempo del llamado Exilio babilónico (597 aC) emergió en el país un fuerte judaísmo. Durante el transcurso del siglo II, el cristianismo penetró desde Siria y, en el norte especialmente, formó centros tales como Edesa y Nísibe.

Es notable que los grupos que predominaron al principio fueron luego declarados herejes, como los gnósticos (una escuela herética particular identificada en Edesa son los seguidores de un tal Cuq, los Cuquitas), marcionitas y judeocristianos. Esta particularidad del cristianismo oriental temprano era aparentemente típica de sus comienzos en el siglo II y III, y sirve para explicar el origen de las obras gnósticas y gnosticistas en esta región, tales como el apócrifo Hechos de Tomás con el gnóstico "Himno de la Perla", las Odas de Salomón, y la figura de Bardesanes, que es uno de los precursores inmediatos de Manes.

II. Bardesanes

Este "filósofo arameo", como era llamado, vivió la mayor parte de su vida en la corte del rey Abgar IX de Edesa (179-216). Luego de la conquista de la ciudad por los romanos (216), se dirigió a Armenia donde murió probablemente alrededor del 222. Bardesanes combinaba en su persona una educación griega-oriental con un cristianismo modelado por la gnosis que él mismo había adoptado. Para su comunidad o escuela, que aparentemente influyó fuertemente en la Edesa cristiana, compuso un libro con 150 himnos en siríaco, a imagen del Salterio, del cual conservamos fragmentos gracias a su más fiero oponente, Efraín de Edesa (306-373).

Uno de sus discípulos, siguiendo las enseñanzas de su maestro, escribió un tratado en forma de diálogo sobre el destino, el llamado "Libro de las Leyes de los Países", el cual, junto con las fuentes de los heresiólogos, son las únicas obras que nos permiten un acercamiento de primera mano al pensamiento de Bardesanes . De sus otras obras sólo nos han llegado sus títulos, otras (como las Odas de Salomón y el "Himno de la Perla") han sido erróneamente atribuidas a él. Una evaluación de sus enseñanzas, que sólo en parte pueden ser reconstruidas, no es fácil y está en discusión entre los investigadores hasta el día de hoy.

Por un lado, él es considerado un representante liberal del primitivo cristianismo siríaco, por el otro es descrito como el "último gnóstico" en una monografía de Hilgenfeld (1864). Esto se debe en parte a la poco satisfactoria terminología utilizada para determinar la posición del primitivo cristianismo siríaco (edesano) y en parte a fuentes deficientes. Si uno acepta los reportes de los Padres de la Iglesia, en especial de los de Siria, la enseñanza de Bardesanes debe ser considerada una forma especial de gnosis oriental. Y aunque Bardesanes no fue un discípulo de Valentín como sostenían algunos heresiólogos (por ej. Hipólito), él evidentemente usó ideas gnósticas (y herméticas) las cuales influyeron en su teología, fueron explícitamente continuadas en su escuela, y facilitaron su transición al Maniqueísmo.

Su visión del mundo es del todo pesimista y está basada en el dualismo de Dios y las Tinieblas (hyle). Entre ellos se sitúan los cuatro elementos primigenios — luz, viento, fuego y agua — los cuales, a causa de una providencial ruptura del orden original, se mezclan con las tinieblas, y esto, a su vez, lleva a la génesis del mundo. Sólo la "palabra de pensamiento" o el "poder del primer Dios", que es equiparado con Cristo, pueden detener la ruina total y pueden crear algún orden en la mezcla compuesta por partes altas (psíquicas) y bajas (materiales), arriba de la cual se extiende el mundo puramente espiritual de Dios. Cuerpo y materia son considerados malos e impiden la salvación del alma, la cual, a causa de la caída de Adán, no puede retornar a Dios. Sólo a través de Cristo, ella recupera su capacidad de ascender, con la ayuda del espíritu divino, a la "cámara nupcial". Un medio importante para esto es el "conocimiento", i.e. percepción.

Consistentemente con estos supuestos, para Bardesanes la resurrección del cuerpo está excluida y Cristo habitó en la tierra sólo un cuerpo ilusorio (esto demuestra más que ninguna otra cosa su cercano vínculo con la visión gnóstica del mundo). Su visión graduada del edificio del mundo (los planetas y estrellas no son sólo poderes malignos) deriva del pensamiento griego y su defensa de la libertad de la voluntad contra el fatalismo de la astrología, como está expresado en el tratado mencionado anteriormente, son por completo consistentes con esto. Si uno compara las múltiples manifestaciones de la gnosis en Occidente con Bardesanes, hay buenas razones para referirse a él como el autor de un sistema independiente de gnosis oriental la cual, junto con otras escuelas gnósticas, prepararon el terreno al maniqueísmo.

III. La vida de Manes

El fundador del maniqueísmo, Manes, viene la parte sur de Mesopotamia; probablemente nació el 14 de abril del 216 AD, en los alrededores de Seleucia–Ctesifonte en el Tigris, la capital persa. Sus padres se dice que eran de noble descendencia irania, su madre incluso de linaje real parto, pero esto es incierto. Su padre, Patek (griego: Pattikios, latín: Patecius) se había incorporado a una secta gnóstica bautista a la cual él tempranamente introdujo a su hijo. De fuentes recientemente descubiertas (el Codex Maniqueo de Colonia, CMC) queda claro que ésta era la comunidad herética judeocristiana de los elcesaítas, que pretendían descender del legendario profeta Elkesai (i.e. el "poder oculto de Dios") el cual apareció por el 100 AD en Siria.

