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El gobierno de EEUU inicia una campaña de propaganda en el mundo musulmán

03/01/2003 - Autor: Yusuf Fernández - Fuente: Webislam
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Yusuf Fernández
Yusuf Fernández

La Administración Bush teme que su actual conflicto con Iraq y su apoyo a la agresión sionista contra los palestinos puedan dañar la imagen de EEUU en todo el mundo, y muy en especial en el mundo musulmán. Esto es por lo que en los pasados meses el gobierno norteamericano ha iniciado una campaña para dirigir una serie de "mensajes positivos" a los musulmanes de todo el mundo. Esta iniciativa ha sido imitada por el principal aliado de EEUU, el Reino Unido, que ha creado recientemente una Unidad de Medios Islámicos dentro del Foreign Office, encargada de contactar y mantener relaciones con periodistas musulmanes.

El Pentágono, por su parte, ha dado inicio también a su propia campaña dirigida al mundo musulmán. Según el periódico The New York Times del 16 de diciembre, "el Departamento de Defensa está considerando la aprobación de una directiva secreta que permitiría a los militares norteamericanos llevar a cabo operaciones encubiertas dirigidas a influir en la opinión pública y los responsables políticos en todo el mundo, pero especialmente en los países musulmanes".

Tal programa podría incluir, por ejemplo, esfuerzos para desacreditar y socavar la influencia de las mezquitas y escuelas islámicas que alienten los "sentimientos anti norteamericanos" en Oriente Medio, Asia y Europa, y llevar también a la creación de escuelas islámicas con financiación secreta de EEUU con el fin de promover una postura islámica "moderada" y una visión positiva acerca de la forma en la que la religión es practicada en EEUU. Muchos responsables de la Administración norteamericana consideran que la estrategia del gobierno debe basarse en una propaganda vigorosa y creativa, que permita cambiar la imagen negativa que se tiene de EEUU en muchos países.

Ésta no es la primera vez, sin embargo, que el debate sobre la forma en que EEUU debe actuar para "ganar las mentes y los corazones" de los habitantes del mundo ha hecho surgir cuestiones difíciles y potencialmente embarazosas para los responsables del Pentágono. En febrero del 2002, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, tuvo que desautorizar públicamente a la Oficina de Influencia Estratégica del Pentágono que había aprobado un plan que permitía suministrar falsas informaciones a los periodistas extranjeros con el fin de influir en la opinión pública de otros países.

Este nuevo interés que existe en Washington por los temas de relaciones públicas e información supone un cambio de estrategia importante. Durante los años noventa y finalizada ya la Guerra Fría, el presupuesto destinado por el Departamento de Estado a financiar los intercambios educativos y culturales con los países musulmanes disminuyó en una cuarta parte. La financiación de algunos servicios dirigidos al exterior, como la Voz de América, decreció en un 30%.

Tras el 11 de septiembre de 2001, la élite política norteamericana llegó al convencimiento de que la actitud de los extranjeros hacia EEUU era un tema relevante. El Departamento de Estado comenzó a estudiar las encuestas que mostraban la opinión y actitud de los musulmanes hacia diversos temas. El Congreso, por su parte, aprobó una partida de 255 millones de dólares destinada a las Relaciones Públicas para los dos años siguientes e incluso desvió 75 millones de dólares del Presupuesto, que estaban en un principio destinados a combatir los desastres naturales, con el fin de financiar los servicios de la Voz de América dirigidos al mundo árabe y Asia Central. Además, Powell ha pedido a los diplomáticos que se tomen el tema de las relaciones públicas muy en serio. Los diplomáticos están prestando actualmente más atención a la opinión pública musulmana, y estudian los sermones del viernes de los imames saudíes y los artículos aparecidos en los periódicos y sitios de Internet musulmanes.

