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Israel promueve una política de limpieza étnica en Hebrón

Sharon dijo que era vital para Israel que existiera una continuidad territorial

13/01/2003 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: www.revistaamanecer.com
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Limpieza étnica en Hebrón (Foto www.culsans.com.ar)
Limpieza étnica en Hebrón (Foto www.culsans.com.ar)

El primer ministro israelí, Ariel Sharon ha aprovechado la emboscada del pasado 15 de noviembre contra una columna militar israelí para anunciar que Israel expandirá los asentamientos de judíos ultraortodoxos en la ciudad cisjordana de Hebrón, anulando así el Protocolo de 1997 y allanando el camino para la expulsión del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat, de Cisjordania.

La emboscada y el subsiguiente combate, que se alargó durante unas tres horas, costó la vida a 12 miembros de las fuerzas armadas israelíes, incluyendo al jefe militar de la región de Hebrón, a un coronel y a miembros de su séquito. Otros 15 soldados israelíes resultaron heridos. Tres combatientes palestinos, por su parte, cayeron en la lucha.

La Yihad Islámica reivindicó la acción armada contra el Ejército israelí a la que calificó de "una respuesta a los crímenes diarios y a las masacres cometidas por las fuerzas de ocupación sionistas contra nuestro pueblo", según señaló un comunicado de la organización enviado a los medios.

Las autoridades israelíes trataron en un principio de engañar a la opinión pública afirmando que los muertos de la emboscada no habían sido militares sino colonos que volvían a casa tras un peregrinaje diario a la Tumba de los Patriarcas. Cuando se hizo evidente que los muertos eran militares, el gobierno se negó a explicar por qué había hecho circular la falsa versión del principio.

La cifra de bajas fue una de las más graves causadas al Ejército de ocupación israelí en Cisjordania. El jefe militar israelí muerto era el de mayor rango desde el inicio de la actual intifada en septiembre de 2000. Esto causó un profundo malestar y turbación en el gobierno israelí y también explica los esfuerzos de Sharon por camuflar la masacre, mientras al mismo tiempo utilizaba el incidente como una excusa para poner en práctica su política expansionista.

Sharon dijo que era "vital para Israel" que existiera una continuidad territorial entre el asentamiento judío de Kiryat Arba -poblado por unos 7.000 colonos y situado en una colina que domina la ciudad-, el diminuto enclave judío dentro de Hebrón y la Tumba de los Patriarcas, un lugar religioso de la ciudad que es venerado tanto por los musulmanes como por los judíos. En otras palabras, los palestinos que viven entre el asentamiento, los enclaves y la Tumba serían obligados a abandonar sus hogares para dejar sitio a los colonos, política ésta que en todo el mundo se conoce con el nombre de "limpieza étnica".

Con el estilo cínico que le es habitual, Sharon dijo a los jefes militares israelíes en Hebrón que Israel "tiene que aprovechar esta oportunidad" y "establecer puntos de presencia judía". Ésta fue la primera vez que Sharon declaró públicamente que forma parte de su política de su gobierno el construir nuevos asentamientos o expander los ya existentes, aunque las propias acciones de su gobierno han puesto de manifiesto que esta política de limpieza étnica ha estado siempre en marcha. Cabe recordar que los asentamientos judíos en los Territorios Ocupados de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este son ilegales desde el punto de vista del Derecho Internacional y violan las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas, entre otras muchas.

El nuevo ministro de Defensa de Israel, el ultra Shaul Mofaz, envió tanques y vehículos acorazados para tomar el control de la ciudad, violando el así llamado Protocolo de Hebrón. Este Protocolo fue firmado en 1997 por el entonces primer ministro, y actual ministro de Exteriores, Benyamin Netanyahu, y el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat, que accedió a la permanencia de tropas israelíes en un sector de la ciudad a cambio de que le fuera permitido el trasladar su residencia desde Gaza a Ramallah. Según el Protocolo, el 80% de la ciudad quedó bajo control palestino. Los soldados israelíes seguirían, según el acuerdo, patrullando provisionalmente el centro religioso y comercial de la ciudad con el fin de proteger el enclave judío, incluso aunque 30.000 palestinos vivían en esa área. De este modo, Israel controlaba no sólo Jerusalén Este sino también Hebrón, la segunda mayor ciudad en Cisjordania.