Los mandeos, que hasta el día de hoy viven en el sur de Irak, también formaron parte de este mundo sectario bautista que rodeó al joven Manes. Cuando tenía doce años de edad, en el 228/29, Manes tuvo su primera visión en la cual su doble celestial, su "gemelo", "socio" o "compañero", se le apareció y le aseguró su constante ayuda y protección. Más tarde, Manes vio en esto la revelación efectiva del "consolador" (el Paráclito) o Espíritu Santo (cf. Juan 16,17ss.), quien le habría revelado los "misterios" de su enseñanza. A consecuencia de esta experiencia se liberó de su entorno y comenzó a trenzarse en discusiones con él, tratando de reformar las prácticas y enseñanzas de los bautistas. Eso produjo una división en la comunidad y una separación oficial que terminó con la expulsión de Manes; sólo su padre y dos discípulos permanecieron con él. En el ínterin, a la edad de 24, tuvo otra experiencia, la cual constituyó, en concreto, su llamado a ser un "apóstol de la luz". Podemos fecharla el 19 de abril del 240, y una vez más es considerada como una revelación del "compañero" que actúa bajo las órdenes de Dios, el rey de la luz. En un himno, Manes brevemente describe su rol:

"Yo soy un agradecido oyente (i.e. alumno)
que nació en la tierra de Babilonia.
Yo nací en la tierra de Babilonia
y me ubico a las puertas de la verdad.
Yo soy un cantante, un oyente
que ha venido de la tierra de Babilonia.
Yo he venido de la tierra de Babilonia
para lanzar un llamado al mundo".

Sólo tenemos una idea aproximada de su vida posterior. Luego de que escapó con sus discípulos a la capital Seleucia–Ctesifonte, donde aparentemente estableció su primera comunidad, comenzó a misionar activamente dentro y fuera de Irán. En tanto mensajeros fueron enviados a las provincias romanas de Occidente, Manes mismo viajó por barco, en el 241, a la India, y a través del valle del Indo hasta Turan, donde se ganó al rey. Alrededor del 242/43, está de vuelta en Babilonia para presentar sus respetos al nuevo regente, Sapur I (242-243), que asumió luego de la muerte de Ardasir I. Manes consigue el favor del rey y es incluso recibido por el entorno real. En ese momento, dos hermanos del rey se hacen seguidores suyos.

Claramente, la nueva religión universal se mostraba a sí misma como una ideología apropiada al Imperio Persa, que dejaba de lado a la omnipotente casta sacerdotal zoroástrica de los Magos. De esta manera, Manes es capaz de predicar sus enseñanzas sin oposición: envía sus discípulos a Siria, Egipto y al Irán oriental. "He sembrado el grano de la vida... de Este a Oeste; como puedes ver mi esperanza ha ido hacia el este del mundo y hacia todas las regiones de la tierra (i.e. el Occidente), en la dirección del Norte y del Sur. Ninguno de los apóstoles hizo esto..." (Kephalaia, p.16).

Cuando Sapur I murió, el que lo sucedió, Ormizd I, mantuvo su favor a Manes, pero bajo Bahram I (274-277) su suerte cambió. Probablemente en el ínterin, la casta de los Magos había ganado la suficiente influencia para eliminar al molesto rival que amenazaba con alterar el tradicional orden religioso iranio. El jefe de los Magos, Kartir (Karder), cuyo objetivo era una profunda reforma de la iglesia zoroástrica, aparece como el principal oponente de Manes. Manes falló en su intento de hacer cambiar de opinión al Gran Rey que residía en Gundesapur (Belapat); fue encarcelado y murió encadenado poco después, en la primavera del 276. Su cuerpo fue mutilado, como era la costumbre con los herejes, y expuesto fuera de la ciudad. Su comunidad vio en esto la pasión y "crucificción" (martirio) de su maestro, de quien se creyó que había ascendido al reino de la luz.

IV. La difusión del maniqueísmo

La "iglesia" maniquea vivía ahora tiempos difíciles; la afligían persecuciones y cismas. El sucesor de Manes al frente de la comunidad también sufrió el martirio. Esto llevó a un decaimiento del maniqueísmo en los territorios persas (a lo que contribuyó, por último, el movimiento revolucionario de los mazdakíes, del 494 al 524, suprimidos con cruel severidad), pero no en los demás lugares; al contrario, su difusión en los países del Este y el Oeste, se intensificó con la emigración. Mercaderes y misioneros (apóstoles) continuaron la obra de su fundador.