La coordinación de la campaña dirigida al mundo musulmán recae actualmente en la nueva subsecretaria de Estado para Relaciones Públicas, Charlotte Beers, y también en la Oficina de Comunicaciones Globales de la Casa Blanca. Cuando Beers llegó a Washington se encontró con que "los recursos para las relaciones públicas habían sido sistemáticamente reducidos durante los pasados 10 años". Ella tuvo que trabajar duro para resolver los problemas de su Oficina. Antigua ejecutiva, Beers puso en marcha una nueva estrategia que intenta dejar de lado los asuntos espinosos y pone el énfasis en los "valores comunes". Esta estrategia se dirige a la mayoría de musulmanes moderados que puede rechazar la política exterior norteamericana, pero que no es hostil a EEUU. Este enfoque está basado en un reciente estudio de James Zogby, presidente del Instituto Árabe Americano, titulado "Lo que los Árabes piensan". Este estudio enfatiza que los musulmanes y árabes comparten muchos valores con los norteamericanos: la importancia de la familia, el trabajo, la religión etc. "Necesitamos desesperadamente hablar de lo que tenemos en común", señala Beers. "No podemos dejar que todas las conversaciones acaben girando sobre los sucesos internacionales y los temas de política". Ella ha deplorado también los ataques verbales contra los musulmanes realizados por los fundamentalistas cristianos de EEUU, a los que considera "contraproductivos" para sus esfuerzos. Algunos predicadores evangélicos ultraconservadores, como Jerry Falwell y Pat Robertson, han pronunciado numerosas diatribas contra el Islam y los musulmanes. Beers también rechaza las alegaciones de que su trabajo sea una tarea de propaganda o esté vinculado de alguna forma a la campaña de desinformación que estaba recogida en un plan del Pentágono, filtrado a la prensa hace varios meses.

Al igual que Beers, el presidente Bush ha creído necesario distanciarse públicamente de la actitud de la Derecha Cristiana, que forma uno de los pilares fundamentales de su propia base electoral, señalando que los prejuicios anti islámicos de algunos de sus líderes no son compartidos por la mayoría de la población estadounidense. "Algunos de los comentarios que han sido pronunciados en torno al Islam no reflejan los sentimientos de mi gobierno o los de la mayoría de los norteamericanos", declaró Bush a los reporteros poco antes de reunirse con el secretario general de la ONU, Kofi Annan. "La gran mayoría de los ciudadanos norteamericanos respetan a los musulmanes y a la fe islámica. Después de todo, hay varios millones de norteamericanos musulmanes amantes de la paz", dijo el presidente. Aunque Bush no identificó a los cristianos conservadores como el objeto de sus críticas, algunos responsables de la Casa Blanca señalaron que Bush actuó empujado por los comentarios anti islámicos de algunos predicadores evangélicos fundamentalistas como Falwell, que recientemente insultó al Profeta Muhammad al que llamó "terrorista", o Robertson, que dijo que "los musulmanes eran peores que los nazis".

Algún tiempo después, y por vez primera desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el presidente norteamericano visitó el Centro Islámico de Washington —la mezquita más antigua de la capital estadounidense—, donde musulmanes de muchos países se reúnen para rezar. Durante su visita, Bush alabó al Islam como una religión de esperanza, misericordia y tolerancia. "El Islam afirma la justicia de Dios e insiste en la responsabilidad moral del ser humano", señaló el presidente. "El Islam dio lugar al nacimiento de una rica civilización de conocimiento que ha beneficiado a toda la humanidad". Bush también alabó a los musulmanes norteamericanos por "defender los ideales de justicia y libertad de nuestra nación en un mundo en paz". "Millones de compatriotas norteamericanos practican la fe musulmana", dijo Bush. "Ellos llevan una vida de honestidad, justicia y compasión".

La mezquita fue vaciada antes de la llegada de Bush por razones de seguridad, lo cual le permitió leer su mensaje ante un selecto grupo de imames de la propia mezquita y de otras del área de Washington. Inaugurada en 1957 por el presidente Dwight Eisenhower, el Centro Islámico ha servido como un lugar de adoración para los musulmanes del área de Washington durante más de cuatro décadas. Su minarete de 50 metros de altura y las inscripciones en árabe del Sagrado Corán de sus paredes atraen asimismo a los visitantes no musulmanes. El centro posee también una biblioteca de temas islámicos y alberga a menudo exposiciones.

