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Hacia el esplendor de la Almería musulmana

29/01/2003 - Autor: indalia.es - Fuente: www.indalia.es/
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Introducción

Será a partir del siglo III cuando en el Imperio Romano se acentúen una serie de problemas que ya existían en siglos anteriores, y que provocaron en última instancia un conjunto de transformaciones a nivel político, económico, social y religioso.

Así por ejemplo, en el plano político se produce una gran inestabilidad que se debe tanto a causas internas, como externas. En cuanto a las internas tenemos que destacar los períodos de guerras civiles y de anarquía militar motivados por el deseo de llegar al poder por parte de ciertos individuos y los grupos que los apoyan. En relación a las causas externas, podemos resaltar el debilitamiento de las fronteras del Imperio a causa de las invasiones de los pueblos germanos. Todas estas transformaciones provocaron el cambio en el modo de vida de los habitantes del Imperio.

En este sentido merece destacarse en primer lugar la pérdida de importancia que van a tener cuestiones como la ciudadanía y la autonomía de las ciudades del Sureste. Éstos fueron aspectos característicos del proceso integrador que vivió esta zona a partir de la conquista romana y que llevó a las comunidades que aquí existían a conseguir el status de municipios latinos durante el Alto Imperio. El primero de ellos se ve afectado por la concesión por parte del emperador Caracalla del Edicto de Ciudadanía Romana a todos los hombres libres del Imperio (212 d.C.), que se conoce con el nombre de Constitutio Antoniniana.

El principal efecto de este edicto fue un considerable aumento del número de ciudadanos romanos. Esto supuso que la tenencia de este status jurídico perdiera relevancia. Así pues, el hecho de ser o no ciudadano romano, que hasta ahora había diferenciado a la élite local desde el punto de vista político, ya no era importante. A partir de este momento será el grado de riqueza, que va unido al control de los medios de producción, el que sirva como diferenciación entre unas capas de la sociedad y otras.

En relación al segundo de los aspectos, la autonomía de las ciudades, durante esta época el Sureste también va a ser escenario de un mayor intervencionismo estatal, que se pone de manifiesto con el gobierno de la dinastía de los Severos (193-235). Con esta nueva política administrativa lo que se pretendía era llevar a cabo un control más efectivo sobre los amplios territorios del Imperio, y a la vez un retroceso en la autonomía local. Para ello, ya a finales del siglo II d.C. se aumentan las cargas tributarias, es decir, los impuestos y los tributos. Además las donaciones en dinero que hacían aquellas personas que ocupaban magistraturas pasan de ser libres y espontáneas (summa honoraria), a ser obligatorias (munus); esto repercute directamente en las magistraturas, puesto que al hacerse obligatorias algunas personas ya no querían ocupar dichos cargos. Por consiguiente, gran parte de la autonomía del municipio se ha perdido.

Un indicio del cambio que se produce en el modelo de vida en el Sureste es el descenso del número de epígrafes, pues la mayoría de los conservados están datados durante los siglos I y II d.C. Esta reducción es una expresión de la pérdida de importancia que tienen hechos como el dar a conocer a la comunidad el prestigio o la labor evergética de un hombre, o en algunos casos excepcionales de una mujer, entre otras razones porque esas labores también descienden. Con respecto a las inscripciones que conservamos, todas las dedicadas a los emperadores son de esta época, y se pueden poner en relación con la existencia de un culto imperial.

Entre el 284 y el 288 bajo el mando de Diocleciano todas la provincias pasan a ser imperiales, a la vez que se produce la reestructuración de la antigua división provincial de época de Augusto. Así pues, mediante ésta la Tarraconense quedó dividida en varias provincias, pasando a formar parte la zona del Sureste de la provincia Carthaginiense, que venía a coincidir prácticamente con la extensión del antiguo conventus del mismo nombre. Pero además, durante esta época se produce una redefinición del modelo de ciudad que se había desarrollado a partir de la conquista romana y que había llegado a su máxima expresión durante el Alto Imperio. Esto se evidencia en una menor extensión del núcleo urbano, tal y como ponen de manifiesto los restos de Abdera y Baria. Este retroceso, sin embargo, no implica la total decadencia y desaparición de las ciudades, puesto que algunas siguen apareciendo citadas en otras fuentes del siglo III o incluso posteriores, como pueden ser el Itinerario Antonino o el Anónimo de Rávena.