Netanyahu ha justificado ahora la reocupación de la ciudad con la afirmación de que "todos los acuerdos suscritos han sido anulados por Arafat". Para atraerse el apoyo de la extrema derecha, Netanyahu pidió de nuevo la expulsión de Arafat y prometió medidas aún más duras contra la población de Hebrón: "Vamos a limpiar toda el área (de palestinos) y vamos a hacerlo nosotros mismos".

Según la agencia de noticias israelí Y-net, Sharon dijo en un encuentro del gabinete: "Hoy resulta claro que el Protocolo de Hebrón es nulo. No tiene ningún significado". En esta declaración se hallaba implícita una amenaza contra Arafat y su permanencia en su residencia de Ramallah. Aunque Sharon ha querido siempre eliminar a Arafat, sus mentores de Washington no le han permitido hacerlo hasta el momento.

Poco después de estas declaraciones, fuerzas de seguridad israelíes impusieron un toque de queda en Hebrón y arrestaron al menos a 40 palestinos. Asimismo, destruyeron las viviendas de tres familias palestinas y arrancaron los olivos del área circundante al lugar donde había tenido lugar la emboscada. Cabe recordar que los olivos constituyen la principal fuente de recursos económicos de los palestinos. Posteriormente, el gobierno israelí ordenó la demolición de 15 viviendas palestinas más en la ruta entre Kiryat Arba y el enclave judío de Hebrón.

Los colonos judíos no perdieron tampoco el tiempo. Docenas de jóvenes de los asentamientos colocaron tres contenedores en el lugar donde se encontraban anteriormente las viviendas y los olivos destruidos de los palestinos con el fin de establecer un nuevo "puesto", es decir, la base para un nuevo asentamiento. Zvi Katsover, líder de los colonos del asentamiento de Hebrón afirmó: "Hemos creado un nuevo puesto para un asentamiento y habría sido un pecado histórico no aprovechar esta ocasión. Tenemos que limpiar el terreno (de palestinos) para asegurar que exista una continuidad territorial judía entre Kiryat Arba y Hebrón". Él manifestó además que existía un proyecto para construir 1.000 viviendas judías en el área. "Confío en que Sharon lo ponga en práctica", añadió Katsover.

"Esto es más nuestro (de los judíos) que Tel Aviv", declaró por su parte, Meir Menachem, un profesor de Historia y Judaísmo y líder del asentamiento de Kiryat Arba, al diario The New York Times. También añadió que "no habrá paz hasta que el Mesías venga". Otro colono, Jonathan Stern, del asentamiento de Kiryat Arba, dijo que "toda esta área será limpiada en un par de semanas. Sólo viviremos en paz cuando los palestinos sean expulsados de aquí". Según The New York Times, "una multitud airada (de colonos judíos) aporreó las puertas de las viviendas palestinas cercanas y pintó con graffiti en sus muros: "Todo árabe muerto es una fiesta para mí".

La Administración Bush, en un intento de impedir que la actuación israelí en Hebrón obstaculice sus preparativos de guerra contra Iraq, aconsejó a Sharon que no adoptara una postura de fuerza hacia los palestinos. La sinceridad de esta declaración del gobierno norteamericano puede ser juzgada si se tiene en cuenta que, poco después, Bush autorizó un incremento de la ayuda militar a Israel, un asunto que cae dentro de la competencia del Congreso, que en la actualidad se encuentra completamente controlado por los republicanos. Según estos planes, la ayuda militar norteamericana a Israel para el año 2004 ascenderá a 2.160 millones de dólares, frente a los 2.100 del año 2003.

Hebrón ha sido durante mucho tiempo el escenario de un duro enfrentamiento entre los fanáticos colonos ultraortodoxos judíos y la población local palestina. En 1994, Baruch Goldstein, un extremista nacido en EEUU y que provenía del asentamiento de Kiryat Arba, mató a 29 palestinos que se hallaban rezando en la mezquita construida en la Tumba de los Patriarcas a hirió a otros 100 antes de ser abatido. Desde entonces su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los judíos extremistas.

