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La historia de Abraham (Ibrahim)

(701-774) A.H. – (1301-1372) A.D.

29/01/2003 - Autor: Ibn Kathir - Fuente: Webislam
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Maqam de Ibrahim, junto a la Kaaba. Meca.
Maqam de Ibrahim, junto a la Kaaba. Meca.

Algunas de las Gentes del Libro dicen que su nombre fue Ibrahim Ibn Tarikh, Ibn Nahur, Ibn Sarough, Ibn Raghu, Ibn Phaligh, Ibn ‘Aher, Ibn Shalih, Ibn Arfghshand, Ibn Sam, Ibn Noah.

Dicen que cuando Tarikh tenía setenta y cinco años tuvo a Ibrahim, Nahor (Nohour) y Haran. Haran tuvo un hijo llamado Lot (Lut). Cuentan que Abraham era el segundo, y que Haran murió mientras aun vivía su padre, en la tierra donde nació, la tierra de los caldeos (Al-Kaldanieen), también conocida como Babilonia. En aquel tiempo mucha gente adoraba a ídolos de piedra y madera, otros adoraban a los planetas, las estrellas, el Sol y la Luna, y otros incluso adoraban a sus reyes y gobernantes.

Ibrahim nació en ese ambiente, en una típica familia de la antigüedad. Sin embargo, el jefe de la familia no era cualquier idólatra, sino que era alguien que rechazaba completamente a Allah y acostumbraba a hacer ídolos con sus propias manos. Algunas tradiciones dicen que el padre de Ibrahim murió antes de que él naciera y que fue criado por un tío al que Ibrahim llamaba padre. Otras tradiciones dicen que su padre estuvo con vida y se llamó Azer.

En esa familia nació Ibrahim, destinado a enfrentarse con su propia familia, y con todo el sistema que había en su comunidad. En definitiva, se enfrentó a toda clase de idolatría.

Estaba dotado de conocimiento espiritual desde temprana edad. Allah iluminó su corazón y su mente y le dio sabiduría desde su niñez. Allah, Todopoderoso, dice en el Coran:

“Y ciertamente dimos en la antigüedad a Ibrahim (parte de) la guía correcta, y estábamos bien informados de él (con respecto a su creencia en la unidad de Allah, etc.)” (1).

En su temprana infancia, Ibrahim se dio cuenta de que su padre hacía esculturas extrañas. Un día le preguntó acerca de qué era lo que había hecho. Su padre le respondió que hacía estatuas de dioses. Ibrahim quedó sorprendido y rechazó espontáneamente la idea. De niño jugaba con tales estatuas, sentándose en sus espaldas como la gente se sienta en las espaldas de los asnos y las mulas.

Un día, su padre le vio cabalgando la estatua de Mardukh y se puso furioso. Le ordenó a su hijo que no jugara más con él.

Ibrahim preguntó: “¿Padre, qué es esta estatua? Tiene orejas grandes, más grandes que las nuestras”.

Su padre le dijo: “¡Es Mardukh, hijo, el dios de dioses! Ésas orejas grandes muestran su gran conocimiento”.

Esto le hizo reír a Ibrahim. Tenía sólo siete años en ese entonces.

Pasaron los años e Ibrahim creció. Desde pequeño, su corazón estaba lleno de rechazo por estos ídolos. No podía comprender cómo una persona cuerda podía hacer una estatua y luego adorar lo que él mismo había hecho. Observó que estos ídolos no comían, no bebían ni hablaban, y que no podían levantarse si es que alguien les ponía hacia abajo. ¿Cómo era, entonces, que la gente podía creer que esas estatuas podían dañarlos o beneficiarlos?

El pueblo de Ibrahim tenía un gran templo lleno de ídolos, en cuyo centro había un nicho en el que se colocaban los dioses más importantes, de diferentes tipos, características y formas. Ibrahim, que solía ir al templo con su padre cuando era niño, despreciaba grandemente toda esa piedra y esa madera. Le sorprendía la manera en que su gente se comportaba cuando entraban al templo: se reclinaban y empezaban a llorar, suplicando e implorando ayuda a sus dioses, como si esos ídolos pudieran oír o entender sus súplicas.

Al principio, ese espectáculo le divertía, pero luego Ibrahim se enojaba por ello. ¿No era asombroso que toda esa gente pudiera ser engañada? A este problema, se añadía el hecho de que su padre quería que él fuera un sacerdote cuando creciera. Quería únicamente de su hijo que reverenciara esas estatuas, y sin embargo Ibrahim nunca cesó de sentir odio y desprecio por las mismas.

Una noche Ibrahim dejó su casa para ir a una montaña. Estuvo caminando solo en la oscuridad hasta que optó por ir a una cueva en la montaña, donde se sentó, apoyando su espalda contra la pared. Miró hacia el cielo. Apenas había comenzado a mirarlo cuando recordó que esos planetas y estrellas que miraba eran adorados por muchas gentes en la tierra. Su joven corazón sintió pánico. Entonces pensó en lo que está más allá de la luna, las estrellas y los planetas (es decir, Allah) y se asombró de que estos cuerpos celestes fueran adorados por los hombres, cuando los mismos habían sido creados para adorar y obedecer a su Creador, apareciendo y desapareciendo según su Mandato.

Entonces Ibrahim se dirigió hacia la gente que adoraba los cuerpos celestiales, como Allah, el Poderoso, ha revelado:

“Y así mostramos a Ibrahim el reino de los cielos y de la tierra, para que fuera de los convencidos. Cuando le cubrió la noche, vio una estrella y dijo: "Éste es mi Señor". Pero cuando desapareció, dijo: "No amo a lo que se desvanece". Cuando vio la luna que salía, dijo: "Éste es mi Señor". Pero al ver que desaparecía, dijo: "Si mi Señor no me guía, seré ciertamente de los extraviados". Cuando vio el sol que salía, dijo: "¡Éste es mi Señor! ¡Éste es mayor!". Pero cuando se ocultó dijo: "¡Gente mía, soy inocente de lo que asociáis a Allah! En verdad, vuelvo mi rostro, como hanif, hacia Quien ha creado los cielos y la tierra. Y no soy de los que asocian".

"Su pueblo disputó con él. Y él Dijo: "¿Me discutís sobre Allah cuando Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis. (Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?”.

“¿Y cómo habría de temer lo que Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene más motivos para estar a salvo, si sabéis...?”.