Hacia el 300, la "enseñanza de la luz", como era llamada, puede ser encontrada en Siria, el norte de Arabia, Egipto y el norte de África (en donde se le incorporó San Agustín del 373 al 382). Desde Siria alcanzó Palestina, Asia Menor y Armenia. Ya al comienzo del siglo IV, hay evidencia de la existencia de maniqueos en Roma y Dalmacia, y pronto también en la Galia y España. Los edictos imperiales contra los herejes y los escritos polémicos anti-maniqueos tratan de contrarrestar su influencia pero sólo a partir del siglo VI comienza a desaparecer la religión, a pesar de que continúa hasta la Edad Media ejerciendo su influencia bajo diversos ropajes en otros círculos sectarios (paulicianos, bogomiles, cátaros). Aún más exitosa y permanentemente puede mantenerse en el Este, donde florece aun cuando ya no quedan más verdaderos maniqueos en Occidente; esto se debe probablemente a que el Islam termina con la posición monopólica del cristianismo y el zoroastrimo.

En los primeros tiempos de la conquista árabe, una vez más la religión de Manes fue tolerada en Persia, en cierta manera como una religión de moda entre la gente culta. Pero Asia Central se convirtió en su centro (Turkestán, la cuenca del Tarim) a donde habría llegado desde el Irán oriental (Chorasan). Aquí incluso se convirtió, en el 762, en la religión oficial del imperio Uigur. Luego del colapso del imperio (840), se mantuvo en los pequeños estados en los que se dividió junto con el budismo y el cristianismo nestoriano hasta el siglo XIII donde desapareció por completo, víctima del devastador ataque mongol. La importancia del maniqueísmo en Asia Central se ilustra con la gran cantidad de escritos y frescos de este período que se descubrieron a principios del siglo XX, durante el curso de varias expediciones de estudiosos alemanes, franceses y rusos, a Turfan.

En el siglo VII los seguidores de Manes incluso llegaron a China, vía el Turkestán y a través de la Ruta de la Seda. En el 694, los primeros apóstoles hicieron su aparición en la corte imperial china, y compitieron con budistas, nestorianos y taoístas. Varios edictos se ocupan del maniqueísmo y los hombres de letras del Confusionismo se opusieron a él ferozmente, ya que ellos sabían, en su trabajo misionero, cómo adaptarse a la tradición china. En el 843/44 se produjo una sangrienta persecución de la que fueron víctimas la mayor parte de las congregaciones. Pero incluso hacia el final del siglo XIV, los emperadores de la dinastía Ming tuvieron ocasión de tomar medidas contra los seguidores de "la religión de la venerable luz".

Se dice (según fuentes portuguesas) que en el sur de China sobrevivían aún en el siglo XVII tradiciones maniqueas. La influencia maniquea incluso se ha rastreado hasta el Tibet. Así, la Gnosis Maniquea ha tenido una historia de más de mil años durante la cual se difundió desde España hasta China. Manes, por lo tanto, había estado en lo cierto cuando le dijo a su comunidad: "Pero mi esperanza va a viajar al Oeste y también hacia el Este. Y ellos oirán la voz de su predicación en todas las lenguas y será predicada en todas las ciudades. Mi religión sobrepasa en este primer momento a todas las religiones anteriores, ya que las religiones anteriores fueron fundadas en lugares individuales y ciudades individuales. Mi religión irá a todas las ciudades y su mensaje alcanzará todas las regiones".

V. Los escritos maniqueos

En orden a proteger su obra de la falsificación, y asegurar que no fuera olvidada, Manes le concedió mucha importancia a mantener un registro escrito de su sistema doctrinal. En esto también apuntaba a superar a sus predecesores, los profetas anteriores y los fundadores de religiones, quienes en su opinión no habían compuesto obras de motu propio y cuyo mensaje, por lo tanto, sólo había sido preservado de forma incompleta. Con este propósito, desarrolló una nueva y práctica escritura, y compuso una serie de obras en iranio y siríaco para ser producidas caligráficamente y copiadas, cosas que las que le daba mucha importancia.

La cultura superior de los maniqueos, expresada en la escritura y los libros que aparecieron, le ganaron posteriormente el epíteto de "el pintor". Desafortunadamente sólo escasos restos de sus propias obras han sobrevivido ya sea en las citas de sus adversarios, ya sea en los escritos de su comunidad. Pero por lo menos conocemos sus títulos: "Sabuhragan", una obra dedicada al Gran Rey Sapur I, el "Evangelio Viviente" o "Gran Evangelio", el "Tesoro de la Vida", el "Pragmateia" (i.e. composición, obra de historia), el "Libro de los Secretos" (o "de los Misterios"), el "Libro de los Gigantes", una colección de cartas y misivas, algunos salmos y oraciones, así como también una especie de libro de imágenes ("Eikon" o "Ardhang") en el cual ilustraba con dibujos su visión del mundo. Hasta el final del siglo XIX casi no había fuentes maniqueas originales salvo las pocas preservadas por los heresiólogos cristianos, zoroastrianos e islámicos.

Sólo las expediciones a Turfan (1898-1916), antes mencionadas, depararon inesperadamente un rico botín de arte y literatura maniquea (en iranio, turco antiguo y chino). Las piezas más importantes fueron a Berlín y su publicación no ha concluido aún. Entre ellas hay textos doctrinales, himnos, plegarias, rituales, formularios confesionales, catecismos, cartas de exhortación y epístolas, comentarios, material narrativo de contenido histórico y mitológico, pinturas murales y miniaturas. Los escritos están, en su mayor parte, seriamente dañados y en forma fragmentaria, pero ellos nos han permitido, por vez primera, acceso directo a esta extraña religión, aun cuando provengan de su etapa tardía (siglos VI al X). De todos modos ellos contienen fragmentos de las obras de Manes, por ej. el Sabuhragan.