La etapa comprendida entre los siglos IV y V se caracteriza desde el punto de vista político y administrativo por la definitiva quiebra del poder imperial en Occidente. A la muerte del emperador Teodosio en el año 395, se produjo la división del Imperio en dos partes: a su hijo mayor, Arcadio, le correspondió Oriente, y a Honorio, Occidente.

Desde el punto de vista militar el Imperio de Occidente estaba más debilitado tanto por las luchas internas por el poder, como por las presiones de los pueblos germanos en las fronteras o limes occidental. Esta situación a lo largo del siglo IV provocó en última instancia la caída de Roma y el desmembramiento del Imperio de Occidente. Así por ejemplo en la Península Ibérica se produce la invasión visigoda, que durante los primeros siglos de su presencia no llegó a ejercer un control total del territorio peninsular.

Sabemos, pues, de la existencia de distintas áreas, entre ellas el sur peninsular, donde el control no fue intenso, dando lugar a una situación caracterizada por los intentos autonomistas de la aristocracia que seguía gobernando las antiguas ciudades. La autonomía de estas comunidades se va a quebrantar con la ocupación bizantina. Cuando el emperador Justiniano (527-565) llega al poder va a llevar a cabo una expansión en un intento de conquistar aquellos territorios correspondientes al Imperio Romano de Occidente que ahora pertenecían a los reinos germánicos. En relación a la Península Ibérica, los bizantinos entorno al 555 d.C. ocuparían gran parte de la costa mediterránea, aproximadamente desde el Estrecho de Gibraltar hasta Denia (Alicante), casi coincidiendo con lo que en otro tiempo fue la zona de las colonias fenicias, y donde las comunidades orientales estaban plenamente asentadas. Éstas, dedicadas principalmente al comercio, favorecieron la instalación de los bizantinos, pues su presencia suponía la apertura de las vías de comunicación y comercio en el Mediterráneo y el mantenimiento de sus actividades comerciales. Una de estas comunidades a las que hemos hecho referencia tendría su base en Baria como nos muestra una inscripción de caracteres griegos datada en el siglo VI, donde aparece mencionado Eutyches, hijo de Sambatius. La posición favorable que éstos mantienen, unida a la pasividad de la aristocracia, nos apuntan a la inexistencia de un cambio brusco.

Los datos apuntan hacia la pertenencia de la mayor parte del SE al dominio bizantino. Así poblaciones como Abdera, Urci o Baria, que se hallan en la desembocadura de las más importantes vías de comunicación, serían bases bizantinas, puesto que desde estos puntos es más fácil llevar a cabo ataques contra núcleos del interior como Basti (Baza), Acci (Guadix) o Iliberis (Granada). Durante esta época se va a llevar a cabo una nueva estructura administrativa, al pertenecer esta zona a la nueva provincia Spania, con capital en Carthago Spartaria (Cartagena), entrando a formar aparte de su sistema defensivo de doble limes. Este sistema de organización militar, va a estar compuesto por una doble línea de fortificación, compuesto por castra y civitates.

Con respecto a las civitates, éstas eran centros urbanos fortificados, generalmente costeros, como son Abdera, Urci o Baria. En cuanto a los castra, se trata de una serie de poblados amurallados que formaban una primera línea de fortificación del territorio conquistado por Bizancio. Sus habitantes recibían el nombre de limitanei, y estaban obligados a la defensa de un sector del limes, siendo sus funciones hereditarias. Su forma de mantenimiento se basaba principalmente en el cultivo por ellos mismos de una serie de tierras anejas a sus castra. Ejemplos de esto pueden ser Alba, Los Peñones (Tabernas), en Sierra Alhamilla, donde aparece una necrópolis con materiales de esta época, y que por su cercanía a Urci quizás pudiera estar en relación con la defensa de esta población.