Israel ha situado unos 1.000 soldados, una pequeña brigada, en la ciudad de Hebrón para asegurar la seguridad de unos 450 colonos judíos que han establecido de forma provocativa un asentamiento en el centro de la ciudad, donde viven 130.000 palestinos. Hebrón es el único lugar de Cisjordania donde existe un asentamiento judío justo en medio de una vecindad palestina, lo cual crea tensiones y violentos enfrentamientos que se suceden casi a diario. Los colonos roban y destruyen propiedades, arrasan los cultivos y hostigan y atacan a la población palestina con una total impunidad. Las fuerzas armadas israelíes ignoran o colaboran con los crímenes de los colonos.

Gideon Levi, un periodista israelí, escribió recientemente en el diario Haaretz, que "durante los dos últimos años, los palestinos han vivido sitiados en sus lugares de residencia en una forma que no tiene precedentes en la historia de la ocupación israelí. El hambre, la humillación y el riesgo diario para la vida -mucho mayor que el que los israelíes tienen que afrontar- son una realidad cotidiana. Cuando se reúnen en los días de Ramadan al atardecer para tomar la comida que rompe el ayuno , ven tanques en las calles y una pobreza desesperante en sus casas....".

Un crímen contra la humanidad

Hay que recordar que la expulsión de comunidades de sus lugares de residencia es un hecho que constituye un crimen contra la humanidad. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y otros convenios internacionales, incluyendo la Cuarta Convención de Ginebra, consideran las expulsiones ilegales, la transferencia de población, y su reubicación en otro lugar de manera forzada como formas de limpieza étnica.

Sin embargo, las recientes declaraciones de Sharon y Netanyahu en las que anunciaban abiertamente que iban a poner en marcha medidas de limpieza étnica no han generado ninguna reacción en su principal mentor, EEUU, ni en ningún otro país occidental. Incluso los medios de prensa liberales o de izquierda apenas se hicieron eco de tales declaraciones.

Este silencio en lo que respecta a Sharon y sus continuas y brutales violaciones de los derechos humanos choca sobre todo en un momento en el que está teniendo lugar un juicio contra el antiguo presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, en el Tribunal Penal Internacional de La Haya para la Antigua Yugoslavia. La acusación contra Milosevic se basa en que éste sancionó políticamente la limpieza étnica llevada a cabo contra los albanokosovares en la provincia de Kosovo. Esta limpieza étnica constituyó el motivo oficial por el que Occidente, en primer lugar EEUU, lanzó su campaña militar contra Yugoslavia en 1999.

No cabe duda de que Sharon -cuyos crímenes exceden con mucho los que Milosevic haya podido cometer-, Netanyahu, Mofaz o Shimon Peres, por citar sólo algunos, deberían ser juzgados como criminales de guerra por un tribunal internacional, si el Derecho Internacional fuera realmente efectivo. El gobierno israelí ha dado explícitamente instrucciones a sus fuerzas armadas y ha anunciado públicamente medidas que son universalmente reconocidas como constitutivas de una limpieza étnica. Sin embargo, los gobiernos occidentales, las Naciones Unidas, la prensa y los comentaristas políticos guardan silencio.

Esta política de ignorar deliberadamente los crímenes de los dirigentes israelíes, muestra también la hipocresía de aquellos dirigentes que en su día justificaron la guerra contra Yugoslavia en base a consideraciones morales. En las ocasiones en que las acciones criminales de Sharon han sido objeto de crítica por parte de Washington, esto se ha debido simplemente a que ellas eran consideradas contraproducentes por el gobierno norteamericano, especialmente en un momento en el que intenta -hasta ahora infructuosamente- lograr el apoyo de los regímenes árabes para una posible guerra contra Iraq. Sin embargo,EEUU ha estado ayudando a Israel a convertirse en el poder dominante en la región y le considera su mejor y más importante aliado.

Las medidas anunciadas por Sharon y Netanyahu en Hebrón no son, sin embargo, ninguna novedad. El propio Estado de Israel fue creado en 1948 sobre la base de una gigantesca limpieza étnica y la expulsión forzosa de centenares de miles de palestinos con el fin de establecer un estado religioso con una población mayoritaria judía. Desde entonces, los sucesivos gobiernos israelíes han llevado a cabo acciones de expulsión, transferencia y reubicación de la población palestina.