Algunas décadas después (en 1930), Carl Schmidt descubrió los textos maniqueos en copto de Medinet Madi (al sudoeste del oasis Fayum, en el Egipto Central) los que fueron en parte a Berlín y en parte a Londres . En contraste con los hallazgos de Turfan, estos textos coptios son códices relativamente bien conservados y también mucho más antiguos; ellos datan del 400 aproximadamente y, por lo tanto, han sido escritos sólo 150 años después de la aparición del maniqueísmo. Los escritos fueron probablemente traducidos del griego y el siríaco durante el transcurso del siglo IV en el Alto Egipto. Su edición todavía no ha concluido y, desafortunadamente, algunas partes se perdieron durante la segunda guerra mundial. Han sido publicados la Kephalaia (i.e. "artículos principales"), un manual enciclopédico en forma de conferencias de Manes a sus discípulos, que es hasta ahora la mejor introducción a su pensamiento que tenemos; luego una colección de homilías y un libro de salmos, valiosos testigos ambos de la piedad de la comunidad maniquea.

Recientemente ha aparecido un pergamino manuscrito griego en formato de bolsillo (3,5cm x 4,5cm) del siglo IV/V que lleva por título "Sobre la génesis de su (de Manes) cuerpo", y que en parte es una biografía de Manes compilada por su comunidad de acuerdo a las tradiciones de los primeros discípulos. Este texto, que ha sido publicado hace poco, viene también de Egipto y pertenece a la colección de papiros de Colonia. Es el primer texto original maniqueo en griego que poseemos, el cual está basado en tradiciones orientales de la comunidad primitiva.

VI. Las enseñanzas de Manes

A pesar de estas importantes adiciones a los textos originales, es todavía un problema muy disputado cuál sistema fundamental apoyó o enseñó Manes mismo, ya que los escritos y las otras fuentes que poseemos reflejan siempre variantes particulares o borradores de este sistema que surgieron de preocupaciones misioneras y de adaptaciones al ambiente iranio–persa, cristiano y budista en los que el maniqueísmo se difundió. Este tipo de adaptación era una característica especial de la enseñanza maniquea y, en orden a resolver el problema del auténtico sistema, se asumió que el mismo Manes había formulado un sistema doctrinario que era lo suficientemente flexible para adaptarse rápidamente a otras tradiciones e ideas. Este mismo fenómeno lo conocemos ya en el resto del mundo de la Gnosis.

Manes, quien no se consideraba a sí mismo como un filósofo sino como un teósofo gnóstico y un profeta, vio que su tarea consistiría en fusionar la tradición religiosa oriental de su tiempo en una religión universal de salvación del hombre. Con este propósito de lograr un "sincretismo consciente", creó un poderoso sistema mitológico con una diáfana estructura teórica básica que hacía justicia al objetivo práctico de ser una enseñanza gnóstica de salvación.

Las partes del aparato mitológico podían fácilmente ser intercambiadas y el mismo Manes parece haber demostrado esto, cosa que se expresa en su predilección por los catálogos y las series de conceptos. Más aún, la investigación moderna, con razón, se inclina más y más hacia la opinión de que lo preservado en la tradición maniquea copta (en especial la Kephalaia) está más cerca del sistema original y es complementado por el material correspondiente de los textos iranios que son posteriores. De esta forma se explica el tenor cristiano–gnóstico del sistema de Manes y su condición de mediador, a través del entorno sirio–mesopotámico, de un judeocristianismo gnóstico herético, lo cual ha sido recientemente confirmado por el Cologne Mani Codex (CMC).

Manes claramente explotó este depósito en muchos aspectos de su religión: en la Cristología, en la doctrina cíclica de revelación, en la escatología y en los preceptos ascéticos y de otra índole, sin perder de vista el objetivo de que su religión debía ser capaz de amalgamarse con otras religiones, en particular con el zoroastrismo iranio con el cual estaba estrechamente conectado por descendencia. Sus discípulos, a quienes él debe haber entrenado concretamente en este sentido, solamente continuaron con la tendencia y formaron un maniqueísmo con estas características, que es el que nos confronta en el norte del África romana en el tiempo de San Agustín (siglo IV), y en las fuentes arábicas (siglo VIII) y de Asia Central y Chinas (siglos VI-X).

Ya que, aparentemente, Manes era considerado el "Paráclito" de los cristianos, el hijo mesiánico de Zarathustra y el Buda futuro (Maitreya) por propia iniciativa suya, la asimilación de los respectivos cuerpos de fe era algo lógico. Probablemente él mismo haya seguido esta práctica en sus viajes al Oriente. Manes dice en el Kephalaia:

"los escritos y la sabiduría y los apocalipsis y las parábolas y los salmos de todas las iglesias (religiones) anteriores fueron recogidas en todas partes y vinieron a mi iglesia (religión) y fueron incorporadas a la sabiduría que yo revelé. Como agua es agregada al agua para volverse mucha agua, así los antiguos (anteriores) libros fueron agregados a mis escritos y se volvieron gran sabiduría, una que no ha sido proclamada (hasta ahora) en todas las antiguas (anteriores) generaciones. Los libros tal como yo (los) he escrito nunca antes habían sido escritos o revelados (hasta ahora)" (Kephalaia, ch. 154).

