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Aceptación

Ahora solo me queda un suspiro. ¿Que debo hacer?

13/01/2003 - Autor: Desconocido - Fuente: Webislam
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...tu que has adorado el fuego durante setenta años, pongamos ambos nuestras manos sobre las llamas ...
...tu que has adorado el fuego durante setenta años, pongamos ambos nuestras manos sobre las llamas ...

Hazreti Hasan al Basri tenía un vecino llamado Simeón que adoraba el fuego. Simeon cayó enfermo y estaba a las puertas de la muerte. Unos amigos suplicaron a Hasan que lo visitara y él lo hizo.

Halló a Simeón postrado en cama, ennegrecido por el fuego y el humo.

"Tema a Dios", lo aconsejó Hasan. "Te has pasado toda la vida entre el fuego y el humo. Acepta el Islam, tal vez Dios tenga piedad de ti".

"Tres cosas me impiden convertirme en musulmán", replicó el adorador del fuego. "La primera es que vosotros habláis mal del mundo, y sin embargo noche y día perseguís cosas mundanas. La segunda es que decís que la muerte es un hecho que debe ser enfrentado, y sin embargo no hacéis preparación para la muerte. En tercer lugar, decís que habréis de ver el rostro de Dios, y sin embargo, hoy hacéis todo lo contrario a Su voluntad".

"Esta es la prueba de aquellos que verdaderamente saben", comento Hasan, y continuó: "Bien, si los creyentes actúan como dices, ¿que tienes que decir de ti? Ellos reconocen la unidad de Dios, en tanto tu has malgastado tu vida en la adoración del fuego. Tu, que has adorado el fuego durante setenta años, y yo, que jamás he adorado el fuego —los dos iremos al Infierno. Las llamas nos consumirán a ti y a mí. Dios no te prestará atención, pero si El así lo quiere, el fuego no se atreverá a quemar ni un pelo de mi cuerpo. Pues el fuego es una cosa creada por Dios, y la criatura está sujeta a la voluntad del Creador. Ven ahora, tu que has adorado el fuego durante setenta años, pongamos ambos nuestras manos sobre las llamas y entonces veras con tus propios ojos la impotencia del fuego y la omnipotencia de Dios".

Diciendo así, Hasan puso su mano en las llamas y la mantuvo allí. Ni una partícula de su cuerpo se vio herida o quemada. Cuando Simeón vio esto quedo atónito. La luz del verdadero conocimiento empezó a abrirse paso en el.

"Durante setenta años he adorado el fuego", gimió. "Ahora solo me queda un suspiro. ¿Que debo hacer?".

"Conviértete en musulmán", fue la respuesta de Hasan.

"Si me das por escrito garantía de que Dios no me castigará", dijo Simeón, "entonces creeré".

Hasan escribió lo que se le pedía.

"Ahora llama a algunos honrados testigos de Basra para que refrenden este testimonio".

Los testigos firmaron el documento. Entonces Simeón, entre sollozos, proclamo su fe. Dicto a Hasan su última voluntad.

"Cuando muera, pídeles que me bañen, luego entrégame a la tierra con tus propias manos y pon entre las mías este documento. Será mi prueba".

Habiendo encargado esto a Hasan, Simeón hizo su preafirmación de la fe y murió. Lavaron su cuerpo, dijeron por el una plegaria y lo sepultaron con el documento entre las manos.

Esa noche Hasan se fue a dormir preguntándose que había hecho.

"¿Cómo puedo ayudar a un hombre que está ahogándose, si yo mismo estoy ahogándome? ¿Si no tengo control sobre mi propio destino, como me aventuro a prescribir los actos de Dios?".

Con esta idea se quedó dormido. En un sueño vio a Simeón resplandeciente como una vela; sobre la cabeza una corona, con finas vestiduras. Caminaba sonriente por el Jardín del Paraíso.

"¿Como estas, Simeón?", preguntó Hasan.

"¿Por que me lo preguntas? Puedes verlo por ti mismo", respondió Simeón. "La bondad de Dios Todopoderoso me trajo a Su presencia y graciosamente me mostró Su rostro. Los favores que me concedió superan toda descripción. Has hecho honor a tu promesa, así que acá tienes tu documento. Ya no tengo necesidad de el".

Cuando Hasan despertó encontró el pergamino en su mano.

"Dios mío", gimió, "sé muy bien que lo que Tu haces no tiene causa salvo Tu bondad. ¿Quien se sentirá perdido ante Tu puerta? Has admitido en tu presencia a un converso de setenta años, por una simple afirmación. ¿Como entonces excluirías a un creyente de setenta años?". 

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