“Aquellos que creen y no empañan su creencia con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad, los que están guiados. Ésta es Nuestra Prueba, que dimos a Ibrahim sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos en grados. Es cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor”. (2)

En dicho debate, Ibrahim dejó en claro a su gente que los cuerpos celestes no son deidades y no pueden ser adorados como si fueran asociados de Allah, el Poderoso. Ciertamente, tales objetos son cosas creadas, ideadas, controladas, manejadas y puestas al servicio. Aparecen y desaparecen en ciertos momentos, perdiéndose de vista de nuestro mundo. Sin embargo, Allah, el Poderoso, nada pierde de vista y nada puede ocultársele. Él no tiene fin, y no desaparece. No hay más deidad que Allah.

Ibrahim les dejó en claro, en primer lugar, que los cuerpos celestes no son objetos para ser adorados y, en segundo lugar, que ellos están entre los signos de Allah. Allah, el Poderoso, ordenó:

“Entre Sus signos están la noche y el día, el sol y la luna. No os postréis ni ante el sol ni ante la luna sino postraos ante Allah que es Quien los ha creado, si sólo a Él lo adoráis”. (3)

El razonamiento de Ibrahim ayudó a revelar la verdad, y así empezó el conflicto entre él y su gente, pues los adoradores de las estrellas y los planetas no permanecieron callados. Empezaron a argumentar contra Ibrahim y a amenazarlo.

Ibrahim replicó:

"¿Me discutís sobre Allah cuando Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis. (Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?”.

“¿Y cómo habría de temer lo que Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene más motivos para estar a salvo, si sabéis...?”.

“Aquellos que creen y no empañan su creencia con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad, los que están guiados.” (4)

En el primer grupo están representados los encubridores, aquellos que adoraban los cuerpos celestes. La situación siguiente muestra al segundo grupo, aquellos que practicaban la idolatría.

Allah dio a Ibrahim el razonamiento necesario la primera vez así como cada vez que él argumentaba con su gente. Allah, el Poderoso, dijo:

“Ésta es Nuestra Prueba, que dimos a Ibrahim sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos en grados. Es cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor”. (5)

Ibrahim hizo lo que pudo para que su gente atendiera a la creencia en la unidad de Allah, el Poderoso, y a adorarle sólo a Él. Les pidió firmemente que renunciaran a la adoración a los ídolos. Le dijo a su padre y a su gente:

“¿Qué son estas estatuas a las que dedicáis vuestra adoración? Le dijeron: Encontramos a nuestros padres adorándolas. Él dijo: Realmente vosotros y vuestros padres estáis en un evidente extravío. Le dijeron: ¿Nos traes la verdad o eres de los que juegan? Él dijo: Muy al contrario. Vuestro Señor es el Señor de los Cielos y de la Tierra, el que los creó. Y yo soy uno de los que dan testimonio de ello”. (6)

Entonces todo se rompió entre Ibrahim y su gente, y empezó una pugna. El más asombrado y furioso era su padre (o su tío que lo había criado), pues, como se sabe, no sólo adoraba ídolos sino que los esculpía y los vendía. Ibrahim sintió que era su deber, como hijo, advertir a su padre respecto a ese proceder de manera que pudiera librarse del castigo de Allah.

Como hijo sabio, ni ridiculizó a su padre ni se burló de su conducta. Declaró amarlo, esperando el amor paternal. Entonces le preguntó en buenas maneras porqué adoraba ídolos sin vida que no podían escucharle, verle o protegerle. Y antes de que su padre se enfureciera, se apresuró en añadir:

“¡Padre! Me ha llegado un conocimiento que no te ha llegado a ti, sígueme y te guiaré por un camino llano. ¡Padre! No adores al Shaytán. Shaytán ha sido rebelde con el Misericordioso. ¡Padre! Temo de verdad que te llegue un castigo del Misericordioso y seas de los que acompañen al Shaytán. (Su padre) Le dijo: ¿Acaso desprecias a mis dioses, Ibrahim? Si no dejas de hacerlo, te lapidaré. Aléjate de mi durante mucho tiempo. Ibrahim dijo: La paz sea contigo. Pediré perdón por ti a mi Señor. Es cierto que Él es complaciente conmigo. Me alejaré de vosotros y de lo que adoráis fuera de Allah”. (7)

El fuerte trato de su padre no impidió que Ibrahim comunicara el mensaje de la verdad. Enojado y triste de ver a la gente postrarse ante ídolos, tomó la determinación de erradicar estas prácticas y fue a la ciudad a enseñar a la gente, sabiendo muy bien que podría sufrir daños.

Cual doctor experto que busca la causa de la enfermedad a fin de prescribir la cura adecuada, o como un juez que interroga agudamente al acusado a fin de averiguar la verdad, Ibrahim les preguntó: “¿Los ídolos les ven cuando se postran ante ellos? ¿Les proporcionan beneficios de alguna manera?” Ellos rápidamente trataron de defender sus creencias. Alegaron que sabían que sus ídolos no tenían vida, pero que vieron a sus antepasados adorándoles; esto era, para ellos, una razón suficiente para mantener su actitud idólatra.

Ibrahim les explicó que sus antepasados estaban equivocados. Esto les enfureció y replicaron: “¿Estás condenando a nuestros dioses y a nuestros antepasados? ¿O sólo estás bromeando?”

Ibrahim no se atemorizó, sino que respondió: “Lo digo en serio. Vengo a ustedes con un conocimiento verdadero. He sido enviado con la guía de nuestro Señor, El Único digno de adoración, el Creador de los Cielos y la Tierra, el que gobierna todos los aspectos de la vida, muy distinto en esto a los ídolos mudos, que son sólo de piedra y madera”.

Para convencerlos de que los ídolos no podían dañarle, les desafió: “Les he condenado; ¡si tuvieran algún poder ya deberían haberme dañado!”.

Allah, el Poderoso, dice:

“Recítales la historia de Ibrahim. Cuando le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué es lo que adoráis? Le dijeron: Adoramos ídolos a quienes continuaremos aferrados. Él dijo:¿Acaso os escuchan cuando los invocáis? ¿U os auxilian u os perjudican? Dijeron: No, pero encontramos a nuestros padres que así hacían.”