Sin embargo, él no derivó sus enseñanzas de ningún libro de sabiduría humana sino que, como nos dice en otra parte, el "muy bendito padre", viz. su "espíritu de luz" (nous), lo eligió y lo llamó "afuera de la muchedumbre que no percibe la verdad" para revelarle sus "misterios" y aquellos de todo el cosmos (CMC, p. 64). Con este bagaje de conocimiento divino, él podría "si todo el mundo y todos los hombres lo escucharan... hacerlos ricos y asegurar de que la sabiduría fuera suficiente para todo el mundo" (CMC, p. 68). Esta es la autorización teológica para la verdaderamente impresionante cantidad de conocimiento que él incorporó en su obra y que testimonia un nivel notable de educación para el Oriente contemporáneo, en los campos de la filosofía de la religión y en las ciencias naturales, y también una imaginación y talento literario por sobre lo común.

Las enseñanzas de Manes están basadas en el conocido dualismo gnóstico de espíritu y cuerpo, luz y tinieblas, bien y mal, pero lo apoya más radicalmente en dependencia a su herencia irania. Además el transcurso del mundo fue visto como períodos recurrentes, y fue completamente sistematizado de una manera que la Gnosis hasta ahora conocía sólo en forma embrionaria. Aquí también parece haber estado apadrinado por Irán. El desarrollo cósmico, entendido como un proceso irreversible de tiempo y por lo tanto como expresión de temporalidad, se ve en contraste con la liberación gradual de la luz de las tinieblas.

Fue Manes quien, por vez primera, describió la idea gnóstica fundamental en forma verdaderamente rigurosa: la cosmología está subordinada a la soteriología. El universo, la tierra y el hombre están sujetos a un proceso que tiene como objeto la liberación por Dios (de una parte) de Dios y en el cual el ser humano es decisivo para ese fin. La introspección (gnosis) en este proceso del mundo le garantiza al hombre, como un portador potencial de luz, la salvación y lo transforma al mismo tiempo en un activo promotor de ella; esto conduce a un "sentimiento cósmico de responsabilidad" el cual es típico de la piedad gnóstica maniquea.

VII. El sistema maniqueo

Las características esenciales y probablemente más antiguas del sistema maniqueo son las siguientes:

Al principio está la antítesis no deducible del mundo de la luz y el mundo de las tinieblas, o del principio del bien y del mal. El soberano del reino de la luz, que está ubicado en el Norte, tiene varios nombres: "Padre de la Grandeza", "Rey del Paraíso de la luz", "muy bendito Padre", o simplemente Dios (en los textos iranios: Zurvan, i.e. Dios "Tiempo"). Su ser se manifiesta en cinco atributos espirituales o hipóstasis, las cuales son también pensadas como "miembros" o "mundos" (eones): razón, pensamiento, intuición, especulación y reflexión. Además, él está rodeado de un gran número de eones y mundos de luz. Las Tinieblas o Hyle (materia), que está localizada en el sur, también tiene un rey y cinco "mundos": humo, fuego, viento, agua, tinieblas, cada una de los cuales está poblado por demonios y gobernado por un "arconte". Conducidos por su agitación inherente, la horda de las tinieblas (hyle) llega al borde del reino de la luz y comienza, llena de celos, a pelear contra él. Ésta es la ocasión para la segunda etapa: la de la mezcla de los dos principios.

El Dios de la luz, para poder enfrentar el desafío de las tinieblas, crea tres "emanaciones" las cuales forman el marco básico para la acción del mundo de la luz en el proceso siguiente. Primero el "Gran Espíritu" o la "Sabiduría" (sophia) es creada, de la cual procede la "Madre de los vivientes". Ella emite el Hombre Primordial (llamado Ohrmazd en la versión irania) el cual está equipado con cinco elementos que son llamados también sus "vestiduras" o "hijos": fuego, viento, agua, luz y éter. Esta péntada también es llamada el "Espíritu Viviente".

El Hombre primordial desciende a pelear con las tinieblas pero es derrotado y deja su alma de cinco partes en el submundo. Este proceso, sin embargo, es interpretado por los maniqueos no como una derrota sino como una medida preventiva en la cual el Hombre primordial, o su "alma", no fue sino una carnada para atrapar a Hyle. En todo caso, el rey de la luz dispone, para salvar al Hombre primordial, una segunda "emanación" en la forma del "Amigo de la luz", el "Gran Arquitecto" y el "Espíritu Viviente" (llamado en Persia, Mithra), el cual también tiene cinco hijos o "dioses" (entre ellos el "Adamás-Luz"). Éste envía al Hombre primordial un "llamado" para que despierte, al cual él reacciona con la "respuesta" (juntas, "llamado" y "respuesta", constituyen el "pensamiento de vida"); así el "espíritu viviente" comienza su trabajo de salvación, el cual culmina con la ascensión del Hombre primordial. Esta salvación es el modelo para la posterior salvación de Adán y, finalmente, de todos los hombres.