Frente a este sistema defensivo, existía otro visigodo de las mismas características que servía para defender las urbes como Acci o Iliberis, al que pertenecerían zonas como la comarca de los Vélez, donde tenemos constatada la existencia de poblaciones visigodas como la necrópolis recientemente excavada en Vélez Rubio. Estas poblaciones deberían estar situadas en esta zona fronteriza, dominada por los castra, aunque la documentación que poseemos es escasa. Un ejemplo puede ser la población a la que pertenecía la necrópolis visigoda excavada recientemente en Vélez Rubio.

A partir del año 621 se produce la integración de este territorio en el reino visigodo cuando el rey Suintila (621-632) expulsa definitivamente a los bizantinos de la Península Ibérica. Muestra de ello es la concurrencia a partir del IV Concilio de Toledo del obispo de Urci, o en su caso el presbítero, a los concilios peninsulares. Esto se mantiene hasta el 713, fecha en la que se produce la sumisión del Sureste peninsular bajo el dominio musulmán. Administrativamente la conquista visigoda supone que los territorios del Sureste pasan a formar parte de las dos provincias tradicionales: por un lado, la Bética y, por otro, la Cartaginense. Durante esta época no se producen apenas cambios en la distribución del poblamiento. Sólo en el aspecto de la vida urbana se ve un cambio significativo, que es la pérdida de la importancia de ciudades como Abdera y Baria, que curiosamente parecen haber sido las ciudades de mayor relevancia hasta este momento. Frente a estas dos ciudades, vemos como Urci mantiene su prestigio, así se constituye como capital de la diócesis urcitana, donde reside un obispo, que es el que asiste a los Concilios de Toledo. Su importancia como centro cristiano ya existía desde el Bajo Imperio, puesto que en el siglo IV, su obispo ya asistió al Concilio de Elvira. La relevancia de esta ciudad se mantendrá, incluso en época musulmana, cuando Bayyana es recordada como la antigua Urci.

Al-Mariyya: una Madina de nueva planta

A través de la obra de al-Udri se deduce que ya en el siglo IX, una torre vigía, hacía las veces de observatorio de Pechina. Además de esta atalaya, que controlaba la intensa actividad comercial del fondeadero situado en la hasta hace poco rambla de la Chanca, existía un arrabal mantenido por el propio motor del comercio marítimo. Los textos también aportan datos referentes a la existencia en el año 933 de un arsenal califal, encargado de aumentar la flota y repararla. Especialmente significativas son las noticias, que el propio al-Udri nos ofrece, referentes a las campañas llevadas a cabo por la flota omeya bajo el almirantazgo de Ibn Rumähis contra Cataluña (año 940), el Midi francés (943) e Ifîquiya (945). En definitiva, queda reflejada tanto la importancia estratégica de la bahía de Almería, como el poder de la flota califal que acogía, y cuya misión más importante era neutralizar la amenaza fatimí.El puerto de Pechina (furdat Bayyana) se localizaba en la actual Chanca, hasta que el creciente poder fatimí, obligó a Abd al-Rahman III, a convertir en el año 954-955 el arrabal de Bayyana en una madina, rodeando de murallas a la población y reordenando sus defensas, levantando la Alcazaba sobre las ruinas de una fortaleza existente y construyendo la mezquita mayor. Aparece así, la fundación de una ciudad califal de nueva planta.

Al respecto, al-Udri nos dice "que el emir de los creyentes, Abd al-Rahman, mandó rodearla con una sólida muralla de piedra en el año 955". Recientes excavaciones arqueológicas, han puesto al descubierto parte de estos lienzos califales, realizados con sillares, en la clásica técnica de aparejo a soga y tizón. Hacia finales del siglo X, la extensión de Almería no deja de ser la de una ciudad pequeña, con centro en la mezquita mayor, hoy iglesia de San Juan, y con una calle que la atravesaba de Este a Oeste, denominada calle Real de la Almedina. Partiendo de la propia Alcazaba bajaban dos lienzos de muralla, uno al Este y otro al Oeste, hacia el mar. El frente Sur quedaba fortificado por otra línea de muralla que corría paralela al mar, de hecho las olas batían sus lienzos y torres. Este rectángulo irregular fue el primer solar fortificado de la ciudad de Almería. A levante, en el camino que partía hacia Pechina, se localiza la necrópolis más antigua de la ciudad y que hoy sabemos que al menos ocupaba la Plaza Vieja, la Calle Marín, la Calle Mariana y Lope de Vega.

