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Recopilación de hadices y sentencias sobre el Qurán

15/12/2002 - Autor: Al Gazali - Fuente: Verde Islam 19
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Sello de Muhámmad (sas)

bísmil-lâhi r-rahmâni r-rahîm

Al-hámdu lil-lâh (alabanzas a Al-lâh) que ha bendecido a los seres humanos con su Nabí (Profeta) enviado a la humanidad, y con su Libro Revelado “al que no asalta lo vano por ningún sitio, Revelación del Sabio, el Elogiado”. Ha puesto el Qur’án a disposición de las criaturas de modo que ante las gentes de reflexión haya amplitud de posibilidades y beban de sus relatos y sus noticias.

Es el Qur’án el que ha clarificado la vía para la peregrinación sobre un sendero recto del que el Libro mismo detalla las normas. Es el Qur’án el que separa lo Halâl de lo Harâm, siendo resplandor y luz que aparta el corazón de la arrogancia, y en él hay remedio para los males que aquejan al espíritu.

Al-lâh quiebra a los soberbios que vuelven la espalda a su Libro y confunde a los que busquen el conocimiento en otra fuente.

El Qur’án es el cordón umbilical de Al-lâh, y su luz evidenciadora, el nudo firme, el cobijo suficiente, y es el océano en el que cabe lo poco y lo mucho, lo pequeño y lo grande.

Sus maravillas no tienen fin ni se acaban las sorpresas que encierra. Las gentes del saber han declarado no poder abarcar el total del provecho que se puede sacar de él, y sus lectores han dado fe de que su repetición incesante no aburre ni agobia al corazón.

El Qur’án es el que ha guiado a los antiguos y a los presentes de esta Nación. Y cuando los ÿinn (los genios) lo escucharon por primera vez no tardaron en volver junto a su pueblo para anunciar: “Hemos escuchado un Qur’án maravilloso que guía a la sensatez. A él nos hemos abierto, y ya no asociaremos nadie a nuestro Señor”.

Afortunado es aquél que abre su corazón al Qur’án. Quien lo afirma es sincero pues coincide en su opinión con lo verdadero. Quien se aferra a él es bien guiado. Y quien actúa según el Qur’án, triunfa.

Al-lâh ha dicho en su Libro: “Hemos revelado el Recuerdo, y lo protegemos”. Y así el Qur’án es salvaguardado en los corazones y las páginas en las que está escrito, y es salvaguardado también por su constante recitación (Tilâwa) y la frecuencia con la que es estudiado entre los musulmanes.

Rasûlullâh (sallà llâhu ‘aláihi wa sállam) dijo: “Quien lea el Qur’án y piense que alguien ha hecho algo mejor que él menosprecia lo que Al-lâh ha exaltado”.
Y dijo: “Nadie es mejor intercesor (shafî‘) ante Al-lâh que el Qur’án, ni siquiera un nabí (profeta) ni un málak (ángel)”.

Y dijo: “Si el Qur’án estuviera en la piel, no la tocaría el fuego”.

Y dijo: “La mejor práctica (‘ibâda) de las gentes de mi nación es la lectura del Qur’án”.

Y dijo: “Al-lâh recitó las Sûras Tâ-hâ y Yâ-sîn mil años antes de crear la existencia, y cuando los malâika (los ángeles) escucharon el Qur’án dijeron: ‘Enhorabuena a la nación a la que sea revelado, enhorabuena a los corazones que lo memoricen, y enhorabuena a las lenguas que lo pronuncien’...”.

Y dijo: “El mejor de vosotros es el que aprenda el Qur’án y lo enseñe”.

Y dijo: “Al-lâh (tabâraka wa ta‘âlà) ha dicho: ‘A quien por dedicarse con entrega a leer el Qur’án olvide invocarme y rogarme le obsequiaré con la mejor recompensa reservada a los agradecidos’...”.

Y dijo: “Entre los que están sobre una colina de almizcle negro el Yáum al-Qiyâma (el Día de la Resurrección) sin que los aterrorice nada ni tengan que rendir cuentas está el que recita el Qur’án por amor a Al-lâh y quien sirve de imâm (de guía durante el Salât) a gentes que le aprecian”.