“Él dijo: ¿Habéis visto lo que adoráis vosotros y vuestros padres antiguos? Ellos son mis enemigos, al contrario del Señor de los Mundos. Que me creó y me guía. Que me alimenta y me da de beber y que, cuando estoy enfermo, me cura. Y el que me hará morir y luego me devolverá a la vida. Y de Quien espero con anhelo que me perdone las faltas el Día de la Rendición de Cuentas”. (8)

En otra sura Allah reveló:

“Y (recuerda a) a Ibrahim, cuando le dijo a su gente: “Adorad a Allah y temedle, ello es mejor para vosotros si sabéis. En lugar de Allah vosotros adoráis sólo ídolos. Estáis creando una mentira. Ésos que adoráis fuera de Allah no tienen poder para daros sustento. Así pues, buscad la provisión junto a Allah y adoradlo y agradecedle. A él habréis de volver. Pero si negáis la verdad... Ya lo hicieron naciones anteriores a vosotros. Al Mensajero sólo le incumbe transmitir con claridad”.

¿Es que no ven cómo Allah crea una vez de la nada y luego lo hace de nuevo? Eso es simple para Allah.

Di: “Id por la tierra y mirad cómo empezó la creación. Luego Allah hará surgir la última creación. Allah tiene poder sobre todas las cosas”.

Castiga a quien quiere y se apiada de quien quiere. A él habréis de retornar. No tenéis escape alguno ni en la tierra ni en el cielo. Ni tenéis protector o defensor fuera de Allah. Y los que se niegan a creer en los signos de Allah y en el encuentro con Él, ésos desesperan de Mi misericordia y tendrán un doloroso castigo”. (9)

Ibrahim les explicó la belleza de la creación de Allah, su Poder y Sabiduría. La adoración de ídolos es detestable para Allah, pues Allah es el Señor del Universo, El Creador de la humanidad, Quien guió a Ibrahim, le dio alimento y bebida, y le curó cuando estaba enfermo, Quien le hará morir y le dará vida nuevamente. Es Él a Quien Ibrahim adoraba y Quien le perdonaría sus errores el Día del Juicio. De todos modos, ellos no hicieron más que aferrarse firmemente a la idolatría.

Ibrahim abandonó la casa de su padre y abandonó a su gente y a lo que adoraban. Decidió hacer algo respecto a la incredulidad de ellos, pero lo mantuvo oculto. Sabía que iba a haber una gran celebración en la otra orilla del río a la que concurriría mucha gente. Ibrahim esperó hasta que la ciudad estuvo vacía, y entonces salió sigilosamente, dirigiéndose hacia el templo. Las calles conducentes allí estaban vacías y el templo mismo se encontraba desierto, ya que los sacerdotes también se habían ido al festival en las afueras de la ciudad.

Ibrahim llegó allí portando un bien afilada. Miró a las estatuas de los dioses de piedra y madera y a la comida que se ponía frente a ellos como ofrendas. Se acercó a una de las estatuas y preguntó: “La comida que te han puesto se está enfriando. ¿Porqué no la comes?”. La estatua se mantuvo en silencio y rígida. Ibrahim preguntó a las otras estatuas a su alrededor:

“¿es que no vais a comer (las ofrendas)”. (10)

Las estaba ridiculizando pues sabía que no comerían. Nuevamente les preguntó:

“¿Qué ocurre que no hablan?”. (11)

Levantó su hacha y empezó a destrozar a esos falsos ídolos que adoraba la gente. Los destruyó a todos excepto a uno, en cuyo cuello colgó el hacha. Heco esto, su ira se calmó y quedó en paz. Entonces salió del templo. Había cumplido con su deseo de mostrar a su gente el absurdo de adorar otra cosa que Allah.

Cuando la gente regresó, se quedaron sumamente impresionados al ver a sus ídolos destrozados en pedazos, dispersos por todo el templo. Empezaron a adivinar quién habría hecho esto a los ídolos y el nombre de Ibrahim les vino a la mente.

Allah, el Poderoso, dice:

“Dijeron:¿Quién ha hecho esto con nuestros dioses? Ciertamente es un injusto. Dijeron: Hemos oído a un joven referirse a ellos, le llaman Ibrahim. Dijeron: Traedlo a la vista de todos. Quizá pueda atestiguar. Dijeron: ¿Eres tú el que ha hecho esto con nuestros dioses, Ibrahim? Dijo: No; ha sido éste, el mayor de ellos. Preguntadles, si es que pueden hablar.”

“Volvieron sobre sí mismos y se dijeron entre sí: En verdad sois injustos. Luego, recayendo en su estado anterior de kufr, dijeron: Sabes perfectamente que éstos no hablan. Dijo:¿Entonces adoráis fuera de Allah lo que ni os beneficia ni os perjudica en nada? ¡Lejos de mi vosotros y lo que adoráis fuera de Allah! ¿Es que no podéis razonar?”. (12)

Furiosos, reclamaron que se arrestara y enjuiciara a Ibrahim. Éste no opuso resistencia. Era precisamente lo que quería, a fin de poder mostrar en público lo absurdo de sus creencias.

Le preguntaron, en el juicio, si él era responsable del destrozo de los ídolos. Sonriendo, les respondió que le preguntaran al ídolo más grande, que aún estaba entero. Les dijo que él debía ser el culpable. Le respondieron que sabían bien que el ídolo no podía hablar ni moverse, lo que le dio a Ibrahim la oportunidad de probar la ridiculez de adorar a esos objetos sin vida.

Entonces, ellos se dieron cuenta del sinsentido de sus creencias; sin embargo, la arrogancia no les permitía admitir su error. Lo único que pudieron hacer fue usar su poder de autoridad –como hacen usualmente los tiranos- para castigar a Ibrahim. Lo encadenaron y planearon su venganza.

El odio quemaba sus corazones. Decidieron lanzar a Ibrahim al fuego más grande que pudieran construir. Se ordenó a todos los ciudadanos que juntaran madera como servicio a sus dioses. En su ignorancia, las mujeres enfermas hicieron la promesa de que si se curaban darían mucha madera para quemar a Ibrahim. Durante muchos días se estuvo juntando el combustible.

Cavaron un hoyo profundo, que se llenó con madera de quemar que prendieron. Trajeron una catapulta con la que lanzar a Ibrahim al fuego. Metieron a Ibrahim en la catapulta, con las manos y los pies atados. El fuego ya estaba listo, con sus llamas llegando al cielo. La gente se quedó lejos del hoyo debido al gran calor que hacía. Entonces, el sacerdote principal dio la orden de lanzar a Ibrahim al fuego.

El ángel Gabriel se puso cerca de la cabeza de Ibrahim y le preguntó: “Oh Ibrahim, ¿deseas algo?”. Ibrahim le respondió: “De ti, nada”.