La explosión urbana de Almería en el siglo XI

Tras la caída del califato cordobés (1010/1013), asistimos a una etapa de reveses que transforman la España islámica, pasando de ser una entidad razonablemente unificada a una desorganizada cadena de reinos, con sede en diferentes ciudades: los llamados Reyes de Taifas. Al-Andalus llegó a dividirse en 28 reinos que luchaban unos contra otros. En realidad se trataba de poderes dotados de mayor o menor prestigio y dominio, que extendían su autoridad, principalmente el derecho a percibir impuestos, designar las principales funciones jurídico-religiosas y asegurar el orden público, sobre territorios de extensión variable, más que sobre "estados" bien delimitados. Los textos no aluden a dominios territoriales sino a poderes más o menos preponderantes. De hecho, al-Udri, manifestaba una gran indiferencia por la geografía política de su época. En Almería, al inicio del período de la fitna (guerra civil), el poder estaba compartido entre Ibn Rawïs (bereber) y Aflah (eslavo). Lógicamente, las divergencias no tardaron en surgir y acabaron en una lucha abierta, que enfrentó a la Alcazaba (Aflah) con la madina (Ibn Rawïs). En el año 1014, la entrada de Jayrán en la ciudad fue definitiva, estabilizándose la situación. Al-Udri nos lo relata así: "...asedió a Aflah y a sus dos hijos duramente, hasta que consiguió demoler la Torre del Pozo y ocupar la Alcazaba".

Almería y sus distritos fueron consolidados, estableciéndose un reino independiente bajo el gobierno de Jayrán (1014-1028). La taifa de Almería se extendía desde los confines de la Mancha hasta la zona de Valencia, siendo las taifas limítrofes las de Granada, Valencia, Denia y Córdoba. A partir de ese momento el crecimiento de "al-Mariyya" (Almería) produjo la decadencia de Bayyana (Pechina), cuyos habitantes ya empezaron a trasladarse al nuevo centro neurálgico en los años 1011 y 1012. A pesar de las guerras internas, el período taifa fue una etapa de esplendor para Almería.

La ciudad siguió creciendo y desbordó el perímetro fortificado, teniendo que ampliar sucesivamente sus defensas. Al respecto Al-Udri, nos dice: "...construyó el fatá Jayrán la muralla que desciende del monte Layham (Cerro de San Cristóbal) hasta el mar y abrió en ella cuatro puertas: una puerta en la propia montaña; otra puerta por la que se sale a Pechina; la puerta conocida con el nombre de Bab-al-Marba y, por fin, una puerta próxima a la orilla del mar, llamada Bab al Sudán (Puerta de los Negros), pero que hoy es conocida con el nombre de Bab al-Asad (Puerta del León)." Esta fortificación protegía el arrabal de la Musalla (Oratorio).

Respecto al desarrollo económico, dos productos, el mármol y las telas de lujo, se constituyeron en sus pilares esenciales. El primero procedente de las minas de Macael, en la Sierra de los Filabres, y el segundo, generado en las hábiles manos de los maestros almerienses, cuyos tejidos de seda con brocados de oro y plata, eran solicitados en todo el Mediterráneo.

Le sucedió en el gobierno el fatá Zuhary (1028-1038). Su autoridad se extendió tanto que cayó bajo su jurisdicción la ciudad de Córdoba y sus distritos. Realizó obras en la mezquita mayor de la ciudad, ampliándola por tres de sus lados, e intervino en la muralla del arrabal de la Musalla. Almería es ya una ciudad consolidada y de bello aspecto. A su antigua madina, núcleo central y más antiguo, se le han adosado ya dos arrabales más, el citado de al-Musallà (Oratorio) a levante, y al-Hawd (Aljibe), el arrabal occidental y el núcleo más pequeño. Todo el complejo aparece fortificado.

"El Rey Poeta" Almutasín

Cinco reyes taifas más tuvo Almería, pero sobre todos ellos destacó al-Mutasim, que reinó durante un largo período de tiempo (1052-1091), siendo sin duda el período más brillante de la taifa independiente de Almería. A él le atribuyen los textos importantes obras en la Alcazaba, donde se recrean las excelencias del palacio que construyó.