Y dijo: “Las gentes del Qur’án son las gentes de Al-lâh y su élite”.

Y dijo: “Los corazones se oxidan como se oxida el hierro, y los pule la lectura del Qur’án y el recuerdo de la muerte”.

Y dijo: “Al-lâh atiende a la lectura del Qur’án con más interés de lo que lo hace el dueño de una esclava a su canto”.

Abû Umâma al-Bâhili dijo: “Recitad el Qur’án (de memoria)... Al-lâh no atormenta un corazón que es recipiente del Qur’án”.

Ibn Mas‘ûd dijo: “Si queréis saber, desplegad el Qur’án, pues en él está la ciencia de los primeros y de los últimos”.

Y también dijo: “Leed el Qur’án y seréis recompensados por cada letra leída con diez recompensas hermosas (hasanât)”.

Y también dijo: "Preguntaos a vosotros mismos por el Qur’án: si lo amáis, amáis a Al-lâh y a su Rasûl (su Mensajero, el Profeta), y si lo odiáis, odiáis a Al-lâh y a su Rasûl”.

‘Umru ibn al-‘Âs dijo: “Cada aya (versículo) del Qur’án es un grado en el Yanna (el Jardín) y una lámpara en vuestras casas”.

Y también dijo: “Quien recite el Qur’án introduce la profecía entre sus costados, salvo que nada se le revela”.

Y Abû Huráira dijo: “La casa en la que es recitado el Qur’án se hace amplia, aumenta su bondad, acuden a ella los malâika y salen de ahí los shayâtîn (los demonios). Y la casa en la que el Qur’án no es recitado se estrecha agobiando a su gente, disminuye su bondad, salen de ella los malâika y se instalan en su lugar los shayâtîn”.

Y Ahmad ibn Hanbal dijo: “En sueños dije a Al-lâh: ‘Señor, ¿qué es lo mejor con lo que se han acercado a ti los adelantados?’ Respondió: ‘Con mi Palabra’. Y dije: ‘¿Entendiéndola o sin entenderla?’. Y respondió: ‘Entendiéndola o sin entenderla’...”.

Muhammad ibn Ka‘b al-Qárazi dijo: “El Yáum al-Qiyâma, cuando las gentes escuchen el Qur’án recitado por Al-lâh, es como si no lo hubieran oído antes jamás”.

Al-Fudáil ibn ‘Iyâd dijo: “Quien sepa el Qur’án de memoria no debe tener necesidad de nadie, ni tan siquiera de los califas. Al contrario, la creación entera es la que lo necesita”.

Y también dijo: “Quien sepa de memoria el Qur’án es portador del estandarte del Islam. No debe perder el tiempo con quienes pierden el tiempo, ni entretenerse con los dispersos, ni decir estupideces,... todo ello en honor de lo que lleva en sus adentros”.

Y Sufiân az-Záuri dijo: “Cuando alguien recita el Qur’án es besado entre los ojos por un málak”.

‘Umru ibn Maimûn dijo: “Quien en el Salât Subh recita cien ayas, Al-lâh lo alza ante sí por el valor de la acción (‘ibâda) de la humanidad entera”.

Se cuenta que Jâlid ibn ‘Uqba acudió a Rasûlullâh (sallà llâhu ‘aláihi wa sállam) y ante él recitó la aya que dice: “Al-lâh ordena lo justo y lo excelente, y alimentar los lazos de sangre...”. Rasûlullâh (s.a.s.) le dijo: “Repítela”. Y después comentó: “Lo juro: son palabras dulces que embriagan los sentidos. Su parte más baja es florida y la más alta está cuajada de frutos. Eso no lo puede decir un ser humano”.

Y al-Hásan dijo: “Por debajo del Qur’án no hay riqueza ni después de él hay miseria”.

Y al-Fudáil dijo: “Pregunté a un ermitaño: ‘¿Nadie te acompaña en tu soledad?’. Cogió el Qur’án, lo puso en su regazo y me respondió: ‘Éste’...”.