Como los cinco elementos o "alma" del Hombre primordial permanecen en poder de las tinieblas el proceso no está todavía concluido, pero el "espíritu viviente" pone en movimiento la creación del mundo para conseguirlo. Esto ocurre mediante los arcontes, los cuales, según la cantidad de luz tragada por ellos (en la forma del "alma" de cinco partes), sirven como material para la construcción de estrellas, cielo y tierra. Así surge el cosmos, de partículas de luz y de tinieblas. Por lo tanto, según Manes, el cosmos no está condenado a ser enteramente demoníaco, lo que queda claro especialmente en la evaluación positiva del sol y de la luna.

Los cinco hijos ("dioses") del "espíritu viviente" son responsables del mantenimiento del orden cósmico: cada uno de ellos protege una parte del cosmos. Son mencionados diez firmamentos y ocho esferas terrestres. El cosmos debe ser puesto en movimiento con el propósito de conseguir la salvación actual de las partículas de luz. Para ello surge la tercera "emanación", de la cual la figura principal es el "tercer enviado" o el "Dios del reino de la luz"; su residencia es el sol, su aspecto femenino, viz. sus hijas, son las doce vírgenes de la luz que representan el zodíaco. Él pone en movimiento el mecanismo para la purificación de la luz en la forma de las tres ruedas de fuego, agua y viento.

Para recibir las partículas de luz purificadas, él crea el "pilar de gloria" que también es llamado "Hombre perfecto" (una restauración del Hombre primordial). Éste se hace visible en la Vía Láctea. Mediante él las partículas de luz liberadas ascienden a la luna, la cual las junta hasta estar llena (luna llena) para luego pasarlas al sol, vaciándose (luna nueva). Desde allí van al "nuevo eón" que en el ínterin había sido diseñado por el "gran arquitecto". Con el objeto de despojar a los arcontes de la luz que habían recibido, el "tercer enviado" se muestra descubierto en su aspecto masculino y femenino, con lo cual los lujuriosos arcontes se profanan entre ellos o abortan. El semen cae, por un lado en tierra seca y de él surge el mundo vegetal; por otro lado cae en el mar y produce un monstruo marino que es derrotado por el "Adamás-Luz". Los embriones abortados caen sobre la tierra, se vuelven demonios y devoran los frutos de las plantas (i.e. la semilla de las tinieblas mezcladas con luz), se fertilizan a sí mismos, y así producen el mundo animal. De este modo, las partículas de luz se encuentran en las plantas (aquí particularmente fuerte), los animales y los demonios.

Como las Tinieblas teme la pérdida final de las partículas de luz, se esfuerza por mantenerlas lo más cerca suyo posible y así planea una creación opuesta a aquella del tercer enviado. Por medio de dos demonios escogidos, Saklas ("tonto") y Nebroel (también llamado Namrael), la primera pareja humana (Adán y Eva, en Persia: Gehmurd) es procreada de acuerdo a la "imagen" masculina y femenina del tercer enviado, de tal manera que previamente devoran a todos los demás demonios para así recibir la luz que quedaba en ellos. Todos los acontecimientos subsiguientes dependen ahora del destino del primer hombre. La contramedida del mundo de la luz consiste en que el tercer enviado llama a "Jesús el Luminoso", y lo envía a Adán para que lo ilumine en todo y así lo conduzca al "conocimiento" salvador. Así el plan de las tinieblas ha sido frustrado una vez más.

Para la salvación de la humanidad que se originó en Adán, Jesús, el Luminoso, llama a la "mente de luz" (nous de luz, en Persia: el gran Manuhmed), el cual es el padre de todos los apóstoles. A través de su mensaje liberador, él entra en todos los hombres que van a ser salvados. Mediante los regalos de cinco partes del "nous de luz", el alma es conducida a que se haga consciente de sí y es fortalecida en su poder de resistencia. De este modo el hombre es el sujeto central de los eventos del mundo. Su alma, como parte de la luz (i.e. de Dios), es el elemento a ser salvado, y el elemento salvador es el "espíritu" (nous o pneuma) que se le ha concedido por revelación o conocimiento.

El cuerpo es el componente tenebroso, maligno del hombre, el cual a su muerte retorna a su origen, las tinieblas, para así permitirle al alma ascender, en su estado liberado, a su lugar de origen. Pero el alma que permanece dormida renace en la tierra a una nueva vida (transmigración de las almas) hasta que es redimida o al fin juzgada. Este final del drama del mundo entero ocurre cuando el rescate de la luz se ha completado casi en su totalidad. A esto le siguen los sucesos conocidos por la tradición cristiana e irania: la manifestación de Jesús como rey, el enjuiciamiento del mundo y la disolución del mundo material por medio de una confrontación que purifica los elementos remanentes de luz. El Hyle (materia) es encarcelada y se toman medidas para que ningún cosmos vuelva a aparecer. Así se restituye aún más radicalmente el estado original.