Atraídos por la fama de la generosidad de al-Mutasim, conocido también con el sobrenombre de "el rey poeta", llegó a Almería un cuantioso número de poetas. Los que eran acogidos en su corte se inscribían en su diván poético, y el rey les asignaba con frecuencia una pensión de plata. Llegó a formar uno de los núcleos culturales más importantes de al-Andalus. Sólo una objeción histórica recae sobre su memoria, la de no haber sabido defender sus posesiones, que quedaron reducidas a la sola provincia de Almería. Ante el peligro de la reconquista cristiana solicitó ayuda, al igual que al-Mutamid (rey de Sevilla), al soberano almorávide Yusuf ibn Tasfin.

En plena agonía, al-Mutasin se da cuenta de su error, y cuando llegaban hasta él las voces de los que asediaban la ciudad dijo:¡ No hay más dios que Allah!. Todo ha sido duro para mi hasta la muerte. Seguidamente, susurró a uno de los presentes: "Cuida tus lágrimas y no las malgastes pues tendrás que llorar largo tiempo".

Tres meses después de su muerte, ocurrida en el año 1091 en la Alcazaba, la ciudad fue ocupada por los almorávides. Su familia tuvo que huir y dispersarse por el norte de Africa. Toda Al-Andalus fue sometida a la fuerza del poder almorávide.

Industria y comercio en la Almería Almorávide

Durante esta etapa los andalusíes, muy a pesar suyo, se encuentran sometidos al domino de un poder extranjero. El nuevo régimen almorávide condena las divisiones de los príncipes de taifas, el lujo de sus cortes, su incapacidad de hacer frente a la amenaza cristiana, su alejamiento de las inquietudes religiosas y la ilegalidad de su sistema fiscal. Lógicamente, con unos planteamientos como estos, el esplendor de la poesía y la literatura andalusíes que habían caracterizado el período anterior, se vio inevitablemente afectado. Sin embargo, bajo los almorávides continuó el florecimiento de Almería, pues durante todo el siglo XI se habían consolidado una serie de factores que influyeron positivamente sobre el desarrollo económico y comercial de la ciudad, que llegó a convertirse en un emporio de riqueza.

La ciudad, por aquellos años, aparecía a los ojos de sus visitantes como una mole cercada con murallas, donde se abrían puertas monumentales que, a veces, estructuraban cementerios, como el recientemente documentado de Bab-Bayyana (Puerta de Pechina), mercados o explanadas de uso religioso. Entre el Cerro de San Cristóbal y el de la Alcazaba, el barranco de la Hoya se encontraba totalmente poblado. En efecto, recientes excavaciones arqueológicas (1993) han puesto de manifiesto la urbanización de este espacio desde el siglo X, y han posibilitado comprobar el buen estado de conservación de sus restos. Al-Idrisi, que vivió entre los años 1100 y 1165, nos cuenta que: "Almería en la época de los almorávides era la ciudad de al-Andalus. Allí se fabricaban las piezas más maravillosas de la industria artesanal.

Contaba, para los tejidos de seda, con 800 talleres. Su puerto era frecuentado por embarcaciones procedentes de Alejandría y Siria y no había en toda Al-Andalus población más rica ni más dada al comercio y a la industria, como tampoco más inclinada a sacar beneficio de las fluctuaciones del libre comercio y de las reservas almacenadas." Pero toda esta situación iba a dar un giro brusco en el año 1147.

1147-1157: La década desafortunada

Dada la posición estratégica de la ciudad y el desarrollo de dos siglos de comercio con los puertos del norte africano y del próximo Oriente, Almería competía abiertamente con el comercio cristiano, fundamentalmente el genovés y catalán. Por consiguiente, genoveses y catalanes por motivos económicos, y Alfonso VII por motivos políticos, promueven una verdadera cruzada para conquistar la ciudad. La excusa estaba servida de la mano de la piratería. El cerco duró tres meses, tras los cuales un ataque por diversos flancos hizo sucumbir Al-Mariyya el 17 de Octubre de 1147. El rey Alfonso VII de Castilla, a partir de este momento se va a titular rey de Almería, sumándolo así a su ya larga lista de títulos.