Por su parte, el Departamento de Estado ha creado una página dedicada al Islam y la vida de los musulmanes de EEUU en su sitio de Internet. En ella se encuentra una figura del sello estadounidense dedicado a la fiesta musulmana del Id el-Fitr y también una foto del secretario del Tesoro, Paul O´Neill, en una cena de iftar (la comida que rompe cada atardecer el ayuno durante el mes de Ramadan) en Islamabad, Pakistán. La página también recoge otras cenas de iftar a las que asistieron Colin Powell, la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, el secretario de Estado adjunto, William Burns, y el propio presidente Bush. El pasado mes la Casa Blanca publicó asimismo una recopilación de citas de Bush titulada "En Palabras del Presidente: Respetar el Islam".

Algunos otros altos responsables como Donald Rumsfeld o Condoleezza Rice han aparecido en Al Yazira para predicar el evangelio de la democracia y la libertad. El pasado invierno, el secretario de Estado, Colin Powell, participó en un programa de la cadena musulmana MTV para hablar de temas que iban desde el SIDA a la política exterior norteamericana. Él dijo que EEUU está tratando de expandir sus programas para llevar a educadores, periodistas y líderes políticos y religiosos de los países islámicos a EEUU. "Estamos decididos a asegurar que nuestros programas lleguen a los musulmanes en todas las facetas de la vida", señaló Powell durante el transcurso de una cena de iftar con musulmanes norteamericanos.

En este mismo sentido, una experta sobre Islam norteamericana, Karen Amstrong, publicó un artículo en The Washington Post el pasado 10 de septiembre, en el que criticaba a los fundamentalistas cristianos norteamericanos por estar "creando un clima de odio, que no nos podemos permitir de ninguna forma". Ella resaltó también el papel de los musulmanes estadounidenses, que "podrían crear el tan necesario puente entre Oriente y Occidente y muchos de ellos están dispuestos a cumplir ese papel. Ellos contemplan la libertad de que gozan en EEUU como el ambiente ideal para el desarrollo de una auténtica religión. Los norteamericanos deberíamos de apoyar las iniciativas para construir un Islam norteamericano espiritual e intelectualmente brillante, que pueda contener al extremismo tanto en EEUU como en el extranjero". Sin embargo, estas palabras sonaban demasiado optimistas. La organización pro derechos humanos Human Rights Watch, con sede en Nueva York, informó recientemente de un incremento del 1.700% en los crímenes de odio contra musulmanes en el año que siguió al 11 de septiembre y el periódico The Wall Street Journal ha desvelado que el ambiente cada vez más hostil hacia los musulmanes en EEUU ha obligado a muchos de ellos a cambiar incluso sus nombres. Un número importante de jóvenes pakistaníes prefieren identificarse como indios para evitar sufrir un hostigamiento. Pese a todo ello, pequeños grupos de musulmanes norteamericanos van a ser enviados a diversos países de Oriente Medio para hablar acerca de "los aspectos positivos" de la vida de los musulmanes en EEUU.

Asimismo y teniendo en cuenta el hecho de que varios líderes pro norteamericanos del mundo musulmán —como la presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri, el antiguo presidente egipcio Anuar el Sadat y el actual jefe de Estado de Afganistán, Hamid Karzai— participaron en programas de intercambio estudiantil con EEUU, Washington ha decidido destinar unos 20 millones de dólares a apoyar programas de visitas e intercambio de jóvenes musulmanes de todo el mundo. Además, la Administración Bush ha creado una nueva emisora de música pop en lengua árabe, Radio Sawa, que dirige en especial sus emisiones a la juventud árabe. Dicha emisora transmite música de algunos artistas occidentales y árabes —como por ejemplo el conocido cantante egipcio Mohammed Fouad— y también noticias. El propósito de la radio es difundir los puntos de vista y valores norteamericanos entre la juventud árabe. La Oficina de Beers quiere también editar una revista y un programa de televisión sobre temas científicos y tecnológicos dirigidos a jóvenes egipcios de entre 12 y 20 años.