Ánas ibn Mâlik dijo: “¡Cuántos recitadores de Qur’án hay a los que el Qur’án maldice!”.

Y Máisara dijo: “El Qur’án es un extranjero dentro del perverso”.

Y Abû Sulaimân ad-Dârâni dijo: “Los guardianes del Fuego se apresuran más hacia los portadores del Qur’án que se rebelan contra Al-lâh de lo que lo hacen con los adoradores de ídolos, y es porque se han rebelado contra Al-lâh tras conocer el Qur’án”.

Un ‘âlim dijo: “Cuando alguien lee el Qur’án, después actúa incorrectamente y más tarde vuelve al Qur’án, Al-lâh le dice: ‘¿Qué tienes tú que ver con mi Palabra?...”.

E ibn ar-Rimâh dijo: “Me he arrepentido de haber memorizado el Qur’án porque me ha llegado la noticia de que en el Yáum al-Qiyâma a los portadores del Qur’án se les exige cuentas con la misma severidad con la que se exige cuentas a los profetas”.

Ibn Mas‘ûd dijo: “Al portador del Qur’án (hâmil al-Qur-ân) se le debe reconocer por la noche cuando los demás duermen y de día cuando los demás pierden el tiempo, y también se le debe reconocer por su tristeza cuando los demás se alegran, por su llanto cuando los demás ríen, por su silencio cuando los demás discuten, y por su temor a Al-lâh cuando los demás buscan subterfugios. El portador de Qur’án (hâmil al-Qur-ân) debe ser calmado y suave, y no debe ser seco, ni porfiador, ni lanzar gritos, ni debe insultar ni ser cruel”.

Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “La mayor parte de los hipócritas en mi nación se encuentra entre los recitadores del Qur’án”.

Y también dijo: “Lee el Qur’án mientras te reprima. Si no te reprime, no lo estás leyendo”.

Y también dijo: “No está abierto al Qur’án quien declare lícito lo que el Qur’án prohíbe”.

Un hombre perteneciente a las primeras generaciones del Islam (Sálaf) dijo: “Ocurre que alguien empieza a recitar una sûra del Qur’án y los malâika lo bendicen hasta que acaba. Pero también ocurre que lo haga y sea maldecido hasta que acaba”. Se le preguntó: ¿Y cómo es eso? Y respondió: Si declara lícito lo que el Qur’án declara lícito y declara prohibido lo que prohíbe es bendecido por los malâika, y si no, lo maldicen”.

Un ‘âlim dijo: “Hay quien lee el Qur’án y se maldice a sí mismo sin darse cuenta, como cuando recita ‘Sean malditos por Al-lâh los injustos’, y resulta que él es uno de ellos, o cuando recita ‘Sean malditos por Al-lâh los embusteros’, y él es uno de ellos”.

Y al-Hásan dijo: “Para vosotros el Qur’án es un viaje y la noche un camello. Subís a vuestro camello y hacéis el viaje. Pero para las primeras generaciones de esta nación, el Qur’án era un mensaje que leían por la noche y aplicaban de día”.
E Ibn Mas‘ûd dijo: “El Qur’án ha sido revelado a los seres humanos para que actúen conforme a él, pero los hombres han convertido su estudio en la única relación que tienen con el Libro. Los hay que son capaces de recitarlo desde el principio hasta el final de memoria sin olvidar una letra, pero han olvidado actuar conforme a sus enseñanzas”.

Se ha contado que Al-lâh ha dicho: “¿No te avergüenzas de que te entreguen una carta de alguno de tus hermanos mientras caminas y entonces te alegras y te sientas en el primer lugar y la lees con atención y repites su lectura mientras que cuando te llega la carta que Yo te envío le vuelves la espalda? ¿Soy Yo menos para ti que tu hermano? Cuando se te acerca tu amigo vuelves hacia él el rostro y le sonríes y escuchas con atención sus palabras, y si algo quisiera interrumpir vuestra conversación lo apartas. Heme aquí que te dirijo mis palabras y todo te entretiene y dispersa, y no pones tu corazón en atenderme. ¿Soy Yo para ti menos que tu amigo?”.


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