El impacto de la conquista cristiana

Al-Idrisi (1100-1165) nos dice textualmente: "Almería en la época en la que escribimos nuestra obra, ha caído en manos de los cristianos, quienes han hecho desaparecer sus encantos; sus habitantes han sido reducidos a la esclavitud; los edificios públicos han sido destruidos y ya nada subsiste de todo ello".

Los efectos de esta breve conquista, sólo duró diez años, fueron nefastos para Almería. Su emporio comercial jamás se recuperó.

Cuerda seca

Mª. del Mar Muñoz Martín

La técnica denominada "cuerda seca" consiste en el trazado de una línea de manganeso separando las distintas zonas decorativas que se establecen en las piezas cerámicas. Estas delimitaciones reciben, posteriormente, los óxidos de plomo y pigmentos policromos. Tras su cocción, quedan perfectamente construidos los campos.

La decoración puede ocupar toda la superficie de la vasija (cuerda seca total) o bien quedar reducida a una parte de la misma (cuerda seca parcial). En el primer caso, las formas son mayoritariamente abiertas (platos y fuentes), mientras que en segundo, dominan las cerradas (jarras). Se trata de una técnica muy extendida en al-Andalus, con centros productores constatados en Pechina, Almería, Málaga, Murcia, Denia, Valencia y Toledo. Son elementos de gran riqueza formal y decorativa- simbólica al desarrollar temas que aluden a la eternidad, al paraíso islámico, al árbol de la vida o bendiciendo al poseedor del objeto.

La mezquita mayor de Almería

Pilar Sánchez Sedano.

Situada en el centro de la "madinat al-dajiliyya", fue mandada construir por Abd al-Rahaman III, hacia el año 965. En principio constaba de tres naves, pero ante el creciente aumento de la población, fue necesario llevar a cabo varias ampliaciones. La primera, añadiendo dos naves más (Jairán 1019-1020) y la segunda, durante el mandato de Zuhayr, pasando de cinco a siete naves. Al-Mutasin la dotó de agua en 1066 y el cadí Abu Atiya recreció su alminar en 1136.

La mezquita formaba un gran rectángulo de 70 por 45 metros de anchura, con siete naves y arcos con dovelas pintadas de rojo o alternando en franjas con el blanco. Las naves se abrían a un gran patio con limoneros, en cuyo centro se levantaba una fuente. El muro de la quibla y el mihrab aún se conservan. El primero construido en sillares de piedra dispuestos en aparejo califal, el segundo con un arco de herradura que deja paso a un espacio de planta cuadrada, convertido en octagonal mediante chaflanes volados y cubierto con una cúpula de gallones.

Con la llegada de los Reyes Católicos la mezquita se dedica a Iglesia de Santa María en 1491, para convertirla en Catedral en 1492. Sin embargo, el terremoto de 1522 la destruye y deja en pie solamente el muro de la quibla y el mihrab. Durante el siglo XVII se construye el actual templo de San Juan.

El comercio del mármol

Julián Martínez.

La explotación de las canteras de Macael, en la Sierra de los Filabres, convirtió a Almería en una de las regiones andalusíes más ricas en el comercio y explotación del mármol. Empleado como material de lujo, revistió los pavimentos y zócalos de los edificios más significativos de al-Andalus. Las salas de recepción de Madina al-Zahra, el mihrab de la mezquita de Córdoba o numerosos espacios de la Granada nazarí, como el Maristán y especialmente la Alhambra, se beneficiaron de sus productos. En el siglo XI se documenta la ejecución en mármol de Macael de columnas y capiteles, fuentes, pilas, brocales de pozos y una profusa elaboración de lápidas, estelas y macabrillas funerarias localizadas en las necrópolis almerienses. Tanto la ciudad de Almería como el palacio de Almutasín, fueron receptores de numerosos elementos de mármol blanco explotado desde el asentamiento de Macael Viejo.

Se conoce una estela funeraria esculpida en Almería de los soberanos de Gao, siglo XII, en Malí. Igualmente, las fuentes escritas recogen la exportación de una pila de mármol, tallada en Almería, a la ciudad de Fez, que se instaló en la Madrasa de Al-Misbahiya.