Se lanzó la catapulta, y se envió a Ibrahim al fuego, pero su descenso a las llamas fue un descenso gradual a un jardín fresco. Las llamas aún estaban allí, pero no quemaban, porque Allah, el Poderoso, había dado esta orden:

“¡Fuego! Sé frescura y seguridad para Ibrahim”. (13)

El fuego se sometió a la voluntad de Allah, volviéndose frescor y seguridad para Ibrahim. Sólo quemó sus ataduras. Y se sentó en medio del fuego como si se estuviera sentando en un jardín. Se puso a glorificar y a alabar a Allah, el Poderoso, con su corazón lleno únicamente de amor por Allah. No había allí lugar alguno para el temor, el pavor o la pena. Estaba lleno únicamente de amor.

El temor y el espanto se habían muerto, y el fuego se había vuelto frescura, haciendo agradable el aire. Aquellos que aman a Allah como Ibrahim, no temen.

Allah, el Poderoso, declaró:

“Aquellos (creyentes) a los que dijo la gente: Los hombres se han reunido contra vosotros; tenedles miedo. Pero esto no hizo sino incrementar su confianza y dijeron: ¡Allah es Suficiente para nosotros! ¡Y qué excelente Guardián! Y regresaron con una gracia y favor de Allah; ningún mal les había tocado. Siguieron lo que complace a Allah, y Allah es Dueño de un favor inmenso. Así es con vosotros el Shaytán, es atemoriza con sus amigos. Pero, si sois creyentes, no les temáis a ellos, temedme a Mí”. (14)

La multitud, los hombres de importancia y los sacerdotes se sentaron a observar el fuego a distancia. Éste les quemaba las caras y prácticamente les estaba asfixiando. Se mantuvo ardiendo por tal tiempo que los incrédulos pensaron que nunca se extinguiría.

Cuando terminó de arder, se quedaron enormemente sorprendidos de ver a Ibrahim venir del hoyo sin haber sido tocado por el fuego. Sus caras estaban negras por el humo, pero la de él estaba luminosa con la luz y la gracia de Allah. El fuego furioso se había vuelto frescura para Ibrahim y sólo había carbonizado las cuerdas que le ataban. Salió del fuego como si estuviera saliendo de un jardín. Los idólatras gritaron de asombro. “Quisieron dañarle, pero Nosotros les hicimos los perdedores”. (15)

El milagro asombró a los tiranos, pero la llama de odio de sus corazones no se enfrió. De todos modos, después de este suceso, varias personas siguieron a Ibrahim, aunque algunos mantuvieron en secreto su creencia por temor a sufrir daños o a ser muertos en manos de los gobernantes.

Cuando el rey Namrud escuchó cómo Ibrahim había escapado exitosamente al fuego montó en cólera. Temió que el estatus de divinidad que proclamaba para sí mismo se cambiara ahora por el de un ser humano corriente. Convocó a Ibrahim a palacio y mantuvo un diálogo con él que Allah, el Poderoso, nos relata:

“¿No has visto a aquel que, porque Allah le había dado soberanía, desafió a Ibrahim discutiéndole a su Señor? Dijo Ibrahim: Mi Señor da la vida y da la muerte. Dijo él: Yo doy la vida y doy la muerte. Dijo Ibrahim: Allah trae el sol desde el oriente, tráelo tú desde occidente. Y el kafir que se negaba a creer se quedó sin habla. Allah no guía a los que son injustos”. (16)

La fama de Ibrahim se extendió por todo el Imperio. La gente hablaba de cómo se había salvado del fuego y de cómo había hablado con el rey y le había dejado sin argumentos. Mientras tanto, Ibrahim seguía llamando a la gente a Allah, haciendo un gran esfuerzo para guiar a su gente por el camino recto.

Trató por todos los medios de convencerlos. Sin embargo, a pesar de su amor y el cuidado que tenía por su gente, éstos se enfadaron y le dejaron. Sólo un hombre y una mujer de su gente compartían su creencia en Allah. El nombre de la mujer era Sarah, y se hizo su esposa. El nombre del hombre era Lut (Lot), y era un profeta.

Cuando Ibrahim comprendió que nadie más seguiría su llamada, decidió emigrar. Dejó su pueblo y viajó con su esposa y con Lut a una ciudad llamada Ur, de ahí a otra llamada Haran, y de ahí a Palestina.

Allah, el Poderoso, dijo:

“Y Lut Creyó en él (en Ibrahim). Él (Ibrahim) dijo:He de emigrar por mi Señor, es cierto que Él es el Inigualable, el Sabio”. (17)

Luego de estar en Palestina, Ibrahim viajó a Egipto, llamando a la gente a creer en Allah por dondequiera que iba, juzgando rectamente entre la gente y guiándoles a la verdad y la justicia.

Abu Hurairah relata que Ibrahim no mintió sino solamente en tres ocasiones, dos de ellas por causa de Allah, cuando dijo: “Estoy enfermo”, (18) y cuando dijo: “(No lo he hecho sino que) este ídolo grande lo hizo”. La tercera fue cuando Ibrahim y Sarah (su esposa), en un viaje, pasaron por el territorio de un tirano. Alguien le dijo al tirano: “Este hombre (es decir, Ibrahim) está acompañado de una mujer fascinante”. Entonces, envió por Ibrahim y le preguntó acerca de Sarah diciendo: “¿Quién es esta dama?”. Ibrahim dijo: “Es mi hermana”. Ibrahim fue donde Sarah y le dijo: “¡Oh Sarah! No hay más creyentes sobre la faz de la tierra que tú y yo. Este hombre me preguntó acerca de ti y le he dicho que eres mi hermana; no contradigas lo que le dije”. El tirano entonces llamó a Sarah, y cuando ella fue donde él, trató de retenerla con su mano, pero (su mano se puso rígida y) quedó confundido. Le pidió a Sarah: “Ruega a Allah por mi y no te haré daño”.

Entonces Sarah pidió a Allah que se curara y quedó curado. Trató de tomarla por segunda vez pero (su mano se puso tan o más rígida que la vez anterior y) quedó más confundido. Le pidió nuevamente a Sarah: “Ruega a Allah por mi y no te haré daño”. Sarah pidió a Allah nuevamente por él y el hombre quedó bien. Entonces él llamó a uno de sus guardias, (el que la había traído) y le dijo: “No me has traído a un ser humano, sino que me has traído a un demonio”. El tirano le regaló a Sarah, como doncella sirviente, a Hajar. Sarah regresó (donde Ibrahim) mientras él estaba rezando. Ibrahim, haciendo un gesto con su mano, le dijo: “¿Qué ha pasado?”. Ella respondió: “Allah estropeó el turbio plan del kafir y me dio a Hajar en servidumbre”. Abu Hurairah se dirigió entonces a los que le escuchaban diciendo: “Ésa (Hajar) es vuestra madre, Oh Bani Ma-is-Sama (es decir, los árabes, descendientes de Ismail, hijo de Hajar)”.

