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Junta islámica publica el Mensaje del Qur’án

15/12/2002 - Autor: CDPI - Fuente: Verde Islam 19
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La presente traducción parte de la realizada por un hombre excepcional: Muhammad Asad, que dedicó diecisiete años de su vida a la traducción del Qur’án al inglés. Asad, escritor y pensador de origen austriaco, reconoció el Islam a principios del siglo pasado. Tras una larga trayectoria terminó sus días en España, en las montañas de Málaga. Con “El Mensaje del Qur’án” pretendió acercarnos el Libro mediante una traducción transparente y un aparato crítico que apoyase la lectura. Los comentarios o tafsir nos ayudan a situarnos en las circunstancias históricas de la revelación, y contribuyen a abrirnos a sus sentidos más profundos, a despertar esas resonancias que hacen del Libro una fuente de autoconocimiento imperecedera.

El Qur’án descendió al corazón del Profeta Muhámmad (que la paz de Al-lâh y Su oración estén con él) a lo largo de veintitrés años. La revelación se inició en Meka cuando el “sello de la profecía” (Sura 33, La Coalición, ayat 40) contaba cuarenta años, acompañando a la comunidad de musulmanes durante su nacimiento y desarrollo. Éste es un hecho de capital importancia, pues Al-lâh ha mostrado así a los hombres una guía que comprende todos los niveles de la vida. El Qur’án no es un texto de metafísica ni de doctrina, ni un libro de leyes, sino que en él se contempla el desarrollo del ser humano en todos sus aspectos, constituyéndose en una “guía para los dotados de entendimiento” (Sura 20, Ta Ha, ayat 128).

El Libro consiguió cohesionar a hombres de distintas tribus y costumbres en torno a la Palabra del Dios Único, una Palabra que no representa los intereses ni las opiniones de nadie sino que emana de la Realidad directamente. Al-lâh nos ha dado, así, la posibilidad de mantenernos fieles a la Verdad Creadora, a aquello que constituye el entramado mismo de la vida. La conciencia de la Unidad de todo lo existente se pone por encima de las diferencias y es capaz de crear una sociedad omniabarcante. La primera constitución promulgada por los musulmanes en Medina otorga derechos iguales a ricos y pobres, a hombres y mujeres, al mismo tiempo que crea un sistema de seguridad social que palie las desigualdades, y garantiza la libertad religiosa. Todo esto sucedía en el siglo VII d. C., frente a los poderosos y autocráticos imperios de Persia y de Bizancio.

El Qur’án es un libro para todos los tiempos, que ofrece mil dones a los que se adentran en él sin presupuestos ni prejuicios, quienes dejan que sea la Palabra la que hable a través suyo despertando las más antiguas resonancias. Para ello no basta con leerlo, sino que es necesario recitarlo sin otros presupuestos que la confianza y la entrega. Confianza en el poder de la Palabra y entrega a la conciencia de nuestro origen increado. La Palabra de Al-lâh permanece velada a la ceguera de los corazones, pero se abre y resuena en el interior del hombre capaz de sumergirse en el lenguaje de los Signos (ayat)

Existen diferentes traducciones del Qur’án vertidas al español, la mayoría de las veces hechas por arabistas, que no incluyen comentarios, salvo pequeñas notas aclaratorias. La versión de Julio Cortés ha sido utilizada profusamente por los musulmanes españoles por ser su lenguaje el más adaptado a nuestro tiempo. Además de la de Cortés, la versión castellana más divulgada es la de Juan Vernet.
Las asperezas de estas traducciones son muchas, en la mayoría de los casos debidas a las incomprensiones sobre la espiritualidad islámica y el sentido de la Palabra revelada. La no participación en la verdadera dimensión de lo que se transmite hace que la mayoría de los traductores se inhiba ante su carácter simbólico y recurra a traducciones literales, o a aquellos conceptos en los cuales el arabista se siente cómodo. En casi todas las versiones del Qur’án en lengua latina reaparecen los tópicos y las tergiversaciones acuñadas sobre el Islam a lo largo de los siglos, en muchos casos con la intención de demonizar el Islam y convertirlo en un sinsentido. No queremos con ello desmerecer la obra y el esfuerzo de los traductores, sino hacer hincapié en la imposibilidad de trasladar la Palabra de Al-lâh a otro idioma sin participar de la cosmovisión que ella representa.

La versión de Asad tiene la ventaja de haber surgido como un mandato. Tras largos años de vivencia del Islam, y ante la insuficiencia de las traducciones inglesas manejadas por sus contemporáneos, Muhammad Asad emprendió esta tarea formidable. Su intención fue la de hacer comprensible el Libro en un lengua europea, trasladando el valor simbólico y la sonoridad específica del árabe a un marco diferente. El verdadero problema de toda traducción del Qur’án es realizar el paso de una lengua semita que conserva toda su espontaneidad y su pureza (en los tiempos de la revelación el árabe no conocía aún gramáticas ni codificaciones) a una lengua occidental, que es el resultado de un largo proceso de codificación, y donde las palabras aparecen alejadas de su raíz primera.

La conciencia de dicho proceso y su dominio de ambos terrenos hacen de esta traducción algo excepcional. En su prólogo, cuenta Asad como convivió con los beduinos de Arabia, como vivió su lengua hasta sentirla suya, sobre el terreno, en el mismo lugar de la revelación, donde todo el valor telúrico del árabe recobra su integridad. Gracias a ese esfuerzo —verdadera yihad en la que invirtió gran parte de su vida— podemos ahora gustar de esta traducción que se nos presenta como necesaria, el mejor instrumento de acercamiento a un camino espiritual que engloba a unos mil quinientos millones de personas.

La gran cantidad de notas y el aparato crítico constituyen una ayuda incalculable para aproximarse a la lectura de está fuente única de conocimiento. El traductor de la versión castellana, AbduRazak Pérez, dedicó tres años completos a la versión editada por el Centro de Documentación y Publicaciones de la Junta Islámica. El método de AbduRazak Pérez fue el de comparar la traducción de Asad con la versión árabe, con el fin de lograr una versión castellana capaz de recoger todos los matices y al mismo tiempo mantener escrupulosamente el sentido del texto.

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