Poder y poesía en las taifas del siglo XI

Julián Martínez.

La actividad intelectual y literaria de Al-Andalus durante los siglos XI y XIII, pocas veces se mueve con independencia o fuera del control directo o indirecto del poder estatal. La formación de los reinos independientes, fuese cual fuese su amplitud o categoría, generó cultura. El soberano precisaba en su corte de una "oficina de redacción", donde los kuttab (secretarios) redactaban la correspondencia oficial. Esta correspondencia debía de ser, ante todo, una obra de arte en prosa rimada, independientemente de su contenido.

Las taifas del siglo XI fueron pródigas en soberanos poetas o amantes de la poesía en sus cortes. La ecuación soberanía-cultura, podía aumentar hasta el infinito sus potenciales si el monarca era personalmente aficionado a las letras o a las ciencias religiosas y este fue el caso de Al-Mutasin (1042-1091) en Almería. A veces un buen poema valía un ministerio.

Al-Mutaasím ibn Sumadih

"Al llegar la mañana mi corazón
quedó profundamente afligido y se
rompieron los talismanes de su entereza.

Monté a la grupa de mi caballo
para consolarle y dije a la espada:
se tú para mí como un talismán.

El conocimiento de los hombres
me ha disgustado a través de mi experiencia
con un amigo tras otro.

El tiempo aún no me ha deparado un amigo
cuya sinceridad me haya satisfecho, pues
siempre al final me he sentido afligido.

Cuando esperaba de él que me librase
de algún infortunio se convertía para
mí en mi propia desgracia.

He mandado mi saludo en el collar
de una paloma que será sobre la comarca
de Almería como un pebetero.

Y cuando se acerque a vosotros
os comunicará un mensaje más fragante
y aromático que cualquier perfume".

La Alcazaba de Almería

Julián Martínez

"No se asciende a su alcazaba si no es con fatiga, ni se trepa hasta ella si no es con pena; es sólida en su aspereza, extraordinaria en su inaccesibilidad". al-Udri, 1003/1085

Al igual que prácticamente todas las fortalezas islámicas, la Alcazaba almeriense responde a una adaptación perfecta al terreno. Su configuración viene determinada por el espolón rocoso sobre el que se asienta. Su origen hay que situarlo en la primera mitad del siglo X, cuando Abd-al Rahman III concede la categoría de madina al núcleo de Almería y ordena construir la Alcazaba, la Mezquita Mayor y la fortificación del espacio urbano. Bajo la protección de la Alcazaba, situada en un cerro aislado que domina la bahía, el puerto de Almería se convirtió en la salida marítima más importante de Al-Andalus. Aunque en la actualidad se pueden observar tres recintos diferenciados, en su origen la Alcazaba almeriense contó con sólo dos espacios separados por el Muro de la Vela.

En el primero, recientes excavaciones arqueológicas han permitido conocer su realidad:

Casas, aljibes, baños, necrópolis, etc, que constituían una auténtica "madina". Tras el Muro de la Vela se desarrolló un área palaciega dotada de todos sus servicios: baños públicos y privados, mezquita, casas, cuadras, hornos, aljibes y, en el corazón, un palacio con accesos fortificados y patio central.

Puntos de interés:

- La Alcazaba de Almería.
- La sobriedad del tercer recinto se impuso tras la conquista cristiana.
- Muralla Norte. Fachada mudéjar de la ermita de San Juan.
- Fuente de la estrella. Primer recinto.
- Muro de la Odalisca. Ventanas de la planta baja y primera.
- Torre de la Justicia desde el interior. Primer recinto.
- Entrada principal. Puerta de la Justicia.
- Cuadrante solar, siglo XI. Encontrado en la Alcazaba. (Actualmente en el Museo Provincial)
- Dos torres almenazadas del lienzo de la Hoya.
- Muralla de la Hoya y San Cristobal
- Vista interior de la muralla norte.
- Baños privados del palacio del segundo recinto.
- La Alcazaba se proyecta sobre la ciudad. Segundo recinto.
- Muralla Norte y Muro de la Vela, coronado por la campana de 1763.

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