En las comunidades ulteriores hubo divisiones en torno al problema de si todas las partículas de luz realmente retornan o si, después de todo, algunas están demasiado mezcladas con las tinieblas para hacerlo.

VIII. La doctrina de la redención

Para Manes, el suceso de la redención consiste esencialmente en el despertar del alma a través del conocimiento, para lo cual se necesitan los mensajeros de la luz, quienes aparecen en el curso de la historia en variados tiempos y lugares y sin embargo transmiten un solo mensaje: la verdad salvadora de acuerdo a la enseñanza maniquea. Figuras bíblicas y extra-bíblicas son consideradas como tales "apóstoles de la luz" y por lo tanto precursores de Manes; así Set, Noé, Enós, Henoc, Sem, Abraham, Buda, Aurentes, Zoroastro, Jesús y Pablo. El mismo Manes es la consumación y el apóstol de la última generación, el Mesías predecido y la realización de todas las religiones. Así es como él se ve a sí mismo, y por lo tanto, su comunidad ve en él al "redentor", "iluminador", "médico" (del alma), incluso Dios, como queda claro de las gráficas descripciones en la rica literatura hímnica.

En el sistema de Manes, la figura de Jesús era desmenuzada en varias figuras individuales, como a menudo pasa en la Gnosis: "Jesús el Luminoso" como figura celestial de revelación, que se corresponde con el Cristo del pléroma gnóstico, y el Jesús terreno como mensajero de la luz que actúa bajo las órdenes del nous celestial o de la luz, y sufre sólo en apariencia (la crucifixión, por lo tanto, no tiene valor redentor sino, como mucho, valor simbólico); en el maniqueísmo del norte de África también aparece el "Jesús sufriente" (Jesus patibilis) como símbolo de las partículas de luz sufrientes, el "espíritu viviente" del Hombre primordial, mientras que en otros textos, en cambio, se menciona al "niño Jesús" que espera la redención.

IX. La iglesia maniquea

La "iglesia" organizada por Manes es la comunidad definitiva de salvación, la cual tiene la tarea de cuidar de la luz que todavía está en el mundo evitando atormentarla y tratando de purificarla y llevarla de vuelta. La ascética de vida que se sigue de esto consiste en "reducir todas las relaciones vitales al mínimo" (H. Jonas), lo que en la práctica puede ser realizado sólo por unos pocos. La consecuencia de esto es la división de la comunidad en dos grupos diferenciados. El núcleo real de la "iglesia" está formado por los "elegidos" (electi) o "perfectos", quienes también son llamados "justos" o "veraces", alrededor de los cuales se reúne el gran círculo de los "oyentes" (auditores) o "catecúmenos". La jerarquía era reclutada sólo de entre los "elegidos": la "cabeza de la iglesia" (archegos, princeps) como sucesor de Manes, los doce apóstoles o "maestros" (magistri), los 72 obispos o diáconos, los 360 "ancianos" (presbíteros) y el resto de los elegidos. La mujeres podían obtener el estado de elegido pero no podían ocupar cargos. El monasterio se transformó en la forma exterior de la iglesia maniquea en el Turkestán, probablemente por influencia budista.

De acuerdo con la estructura dual de la comunidad, también variaban los estándares de comportamiento ético-moral. Las severas demandas exigidas por la ética maniquea, cuya idea básica consistía en la adquisición de salvación por medio de la renuncia, podían ser cumplidas sólo por los elegidos. Ellos estaban sujetos al "triple sello de la boca, la mano y los órganos sexuales", i.e. ellos tenían que abstenerse por completo de consumir carne y vino, de la mentira y la hipocresía, y de dañar a la naturaleza mediante el trabajo o la relación sexual.

Maltratar animales, dañar plantas (los elegidos, por lo tanto, caminaban cabizbajos), contaminar el agua, todas estas cosas implicaban "atormentar" a la luz encerrada allí y eran sacrilegio. Los "perfectos" debían dedicarse al estudio y la copia y traducción de escritos religiosos, todo lo cual, como muestran los hallazgos, hicieron de modo ejemplar. Ellos fueron famosos por su uso de buen papel y material de escritura. "Cuando los maniqueos gastan sus esfuerzos en la producción de sus escritos sagrados, son como los cristianos haciendo lo mismo por sus iglesias"; este es el juicio de un autor árabe (al-Jahiz). La posesión de riquezas materiales estaba prohibida para el individuo, pero a la comunidad le era permitido tener capital en forma de bonos y podía de esa manera amasar fortuna, como lo muestran los hallazgos en Turfan. "El que presta con usura no injuria la cruz de la luz", dice San Agustín.

La ulterior etimología popular germana que deriva maniqueos de "Mahn-nicheans", prestamistas, usureros, tal vez, proviene de esto. Por lo demás, la vida de el elegido era espartana; tenían permitido sólo una comida vegetariana a la que incluso se la restringía con los ayunos. Ya que tal vida no podía ser llevada sin el apoyo de otros, el círculo de los "oyentes" (auditores) era una necesidad de vida para los elegidos, del mismo modo que las trabajadoras lo son para los zánganos en una colmena. Los "oyentes" tenían que proveer el sustento de los elegidos y esto se les contabilizaba como buenas obras ("limosnas"). La culpa que ellos necesariamente cargaban por causa de su trabajo era perdonada por los elegidos, pero su salvación, i.e. el rescate de sus almas, se retrasaba; la oportunidad para esto yacía sólo en su reencarnación como una de las plantas llenas de luz, o como uno de los elegidos.