Durante la guerra de 1947-49, los atentados de las organizaciones terroristas sionistas jugaron un papel básico en lo que se refiere a la expulsión de los palestinos de sus hogares. En total, unos 700.000 palestinos se convirtieron en refugiados en otros países y no pudieron volver al territorio de la Palestina histórica, convertido en el Estado de Israel. Según datos de la ONU, aquellos refugiados y sus descendientes suman hoy ya unos cuatro millones de personas. Israel ha prohibido su regreso, pero concede -a través de la Ley del Retorno de 1950 y de la Ley de Ciudadanía de 1952- a cada judío, nacido en cualquier parte del mundo, que desee irse a vivir a Israel la ciudadanía y el derecho de residir en el territorio israelí de forma inmediata, incluso aunque no tenga ningún vínculo personal con dicho territorio.

Tras la Guerra de Junio de 1967, tuvo lugar otra transferencia de población. Aproximadamente 250.000 refugiados de 1948, que habían vivido durante casi dos décadas en Cisjordania y Gaza, tuvieron que abandonar estos territorios para refugiarse en otros países. Con posterioridad, ha habido otros intentos de parte de los gobiernos israelíes para poner en práctica una transferencia forzosa de la población. Las fuerzas israelíes expulsaron en un primer momento a los palestinos que vivían cerca de las líneas del cese el fuego y destruyeron sus pueblos y ciudades. Uno de los ejemplos más famosos es el de Kalkilya.

En 1982, tras la invasión israelí del Líbano, cientos de miles de refugiados palestinos y libaneses tuvieron que desplazarse de nuevo en dirección norte hacia los suburbios de Beirut para evitar la guerra y huir de la ocupación militar israelí del sur del Líbano. Una investigación internacional de seis juristas, incluyendo al cofundador de Amnistía Internacional, encontró entonces a Israel culpable de un intento de "etnocidio" y de "genocidio" contra el pueblo palestino. El informe señalaba que no existían "razones válidas desde el punto de vista del Derecho Internacional que justificaran la invasión israelí del Líbano, para la forma en que Israel condujo las hostilidades o para su actuación como potencia ocupante".

Desde 1967, Israel ha construido ilegalmente asentamientos en los territorios palestinos capturados en aquel año. Más de 200.000 colonos viven en la actualidad en 200 asentamientos de Cisjordania y Gaza, mientras que otros 180.000 residen en el territorio de Jerusalén Este y sus alrededores. La política de asentamientos, que aumentó drásticamente tras la firma de los Acuerdos de Oslo de 1993 -una muestra clara de que los sucesivos gobiernos israelíes no tuvieron nunca una intención seria de alcanzar un acuerdo de paz-, incluye acciones como la destrucción de casas, la apropiación de tierras y la expulsión de los palestinos de sus ciudades y localidades.

El gobierno de Sharon alberga en su seno a las organizaciones políticas de los colonos y otras de tendencia ultraortodoxa que abogan abiertamente por una limpieza étnica (camuflada bajo el término eufemístico de "transferencia de población"). Una de las más radicales es el partido ultra Modelet (Patria), sucesor del movimiento Kach, creado por el rabino extremista Meir Kahane. Su líder, Rehavam Zeevi, fue, hasta su asesinato en octubre de 2001, ministro en el gabinete de Sharon. Más recientemente, Gamla, un grupo fundado por oficiales del Ejército israelí y colonos, y financiado por judíos norteamericanos, publicó un plan detallado para "la eliminación completa de la amenaza demográfica árabe contra Israel", que contemplaba la expulsión de todos los palestinos, incluyendo los árabes israelíes, de los Territorios Ocupados e Israel, en un plazo de tres a cinco años. Son, en la actualidad, estos elementos criminales los que determinan el rumbo de la política oficial israelí.

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1 Comentarios

Rafael Hernndezli dijo el 02/12/2014 a las 05:45h:

Yo creo que debemos hacer frente promoviendo mas y mas el Islam, puesto que estas ideas hegelianas de libertad, igualdad y fraternidad no hacen sino poner en evidencia que quieren imponer un estado ateo partiendo de esta clase de horrores.


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