El programa de Relaciones Públicas ha pagado también anuncios a toda página en periódicos árabes en los que se enviaba "Los mejores deseos de un Feliz Ramadan de parte del pueblo norteamericano". Diseñada por la agencia neoyorquina McCann-Erikson, la campaña también incluye anuncios y documentales de corta duración en los que se subraya que los musulmanes son bienvenidos en EEUU. En uno de ellos, una profesora con hiyab habla de la tolerancia norteamericana, mientras se encuentra de pie junto a un enorme frigorífico y, más tarde, animando a su hijo, que juega un partido de béisbol. En otro, un responsable de la escuela islámica de la ciudad de Toledo (Ohio) afirma que nunca sufrió ningún tipo de problema tras el 11 de septiembre y que incluso se sintió apoyado por sus compatriotas norteamericanos.

El Departamento de Estado ha publicado también un folleto de 55 páginas en unos 15 idiomas que trata de la "Vida Musulmana en América". En ellos se recalca que los musulmanes tienen una completa libertad para practicar su religión en las 1.200 mezquitas y centros islámicos que existen en el país. El folleto habla asimismo del "éxito" conseguido por algunos musulmanes norteamericanos, como es el caso de Elias Zerhouni, director del Instituto Nacional de la Salud de EEUU. Otras historias similares han sido recogidas en varios videos y documentales, que han sido mostrados en los canales de televisión de varios países islámicos.

Pese a todos estos esfuerzos, el intento de vender una imagen prefabricada de EEUU a los musulmanes del mundo no va a ser nada fácil, en especial en una época en la que casi todo el mundo tiene acceso a las televisiones por satélite e Internet. Los comentaristas árabes señalan que EEUU sólo se interesa por su mundo en tiempos de crisis o cuando quiere atacar a algún país musulmán. La campaña de Beers tiene lugar en un momento en el que, según todas las encuestas, la imagen de EEUU sufre un fuerte deterioro en todo el mundo, y en especial en los países musulmanes. Hay que señalar como especialmente reveladores los datos de una encuesta del Pew Research Center, un instituto de análisis de Washington, que estuvo basada en el interrogatorio de 38.000 personas en 44 países diferentes. Según esta encuesta el 59% de los ciudadanos del Líbano tienen una opinión negativa de EEUU, que también es compartida por el 75% de los de Jordania y el 69% de los de Egipto y Pakistán, todos ellos países aliados de EEUU. Recientemente, el ministro de Información del Líbano, Gazi Aridi, prohibió los anuncios de la campaña "Vida Musulmana en América" en la televisión de ese país. Aridi justificó tal decisión alegando que el contenido de dichos anuncios sencillamente no se correspondía con la realidad, que, según él, es que los musulmanes no se sienten bien ni seguros en EEUU, en especial tras los hechos del 11 de septiembre. El ministro libanés mostró su indignación en particular por la medida de las autoridades norteamericanas, recientemente entrada en vigor, de tomar las huellas dactilares de los ciudadanos de los países árabes e islámicos que entren en EEUU. Por su parte, un portavoz de la Embajada norteamericana en Beirut calificó de "decepcionante" la mencionada prohibición de los anuncios.

El apoyo de EEUU a diversos regímenes despóticos del mundo musulmán y la aparente indiferencia norteamericana ante la suerte de los musulmanes de Palestina y de Iraq, donde centenares de miles de niños han fallecido como consecuencia de las sanciones de la ONU, patrocinadas por Washington, están dañando seriamente la imagen de EEUU en el mundo islámico. Un ataque militar contra Iraq exacerbará mucho más este sentimiento y causará daños, quizá irreparables, a dicha imagen. Lo mejor sería que el gobierno norteamericano anunciara públicamente que renuncia a sus planes de guerra contra Iraq e hiciera un anuncio o documental que recogiera tal anuncio. En ese caso, es seguro que ningún ministro de Información lo prohibiría.

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