Ellos eran sólo representantes de segunda categoría de la comunidad para los cuales la observancia de los diez mandamientos era suficiente para probar su fe maniquea. Estos mandamientos eran: monogamia, la renuncia a la fornicación, a la mentira, la hipocresía, la idolatría, la magia, el matar animales, el robo y cualquier duda con respecto a su religión, así como también el deber de cuidar sin descanso de los elegidos. Sin ellos, sin embargo, la iglesia maniquea no podría haber sido viable, y los ricos mercaderes que se unían a ella como "oyentes" eran, sin duda, su columna vertebral económica y los que explican el impresionante lujo que encontramos aquí y allí.

X. La vida de la comunidad

Nuestra información acerca de la vida de las comunidades y en especial de sus servicios es inadecuada. Debido a que sólo el conocimiento es capaz de salvar, los sacramentos cristianos eran rechazados como instituciones de las tinieblas. A pesar de esto, había, por supuesto, ceremonias y ritos consistentes en oraciones, recitaciones de himnos, canto de salmos, lectura de escrituras, música, ayunos y fiestas. Para los elegidos estaban prescritas siete oraciones o cantos de alabanza, para los oyentes, cuatro. Numerosas regulaciones referidas al ayuno atravesaban la vida de la comunidad. Los elegidos tenían que ayunar cien días al año, 30 de ellos en forma corrida.

El acontecimiento central de la vida de la comunidad era la comida común ("la mesa") que los elegidos tomaban una vez al día y que era especialmente sagrada ya que servía para la purificación de la luz. Consistía de vegetales con un alto contenido de luz, tales como los pepinos y los melones, pan de trigo y agua o jugo de frutas. Los "oyentes" la servían ceremoniosamente y recibían a cambio de estas "limosnas", el perdón de los "pecados" cometidos por proveerla. Consumiendo esta comida, la luz contenida en ellos, la cual era descripta como "el alma sacrificada, muerta, oprimida y asesinada", era liberada de la mezcla de tinieblas o materia, y limpiada y purificada, y de este modo enriquecida en "el elegido" (como en un alambique).

El elegido, nos dice San Agustín, "exhalaban ángeles; sí, con cada quejido y gemido de su oración, brotaban partículas del Dios sumo y verdadero, las cuales permanecerían atadas en aquella fruta, salvo que fueran puestas en libertad por los dientes o el estómago de algún elegido santo" . No nos sorprende que los apologistas cristianos interpretaran esta "comida del misterio" como una imitación de la Eucaristía.

XI. Fiestas y ceremonias

La fiesta principal era la llamada fiesta de Bema, que se celebraba en memoria de la muerte de Manes en febrero/marzo y que, se supone, se correspondía con la fiesta cristiana de Pascua. Era precedida por un ayuno de treinta días y por la confesión. En el día de la celebración, se ubicaba la imagen de Manes sobre un "rostrum" o tribuna (en griego: bema), y se invocaba al apóstol de la luz con salmos de petición, alabanzas y acción de gracias, tales como los que pueden encontrarse en el Libro Maniqueo de los Salmos.

El resto de las ceremonias, tales como la imposición de manos y el extender la mano derecha (tal vez también una unción) parecen haber jugado un papel en la ordenación de los elegidos y la admisión al círculo de los oyentes. También había una especie de "misa de difuntos" que ayudaba a conducir a los muertos a su descanso. Una peculiaridad del maniqueísmo del este de Irán y de Asia Central fue la institución de la confesión y la penitencia, tal vez diseñadas según un prototipo budista. Se han preservado formularios de confesión que muestran una aguda consciencia de pecado.

XII. La comprensión del pecado

Esta consciencia del poder del pecado y de la posibilidad de recaer en él caracteriza la enseñanza de Manes en comparación con las otras sectas gnósticas. Con seguridad el alma es inocente, buena y pura, y sólo el cuerpo, o el mundo terreno, es asiento del pecado; pero sin la asistencia del espíritu divino, el nous de luz, el alma está impotente y desprotegida contra los poderes de las tinieblas en la forma del cuerpo y el mundo. Así que es necesario para el alma ser fortalecida por regulaciones y mandamientos eclesiásticos.

La entrada dentro de la comunidad destierra la influencia del poder de las tinieblas pero es incapaz de prevenir que ocasionalmente el cuerpo tome la iniciativa. Un simple "arrepentimiento" (metanoia) es suficiente para restaurar la pureza del alma; por esta razón la confesión se transformó en una institución importante en el maniqueísmo. Sólo es imperdonable el pecado de resistirse conscientemente al conocimiento redentor, el ser iluminado por el nous de luz, el Espíritu Santo; esto conduce sin remedio a una subordinación a las tinieblas (hyle).

* Traducción española del capítulo sobre el maniqueismo de K. Rudolph, Gnosis.
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