Sarah, la esposa de Ibrahim, era estéril. Había recibido a Hajar, que era egipcia, como su sirviente. Ibrahim había envejecido, y su cabello ya estaba gris después de muchos años dedicados a llamar a la gente a Allah. Sarah pensó que ella e Ibrahim se encontraban solos porque ella no podía concebir un hijo. Por tanto, ofreció a su esposo a su sirviente, Hajar, en matrimonio. Hajar dio a luz a su primer hijo, Isma’il (Ismael), cuando Ibrahim era ya un hombre de avanzada edad.

Ibrahim vivió en la tierra adorando a Allah y llamando a la gente al tawhid, pero ya estaba viajando hacia Allah, conocedor de que sus días en la tierra eran limitados y que serían seguidos por la muerte y, finalmente, la resurrección. El conocimiento de la vida después de la muerte llenaba a Ibrahim de paz, amor y certeza.

Un día, él imploró a Allah que le mostrara cómo haría para resucitar a los muertos. Allah le ordenó a Ibrahim que tomara cuatro aves, las cortara en pedazos, mezclara las partes de sus cuerpos, las dividiera en cuatro grupos, y los colocara a cada uno en la cima de cuatro montes diferentes, y que entonces llamara a las aves en el nombre de Allah. Ibrahim hizo como se le dijo. De inmediato, las partes mezcladas de las aves se separaron para unirse a sus cuerpos originales en diferentes lugares, y las aves volaron hasta donde estaba Ibrahim.

Allah, el Poderoso, reveló:

“Y (recuerda) cuando Ibrahim dijo: ¡Señor mío! Déjame ver cómo resucitas lo que está muerto. Dijo: ¿Acaso no crees? Dijo: Por supuesto que sí, pero es para que mi corazón se tranquilice. Dijo: Toma, entonces, cuatro pájaros distintos, córtalos en pedazos y, a continuación, pon un pedazo en cada monte y luego llámalos. Vendrán a ti en el acto. Y sabe que Allah es Poderoso, Sabio”. (19)

Sección Dos – La historia de Isma’il (la paz sea con él)

Un día, Ibrahim se despertó y le pidió a su esposa Hajar que fuera por su hijo y se preparara para un largo viaje. A los pocos días, Ibrahim partió con su esposa Hajar y su hijo Isma’il. El pequeño era aún un niño de pecho; aún no había sido destetado.

Ibrahim caminó a través de tierras cultivadas, desiertos y montañas hasta que alcanzó el desierto de la Península Arábiga y llegó a un valle desertico, sin frutas, sin árboles, sin comida, sin agua. No había en el valle signo de vida. Una vez que Ibrahim ayudó a su esposa e hijo a desmontar, les dejó con una pequeña cantidad de alimento y agua que serviría escasamente para dos días. Se dio la vuelta y se alejó caminando. Su esposa fue presurosamente tras él diciendo: “¿A dónde vas, Ibrahim, dejándonos en este valle árido?”.

Ibrahim no le respondió, sino que continuó caminando. Ella repitió de nuevo lo que había dicho, pero él continuó en silencio. Finalmente, ella se dio cuenta de que él no estaba actuando por iniciativa propia. Comprendió que Allah le había ordenado hacer aquello. Le preguntó: “¿Allah te ordenó hacer esto?”. Él respondió: “”. Entonces, su extraordinaria mujer dijo: “No estaremos perdidos, pues Allah, que te lo ha ordenado, está con nosotros”.

Ibrahim invocó a Allah, el Poderoso, diciendo:

“¡Señor nuestro! He hecho habitar a parte de mi descendencia en un valle desértico, junto a tu Casa Inviolable; ¡Señor nuestro! ¡Que puedan establecer la Oración!; así pues haz que los corazones de la gente se vuelquen hacia ellos y provéeles de fruto para que puedan ser agradecidos. ¡Señor nuestro! Tú conoces lo que escondemos y lo que manifestamos. No hay nada que pase desapercibido para Allah ni en la tierra ni en el cielo.” (20)

Ibn Abbas narró: “La primera mujer en usar un cinto fue la madre de Isma’il. Usaba un cinto de manera que pudiera ocultar sus huellas de Sarah (al arrastrarlo). Ibrahim le llevó a ella y a su hijo Isma’il, mientras ella lo estaba amamantando, a una zona cerca de la Ka’ba bajo un árbol, en el lugar de Zam-zam, al lugar más alto en la mezquita. Por esos días no había nadie en la Mecca, y tampoco había agua, por lo que les hizo sentar y les puso cerca una bolsa de cuero con algunos dátiles y un pequeño recipiente de agua hecho de piel con algo de agua, y se embarcó hacia casa. La madre de Isma’il le siguió, diciéndole: ‘¡Oh Ibrahim!, ¿a dónde vas dejándonos en este valle en el que no hay nadie cuya compañía podamos tener, ni hay nada (de que disfrutar)’ Se lo repitió varias veces, pero él no se volvía a mirarla. Entonces le preguntó: ‘Allah te ha ordenado hacer esto?’ Él dijo: ‘Sí’. Ella dijo: ‘Entonces él no nos descuidará’, y regresó, mientras Ibrahim proseguía su camino. Al llegar el Thaniya, donde ellos no podían verle, miró hacia la Ka’ba y elevando ambas manos, invocó a Allah diciendo las siguientes oraciones:

“¡Señor nuestro! He hecho habitar a parte de mi descendencia en un valle desértico, junto a tu Casa Inviolable; ¡Señor nuestro! ¡Que puedan establecer la Oración!; así pues haz que los corazones de la gente se vuelquen hacia ellos y provéeles de fruto para que puedan ser agradecidos. ¡Señor nuestro! Tú conoces lo que escondemos y lo que manifestamos. No hay nada que pase desapercibido para Allah ni en la tierra ni en el cielo.” (21)

La narración de Ibn Abbas continúa diciendo: “La madre de Isma’il fue a amamantarle, y consumió el agua (que tenía). Cuando el agua del recipiente ya se había agotado, ella y su hijo se encontraron sedientos. Ella miraba a Isma’il que se agitaba en la agonía. Le dejó, pues no podía soportar verle así, y vio que la montaña de As-Safa era la montaña que estaba más cerca en esa tierra. Se plantó en su cima y empezó a mirar agudamente hacia el valle a fin de ver a alguien, pero no pudo ver a nadie. Entonces descendió de As-Safa y al alcanzar el valle, se recogió la túnica y empezó a correr por el valle como una persona angustiada, en peligro, hasta que cruzó el valle y llegó a la montaña de Al-Marwa. Paró allí, y se puso a observar, esperando encontrar a alguien, pero no encontró a nadie. Repitió eso (el correr entre Safa y Marwa) siete veces”.

El Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él, dijo: “Éste es el origen de la tradición del Sa’y (22), de que las gentes vayan entre ambos (es decir, Safa y Marwa). Cuando ella alcanzó Al-Marwa (la última vez) escuchó una voz y se dijo a sí misma que debía estar quieta y escuchar atentamente. Escuchó la voz nuevamente y dijo: ‘¡Oh, (quien quiera que seas)! Me has hecho escuchar tu voz; ¿tienes algo para ayudarme?’. Y vió un ángel en el Zam-zam, cavando la tierra con su tacon (o con su ala) hasta que el agua brotó de ese lugar. Ella empezó a hacer algo así como un dique alrededor, con su propia mano, y empezó a llenar su cuenco de piel con sus manos, y el agua seguía saliendo y saliendo después de que había terminado de vaciar parte del agua”.

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, añadió: “¡Que Allah conceda su misericordia a la madre de Isma’il!. Si ella hubiera dejado al Zam-zam que fluya sin tratar de controlarla, sería una corriente que fluiría sobre la faz de la tierra”.

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, continuó: “Entonces ella bebió (el agua) y dio de mamar al niño. El ángel le dijo: ‘No temas ser abandonada, ya que ésta es la Casa de Allah que será construida por este niño y por su padre, y Allah nunca abandona a su gente’. La Casa (es decir, la Ka’ba) estaba en ese tiempo en un lugar elevado, y parecía un montículo, y cuando llegaban las corrientes, fluían por la derecha y la izquierda”.

“Ella vivió así hasta que una gente de la tribu de Jurhum o una familia de Jurhum pasaron cerca de donde se encontraban, toda vez que (la gente de Jurhum) venían por el camino de Kada’. Se asentaron en la parte más baja de la Mecca, donde vieron a un ave que suele volar alrededor del agua, sin separarse de allí. Ellos dijeron: ‘Este pájaro debe estar sobrevolando alrededor del agua, aunque sabemos que no hay agua en este valle’. Enviaron a uno o dos mandaderos que descubrieron la fuente del agua y regresaron a informarles acerca de la misma. Entonces todos partieron (hacia allí). La madre de Isma’il estaba sentada cerca al agua. Le preguntaron: ‘¿Nos permites morar contigo?’ Ella respondió: ‘Sí, pero no tendrán derecho de poseer el agua’. Ellos estuvieron de acuerdo. La madre de Isma’il estaba muy complacida con toda esta situación, ya que le agradaba mucho la compañía de la gente. Así, ellos se establecieron allí, y luego mandaron por sus familias, que vinieron y se establecieron allí con ellos, de manera que algunas familias se convirtieron en residentes permanentes en dicho lugar. El niño (es decir, Isma’il) creció y aprendió el árabe de ellos, y sus virtudes provocaron el amor y la admiración hacia él a medida que crecía, y cuando alcanzó la edad de la pubertad, le dieron por esposa a una mujer de entre ellos”.

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, prosiguió: “Después de la muerte de Hajar y después del matrimonio de Isma’il, Ibrahim vino para visitar a su familia, a la que tanto tiempo atrás había dejado allí. Sin embargo, no encontró a Isma’il allí. Cuando le preguntó a la esposa de Isma’il acerca de éste, ella le dijo: ‘Él ha ido a cazar, en busca de nuestro sustento’. Entonces él le preguntó acerca de su modo de vivir y de su condición, y ella le respondió: ‘Estamos viviendo en la miseria; vivimos en la dificultad y la indigencia’. Él dijo: ‘Cuando tu esposo regrese, transmítele mis saludos y dile que cambie el escalon de la puerta (de su casa)’”.

“Cuando Isma’il vino, parecía haber percibido algo inusual, por lo que preguntó a su esposa: ‘¿Alguien te ha visitado?’. Ella le dijo: ‘Sí, un anciano de tal y tal descripción vino y me preguntó por ti, le informé al respecto y me preguntó acerca de nuestra condición de vida, y le dije que estábamos viviendo en la dificultad y la indigencia’. En eso, Isma’il dijo: ‘¿Te avisó acerca de algo?’. Ella dijo: ‘Sí, me dijo que te transmitiera sus saludos y que te dijera que cambiaras el escalón de tu puerta’. Isma’il dijo: ‘Era mi padre, y me ha ordenado que te divorcie. Anda de regreso a tu familia. Así, Isma’il la divorció y se casó con otra mujer de entre ellos (es decir, los Jurhum)”.

“Luego Ibrahim permaneció lejos de ellos por un período tan largo como Allah quiso y entonces preguntó de nuevo por ellos pero no encontró a Isma’il. Entonces fue donde la esposa de Isma’il y le preguntó acerca de él. Ella dijo: ‘Ha ido en busca de nuestro sustento’. Ibrahim le preguntó: ‘¿Cómo les está yendo?’, preguntándole acerca de su sustento y condición de vida. Ella respondió: ‘Somos prósperos y estamos acomodados (es decir, tenemos todo en abundancia)’. Entonces ella agradeció a Allah. Ibrahim dijo: ‘¿Qué clase de comida comen?’. Ella dijo: ‘Carne’. Dijo él: ‘¿Qué es lo que beben?’. Ella respondió: ‘Agua’. Él dijo: ‘¿Oh Allah! Bendice su comida y su bebida’”.

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, añadió: “En aquel entonces ellos no tenían granos, y si los hubieran tenido, de todas maneras él habría invocado a Allah que los bendiga. Si alguien tiene sólo estas dos cosas como su sustento, su salud y su estado se afectarán negativamente, a no ser que viva en la Mecca”.

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, siguió así: “Entonces Ibrahim le dijo a la esposa de Isma’il: ‘Cuando venga tu esposo, dale mis saludos y dile que cuide con esmero el escalón de su puerta’. Cuando Isma’il regresó, le preguntó a su esposa: ‘¿Alguien preguntó por ti?’. Ella respondió: ‘Sí, un hombre de edad de buen aspecto vino hacia mi’. Entonces ella ensalzó a ese hombre y continuó: ‘Me preguntó acerca de ti y le respondí, y me preguntó acerca de nuestro sustento y le dije que estábamos en una buena condición’. Isma’il le preguntó: ‘¿Te aconsejó acerca de algo?’. Ella dijo: ‘Sí, me dijo que te diera sus respetos y ordenó que debías cuidar esmeradamente el escalón de tu puerta’. En eso, Isma’il dijo: ‘Ése era mi padre, y tú eres la entrada (de la puerta). Me ha ordenado que te mantenga conmigo’”.

“Entonces Ibrahim permaneció lejos de ellos por un período de tiempo tan largo como Allah quiso y preguntó luego por ellos. Vio a Isma’il bajo un árbol cerca de Zam-zam, afilando sus flechas”.

“Cuando éste vio a Ibrahim, se levantó para darle la bienvenida (y se saludaron uno a otro como el padre con su hijo y el hijo con su padre). Ibrahim dijo: ‘¡Oh Isma’il! Allah me ha dado una orden’. Isma’il dijo: ‘Haz lo que tu Señor te ha ordenado que hagas’. Ibrahim preguntó: ‘¿Me ayudarás?’. Isma’il dijo: ‘Te ayudaré’. Ibrahim dijo: ‘Allah me ha ordenado que construya una casa aquí’, señalando a un promontorio más alto que la tierra que le rodeaba.”

“Entonces ellos levantaron las bases de la Casa (es decir, la Ka’ba). Isma’il traía las piedras mientras que Ibrahim construía, y cuando las paredes ya estaban altas, Isma’il trajo esta piedra y la colocó para Ibrahim, quien se paró sobre ella y prosiguió la construcción. A la par, Isma’il le tendía las piedras y ambos decían:

“¡Señor nuestro, acepta esto (este servicio) de nosotros! Tú eres Quien oye, Quien sabe”. (23)

El Profeta, que la bendición y la paz de Allah sea con él, añadió: “Entonces ambos fueron a la construcción y dando vueltas alrededor de la Ka’ba decían: ‘¡Señor nuestro, acepta esto (este servicio) de nosotros! Tú eres Quien oye, Quien sabe’ (24).

Ibn Abbas narró una versión ligeramente diferente: “Cuando Ibrahim tuvo discrepancias con su esposa (por sus celos de Hajar, la esposa de Ibrahim), tomó consigo a Isma’il y a su madre y se fue. Tenían consigo un recipiente de piel con algo de agua. La madre de Isma’il solía beber agua de ese recipiente a fin de que tuviera más leche para su hijo. Cuando Ibrahim llegó a la Mecca, la hizo sentarse bajo un árbol y luego regresó a casa”.

“La madre de Isma’il le siguió, y cuando llegaron a Kada’ ella le dijo desde atrás: ‘¡Oh Ibrahim! ¿En manos de quien nos dejas?’. Él respondió: ‘(los estoy dejando) Al cuidado de Allah’. Ella dijo: ‘Estoy contenta de estar con Allah’. Regresó a su lugar y se puso a beber agua del recipiente, así que la leche para su hijo aumentó”.

“Cuando se había agotado el agua, se dijo a sí misma: ‘Sería mejor que fuera y mirara a ver si encuentro a alguien’. Ascendió a la montaña de As-Safa y observó, esperando encontrar a alguien, pero fue en vano. Cuando regresó al valle, corrió hasta que llegó a la montaña de Al-Marwa. Corrió de un lado a otro (entre las dos montañas) varias veces. Entonces se dijo a sí misma: ‘Sería mejor que regrese y mire cómo está mi hijo’. Mas repentinamente escuchó una voz, y le dijo a esa voz extraña: ‘Ayúdanos si nos puedes dar algo de ayuda’. ¡Ah! Ése era Gabriel (el de la voz). Golpeó la tierra con su talón así (Ibn Abbas golpeó la tierra con su talón para ilustrarlo) y salió a chorros. La madre de Isma’il estaba asombrada y empezó a cavar”.

Abu Al-Qasim, es decir el Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, dijo: “Si hubiera dejado al agua (que fluyera naturalmente sin su intervención), habría estado fluyendo sobre la faz de la tierra”.

Ibn Abbas continuó narrando: “La madre de Isma’il se puso a beber el agua, y aumentó así la leche para su hijo. Luego de ello alguna gente de la tribu de Jurhum vieron algunas aves mientras pasaban por el fondo del valle, lo cual les asombró. Dijeron: ‘Las aves sólo pueden encontrarse en un lugar en el que hay agua’. Enviaron a un mandadero que exploró el lugar y encontró el agua, y regresó informándoles al respecto. Entonces todos fueron hacia ella y dijeron: ‘¡Oh madre de Isma’il! ¿Nos permites permanecer contigo (o residir contigo)?’. (Y así, se quedaron allí)”.

“Con el tiempo su niño alcanzó la edad de la pubertad y se casó con una mujer de ellos. Entonces se le ocurrió una idea a Ibrahim que se la dijo a su esposa (Sarah). ‘Quiero visitar a las personas a mi cargo que dejé (en Mecca)’. Cuando llegó allí, dio saludos (a la esposa de Isma’il) y dijo: ‘¿Dónde está Isma’il?’. Ella respondió: ‘Se ha ido a cazar? Ibrahim le dijo: ‘Cuando venga, dile que cambie la entrada de su puerta’. Cuando Isma’il vino, ella le dijo eso, ante lo cual él le dijo: ‘Tú eres la entrada, así que ándate con tu familia (es decir, te divorcio)’”.

“Ibrahim pensó otra vez en visitar a las personas a su cargo que había dejado (en Mecca), y le comentó a su esposa (Sarah) su propósito. Ibrahim llegó a la casa de Isma’il y preguntó: ‘¿Dónde está Isma’il’? La esposa de Isma’il respondió: ‘Se ha ido a cazar’, y a continuación añadió: ‘¿Se quedará (algún tiempo) para que coma y beba algo?’ Ibrahim preguntó: ‘¿Cuál es su comida y cuál es su bebida?’. Ella respondió: ‘Nuestra comida es carne y nuestra bebida es agua’. Él dijo: ‘¡Oh Allah! Bendice su alimento y su bebida’.

Abu Al-Qasim, es decir el Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, dijo: En virtud de la invocación de Ibrahim es que hay bendiciones (en Mecca)”.

Ibn ‘Abbas continuó: “Una vez más, Ibrahim quiso visitar a su familia que había dejado (en la Mecca), así que le dijo a su esposa (Sarah) lo que había decidido. Fue y encontró a Isma’il detrás de la fuente de Zam-zam, componiendo sus flechas. Él dijo: ‘Oh Isma’il, tu Señor me ha ordenado que construya una casa para Él’. Isma’il le dijo: ‘Obedece a tu Señor’. Ibrahim dijo: ‘Allah también me ha ordenado que me ayudes en ello’. Isma’il dijo: ‘Entonces lo haré’. Por ende, ambos se levantaron e Ibrahim empezó a construir (la Ka’ba) mientras Isma’il le pasaba las piedras, y ambos decían:

“¡Señor nuestro, acepta esto (este servicio) de nosotros! Tú eres Quien oye, Quien sabe” (25).

Cuando la construcción ya era elevada y el hombre anciano (es decir, Ibrahim) ya no podía levantar más las piedras (a esa altura), se paró sobre la piedra de Al-Maqam e Isma’il continuó pasándole las piedras, y ambos decían: “¡Señor nuestro, acepta esto (este servicio) de nosotros! Tú eres Quien oye, Quien sabe”.

Allah, el Poderoso, nos contó de la aflicción de Ibrahim con su amado hijo:

“Y dijo (luego de ser rescatado del fuego): Me voy hacia mi Señor, Él me guiará. ¿Señor mío! Concédeme una descendencia de justos. Y le anunciamos un niño que habría de tener buen juicio.

Y cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas, le dijo: ¡Hijo mío! He visto en sueños que te sacrificaba, considera tu parecer. Dijo: ¡Padre! Haz lo que se te ordena y si Allah quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes.

Y cuando ambos lo habían aceptado con sumisión, lo tumbó boca abajo. Le gritamos: ¡Ibrahim! Ya has confirmado la visión que tuviste. Realmente, así es como recompensamos a los que hacen el bien. Ésta es, de verdad, la prueba evidente. Y lo rescatamos poniendo en su lugar una magnífica ofrenda (es decir, un carnero). Y dejamos su memoria para la posteridad. Paz para Ibrahim. Así es como recompensamos a los que hacen el bien. Él fue uno de Nuestros siervos creyentes”. (26)

El tiempo pasó. Un día Ibrahim estaba sentado fuera de su tienda, pensando acerca de su hijo Isma’il y del sacrificio de Allah. Su corazón estaba lleno de temor y amor a Allah por Sus innumerables bendiciones. Una larga lágrima cayó de sus ojos y le recordó a Isma’il.

Al mismo tiempo, tres ángeles descendieron a la tierra: Gabriel, Israphael y Michael. Vinieron en forma humana y saludaron a Ibrahim. Ibrahim se levantó y les dio la bienvenida. Les llevó adentro de su tienda, tomándolos como extranjeros y huéspedes. Les hizo sentar y se aseguró de que estuvieran cómodos, luego se excusó a sí mismo para ir a su gente.

Su esposa Sarah se levantó cuando él entró. Se había vuelto anciana y de cabello blanco. Ibrahim le dijo: ‘Tenemos tres extranjeros en la casa”. “¿Quiénes son?”, preguntó ella. “No sé nada de ellos”, respondió Ibrahim. “¿Qué hay de comida?” preguntó Ibrahim. “Medio carnero”, dijo ella. “¡Medio carnero! Mata a un gran ternero para ellos. Son extranjeros y nuestros huéspedes”, dijo mientras partía.

Los criados asaron y sirvieron el ternero. Ibrahim invitó a los ángeles a comer, y él empezó a comer para alentarlos a ello. Continuó comiendo, pero cuando miró a sus huéspedes para asegurarse de que estaban comiendo, se percató que ninguno había siquiera tocado la comida. Les dijo: “¿No van a comer?” Volvió a comer, y cuando les miró de nuevo vio que aún no comían. Sus manos ni se habían levantado para coger la comida. Empezó a temerles.

El temor de Ibrahim se incrementaba. Los ángeles estaban leyendo sus pensamientos, por lo que uno de ellos dijo: “No tengas miedo”. Ibrahim levantó su cabeza y respondió: “Sin duda tengo temor. Les pedí que comieran pero ni siquiera han extendido su manos para comer. ¿Quieren hacerme algún mal?”.

Uno de los ángeles sonrió y dijo: “Nosotros no comemos. Somos ángeles de Allah”. Entonces uno de ellos se dirigió hacia la esposa de Ibrahim y le dio las buenas noticias acerca de Ishaaq (Isaac).

Allah, el Poderoso, reveló: “Y fueron nuestros mensajeros a Ibrahim a llevarle las buenas noticias y dijeron: Paz, contestó: Paz; y no tardó en venir con un becerro asado. Pero al ver que no tendían sus manos hacia él, le pareció extraño y sintió miedo de ellos. Dijeron: No temas, hemos sido enviados a la gente de Lut. Y su mujer, que estaba de pie, se rió (ya sea porque los mensajeros no comieron su comida o por estar contenta por la destrucción de la gente de Lot) y le anunciamos a Ishaaq y después de Ishaaq a Yaqub. Dijo: ¡Ay de mi! ¿Cómo voy a parir si soy vieja y éste mi marido es un anciano? ¡Realmente esto es algo asombroso! Dijeron: ¿Te asombras del mandato de Allah? ¡Que la misericordia de Allah y Su bendición sean con vosotros, gente de la casa! Cierto que Él es Digno de alabanza, Glorioso!”. (27)

Notas:
(1). Sura 21: 51. (2). Sura 6: 75-83. (3). Sura 41: 37. (4). Sura 6: 80-82. (5). Sura 6: 83. (6). Sura 21: 52-56. (7). Sura 19: 43-48. (8). Sura 26: 69-82. (9). Sura 29: 16-23. (10). Sura 37: 91. (11). Sura 37: 92. (12). Sura 21: 59-67. (13). Sura 21: 69. (14). Sura 3: 173-175. (15). Sura 21: 70. (16). Sura 2: 258. (17). Sura 29: 26. (18). Cuando su gente celebraba un festival en honor de sus dioses, Ibrahim se excusó (de no poder ir) diciendo que estaba enfermo. (Ver Sura 37: 89). (19). Sura 2: 260. (20) Sura 14: 37-38. (21). Sura 14: 37. (22). Uno de los ritos del hajj o Peregrinación (a la Mecca). (23). Sura 2: 127. (24). Sahih Al-Bukhari. (25). Sura 2: 127. (26). Sura 37: 99-111. (27). Sura 11: 69-73.
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